Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta lucha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lucha. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de noviembre de 2015

Distintas formas de luchar

Gregory es casi tan viejo como el mundo. Desde los inicios de Egipto está con nosotros, convirtiéndose en una biblioteca viviente.

Lestat de Lioncourt


En un segundo la vida puede cambiar. En lo que malgastamos con un pestañeo alguien puede morir, nacer, lograr un increíble triunfo que no aparezca en los medios, un político puede caer en desgracia, una empresa quebrar o un científico encontrar la cura para una terrible enfermedad que se haya convertido en pandemia. Un segundo es la espada que corta el tiempo, la verdad, la mentira, los sentimientos más profundos del ser humano, la sociedad y cada trozo de lo que somos. Es la medida de tiempo con la cual los enamorados cuentan la distancia de sus corazones, cuerpos y almas.

Todo cambió para mí hace miles de años. Han transcurrido billones de segundos. He visto imperios caer, levantarse y olvidarse. Conozco el secreto de la vida, pero a la vez desconozco en plenitud su significado. Reconozco bien el llanto de un niño recién nacido, de un enfermo y de la maldad. Comprendo la importancia que poseen todos y cada uno en éste mundo, incluso aquellos que no merecen nada.

Hace siglos me planteé qué hacer con mi vida. Tenía siglos por delante, un mapa increíble en blanco. Decidí viajar, conocer y experimentar; pero de todo uno se cansa. Opté por encontrar un lugar cómodo donde descansar, echar raíces y crear una máscara única que me diese la posibilidad de ser feliz. Quería hacer algo más que vivir. Muchos sólo viven, pero respirar no es lo único que pueden hacer. Tomé absurdas decisiones, con terribles consecuencias, hasta que comprendí que había un negocio que podía reportarme beneficios y paz espiritual.

Conozco bien el mundo de los negocios porque ha sido parte de mí, como un pedazo de mi cuerpo, ya que he sido siempre un hombre inquieto. Sí, me considero un hombre y no un monstruo. Aún poseo sentimientos y virtudes que tienen como capacidad muchos mortales. La salud siempre ha estado en riesgo. El ser humano ha jugado con ella en guerras homenajeando a Dios, sea cual sea el nombre que le dieran en esos momentos y con sus diversas lenguas. Recuerdo a los nazis utilizando a gente joven, sana y fuerte para sus violentos virus y terribles consecuencias. Todavía oigo la radio hablando de los crímenes de guerra de numerosos lugares del mundo, pues aún hoy se cometen actos así de bárbaros. El ser humano ha aprendido a luchar con virus, creando nuevas armas, para matar a otros. Por eso creé una empresa farmacológica para generar curas eficientes, a bajo costo y de rápida distribución. Aún así los grandes gobiernos son reacios y todavía, aún hoy, tengo patentes que no me permiten sacar a la luz.


Decidí ser el salvador del mundo, creando una nueva guerra, sin necesidad de derramamiento de sangre y mentiras terribles. Yo soy Gregory, el vampiro que fue amante de la Reina Akasha, fiel y leal servidor de su ejército de inmortales, general de un batallón de almas sedientas de muerte y empresario arrepentido por una lucha llena de mentiras, falsos ídolos y lágrimas.  

viernes, 5 de diciembre de 2014

Madre fuerte, hijo aún más fuerte. Esa es la lección.

Nacimos para ser libres, pero quedamos presos de nosotros mismos. Nos hundimos en el fango de nuestras experiencias, las verdades dichas por otros y la cadencia de la época en la cual surgimos como si fuéramos un milagro. Pocas veces nos sentimos con la fuerza necesaria para tomar impulso, pues hay quienes quieren frenarnos. El miedo a lo desconocido, a caer, el vértigo del éxito o la soledad del victorioso pueden generar miedos. Un miedo que se convierte en lobo y nos persigue intentando desgarrar nuestras almas. Yo no temo a nada.

Quizás soy un inconsciente. Puede que no haya aprendido jamás de mis errores. Es posible que nunca aprenda la lección de ser cauteloso. Si bien, ¿qué importa? No importa nada. Sólo importa luchar. Hay que luchar. La libertad nos llama. No se puede vivir siendo un cobarde disfrazado del valor de otros. Ni se puede vivir de los cuentos y mentiras que vienen en nuestros sueños. Debemos ser libres.

He tenido miedo muchas veces. Miré directamente a los ojos de la muerte y no salí corriendo. Puede que muchos crean que todo fue un truco del destino, que no tuvo que ver el deseo de sobrevivir. Si bien, se equivocan. Hay mucho papanatas que se cree libre de opinar, pero el destino no tiene nada que ver. El destino lo formamos nosotros mismos. Un cobarde puede vivir más de ochenta años, ¿pero merece la pena no arriesgar jamás nada? Vivir sin emociones es como ir a un parque de atracciones y no montarse en nada. Tenemos que participar de la fiesta de vida, aunque nos intoxiquemos.

Soy un héroe. Soy el héroe de todos. Muchos me buscan y gritan mi nombre. Sin embargo, pocos saben que en mi interior siempre pienso en alguien. Cuando cometo estas locuras. En el momento exacto en el cual libro la batalla entre mis miedos, la verdad y la realidad tangible. Ese momento, cuando aún soy frágil, pienso en ella. Mi madre aparece como un chispazo. Siempre me dijo que debía ser feliz. Mi felicidad es ser como soy. Quiero ser libre.

Mi amor por mi madre, mi admiración por sus actos salvajes llenos de atractivo, ha logrado que siga aquí. Esa pasión indómita de querer besarla, sentir sus brazos rodeándome y sus dedos hundiéndose en mis cabellos, ha logrado que siga vivo. Vivo por contar otra aventura para que todos sepan que he conseguido conquistar un nuevo milagro, pues sé que tarde o temprano ella conocerá mis actos. Deseo ser por siempre un héroe, pero no por los mortales que jadean mi nombre. No. Deseo ser un héroe para que mi madre sonría orgullosa. Mi mayor felicidad es que ella se sienta orgullosa del hijo que tiene. Aunque, también me hace feliz saber que he alcanzado un nuevo sueño o una nueva meta.


Sé que ella es peligrosa, pero el peligro la hace perfecta.

Lestat de Lioncourt   

-----

Dedicado a la fortaleza de todas las madres y mujeres. Sobre todo, a mi madre, mi pareja y mi suegra. Gracias a ellas por mostrarme a mí, como a todo el mundo, que eso del sexo débil es rotundamente falso. En homenaje a Gabrielle de Lioncourt, madre de Lestat, y también a su autora Anne Rice. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lucha, esperanza y amor

Marius hablando de Daniel con esta certeza... alguien va a huir de un hacha ésta noche. 

Lestat de Lioncourt 



He aprendido de la vida a recibir cada golpe como si fuera parte del aprendizaje, aunque no siempre aprendiera algo útil. La vida se convirtió en un duelo eterno entre mis conocimientos y la realidad. Rápidamente me permití el lujo de creer que podría sustentar mis creencias, pero finalmente me vi sobrepasado por la verdad convertida en una venenosa realidad. Tuve que aceptar no era más que un imbécil que se había negado a sí mismo a dejarse llevar por los sentimientos más profundos. Comprendo que mi cobardía me hizo evitar sufrir, pero ¿valió la pena? Supongo que no. Perdí cientos de oportunidades de feliz aislándome, buscando excusas y consagrándome a una causa que en ese momento, y no en este, creí justo. Eché a muchos de mi lado, pero otros simplemente se fueron. Tuve que aceptar que por mi mal carácter, y por mis errores, fui derrotado ante la vida.

Poco después de abrir mi corazón con aquellas confesiones, quizás incompletas, me permití el lujo de dejarlo abierto. Quería aprender sobre el amor. Deseaba comprender que era eso que insistentemente buscaba una de mis mejores creaciones. Como vampiro he vivido mucho tiempo, pero no he amado lo suficiente. Desde que Pandora se marchó de mi vida cerré algunas puertas, pero fue después de la perdida de mi querubín cuando me aislé de todos. Pasaron muchos siglos hasta que intenté nuevamente relacionarme emocionalmente con alguien, pero Lestat no fue para mí lo que yo soñaba. Quedé de nuevo en las sombras, cuidando de dos seres que eran meras estatuas, y consagré mi vida al silencio y las pinturas, como si fuera monje, esperando el momento en el cual ellos despertaran. Si bien, como he dicho, escaso tiempo después de mis confesiones, las cuales fueron redactadas por David Talbot tras ser narradas por Thorne, encontré un compañero que me necesitaba y finalmente, como siempre ocurre, acabé siendo yo quien lo necesitaba.

Daniel era un periodista común, de esos que pasan más tiempo hablando con una botella de whisky que con la tinta del periódico. Su aspecto escuálido, extremadamente delgado, de mirada intensa y aspecto algo descuidado le daba cierta ura sobrenatural, como si estuviera por encima del bien y del mal. Fue a él a quien se dirigió Louis de Pointe du Lac, una de las mejores creaciones de Lestat, para narrarle su vida, milagros, derrotas, decepciones y lágrimas. Fue a él y no a otro. Armand, quien fue mi querubín y uno de mis mayores amores, se encaprichó del periodista que sacó la verdad de las tinieblas. Él, que pintó un mundo terrible con unos matices encantadores, comenzó a sentir que perdía la cabeza y el control sobre sí mismo. Deseaba ser eterno y finalmente lo logró. Sólo había dado un par de pasos en la vida eterna cuando ella despertó. Fue algo increíble. Él sobrevivió.

Muchos sabemos bien que maestro y pupilo terminan odiándose, despreciándose o simplemente no se soportan por más de unos años. Armand desistió, pero aunque dice que no lo quiere es falso. Me pidió que cuidara de Daniel. Yo debía de cuidar de su criatura. Si él no lo amara, como bien dice, no me hubiese pedido que cuidara de sus torpes pasos por esta eterna noche. No sería su luz guía, ni la mano amiga que se tiende cuando no se tiene nada más. Jamás hubiese sido su ángel de la guarda ni el hombro en el cual llorar. No. No sería la biblioteca andante que se para frente a él y le cuenta ciertas verdades que el mundo aún no acepta. No. No sería nada de eso. Nunca.

Él ha sido mi último amor. Él es mi último amor. Amo su compañía, tanto en sus silencios como en las frases sinceras y certeras que me ha ofrecido. Caminar a su lado se ha convertido en un pequeño vicio que me da cierta paz en un mundo desecho, destruido prácticamente, por culpa me de mi estupidez. Armand jamás me perdonará, Pandora tampoco. Estoy condenado. Si bien, frente a él sólo soy un ser antiguo con las manos tendidas con amor.


Muchos desconocemos que hacer para seguir hacia delante cuando los pasos son torpes. Si bien, La Voz me demostró cuanto amaba a Daniel y lo importante que era para mí cada paso. Quise cuidarlo. Necesitaba proteger a ese frágil vampiro que decía poder sobrevivir a la masacre, pues había sobrevivido a La Reina. El dolor pudo convertirse en un lastre, pero se convirtió en mi fortaleza. No permití que nos hundieran. Enfrentamos el problema. Luchar no era una opción, era un deber. Protegerlo no era algo que pudiese hacer, sino algo que tenía que hacer. Él se ha convertido para mí en mi última opción para ser feliz acompañado de otro inmortal.  

sábado, 28 de septiembre de 2013

Lucha

Autor: Avicus
El Jardín Salvaje


Lucha


El calor despiadado de la batalla,
las heridas son múltiples y profundas
las almas van buscando la victoria
con la potente voz del tambor
y los hombres al fin se creen dioses.

La hora, el tiempo de las bestias,
la compasión quedará perdida.
El eco de la voz de los ancianos,
el estandarte tejido con nuestra sangre
y los escudos de madera y metal
resplandeciendo bajo el sol.

Mírate y mírame una vez más,
somos dos colosos rugiendo
para romper el silencio de las piedras,
el murmullo de los ríos y lagos
y el mecer de las ramas de los robles.

Somos ofrendas a los Dioses de los valles,
los mismos que gobiernan cielo, tierra y agua.
Pisa con fuerza el fango de la derrota
e intenta enterrar a tus muertos antes del anochecer.
Llora por aquellos que amabas y te amaron,
esos que jamás volverás a ver en pie.

Grita con furia, no olvides la furia.
Tú eres un guerrero, jamás pierdas el coraje.
Levántate, puedes seguir luchando.
¡Mírate los cayos de las manos!
La espada sigue en tu poder, así que lucha.
La victoria es nuestra ¿pero existe esa dama?

Cánticos, ofrendas, poemas y emblemas.
Alza tus armas, grita por la libertad
y ahuyenta a tus miedos y tus enemigos.
Antes de morir, si lo haces al fin, piensa en ellos.
El poblado, las mujeres que has amado...

Cuando llegue tu hora que sea peleando. 

jueves, 29 de mayo de 2008

Iori Yagami, La bestia

Cumpliendo los caprichos de Romanus, ya que en unos días es su cumpleaños, le he hecho este pequeño obsequio por nuestros siete meses y por sus 23 años. Espero que disfrute de la lucha de este maldito pelirrojo que me recuerda demasiado a su personalidad, no cabreen a Romanus...sino puedes morir.






-Iori te crees muy bueno, pero eres una escoria.-

Aquel charlatán de Kyo me tenía harto, durante todo el enfrentamiento no cesó de vanagloriarse. Deseaba destrozarle, como habitualmente hacía, aunque quedáramos en un empate. Me puse en posición y mis cabellos rojizos se movieron pegándose a mi frente otra vez, todo por culpa del sudor de la pelea.

-Vamos Iori, es para hoy.-

Su maldita y descerebrada risa retumbaban en mi cráneo, como si estuviera en un campanario y las campanas sonaran a la vez. Era un estúpido, y mi entretenimiento favorito era destrozar a los que secretan superiores a mí. Nadie en este maldito y descerebrado mundo, nadie, era superior a mí, Iori Yagami.

-Está bien, no es bueno demorarse frente a las señoritas.-iba a comenzar todo con mi Kototsuki In, estaba demasiado lejos para la Shiki Aoi Hana y la Shiki Oniyaki la dominaba también como yo. Fruncí el ceño y avancé con furia. Mis piernas se movían rápidas, agarré su cuello y entonces un golpe certero al estómago. Mi rodilla fue inmediatamente a su entrepierna y sonreí de lado, después la mano que tenía libre la iba a usar para golpear su rostro pero lo bloqueó.

-Es divertido jugar, pero ya me estoy cansando.-

Genial, encima decía jugar. Me quería calentar, hacer que perdiera los papeles y así mostrarle mis debilidades. No estaba dispuesto, tan sólo me mordí el labio hasta hacerlo sangrar, para luego conseguir, en un momento de debilidad, batirlo cayendo sobre él.

-Me cago en tu puta madre, Kyo.-le golpeé una vez más en su vientre y luego me alcé con velocidad hacia el aire, para patearle, pero se movió.

-¿No sabes que es feo recordar a las madres de otros?-

Deseaba destrozarlo, despedazarlo, por su comportamiento. Estaba más imbécil que nunca, además de fanfarrón y aquí el dios de la lucha era yo. Le miré con los ojos llameantes de cólera, había conseguido lo que quería y seguramente estaba satisfecho.

-¡Venga!-grité apretando los dientes, deseando de ver como la sangre cubría el asfalto.

Se agachó y ya sabía que iba a hacer. Quería golpearme desde abajo, con la técnica Shiki Oniyaki. Eso era una estupidez, no lograría nada. Salté hacia arriba, cayendo sobre su espalda y le di una patada giratoria en su cabeza. Hice que cayera, pero se levantó con mayor rapidez.

-¡Hijo de perra!-

Ahora el cabreado era él, alcé una ceja y luego sonreí.

-Gracias, pero aquí la perra era tu madre.-me volví a posicionar esperando su ataque, ahora estábamos a la par.

Durante horas estuvimos luchando. Los puñetazos, las patadas, los insultos e incluso mordeduras por mi parte. Nada, todo seguía igual. Ambos estábamos tan sólo con los pantalones, nos habíamos liberado de la ropa para poder luchar. Tenía pegada a mi cuerpo sangre de ambos, junto a moretones que serían marcas de esta guerra.

-¡Ríndete ya!-

¿Rendirme? ¿Estaba soñando ese cabrón? Por encima de mi cadáver, no pensaba rendirme y antes que hacer tal deshonra me pegaría un tiro. Le miré colérico y escupí a un lado, para luego asentar bien mis pies inclinando mis rodillas.

-Me rendiré cuando tú mueras.-respondí arrugando la nariz, apretando mis dientes, dándome una imagen de animal furioso.

-¡Hoy lo harás!-

Gritó corriendo hacia mí, alzó una pierna y yo la paré con mis manos, una mía fue a su espinilla e hice que cayera. Un grito estremecedor surcó el aire y se despegó de mí, cayendo a varios metros. Al levantarse estaba cojo, además de cansado al igual que yo.

-¿Decías?-una nueva sonrisa en mis labios, ya quedaba poco.

-Tiempo muerto.-

¿Tiempo muerto? ¡Venga ya! No iba a darle tiempo muerto, aunque quería un cigarrillo. Echaba de menos darle una calada a uno, para templar los nervios y después destrozar el cuerpo de aquel pelele.

-De acuerdo.-respondí sentándome en el suelo, sacando un cigarrillo mientras le miraba fijamente.

Cojeó unos metros y se sentó pegado a un muro del edificio. Estábamos en una fábrica abandonada, la pelea había sido una cita suya y yo únicamente había acudido a sacudirle encantado.

-¿Por qué carajo hiciste eso?-

Preguntó rabioso mirándose la pierna.

-Tú y yo somos enemigos, esto es una pelea y yo te quiero muerto. ¿Me expliqué?-pregunté dándole una calada honda. Aquello me había sentado demasiado bien.

-Lo sé, pero cojones.-

Parecía una niña llorica, no iba a permitirle las ofensas y ahora se quejaba. Éramos contrarios en ideas, además que ya me tenía harto. Había llegado la hora del Apocalipsis, solo saldría vivo uno de aquel lugar.

-Deja de llorar, levántate, ya acabé el cigarro.-dije posicionándome. Él hizo lo mismo mirándome con furia.

-No lloro, ¡No soy un puto marica!-

Me eché a reír tras oír aquello.

-No es lo que me han dicho.-murmuré agarrándome el paquete.-Seguro que eres una buena perra, ¿me lo demuestras?-pregunté con malicia.

-Prefiero más metérselo a zorras como tú.-

Me eché a reír aún más si cabía. Si alguna de mis esclavas lo hubiera escuchado seguramente no estaría vivo, un tiro certero le hubiera volado la tapa de los sesos.

-Continuemos.-con velocidad corrí hacía él, lo tumbé de un rodillazo en el estómago y él expulsó sangre por la boca. Su mirada se perdió en la lejanía, pero consiguió reponerse al golpe y darme un puñetazo en la boca. Mi labio sangró una vez más en esa pelea, no era la primera vez. Sin embargo, conseguí deslizarme hasta su espalda, agarrarlo y aplastarlo contra el suelo. Golpeé un par de veces su cabeza y quedó inconsciente.

“Game Over”

Otra vez esa maldita voz, no entendía porqué diablos siempre aparecía.

-Levanta.-dije tirando de él hasta dentro del edificio.-No voy a matarte esta vez.-comenté como si nada.-He tenido piedad.-la verdad es que simplemente se me habían quitado las ganas. Y aquello era peor que un gatillazo en medio del sexo. Miré a Kyo y sonreí.-Hasta parece inteligente cuando está callado, en fin.-me puse un cigarro en los labios, lo encendí y le di una calada bien honda.

-Ojala te mueras de cáncer, cabrón.-

Se había despertado y como era de esperarse estaba molido. Yo también lo estaba, pero se notaba menos.

-¿Quieres uno?-pregunté tirándole la cajetilla a la cara.

-No, a saber donde los tenía guardados.-

Para colmo eso, encima que le ofrecía uno y no me quedaba con todo como un egoísta. Que tendía mi mano de supuesta amistad hacia él, para colmo, se ponía chulo y me escupía a la cara su estupidez.

-¡En los huevos! No te jode el mierdecillas este.-dije cerrando los ojos, para echar hacia atrás la cabeza, de repente el olor a tierra mojada abofeteó mi nariz. Comenzó a llover, fuerte, mientras que entre las ranuras caían pequeñas gotas empapando el suelo del lugar.

-Tendremos que quedarnos aquí.-

Prendió el cigarro y me miró con una sonrisa.

-Pensé que me querías muerto.-

-Te quiero muerto, lo que pasa es que como animal de compañía también eres bueno.-respondí con una sonrisa sacando una barrita energética del bolsillo. Desde hacía unos días llevaba algunas, por si el hambre apretaba y no había nada abierto.

No entiendo porqué comenzó a besarme. Su boca se pegó a mis labios, devorándolos, mientras su lengua inspeccionaba el lugar como si yo se lo permitiera. Pero, en realidad lo hacía. No tenía sentido. Se puso sobre mí y tiró de mis manos el cigarro, la barrita y él hizo lo mismo con el suyo. Sus brazos fueron sobre mis hombros, para luego moverse sensualmente sobre mi entrepierna.

-Para otras cosas también soy bueno.-

Susurró en mi cuello y me miró con picardía, como si buscara que hiciese algo para aceptar lo que hacía.

-¿Qué haces?-pregunté apartándolo.

-Pensé que quizás…-

Estaba confuso, se podía notar. Silenció sus palabras sin terminarlas y se levantó, para ir hacia fuera donde caía una tormenta intensa.

-Pensaste mal.-Me levanté caminando hacia él, le tiré al suelo y le arranqué los pantalones.-Pero ahora tengo una erección y no están las chicas con las que salgo, así que vas a tener que hacer tú algo.-dije separándome para bajar mis pantalones.

-¿Ahora sí? Vete a la mierda.-

Estaba jugando conmigo, pero no se lo iba a permitir.

-¡No!-gruñí tirando de él, llevándolo a rastras hasta una columna. Lo pegué ahí y abrí sus piernas. Introduje un dedo y lo moví girándolo, masturbando aquella zona tan delicada.

-¡Para!-

Aunque lo gritara, en realidad quería más. Su miembro estaba endureciéndose más y más, además sus nalgas parecían querer que entrara en él.

-Ya no.-respondí besando su cuello, para sumergirme en su interior. Fuerte, desafiante y con un placer inmenso al notar el calor de su interior.

-No pares.-

Jadeó en voz baja y se movió buscando mayor contacto. Quería que fuese más rápido, incrementé mi ritmo hasta llegar a un movimiento constante y profundo.

-Más.-

Los gemidos se multiplicaban. Sus manos se aferraban a la columna, sus piernas temblaban y la que tenía dañada apenas podía sujetarlo. Su boca estaba abierta, como sus nalgas, expectantes de placer. Y mi miembro entraba una y otra vez en su interior, rozando sus paredes internas, a una velocidad de vértigo. Pronto paré y salí, rocé su entrada con mi glande y sonreí esperando respuesta.

-¡No pares!-

Parecía que lloraba, era una súplica sincera hacia el placer que le arrancaba.

-No pararé.-dije besando sus hombros y la cruz de su espalda. Me movía rápido, su miembro rozaba la columna y su rostro también. Pronto vi como eyaculaba y yo salí de él para arrodillarlo.-Toma.-manché su rostro, lo dejé regado con la muestra de mi placer. La lujuria me había llevado a derrotarlo en un campo distinto a la lucha.

Minutos más tarde estábamos bajo la lluvia, sin importarnos que nos estábamos empapando, y totalmente vestidos. De nuevo la furia asesina volvía a mí y me preparaba para un nuevo ataque.

“New Game”

Otra vez esa voz en off, algo que estaba continuamente en mi mundo.

domingo, 25 de mayo de 2008

Lucha!

Este grupo lo conocí ayer, me avisaron que había un grupo heavy metal representando a Finlandia y la verdad es que cuando los vi me agradaron. Ahora puedo decir que tengo un nuevo grupo que me gusta escuchar, las letras algunas de ellas estan demasiado bien (incluso la que llevaron al concursimierda de eurovisión) Escuchando sus canciones se me ocurrió este texto para mi pareja.


Lucha por la libertad que crees encontrar en el borde de tu espada, cabalga hacia la noche más oscura y muere en la batalla dignificado con honor. Te llevaré en mis brazos, con el rostro bañado en lágrimas, mientras el son de los tambores sigue marcando el ritmo de los encuentros con la muerte. Dejaré tu cuerpo en la pira funeraria, dejaré sobre tus ojos dos monedas de oro para la Parca y rezaré por tu alma. Sé que en cada nuevo movimiento de espada estarás tú dándome fuerza, que mi corazón bombeará rabia para los dos, luchando codo a codo como siempre.

Lucha por la libertad que jamás tendremos, somos hombres de guerra y no de paz. Moriremos en medio del desierto, de un valle o escalando una montaña. Seremos coronados como leyendas y sin embargo nadie sabrá bien quienes somos. Los orígenes del odio nacen del árbol que nos vio nacer, sus raíces sobreviven con la sangre derramada a sus pies y sus flores son negras como el fruto que regala. Así son los recuerdos del árbol de la guerra, de la discordia más profunda, mataremos a hermanos para conquistar un trozo de tierra que no pertenece a nadie.

Lucha, tú lucha contra el enemigo que yo lo haré con la ética que está surgiendo en mi conciencia. Ya no deseo poder, no deseo riquezas, tan sólo ambiciono poder envejecer a tu lado. Quiero ser tu espada, el hombro en el que llores y la manta que abrigue tu cuerpo en las noches frías. Tú lucha, es tu manera de ser, pero yo ya estoy cansado de degollar gente inocente y de por ello ser amado.

Dame una oportunidad de refugiarme en el campamento de tus brazos, de acariciar tus cabellos dorados y contemplarme en tus ojos del color del padre Cielo. Mi amor, secuéstrame en lo más profundo del bosque y quítame este estúpido orgullo, este honor que no deseo. Entra en mí, firme y decidido, sin tener miedo a dañar mis entrañas. Desquíciame y si luego lo deseas, mátame como hacen las mantis, sin embargo susúrrame al oído que me amas.

Yo quiero luchar contra la intolerancia, la hombría que oculta el verdadero amor, la lujuria que muestran tus ojos al verme desnudo y el deseo apocalíptico que ha surgido en estos años de amistad. Somos guerreros, nos mandan a la guerra y debemos de cumplir órdenes, pero yo al único que deseo obedecer es a mi corazón y este tiene otra dirección distinta. No me tomes por cobarde, porque no temo a nada y con esta carta te demuestro el sentimiento que nace y germina en mi interior.

Lucha, Sión, Lucha…aunque yo sea tu enemigo y me tengas que destruir. No importa, tú lucha, que yo amaré por los dos.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt