Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lucha, esperanza y amor

Marius hablando de Daniel con esta certeza... alguien va a huir de un hacha ésta noche. 

Lestat de Lioncourt 



He aprendido de la vida a recibir cada golpe como si fuera parte del aprendizaje, aunque no siempre aprendiera algo útil. La vida se convirtió en un duelo eterno entre mis conocimientos y la realidad. Rápidamente me permití el lujo de creer que podría sustentar mis creencias, pero finalmente me vi sobrepasado por la verdad convertida en una venenosa realidad. Tuve que aceptar no era más que un imbécil que se había negado a sí mismo a dejarse llevar por los sentimientos más profundos. Comprendo que mi cobardía me hizo evitar sufrir, pero ¿valió la pena? Supongo que no. Perdí cientos de oportunidades de feliz aislándome, buscando excusas y consagrándome a una causa que en ese momento, y no en este, creí justo. Eché a muchos de mi lado, pero otros simplemente se fueron. Tuve que aceptar que por mi mal carácter, y por mis errores, fui derrotado ante la vida.

Poco después de abrir mi corazón con aquellas confesiones, quizás incompletas, me permití el lujo de dejarlo abierto. Quería aprender sobre el amor. Deseaba comprender que era eso que insistentemente buscaba una de mis mejores creaciones. Como vampiro he vivido mucho tiempo, pero no he amado lo suficiente. Desde que Pandora se marchó de mi vida cerré algunas puertas, pero fue después de la perdida de mi querubín cuando me aislé de todos. Pasaron muchos siglos hasta que intenté nuevamente relacionarme emocionalmente con alguien, pero Lestat no fue para mí lo que yo soñaba. Quedé de nuevo en las sombras, cuidando de dos seres que eran meras estatuas, y consagré mi vida al silencio y las pinturas, como si fuera monje, esperando el momento en el cual ellos despertaran. Si bien, como he dicho, escaso tiempo después de mis confesiones, las cuales fueron redactadas por David Talbot tras ser narradas por Thorne, encontré un compañero que me necesitaba y finalmente, como siempre ocurre, acabé siendo yo quien lo necesitaba.

Daniel era un periodista común, de esos que pasan más tiempo hablando con una botella de whisky que con la tinta del periódico. Su aspecto escuálido, extremadamente delgado, de mirada intensa y aspecto algo descuidado le daba cierta ura sobrenatural, como si estuviera por encima del bien y del mal. Fue a él a quien se dirigió Louis de Pointe du Lac, una de las mejores creaciones de Lestat, para narrarle su vida, milagros, derrotas, decepciones y lágrimas. Fue a él y no a otro. Armand, quien fue mi querubín y uno de mis mayores amores, se encaprichó del periodista que sacó la verdad de las tinieblas. Él, que pintó un mundo terrible con unos matices encantadores, comenzó a sentir que perdía la cabeza y el control sobre sí mismo. Deseaba ser eterno y finalmente lo logró. Sólo había dado un par de pasos en la vida eterna cuando ella despertó. Fue algo increíble. Él sobrevivió.

Muchos sabemos bien que maestro y pupilo terminan odiándose, despreciándose o simplemente no se soportan por más de unos años. Armand desistió, pero aunque dice que no lo quiere es falso. Me pidió que cuidara de Daniel. Yo debía de cuidar de su criatura. Si él no lo amara, como bien dice, no me hubiese pedido que cuidara de sus torpes pasos por esta eterna noche. No sería su luz guía, ni la mano amiga que se tiende cuando no se tiene nada más. Jamás hubiese sido su ángel de la guarda ni el hombro en el cual llorar. No. No sería la biblioteca andante que se para frente a él y le cuenta ciertas verdades que el mundo aún no acepta. No. No sería nada de eso. Nunca.

Él ha sido mi último amor. Él es mi último amor. Amo su compañía, tanto en sus silencios como en las frases sinceras y certeras que me ha ofrecido. Caminar a su lado se ha convertido en un pequeño vicio que me da cierta paz en un mundo desecho, destruido prácticamente, por culpa me de mi estupidez. Armand jamás me perdonará, Pandora tampoco. Estoy condenado. Si bien, frente a él sólo soy un ser antiguo con las manos tendidas con amor.


Muchos desconocemos que hacer para seguir hacia delante cuando los pasos son torpes. Si bien, La Voz me demostró cuanto amaba a Daniel y lo importante que era para mí cada paso. Quise cuidarlo. Necesitaba proteger a ese frágil vampiro que decía poder sobrevivir a la masacre, pues había sobrevivido a La Reina. El dolor pudo convertirse en un lastre, pero se convirtió en mi fortaleza. No permití que nos hundieran. Enfrentamos el problema. Luchar no era una opción, era un deber. Protegerlo no era algo que pudiese hacer, sino algo que tenía que hacer. Él se ha convertido para mí en mi última opción para ser feliz acompañado de otro inmortal.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt