Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 28 de septiembre de 2013

El destino

Cuando la fuerza que sacude al mundo te sacude a ti, con implacable justicia, te derrumba en los brazos de la locura y te pide que sigas moviéndote como si nada. El golpe más fuerte fue descubrir tus temores al contemplarnos, pero seguí firme. Sabía que yo te causaba curiosidad y que me amabas. Te amé cuando te tuve entre mis brazos tan delicadas como una flor. Estabas dibujada a carboncillo por tu tez cenicienta, pero yo te daba la vida con besos y caricias. No me importaba nada el resto del mundo, pues en ese Jardín Salvaje estábamos tú y yo.

Te hice danzar entre mis brazos, sosteniéndote con deseo, besándote con ternura y haciéndote ver las estrellas y la luna mientras te susurraba que eras mía. Mi amor por ti creció. Se hizo fuerte el castigo de estar alejados, pero tú necesitabas tu espacio mientras que yo sufría porque me había enamorado de ti. Me había convertido en un esclavo de tu belleza, de tus ojos grises y la locura que podía hallar en ellos. A veces te sostenías entre dos mundos, tenías miedo, y yo quise alejarte el miedo, sacudirlo de tus olvidadas alas, y hacerte volar por encima de los edificios que ambos amábamos.

Tú y yo danzando, como dos bailarines, por encima de las nubes más allá del tiempo y los recuerdos. La inmortalidad se abría paso ante ti, como una caja de Pandora, que yo abrí para que comprendieras el pecado que había cometido para salvar la vida de Mona. Tú, mi bella doctora, tenías miedo porque nos veías muertos pero caminando por el mundo. Abrí mis brazos en cruz, como lo hizo Jesús al quedar clavado en la cruz, y te rodeé permitiendo que me miraras profundamente mientras hablaba en murmullo. Hice que me amaras. Rogué un milagro y lo tuve.

Recuerdo tus manos entrelazadas en mi nuca, acariciando mis cabellos rizados, y tu boca cerca de la mía mientras yo deslizaba mis manos entre tus muslos. Aquel momento íntimo tuvo tantos espectadores, pero no me importó en absoluto. Tú y yo unidos por la pasión.

Ahora te beso en la frente y mejilla, te rodeo con mis brazos, te siento a mi lado y te recuerdo que la vida es hermosa, que la sangre que te he dado te conservará eternamente. Tan hermosa, tan viva, tan cálida y a la vez con esos ojos que mostraban locura producida por el sufrimiento y una inteligencia superior a la de cualquier humano que me haya cruzado.


Sin dudarlo tengo que gritar que te amo, te amo con toda mi alma, te amo con ternura y pasión. Tan sólo te amo, te amo y te amaré.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt