Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 29 de octubre de 2013

Aquí no

Sentados ambos frente a frente con la mirada perdida el uno en el otro, como si se reconocieran en un reflejo imposible en un espejo de ópalo o quizás se hechizaban en silencio escuchando el murmullo del discurrir de sus deseos. Completamente enfervorecido quería gritarle cuanto había extrañado tenerla a su lado, abrazarla y besar sus labios una y otra vez hasta provocar desgastarlo. Pero, ella se mantenía firme con aquellos ojos grises que parecían avecinar tormenta. Quería llorar, veía que rompería en un llanto silencioso y cruel. Una belleza como la suya, tan firme y serena en apariencia, quedaría consumida a una mueca horrible por las lágrimas sanguinolentas que ahora, y desde que era inmortal, producían sus lacrimales. Allí, parados sin tan siquiera moverse, se preguntaban que hacer con sus manos, pies y cuerpos si deseaban unirse de nuevo.

-Hace días que no sé de ti-pronunció finalmente-¿Dónde has estado?

-No quería ser un estorbo. He pensado que podía darte tu espacio, como bien querías- replicó frunciendo sus cejas doradas mientras sus largos cabellos rizados caían desparramados por su chaqueta de cuero.

-¡Me has dejado sola!-vociferó-¡Decías que te quedarías a mi lado y no lo has hecho!-lo señaló deseando abofetearle, pero a la vez quería besarlo y rogarle que la disculpara.

-Simplemente, creí que el hospital te necesitaba para investigar esa dichosa bacteria-replicó con tono calmado mientras se levantaba.

-¡Mírate! ¡Pareces un niño que acaba de salir de un concierto en el garaje de su casa!-exclamó al ver una vez más la ropa que llevaba.

Lestat se había personado con una camiseta negra agujereada, una chaqueta de cuero con tachuelas metálicas y unos pantalones también de cuero con unas botas que sólo a un roquero se le ocurriría llevar. Su pelo era una maraña imposible de acomodar, aunque se veía suave y limpio. Aquel hombre elegante con traje había quedado atrás. Pero ella sabía que incluso así era Lestat, porque él era así.

Ella vestía unos sencillos pantalones de vestir, una camisa blanca y una bata del mismo color con su nombre en letras azules. En sus pies sólo había unos zapatos cómodos que pudieran permitirle estar caminando sin problemas. A pesar de ser una inmortal, como él, decidió seguir sus viejas costumbres con discreción.

-Ya cielo-susurró intentando de calmarla-Cariño, ya. Ya no pasa nada cariño. Todo irá bien mi amor. Verás que todo se soluciona-comentó quedando junto a ella para tomarla del rostro, pero antes que pudiera hacerlo sintió una bofetada-¡Por qué!

-¿Crees que es sitio para que vengas vestido así?-siseó molesta- ¿Crees que es lugar para que vengas así vestido? Es un hospital.

-Seguro que hay más de un rockero que se encuentra por aquí debido al consumo excesivo de alguna sustancia y no precisamente tiene que ser cocaína- comentó desenfadado- ¿No te gusta?

-Me has tenido abandonada ¿para qué? ¿Para ir por la calle vestido así?-lo agarró de las solapas de la chaqueta y lo zarandeó- Dime.

-He estado lejos de ti para que tú pudieras estudiar esa bacteria que se come la carne humana y que está atacando a muchas personas en Florida. Te han pedido colaboración a ti y a la clínica. No puedo hacer otra cosa. ¿Qué querías que hiciera? Sé cuanto odias cuando revoloteo por aquí conversando con las enfermeras y distraiéndolas simplemente porque tú rellenas y rellenas informe tras informe-los ojos de Rowan cambiaron y dejaron de estar llenos de dolor, aunque Lestat no pudo ver ese cambio porque agachó la cabeza buscando un lugar confortable en su pecho.

Ambos quedaron abrazados en silencio. Un silencio agradable en aquel lugar tan frío a pesar de las obras de arte, y tan aseptico. Era la oficina que ella poseía en la Clínica Mayfair. Era el sueño que una vez tuvo y que Mona mandó seguir, el cual finalmente vio la luz y ella decidió tomar su lugar como directora y también especialista.

Una mesa simple pero resistente, la cual estaba cargada de libros, una vieja fotografía de la casa llena de invitados que le recordaba que por ellos seguía en New Orleans, además de por Lestat, y un ordenador portátil que contenía numerosa, y por supuesto valiosa, información de cientos de pacientes que aún se encontraban con las carpetas abiertas o que ya habían terminado su tratamiento.

A sus espaldas una ventana de un tamaño mediano, sin cortinas y con unas persianas metálicas que tenían la cuerda algo pasada por el sol. Las sillas parecían cómodas aunque eran un tanto tortuosas, las estanterías perfectamente ordenadas y la planta necesitaba que la regara. Un lugar común, discreto y no muy ostentoso a pesar de ser el lugar que ocupaba la directora.

-¿Me amas?-preguntó pasando sus brazos alrededor de su cuello- Dime ¿me amas?

-Si no te amara no estaría aquí, Rowan-dijo buscando su boca para besar sus labios con una pasión que únicamente él podía otorgarle. Un beso lleno de deseo contenido.

-Entonces si me amas- murmuró parando el beso para mirarlo a los ojos con una sonrisa tímida en sus labios- Si me amas espérame cinco minutos y nos marchamos a casa. Pero por favor, deja en paz a las enfermeras y no armes escándalo.

-No lo haré-dijo sin poder soltarla-Creo que tengo un problema y es que no quiero apartarme de ti.

-Lestat... aquí no-respondió-En casa.

Ella se giró forcejeando con él y terminó dándole la espalda. El brazo izquierdo de Lestat rodeaba la cintura de su bruja, la cual rápidamente sintió como la mano derecha de su amante acariciaba sus senos por encima de la ropa. En ese momento jadeó pegándose a él lo máximo posible, mientras si brazo derecho se alzaba buscando con su mano el pelo enmarañado del incorregible príncipe malcriado. Sus dedos se hundieron en los rizos dorados, mientras su cabello rozaba la chaqueta de cuero, y la mano derecha de Lestat desabrochaba su camisa.

Sin embargo, Rowan intentaba recobrar la compostura y huir del deseo. Pero pronto descubriría que quien ahora era su compañero, su amante, su esposo y el vampiro que la deseaba de forma erótica era mucho más persuasivo de como lo recordaba. Acabó sin bata y sin camisa, con ambas prendas arrojadas en el piso de mármol, mientras su sujetador de encaje pronto era arrebatado por las hábiles manos de Lestat.

-He dicho que no-chistó regañándolo como si fuera un niño.

Tenía las mejillas algo sonrojadas, pues había tomado algo de sangre de un cretino que empezó a seguirla en el aparcamiento y pensaba atracarla. Ese rubor se debía a que la sangre ingerida se agolpó en su rostro por motivo de vergüenza.

Sin embargo, la imagen de quinceañeras acariciándole el torso, abrazadas a él, subiéndose en su moto y pidiendo que las arrullara con sus gritos infernales de estrella del rock la desquiciaron y se aproximó a él besándolo en los labios. Su lengua se coló traviesa y él hizo lo mismo.

Sus pechos empezaron a ser acariciados por los las manos de largos y fríos dedos de su amante, pero él sabía que sus pezones eran sensibles y que estaba deseando que se los llevara a la boca. Él también tenía sus celos y podía imaginarla conversando con Michael, incluso con Pierce aunque ese bobalicón no tenía ojos para nadie más que para Mona aunque no le hacía caso alguno, y con cualquier paciente que tratara con algo más de amabilidad. Esos celos lo enjaulaban y provocaban que sus succiones fueran más intensas. Rowan empezó a gemir bajo intentando no montar ningún espectáculo.

Rápidamente desabrochó el pantalón de cuero y después el suyo. El miembro de su amante surgió de entre la tela salpicado de algo de pelo rubio, algo más oscuro que el de su cabeza, y completamente erecto. Ella se sentía húmeda sólo por los besos y mordiscos en sus pezones, pero eso no era lo único que pensaba hacer Lestat. Nada más verla liberada de sus pantalones, aunque lo hizo con algo de esfuerzo, apartó la tela de sus pequeñas braguitas y hundió dos de sus dedos.

Su vagina estaba cálida y húmeda dispuesta a recibirle sin más rodeos. Era un sexo rápido, en un lugar donde podían verlos y que provocaba en ambos una excitación tremenda. Volvió a besarla mientras la tomaba entre sus brazos, levantando sus piernas del suelo y ayudando a la vez, con algo de cuidado y mucho deseo, a enterrarse en ella. Su miembro se hundió sintiendo rápidamente debido a la lubricación por los fluidos de su Rowan, su bruja... la mujer que tanto amaba y deseaba.

El movimiento de pelvis que ambos llevaban no era pausado, se escuchaban suaves golpes desde fuera de su despacho y algunas enfermeras se preguntaban que demonios estaba sucediendo. Ninguna fue a mirar, pues sabían que no eran de su incumbencia y más aún cuando escucharon los largos gemidos de la directora acompañados de otros masculinos, los cuales identificaron rápidamente con los del joven rubio con el cual se había casado.

El rumor de una mujer de su edad abandonado a su esposo para ir con un jovencito provocó que muchas la envidiaran. Pero Rowan se veía hermosa a pesar de su edad y para siempre quedaría congelada con esa imagen de mujer de mundo, firme, de ojos hermosos y piel de porcelana. Y esa noche la envidiaban aún más a pesar que todas la adoraban.

-Así, así...-gemía- Te extrañé Lestat... no vuelvas a dejarme por ocupada que me encuentres-casi no podía hablar y le costaba articular palabra, pero creyó que debía saberlo.

-Je t'aime-dijo con sus hermosos ojos violetas cerrados mientras la hacía retorcerse de placer, al igual que él- Cherie... Cherie... Oui... Oui... Mon Dieu!...


Y finalmente, en un largo gemido de ambos tan alto como desesperado, llegaron al orgasmo pegados a la pared y notando que uno de los cuadros se descolgaba. Ambos se besaron notándose empapados por el sudor sanguinolento que manchaban su ropa, rostro y parcialmente la papel pintada de un color azulado que recordaba al del cielo de verano.  

3 comentarios:

Unknown dijo...

Jefe exijo uno conmigo

Unknown dijo...

Jefe exijo uno conmigo

Lestat_De_Lioncourt dijo...

Sabes que tendrás uno. Tal vez mañana, Mona. Sabes que tenemos algo pendiente.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt