Brilla la luz en la tremenda oscuridad
y es tu mágica mirada observando
comprendo entonces que no eres deidad
y aún así yo con fe te estoy rezando.
Brillas tú, con tus cabellos cargados
de hilos de sol
y tu sonrisa ecuánime esperando hablar
mientras tus manos cargan una caja
negra de dolor
donde yacen todas las mentiras de éste
mundo.
Brilla la luz en mi maltrecho corazón
el cual como buen guerrero sigue en pie
luchando por cada trozo de pasión
así como por cada rincón yerto por la
hiel.
Brilla la ilusión en mis manos frías
de nieve,
húmedas por las lágrimas derramadas
cien veces
y por la sangre que ha caído de mis
labios.
Las mismas manos que hoy te sostienen.
Y te digo ¿me amas?
Esperando que me respondas
“Siempre, siempre... siempre”
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