Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 10 de octubre de 2013

El amante del Demonio

FanFic realizado por Memnoch y Lestat (El Jardín Salvaje) 


Había discutido con Rowan sobre ciertos asuntos que incumbían a su familia. Detestaba escuchar en ocasiones la voz de Ryan tras el otro lado del teléfono. Su voz pausada, gentil hasta lo excesivo y viva me repelía. Por lo tanto, decidí dar cierto espacio a mi esposa y también unas horas para mi placer en particular. Noches atrás había conseguido algunos libros de cara encuadernación y escritos a mano. Sin duda, me despejaría leyendo viejas historias sobre demonios, ángeles, vampiros, hombres lobo y la cristiandad. Una de las obras se llamaba “El señor de las bestias”.

Quería hundirme en la lectura algunas horas sintiendo el agradable confort del sillón de orejas que había adquirido para la sala de la biblioteca. Era un sillón ejecutivo, muy distinto a los habituales que tenía por toda la casa, pero su elegancia era tal que podía encajar con facilidad. La mesa era de roble con patas de león talladas, bastante amplia y resistente. Podía apilar sin duda numerosos ejemplares y leer durante horas sin moverme de mi asiento.

Al llegar me encontré con la chimenea ya encendida. El olor a madera quemándose suavemente era agradable, igual que el murmullo del crepitar de las llamas ascendiendo entre los muros de la potente chimenea. Miré hacia la mesa y vi la silla girada hacia el fondo de la galería de estanterías. Al fondo del pasillo se hallaba una pintura de Rowan junto a mí. Era una obra muy bella y realista. La belleza de sus ojos grises prácticamente podía ser contemplada desde la silla.

-David- supuse que era él porque a veces estaba allí leyendo viejos informes, observando la documentación que le llegaba por medio de investigadores leales a él y a su meticuloso trabajo- David, necesito la biblioteca ¿puedes usar tu despacho hoy?

Las pesadas puertas de roble de la biblioteca cedieron, se cerraron y escuché como la cerradura se giraba. Al mismo tiempo, la figura que se ocultaba tras el respaldo de la silla aparecía frente a mí. El murmullo de las ruedas sobre el mármol del suelo de la sala me erizó los vellos de la nuca, y su mirada me alertó.

-¿Qué quieres ahora? ¿Qué quieres ahora de mí?-pregunté echándome hacia atrás intentando abrir las puertas, pero éstas estaban cerradas de forma tan sólida que parecían formar una única pieza.

-¿Así recibes a los viejos amigos? -sonrió aquel maldito demonio observándome de pies a cabeza- Vaya hostilidad la tuya, aquel día aceptaste sin menor reparo mi invitación a charlar y caminar -respondió alejando suavemente la silla, para llevar arriba del escritorio sus piernas, tomando mi pelota anti-estrés para jugar con ella durante unos minutos- ¿Y dime por qué huyes? Digo sólo soy un viejo amigo que desea pasar una amena charla como en los viejos tiempos o... -continuaba jugando con aquella pelota entre sus manos y sin darse cuenta la diestra comenzó a transformarse. Sin embargo, al percatarse de ésto la movió con suavidad intentando que pasase por desapercibido el incidente- No soy bienvenido, déjame decirte que la chimenea es acogedora y hermosa, debería venir más seguido ¿sabes?

-¡Tienes mala memoria!-dije con la espalda pegada a la puerta mientras le miraba con temor- La última vez que tú y yo nos vimos me arrastraste por tus dominios, me mostraste la historia según a ti te convenía y me torturaste con las imágenes de mi ojo- obviamente no recordaba en absoluto aquel suceso como algo agradable, sino como algo muy desagradable que quería olvidar lo antes posible.

Tentaba la puerta con la punta de mis dedos y rogaba a todos los santos que me liberaran de aquella carga. Su presencia me atemorizaba porque sabía que estando solo, sin ayuda de nadie, no podía recurrir a fuerza alguna. A pesar de mis grandes dotes mentales contra él nada era posible, sólo rogar y aguardar que se marchara dejándome intacto.

-¡Vete! ¡Tú y yo no somos amigos!-grité intentando alertar a todos en la mansión, pero parecía que nadie me escuchaba.

-Nadie te escuchará Lestat... -respondió levantándose de la silla dirigiéndose hacia mí.

Sin embargo, lejos de alentarle para que se marchara terminó junto a mí. Sus pisadas contra el mármol de la estancia sonaban huecas, como si fuera un museo abandonado y el ladrón se hubiese perdido. Imponente, algo más alto que yo, con aquel cabello suelto rozando sus hombros y espalda enmarcando un rostro fijo con su sutil sonrisa. Sabía que quería algo de mí, algo que no esperaba.

-¿Por qué me temes? Sólo dame una oportunidad de demostrar que no existe que temer.... -respondió acariciando mis cabellos, enredando estos entre sus finos dedos- Por favor... -susurró suavemente acorralándome aun más impidiéndome moverme.

-¡Me sacaste un ojo!-mascullé casi sin aliento. Su presencia me turbaba y comenzaba a sentir que era una presa fácil.

Tomé la decisión de estar lejos de Rowan aquella noche, dándole su espacio, y acabé en un laberinto donde aquel monstruo me tenía entre sus garras. Sin embargo, lucharía.

Impuse distancia colocando mis manos sobre su torso para empujarle. Pero, no era suficiente. Sentía su aliento cálido cerca de mi rostro, sus ojos claros aguardando una mejor respuesta y su sonrisa absolutamente diabólica porque le hacía parecer un hombre decente, casi un caballero, esperando que yo me comportara cuando era él quien estaba siendo violento conmigo.

-¡Vete!-grité de nuevo sintiendo que mis brazos se cansaban. Me sentía débil y acorralado como un ratón, si bien el gato que tenía frente a mí era mucho más peligroso que cualquier otro- ¡Si tienes algo que decirme dilo lejos! ¡Dilo donde pueda verte!

-Es mejor sentirme a ver- sus finas cejas doradas se fruncieron hacia arriba dándole un rostro más perverso, las mías sin embargo se fruncieron y pronto eché mi cuerpo más hacia la puerta. Mis manos tiraban de las palancas doradas que tenía por pomo... pero era inútil- ¿No crees? -rápidamente depositó un suave beso en mi cuello deslizando las manos por mi torso por encima de mi traje, rozando suavemente las solapas, a sabiendas que me aterrorizaría.

-¡No! ¡Maldito seas! ¡No soy tu concubina! ¡Aléjate de mí!-mi voz reverberaba por toda la estancia hacia las hermosas molduras del techo- ¡Memnoch! ¡Vete! ¡Te daré ese ojo que me devolviste si lo deseas!-intenté ocultar mi rostro e incluso agarrarlo por las muñecas, pero mis manos se habían quedado aferradas a los pomos. Tenía que huir de allí antes que algo malo sucediera, pero incluso las ventanas parecían haber cambiado. ¿Realmente aún estaba en la biblioteca?- ¡Déjame!- las lágrimas empezaron a brotar y mis piernas a temblar.

Deseaba que estuviera allí David o Marius. Sabía que ellos me ayudarían si se lo rogaba, sin embargo no había nada ni nadie excepto nosotros.

-Mírame... -susurró contra sus labios tomándome de la barbilla para dirigir mi mirada a la suya- ¿Te he dicho que esos ojos violáceos son hermosos? Me siento estúpido diciendo éstas cosas, pues en cuanto al cortejo y seducción eres un experto; sin embargo... -rápidamente llevó su mano diestra a mi entrepierna apretando ésta y dibujando una siniestra sonrisa, relamiéndose con perversidad y a mí dejándome sin aliento- que esa debilidad no te asuste... recuerda que más sabe el Diablo por viejo que por Diablo ¿no es así?- sus murmullos me erizaban y a la vez me aterraban tanto que sentía como todo mi cuerpo se quedaba como un bloque de mármol.

-¡No!-grité asustado pegando mis manos a su rostro para evitar que volviera a besarme, lamerme o pudiese morderme-¡No! ¡Quítate! ¡Búscate a otro!-forcejaba aún a sabiendas que había perdido la guerra antes que comenzara- ¡¿Por qué haces esto?! ¡Carajo no quiero nada contigo!

Intenté retirar su mano moviendo mi cadera, pero eso sencillamente no funcionó. Sólo provocó que me rozara más contra sus largos dedos y mi cuerpo reaccionara. Mis ojos se abrieron mientras me mordía los labios para no emitir sonido alguno. Mis ojos estaban empañados en lágrimas sanguinolentas y mis boca tenían hilos de sangre porque mis dientes estaban clavándose en la parte inferior de mis labios.

Sus ojos zafiros tomaron un tono iridiscente al notar mi excitación, la misma que me hacía huir aterrado. Aunque lo que más me aterraba era la reacción de mi cuerpo, pues mi mente era consciente de quien era y que necesitaba huir.

-Tanto temes a lo obvio... tu cuerpo reacciona dócilmente a mis caricias y sin embargo tú... tú te resistes. ¿Qué debo hacer para calmar tus miedos?- susurró suavemente lamiendo con la punta de su lengua mi barbilla y labios- Dime, por favor- dijo con suavidad respirando entrecortado, pues sabía que me tenía a su merced y eso le emocionaba y excitaba de sobremanera.

-No voy a ceder-fue mi única respuesta mirándolo a los ojos con rabia. Mis cejas se habían fruncido y mis ojos brillaban de furia. No, no cedería.

Memnoch quizás había tenido otros amantes, los cuales con un par de caricias habrían caído desarmados. Sin embargo, yo era Lestat de Lioncourt y siempre plantaba pelea. Él me aterraba, pero el miedo no iba a poder conmigo. Intentaría luchar en contra de todo aquello. Pensé que podía cambiar de tema, hacer que pensara en otra cosa y deslizarme de su agarre para poder huir. Ya no estaba tan engarrotado y hacía varios minutos que había logrado apartar mis manos de los pomos, e incluso logré que dejara de besarme.

-¿Qué tal se está en el infierno en ésta época del año? Tal vez bastante cálido, ya que allí debe ser siempre un tórrido verano- mis ojos se cerraron mientras intentaba mantener la calma- Memnoch, ¿por qué no te sientas y me cuentas de nuevo la creación del mundo? No me quedó clara la primera vez.

-Jugamos al gato y al ratón ¿no es así? Amo que mis presas sean difíciles de cazar, le pone más emoción al juego ¿sabes?- empezó a despojarme de mi ropa con brusquedad rasguñando y convirtiendo mis prendas, dejando hecha jirones mi camisa de vestir-Siempre imaginé tu piel tersa y suave... -susurró contra mis hombros dejando suaves besos sobre ellos- y vaya que es así -continuó con su camino por su mi pecho y abdomen reptando ahora con la lengua, deteniéndose brevemente para lamer mis pezones y siguiendo sin importarle como yo intentaba alejarlo. Reconozco, que él sabía como dominarme y sólo era cuestión de tiempo para que me acostumbrase o él me acostumbraría a la fuerza.

-No...-balbuceé atónito como me dejaba desnudo frente a él. Me sentía vulnerable y aterrado. Su lengua, el calor de su aliento, la suavidad de sus labios similar a los de una mujer y esas miradas que lanzaba me provocaba. Mi cuerpo reaccionaba, aunque mi alma se aferraba al único resquicio de cordura que le quedaba- No... por favor... detente. Haré lo que quieras si te detienes. Iré al infierno contigo, seré parte de tu legión si lo deseas y no volveré a juzgarte. Pero por favor, no me humilles de ésta forma.

-Jamás te humillaría -respondió inclinándose para acabar hincado de rodillas, entrelazando sus manos con las mías-. Al contrario-respondió besando el dorso de ambas clavando la mirada en mí- sólo deseo amarte.

Aquello por unos instantes me conmovió. Su mirada parecía franca, pero mi lado juicioso me recordó que era un demonio y que mi esposa me esperaba probablemente en la habitación de la hija que habíamos tenido gracias a la ciencia, el privilegio del saber y el dinero. Agité mi cabeza acomodando mis ideas y solté sus manos, para luego apartarme echando a correr buscando otro rincón de la habitación. Era inútil, las ventanas parecían tapiadas y aquello se había convertido en una jaula llena de libros, una hermosa chimenea y la imagen de una familia feliz en un retrato que parecía ahora burlarse de mi sufrimiento.

-¡Si me amas déjame! ¡Déjame! ¡Yo no te amo! ¡Mi alma es de Rowan! ¡Has debido ver el anillo! ¡Debes saberlo! ¡No!-gritaba de un lado a otro intentando encontrar una ventana que pudiera abrir o romper, pero parecía imposible salir de allí- No... estoy en mi biblioteca ¿no es así?-pregunté confuso y lleno de miedo- ¡¿Dónde estamos?!

Suspiró con fastidio cruzándose de brazos desde el lugar privilegiado que era la entrada a la biblioteca. Ese suspiro llegó a mi oído y me hizo detener mis pasos.

-¿Tan malo soy?-respondió observándome con seriedad intentando quizás no perder la paciencia.

-Me has vuelto a secuestrar ¿para qué? Para tenerme en tu cama como una puta más. ¿A caso soy un trofeo?-pregunté caminando hacia él mientras lo increpaba señalándolo- ¡Dímelo! ¡Dime! ¡Maldito cabrón dímelo!

-Yo nunca te he visto como un trofeo -respondió con seriedad sin cambiar expresión alguna en su rostro.

Me serené caminando hacia él mirándole con mis orbes violetas. Acomodé mi cabello y los trozos de tela que tenía sobre mi cuerpo. Mis manos se cerraron en puño y mis ojos se cerraron intentando no golpearlo, salir corriendo o simplemente gritarle. Coloqué mis manos en su rostro y lo besé en la boca permitiéndole si quería abrazarme.

-¿Tan dócil ya estás?-respondió situando las manos sobre mi cadera despojando de éstas el pantalón observando atento mi expresión a sabiendas que podría ser una trampa.

Sentía pánico en cada segundo a su lado. Sus manos despertaron mis mayores temores, sin embargo intenté templás mis nervios y esbozar una sonrisa seductora mientras me pegaba a él.

-¿Qué tal un pacto? Si te doy ésta noche todo lo que deseas de mí no volverás a pedirme nada, ni a visitarme, ni a buscarme y tampoco a rogar que te conceda otra oportunidad-besé sus labios suavemente, su mentón y su cuello mientras mis manos acariciaban sus cabellos.

-Tentador pero... desisto -susurró con suavidad a sabiendas que eso era una verdadera trampa.

-¡No puedes desistir!-grité molesto golpeando su pecho- ¡Cómo te atreves a desistir!-miré con rabia su rostro serio y lo besé con furia pegándolo contra las puertas de la biblioteca.

Lo agarré de las solapas de su traje y se lo quité tirándolo al suelo, como si fuera basura, después jalé de su corbata y se la arrebaté para luego destrozar su camisa. Volví a besarlo nuevamente para luego apartarme dándole la espalda.

En ese momento olvidé mi desnudo. Mi piel clara y suave, la cual parecía hecha de porcelana, estaba visible casi en su totalidad. Tenía el cabello revuelto y caía parcialmente hacia un lado. Mis ojos brillaban temibles porque no estaba consiguiendo lo que pretendía.

-Vete mejor, con tu cobardía y tu estupidez. Te he propuesto un pacto.

-Intentas hacer un pacto con el Diablo pero olvidas que quien hace pactos con otros soy yo... -respondió tomando mis hombros entre sus manos estrechando estos con suavidad aproximándose por detrás, abrazándome y rodeándome por el vientre comenzando a acariciarlo con las manos extendidas.

Sentí como mi cuerpo se electrocutaba con su roce. Su piel contra la mía, sus manos en mi vientre y el recuerdo de sus palabras como un eco que retumbaba en mi cabeza. Allí no había nadie salvo nosotros dos. Mis manos se situaron junto a las suyas, cerré los ojos y apoyé mi cabeza en su hombro izquierdo.

-¿Por qué no aceptas el pacto? Creo que estoy siendo generoso- murmuré.

-¿A eso le llamas acto de generosidad? -respondió burlesco observándome por el rabillo del ojo- Sabes que mis intenciones nunca han sido normales ¿verdad? Creo lo sabes y si no te lo diré-guardó silencio unos segundos mientras yo sentía que todo mi cuerpo se volvía a paralizar- Me gustas Lestat y me atraes.

Sabía que le atraía por alguna extraña razón. Quizás era mi forma de enfrentarme a mis propios miedos. Él me provocaba pánico, aunque la curiosidad siempre estaba ahí latiendo esperando que le hiciese caso. Era como una de esas casas encantadas que todo niño conoce, o como el lugar donde quemaban las brujas en Auvernia, que te provocaban miedo, dolor y un increíble nerviosismo que te despertaba la imaginación y ésta volaba por encima de tu cabeza instigándote a indagar que había ocurrido allí, fuese cual fuese su misterio. Él era la casa encantada ambulante. Un demonio que decía que sabía amar y que sólo era el instrumento de Dios.

Quedé en silencio meditando sus palabras con los ojos cerrados y los labios apretados. Aquello era demasiado tentador quizás porque podía esta vez salir bien librado. Sin embargo, Rowan y Hazel me necesitaban. Sabía que incluso Louis, pese a su rechazo en estos momentos por mí y nuestra nula relación, podía necesitarme en un futuro como podía hacerlo David, Tarquin, Mona y todos aquellos que, a pesar de todas las disputas y quejas, eran mis amigos, los inmortales que amaba. Marius jamás me creyó la aventura que viví con Memnoch, pero ¿eso importaba ahora? Podía vivir otra aventura y salir bien librado, como aquella que tuve con los lobos y me dio la satisfacción de sobrevivir a una lucha a muerte.

Me giré mirándolo a los ojos mientras deslizaba mis manos por su cabello, retirando alguno de los mechones y preguntándome porque le atraía yo. Había muchas razones, pero era un demonio y no un simple mortal o un joven inmortal que se sentía fascinado por mis aventuras. Era mucho más antiguo que yo, incluso más antiguo que el mundo. Aproximé mis labios a los suyos y lo besé suavemente, como el escultor tras termina una de sus más maravillosas obras, para después rendirme por completo a todo lo que él deseara. Ya no importaba nada salvo salir de allí bien librado y con la curiosidad satisfecha.

-Rowan me necesita- dije mirándolo a los ojos- Sabes que estoy casado con ella, que ahora poseo responsabilidades y no me gustaría que te interpusieras a ellas. Sin embargo, la curiosidad que despiertas en mí es igual de inmensa que el miedo que me provocas-murmuré antes de hundir mi rostro en su cuello besándolo y lamiéndolo, completamente tentado a morderlo para beber unas gotas de sangre.

-¿Crees que ella me importa?-preguntó notando en él cierto cambio en su voz- Me harta que hables de ella en mi presencia.

Alcé la vista y comprobé que sus ojos me miraban con cierta molestia. Parecía que su rostro se había endurecido, igual que sus palabras y el tacto de su piel. Comprendí que los celos podían obrar en su contra, lo cual provocaría que yo cayera en desgracia. Entonces, temiendo por mí y por ella, le besé antes de arrodillarme frente a él quitando su cinturón, bajando su cremallera y mordiendo finalmente sobre la tela de su ropa interior.

Temía mirarlo pues sentía que podía estar cambiando frente a mis propias narices. Su aspecto de demonio me aterrorizaba. Cerré los ojos mientras mis manos se aferraban al borde de su ropa interior tirando de ésta. Mis labios presionaban sobre su sexo algo abultado. Pude percibir mejor el aroma que poseía su piel. Descubrí su miembro bajando la tela de su ropa interior junto a sus pantalones, cayendo ambas prendas hasta sus tobillos. Su mano se colocó sobre mi nuca acariciando los mechones más pequeños, enterrando sus dedos entre mi piel y cabello, mientras yo dejaba que mi lengua acariciara al fin su glande.

Escuché su jadeo y la inquietud que mostraba al sujetarse con su mano izquierda sobre mi hombro. Aquello no era una mano, sino algo similar a una garra. Sus uñas estaban más afiladas y puntiagudas, aunque seguían teniendo un tacto similar al de un hombre. Alcé el rostro y lo miré apreciando que estaba alterado.

-Disculpa mis palabras crueles hacia ti- murmuré abriendo mi boca para introducir parte de su miembro.

Pude notar el glande acariciar mis labios que lo aceptaron apretando con deseo. Él sonrió con cierta malicia, tal vez porque lo había conseguido, mientras le contemplaba dejando que su sexo rozara mi lengua y paladar. Jadeé excitado al saborear su piel. La punta de mi lengua se movía entorno a la cabeza y ocultaba con mis labios los colmillos para no rasguñarlo.

Dejé que mi mente se perdiera relajando mi mandíbula y succionado, lamiendo y mordiendo cada trozo de éste. Coloqué mi mano derecha entorno a sus testículos para masajearlos mientras mis rodillas quedaban por completas hincadas en el mármol. La izquierda estaba en su cadera ayudándole a moverlas. Pronto sentí como me recogía el cabello y tiraba de él para mostrarme como quería que balanceara mi cabeza, sin embargo acabó agarrando mi cráneo y hundiendo por completo su sexo hasta la base. Mi nariz rozó el incipiente vello público dorado que salpicaba parcialmente su piel.

Deslicé mi mano derecha de sus testículos hasta mi sexo, para poder masturbarme mientras le realizaba aquella felación. Sin embargo, él me agarró de la muñeca con gesto molesto y se llevó mis dedos a su boca mientras me incorporaba.

-No-dijo con tono autoritario y serio- No harás nada que yo no desee. No deseo que te ofrezcas placer de esa forma.

Agaché la mirada atemorizado por sus ojos, aquellos ojos de demonio. Una profunda mirada con tonos sensuales, pero tan peligrosa y cruel que me erizaba y paralizaba a la vez. Cerré los ojos echando la cabeza hacia un lado, él me atrapó entre sus brazos y comenzó a besar mis hombros mientras sus manos se deslizaban por mi espalda. Me abracé a él dejando que mis brazos quedaran rodeando su cuello sobre sus hombros. Uno de sus dedos se hundió entre mis nalgas, mientras su mano izquierda me pellizcaba tras ofrecerme varias nalgadas. Allí, arrojado en sus brazos, no sentía miedo ni furia, tan sólo un gran y extraño placer. Mis piernas temblaban mientras se abrían esperando que me ofreciera algo más que aquel largo y cálido dedo.

-¿Quieres más?-preguntó permitiendo que sus labios rozaran mi oreja- ¿Quieres más?-lamió el lóbulo y después lo mordió succionándolo- Dímelo.

-Sí-jadeé moviendo mis caderas.

Jamás había hecho nada igual con otro amante. Nunca había permitido que me dominaran de esa forma. Sin embargo, algo en mí me instaba a dejarme hacer porque sería mucho mejor para mí, para todos y en especial para él. Sabía que si él se satisfacía con mi cuerpo me iría mejor que si le repudiaba.

-No escuché bien- respondió sacando su largo dedo para agarrarme del pelo provocando que nuestros rostros se enfrentaran- ¿Qué deseas?

-Quiero más- creo que mis ojos centelleaban mientras mi miembro palpitaba y mis rodillas parecían no poder sujetar más el resto de mi cuerpo.

-¿Más qué?- dijo clavando sus ojos en mí hasta llegar a mi alma, perforando ésta también.

-Más de ti. Quiero más de ti. Necesito que me domines y me hagas tuyo- mi voz sonaba distinta, pues estaba entrecortado por un placer y una necesidad que jamás había sentido. Era como estar en medio de un desierto, tener sed y ver la fuente pero sin poder mojar los labios- Dámelo, por favor.

-Implora mejor.

Entonces me percaté que ya no estábamos en la biblioteca, sino en una habitación ricamente decorada con muebles muy antiguos. Había una cama enorme tras mi espalda que a penas alcanzaba ver las finas y caras telas de su dosel. Había hermosas alfombras persas diseminadas, una bella y elegante lámpara de lágrimas que parecían diamantes, paredes de madera de nogal y hermosos cuadros de paisajes similares al edén.

-Dime ¿qué quieres de mí? Dímelo- murmuró arrojándome a la cama.

Las ropas eran de seda roja que parecían caricias bajo mi espalda. Miré a Memnoch con cierto resquicio de altivez, pero pronto me guarecí en mi comportamiento manso. Mis manos se cerraron en un puño con la tela dentro de las palmas.

-Ser tu puta esta noche-escupí abriendo mis piernas esperando que esa visión le atrajera- Es la primera vez que hago ésto. Te concedo mi virginidad, mon cher- susurré echando la cabeza hacia atrás notando como los almohadones eran incluso más cómodos que el propio colchón.

-¿Sabes qué implica ser la puta del demonio?-inquirió- Mi concubina- susurró arrastrando cada sílaba mientras se inclinaba sobre mí gateando por la cama para acomodarse cuerpo contra cuerpo-Lestat, el indómito príncipe ardiendo de deseo frente al demonio.

-Oui-sus largos y fríos dedos apartaron los mechones de mi rostro, contemplándolo de una forma poco usual.

Me besó sacándome el aliento y cualquier pensamiento que discurriera por mi embotado cerebro. Sabía que aquel trance en ocasiones sucedía por drogas en los mortales, pero yo no era mortal y no había consumido nada aquella noche. Era su presencia que me alteraba y me provocaba ser dócil. Noté como abría mejor mis piernas haciéndose hueco. Pude sentir su miembro rozar el mío, así como parcialmente mi vientre y muslos.

-Te ofrezco un pacto. Siempre que desee tenerte conmigo te traeré aquí, fuera de las fronteras del mundo y la realidad, y te haré mío de mil formas. Tu apreciada bruja nunca lo sabrá, tampoco Louis u otro vampiro por el cual sientas cierto aprecio. Nadie se enterará de ésto. Será algo entre los dos-guardó silencio unos segundos y prosiguió-Pero aquí eres mi perra, la puta más desesperada y no voy a permitir que pienses o hables de otros en mi presencia. Tendrás mi simpatía y te dejaré en paz ahí fuera. No volveré a ofrecerte temor, sólo placer. Pero tú tienes que ceder.

-Hazme tuyo-jadeé buscando su miembro estirando mis brazos para comenzar a masturbar su sexo y a dejar caricias en sus testículos-Te necesito.

-Te quiero Lestat, siempre te he querido para mí-besó mi cuello deslizando su boca por mi torso. También estaban sintiendo sus dientes mordisqueando mis pezones provocando que me revolviera bajo su cuerpo- Siempre supuse que tenías los pezones sensibles.

Su lengua se deslizó por mi vientre y atrapó mi miembro logrando que gimiera su nombre. Mis caderas se movieron de forma violenta por la necesidad, pero él se apartó y me miró fijamente provocando que me quedara quieto como una escultura. Temblaba deseando que me hiciera suyo.

-Te deseo- me incorporé abrazándolo y besándolo mientras permitía que él me girara sobre el colchón.

Tenía pánico por como me comportaba completamente sumiso y excitado. Su miembro rozó mi entrada y sin más preámbulos entró de una firme estocada. Grité adolorido mientras sentía como sus arremetidas suaves se volvían rápidas. Sin embargo, me giró para poder ver mi rostro hundido por la necesidad que me dominaba en aquel acto tan fiero y natural. No tuvo que esperar demasiado para escuchar mis gritos de placer. Mis manos acariciando sus hombros, rostro y torso mientras le besaba.

-Sabía que eras como las fierecillas por domar- se carcajeó cuando sintió mis dientes clavándose en su cuello y tomando algunas gotas de su sangre- Así, mueve tus caderas- me dijo cuando comprobó que mi cuerpo se movía contra el suyo al mismo ritmo, pero en distinta dirección.

-Memnoch...-balbuceé dejando que mi cabeza aplastara los almohadones- Plus...

Mis piernas le atraparon al igual que mis brazos, mi boca se paseaba por sus hombros mordiéndolo y sus manos caían a ambos lados de mi cadera. Escuchaba el roce de las sábanas bajo mi cuerpo, como sus testículos golpeaban mis nalgas y también el murmullo de su respiración agitada mientras ambos gemíamos nuestros nombres en un trance delicioso, en el cual no me hundía con otro hombre desde que había dejado a Louis y aún así jamás estuve en esa posición tan desvalida.

Buscaba sus labios calientes y suaves que se abrían en cada jadeo, gemido y palabra de amor que me torturaba el alma. Me retorcía esperando el momento de mayor placer y ese llegó como un latigazo en mi columna vertebral, llevando una sensación de intensa necesidad a mis testículos y finalmente eyaculando entre ambos mientras él sentía los músculos de mis glúteos apretarlo, desearlo y no permitirle que se marchara. Noté como sus brazos se tensaban y sus manos agarraban las sábanas mientras mis manos apretaban sus nalgas, atraiéndolo más hacia mí, y provocando que él llegara prácticamente a la vez. Su cálido semen calentó mi interior y sentí como todo mi cuerpo vibraba nuevamente con el suyo, como si no hubiese acabado del momento de lujuria y placer.

-Ahora sí puedes considerarte mío- murmuró rozando sus labios contra mis mejillas.

Me encontraba perlado de sudor sanguinolento y también del suyo, el cual sentí cierto magnetismo en su aroma. La habitación olía a sexo y las sábanas apestaban a nuestros fluidos. Aún tenía su miembro dentro de mí cuando mis manos acariciaron su rostro, deslizando mis dedos por sus marcados pómulos y observando sus ojos claros como si fueran zafiros.

-Pero tú mismo has dicho que nadie lo sabrá- dije notando las piernas cansadas, las cuales se desplumaron tras la presión que habían ejercido contra aquel cuerpo tan bien esculpido.

-Me escucharás y sentirás, podrás verme allá donde vayas y cuando menos lo esperes te atraparé para retenerte. No te causaré problemas, pero tú serás mío más que de esa bruja de mirada fría- besó mi cuello una vez más mientras me acariciaba relajándome.


Reconozco que me adormecí y al despertar estaba en la biblioteca tirado en el suelo con las ropas destrozadas por el suelo. Aún sentía su cuerpo aplastando el mío, besando mi cuello y mordiendo mis labios. En mi boca tenía su sabor y en mis dedos la sensación de electricidad que me otorgaba acariciarlo de aquella forma. Aquello no había sido fruto de mi imaginación, sobre todo porque pude escuchar sus pisadas aunque no había nadie más excepto yo.  

2 comentarios:

Ga dijo...

¡Qué podría decir! Me sacó tremenda sonrisa y dicha leer por primera vez un fanfic de la página que tanto ha venido entreteniéndome. Me gustó mucho, en serio. Y aunque no cuento con mucho tiempo para dejar un comentario más extenso me sentiré calmada haciendo saber que... ¡Quiero seguir leyendo sobre Lestat! ¡Del Jardín Salvaje! ... y ya me emocioné. Porque nunca es suficiente lo que tengo sobre ésta saga de vampiros. Nunca.
Saludos, gracias y me quedo esperando el siguiente. Aunque no sea con Memnoch.
PD. La sesión de "Bullying cariñoso" que sufrió Lestat por todo esto... tch, hasta yo sufría, algo.

Saturno_Luna dijo...

Holaaaaa!!! OMG!!! lo leo, es perfecto!!! tenia mucho tiempo que no leía una historia tan genial y menos de mis personajes favoritos,es fabulosa, bueno el erotismo, las descripciones y conste que soy una fujoshi nivel master jajaja pero esto y mi imaginacion alcanzaron los limites deseados, en verdad me facino, son geniales, Lestad, Memoch <3 al que acoso constantemente jajajaja ok no, pero es al que ame desde que lei su libro, como me daba ganas de que en la historia se propasara con Lestat y ustedes lo cumplieron a la perfección, una fantasía que me tenia con el pendiente jeje bueno no se que más decir, estoy maravillada ^^ Muchas gracias por hacer que los personajes sean mas reales que en los libros, por darles vida y bueno hasta cariño les agarra a las personas detras de ellos, me alegra mucho haberlos conocido y a eso me refiero al leerlos a diario. En hora buena, mis felicitaciones, casi me da una hemorragia nasal de la emocion jajaja nos vemos en el proximo relato ;) bye bye <3 <3 <3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt