Jardín salvaje de plata fría y dorado
trigo,
nieves cálidas, suaves, hermosas y
perpetuas
corazón palpitante de mujer con
destino
de pasión firme, silenciosa y
seductora.
¿Por qué, mi amor, aún estás tan
callada?
Tus carnosos labios apenas se mueven
y tu rostro de porcelana acaricia la
almohada.
¿Por qué no quieres despertar aún?
Mírate, escucha el enorme estruendo
está tronando con fuerza allá fuera.
Las palmeras se agitan con un viento
tremendo
y los dondiegos desperdician su aroma.
Me ves tras el cristal de tu balcón
como si fuera un vulgar ratero
que te alienta, te desea con
desesperación
porque Cupido al fin ha sido certero.
Sé que cuando me mires al fin
tú y yo seremos un alma libre entre
flores,
pero también entre enormes árboles
frutales
donde nos embriagaremos en sus olores.
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