Deseo besar tus labios hasta quedarme
sin fuerzas. Quiero bañarme en tus ojos y contemplar sus grises
mareas. Eres la mujer más hermosa que he visto. Sin duda te has
vuelto mi musa en cada una de las largas noches donde nos hemos
comido a besos.
Tú me seduces con tu sonrisa tímida,
tus caricias suaves que calientan mi corazón y me hace caer rendido.
Quiero bailar contigo ésta noche hasta caer rendidos en nuestro
revuelto colchón con ropas de seda. No hay límites en el amor
porque la eternidad se alza más allá del cielo nocturno, las
estrellas iluminan nuestro rostro. No temas, no te dejaré caer de
mis brazos. Bésame una vez más, tócame como sabes hacerlo, provoca
una reacción en cadena y deja que el placer nos invada.
Ésta noche se ha convertido en la
revolución. El frío se ha alejado al fin y empezamos una eterna
primavera en una tierra cálida. El mapa de tu piel susurra que viaje
precipitadamente hacia el sur mientras, en él note, tus ojos vigilan
la travesía. La constelación de las escasas pecas de tu vientre me
ha conquistado en medio de la batalla. Mis dedos se hunden en los
bosques de trigo de tu cabello, el cual cae en ondas hechas por un
antiguo mar de rayos de sol.
Tan hermosa, seductora y lasciva como
fría, consecuente e intuitiva. Quiero besar tu rostro hasta
desgastarlo. Has venido de otro mundo pues me has atrapado sin que me
percatara. Dicen que eres veneno para cualquier mortal e inmortal,
pero para mí no eres más que el antídoto a mi locura. Mírame
postrado a tus pies, besándolos con ternura y acariciando tus
delicados tobillos.
Eres mi esposa, mi compañera eterna y
mi ángel guía para la salvación de mi alma.
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