Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 10 de junio de 2014

Demonio

Un Archivo de Talamasca breve, pero demasiado intenso. ¿Querrán leerlo? ¿O aún tienen miedo por el anterior? 

Lestat de Lioncourt 

DEMONIO

La oscuridad lo invadía todo. Cada centímetro de la habitación había quedado en completa penumbra. La presencia se sentía a su alrededor, prácticamente tocando sus cabellos, mientras sus ojos permanecían cerrados. David notaba como aquel ente sobrenatural caminaba sigilosamente sobre sus retorcidas patas. Era un demonio inferior, no era un caído. El ente que estaba allí jamás había recibido la bendición del altísimo. Era un ser grotesco, de ojos crueles y mandíbula ancha con dientes afilados. El olor que predominaba era denso, un olor inquietante.

Recordó un salmo, aquel que en alguna ocasión le había ayudado. Sin embargo, cada demonio era distinto y algunos eran mucho más poderosos. Si estaba en aquella habitación, de una vieja mansión, era porque conocía a la familia cuando era un simple detective de lo paranormal. No pudo enfrentarse al demonio que a veces los visitaba, venido de un mundo tenebroso y cruel, que perseguía a las mujeres, pero no a los hombres, de la vivienda. Las sometía a vejaciones y golpes, una tortura tras otra, y él había accedido a colaborar.

—El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y...—no pudo acabar el salmo. Aquel ser lo tomó del cuello y tuvo que recurrir a su fuerza sobre humana, aquella que sólo como vampiro podía tener.

Se retorcía en el suelo, con aquella cosa enganchada en él, sintiendo como le ardía el cuerpo. Sus dedos comenzaron a hormiguear y su cuello se sentía aplastado. Algo malo sucedía, sin duda alguna. Clavó entonces sus uñas en aquellos poderosos brazos, invirtió posiciones y le hizo beber agua bendita, clavándole en la frente una medalla de San Miguel Arcángel. Añadió cánticos de candomblé, llamando a sus viejos dioses, implorando por él, mientras aquella cosa se retorcía. Rápidamente perdió energía, se desmaterializó y David cayó de bruces.

Quedó tirado allí como una marioneta sin cuerdas, ni esperanzas o alguna virtud humana que le diese vida, con los ojos clavados en la profunda oscuridad. Sentía aún en su mano la medalla, esa que enterró prácticamente en la frente de aquel ser. Se dio gracias a estar sin luz eléctrica, de haber visto a semejante monstruo habría visto el miedo reflejado en sus ojos y era mejor hacerlo todo con fe, desde el primer momento, y sin titubeos. ¿Cuánto tiempo tendrían para vivir en paz? ¿Un par de meses? Eso al menos era un alivio. Había sido demasiado para él, pero al menos había librado la casa de la presencia por algunos meses. Era imposible echar a un demonio como él y, además, no se iría de la familia, pues quedaría atado a ella por siempre.

—Olodumare, ¿por qué creaste la oscuridad?—murmuró incorporándose mientras se sacudía el traje.

David lo sabía, sabía que debía aferrarse a todas sus creencias y liberar las energías negativas que rodeaban a las mujeres. Ellas lo atraían con sus trágicas vidas, sus pérdidas, el desconsuelo, el miedo y también las diversas depresiones que tenían las más jóvenes. Pero, por mucho conocimiento que tuviese era algo imposible de controlar, no si ellas no eran capaces de hacerlo. El demonio aparecería, regresaría, y el terror volvería a la mansión. Pero esa noche no se escucharon gritos, sino los grillos en el jardín y el mecer de las ramas de las palmeras, pinos y diversos olmos. No, no había nada más.  

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt