Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 18 de junio de 2014

Sueños perversos

Khayman nos quiere compartir estos viejos recuerdos que tuvo hace tanto, pero tanto, que pudo haber olvidado dejándolos bajo las dunas del desierto.

Lestat de Lioncourt

SUEÑOS PERVERSOS 

—Es por el bien de mi pueblo—dijo dándome la espalda.

—Esa boda será...

—Magnífica—terminó mi frase sin siquiera mirarme o escuchar mis súplicas.

Había tenido sueños terribles y todo indicaba que no serían sólo malos presagios. Sin embargo, estaba claro que no podía hacer mucho. La habitación había tomado un aire enrarecido, igual de viciado que la estancia donde yacía mi padre enfermo. Quería llorar, pero era un guerrero y debía afrontar todo con entereza. Apreté los puños, incliné la cabeza hacia delante y asentí.

Él se giró suavemente para ver mi pose sumisa, sonrió y colocó sus suaves, y finas manos, sobre mis hombros. Apretó ligeramente haciéndome sentir reconfortado por unos segundos. El sonido de sus distintos abalorios repicó como repican ahora las campanas de las pequeñas iglesias.

—Te amo por como eres, por tu entereza y tu forma de afrontar éste nuevo momento—dijo inclinándose hacia mí, para besar mis mejillas y finalmente estrecharme contra sí.

Prácticamente nos habíamos criado juntos. Las tierras de Kemet eran nuestro escondrijo para jugar desde el amanecer hasta la puesta de sol. Había librado batallas a su lado, conversado en su mesa, reído frente al río mientras los mosquitos zumbaban y compartido cama. Los últimos años habíamos sido amantes. Él me rogaba que estuviera a su lado cada noche, como si no tuviese suficiente el ver mi rostro durante las mañanas.

—Ahora la dueña de tu vida será también de tu cama—esbocé una sonrisa triste y él entonces rompió a llorar.

Se aferró a mí con fuerza, hundió su rostro en mi pecho y lloró como un niño. Sabía que se estaba condenando, pero el pueblo necesitaba un gobernante que le diese hijos sanos y gobernase sobre todos. Él era demasiado débil al ser extremadamente compasivo. La mujer que había elegido su padre era una muchacha de otras tierras, las cuales eran más fértiles incluso que Egipto, y había viajado durante meses para reunirse con él. Una mujer de carácter, firme y muy autoritaria. Su padre lo había decidido en el lecho de muerte y él había acatado.

—Khayman, ¿qué ocurrirá en el próximo sol?—murmuró.

—Tendremos nuevos gobernantes en el trono. No pasará nada malo, pues yo obedeceré las órdenes que me impongáis—respondí intentando olvidar mis terribles visiones.


Eran sueños que me perseguían, como si alertaran al mundo entero de la catástrofe que se avecinaba. Posiblemente algún espíritu me rogaba que detuviera aquella locura, pero era incapaz de reaccionar. Yo sólo era el hijo del escriba real.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt