Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 4 de julio de 2014

Solo, pero con el orgullo intacto

Esta escena se la presentamos como unas de las memorias más intensas. Espero que comprendan a Pandora, Armand y el resto contra Marius.

Lestat de Lioncourt 


—¿Por qué?—preguntó, con mirada desafiante, como si de aquello dependiera su vida—. Dímelo, ¿por qué lo hiciste? Aún espero tu disculpa—sus labios, tan carnosos como siempre, parecían cargados de rabia.

—¿Por qué tengo que darte explicaciones?—respondió—. ¿Por qué? Tú no lo haces, y como ves yo tampoco.

—¡Pero yo no he mentido!—dijo furiosa— ¡Marius, por favor, has dicho que era prácticamente una fulana!—entonces, como de la nada, sintió como dos manos la tomaban de la cintura, pegándola contra un torso duro como el mármol pero de color moreno.

Arjun estaba allí para calmarla, y protegerla incluso de ella misma. Él la amaba por encima de muchas cosas, como su propio bienestar. Daría por su señora cualquier parte de su cuerpo, su alma y futuro.

—¿Y? No iba a decir toda la verdad, ¿comprendes?—parecía calmado, pero comenzaba a estar inquieto y lleno de ira.

—¡Sobre ese mocoso tuyo no has mentido!—exclamó.

—Tómalo como una venganza por dejarme solo—argumentó evidenciando el motivo, con sus ojos fríos cargados de fuego y su túnica moviéndose al fin.

Ambos estaban a punto de lanzarse al cuello. Armand, situado en una esquina de la habitación, observaba todo junto a Benji, que estaba tomado de su mano, y Sybelle que incrédula, con el mentón tembloroso, acudía a la primera pelea de esos dos.

—¡Alto!—expresó Flavius, a las espaldas de Arjun—. Amigo, lleva a nuestra señora a refrescarse y permite que yo hable con él.

—¡Ya!—gritó desesperada—. ¡Aparta Arjun! ¡Y tú, Flavius, no necesito que me defiendas! ¡Con ese maldito patán puedo sola!—se expresaba con una rabia imposible de controlar, por ese motivo Arjun la soltó y se colocó al lado del otro creado de Pandora, otro compañero de oficio por así decirlo.

Arjun guardó silencio intentando ver como mediar sin que su furia cayera sobre él, Armand se mordía los labios sintiéndose herido sin saber porqué, los jóvenes vampiros temblaban de miedo tras él y Flavius simplemente contemplaba a Marius, el cual estaba a punto de estallar.

—¡Pídeme perdón!—gritó.

—¡Nunca!—dijo él.

—¡Te mato!—ella se arrojó hacia él enterrando sus largas uñas en su duro rostro. La sangre emanó rápido de las heridas que cicatrizaban segundos después. Marius intentaba apartarla, pero ella seguía chillando. Finalmente, él cayó al suelo y ella quedó encima furiosa, a punto de arrancarle la tráquea como si aquellos dedos fueran un bisturí.

—¡Maestro!—dijo, al fin, Armand intentando acudir, pero fue apartado por Flavius debido a lo peligroso que podía ser todo aquello.

—¡Pídeme perdón, maldito inútil!—decía agarrándolo de la túnica para golpearlo contra el piso, él intentaba controlar esa furia pero era imposible. La agarraba del brazo, la movía de encima suya y ella regresaba con mayor impulso—. ¡Dilo!

—¡Nunca!—gritó—¡Tú no me has pedido perdón por dejarme solo!

—¡Pero si tú te lo buscaste!—respondió abofeteándolo.

—Mi señora, la violencia no... —comenzó a decir Arjun, quien fue callado por una de aquellas terribles y sofocadas miradas.

—Marius...—balbuceó Armand comenzando a llorar.

—Arruinas la vida de aquellos que dices amar, inclusive el de ese patético muchacho que tienes ahí. Nos has hecho tanto daño que no eres capaz de pedir disculpas. Eres un miserable—comentó incorporándose mientras se miraba las manos—. Debería abrirte el pecho, sacarte el corazón y beber de él; pero creo que tú no tienes corazón, pues careces de sentimientos.

Aquellas palabras provocaron en Marius una conmoción. La rabia le envenenó aún más, como si le consumiera, y la tomó de los brazos clavando sus uñas. Ella soltó un chillido e intentó zafarse, pero sus labios quedaron sellados. Él la besó frente a todos. Arjun puso los ojos en blanco, Flavius negó suavemente y Armand se llenó de cólera mientras los dos más jóvenes, Sybelle y Benji, lo abrazaban.

—Te amo—susurró al apartar sus labios—. No puedo dejar de amarte. Mis venganzas son las de un niño y no pediré jamás disculpas por ello. Sé que tengo que hacerlo, al igual que con Armand, pero no estoy hecho para ellas—expresó apartándose para secar su rostro con la manga de aquella túnica roja, la cual usaba para caminar por el palazo como en otras épocas.

Daniel había escuchado todo tras la puerta. Muchos creían que había sucumbido a la locura, pero sólo deseaba concentrarse en un trabajo arduo, y detallado, para olvidar las voces que hablaban dentro de su cabeza. Se aferró al pomo de la puerta y pegó bien la oreja durante esos valiosos minutos. Sus ojos violetas relampagueaban mientras miraban por la cerradura.

—Si no puedes pedir disculpas, por algo que has propagado a los cuatro vientos, creo que estoy de más aquí—comentó con un tono serio, muy elegante y firme.

—Pandora, no puedes irte—susurró boquiabierto.

—¿No? Pues mira como lo hago—dijo girándose para tomar del brazo a Arjun, con su mano derecha, y con la izquierda agarrar la camisa de Flavius.

Ambos la siguieron, como si aún fueran sus lacayos, caminando un paso atrás de ella. Los dos se miraban presos de la confusión y la necesidad de mejorar las circunstancias, pero una vez rebasaron la puerta principal perdieron cualquier ánimo de enmendar la solución.

—Lamento la...—susurró girándose hacia Armand, el cual tenía en el rostro pintado sus celos y el brillo de la furia en sus ojos—. Verás, es algo que...

—Sybelle, Benji... ¡Daniel!—gritó ese último nombre provocando que la puerta se abriera—. Daniel, vamos a la Isla de la Noche. Allí tienes grandes maquetas por construir, he decidido obsequiarte con los mejores materiales— el joven vampiro sólo sonrió maravillado, aunque marcharse con él no era precisamente lo que más deseaba en el mundo. Sin embargo, las maquetas eran ahora su vida.

—No puedes irte—susurró Marius asombrado, pues él también se iba.

—¿No? Pues mira como lo hago—dijo tirando de las manos suaves de sus dos grandes amores para ser acompañado, por Daniel y ellos dos, hacia la puerta.


Marius quedó solo con sus pensamientos, su furia, su incapacidad para pedir disculpas y una sensación sofocante de dolor. Lo había perdido todo otra vez, salvo su orgullo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt