Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 25 de agosto de 2014

Lo peor de todo

Una carta de Nicolas, con sello del día de mi cumpleaños. Llega tarde, pero la acepto. Aún así, es terrible... terrible...

Lestat de Lioncourt 


Atado a ti. Por siempre atado a tu recuerdo, a tus mentiras y falsas sonrisas. Siempre te creí capaz de todo, pero no de la más alta traición. Quise retenerte puro, lejos de París, y finalmente fuiste engullido por su magia y provocación. Nada quedó del chico que lloraba por la muerte de las condenadas a la hoguera, ni siquiera un ápice de ese muchacho que sobrevivió milagrosamente al ataque de los lobos. Nada. Sólo una máscara de bufón y un rostro lleno de carisma. Te convertiste en algo que nunca fuiste. El monstruo era yo, no tú.

Deseaste que mi vida fuese fácil. Compraste mi dolor. Vendiste mi silencio a cambio de un tutor para retenerme encerrado en una prisión de oro. El mármol de aquel apartamento, las hermosas cortinas de terciopelo, las sábanas de satén color granate o el elegante escritorio me turbaban. Prefería la miseria, el frío y el hambre que pasábamos en la taberna. Quería escuchar tu voz, no la de aquel hombre que me dirigía como si fuera una marioneta. Nunca te percataste de mis sentimientos. Fue brutal el golpe final de verte convertido en un demonio, un grotesco ser deforme que se balanceaba frente a mí. ¡Terrible! Pero peor aún fue saber que me engañabas, ocultándome de todo como si fuera un débil. ¿Por qué?

¿Qué esperabas que hiciera? ¿Querías que me arrojara a tus pies cuando me abrieras los brazos? No eras el ángel que esperaba. No. Ya no eras el hombre por el que rezaba y lloraba. Te convertiste en un ser descarado, violento, insaciable y fascinante. Sí, fascinante. Lleno de oscuridad y luz propia. Te deseé, pero no por amor. Ya no era sólo amor. Quería que me condenaras. Necesitaba sentir el infierno. Ansiaba sentir en mi cuello el aguijonazo de tus dientes, igual que si fueras una abeja en un panal de miel. Sin embargo, la locura ya era evidente. La tortura ya estaba marcando mi cuerpo y moldeando mi mente. Él lo hizo. Sabes que esos cabellos de fuego hondeando al aire, esos ojos castaños tan seductores, y ese cuerpo de ángel caído contra el pavimento del cementerio me hicieron enloquecer. Tú y él. Los dos. Me condenaron ambos. ¿Cómo soportarlo? No quería ser marioneta en éste espectáculo. Yo no era merecedor de ser una marioneta. No. El telón se alzaría, pero yo sería actor y músico.

Pero desconocía en aquellos instantes, tan sublimes, que el silencio me obligaría a enmudecer. Pude ver en ti todo lo que ocultabas. Escuché de tu mudo palpitar la verdad más cruel. Me vi atado de pies y manos. Caí de bruces a la realidad. Quise morir allí mismo y a la vez ansiaba la vida que discurría por cada vena, cada hombre y mujer, que se paseaba frente a mí. Todos eran frutos prohibidos y yo un sediento esclavo de ese nuevo vino.


¿Sabes qué es lo peor de todo? Que nunca pude odiarte.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt