Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 25 de agosto de 2014

Mon amour...

Siempre he tenido una determinación incalculable. Gracias a mi rebeldía se han escrito ríos de tinta, hecho comentarios a lo largo y ancho de éste mundo, he comprendido a seres que eran tachados de deidades y me he sumergido por completo en aventuras rescatando la verdad a pesar de las consecuencias. Mi mayor motivación ha sido siempre pensar que lograría ser amado. No importaba por quien, sino por cuantos. Y un día apareciste tú.

Dejé atrás ese deseo insaciable de amor. Olvidé por unos instantes quien era yo. Al fin, después de todo lo malo que he visto desfilar ante mis ojos, vi algo realmente maravilloso. La fascinación que he sentido hacia ti provocó que mi corazón volviese a ser fuerte. Acepté que era imposible tenerte. Sin embargo, nunca aceptaría perderte. No quería romper mis lazos contigo y aún los mantengo. Te tengo a mi lado aunque sea sólo en recuerdos y únicamente podamos vernos algunas noches, como si fuéramos fugitivos.

Cuando era prácticamente un niño me sentía abatido, cansado, furioso con el mundo y con mi familia. Mi madre era una figura lejana, la cual me daba algo de confort y complicidad, pero no era lo suficientemente fuerte para provocar que olvidara por completo el dolor. Mis hermanos me despreciaban, mi padre deseaba destruirme a golpe de bastón. No era lo suficientemente bueno para nadie. Nicolas, mi antiguo amante mortal, me susurraba palabras de rebeldía y me insuflaba vida con las notas de su violín. Ese fue el inicio de todo. La sangre de lobo seca en mis manos, el frío congelando mis miembros, el olor a quemado del sacrificio de inocentes en el círculo de las brujas y mis ojos llenos de exaltación cuando Nicolas se movía ante mí embrujándome con su talento. El principio del príncipe es terrible, pero tú hiciste que mi final fuese dulce.

Tuve una familia. Una familia de vampiros. Una hija, un amante y noches que parecían eternas desfilando frente a mí. Fui feliz, lo acepto. Tuve una felicidad trágica. Había vivido la tortura de saber que Nicolas enloqueció por mi culpa, también conocí su muerte que también apuntaba hacia mí. Armand, un vampiro que ya de por sí me detestaba, me esperaba furioso deseando que lo amara o simplemente aceptara una venganza cruel. Marius, la leyenda y la sabiduría misma, me lanzó lejos. Sólo los tenía a ellos, pues mi madre no quería seguirme allí donde iba. El nuevo mundo se abrió como una rosa en plena noche. Dejé que la belleza de su fragancia me adormeciera. La familia de vampiros más mortífera de la historia, la única que funcionaba como una familia mortal. Éramos envidiables. Ella era una muñeca hermosa y él la piedad hecha carne. La muñeca y el ángel de la muerte. Fue mi familia y como la tuya, esa que tanto amas, la hubiese defendido por siempre. No obstante, ¿qué dura por siempre entre vampiros? Nada. Terminamos odiándonos y señalándonos como los culpables de nuestro propio destino.

Tras la gran tragedia, cuando ellos intentaron matarme, quise vivir para recuperarlos y después deseé dormir para olvidar que jamás regresarían. Ella murió y él escapó con mi verdugo, con Armand. ¿Sabes cómo me sentí? Sí, traicionado. Me sentí traicionado. Por eso cuando acepté mi descanso en 1920 pensé que era lo mejor, pero al despertar en 1984 ese imbécil había contado todo a todos. Louis se había convertido en un mártir de cuento de hadas para que yo, su villano predilecto, se alzara entre las sombras como un grotesco recuerdo en llamas. Era una calamidad. Me enfurecí y decidí contraatacar con algo que conocía bien, con una virtud que ni siquiera era la mía, la música. En el escenario me acordé de él, de Nicolas, y tuve tras de mí al culpable de todo, a Louis, pero fue ella quien me arrancó el aliento. Hablo de Akasha.

A partir de ese momento mis aventuras se vuelven más peligrosas. Las conoces todas. No hace falta que haga una lista ni te cuente quienes son mis amigos. Sabes bien que llegar hasta a ti fue duro. Conocí incluso el infierno, supe que era ser mártir. Sin embargo, ¿algo de todo eso fue real? No lo sé. Aún no lo sé. Querida mía, sólo sé que quería ser bueno. Deseaba ser respetado, amado y bendecido. Tenía de nuevo el miedo atroz a la muerte que sentí cuando joven en una taberna llena de borrachos, frente a un artista enfervorecido por la música, y tú me quitaste ese miedo de un plumazo.

Tan fuerte, tan imponente, tan llena de verdad y tan hermosa. Me recordaste a la figura de mi madre. Ella siempre fue una mujer cargada de una fuerza extraordinaria, la misma que tú emanabas. Jamás pensé encontrar en otra mujer esa fuerza. Quedé fascinado cuando tus ojos grises se cruzaron con los míos y perdí los papeles. Me convertí en un adolescente tras las faldas de la mujer que ama. Eras mi chica. Fuiste un sueño de una noche de verano y te has quedado como fantasía eterna. Cuando no sé de ti siento que una parte de mi corazón se rompe. Me pregunto si aún me esperas en el porche, mirando las estrellas como si me encontrara tras una de ellas, y dejando que una taza de café caliente tus finas manos. Hace algunas semanas que no nos vemos. Temo ir a buscarte y que me odies por el silencio. Todo es complicado. Hay muchas cosas que no he escrito en mis libros.


Si te envío esta carta, si te cuento de nuevo todo el calvario que he tenido, es porque tú me has dado el amor puro que buscaba en Dios. Te has convertido en mi particular visión del amor. Eres la musa que acuna mis noches, la mujer que acaricia mi rostro como si fuera un ángel a pesar de mi crueldad. Soy un asesino y no te doy miedo. Quiero volver a verte. Pronto nos veremos, amor mío. Espérame en el porche de First Street, por favor. Espérame.


Lestat de Lioncourt   

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt