Siempre he tenido una determinación
incalculable. Gracias a mi rebeldía se han escrito ríos de tinta,
hecho comentarios a lo largo y ancho de éste mundo, he comprendido a
seres que eran tachados de deidades y me he sumergido por completo en
aventuras rescatando la verdad a pesar de las consecuencias. Mi mayor
motivación ha sido siempre pensar que lograría ser amado. No
importaba por quien, sino por cuantos. Y un día apareciste tú.
Dejé atrás ese deseo insaciable de
amor. Olvidé por unos instantes quien era yo. Al fin, después de
todo lo malo que he visto desfilar ante mis ojos, vi algo realmente
maravilloso. La fascinación que he sentido hacia ti provocó que mi
corazón volviese a ser fuerte. Acepté que era imposible tenerte.
Sin embargo, nunca aceptaría perderte. No quería romper mis lazos
contigo y aún los mantengo. Te tengo a mi lado aunque sea sólo en
recuerdos y únicamente podamos vernos algunas noches, como si
fuéramos fugitivos.
Cuando era prácticamente un niño me
sentía abatido, cansado, furioso con el mundo y con mi familia. Mi
madre era una figura lejana, la cual me daba algo de confort y
complicidad, pero no era lo suficientemente fuerte para provocar que
olvidara por completo el dolor. Mis hermanos me despreciaban, mi
padre deseaba destruirme a golpe de bastón. No era lo
suficientemente bueno para nadie. Nicolas, mi antiguo amante mortal,
me susurraba palabras de rebeldía y me insuflaba vida con las notas
de su violín. Ese fue el inicio de todo. La sangre de lobo seca en
mis manos, el frío congelando mis miembros, el olor a quemado del
sacrificio de inocentes en el círculo de las brujas y mis ojos
llenos de exaltación cuando Nicolas se movía ante mí embrujándome
con su talento. El principio del príncipe es terrible, pero tú
hiciste que mi final fuese dulce.
Tuve una familia. Una familia de
vampiros. Una hija, un amante y noches que parecían eternas
desfilando frente a mí. Fui feliz, lo acepto. Tuve una felicidad
trágica. Había vivido la tortura de saber que Nicolas enloqueció
por mi culpa, también conocí su muerte que también apuntaba hacia
mí. Armand, un vampiro que ya de por sí me detestaba, me esperaba
furioso deseando que lo amara o simplemente aceptara una venganza
cruel. Marius, la leyenda y la sabiduría misma, me lanzó lejos.
Sólo los tenía a ellos, pues mi madre no quería seguirme allí
donde iba. El nuevo mundo se abrió como una rosa en plena noche.
Dejé que la belleza de su fragancia me adormeciera. La familia de
vampiros más mortífera de la historia, la única que funcionaba
como una familia mortal. Éramos envidiables. Ella era una muñeca
hermosa y él la piedad hecha carne. La muñeca y el ángel de la
muerte. Fue mi familia y como la tuya, esa que tanto amas, la hubiese
defendido por siempre. No obstante, ¿qué dura por siempre entre
vampiros? Nada. Terminamos odiándonos y señalándonos como los
culpables de nuestro propio destino.
Tras la gran tragedia, cuando ellos
intentaron matarme, quise vivir para recuperarlos y después deseé
dormir para olvidar que jamás regresarían. Ella murió y él escapó
con mi verdugo, con Armand. ¿Sabes cómo me sentí? Sí,
traicionado. Me sentí traicionado. Por eso cuando acepté mi
descanso en 1920 pensé que era lo mejor, pero al despertar en 1984
ese imbécil había contado todo a todos. Louis se había convertido
en un mártir de cuento de hadas para que yo, su villano predilecto,
se alzara entre las sombras como un grotesco recuerdo en llamas. Era
una calamidad. Me enfurecí y decidí contraatacar con algo que
conocía bien, con una virtud que ni siquiera era la mía, la música.
En el escenario me acordé de él, de Nicolas, y tuve tras de mí al
culpable de todo, a Louis, pero fue ella quien me arrancó el
aliento. Hablo de Akasha.
A partir de ese momento mis aventuras
se vuelven más peligrosas. Las conoces todas. No hace falta que haga
una lista ni te cuente quienes son mis amigos. Sabes bien que llegar
hasta a ti fue duro. Conocí incluso el infierno, supe que era ser
mártir. Sin embargo, ¿algo de todo eso fue real? No lo sé. Aún no
lo sé. Querida mía, sólo sé que quería ser bueno. Deseaba ser
respetado, amado y bendecido. Tenía de nuevo el miedo atroz a la
muerte que sentí cuando joven en una taberna llena de borrachos,
frente a un artista enfervorecido por la música, y tú me quitaste
ese miedo de un plumazo.
Tan fuerte, tan imponente, tan llena de
verdad y tan hermosa. Me recordaste a la figura de mi madre. Ella
siempre fue una mujer cargada de una fuerza extraordinaria, la misma
que tú emanabas. Jamás pensé encontrar en otra mujer esa fuerza.
Quedé fascinado cuando tus ojos grises se cruzaron con los míos y
perdí los papeles. Me convertí en un adolescente tras las faldas de
la mujer que ama. Eras mi chica. Fuiste un sueño de una noche de
verano y te has quedado como fantasía eterna. Cuando no sé de ti
siento que una parte de mi corazón se rompe. Me pregunto si aún me
esperas en el porche, mirando las estrellas como si me encontrara
tras una de ellas, y dejando que una taza de café caliente tus finas
manos. Hace algunas semanas que no nos vemos. Temo ir a buscarte y
que me odies por el silencio. Todo es complicado. Hay muchas cosas
que no he escrito en mis libros.
Si te envío esta carta, si te cuento
de nuevo todo el calvario que he tenido, es porque tú me has dado el
amor puro que buscaba en Dios. Te has convertido en mi particular
visión del amor. Eres la musa que acuna mis noches, la mujer que
acaricia mi rostro como si fuera un ángel a pesar de mi crueldad.
Soy un asesino y no te doy miedo. Quiero volver a verte. Pronto nos
veremos, amor mío. Espérame en el porche de First Street, por
favor. Espérame.
Lestat de Lioncourt
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