Este escrito muestra la verdad, la verdad de Armand hacia Marius. Yo no quiero decir nada sobre lo que me parece...
Lestat de Lioncourt
Cada beso que me das es como una
inyección letal de un poderoso narcótico. Caigo en tus juegos, me
dejo llevar por tus frías caricias y permito que te burles de cada
uno de mis actos. He aprendido a ser libre, pero cuando apareces mis
alas caen igual que mi ropa. Tus labios recorren mis mejillas, tus
dedos se hunden en mi pelo acariciándolo como si fuera un animal
abandonado y me miras con esos poderosos ojos azules tan fríos. No
sé que soy. Tal vez un raro objeto en tu poderosa colección de
amantes, una de esas joyas indómitas que has logrado amoldar a tus
caprichos. Me he convertido en tu esclavo más allá de las monedas
de oro que ofreciste por mi vida, pues también has esclavizado mi
alma y has logrado que no sea capaz de olvidarte.
Poso desnudo e inconsciente de la
maldad que ronda a mi alrededor. Permito que puedas ver más allá de
mi lechosa piel, mi carne y huesos. Te ofrezco mi alma sin un sólo
milímetro que la cubra. Puede que un día comprendas mi sacrificio
final. Caminaría cada rincón de los infiernos por ti, por un amor
cruel y déspota que nunca me ha concedido. Eres un tirano de sensual
voz que me llama, como si fuera un niño perdido, para que me
arrodille frente a ti y te mire con el amor que tú no ofreces. ¿Por
qué me dejaste perdido e inconsciente? ¿Tan mal me porté contigo?
¿Tan insufrible fue nuestro camino juntos? Tú me hiciste y luego me
abandonaste. Me convertiste en tu Prometeo, y después desechaste el
proyecto porque caminaba a la deriva mientras buscaba tus manos.
Aún te puedo sentir entre mis piernas,
con tus manos sobre mi pecho desnudo y tus ojos puestos en mis
carnosos labios. Ese tacto suave y frío, tan frío como esa mirada
tuya de Dios por encima del bien y del mal, que se convertía en
arañazos profundos. Recuerdo los cortes, el camino hacia el éxtasis
y tu miembro introduciéndose en mí mientras jadeaba sutilmente.
Parece que fue hace siglos, pero sólo hace unas horas que he sido
poseído una vez más por ti. Eres el más cruel de los demonios,
pues me infectas con el pecado primigenio pero no me llevas a tus
infiernos.
Necesito sentir tus labios acariciando
mi vientre, subiendo por mis costados y lamiendo mi cuello. Me urge
creer cada mentira que has depositado en mí, esas que logran que
abra mis piernas y te rodeé con ansiedad. Eres una droga tan
adictiva, Maestro, y yo no puedo negarme en ningún momento. Tu forma
masculina de atarme a ti, sin remedio, me hace sentirme vulnerable y
sin escapatoria. Por favor, hazme tuyo una vez más atándome a tu
cama. Acepto tu tortura. No despegues tu látigo de mi espalda y
arráncame con fuerza cada signo de libertad. Hoy quiero ser tu
esclavo, sin escapatoria. Oblígame a ser un Santo y a rezar por ti
como si fueras Dios mismo. Después vendrá el llanto cubriendo cada
capa de placer, me sentiré tan sólo y enfermo como la noche
anterior y juraré no amarte más. Pero sé que regresarás, lo harás
porque te fascina doblegar mi escaso espíritu de lucha. Ven, rompe
mi corazón pues lo estoy esperando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario