Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 7 de agosto de 2014

Tu esclavo

Este escrito muestra la verdad, la verdad de Armand hacia Marius. Yo no quiero decir nada sobre lo que me parece... 

Lestat de Lioncourt 


Cada beso que me das es como una inyección letal de un poderoso narcótico. Caigo en tus juegos, me dejo llevar por tus frías caricias y permito que te burles de cada uno de mis actos. He aprendido a ser libre, pero cuando apareces mis alas caen igual que mi ropa. Tus labios recorren mis mejillas, tus dedos se hunden en mi pelo acariciándolo como si fuera un animal abandonado y me miras con esos poderosos ojos azules tan fríos. No sé que soy. Tal vez un raro objeto en tu poderosa colección de amantes, una de esas joyas indómitas que has logrado amoldar a tus caprichos. Me he convertido en tu esclavo más allá de las monedas de oro que ofreciste por mi vida, pues también has esclavizado mi alma y has logrado que no sea capaz de olvidarte.

Poso desnudo e inconsciente de la maldad que ronda a mi alrededor. Permito que puedas ver más allá de mi lechosa piel, mi carne y huesos. Te ofrezco mi alma sin un sólo milímetro que la cubra. Puede que un día comprendas mi sacrificio final. Caminaría cada rincón de los infiernos por ti, por un amor cruel y déspota que nunca me ha concedido. Eres un tirano de sensual voz que me llama, como si fuera un niño perdido, para que me arrodille frente a ti y te mire con el amor que tú no ofreces. ¿Por qué me dejaste perdido e inconsciente? ¿Tan mal me porté contigo? ¿Tan insufrible fue nuestro camino juntos? Tú me hiciste y luego me abandonaste. Me convertiste en tu Prometeo, y después desechaste el proyecto porque caminaba a la deriva mientras buscaba tus manos.

Aún te puedo sentir entre mis piernas, con tus manos sobre mi pecho desnudo y tus ojos puestos en mis carnosos labios. Ese tacto suave y frío, tan frío como esa mirada tuya de Dios por encima del bien y del mal, que se convertía en arañazos profundos. Recuerdo los cortes, el camino hacia el éxtasis y tu miembro introduciéndose en mí mientras jadeaba sutilmente. Parece que fue hace siglos, pero sólo hace unas horas que he sido poseído una vez más por ti. Eres el más cruel de los demonios, pues me infectas con el pecado primigenio pero no me llevas a tus infiernos.


Necesito sentir tus labios acariciando mi vientre, subiendo por mis costados y lamiendo mi cuello. Me urge creer cada mentira que has depositado en mí, esas que logran que abra mis piernas y te rodeé con ansiedad. Eres una droga tan adictiva, Maestro, y yo no puedo negarme en ningún momento. Tu forma masculina de atarme a ti, sin remedio, me hace sentirme vulnerable y sin escapatoria. Por favor, hazme tuyo una vez más atándome a tu cama. Acepto tu tortura. No despegues tu látigo de mi espalda y arráncame con fuerza cada signo de libertad. Hoy quiero ser tu esclavo, sin escapatoria. Oblígame a ser un Santo y a rezar por ti como si fueras Dios mismo. Después vendrá el llanto cubriendo cada capa de placer, me sentiré tan sólo y enfermo como la noche anterior y juraré no amarte más. Pero sé que regresarás, lo harás porque te fascina doblegar mi escaso espíritu de lucha. Ven, rompe mi corazón pues lo estoy esperando.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt