Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 18 de junio de 2015

Nuestros sentimientos.

Rowan y Michael son para mí un símbolo de la resistencia y el amor. Son un ejemplo de fuerza. 

Lestat de Lioncourt


“Debería aceptar que el mundo se ha convertido en un lugar terrible para vivir, pues he visto grandes tragedias y he sentido la frustración más pura circulando por cada una de mis arterias. He aprendido que nada es lo que parece y que el reflejo que ofrecemos puede estar empañado. Comprendo el dolor que algunos han llegado a sentir, pero sobre todo el rencor y el desprecio que todavía corrompe a muchos de los que todavía amo. En ti, querida mía, he visto crecer el miedo y el horror que estuvieron a punto de sepultar tus fuerzas y cordura.

Si escribo estas líneas, en un papel cualquiera, es porque soy capaz de narrar todo lo que siento por ti. Soy incapaz de conversar con tus silencios, aunque cuando duermes es habitual que susurre miles de palabras románticas, cientos de versos llenos del más puro deseo y pensamientos cargados de rabia, dolor y fuerza. Creo que aprendí a descargar mis frustraciones y sueños en ti mientras duermes, acurrucada en un rincón de nuestra cama, y cuando abres los ojos, contemplándome como el guardián de tus pesadillas, me siento desarmado.

Tú me robas las palabras, el aliento y la calma. He aprendido a ser paciente y a esperar que vengas a mí. Decides cada paso y yo sigo tus huellas, pues es así como hemos aprendido a soportar el paso del tiempo, las heridas y nuestra historia. Sin embargo, todavía soy capaz de narrar lo que siento por ti en un papel arrugado, con un bolígrafo sin apenas tinta y ayudado por mis gafas para leer.

Aquí sentado, en mi despacho, me siento abrigado por todas las emociones. Tú estás allí fuera, quizás de camino a casa, con miles de pensamientos en tu cabeza y cientos de emociones a flor de piel. Por el momento la noche es larga, pero jamás amarga. Sé que vendrás, podré escuchar como la cerradura cede, el sonido de tus tacones bajos y tu voz pronunciando mi nombre. Harás lo que cada noche y yo terminaré corriendo a tu lado, escucharé tus preocupaciones y tus deseos, mientras intentas hacer descansar a tu alma.”

Sostenía la carta con cuidado. Estaba allí, sobre los informes de su nuevo proyecto de restauración, como si no importase demasiado. Michael se había quedado dormido en aquel cómodo sillón ejecutivo. Sus rizos negros, cortos y espesos, caían sobre su frente y sus escasas canas resaltaban su dura fisionomía. Dormido de ese modo, con la calma de un alma llena de amor, parecía inocente y sosegado. Sin embargo, ella sabía que podía llegar a ser una bestia y convertirse en un guerrero armado con sus propias manos. Una bestia que surgía de entre las sombras para cuidar su futuro y su verdad. La misma bestia que era incapaz de lastimarla.

—Michael... —dijo con una tímida sonrisa, para inclinarse sobre su rostro dejando un tibio beso en sus labios.


Seguía amándolo. Sabía que su sitio era a su lado. Comprendía su cansancio y también sus miedos, pues los compartía. A veces las palabras no salen, pero los gestos merecen la pena. Eran sus gestos los que gritaban que la amaba como el primer día.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt