Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 26 de julio de 2016

Mi ángel

Creo que he descubierto por qué Marius odiaba a Santino. Con permiso..

Lestat de Lioncourt 



Sentado meditabundo, esperando quizá el golpe de gracia, me incorporé escuchando los viejos fantasmas que recorrían los pasillos de mi mente. Allí estaban con nombre y rostro dictándome sus desgracias, las mías propias, debido a mi fanatismo. Había caído en la estúpida creencia que podría librarme de mis pecados, pero estos se habían convertido en una segunda piel, como un tatuaje invisible, que me asfixiaba. Mis ojos estaban hundido en las tragedias que bien conocía como si fueran una epopeya griega bien argumentada. Mis manos temblaban. Los viejos rezos ya no me servían, las profecías eran polvo y los textos sagrados se habían reducido a humo y cenizas.

—¿Le ocurre algo?—preguntó un joven.

Me quedé observándolo unos instantes antes de responder. Era delgado, tenía la cadera ligeramente acentuada, sus labios poseían una belleza idílica y sus ojos castaños me recordaron tanto unos que yo adoraba que sentí remordimientos, deseos de llorar y la necesidad de suplicar perdón a un extraño. Era castaño cobrizo y tenía su pelo alborotado, como el de tantos jóvenes, entre sus manos se encontraban diversas libretas de dibujo. Su piel lechosa, salpicada por una constelación de pecas, me enloquecía. Parecía nieve recién caída a los pies de la Piazza San Prieto. Destacaba entre la multitud por esa alma tan pura envuelta en una sotana con un almidonado alzacuellos.

—¿Se encuentra bien? ¿Se siente acalorado?—dejó sus desorganizadas libretas en el suelo para luego colocarlas sobre mis hombros. Sentí que ardía. Aquello era la visión de un ángel, de un ángel tan parecido al que yo había torturado que me hacía sentir culpable de toda la maldad derramada sobre este mundo.

—Sólo deseo que me perdone—dijo.

—Dios siempre perdona—respondió con una cálida sonrisa.

—Dios no, mi ángel—murmuré—. Un ángel al cual en vez de rezar lo condené al infierno, lo torturé arrancándole las alas para depositar oscuros pensamientos sobre sus heridas, un muchacho que fue mío y señalé como indigno.

Mis palabras pudieron provocar furia, rechazo o asco en un hombre como él, con una fe tan poco dada a este tipo de revelaciones, pero sólo sonrió estrechándome, besándome las mejillas y dándome un ligero golpecito en la espalda.

—Dígaselo. Dígale que lo ama. Calmará su alma y alegrará su corazón—susurró en mi oído antes de apartarse. Sus ojos brillaban aguados debido a las lágrimas que deseaba derramar. Quizá no era el único que había recordado un viejo amor. Pero creo que fue más bien mi sinceridad lo que hizo que él vibrara frente a mí como una hoja.


Tomó sus libretas, se despidió de mí con un gesto gentil y se marchó a toda prisa. Pude llamarlo ángel a ese joven sacerdote, pero sólo existe uno para mí y es Armand. Él siempre será mi ángel.  

1 comentario:

Elany Mandujano dijo...

¡Oh por Dios!

Me hizo llorar, es hermoso, desde que leí el libro me pregunté por que no regresó con Armand para explicarle lo que había descubierto, para liberarlo.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt