Un viejo escrito de Merrick. Puede que quizás aprendamos a comprender un poco de quién es, o mejor dicho, quién llegó a ser.
Lestat de Lioncourt
Si pude llamar a alguien padre fue a
él. Aprendí lo que era sentirme querida más allá de mis
percepciones. Él me abrió sus brazos y la llave a la supuesta
felicidad. Sin embargo, ni siquiera él fue plenamente dichoso en
compañía del misterio, los secretos más arcaicos y el silencio más
profundo. Aprecié cada segundo junto a él, sus cálidos consejos y
su mirada severa. Si alguna vez tuve un padre fue Aaron.
Recuerdo que el día que murió me
hallaba revisando unos viejos documentos. Habíamos estado hablando
días atrás, aunque sólo fue una comunicación breve sobre su
futuro y su matrimonio. Estaba terriblemente preocupado por
cuestiones que no quería confesarme. Sin embargo, notaba en su voz
cierto dolor que le desquebrajaba. Quería volver a saber de David
Talbot. Era un iluso, como yo. Ocultamos la verdad de su pasado,
presente y futuro de un hombre que se desvinculó de nosotros como si
fuésemos una piedra en su camino.
David siempre fue el más ambicioso de
los tres. Quizás porque era el único que creía que la razón era
superior al corazón. Es un hombre más calculador y sereno que
nosotros. Por desgracia, para Aaron y para mí, nuestros corazones
nos jugaron una mala pasada. Yo no podía olvidar el breve romance
que tuve con Talbot, que llegó a ser el prestigioso director de
nuestra organización de detectives de lo paranormal, sino que
también se convirtió en un ser inmortal, atemporal y joven para
siempre. Él no sólo cambió su cuerpo, sino también su destino y
el nuestro. Aaron sólo decidió seguir investigando a mi familia,
aunque no en la rama más sencilla y humilde. Él, que fue como un
padre, siempre me comentó lo peligroso que era bailar con el Diablo
y aún así tocó a su mansión, sonrió gentil y se hizo parte de su
rebaño. Aaron se convirtió en parte de los Mayfair de Club de
Campo, por así decirlo, cuando se enamoró de Beatrice Mayfair y
dejó a un lado la razón. Se ocupó tan sólo de sus sentimientos y
su honor, perdiendo la vida y acariciando el amor, respeto y honores
de todo Mayfair. Por mi parte, sigo aquí: bebiendo.
Bebo por la muerte de un amigo, un
padre y un compañero. Brindo por un amor imposible. Me sumerjo por
completo en el ron más añejo y sonrío a los desconocidos. Creo que
mis ojos verdes se están desvirtuando con tantas lágrimas que no he
derramado. Ya no puedo ser madre, o quizás ya no es mi tiempo, y mi
cuerpo terminará siendo pasto de los gusanos. Jamás permitiré que
otro me toque, pues mi corazón fue por siempre suyo. Desde que era
una niña amé por encima de todo a David, y Aaron lo supo. Él sabía
que la pequeña que abrazaba con cariño se arriesgaba a una hoguera
distinta, una que no tiene llamas pero quema.
No comprendo porque escribo esta carta.
Podría desahogarme con los espíritus de mi familia. Sin embargo, he
recurrido al papel, el bolígrafo y una botella de ron. Brindaré por
ellos. Por el hombre que no regresa y el que se fue al mundo de los
espíritus. Brindo por Aaron y David. Brindo por mi pasado y
presente, pues mi futuro es borroso y no quiero siquiera preocuparme
por él.
20 de Marzo de 1998