Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 11 de agosto de 2014

Carta a mi hija

Te recuerdo en mis brazos, pequeña mía, con la muerte tatuada en tu pequeño y angelical rostro. Tus brazos, débiles y empapados en sudor, rodeaban con urgencia el cuello de mi almidonada camisa. Mis cabellos rubios rozaban tus dedos y éstos jugaban con ellos intentando apaciguar el pánico que sentías. Sé que en tu pequeña mente sólo había ángeles, hombres santos y monstruos. ¿Yo qué era? ¿Un santo? ¿Un ángel? ¿O era inevitablemente el monstruo que soy? No lo sé, ni quiero saberlo ahora. Sólo sé que me mirabas con esos diamantes azules llenos de angustia y dolor. No había pecado en tus labios, los cuales se abrían como si desearas decir algo. Te ahogabas por la fiebre y porque tus pulmones estaban fallando. Aquel mugriento hospital, lleno de camas de niños enfermos, no era más que una puerta al cementerio. No había oportunidad. Debía actuar con mis nobles artes oscuras y conferirte el secreto.

No puedo olvidar como yacías en la cama, igual que una muñeca esperando que te tomáramos entre nuestros brazos, pegándote a nuestro pecho, y dejándote vacía al fin como un cascarón. Pude tomar la opción más fácil, liberar tu dolor y darte la paz que merecías. Sin embargo, fui tan cobarde que no pude. Sólo pensaba en Louis, su dolor y tragedia personal. No podía tolerar que un peso tan terrible, como saber que habías muerto por su causa, le hiciera perder por completo su lucha contra él mismo. Detestaba ser lo que era, pero ¿qué era? Posiblemente viste un ángel con los ojos llenos de lágrimas, pasto fresco lleno de nubes de lluvia, mientras sus dedos temblaban acomodando tus sucios cabellos. Me miró como si fuera un demonio, me culpó mil veces por traerte frente a él y te creé. Necesitaba hacerlo, compréndelo. Tenía que crearte por él, por mí, por ti y por todo el fuego que puede albergar el infierno.

Y se sentó el ángel y el diablo a los pies de la cama, estiraron sus brazos hacia ti y acariciaron tus mejillas llenas. Tus ojos eran distintos, observabas fascinada la noche y te convertiste en una pequeña lechuza blanca posada en un árbol. Eras un ser nocturno, no una niña. Sin embargo, tu envoltorio seguía siendo el de una muñeca que lavamos, vestimos y peinamos con ahínco mientras nos decíamos “somos padres”. Creímos que jugar a los padres sería fascinante, algo que nos llenaría de orgullo y que jamás se rompería el vínculo. Pero empezaste a odiarnos de algún modo, aunque parte de ti nos amaras. Éramos monstruos y los monstruos suelen ser enemigos de los niños, no aliados.


Lloré por ti tanto como Louis. Mis ojos parecían fuentes de ríos de sangre. Me lamenté semanas intentando aferrarme a los escasos días gloriosos. Recordaba tus bucles dorados, tus ojos azules llenos de viveza y malicia, tus pequeños dedos jugando con mi reloj de bolsillo y tu encantadora voz recitando poemas para el bueno de tu madre. Admitámoslo, siempre fui el villano a pesar de todo... y aún así te amé tanto como él.

Lestat de Lioncourt  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt