Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 2 de noviembre de 2014

La fuente del mal

Julien aquí dando lecciones de moral... Digo, una vieja carta que se escapó de la quema que hizo su hija en el jardín. 

Lestat de Lioncourt 


La maldad no es sólo un punto de vista, es una forma de vida. Hay que aprender a realizar pequeños actos de maldad en beneficio de aquellos que se aprecian. Una sonrisa tímida puede esconder un cuchillo afilado que se enterrará en tu corazón, destrozará tus sueños en mil pedazos y ahogará en lágrimas las esperanzas más simples. Se debe apreciar el mundo dentro y fuera de la oscuridad. Ocurren cosas que no se pueden medir. Sobre todo, los amigos que vienen del más allá y envuelven nuestras vidas en un misterio único. La maldad no es un punto de vista; al menos, no lo es para un Mayfair.

Nací en una época donde la esclavitud aún estaba bien considerada. Muchos maltrataban a sus esclavos. Yo prefería tratarlos como iguales, pues así su confianza era ciega y su trabajo era más productivo. Jamás golpeé el rostro de uno de mis muchachos. Nunca insulté o humillé a una de mis criadas. Las plantaciones daban beneficios tan prósperos que podía invertirlos en negocios locales. La vida era plácida. Si bien, todos me temían por los trucos con un diablo. Pero no era un diablo, era sólo Lasher. Era un fantasma, aunque no uno común.

Esta página de mis memorias, las cuales no sé si alguien llegará a comprender o leer, no es tan terrible como se pueda imaginar. Sólo deseo dejar por escrito algunos pensamientos. Pensamientos que quizás puedan ser terribles para mis descendientes. Pero alguien tiene que hacerlo. Me encuentro sin fuerzas. Sé que en unos meses mi vida se apagará como la llama de una vela. Yo lo sé. Estoy a punto de sufrir el trance más terrible. En estos momentos, sólo puedo confiar que sea dulce y que la lluvia caiga del mismo modo que cayó sobre cada uno de los ataúdes de las brujas de la familia.

Tenía tres años cuando Lasher finalmente se aproximó a mí, y, desde entonces se convirtió en mi sombra. Una sombra alargada con una voz profunda y unos ojos demasiado hermosos. Comprendo que pueda sonar terrible, pero se transformó en mi amante y en el beneficiario de mi cuerpo. He permitido durante décadas que entre en mi cuerpo, haga lo que quiera y se divierta. El trato es que no haga daño a la gente que amo. Él dice amarme. Me toca en las noches, besa mis labios y arremete contra mi cuerpo con el vigor de un muchacho joven. Hace décadas todo era placentero, olvidé por completo el pavor que tenía hacia él, pero ahora que el tiempo corre, y que Stella demuestra tener mayores poderes que su madre, siento pánico. No quiero la misma vida para ella, ni para otro de mis descendientes. Hice pactos terribles, acepté dinero sucio y maté. Tengo las manos manchadas de sangre y el arma, casi siempre, es Lasher. Es ese monstruo que todos llaman “El hombre” y algunos conocemos como “Impulsor”.

Estoy contemplando como baila frente a mí. Se mueve lentamente con la música que he puesto para él. Si hay música él no se entera de nada. Es como un niño. A veces, creo que es demasiado inocente y después caigo que ha hecho una compleja tela de araña. Puede ver el futuro, tiene una capacidad destructiva terrible y puede modificar la climatología. No es un ser simple. Él es terrible. Me incita a ser igual de terrible que él. Mi hermana se volvió loca por nuestros juegos. Mi madre murió loca por su murmullo. Muchas de mis antepasadas murieron jóvenes, y en la hoguera, por sus negocios. Lasher es sinónimo de muerte.

Pero esta noche, como las anteriores, él a venido con besos dulces y caricias íntimas. Sus dedos se han escurrido bajo mi pijama de franela. Su lengua acarició la mía con la ternura de un hombre sabio y la impetuosidad de un joven. Sus abrazos eran terribles, como si fueran cuerdas, igual que el balanceo de sus caderas. Se comportó conmigo como si fuera un amante entregado, pero sé que ya tiene su objetivo. Yo sólo soy un viejo recuerdo. No seré su último amor. Nunca lo he creído. Ya no podré proteger a la familia. Tampoco podré ambicionar mayor poder.

Me he parado a leer unos segundos, tan sólo unos segundos, todo lo que he escrito y me percato que cada línea habla de amor y odio hacia el fantasma que nos persigue. Un ser que parece atrapado en una casa, encadenado a la esmeralda y a cada uno de nosotros. Algo que aún no he descifrado. El tiempo se echa encima, las agujas se mueven solas y yo sigo esperando un milagro.


1918, Nueva Orleans

Julien Mayfair

sábado, 4 de octubre de 2014

Una maleta y una discusión

David nos trae la última discusión con Merrick. Creo que todos sabemos que pasó después... ¡En fin! No podemos hacer mucho por él, pero sus recuerdos son sus recuerdos.

Lestat de Lioncourt 


—Deberías escucharme—dijo.

Había entrado en la habitación cerrando tras de sí la puerta. Aún no había soltado siquiera el pomo cuando lo dijo. Tenía sus ojos pardos clavados en aquellos deslumbrantes ojos verdes. No estaba dispuesto a ver como se iba para ayudar a un muchacho perdido en un pantano de New Orleans. Un mal presentimiento se apoderaba de él. Deseaba retenerla. Sus sentimientos le impedían que ella hiciera lo que quisiera.

—¿Por qué?—preguntó girándose hacia él.

La maleta a medio hacer. Tan sólo un par de vestidos, unos libros y la fotografía de su hermana. Nada más.

—Por tu bien—expresó.

—No te pongas paternalista conmigo, por favor—dijo con media sonrisa.

—Antes no te importaba escuchar mis consejos—contestó acercándose a ella, pero una mirada fría le retuvo en mitad de la habitación.

—Antes era una estúpida jovencita enamorada de ti—lanzó entonces el primer reproche justo a su corazón—. Estaba eclipsada—prosiguió—. Ahora soy una adulta con los ojos bien abiertos, David. No tengo que hacer caso a un hombre que ya me la jugó una vez.

—Merrick, lo hice por tu bien—apeló. Quería hablar de forma adulta, pero ella no estaba dispuesta. No quería escucharle.

—No—dijo tajantemente—. Lo hiciste porque eres un cobarde y no puedes evitar serlo.

La conversación se elevaría de tono, como siempre. Discutirían una vez más. Quizás la última vez. David no quería eso, pero es a lo que estaba encaminada esa discusión.

—¡No soy un cobarde!—gritó.

—¿No? ¿Has reflexionado sobre nuestra historia?—su sonrisa suave, que sólo alzaba ligeramente la comisura de sus labios, le demostraba que ella opinaba lo contrario y que nadie, ni mucho menos él, le haría pensar distinto—. Echa la vista atrás, David, quizás te sorprenda.

—¿Por qué hay que vivir en el pasado?—preguntó dando un paso al frente. Quería abrazarla, reteniéndola de algún modo.

—Porque cuando me miras con ese nuevo rostro veo tus viejos ojos—susurró con la voz quebrada, aunque se mantuvo firme—. Sigues siendo el mismo, aunque ahora tu envoltura sea distinta. No has cambiado ni un ápice.

—Sí he cambiado—apretó las manos dejándolas cerradas en dos inútiles puños. Puños que querían golpear el aire para aligerar su dolor e impotencia—. Ahora sé cuanto me importas.

—David, ¿acaso crees que no sé que tenías cientos de amantes? ¿Me crees tan estúpida para no saber que jugabas a ser el rey de corazones?—no le sorprendió que supiera eso, pero aquel tono despectivo y brusco le sacó una carcajada llena de rabia—. Incluso Lestat es más honesto con sus sentimientos que tú.

—¡No vuelvas a hablarme en ese tono y de esa forma!—gritó exasperado.

—David, lo haré cuantas veces desee—dijo girándose para cerrar la maleta, tomarla y dirigirse a la puerta—. Sobre todo si vienes aquí de salvador. Olvídate de mí, pues yo lo estoy haciendo de ti.


Días más tarde se esfumó. Terminó convertida en cenizas y humo. Todo lo que una vez fue se convirtió en nada. Sólo quedaron recuerdos en su corazón. Su alma quedó torturada, esas últimas palabras le cortaron el aliento. Merrick ya no volvería a discutir con él. Ella no regresaría jamás.

martes, 8 de julio de 2014

Una gran consternación

Debido a los últimos acontecimientos, los cuales pueden conocer leyendo las entradas anteriores, les ponemos en contacto de nuevo con la historia, el legado del dolor y el terror. Michael nos lleva nuevamente a nuestra actual realidad.

Lestat de Lioncourt


La observaba en silencio. Meditaba sobre todo lo que había pasado en sus vidas. El colchón se hundía hacia su lado, arrugando la colcha que ella misma había elegido para la habitación, la luz diáfana de la lámpara de la mesilla le ofrecía un aura distinta a la habitación y ella parecía estar esperando ser despertada como cualquier princesa de cuento de hadas. Tenía sus finos brazos contra la enorme almohada, igual que sus rizos rubios que también rozaban sus pómulos, nariz y mentón. Él simplemente la observaba sin atreverse siquiera a decir algo.

Se inclinó hacia delante apoyando sus codos sobre los muslos, giró su rostro hacia la ventana y observó las estrellas. Habían vuelto a esa casa. Parecía una maldición que caía sobre ellos arrancándoles el aliento. Se preguntaba si debía explicarle la nueva situación, o sólo guardar silencio y dar respuesta a los problemas que fuesen sucediéndose. Simplemente tenía miedo. El miedo atenazaba su corazón.

Estiró el brazo hacia la mesilla, tomó el móvil y miró el listado de últimas llamadas. El último número era el de Lestat, esa misma noche y hacía tan sólo treinta minutos. No le había llamado ella, sino él. «Debemos ser fuertes.» le dijo, pero también le causó cierto impacto que pidiese sinceridad hacia Rowan con «Tiene que saberlo, pues si no lo sabe estará más indefensa que nunca. Ésta noche nos vemos.»

Dejó de nuevo el móvil en su lugar, frunció el ceño suavemente y se llevó las manos a la cara. Debía hacerlo. Debía decirle el peligro que corrían. Sin embargo, se giró y la vio dormir de nuevo en la quietud de la noche. Pronto se despertaría, pues aún no eran ni siquiera las once. Cuando lo hiciera vería en sus ojos el desconcierto y el dolor. No obstante, su mejor y mayor recuerdo era aquella tímida sonrisa, cargada de nerviosismo, que vio el día de su boda. Intentaba pensar en ella, en la iglesia, el coro y las ilusiones que habían guardado en el cajón de alguno de los muebles de la vivienda.

—El amor no es suficiente para proteger, pero más allá del Valle de las Sombras estará el Valle del Edén. Encontraremos la solución en cada verso no escrito, los poemas se alzarán como aves majestuosas en un sensual rito. El milagro de la vida es tan importante como el de la muerte, conoceremos ambos si hay suerte. Toma mi mano con fuerza, tómala. No te dejaré jamás—tarareó bajo mientras se incorporaba de la cama, dejando tan sólo la silueta de su presencia sobre ella, y se aproximó a la ventana—. Hay monstruos crueles allí, que matan con crueldad, pero con esa crueldad también se les puede matar.

Se percató entonces que ella había despertado y lo miraba en silencio. Se giró hacia ella y la miró con ese amor que jamás había muerto, sino que estaba ahí más intenso que nunca. Quiso llorar, pero se contuvo. Rowan era lo único bueno que le quedaba ya en la vida, salvo el ser que caminaba inquieto en su habitación y estaba a punto de echarse a gritar por quinta vez en una hora.

—¿Qué hora es?—preguntó. 

—Temprano—respondió acercándose a ella para dejar un beso en su frente.


Esperaría a Lestat, pues el vampiro podía manejar mejor la situación que él y que cualquiera. En esos momentos se sentía inútil e incapaz, pero Rowan tendría su apoyo y afecto para luchar. Un apoyo en forma de martillo y manos ásperas que no dudarían en actuar de nuevo.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt