Un saludo, Lestat de Lioncourt
ADVERTENCIA
Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.
~La eternidad~ Según Lestat
viernes, 8 de septiembre de 2017
Engatusador
domingo, 13 de marzo de 2016
Ensayo sobre lo "femenino" en el vampirismo
jueves, 6 de agosto de 2015
Amor
Lestat de Lioncourt
miércoles, 8 de julio de 2015
Paraíso de Sangre
martes, 2 de septiembre de 2008
Principes de cielos oscuros
Me deslicé por aquella casa, parecía un espectro y la verdad es que debería tener esa imagen proyectada hacia cualquier mortal. Mis dedos eran los de una escultura de mármol, mi rostro la de un ángel doliente bañado con la luz de mis rizos dorados y mis labios dos gruesas formas burlonas manchadas con un hilillo de sangre. Me había vuelto un descuidado, aunque aquella noche simplemente pensaba en ella.
Estaba tumbada plácidamente en la cama con un camisón de satén. Era algo corto, dejaba mucho a la imaginación y su escote se lucía encantador, dejando ver parcialmente sus pechos. He de decir que no era exuberante aquellos senos, pero sí su belleza. Sus pobladas pestañas, sus cabellos trazados en un peinado desigual y a la vez perfecto. Su piel era parecida a la mía, blanca y lustrosa como la muerte. Dormía de forma descuidada, hacía años que no temía a nada, ni siquiera a la muerte.
Recordé por un casual una película. Era algo humorística y mostraba monstruos de gran corazón, de sutil intelecto y humor negro muy bien decorado en el entorno familiar. Aquella mujer me recordó a Morticia. Una dama dentro de su suma negrura, envuelta en capas de decadencia y telarañas de amargura, que daban muestra sus labios pintados de carmín. Estaba algo maquillada, no en exceso, y parecía dispuesta a mí. Yo no sería como su esposo, aunque sí tan pasional y destructivo. Sí, parecía haber entrado en esa película o serie televisiva de gran audiencia. Quién sabe, uno nunca puede estar seguro de nada. Y allí estaba yo, con la mirada perdida en el pasillo frente a su puerta y girando el pomo.
Nunca hasta ahora había deseado tanto a una mortal, a una simple y débil mujer. Solía observar a los mortales con gran fascinación por el simple hecho de que estaban vivos. Pero ella. Sí. Ella tenía algo más que ofrecerme que la fascinación de robarle la vida lentamente. Me regalaba su candor mortecino, su fascinante piel humana y viva que no estaba rosada, sino que era prácticamente igual de lúgubre como la mía. El señor de los cielos nocturnos, un diablo, el mismísimo diablo. Ella, una dama, una princesa, en un mundo que nadie la entiende. Sus costillas estaban algo marcadas, su clavícula me alentaban a mi alimentación y tropelía.
Me senté a su lado acariciando su figura, deslizando las sábanas blancas como las nubes. Mis dedos surcaban sus pómulos mientras mis ojos se fascinaban, cada vez más. He de admitir que su tacto era parecido al del satén de su vestido. Seda, pura seda, mejor dicho. Levemente me descubrí recostado a su lado, susurrándole versos de poetas muertos hace décadas y arrullando mi alma con su aliento. Besé su cuello, un leve roce, para luego clavar mis colmillos y sentir los borbotones de su sangre. Tan mía, tan viva, tan muerta en su tragedia y yo la rescataría como un príncipe azul en medio de la neblina. Pero esta vez no subí a torres, ni luché con dragones y mucho menos me enfrenté a brujas. No. Esta vez había sido más sencillo. Observarla caminar durante semanas, adentrarme en su casa y abrazarla. Pronto sería mi hija, mi amante, mi eterna compañía.
La abracé alzándola en la nada, trasportándola entre mis alas inexistentes y luego la dejé caer casi muerta en el colchón. Rasgué mi muñeca y dejé caer lentamente un par de gotas. Con mis anteriores criaturas rogué que fueran mis hijos, otros me lo suplicaron a mí y en más de una ocasión lo hice de forma acelerada. Esta vez sería lenta, como un vals o como el mismísimo cortejo antes del sexo. Y ahí despertó. Sus ojos marrones, cálidos y acogedores, ahora eran los de una inmortal aferrándose con ansias a mi brazo. No sabía que le sucedía, pero de repente espetó: Tengo sed.
-Lo sé querida mía, lo sé. Yo te la saciaré, te recubriré de joyas y caricias. Te haré tan mía como tu misma. Ahora eres parte de mí, parte de las sombras y dejas de ser parte de la frustración de un enajenado escritor que no da señales de vida. Ese loco enajenado que llaman creador, para pasar yo a ser el tuyo, dándote un alma única e indestructible.-
sábado, 24 de mayo de 2008
El último día de nuestras vidas.

Youka Nitta sabe hacer chicos como a mi me gustan, y este es el mejor de todos.
El último día de nuestras vidas.
¿Apocalipsis?
Lluvia ácida sobre mis ojos, el mundo entró en la guerra de mentiras y las equivocaciones se pagan demasiado caras. Estoy desquiciado, entro en cólera, y la ceguera no es suficiente para detenerme. Sé que puedo caer, pero tengo la corazonada de que volveré a la vida en cada anochecer. Es el siglo de las luces de neón, las mentiras, la droga, la mala música y las hipotecas para multimillonarios. La era de la desgracia, polución, cambio climático, tecnología demasiado desarrollada y en contra del hombre. Es el Apocalipsis y nadie lo notó hasta el día de hoy. Se rompe el cielo, caen las estrellas y se diluyen los sueños en medio de este infierno. La fe lo cura todo, pero no parará este desastre y Dios no va a salvarnos. No hay nadie que nos pueda ayudar, nos lo buscamos.
Soy un cazador en medio de una jungla a punto de ser aniquilada, ¿Qué puedo hacer?. Cuando muera mi última presa entonces tendré reparos en preguntar qué haré. Hasta que haya sangre que salpique mi rostro tan sólo me ocuparé en beberla, que no se desaproveche. Escribo estas líneas en medio de una ciudad que despierta con los cláxones de la trompeta de Gabriel. Empieza la cuenta atrás, también para este despiadado príncipe de las sombras…empieza el fin de los días y yo sin saber aún lo que es amar, tan sólo sé de desprecio y odio, lo que me enseñasteis entre todos. Hoy acabará todo, por fin quizás en las mañanas se escucharán el trino de los pájaros, esos que una vez murieron por culpa de la contaminación, y no el sonido de un móvil con basura que los humanos llamáis música.
Me pregunto qué planes tendrá para mí Lucifer y cuales son los pensamientos de Dios ante el suicidio de su creación. Esa es mi única preocupación… ¿y la tuya?
Dark Angel
Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt
