Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 8 de septiembre de 2017

Engatusador

Demonio engatusador,
muchacho hechizado.
¡Maldito tentador!
Me tienes acorralado.

Haz que suene el violín,
arroja las partituras a mis pies
y ríete de mi amor y de mí.
Convierte la pasión en hiel.

Las lágrimas que lloraste,
esas que llevaban mi nombre,
ahora son para ti un lastre
porque no fui oro, fui cobre.

¡Nicolas! ¡Nicolas!
¡El demonio está en ti!
¡Nicolas! ¡Nicolas!
¡Somos Hijos de la Noche!
¡Nicolas, toca tu violín!

No fui tan valioso y cegador,
no tenía esa luz que veías
más allá de la oscuridad de mi interior.
¡La oscuridad siempre fue mía!

Interpreta la Danza Macabra,
recupera miedos de antaño.
Pon miedo en cada palabra
y conviértete en ermitaño.

Estas solo entre extraños,
sólo en el teatro que es tuyo.
Estás solo en la ciudad,
la cual es tu cárcel sin muros.

¡Nicolas! ¡Nicolas!
¡El demonio está en ti!
¡Nicolas! ¡Nicolas!
¡Somos Hijos de la Noche!

¡Nicolas, toca tu violín!


Lestat de Lioncourt 

domingo, 13 de marzo de 2016

Ensayo sobre lo "femenino" en el vampirismo

Un ensayo que puede traer discusión entre hombres y mujeres... Daniel Molloy ha querido dar su opinión sobre el problema del hombre y la mujer. 

Lestat de Lioncourt


Hace unos días fue el “Día internacional de la Mujer” y muchas mujeres alzaron la voz por aquellas que están mudas por el miedo, la muerte o la indefensión. Sin embargo también acudimos a bochornosos espectáculos de mujeres que humillan a hombres en comentarios carentes de respeto. El feminismo ya no posee el mismo valor y respeto en la sociedad debido a la imparcialidad creciente en las últimas décadas. La denominación se ha convertido en un impulso hacia lo obsceno, estúpido y aberrante. Muchas mujeres creen que el sexo débil es el masculino y deben incluso abortar si el ser que llevan en su vientre, que se alimenta de ellas y puede ser fruto de una nueva esperanza, es varón.

En el mundo de los vampiros el feminismo evolucionó hacia otras vertientes. Son muchas las mujeres que se desligaron de lo femenino o clasificado como tal, igual que muchos hombres se atrevieron a destruir las normas que había establecidas a su alrededor. El feminismo no es cosa de mujeres, es cosa de hombres y mujeres. El feminismo es una lucha constante por un equilibrio, por una verdad, por unos valores que aún no se han establecido del todo en la sociedad y por quebrar la frágil línea que hay entre hombre y mujer. Una línea, que todo sea dicho, se inventó alguien en algún momento y ha seguido marcada como si realmente hiciese falta.

¿Qué es lo femenino o lo masculino? ¿Acaso saben algunos hombres, o mujeres, que el color rosa se estableció como masculino en el inicio del siglo XX en una revista de modas? Tal vez no. El rosa es un color más fuerte y por lo tanto se denominó masculino, pero ¿realmente tiene que ser fuerte un hombre y débil una mujer? ¿Qué nos hace fuertes o débiles? ¿Es la fuerza bruta, la inteligencia, la forma de solventar un problema o todo a la vez? Podemos ser fuertes con nuestros brazos pero nuestra mente, o el espíritu de lucha, estar en banca rota. La fortaleza no debería ser juzgada sólo por la resistencia física, pues puedes tener mayor fortaleza mental o espiritual y lograr más metas que alguien que simplemente es bueno usando la fuerza de sus extremidades.

Los hombres son los grandes perjudicados del machismo impuesto en la sociedad. Muchos luchan por la igualdad salarial de la mujer, por su visibilidad en todos los puestos de trabajo, pero se olvidan que hay hombres que aún son insultados, amenazados o vistos como “raros” al elegir profesiones típicamente femeninas. También son vilipendiandos muchos hombres que deciden ser quienes eduquen a los hijos, cuiden del hogar y se dediquen a tareas “femeninas”. Hay miles de leyes que amparan a la mujer a la hora del divorcio cuando el matrimonio no funciona, pero no tantas para el hombre. Y por supuesto, aún la sociedad no castiga de igual modo, con rechazos o manifestaciones públicas, los insultos o golpes de una mujer a un hombre que los de un hombre a una mujer.

El machismo hace ver al hombre como objeto de fortaleza, como alguien que debe ser fuerte incluso mentalmente sin dejarse llevar por sus impulsos primarios de llorar, reír cuando lo desea o mostrar cierta sensibilidad hacia actos terribles. El hombre debe ser una roca que esté contra vientos y tempestades, un ser inamovible que muestre terquedad y firmeza, pero eso no es así. Los hombres que ocultan sus sentimientos son infelices, los que quieren ser fuertes por sí mismos, sólo por haber nacido varones, son arrastrados por la corriente y terminan ahogados. Hay muchos hombres que no piden ayuda porque se les educó que un hombre no pregunta, no pide respuestas, no clama por un salvavidas cuando se está muriendo en mitad de un mar de penurias, pues un hombre debe ser fuerte y ser débiles es de mujeres.

El mayor ejemplo de ruptura de todas esas reglas sociales es Lestat. Lestat ha mostrado a toda La Tribu, la cual incluye a los humanos y otras formas de “vida”, que un hombre debe llorar cuando lo necesita y eso le fortalece. Es el mismo que ha clamado por ayuda incluso a su madre. Poco a poco ha demostrado que la soledad es una enfermedad terrible y siempre desea rodearse de todos los que ama, pues sentirse solo lo debilita y odia sentirse débil. Él necesita amor, ¿y no es una premisa que dicen que sólo busca amor la mujer y que el hombre puede vivir sin él? No. No es así. Si Lestat se ha levantado mil veces es porque se ha apoyado en otros, ha buscado respuestas a sus preguntas y ha hecho que sus lágrimas vacíen de sufrimiento su alma para continuar luchando. También ha demostrado que un verdadero guerrero no busca la el enfrentamiento sino la paz, sin embargo es algo que también podemos ver en otros viejos guerreros.

Así mismo podemos encontrar ejemplos diversos entre hombres y mujeres inmortales. De Avicus o Flavius, por ejemplo, hemos podido observar que hay hombres que aman la literatura y se emocionan con su lectura. Khayman siempre buscaba consuelo en Maharet pese a ser su guardián. Armand ha demostrado fragilidad desde el primer momento pese a la entereza de seguir hacia delante. Louis es el claro ejemplo de la sensibilidad extrema hacia ciertos asuntos. Del mismo modo muchas mujeres han demostrado ser luchadoras y romper los estándares establecidos. Quizás el mayor ejemplo de todos es Gabrielle. Ella ha decidido por sí misma vestir ropa ambigua y recorrer el mundo en solitario durante gran parte de su vida, ha ido y venido escuchando a otros, aprendió a observar y actuar acorde a lo que sentía o creía que debía hacer. Sin embargo, ha mostrado también sentimientos hacia las desgracias de su hijo y cierta ternura cuando se depositó el cadáver de Mekare en su tumba. ¿Y qué decir de Pandora? Ella no fue educada como una mujer. Su padre decidió que tendría los mismos privilegios que un hombre y lucharía con su educación sobre el poder establecido por los varones.

Los sentimientos no saben de género ni de sexo. El género es mental y el sexo es únicamente el símbolo de los genitales. Petronia es el claro ejemplo de ambigüedad. Es un ser que destruye con sus puños todo lo que podemos imaginar. Las ecuaciones no salen con la creación de Arion ni con los preceptos que se han generado en la sociedad. Como bien dijo Benjamín a Armand en “Príncipe Lestat”: No todo es blanco o negro.

Por eso mismo me molesta que se alcen voces el “Día de la Mujer” para clamar sólo por el feminismo hacia el bienestar de la mujer, pero se olvide del yugo que muchos hombres tienen por culpa del machismo y el feminismo mal encaminado. El “Día de la Mujer” debería ser una fiesta para celebrar la vida que da la mujer en la naturaleza, el abanico de color que esta ofrece, y para educar a las futuras generaciones en no caer en errores del pasado. Este día debería ser para recordar que lo femenino no es el rosa, pero que tampoco lo es el azul. Debería hablarse menos de las diferencias entre hombres y mujeres… ¡Pues no existen! Este día debería mostrar mayor acercamiento del hombre a la mujer y la mujer al hombre. Tal vez me gano enemigo al escribir estas líneas pues piensan que desprecio la lucha feminista y no es así. Simplemente os estoy demostrando que lo que tacháis de femenino no lo es y lo que ensalzáis como masculino tampoco lo es.


Quizás la inmortalidad nos hace más libres, más sabios, más poderosos… pero somos igual de débiles si no estamos unidos. Nos hemos unido hombres y mujeres de todas las especies para luchar contra una gran catástrofe. ¿Por qué los humanos no deberían empezar a hacer lo mismo que han leído en nuestros libros? Quizá se acabarían así las absurdas guerras de sexo y dejaríamos de necesitar días especiales para clamar por justicia y respeto. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Amor

Una conmovedora carta de Louis. Creo que era necesario. Yo la suscribo.

Lestat de Lioncourt


No pesabas nada. Eras un cadáver con vida. Te así entre mis brazos y me creí el ángel de la muerte. Acaricié tus sucios cabellos dorados, los aparté de tu febril frente y miré tus ojos apagados de cualquier esperanza. Parecías delirar. Habías estado llorando durante días. Pude oler en ti la muerte, esa muerte refrescante y penetrante, mientras tu cuello pedía a gritos que te mordiera. Debía acabar con tu sufrimiento y con la punzada atroz que sentía en mi corazón. Mi boca tembló. Mis manos temblaron. Mi cuerpo temblaba. Pero mi alma no. Mi alma parecía firme, decidida, hecha para esa atrocidad y caí.

Tu cabeza cayó sobre mi hombro derecho, o quizás fue el izquierdo, mientras tus brazos se desplomaban y tus dedos, esos pequeños dedos, cedían y olvidaban la gruesa tela de mi abrigo. Te mecía como quien mece a un bebé. Observaba tu miserable vida. Podía ver la tristeza en los ojos de tu madre, así como contemplar su cadáver. Quise gritar, pero la boca se llenaba de sangre. Era tu sangre, pequeña mía. Bebía de ti como si fuese de un manantial. Y entonces, cuando me sentía tan cercano a ti, él apareció como una bestia salvaje pillando de improvisto al cazador.

Odié su risa. Tan histriónico y salvaje, tan estúpido y elocuente. Le odié. Odié que descubriera que él tenía razón. Yo era un monstruo. Él era un monstruo. Los dos éramos los peores seres sobre la faz de la tierra y tú eras el ángel. Un pequeño ángel que agonizaba en una cama sucia.


Me convertí en lo que ya era y a ti te condené a ser amada por dos monstruos que jamás te olvidarán.  

miércoles, 8 de julio de 2015

Paraíso de Sangre

El mundo en el que vivimos no es seguro. Siempre he planteado que vivimos en un hermoso jardín salvaje lleno de bestias y esas bestias somos nosotros, los demonios que paladeamos la sangre y nos dejamos llevar por el maravilloso aroma de la oscuridad. A nuestro alrededor hay flores diversas, algunas hay que arrancarlas y otras les concedemos el morir marchitándose lentamente frente a nuestros ojos. Las criaturas que aquí moran son diversas y poseen distintos talentos.

Hay quienes nacieron en un desierto de esperanza que parece llenarse afortunadamente con aguas caudales, las cuales rebosan las orillas y dejan al descubierto las raíces profundas de su dolor y calvario. Surgen de entre las sombras estas semillas, ya convertidas en flores de vistosos colores, y lo hacen estirando sus brazos hacia el infinito cielo estrellado con luces de neón y aroma a gasolina.

Las grandes ciudades son un buen refugio para todos aquellos que hemos nacido en éste mundo. Nos hemos convertido en depredadores de callejones oscuros, pero también de recitales, fiestas de sociedad y restaurantes de lujo donde la caza mayor se dispone a olvidar la maldad que yace en su corazón. Me declaro un cazador sibarita. Reojo tiernas flores llenas de odio que almacenan bestias tan terribles como yo. Es placentero dejarse llevar por el olfato de los caros perfumes del odio. Muchos son miserables asesinos, ladrones de guante blanco y mafiosos sin pudor. He matado sin que ellos siquiera lo supusieran, pero también he saboreado en más de una ocasión sangre de una víctima sin que ésta se percate.

Nací en una tierra llena de imposibilidades y fue un logro vivir hasta mis veinte años. Cabalgué entre los bosques, cacé conejos y pequeños animales, para finalmente convertirme en el gran mito del pueblo al arrancarle la vida a ocho bestias, ocho hermosos lobos, que tan sólo querían sobrevivir alimentándose del ganado. Ahora soy como esos lobos, pero a la vez sigo siendo ese joven. Mi espíritu es de una bestia que se alimenta del ganado humano, el cual transita frente a él pensando que es tan sólo un encantador muchacho, un chico atractivo con insuflas de estrella del rock o del celuloide.

Muchos hablan de mí, se disfrazan con atuendos similares y recitan mis frases como si fueran versículos de la Biblia. Y, sin embargo, pocos me reconocerían si me tuviesen delante. Tan sólo mi sonrisa llena de colmillos les diría: Es Lestat y ha venido a por mi alma.


Somos demonios, bestias, flores malditas... somos parte de un jardín inmenso y yo soy su príncipe. Si no me conoces lo harás poco a poco, te concedo la ventaja de leer mis libros y encararme nuevamente para darte la bienvenida a mi paraíso de sangre y oscuridad.


Lestat de Lioncourt  

martes, 2 de septiembre de 2008

Principes de cielos oscuros







Me deslicé por aquella casa, parecía un espectro y la verdad es que debería tener esa imagen proyectada hacia cualquier mortal. Mis dedos eran los de una escultura de mármol, mi rostro la de un ángel doliente bañado con la luz de mis rizos dorados y mis labios dos gruesas formas burlonas manchadas con un hilillo de sangre. Me había vuelto un descuidado, aunque aquella noche simplemente pensaba en ella.

Estaba tumbada plácidamente en la cama con un camisón de satén. Era algo corto, dejaba mucho a la imaginación y su escote se lucía encantador, dejando ver parcialmente sus pechos. He de decir que no era exuberante aquellos senos, pero sí su belleza. Sus pobladas pestañas, sus cabellos trazados en un peinado desigual y a la vez perfecto. Su piel era parecida a la mía, blanca y lustrosa como la muerte. Dormía de forma descuidada, hacía años que no temía a nada, ni siquiera a la muerte.

Recordé por un casual una película. Era algo humorística y mostraba monstruos de gran corazón, de sutil intelecto y humor negro muy bien decorado en el entorno familiar. Aquella mujer me recordó a Morticia. Una dama dentro de su suma negrura, envuelta en capas de decadencia y telarañas de amargura, que daban muestra sus labios pintados de carmín. Estaba algo maquillada, no en exceso, y parecía dispuesta a mí. Yo no sería como su esposo, aunque sí tan pasional y destructivo. Sí, parecía haber entrado en esa película o serie televisiva de gran audiencia. Quién sabe, uno nunca puede estar seguro de nada. Y allí estaba yo, con la mirada perdida en el pasillo frente a su puerta y girando el pomo.

Nunca hasta ahora había deseado tanto a una mortal, a una simple y débil mujer. Solía observar a los mortales con gran fascinación por el simple hecho de que estaban vivos. Pero ella. Sí. Ella tenía algo más que ofrecerme que la fascinación de robarle la vida lentamente. Me regalaba su candor mortecino, su fascinante piel humana y viva que no estaba rosada, sino que era prácticamente igual de lúgubre como la mía. El señor de los cielos nocturnos, un diablo, el mismísimo diablo. Ella, una dama, una princesa, en un mundo que nadie la entiende. Sus costillas estaban algo marcadas, su clavícula me alentaban a mi alimentación y tropelía.

Me senté a su lado acariciando su figura, deslizando las sábanas blancas como las nubes. Mis dedos surcaban sus pómulos mientras mis ojos se fascinaban, cada vez más. He de admitir que su tacto era parecido al del satén de su vestido. Seda, pura seda, mejor dicho. Levemente me descubrí recostado a su lado, susurrándole versos de poetas muertos hace décadas y arrullando mi alma con su aliento. Besé su cuello, un leve roce, para luego clavar mis colmillos y sentir los borbotones de su sangre. Tan mía, tan viva, tan muerta en su tragedia y yo la rescataría como un príncipe azul en medio de la neblina. Pero esta vez no subí a torres, ni luché con dragones y mucho menos me enfrenté a brujas. No. Esta vez había sido más sencillo. Observarla caminar durante semanas, adentrarme en su casa y abrazarla. Pronto sería mi hija, mi amante, mi eterna compañía.

La abracé alzándola en la nada, trasportándola entre mis alas inexistentes y luego la dejé caer casi muerta en el colchón. Rasgué mi muñeca y dejé caer lentamente un par de gotas. Con mis anteriores criaturas rogué que fueran mis hijos, otros me lo suplicaron a mí y en más de una ocasión lo hice de forma acelerada. Esta vez sería lenta, como un vals o como el mismísimo cortejo antes del sexo. Y ahí despertó. Sus ojos marrones, cálidos y acogedores, ahora eran los de una inmortal aferrándose con ansias a mi brazo. No sabía que le sucedía, pero de repente espetó: Tengo sed.

-Lo sé querida mía, lo sé. Yo te la saciaré, te recubriré de joyas y caricias. Te haré tan mía como tu misma. Ahora eres parte de mí, parte de las sombras y dejas de ser parte de la frustración de un enajenado escritor que no da señales de vida. Ese loco enajenado que llaman creador, para pasar yo a ser el tuyo, dándote un alma única e indestructible.-

sábado, 24 de mayo de 2008

El último día de nuestras vidas.


Youka Nitta sabe hacer chicos como a mi me gustan, y este es el mejor de todos.



El último día de nuestras vidas.
¿Apocalipsis?



Lluvia ácida sobre mis ojos, el mundo entró en la guerra de mentiras y las equivocaciones se pagan demasiado caras. Estoy desquiciado, entro en cólera, y la ceguera no es suficiente para detenerme. Sé que puedo caer, pero tengo la corazonada de que volveré a la vida en cada anochecer. Es el siglo de las luces de neón, las mentiras, la droga, la mala música y las hipotecas para multimillonarios. La era de la desgracia, polución, cambio climático, tecnología demasiado desarrollada y en contra del hombre. Es el Apocalipsis y nadie lo notó hasta el día de hoy. Se rompe el cielo, caen las estrellas y se diluyen los sueños en medio de este infierno. La fe lo cura todo, pero no parará este desastre y Dios no va a salvarnos. No hay nadie que nos pueda ayudar, nos lo buscamos.

Soy un cazador en medio de una jungla a punto de ser aniquilada, ¿Qué puedo hacer?. Cuando muera mi última presa entonces tendré reparos en preguntar qué haré. Hasta que haya sangre que salpique mi rostro tan sólo me ocuparé en beberla, que no se desaproveche. Escribo estas líneas en medio de una ciudad que despierta con los cláxones de la trompeta de Gabriel. Empieza la cuenta atrás, también para este despiadado príncipe de las sombras…empieza el fin de los días y yo sin saber aún lo que es amar, tan sólo sé de desprecio y odio, lo que me enseñasteis entre todos. Hoy acabará todo, por fin quizás en las mañanas se escucharán el trino de los pájaros, esos que una vez murieron por culpa de la contaminación, y no el sonido de un móvil con basura que los humanos llamáis música.

Me pregunto qué planes tendrá para mí Lucifer y cuales son los pensamientos de Dios ante el suicidio de su creación. Esa es mi única preocupación… ¿y la tuya?



Dark Angel

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt