Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 4 de junio de 2017

Mujeres

David Talbot demostrando que es el amor hacia las mujeres junto a Gabrielle y Pandora.

Lestat de Lioncourt 



Estaba sentada en las escaleras de aquel edificio en ruinas. Habían ido a conversar ambas después de una noche demasiado agitada. Las seguí con el único deseo de poder integrarme en aquella charla, pues sentía que mi corazón iba a desbordarse ante tantas emociones tan diversas como terribles. Había empezado una nueva etapa en nuestro mundo y los cimientos que nos habían sustentado, de algún modo u otro, habían sido destruidos convirtiéndolos en cenizas. Por una parte comprendía que hay que evolucionar para poder avanzar, que a veces hay que dejar atrás todo el equipaje, pero este desafío era muy superior a cualquiera que hubiésemos podido imaginar.

Gabrielle, como he dicho, se había sentado en las mugrientas escaleras de un viejo edificio. Tenía constancia que fue un hermoso cine, pero que la nueva era de cines mucho más impresionantes habían destruido las salas pequeñas. Ya no había intimidad en esas salas amplias donde se va más por moda que por el hecho de buscar la emotividad, el cosquilleo nervioso en nuestros vientre y el asombro.

Pandora llegó poco después. Estaba vestida de una forma muy elegante y miró los escalones rechazando el tomar asiento. Su traje bermellón con hermosas piedras preciosas en su cinturón, el cual se ceñía dejando poco a la imaginación para su cadera, la realzaba como una vieja musa. Llevaba joyas de gran valor en sus muñecas, adornando su recogido de trenzado de distinto grosor, y también en su largo cuello o sus pequeñas orejas. Era toda una dama de sociedad, o al menos aparentaba ser una de esas dueñas de grandes fortunas y privilegios. Su oponente, no.

La madre de Lestat estaba enfundada en unos viejos jeans algo desgastados en los bajos, con una guayabera típicamente masculina para muchos, unas botas militares algo sucias y el cabello suelto completamente enmarañado. Ella no llevaba maquillaje, ni joyas, ni perfumes y ni mucho menos parecía necesitarlo. Únicamente tenía un viejo reloj de muñeca de correa marrón que parecía estar roto, al menos su esfera.

—Ha sido muy triste—dijo con la voz ronca y algo quebrada—. Pronto traerán los restantes cuerpos para que sean enterrados como merecen.

—Tu hijo lo hará bien—contestó Pandora con una sonrisa cargada de emoción—. Lo has educado de una forma maravillosa y sabrá buscar igualdad, respeto y comprensión para todos.

—Yo no lo he educado. Ha sido la vida quien le ha demostrado que yo no estaba equivocada—contestó respondiendo a esas palabras y esa sonrisa. Tenía unos ojos fieros, pero sensibles. Se notaba que había estado llorando cuando depositó el cadáver de Mekare en el foso.

—Eres pura pasión y libertad, eres su ejemplo. Claro que lo has educado. Sólo tienes que verte—comentó tras decidir que no importaba si tenía que llevar su hermoso y caro vestido a la tintorería. Se sentó a su lado y apoyó su cabeza en el hombro derecho de su vieja amiga—. Recuerdo la primera vez que te vi. Eras pura fuerza. Callaste a Marius con sólo un par de miradas. A mí me cuesta un largo discurso, pero tú eres capaz de destrozarlo.

—Porque en tus ojos aún hay amor hacia él. Yo no lo amo, aunque le estoy agradecida por salvar a mi hijo—rió estrechando el cuerpo de Pandora como si fuese una niña, pero no lo era. Era ese amor que se siente hacia otro igual. Un amor puro. El amor de una madre hacia otra mujer que, aunque no pudo ser madre, siente la maternidad desde otro punto de vista. Pandora creó a hombres inteligentes y fuertes, apasionados, diestros en las letras y llenos de sueños para que fueran sus “hijos”. Gabrielle no tuvo que crear a nadie. Ella ya había sido madre y sólo tuvo que contemplar, a veces desde lejos, los triunfos y fracasos de Lestat. Ambas eran mujeres fuertes y lo siguen siendo, pero a su modo. Mujeres decididas a todo—. Te quiero. Te quiero muchísimo, ¿lo sabías?

—Sí, sé que me quieres porque aprecias mi compañía—dijo tras una ligera risotada. Alzó el rostro y besó la mejilla de su buena amiga—. Voy a extrañar las conversaciones con Maharet.

—Ha sido un golpe terrible para todas nosotras. Akasha demostró lo ciega que se puede estar al dar importancia, o mayor relevancia, a un sexo. Ella demostró que se puede convivir en paz entre ambos géneros, ayudar a los más desafortunados y cuidar de la familia aunque fuese por medios poco usuales para un vampiro—cerró los ojos y tomó aire para dejarlo pasar lentamente. Todo su cuerpo pareció entrar en paz y Pandora hizo lo mismo.

—Vivimos en una sociedad patriarcal. Mi padre me hizo ver que era tan válida como cualquier hombre, pero hoy en día faltan hombres como él. Siempre han faltado hombres como él—comentó Pandora mirando con sus ojos castaños a Gabrielle para luego tomarla del rostro—. Has roto los géneros, que sólo son construcciones culturales de sociedades que no quieren avanzar, y has logrado colocar esa semilla en el corazón de tu hijo. Espero que la sociedad sea más justa y equitativa. Aunque sólo lo sea la sociedad vampírica....

Temía interrumpir, pero ambas giraron su rostro y me miraron. Era un intruso. Si bien, quería luchar a su lado. Deseaba escucharlas. Sabía que tenían cosas impresionantes que mostrarme. Gabrielle era muy cerrada, muy terca, muy poco dada a las largas conversaciones y yo era un ser que amaba desvelar misterios. Por un lado temía desvelar los que ella me ocultaba, pues había cosas que no querría mostrarme como cualquier otro en su lugar, pero por el otro ansiaba ver desnuda su alma para besar cada cicatriz.

—¿Llevas mucho ahí?—preguntó con suspicacia Pandora.

—El justo.

Recordé como ella en sus memorias decía que no sabía vestirse, ni maquillarse, y que era una fiera. Flavius, que era un hombre, supo explicarle como usar el labial, los polvos, los trajes y velos. Él, que era un símbolo de masculinidad, embelleció el rostro de su dueña porque el interior de esta ya estaba perfectamente amueblado. Demostró que saber de colores o maquillaje no era sólo cosa de mujeres. El recordar eso me hizo sonreír. Esa noche llevaba un maquillaje sutil que le daba una apariencia muy humana.

Tomé asiento entre ambas, pues se separaron para darme la bienvenida, y entonces Gabrielle apretó mis manos entre las suyas. Cuando me miró intensamente supe que me estaba dando las gracias en silencio, pero a viva voz si se trataba de sus pupilas.


¿Cómo no amar a las mujeres? Si ellas son nuestras madres, amigas, compañeras... Son parte de nosotros y nosotros de ellas. Tenemos que luchar a su lado para que puedan finalmente alcanzar el respeto que se merecen, la voz que parece haberles sido robada y el amor que nunca debió faltar en sus vidas. Me quedé allí guardando respetuoso silencio recordando la marcha de Maharet y pensando que quizá teníamos el privilegio de comenzar una sociedad nueva mucho más justa sobre y bajo su recuerdo.   

lunes, 15 de mayo de 2017

17 de Mayo

No es un fic, es una carta abierta a Feministas Radicales, posibles jefes, posibles maestros, posibles personas pensantes de esta sociedad... 


Día 17 de Mayo: Día contra la homofobia y la transfobia.

Día 17 de Mayo: Día contra la homofobia y la transfobia.
Cada día me despierto con el impulso de conquistar una nueva meta, por difícil que parezca o por pesada que sea la carga que lleve depositada a mi espalda. No siempre tenemos la fuerza necesaria para superarnos, pero hay que luchar porque si no se lucha terminamos aplastados. Y nadie quiere convertirse en el insecto en la suela de un fascista retrógrado.

Desde que suena el despertador muchos jóvenes tienen que asumir su identidad, su sexualidad y la discordancia estúpida de una normativa social impuesta por comodidad de “la mayoría”. Todos y cada uno hacen malabares por no caer en la depresión o por salir de esta. Hay quienes tienen aversión a mirarse al espejo o simplemente escuchar su nombre durante el desayuno familiar.

Bien, comencemos desde el inicio. Hablemos de la homosexualidad. Todos conocen lo que es. Todos lo saben definir como “sentimiento” o “tipo de amor”. También se habla de “atracción sexual”, pues no siempre tiene que existir amor para practicar el sexo. Se da entre personas del mismo género. Sí, género. Ya no hablemos del mismo sexo. El sexo no son los genitales, aunque muchos se empeñen en proclamarlo continuamente. Es posible que la imagen mental de muchos sea “vagina” para la mujer y “pene” para el hombre. No obstante, esto no es así desde hace algo más de una década. Se ha demostrado que el cerebro sufre una evolución distinta y por lo tanto podemos hablar de “cerebro masculino” y “cerebro femenino”. Así que un hombre puede serlo sin necesidad de tener un pene, del mismo modo que una mujer puede serlo teniendo uno. Ahí viene el error de creer que la homosexualidad se da sólo entre varones cis o entre hembras cis. Gays como lesbianas apartan ocasionalmente a las personas transexuales que después de tomar su género, con toda la libertad de este mundo, proclaman ser gays, lesbianas o bisexuales. Pues los transexuales son tan diversos en su sexualidad como los cisgéneros.

La transexualidad muchos no la comprenden. Ya no es por falta de información, sino por falta de interés. Saber todo sobre ella les obligaría a cambiar su percepción del mundo y percatarse de todos los errores cometidos día tras día. Sobreviven creyendo que son superiores y eso les da una paz por las noches que les adormece, tal y como sus neuronas ante esta sociedad. Esos mismos errores que son un yugo para la evolución de la sociedad, el camino a la igualdad y la paz anímica de millones de personas en todo el mundo. Hay quienes jamás dirán abiertamente su género pues temen las represalias, por eso muchos llegan a la tumba sin haber saboreado ni un momento de reconciliación consigo mismos.

La transexualidad no es sólo un sentimiento. Muchos así lo creen. Viven pensando que es sólo “sentirse”, pero también es vivir. Nadie en su sano juicio se levanta cualquier día de la cama y dice “soy transexual” o está en la cola de un supermercado y exclama “soy transexual”. La transexualidad se va asumiendo poco a poco. Tampoco lo llamaría tránsito. Nosotros no transitamos. Nosotros somos personas hombres o mujeres pero con genitales distintos a lo “normativo” o “estipulado” por la sociedad. Si utilizo la palabra transexual es para que puedan comprender a que me refiero, pues incluso esa palabra me parece hacer preso a cientos de personas en este mundo en la palabra “Transito”. Me molesta terriblemente que en páginas como Wikipedia se remarque que la transexualidad es una minoría poco atendida y estudiada. Supongo que “poco atendida y estudiada” por la gran mayoría -la misma a la que hice referencia antes- no le importa saber nada sobre nosotros porque viven cómodamente en su mundo cisgénero. También es molesto que para la gran mayoría de la población seamos enfermos mentales. Se ha pedido a la OMS que se nos retire del apartado de enfermedades, pero sólo ha suavizado el asunto con otra terminología. Los especialistas consideran importante eliminar un diagnostico que contribuye a la estigmatización, así como lo están pidiendo numerosas asociaciones de transexuales e intersexuales.

Como transexual he vivido la agonía de tener que esperar en una sala de psiquiatría para que me evalúen. Nadie cisgénero ha sido evaluado para confirmar que no está “loco” y tiene el género femenino o masculino. ¿Por qué nosotros sí? La transexualidad se da incluso entre la especie animal. Por lo tanto las Unidades de Transtorno del Género me parecen inútiles, abusivas y entorpecedoras. Nosotros no estamos enfermos, miles de especialistas han alzado la voz exigiendo que se nos de libertad para “ser” sin necesidad de evaluación, y aún así ocurre. Todavía ocurre. Incluso en otros países se nos mata y el gobierno apoya ese hecho.

Si tenemos depresión, si sentimos náuseas frente a nuestra imagen e incluso llegamos a negarnos el contacto con otros es por los numerosos abusos -tanto verbales como físicos- que sufrimos desde temprana edad. Incluso nos negamos. No queremos ver la realidad y nos sometemos a nuestro propio juicio completamente perverso, ruin y cruel que nos destroza poco a poco hasta que no queda nada de nosotros. Eso no es “disforia de género” o la mierda que quieran impulsar como nuevo concepto. Eso es consecuencia de la sociedad, sus estigmas y la podredumbre que va quedando en nuestras almas como si fuese un cáncer.

La vida no es fácil cuando demuestras quién eres e intentas esforzarte por ser feliz. Todos queremos ser felices. Para mí la felicidad es poder expresar lo que siento en cada momento. Mi vida era una ruina antes de empezar el camino hacia la cima, la cual alcanzaré en algún momento. Desde pequeño demostré quién era, pero esto no es siempre así. Hay quienes lo reprimen por miedo o simplemente por desconocimiento. Cuando hablaba de mí en masculino o simplemente me entristecía el “desarrollo” habitual de la pubertad muchos optaron por ignorarme, golpearme o destruirme moralmente. Diez años de abusos escolares dieron fruto a un ser acomplejado que no era capaz de alzar la cabeza. Sobre todo cuando me vi solo siendo rechazado por los nuevos amigos que iba conociendo. Era decir lo que era y comenzar las burlas.

El machismo tiene mucho que ver con esas burlas. Cuanto más machista es una persona más centrada en el sexo -lo que uno tiene entre las piernas- para dirigirse a otra y señalarla. Me impedían soñar con jugar al fútbol en el recreo, al baloncesto o simplemente cualquier actividad deportiva tachada de “masculina”. Aunque es un error. Los deportes no deben tener género, del mismo modo que los juegos o los juguetes. Si bien, para ellos era evidente que yo como “mujer” no podía jugar con ellos. Era triste y humillante. Decidir lo que debería ponerme era otra. Al parecer para mis compañeros de clase debía vestir más “femenina”. Esto pasó también en los distintos trabajos en los que he ocupado lugar. Si bien, ya no era ese niño atormentado, sino un adulto joven que decidía poner las cartas sobre la mesa y ellos a mí en la calle.

¿Saben lo humillante que es que te digan que para trabajar en cierta empresa debes llevar falda corta? Lo es para una mujer, pero imaginen lo que es para un hombre transexual. La ropa es ropa, es cierto, pero no todos somos no binarios. Hay quienes jamás nos pondríamos ropa femenina. Para mí era extremadamente humillante, además de incómodo. Una vez incluso me dijeron que por qué me había cortado el pelo. Me gusta el pelo largo, lo he llevado gran parte de mi vida, pero quería algo cómodo y fresco. Al parecer, a mi jefe eso le pareció extraño y me comentó que así “no estaba tan guapa”. La ropa, el maquillaje, los complementos, el pelo o las lacas de uñas están condicionadas a un género cuando en ocasiones surgieron para el opuesto. El maquillaje se creó para los guerreros, pues se daban valor o se realizaban para asustar al enemigo teniendo un rostro más fiero. Los tacones se inventaron en Egipto, aunque eran más bien plataformas, Da Vinci los usó y Enrique II de Francia los puso de moda. Las faldas no era cosa de géneros desde su antigüedad pues los Sumerios, los Asirios y los Egipcios, la usaron con toda naturalidad y les costó mucho dejarla al haberse inventado el pantalón por parte de pueblos bárbaros.

Para muchos tener “vagina” es ser mujer y por ende tener que vestir, actuar y comportarse de cierto modo. Por eso también es difícil para una persona trans explicar que es hombre o mujer sin caer en los prototipos o clichés habituales. De ahí quizá que se enmarque como un “sentimiento”, pues son diversos sentimientos que nos hacen saber quienes somos. Que te llamen en masculino siendo transexual masculino hace que te siente bien, que te reconozcas, y por ende seas feliz.

Las feministas radicales están intentando atormentar y amedrentar a mujeres transexuales diciéndoles que jamás serán mujeres porque no tienen vagina. No existe comentario más machista y retrógrado que este. Supongo que están a nivel de Bertín Osborne y todos los que le aplauden hasta quedarse sin manos. Una mujer no es un coño, pues es inteligencia, es belleza emocional, es ambición y son logros. Una mujer no sólo es una vagina por la cual expulsar un niño si ella quiere. De hecho, no lo es porque yo poseo una y puedo engendrar todavía. Una mujer no es sólo tu madre, tu hermana o tu vecina porque tienen senos, vagina y carecen de nuez. Dejen esas estupideces a un lado, pues es patético. Del mismo modo que un hombre no lo es únicamente porque tiene un pene, tampoco lo hace un violador o un machista. Hay todo tipo de personas en esta sociedad y no puedes etiquetarlas como códigos de productos de supermecados.

La transexualidad es un icono de libertad. Incluso de libertad contra homosexuales que te cosifican y te denigran porque tienes unos genitales u otros. Somos los parias entre los parias, pero aún así hay que luchar e intentar ser feliz con uno mismo. Hay que amarse. Los miedos sólo los enjaulan. Si tienes miedo a expresar tu género, a codiciar unas hormonas o decidir si quieres una intervención de cirugía o no... ¿entonces cómo puedes decir que serás feliz? Se supone que una de las grandes metas del ser humano es la felicidad, la libertad y el progreso. No puedes progresar si te estancas por miedo, no puedes ser feliz por culpa de miedos y los miedos son los que nos hacen presos en nuestro propio hogar que es nuestro cuerpo.

Hay que ser libre. Hay que abrir las alas y volar. Hay que hacerlo sin importar si nos caemos. Hay que saborear el impulso. Hay que ser uno mismo. Hay que valorarse más. Hay que respetarse más. Hay que escuchar menos a quienes te dicen que no se puede. Hay que olvidarse de toda la propaganda bélica que nos invade desde los medios de comunicación generando conflictos entre nuestro cuerpo y nuestra alma, pues nos dicen qué es tendencia y lo que es un "hombre" o una "mujer". Hay que dejar atrás los muros y las alambradas. Hay que sonreír porque nadie puede quitarnos esa sensación de hacer lo que nosotros queremos, de ser quienes siempre quisimos ser y de divertirnos sin importar las miradas ajenas. Cuesta trabajo, pero se consigue.







domingo, 13 de marzo de 2016

Ensayo sobre lo "femenino" en el vampirismo

Un ensayo que puede traer discusión entre hombres y mujeres... Daniel Molloy ha querido dar su opinión sobre el problema del hombre y la mujer. 

Lestat de Lioncourt


Hace unos días fue el “Día internacional de la Mujer” y muchas mujeres alzaron la voz por aquellas que están mudas por el miedo, la muerte o la indefensión. Sin embargo también acudimos a bochornosos espectáculos de mujeres que humillan a hombres en comentarios carentes de respeto. El feminismo ya no posee el mismo valor y respeto en la sociedad debido a la imparcialidad creciente en las últimas décadas. La denominación se ha convertido en un impulso hacia lo obsceno, estúpido y aberrante. Muchas mujeres creen que el sexo débil es el masculino y deben incluso abortar si el ser que llevan en su vientre, que se alimenta de ellas y puede ser fruto de una nueva esperanza, es varón.

En el mundo de los vampiros el feminismo evolucionó hacia otras vertientes. Son muchas las mujeres que se desligaron de lo femenino o clasificado como tal, igual que muchos hombres se atrevieron a destruir las normas que había establecidas a su alrededor. El feminismo no es cosa de mujeres, es cosa de hombres y mujeres. El feminismo es una lucha constante por un equilibrio, por una verdad, por unos valores que aún no se han establecido del todo en la sociedad y por quebrar la frágil línea que hay entre hombre y mujer. Una línea, que todo sea dicho, se inventó alguien en algún momento y ha seguido marcada como si realmente hiciese falta.

¿Qué es lo femenino o lo masculino? ¿Acaso saben algunos hombres, o mujeres, que el color rosa se estableció como masculino en el inicio del siglo XX en una revista de modas? Tal vez no. El rosa es un color más fuerte y por lo tanto se denominó masculino, pero ¿realmente tiene que ser fuerte un hombre y débil una mujer? ¿Qué nos hace fuertes o débiles? ¿Es la fuerza bruta, la inteligencia, la forma de solventar un problema o todo a la vez? Podemos ser fuertes con nuestros brazos pero nuestra mente, o el espíritu de lucha, estar en banca rota. La fortaleza no debería ser juzgada sólo por la resistencia física, pues puedes tener mayor fortaleza mental o espiritual y lograr más metas que alguien que simplemente es bueno usando la fuerza de sus extremidades.

Los hombres son los grandes perjudicados del machismo impuesto en la sociedad. Muchos luchan por la igualdad salarial de la mujer, por su visibilidad en todos los puestos de trabajo, pero se olvidan que hay hombres que aún son insultados, amenazados o vistos como “raros” al elegir profesiones típicamente femeninas. También son vilipendiandos muchos hombres que deciden ser quienes eduquen a los hijos, cuiden del hogar y se dediquen a tareas “femeninas”. Hay miles de leyes que amparan a la mujer a la hora del divorcio cuando el matrimonio no funciona, pero no tantas para el hombre. Y por supuesto, aún la sociedad no castiga de igual modo, con rechazos o manifestaciones públicas, los insultos o golpes de una mujer a un hombre que los de un hombre a una mujer.

El machismo hace ver al hombre como objeto de fortaleza, como alguien que debe ser fuerte incluso mentalmente sin dejarse llevar por sus impulsos primarios de llorar, reír cuando lo desea o mostrar cierta sensibilidad hacia actos terribles. El hombre debe ser una roca que esté contra vientos y tempestades, un ser inamovible que muestre terquedad y firmeza, pero eso no es así. Los hombres que ocultan sus sentimientos son infelices, los que quieren ser fuertes por sí mismos, sólo por haber nacido varones, son arrastrados por la corriente y terminan ahogados. Hay muchos hombres que no piden ayuda porque se les educó que un hombre no pregunta, no pide respuestas, no clama por un salvavidas cuando se está muriendo en mitad de un mar de penurias, pues un hombre debe ser fuerte y ser débiles es de mujeres.

El mayor ejemplo de ruptura de todas esas reglas sociales es Lestat. Lestat ha mostrado a toda La Tribu, la cual incluye a los humanos y otras formas de “vida”, que un hombre debe llorar cuando lo necesita y eso le fortalece. Es el mismo que ha clamado por ayuda incluso a su madre. Poco a poco ha demostrado que la soledad es una enfermedad terrible y siempre desea rodearse de todos los que ama, pues sentirse solo lo debilita y odia sentirse débil. Él necesita amor, ¿y no es una premisa que dicen que sólo busca amor la mujer y que el hombre puede vivir sin él? No. No es así. Si Lestat se ha levantado mil veces es porque se ha apoyado en otros, ha buscado respuestas a sus preguntas y ha hecho que sus lágrimas vacíen de sufrimiento su alma para continuar luchando. También ha demostrado que un verdadero guerrero no busca la el enfrentamiento sino la paz, sin embargo es algo que también podemos ver en otros viejos guerreros.

Así mismo podemos encontrar ejemplos diversos entre hombres y mujeres inmortales. De Avicus o Flavius, por ejemplo, hemos podido observar que hay hombres que aman la literatura y se emocionan con su lectura. Khayman siempre buscaba consuelo en Maharet pese a ser su guardián. Armand ha demostrado fragilidad desde el primer momento pese a la entereza de seguir hacia delante. Louis es el claro ejemplo de la sensibilidad extrema hacia ciertos asuntos. Del mismo modo muchas mujeres han demostrado ser luchadoras y romper los estándares establecidos. Quizás el mayor ejemplo de todos es Gabrielle. Ella ha decidido por sí misma vestir ropa ambigua y recorrer el mundo en solitario durante gran parte de su vida, ha ido y venido escuchando a otros, aprendió a observar y actuar acorde a lo que sentía o creía que debía hacer. Sin embargo, ha mostrado también sentimientos hacia las desgracias de su hijo y cierta ternura cuando se depositó el cadáver de Mekare en su tumba. ¿Y qué decir de Pandora? Ella no fue educada como una mujer. Su padre decidió que tendría los mismos privilegios que un hombre y lucharía con su educación sobre el poder establecido por los varones.

Los sentimientos no saben de género ni de sexo. El género es mental y el sexo es únicamente el símbolo de los genitales. Petronia es el claro ejemplo de ambigüedad. Es un ser que destruye con sus puños todo lo que podemos imaginar. Las ecuaciones no salen con la creación de Arion ni con los preceptos que se han generado en la sociedad. Como bien dijo Benjamín a Armand en “Príncipe Lestat”: No todo es blanco o negro.

Por eso mismo me molesta que se alcen voces el “Día de la Mujer” para clamar sólo por el feminismo hacia el bienestar de la mujer, pero se olvide del yugo que muchos hombres tienen por culpa del machismo y el feminismo mal encaminado. El “Día de la Mujer” debería ser una fiesta para celebrar la vida que da la mujer en la naturaleza, el abanico de color que esta ofrece, y para educar a las futuras generaciones en no caer en errores del pasado. Este día debería ser para recordar que lo femenino no es el rosa, pero que tampoco lo es el azul. Debería hablarse menos de las diferencias entre hombres y mujeres… ¡Pues no existen! Este día debería mostrar mayor acercamiento del hombre a la mujer y la mujer al hombre. Tal vez me gano enemigo al escribir estas líneas pues piensan que desprecio la lucha feminista y no es así. Simplemente os estoy demostrando que lo que tacháis de femenino no lo es y lo que ensalzáis como masculino tampoco lo es.


Quizás la inmortalidad nos hace más libres, más sabios, más poderosos… pero somos igual de débiles si no estamos unidos. Nos hemos unido hombres y mujeres de todas las especies para luchar contra una gran catástrofe. ¿Por qué los humanos no deberían empezar a hacer lo mismo que han leído en nuestros libros? Quizá se acabarían así las absurdas guerras de sexo y dejaríamos de necesitar días especiales para clamar por justicia y respeto. 

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt