Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 3 de marzo de 2013

Lo imposible - Parte 6


Parte 6

Cayendo en la tentación


Bajé al piso inferior donde me relajé al no verla. Los mortales que nos visitaban fascinados por las historias que Nash narraba y también por los fantasmas que nos visitaban, los cuales parecían reales, así como complacían a los animales que recorrían las estancias como si fuesen ellos los dueños.

Pasé por el lado del celta Mael, el cual me miró como siempre con aquellos ojos claros y fríos. Su mentón apretado, sus cabellos lacios mal agarrados con una coleta y sus botas sucias por el barro al haber ido a las cuadras era lo habitual en él. Si bien, en ocasiones podías verlo meditando frente a una nueva carta de Jesse. No eran tan rudo y frío, pues dentro de su pecho estaba el corazón de un hombre entregado a pasiones. A veces se marchaba, otras veces regresaba, y nunca sabías cuando podía aparecer. Él era parecido a mi madre, si bien ella era toda una dama y él no llegaba a caballero. Un guerrero adicto al veneno y a los insultos directos.

Marché al jardín observando la nieve, algunas plantas habían perecido y la mayoría de los árboles gemían por el suave viento que se había levantado. Y cuando más solo creí que estaba sentí los brazos de Mona rodeando mi cuerpo. Me giré sobresaltado y eché un paro atrás.

-No puedes tentarme Mona, no puedes-respondí intentando que se mantuviese lejos.

-¿Ahora vas de hombre de impecable moral?-preguntó acariciando mi rostro con una leve risa-. Mira jefecito, puedo tentarte porque puedo y porque quiero- se abrió el abrigo mostrando que no llevaba nada bajo éste. Sus pezones eran rosados y me tentaban a morderlos en mitad de aquel jardín casi congelado.

-Eres perversa y harás que caiga -susurré sintiendo la garganta seca- Me rindo.

-Oh jefe por ello te amo-sonrió saltando emocionada provocando que sus pechos se moviesen solamente para tentarme aún más. Acabó estrechándome entre sus brazos besuqueando melosa mi rostro.

-Me deseas, Mona... y yo a ti-dije colocando mis manos sobre sus pechos para apretarlos entre mis dedos-. Ya deseo mordisquear tus pezones, Mona, y hacerte gemir más que Quinn... pero fuera de aquí.

-Lestat... -murmuró entregándose a mis atrevidas caricias atrapando mi miembro con la diestra, el cual apretó por encima de la ropa- Me preferirás más que a Rowan y clamarás mi nombre-pronto sintió incluso que su bragueta cedía y cerró sus ojos violetas dejándose hacer.

-Mona-jadeé mirando la mano que me acariciaba y despertaba mi miembro con sus caricias-. Te he dicho que fuera de la mansión, aquí no... aquí pueden vernos- besé su frente y sus labios hundiendo mi lengua en ellos, acariciando la de Mona, antes de apartarme guardando su miembro dentro de su pantalón-. Ven, vamos a un hotel donde no nos conozcan y podamos satisfacernos... quiero correrme dentro de ti-dije lo último cerca de su oreja derecha mientras reía bajo satisfecho por mi declaración- Quiero llenarte manchando esa deliciosa vagina que ya debe estar húmeda, ¿verdad?-metí mi mano bajo las ropas de mona, las cuales eran tan escasas como su abrigo, y hundí dos de mis dedos. Realmente estaba húmeda y lista para que la disfrutara.

Ella había cerrado los ojos con fuerza al sentirse invadida por el juego de mis dedos. Se veía tan excitada y deseable que sin duda quise sacar de nuevo mi pene, meterlo en ella y hacerlo allí mismo de forma impúdica.

-Jef...-no pudo terminar la frase y tan sólo dejó que otro gemido saliera de sus deliciosos labios. Tenía la piel erizada y parecía complacida.

-Vamos a un hotel Mona, vamos ahora mismo-acaricié su clítoris lentamente antes de sacar la mano y llevar los dedos hasta los labios de mi nueva amante-. ¿No quieres ser mi puta predilecta? Más que tu tía, más que nadie, sin que ni Quinn ni Louis lo sepan... sólo tú y yo. ¿No quieres? Pues camina lo más sosegada posible hasta la entrada trasera, ahí te veré para llevarte al hotel.

- Espero que tus palabras sean ciertas jefe y con respecto a Rowan ella siempre ha sido una mojigata sin chiste ni gracia –sonrió con dulzura besando fugazmente mis labios al pararse de puntillas- te espero- canturreó apartándose para salir al jardín, más allá de la valla, y esperar que fuese a llenarla como tanto deseaba.


Yo salí por la parte delantera y antes que fuese visto me alzó por los aires subiendo al tejado, deslizándose por este y cayendo frente a ella con elegancia. Sin dejar que siquiera ella pudiese decir nada la besé y alcé por los cielos nocturnos. Nuestras lenguas se enredaban de una forma sensual y única. La llevaba en mi regazo sintiendo sus pechos pegados en el torso y deseó abrirla de piernas allí mismo.

-Mona, vas a disfrutar de un hombre de verdad tras mucho tiempo... espero que me recuerdes cada vez que te penetren. Quiero saber que gimes recordando mis hazañas entre tus muslos, o sino no habrá merecido el poner en riesgo todo- me movía en dirección a un pequeño hotel en una de las calles más pobladas de la ciudad.

En el barrio francés de New Orleans existía un hotel de tres estrellas regentado por una mujer poco chismosa, casi sin gracia, y su regio marido. Eran unos ancianos que jamás decían nada, nunca preguntaron por mis extraños horarios o por los libros que a veces dejaba regados por las habitaciones que alquilaba durante semanas. Nunca pasé noches de placer con Louis allí, ni siquiera con Rowan, pues ese era mi refugio para estar lejos de todos y poder pensar.

Tras conseguir una habitación subimos por las escaleras hasta la tercera planta. Mona estaba a mi lado casi desnuda y húmeda. Podía sentir esa humedad entre sus piernas del mismo modo que su erección que cada vez era más notable.

Cuando entramos pegué la espalda pegada a la puerta, mis cabellos rozaron aquella frágil madera de color caoba. Mis ojos se movieron insinuantes por su cuerpo mientras ella se quitaba el abrigo y mostraba una lencería que antes no llevaba. Era una lencería azul pavo real llena de encajes.

-Muéstrame que tienes para mí, dime que puedes satisfacerme de una forma que Louis no lo haga, y te juro que serás mi puta predilecta y prácticamente la única... Oh, Mona... haz que quiera vaciarme mil veces en ti.

-Espero lo sea… -pronunció lanzandome contra la pared, y agarrando el cuello de mi camisa me atrajo hacia sus labios devorando estos para después ir introduciendo lentamente las manos por debajo de la ropa. Iba rasguñando mi vientre hasta hacerme sangrar al enterrar sus uñas sádicamente sobre mi piel. Sabía que sería completamente suyo, o al menos perdería parte de mi cabeza, cuando acabara-. Es hora de que conozcas lo que una verdadera Mayfair puede hacer –sonrío perversa tomando mi camisa una vez mas del cuello, rompiéndola y dirigiendo sus labios, y lengua, las heridas las cuales comenzaban a cicatrizar. Lamió y succionó, así reptó sin pudor alguno por su vientre, mientras desabrochaba rápidamente mi pantalón.

Me maldije por ver rotas mis ropas, porque no sabría como explicar a Louis que la camisa que me había regalado hacía unas semanas ya no estaba en mi armario. Sin embargo, gemí disfrutando del descaro y el sádico avance de Mona. Notaba como mi miembro anhelaba su boca y la buscaba haciéndose notar. Había soñado con aquello, esa lengua sobre mi miembro acorralándolo entre sus labios, hasta prácticamente hacerle perder todo.

-Quiero que seas la más puta, demuéstrame que tú eres más puta que ninguna otra y me quedaré contigo -había dicho eso mil veces, pero ninguna me había satisfecho más que Louis. Si ella lo conseguía sería mi amante por encima de Rowan y casi al mismo nivel que él. De ella quería sexo, de Louis todo, pero eso no implicaba que debiera ser un sexo rápido y sin gracia.

Abrí los ojos viendo a Julien allí y deseó apartarlo de su vista. Aquel descarado fantasma se dedicaba a contemplar aquello con cierta fascinación.

-¡Mon dieu Lestat, que mujer! -rió- Mona merecía más que un hotel de mala muerte.

-¡Vete! Vete ahora mismo... Mona necesita sentir a un hombre y no a un romántico empedernido.

-Sólo quiero ver que tanto a aprendido mi hermosa Mona... mon fils y si es que tú eres tan buen amante como mencionan.

-Lo lamento, pero no me gusta que me observen cuando tengo sexo. ¿Podría marcharse de una buena vez?-pregunté frunciendo el ceño mientras llevaba una mano a los cabellos de Mona

-Oh, no te preocupes por mí. Haz cuenta que no existo-una sonrisa canalla aparició en su fantasmal rostro- Sigue, sigue.

Junto a él estaba el abrigo de mona, su bolso y sus tacones. Ella estaba arrodillada frente a mí ofreciéndome lo mejor de ella.

-Mona, con tu tío Julien aquí no me concentro... haz que se marche de una buena vez-dije apartándola para que atendiera a razones-. No quiero intrusos.

Puta quieres… -sonrío retirando su brasier- puta tendrás… -sonrío perversa escupiendo un hilo de saliva sobre sus pechos con los cuales atrapo mi miembro masajeando éste de arriba abajo, con ellos lamiendo y succionando a su vez la punta del pene al llegar a su boca. Iba alzando de vez en vez la mirada sólo para observarle-. A tío Julien le agrada observar, es todo -mencionó de lo mas normal y sin pena metiendo una vez más aquel músculo erguido, mordisqueando con suavidad una vez más.

Terminó por dejarse llevar debido a la insistencia de Mona y sus acciones. Su alborotada cabeza rubia se apoyó en la pared mientras movía sus caderas suavemente. El pecho de Mona era delicioso, tenía un tamaño proporcionado a su cuerpo, y estaba salpicado maravillosamente por pecas.-Oh, Mona... sí... -musitó agachando la cabeza mientras la miraba deleitándose con las vistas. Louis jamás tendría senos y de vez en cuando necesitaba sentir unos cerca de su miembro y su boca.

Continuó con las atenciones de sus pechos hacia mi sexo, para después introducirlo en su boca succionando y mordisqueando mientras iba masajeando con una mano mis testículos.

Sonreía maravillado por las atenciones recibidas. Tenía una belleza especial aquel rostro aniñado cubierto de una fila tela de lascivia. Sus pezones rozaban orgullosos mi miembro hasta que fue devorado por los labios delicados y algo gruesos de Mona. Sentía mi vello erizándose por los suaves rasguños y al verla succionando con descaro de forma ruidosa. Se tragó mis líquidos preseminales con total naturalidad que provocó que me volviera aún más loco.

Sin duda estaba siendo mejor que en mis fantasías y pronto agarré sus cabellos recogiéndolos en un puño para encajar con fuerza mi sexo en su boca hasta la garganta. Cuando lo saqué, tras varios segundos, lo restregué contra sus mejillas y la golpeé metiéndosela de nuevo para clavar su cabeza entre mis piernas llenando su boca con un cálido y poderoso chorro de semen.

-Así, Mona... así trata un hombre a una golfa como tú.-dije arrojándola al piso para abrir sus piernas arrancándole la ropa interior-. Tan húmeda-susrré hundiéndose entre sus muslos pues quería lamer lentamente su clítoris tras abrir sus labios vaginales. Ella iba a ser mía de diferentes formas-. Dime que quieres Mona... ¿a un hombre o a un tonto romántico que haga odas a tus ojos y no atienda tu clítoris? Dime Mona...-reí antes de hundirse en ella lamiendo sus partes suavemente, aprendiendo como le gustaba y deseaba.

Había soltado un fuerte alarido arqueando su espalda como acto reflejo por el placer. Se mojó aún más de lo que ya estaba y la niña dócil apareció acariciando mis rizos, pero acabó sacando la fiera que llevaba contenida en su interior. Acabó rasguñando mi cuero cabelludo incitándome.

-Sigue... más... más... jefe... más... necesito más- sus jadeos y gemidos se añadían al leve temblor de sus piernas.

Mona parecía completamente complacida con mis hazañas. Mi lengua iba realizando caricias en círculos sobre su clítoris, hundiéndose en su entrada una y otra vez, antes de dar una larga lamida desde prácticamente su ano hasta el inicio de su monte de Venus.

-Pelirroja, pelo de zorra -susurré entre leves carcajadas antes de proseguir con los juegos añadiendo un dedo para alentar a sus gemidos. Eran juegos que acostumbraba a realizar a cualquier mujer que me pedía atención. Si bien, los juegos en su interior parecían fascinarme de sobremanera. Quería incitarla a gritar y suplicar por más, hasta casi intentar cabalgarlo si era preciso.

-Zorra pero de lujo querido jefe –mencionó sonriendo antes de empujarme lejos de ella. Lo hizo con los pies por los hombros y de una forma rápida. Me había quedado con ganas de saborear aún más, pero el espectáculo que me brindó era como ver a una serpiente retorciéndose en el suelo, mostrándose tentadora. No recordaba a una pelirroja tan deseable y descarada. Estaba abierta en un split de lado y ella misma se introducía dos dedos para otorgarse cierto placer.

– Lestat... –susurraba seductora clavando sus orbes esmeralda en las mías.

-Dime Mona, ¿desde cuando no te lo hacen como a una?-pregunté lanzándome sobre ella para colocarla a cuatro enterrándome.

-¡Dios mío!-exclamó a modo de súplica ante mi fuerte estocada. Lo hizo jadeando y aprisionando con su interior mi miembro.

Me había endurecido al observarla y saborearla, pues Mona provocaba que mi lívido aumentara-. Siente a un hombre- gruñí antes de morder su cuello con fiereza mientras la penetraba de forma ruda, aplastándola contra el suelo. Sus pequeños y golosos senos rozaban la losa fría y sus piernas se abrían mucho más que las de una bailarina. Saboreaba su sangre inmortal y no dudé en reír cuando empecé a elevar el ritmo.

-Más duro… así… ¡así! – exclamaba y gritaba rasguñando el suelo donde se encontraba gritando clamando por más rudeza. Notaba que poco le importaba si la hería ya que parecía amar la fiereza y salvajismo con que la hacía suya.

Gemía tan alto como Louis, pero con un timbre diferente que se hacía notar más fuerte. Mis manos se colocaron en sus senos apretándolos y pellizcándolos, casi arrancándolos. Mis testículos golpeaban con fuerza en ella, una fuerza llena de violencia, del mismo modo que mi miembro se hacía espacio en su vagina.

-¡Lestat! ¡Lestat! –gemía desesperada entre dolor y placer lagrimeando ante el cúmulo de sensaciones volviendo a la, en apariencia cándida, pelirroja literalmente loca aullando sin importarle el ruido que pudiese provocar, así como las molestias a los demás inquilinos del hotel- ¡Más! ¡Más! –decía a gritos entre lagrimas y sollozos de placer llevando la contraria en cuanto a embestidas, ya que mientras me adentraba en ella ésta se alejaba.

Mi nombre surgiendo entre sus labios sólo provocó que levitara con ella entre mis brazos. Con cierta violencia controlada la arrojé contra la pared pentrándola aún más rudo, dejando incluso que la rugosidad de la pintura arañara su piel. Mona iba a saber lo que era el placer de una buena vez. Sin embargo, en un rápido movimiento hice algo inesperado para ella. Abrí sus nalgas y me metí en ellas sin antes dar aviso. Llevó sus manos a mis cabellos y tiró de éstos dejando escapar nuevamente prolongados gemidos de placer. Ella contraía su abdomen ante la poderosa sensación de sentirse dominada.

-¿Alguna vez te hizo suya así? ¿Alguna vez te sentiste tan repleta?-hundí tres dedos en su vagina y comencé a estimular su clítoris, mientras con la mano libre apretaba sus senos -Dime ¿quién es tu dueño?-lamí su cuello de forma lasciva mientras esperaba que ella respondiera-¡Dilo!

-¡Así! –gritaba ante las embestidas- ¡Tuya, soy tuya! –vociferaba entre aullidos retorciendo su cuerpo jadeante y perlado por una capa de sudor sanguinolento- ¡Soy tuya Lestat! ¡Tuya! ¡Así! ¡Sí! –respondió ante esa pregunta serpenteando con aún más placer su cuerpo.

Sabía que hacía mucho que nadie le recordaba que era una Mayfair, no una simple colegiala. Quinn la trataba con demasiada delicadeza. Yo la usaba como brusquedad porque sabía que no se rompería por mucho que la retorciera.

-Mona, pero que puta eres-susurré entre jadeos antes de gruñir de forma audible incrementando el ritmo. Estaba penetrándola con rudeza. Mis dedos se movían ágiles en su vagina hasta que la aparté. La arrojé de nuevo contra el suelo y abrí bien sus piernas metiéndome en su deliciosa entrada, mientras la miraba. Coloqué sus piernas alrededor de mi cuerpo y mis manos tiraron de sus cabellos. Sonreí viendo su rostro colmado de placer.

-¡Vamos zorra!-gruñí.


Arrugó la nariz gruñendo de igual forma ante tal placer y brutalidad al ser tratada. Sin embargo, tomó el control y se colocó sobre mi cuerpo. Comencé a sentir como me montaba igual que una amazona. Cabalgaba de arriba hacia abajo irrumpiendo el ritmo al ir en círculos o dirección contraria. Sentí como contraía mi miembro en su interior.

-Tu zorra… -alcanzaba a hilar aquella frase entre jadeos y gritos- ¡Oh jefé!… ¡No puedo más!... –anunció sintiéndose presa de las últimas oleadas de placer que precedían al orgasmo, haciéndola temblar de pies a cabeza. Sus pezones estaban tan duros y rosados que parecían dos guindas en un delicioso pastel de merengue.

Entonces llegamos ambos. Yo lo hice debido a la presión de los músculos de su vagina. Me sintí extasiado por todo, desde la más simple caricia hasta sus ojos de fiera. Había engañado a Louis una vez más y ésta vez con la mujer de un buen amigo. Eché hacia atrás la cabeza alborotada con mis cabellos empapados en sudor sanguinolento. Mis ojos violetas quedaron cerrados, mientras mis labios soltaron un último jadeo. Aquello podía ser tan sólo el principio, pero no debíamos tardar demasiado en regresar o sospecharían.

-Delicioso, simplemente delicioso

Ella comenzó a acariciar mis cabellos de forma delicada, sonriendo con cierta ternura reconociendo al hombre que la había hecho dichosa. Se sentía dueña de mi alma y de mi cuerpo.

-Jefecito... -susurró melosa con coquetería besando y lamiendo el lóbulo de mi oreja izquierda, mordisqueando este de vez en vez.

-Oui- murmuré girando mi rostro hacia ella-. Debemos irnos, si tardamos pensarán que estamos juntos y no será bueno Mona.

-No me importa -sonrió acurrucándose en mi pecho sin importarle nada más. Sentía sus dedos acariciar mi torso hasta mi vientre-. ¿Me abandonarías así sin más? -levantó el rostro observándome con inocencia- ¿Lo harías?

-Tengo que volver con Louis... ayer lo pasó mal Mona. No quiero que esté esperándome pensando que he vuelto a mis andadas- me incorporé mirándola fijamente mientras acariciaba su rostro.-Es un secreto entre ambos y no quiero que se sepa ¿comprendes? Deberíamos lavarnos e irnos por nuestra seguridad.

El esposo, el amante, el caprichoso, el iluso, el hombre de negocios, el testarudo, el bromista y el padre eran de Louis. Eran partes de mi personalidad que pertenecían a Louis. Me sentía defraudado de mí mismo cuando él se percataba que tenía un nuevo idilio. Mona tenía sólo el hombre adicto a las aventuras, al sexo y el padre. Padre porque la quería, era innegable que quería a Mona pero no como ella deseaba. Me atraía sexualmente como a cualquier hombre y deseaba tener aventuras.

-¡Largate entonces!-se levantó furiosa encerrándose en el baño sin que pudiese evitarlo. El fantasma ya no estaba allí, porque miré a nuestro alrededor y él no estaba. Sólo estábamos ella, su molestia y yo-¡Cómo no soy Rowan! -me gritó desde el baño furiosa.

-¡Mona no seas inconsciente!-grité desde la habitación para terminar recargado en el marco de la puerta-. Mona, sal... no me iré, me quedaré contigo aunque sean unas horas ¿no es lo que quieres? Pero pensé que querrías ir con Quinn.

-¡Lárgate! -volvió a gritarme furiosa.

-Mona, no es por lo que piensas... maldita sea ¡Quinn es mi amigo!-grité percatándome de todo lo que había hecho, sintiéndose culpable a pesar de la deliciosa sensación que dejaba el buen sexo en mi cuerpo-. Mona sal, debemos volver.

Escuché entonces el sonido de los cristales rompiéndose, así como el del viento golpeando las prendas que habría tomado del baño. Me quedé atónito ante aquello y temblé. No sabía si iría a ver a Louis, pues era demasiado rencorosa y estaba enojada.

Decidí entonces bajar hasta la entrada del hotel, donde la mujer se encontraba asustada por los ruidos. Sin embargo, al ver los billetes que dejé sobre la mesa todo cambió. Su expresión pasó de asustada a sorprendida y mi encantadora sonrisa provocó que me ayudara a conseguir algunas prendas. Ellos vivían en el hotel, así que tenían prendas para mí.

Tras unos diez minutos malgastados vistiéndome corrí directo a una floristería. Conocía bien aquel lugar, siempre estaba abierto porque era una floristería que recogía encargos internacionales y poseían regalos para noches románticas. Era como un supermercado del amor, la ternura y el deseo. Por eso no dudé en ir allí y comprar el más espléndido ramo de rosas rojas. Mientras caminaba pensaba en todo lo ocurrido y no podía dejar de maldecir a Mona, sus deseos y sobre todo a Louis por no retenerme aquella noche con cualquier excusa barata como últimamente solía hacer.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt