Dulces labios los tuyos
tan dulces como las caricias de una
madre
y tan cálidos como el fuego.
Tú hembra desenfrenada que me besa,
me acaricia y me destroza con sus
ruegos
haces que te ame con desconsuelo.
Firmes tus ojos grises
que asechan como lobo
el atacarme provocando que caiga.
Tú, mujer que viniste al mundo
como bruja y no como humana
te has convertido en mi compañera
eterna.
Tersa la piel de que te envuelve
tan blanca como las últimas nieves en
primavera
y tan perfecta como tus palabras más
honestas.
Tú eres la libertad y el hogar en la
noche
que para siempre será eterna como
nosotros
y viviremos el uno para el otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario