Durante mis largos años como vampiro
he conocido a personas extraordinarias y estúpidos que jamás
hubiesen llegado a nada. Entre lo extraordinario hallé amigos y
amantes, pero sobre todo encontré la motivación y la aventura. No
esperaba encontrar el amor, pues es algo tan extraordinario que en
ocasiones jamás aparece. Un amor como el que surgió en mi pecho y
pude ver en sus ojos.
Comprendo que no es algo usual que un
vampiro se enamore de esa forma. Muchos se enamoran de la belleza, y
yo mismo he caído en ese truco. Me he enamorado de la belleza del
alma de muchos mortales y los he amado a mi modo. Sin embargo, no he
amado de forma tan pura desde hacía mucho tiempo. La primera vez fue
con Louis, pero jamás fue tan fuerte ni sincero ese amor que me
quema como fuego actualmente en mi pecho.
Actualmente tengo una vida
aparentemente tranquila, sin embargo sigo investigando e intentando
comprender el mundo. He tenido aventuras que no he narrado y momentos
que quiero guardar egoístamente para mí. El lector puede
encontrarme en cada párrafo que aquí escribo y comprender que este
inmortal, el cual ya no lo mataría siquiera el sol puede destruirme
por completo, tiene recuerdos que no ha compartido ni compartirá
porque son demasiado valiosos.
En ocasiones desearía describir su
mirada con la perfección que tiene una cámara para captar su alma,
el brillo que estos poseen y lo profundos que se vuelven cuando se
clavan en los míos examinándome con cierta calma. Su cabello
ondulado, actualmente algo más largo que cuando la conocí, marcando
sus pómulos finos roza la punta de mi nariz cuando la abrazo. Ya no
es tan menuda, pero su aspecto sigue siendo frágil pese a que mi
sangre obró un milagro en ella alejándola de la muerte.
Comprendo que muchos pensarán que debí
transformarla nada más conocerla y que no es típico en mí haber
dudado. Sin embargo, no quería precipitarme porque no quería que mi
amor la destruyera, transformara en algo que no era y que por lo
tanto siempre me pudiera echar en cara. Pero así soy yo. Ella me
esperó como decía y yo regresé como dije. Ahora no puedo dejar de
abrazarla en cuanto la veo a mi lado.
Doy gracias por ello todos los días
aunque no lo crean y algún día os narraré cada una de las pequeñas
aventuras que estoy viviendo, pero de momento quiero que sean sólo
para mí y para sus oídos.
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