Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 22 de enero de 2014

Completamente seducido

Cuando te observo en silencio siento que los segundos se van suicidando apresuradamente. Tal vez mueren en el borde de tus largas pestañas. Tus labios son sensuales, cálidos y suaves de una forma similar al satén. Creo que jamás he amado a una mujer que provoca con tan sólo una mirada o una simple sonrisa, la cual es firme y en ocasiones medida. Tienes una gran fuerza interior, lo cual hace que yo quede doblegado a tus encantos y a la firmeza de tus palabras. Realmente he encontrado un refugio donde me siento un chiquillo y puedo aprender de cada gesto, palabra y silencio que se formula entre los dos.

Recuerdo tu mirada secuestrada por el terror y también la suspicacia. Ese momento quedó guardado como una fotografía borrosa que me persigue incluso hoy en día, pero me gusta más rememorar los segundos en tu jardín salvaje donde me invitaste a participar de las caricias de tu cuerpo contra el mío. Deseé en esos momentos hacerte mía de tantas formas... mis hormonas de eterno veinteañero me pedían arrojarte al césped y hacerte mía allí mismo frente a Michael, tu esposo, y frente a Mona y su noble Abelardo, mi hermanito.

Después de años evitándote, como he hecho, no sé como he podido tener la fortuna que tú me aceptes entre tus brazos, permitas que coloque mi cabeza sobre tus pechos y finalmente juegues con tus dedos entre mis largos cabellos tan dorados como los tuyos. No lo sé. No sé como puedo ser tan afortunado. Creo que alguien me dijo que los verdaderos amores, aunque sean de romances cortos, jamás se olvidan y siempre están destinados a volver como si fuese una primavera tórrida cargada de fragancias de millones de flores. Y eso fuiste. Tú apareciste en mi vida buscando mi estúpida sonrisa y lo lograste. Aquella noche caí de rodillas frente a ti acariciando el borde de tu vestido, el cual era blanco y de corte sensual aunque comedido.


No sé como pude hacerlo. Cometí muchos errores, pero quizás el mayor de todos fue no anclarme a ti con locura y deseo. Pero quizás ese hecho, ese y no otro, ha logrado que ahora sepamos disfrutar del momento. Tantas veces nos hemos encontrado, tantos cruces de miradas y cientos de besos que no se han ofrecido para que ahora podamos gritar que nos amamos.


Lestat de Lioncourt  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt