Una verdad incómoda es parte de un relato sobre la verdad oculta ante el mundo. David Talbot viaja hasta Dubái en ésta entrega para poder hablar con Khayman. ¿Logrará hacerlo?
La parte final será subida mañana.
Lestat de Lioncourt
Las pisadas sobre el asfalto de Louis
eran casi imperceptibles. Era elegante y mágico. Podías ver su
figura vagabundear por las Jackson Square como si fuese parte de la
estampa de otra época. Sin embargo sus ropas eran actuales y su
aspecto cuidado. Había logrado un milagro David cuando lo confrontó
semanas atrás. Parecía más centrado en la vida y menos en la ira
interior que carcomía su alma. Todo había comenzado con su intento
de suicidio y su recuperación pasmosa con la sangre de Lestat, de
Merrick y de David.
Talbot se encontraba imbuido en sus
asuntos, mucho más oscuros que los que posiblemente Louis podía
siquiera sospechar. Los ojos verdes de su acompañante eran como los
de un gato cubierto por la curiosidad y la sospecha. Su aspecto
imponente, aunque delicado, era sin duda el ejemplo perfecto de
belleza atemporal que muchos vampiros envidiarían. La tez algo más
oscura, los ojos cafés y profundos, el paso comedido y natural de
David eran un fuerte contraste a la pomposidad de sus movimientos y
la larga cabellera ondulada.
—Puedo percibir tu
desasosiego—comentó Louis tras detener sus pasos y quedar frente a
él, tomándolo de los brazos justo por encima de los codos—. No
soy un estúpido que no comprenda tus necesidades. Por favor, dímelo.
—No es lo que crees—respondió de
inmediato.
—Oh, ya veo. ¿Y qué es lo que creo
según tú?—preguntó con una sonrisa burlona—. David Talbot
director de la orden de detectives de lo paranormal denominada como
Talamasca. Puedes ver, pero no puedes actuar. Y sin embargo
terminaste siendo un vampiro y un idiota tras la pista de un
ególatra—soltó una honda carcajada antes de volver a su seriedad
frunciendo el ceño, apretando suave y sensualmente sus labios, para
luego depositar un beso en su mejilla—. Extrañas esos días.
—Sí y no—dijo tajante—. La orden
se volvió pérfida, siniestra, sin gusto y sin sabor. Desde la
muerte de Aaron, y más desde que desapareció Merrick, no he querido
acercarme demasiado a ellos. Es cierto que tengo infiltrados que me
dejan información sobre nuevos casos, pero eso no es trabajar para
ellos porque yo trabajo solo.
—¿Alguna vez trabajaste en
grupo?—susurró relajando su ceño para luego mirarle divertido—.
Dime ¿qué es lo que tramas? No puedes mentirme.
—Quiero investigar un
asunto—respondió soltándose de Louis para tomarlo del rostro—.
Algo fuera de cualquier lógica racional.
—Explícate—dijo completamente
hundido en el misterio que David parecía tener. Nuevamente lo miró
como en aquellos días en los cuales se conocieron. Los ojos de Louis
eran como dos océanos verdes, completamente cubiertos de plantas
suspendidas en las aguas, tan calmados como profundos—. Deseo
ayudarte.
—Hace tiempo descubrí que hay
culturas que poseen mismos patrones. Culturas de la antigüedad que
no podían conectarse como actualmente sucede. No había transporte
ni medios para comunicarse y tomar ejemplo unas de otras. Encontré
ciertas tablillas y las descifré a mi modo, logré que el mensaje
saliera de su olvido. Era un lenguaje que parecía, y parece, mezcla
del egipcio y de algunas tribus nativas de la zonas central y norte
del continente americano—deslizaba sus dedos por la blanca tez de
de Louis y éste suspiró.
—Puedo encontrar a alguien que te
guíe y posiblemente es a él a quien necesites, deseas a tu lado y
ansías una conversación profunda. Ambos sabemos quien es—comentó—.
Khayman—añadió.
—Logré contactar con él hace meses
pero...
—Ni siquiera te atreviste a señalar
su cultura como algo procedente de otros mundos. Lo sé—expresó
encogiéndose de hombros y luego sonrió—. Oh David... eso es lo
que me excita de ti.
—¿Qué exactamente?—preguntó
sorprendido.
—Saboreas el misterio, sabes
retenerlo en la punta de la lengua, pero eres lo suficientemente
previsor y caballero para en contadas ocasiones no actuar como
quieres. Yo deseo que seas más impulsivo, David, y a la vez quiero
que seas el hombre sensible que se ahoga en libros—se alejó de él
dando un par de pasos mientras se abrazaba a sí mismo—. No me
hagas caso, David. Sólo soy un maníaco que disfruta matando. Oh,
sí. Disfruto quitando la vida. Me excita el olor a muerte a mi paso
porque siento que me debe acompañar para siempre. Es como mi perfume
personal. Soy mortífero, querido. Soy el culmen de lo horrible y
sensual. Yo sé que es así y no intentes hacerme ver lo contrario—se
giró suavemente hacia él y se echó a reír—. Y no olvides mi
lema...
—El fuego purifica—dijo serio
aunque con un toque divertido.
—Así es. Soy una bestia que ama el
fuego—se acercó a él colocando sus manos sobre su torso fuerte y
varonil, algo más ancho que el suyo propio, y lo miró con una
sensualidad que excitaría a cualquier hombre o mujer—. Y tú un
cazador.
Ambos se fundieron entonces en un beso
apasionado. Las manos de David se colaron bajo la camisa de Louis y
éste se erizó jadeando cerca de los labios de su amante. Sin
embargo la mente del antiguo miembro de Talamasca estaba hundida en
el misterio y buscaba deshacerse del laberinto, en el cual se
hallaba, lo antes posible.
Las noches siguientes se dedicó a
viajar por los diversos lugares donde Louis decía creer que podía
estar. Sin embargo no hizo falta buscar demasiado. Fue en Dubái
donde dieron con él subido a un flamante deportivo rojo mientras se
saltaba un semáforo. El cabello negro y espeso de Khayman al aire,
su pose divertida y tierna, así como el desafío que era para muchos
automovilístas, policías y cualquiera en realidad, le daba un toque
peligroso. Al detener su vehículo y bajar de él observó
minuciosamente a David.
—¡Un abrazo amigo mío!—dijo tras
bajar las gafas y abrir sus brazos corriendo hacia él—¡Ja! ¡Sabía
que volveríamos a vernos!—lo estrechó fuertemente mientras David
intentaba no turbarse por la oleada de poder que éste poseía—.
Oh, Talbot te ves increíble con ese traje—comentó agarrándolo
del rostro para plantar un beso en su boca—. ¡Oh! ¡Pero que
fantástico traje!
—He venido para saber la
verdad—expresó provocando que aquel milenario lo soltara y
meditara sobre las palabras que había logrado escuchar—. Pero aquí
no.
—Si es la verdad sobre Akasha y Enkil
todo está dicho—dijo con una leve sonrisa en sus labios— ¿Tanto
os gusta a los jóvenes escuchar las viejas leyendas de nuestros
labios?
—No tiene que ver con ellos, aunque
no sé si estaban en conocimiento de lo que ocurría en su
sociedad—comentó levantando suavemente un maletín de cuero negro
que llevaba consigo. Estaba aferrado a él con su mano derecha, tan
pegado al asa que parecía una prolongación de su cuerpo, y cuando
Khayman lo vio sintió una curiosidad inmensa por descubrir de qué
se trataba.
—¿Qué llevas ahí?—preguntó
deseando tocar la piel para sentir la rugosidad de ésta bajo sus
yemas.
—Una verdad incómoda sobre el origen
de vuestra superpotencia en épocas remotas—aquello hizo que
Khayman sonriera—. ¿Qué sabes?
—Poca cosa. Lo poco que mi padre me
contó antes de morir...
Khayman tenía un aspecto desenfadado y
algo europeo. Sin embargo, llevaba una especie de Thawb blanca aunque
con toques modernos y posiblemente hecha a su gusto, ya que era algo
más corta que la tradicional, y bajo ésta se vislumbraban unos
jeans oscuros y unas deportivas muy cómodas. Tenía el pelo suelto,
algo alborotado por el viento, y tan largo como en sus días de
gloria. Sus ojos eran mucho más profundos y sagaces que los de
cualquier otro vampiro. Él respiraba bondad, franqueza y naturalidad
pese a sus milenios.
—Quiero oír la historia.
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