Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 5 de abril de 2014

Una verdad incómoda II (Parte 1)

Una verdad incómoda es parte de un relato sobre la verdad oculta ante el mundo. David Talbot viaja hasta Dubái en ésta entrega para poder hablar con Khayman. ¿Logrará hacerlo?

La parte final será subida mañana. 

Lestat de Lioncourt


Las pisadas sobre el asfalto de Louis eran casi imperceptibles. Era elegante y mágico. Podías ver su figura vagabundear por las Jackson Square como si fuese parte de la estampa de otra época. Sin embargo sus ropas eran actuales y su aspecto cuidado. Había logrado un milagro David cuando lo confrontó semanas atrás. Parecía más centrado en la vida y menos en la ira interior que carcomía su alma. Todo había comenzado con su intento de suicidio y su recuperación pasmosa con la sangre de Lestat, de Merrick y de David.

Talbot se encontraba imbuido en sus asuntos, mucho más oscuros que los que posiblemente Louis podía siquiera sospechar. Los ojos verdes de su acompañante eran como los de un gato cubierto por la curiosidad y la sospecha. Su aspecto imponente, aunque delicado, era sin duda el ejemplo perfecto de belleza atemporal que muchos vampiros envidiarían. La tez algo más oscura, los ojos cafés y profundos, el paso comedido y natural de David eran un fuerte contraste a la pomposidad de sus movimientos y la larga cabellera ondulada.

—Puedo percibir tu desasosiego—comentó Louis tras detener sus pasos y quedar frente a él, tomándolo de los brazos justo por encima de los codos—. No soy un estúpido que no comprenda tus necesidades. Por favor, dímelo.

—No es lo que crees—respondió de inmediato.

—Oh, ya veo. ¿Y qué es lo que creo según tú?—preguntó con una sonrisa burlona—. David Talbot director de la orden de detectives de lo paranormal denominada como Talamasca. Puedes ver, pero no puedes actuar. Y sin embargo terminaste siendo un vampiro y un idiota tras la pista de un ególatra—soltó una honda carcajada antes de volver a su seriedad frunciendo el ceño, apretando suave y sensualmente sus labios, para luego depositar un beso en su mejilla—. Extrañas esos días.

—Sí y no—dijo tajante—. La orden se volvió pérfida, siniestra, sin gusto y sin sabor. Desde la muerte de Aaron, y más desde que desapareció Merrick, no he querido acercarme demasiado a ellos. Es cierto que tengo infiltrados que me dejan información sobre nuevos casos, pero eso no es trabajar para ellos porque yo trabajo solo.

—¿Alguna vez trabajaste en grupo?—susurró relajando su ceño para luego mirarle divertido—. Dime ¿qué es lo que tramas? No puedes mentirme.

—Quiero investigar un asunto—respondió soltándose de Louis para tomarlo del rostro—. Algo fuera de cualquier lógica racional.

—Explícate—dijo completamente hundido en el misterio que David parecía tener. Nuevamente lo miró como en aquellos días en los cuales se conocieron. Los ojos de Louis eran como dos océanos verdes, completamente cubiertos de plantas suspendidas en las aguas, tan calmados como profundos—. Deseo ayudarte.

—Hace tiempo descubrí que hay culturas que poseen mismos patrones. Culturas de la antigüedad que no podían conectarse como actualmente sucede. No había transporte ni medios para comunicarse y tomar ejemplo unas de otras. Encontré ciertas tablillas y las descifré a mi modo, logré que el mensaje saliera de su olvido. Era un lenguaje que parecía, y parece, mezcla del egipcio y de algunas tribus nativas de la zonas central y norte del continente americano—deslizaba sus dedos por la blanca tez de de Louis y éste suspiró.

—Puedo encontrar a alguien que te guíe y posiblemente es a él a quien necesites, deseas a tu lado y ansías una conversación profunda. Ambos sabemos quien es—comentó—. Khayman—añadió.

—Logré contactar con él hace meses pero...

—Ni siquiera te atreviste a señalar su cultura como algo procedente de otros mundos. Lo sé—expresó encogiéndose de hombros y luego sonrió—. Oh David... eso es lo que me excita de ti.

—¿Qué exactamente?—preguntó sorprendido.

—Saboreas el misterio, sabes retenerlo en la punta de la lengua, pero eres lo suficientemente previsor y caballero para en contadas ocasiones no actuar como quieres. Yo deseo que seas más impulsivo, David, y a la vez quiero que seas el hombre sensible que se ahoga en libros—se alejó de él dando un par de pasos mientras se abrazaba a sí mismo—. No me hagas caso, David. Sólo soy un maníaco que disfruta matando. Oh, sí. Disfruto quitando la vida. Me excita el olor a muerte a mi paso porque siento que me debe acompañar para siempre. Es como mi perfume personal. Soy mortífero, querido. Soy el culmen de lo horrible y sensual. Yo sé que es así y no intentes hacerme ver lo contrario—se giró suavemente hacia él y se echó a reír—. Y no olvides mi lema...

—El fuego purifica—dijo serio aunque con un toque divertido.

—Así es. Soy una bestia que ama el fuego—se acercó a él colocando sus manos sobre su torso fuerte y varonil, algo más ancho que el suyo propio, y lo miró con una sensualidad que excitaría a cualquier hombre o mujer—. Y tú un cazador.

Ambos se fundieron entonces en un beso apasionado. Las manos de David se colaron bajo la camisa de Louis y éste se erizó jadeando cerca de los labios de su amante. Sin embargo la mente del antiguo miembro de Talamasca estaba hundida en el misterio y buscaba deshacerse del laberinto, en el cual se hallaba, lo antes posible.

Las noches siguientes se dedicó a viajar por los diversos lugares donde Louis decía creer que podía estar. Sin embargo no hizo falta buscar demasiado. Fue en Dubái donde dieron con él subido a un flamante deportivo rojo mientras se saltaba un semáforo. El cabello negro y espeso de Khayman al aire, su pose divertida y tierna, así como el desafío que era para muchos automovilístas, policías y cualquiera en realidad, le daba un toque peligroso. Al detener su vehículo y bajar de él observó minuciosamente a David.

—¡Un abrazo amigo mío!—dijo tras bajar las gafas y abrir sus brazos corriendo hacia él—¡Ja! ¡Sabía que volveríamos a vernos!—lo estrechó fuertemente mientras David intentaba no turbarse por la oleada de poder que éste poseía—. Oh, Talbot te ves increíble con ese traje—comentó agarrándolo del rostro para plantar un beso en su boca—. ¡Oh! ¡Pero que fantástico traje!

—He venido para saber la verdad—expresó provocando que aquel milenario lo soltara y meditara sobre las palabras que había logrado escuchar—. Pero aquí no.

—Si es la verdad sobre Akasha y Enkil todo está dicho—dijo con una leve sonrisa en sus labios— ¿Tanto os gusta a los jóvenes escuchar las viejas leyendas de nuestros labios?

—No tiene que ver con ellos, aunque no sé si estaban en conocimiento de lo que ocurría en su sociedad—comentó levantando suavemente un maletín de cuero negro que llevaba consigo. Estaba aferrado a él con su mano derecha, tan pegado al asa que parecía una prolongación de su cuerpo, y cuando Khayman lo vio sintió una curiosidad inmensa por descubrir de qué se trataba.

—¿Qué llevas ahí?—preguntó deseando tocar la piel para sentir la rugosidad de ésta bajo sus yemas.

—Una verdad incómoda sobre el origen de vuestra superpotencia en épocas remotas—aquello hizo que Khayman sonriera—. ¿Qué sabes?

—Poca cosa. Lo poco que mi padre me contó antes de morir...

Khayman tenía un aspecto desenfadado y algo europeo. Sin embargo, llevaba una especie de Thawb blanca aunque con toques modernos y posiblemente hecha a su gusto, ya que era algo más corta que la tradicional, y bajo ésta se vislumbraban unos jeans oscuros y unas deportivas muy cómodas. Tenía el pelo suelto, algo alborotado por el viento, y tan largo como en sus días de gloria. Sus ojos eran mucho más profundos y sagaces que los de cualquier otro vampiro. Él respiraba bondad, franqueza y naturalidad pese a sus milenios.


—Quiero oír la historia.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt