Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 8 de abril de 2017

No abras parte I y II

NO ABRAS 



PARTE I


Sentado frente al televisor comencé a ver la masacre que ocurría al otro lado del mundo. Observé como un gas silencioso se llevaba la vida de decenas de personas, donde casi una treintena eran niños, y entonces comprendí la furia intensa que había en Akasha. Ella, tan poderosa, frente a un pequeño televisor que escupía terribles masacres en otros puntos del mundo, diciéndole que todo aquello era lo que el ser humano actual creía correcto y que lastimosamente nadie detenía. Era lógico que se alzara para aplastarlos como si fueran insectos asquerosos que destruyen sus cosechas.

Amel gimió de dolor. Pude apreciar que todo aquello le horrorizaba. El mismo espíritu que una vez azotó a gran parte de los vampiros, la mayoría jóvenes, logrando que los más antiguos destruyeran vidas inocentes. Ese mismo. Gemía de dolor ante las imágenes que la televisión nos mostraba.

Me llevé las manos al rostro absolutamente horrorizado. Temblé de pies a cabeza y eché mi cuerpo hacia atrás. Estaba tan consternado que no sabía cómo aceptar todo lo que veía, pues era tan terrible que deseaba creer que era una película o un error. Pero no. El error era esa guerra, como tantas otras que azotan aún otros lugares escondidos en África, y Francia estaba participando en ella. No lo hacía porque hubiese sufrido el “terrorismo” de cuatro fanáticos, sino porque habían sido colonia después de la II Guerra Mundial y habían osado ser libres. Ahora requería de nuevo ese espacio para los hidrocarburos. Todo era el petróleo.

Giré mi rostro hacia un pequeño calendario que Rose había hecho con hermosas instantáneas de cuando era una niña, añadiendo algunas de Viktor, antiguas de Mojo y varias de Louis. Era un hermoso regalo demasiado práctico que no dudé en colgar en un lado de mi sala de descanso. Observé la fecha y suspiré. Ya era casi pascua. La Semana Santa comenzaba en unos días. Pronto miles de personas recordarían a su mártir y entonarían canciones, vítores y consignas por un hombre que fue injustamente condenado. Muchos de ellos odian ahora al diferente, tienen miedo al musulmán, y señalan Siria como un foco de terrorismo radical. La mayoría se ha olvidado de la guerra santa emprendida por los cristianos, de la expulsión de musulmanes y judíos de tierras españolas despojándolos de todo, de la humillación que se hizo con ellos al obligarlos a ver reducido su territorio en el conflicto de Israel y Palestina, y otras tantas cosas que no tienen disculpa.

Sentí que volvíamos a la época medieval, esa que ni yo mismo viví, donde se castigaba al musulmán e incluso a quien tenía rasgos árabes. Se decía que era un infiel, se le condenaba a ser expulsado como se expulsan a muchos indocumentados y se les humillaba o aniquilaba. Igual que en aquellas épocas se usaba el fuego ahora se usa un gas silencioso. Las guerras por fe pasaron a ser guerras por petróleo, pero se camuflan bien y la ciudadanía estúpida lo cree de ese modo.

Entonces unos golpes en la puerta. Unos que hicieron que me incorporara de inmediato. Nadie llamaba así y menos a esas horas. Louis tenía llave de ese pequeño apartamento en París. Era su propio refugio. Habíamos decidido trasladarnos algunas noches a la ciudad, pero él se había marchado porque quería revisar varias de sus empresas en persona.

Un olor vino a mis recuerdos y agitó aún más a Amel. Este no hablaba, sólo farfullaba palabras ininteligibles debido al dolor de las imágenes de guerra. Sin embargo, habló pronunciando un nombre que me heló la sangre: Memnoch.

—Memnoch. No abras. Es Memnoch. Aunque él puede entrar en tu morada sin que lo atiendas—dijo sorprendido y asustado.



PARTE II


Me sorprendió que Amel pudiese saber quién era. Había intentado por todos los medios que me proporcionara cierta información sobre lo ocurrido en aquellos días tan aciagos. No logré nada. Él decía que no podía confirmarme que fuese un espíritu tan fuerte, o incluso más, que él. Por mucho que busqué en viejos libros e informes de Talamasca no hallé nada. Sólo había una carpeta minúscula en uno de los archivos online de la Orden. Allí había algunas imágenes de la capilla donde decidí descansar, sendas indicaciones de lo ocurrido en días posteriores y reseñas al libro que también podía adquirirse de manera gratuita en diversos enlaces.

Ese monstruo surgido de mis pesadillas y cavilaciones juveniles ya no me impresiona o aterroriza. Únicamente me desconcierta. Aquella noche sentí que todo podía tener un final cierto y decidí encaminarme hasta la puerta.

Al girar el pomo y tirar de esta hacia mí encontré a un joven de aspecto similar al que una vez conocí. Sus cabellos eran más claros, su tez algo más rosada y parecía que tenía un rostro algo más viril. Había cambiado su imagen, pero la esencia la sentí idéntica. Tragué saliva mientras él me observaba en silencio. No sabía si era por decoro o porque todavía rumiaba su presentación a esas horas en mi vivienda.

—No lo dejes pasar. No lo invites. Aunque él lo hará de todas formas, pues ya lo conoces—susurró Amel.

—No, no lo conozco—dije en voz alta—. Sólo conozco lo que él ha querido venderme.

—¿Ahora soy un vendedor a domicilio?—preguntó socarrón sin perder detalle de mis facciones—. Eres más fuerte y eso resulta muy atractivo para mí—confesó estirando su brazo derecho hasta mi cuerpo, para alzar un poco su mano hasta mi rostro y palpar mi mejilla—. ¿Recuerdas mi discusión con Jesús?

—Con el supuesto Jesús—indiqué sin apartar sus dedos. Parecían reales, pero ya había estado con otros espíritus que parecían de carne y hueso. Pude ver en él cierta luz y poder que en aquellos días, en los cuales no me fijaba tan detalladamente en esas cosas, no vi.

—Vengo para conversar—dijo.

—La última vez dijiste eso y quisiste retenerme en tu supuesto Sheol—contesté dando un paso atrás.

—Hay más guerras, más hambre, más pobreza, más miseria, más dolor, más angustia y un nuevo líder. Un líder que podría solucionar todo con un golpe maestro sobre la mesa—indicó—. Vengo porque quiero que cambies a otros. La vida te ha cambiado sustancialmente. Ya no eres el mismo. Tienes nuevos poderes y mayor sabiduría. Has aumentado tu potencial y miles de vampiros en todo el mundo te adoran como si fueras un dios—susurró entrando en el apartamento y cerrando la puerta.

Tal como dijo Amel pasó sin que lo invitara. Miró los cuadros, admiró cada trazo y sonrió para sí. Después deslizó sus ojos por las distintas estanterías repletas de libros y se dio cuenta que era un apartamento pequeño, pero sencillo. Un lugar acogedor para pasar los días ensimismados o ensoñando en cada pequeño mundo que es uno de los cuidados ejemplares que Louis conservaba desde hacía años.


—Conversemos entonces—dije.  

sábado, 5 de abril de 2014

Una verdad incómoda II (Parte 1)

Una verdad incómoda es parte de un relato sobre la verdad oculta ante el mundo. David Talbot viaja hasta Dubái en ésta entrega para poder hablar con Khayman. ¿Logrará hacerlo?

La parte final será subida mañana. 

Lestat de Lioncourt


Las pisadas sobre el asfalto de Louis eran casi imperceptibles. Era elegante y mágico. Podías ver su figura vagabundear por las Jackson Square como si fuese parte de la estampa de otra época. Sin embargo sus ropas eran actuales y su aspecto cuidado. Había logrado un milagro David cuando lo confrontó semanas atrás. Parecía más centrado en la vida y menos en la ira interior que carcomía su alma. Todo había comenzado con su intento de suicidio y su recuperación pasmosa con la sangre de Lestat, de Merrick y de David.

Talbot se encontraba imbuido en sus asuntos, mucho más oscuros que los que posiblemente Louis podía siquiera sospechar. Los ojos verdes de su acompañante eran como los de un gato cubierto por la curiosidad y la sospecha. Su aspecto imponente, aunque delicado, era sin duda el ejemplo perfecto de belleza atemporal que muchos vampiros envidiarían. La tez algo más oscura, los ojos cafés y profundos, el paso comedido y natural de David eran un fuerte contraste a la pomposidad de sus movimientos y la larga cabellera ondulada.

—Puedo percibir tu desasosiego—comentó Louis tras detener sus pasos y quedar frente a él, tomándolo de los brazos justo por encima de los codos—. No soy un estúpido que no comprenda tus necesidades. Por favor, dímelo.

—No es lo que crees—respondió de inmediato.

—Oh, ya veo. ¿Y qué es lo que creo según tú?—preguntó con una sonrisa burlona—. David Talbot director de la orden de detectives de lo paranormal denominada como Talamasca. Puedes ver, pero no puedes actuar. Y sin embargo terminaste siendo un vampiro y un idiota tras la pista de un ególatra—soltó una honda carcajada antes de volver a su seriedad frunciendo el ceño, apretando suave y sensualmente sus labios, para luego depositar un beso en su mejilla—. Extrañas esos días.

—Sí y no—dijo tajante—. La orden se volvió pérfida, siniestra, sin gusto y sin sabor. Desde la muerte de Aaron, y más desde que desapareció Merrick, no he querido acercarme demasiado a ellos. Es cierto que tengo infiltrados que me dejan información sobre nuevos casos, pero eso no es trabajar para ellos porque yo trabajo solo.

—¿Alguna vez trabajaste en grupo?—susurró relajando su ceño para luego mirarle divertido—. Dime ¿qué es lo que tramas? No puedes mentirme.

—Quiero investigar un asunto—respondió soltándose de Louis para tomarlo del rostro—. Algo fuera de cualquier lógica racional.

—Explícate—dijo completamente hundido en el misterio que David parecía tener. Nuevamente lo miró como en aquellos días en los cuales se conocieron. Los ojos de Louis eran como dos océanos verdes, completamente cubiertos de plantas suspendidas en las aguas, tan calmados como profundos—. Deseo ayudarte.

—Hace tiempo descubrí que hay culturas que poseen mismos patrones. Culturas de la antigüedad que no podían conectarse como actualmente sucede. No había transporte ni medios para comunicarse y tomar ejemplo unas de otras. Encontré ciertas tablillas y las descifré a mi modo, logré que el mensaje saliera de su olvido. Era un lenguaje que parecía, y parece, mezcla del egipcio y de algunas tribus nativas de la zonas central y norte del continente americano—deslizaba sus dedos por la blanca tez de de Louis y éste suspiró.

—Puedo encontrar a alguien que te guíe y posiblemente es a él a quien necesites, deseas a tu lado y ansías una conversación profunda. Ambos sabemos quien es—comentó—. Khayman—añadió.

—Logré contactar con él hace meses pero...

—Ni siquiera te atreviste a señalar su cultura como algo procedente de otros mundos. Lo sé—expresó encogiéndose de hombros y luego sonrió—. Oh David... eso es lo que me excita de ti.

—¿Qué exactamente?—preguntó sorprendido.

—Saboreas el misterio, sabes retenerlo en la punta de la lengua, pero eres lo suficientemente previsor y caballero para en contadas ocasiones no actuar como quieres. Yo deseo que seas más impulsivo, David, y a la vez quiero que seas el hombre sensible que se ahoga en libros—se alejó de él dando un par de pasos mientras se abrazaba a sí mismo—. No me hagas caso, David. Sólo soy un maníaco que disfruta matando. Oh, sí. Disfruto quitando la vida. Me excita el olor a muerte a mi paso porque siento que me debe acompañar para siempre. Es como mi perfume personal. Soy mortífero, querido. Soy el culmen de lo horrible y sensual. Yo sé que es así y no intentes hacerme ver lo contrario—se giró suavemente hacia él y se echó a reír—. Y no olvides mi lema...

—El fuego purifica—dijo serio aunque con un toque divertido.

—Así es. Soy una bestia que ama el fuego—se acercó a él colocando sus manos sobre su torso fuerte y varonil, algo más ancho que el suyo propio, y lo miró con una sensualidad que excitaría a cualquier hombre o mujer—. Y tú un cazador.

Ambos se fundieron entonces en un beso apasionado. Las manos de David se colaron bajo la camisa de Louis y éste se erizó jadeando cerca de los labios de su amante. Sin embargo la mente del antiguo miembro de Talamasca estaba hundida en el misterio y buscaba deshacerse del laberinto, en el cual se hallaba, lo antes posible.

Las noches siguientes se dedicó a viajar por los diversos lugares donde Louis decía creer que podía estar. Sin embargo no hizo falta buscar demasiado. Fue en Dubái donde dieron con él subido a un flamante deportivo rojo mientras se saltaba un semáforo. El cabello negro y espeso de Khayman al aire, su pose divertida y tierna, así como el desafío que era para muchos automovilístas, policías y cualquiera en realidad, le daba un toque peligroso. Al detener su vehículo y bajar de él observó minuciosamente a David.

—¡Un abrazo amigo mío!—dijo tras bajar las gafas y abrir sus brazos corriendo hacia él—¡Ja! ¡Sabía que volveríamos a vernos!—lo estrechó fuertemente mientras David intentaba no turbarse por la oleada de poder que éste poseía—. Oh, Talbot te ves increíble con ese traje—comentó agarrándolo del rostro para plantar un beso en su boca—. ¡Oh! ¡Pero que fantástico traje!

—He venido para saber la verdad—expresó provocando que aquel milenario lo soltara y meditara sobre las palabras que había logrado escuchar—. Pero aquí no.

—Si es la verdad sobre Akasha y Enkil todo está dicho—dijo con una leve sonrisa en sus labios— ¿Tanto os gusta a los jóvenes escuchar las viejas leyendas de nuestros labios?

—No tiene que ver con ellos, aunque no sé si estaban en conocimiento de lo que ocurría en su sociedad—comentó levantando suavemente un maletín de cuero negro que llevaba consigo. Estaba aferrado a él con su mano derecha, tan pegado al asa que parecía una prolongación de su cuerpo, y cuando Khayman lo vio sintió una curiosidad inmensa por descubrir de qué se trataba.

—¿Qué llevas ahí?—preguntó deseando tocar la piel para sentir la rugosidad de ésta bajo sus yemas.

—Una verdad incómoda sobre el origen de vuestra superpotencia en épocas remotas—aquello hizo que Khayman sonriera—. ¿Qué sabes?

—Poca cosa. Lo poco que mi padre me contó antes de morir...

Khayman tenía un aspecto desenfadado y algo europeo. Sin embargo, llevaba una especie de Thawb blanca aunque con toques modernos y posiblemente hecha a su gusto, ya que era algo más corta que la tradicional, y bajo ésta se vislumbraban unos jeans oscuros y unas deportivas muy cómodas. Tenía el pelo suelto, algo alborotado por el viento, y tan largo como en sus días de gloria. Sus ojos eran mucho más profundos y sagaces que los de cualquier otro vampiro. Él respiraba bondad, franqueza y naturalidad pese a sus milenios.


—Quiero oír la historia.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt