Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 20 de agosto de 2017

Personal Jesus

Hacía tiempo que no aparecía personalmente en el despacho de abogados donde mi nueva identidad, una de tantas, poseía ciertos asuntos vinculados a empresas, inversiones y numerosos trámites burocráticos que aún a día de hoy me son necesarios. Subí a la planta pertinente y entré por el angosto pasillo. Todo estaba a oscuras.

No entendía cómo me había llegado aquel e-mail tan extraño notificándome que debía acudir necesariamente esa noche. Mis escoltas estaban fuera, pues les había pedido que me dejasen cierta autonomía. Detestaba ser el “Príncipe de los Vampiros” por ese motivo, aunque no era el principal. Demasiada responsabilidad, la cual delegaba casi siempre en Marius o en los miembros más destacados del Consejo que había formado para no reinar de forma absolutista. Siempre he odiado las monarquías y he abrazado la democracia, ¿cómo iba a aceptar algo así? En fin. Estaba allí sin ellos y me extrañaba que nadie se hallase en el recinto.

Repentinamente una vieja canción de rock comenzó a sonar “Personal Jesus” de Depeche Mode. Sonaba a un nivel algo elevado y provenía del despacho principal. No sentía el olor habitual de la sangre, no había sangre. No sangre humana. Pero había alguien o algo tras la puerta. Pude ver un hilo de luz surgir del despacho y alguien que se movía intranquilo en su interior.

«Feeling unknown and you're all alone. Flesh and bone by the telephone. Lift up the receiver, I'll make you a believer.»

Me detuve entre las numerosas mesas apelotonadas a ambos lados, como los bancos de una iglesia camino al altar, comprobé que los ordenadores comenzaron a encenderse fila por fila y las impresoras se conectaron solas imprimiendo un repetitivo mensaje. Los folios caían sin que nadie los recogiera y al mirar hacia abajo, justo a mis botas, pude mi nombre escrito adjunto a mi título: Príncipe Lestat de Lioncourt, Príncipe de los Vampiros.

«Take second best. Put me to the test. Things on your chest. You need to confess. I will deliver. You know I'm a forgiver.»

—Memnoch. Lestat, vayámonos—susurró inquieto Amel—. ¡Vayámonos!


Rápidamente huí hacia la salida, pero esta se cerró y tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para abrir. Una vez en el pasillo decidí que no tomaría el ascensor. Agarré impulso y crucé la cristalera, rompiéndola en mil pedazos, para salir volando del edificio y aterrizar a una manzana. Mis escoltas en el Jeep arrancaron sintiéndose confusos por lo ocurrido, pero cuando me monté arañado, empapado en sudor y con los ojos desorbitados no preguntaron. Ellos sólo aceleraron por la avenida.  


Lestat de Lioncourt 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Tragedia

Una carta que ha aparecido en documentos recuperados del ordenador de Maharet.

Lestat de Lioncourt

Anoche ocurrió otra vez. Sucedió. De nuevo él apareció manchado de hollín y sangre. Su mirada mostraba un vacío inconmensurable, una pena que parecía quebrar todos los huesos de su cuerpo marmóreo y parecía un niño por como lloraba. Tenía las manos temblorosas y algo achicharradas, pero le resté importancia. Igual que resté importancia a su cabello cubierto de cenizas y su rostro que tenía el estigma de un criminal, de un asesino, de un maldito belicoso salido del infierno... Abrí mis brazos y él cayó de rodillas aferrándose a las faldas de mi vestido. De inmediato puse mis manos sobre su cabeza y empezamos a llorar ambos en silencio. Ocurrió otra vez como la noche anterior y las siguientes que vendrán.

No hay descanso, no hay paz, no hay bondad y tampoco hay malicia. Él comete esos actos con su cuerpo, pero no es él quien los dicta. No es su mente, no es su alma. Alguien más usurpa el cuerpo de mi hacedor, del hombre sabio y bondadoso, de aquel que lo dejó todo, la gloria y el poder, a cambio de un poco de amor y la redención que este le ofrecía. Siempre fue una criatura bondadosa, con una mirada intensa cargada de miles de buenos sentimientos y su sonrisa era dulce. ¿Dónde quedó esa sonrisa? ¿Dónde sus manos firmes y tiernas? Sólo crimen, crimen y castigo.


Yo sé que no ha sido él, pero todos lo señalan y lo temen. Mi guerrero, mi Khayman. Yo le amo, le debo proteger. Tengo que cuidarlo y salvarlo. ¿Pero qué puedo hacer? Sé que ese ser anida en mi hermana, pero a ella no la puedo ofrecer. ¿Y si morimos todos? ¿Qué sucederá? ¿Llegará la paz o comenzará otra guerra? Tengo tanto miedo...  

miércoles, 19 de julio de 2017

Desesperación

Benji escribió otro texto sobre esos días, pero mucho más profundo.
Lestat de Lioncourt 

Sentía un desapacible sentimiento que lograba que estuviese con los ojos fijos ante la siniestra realidad sin mover un sólo músculo. Decenas de jóvenes estaban siendo destruidos y las imágenes de lo ocurrido en Calcuta evidenciaban que estaba extendiéndose más allá de Brasil y países del sur de América. En aquellos momentos la situación era bastante difícil y no se podía abarcar el problema. Sólo era la punta del enorme iceberg que estaba a punto de hacer zozobrar a toda una especie. Nos hundíamos y no había opción a rescate.

Por lo que había logrado entender los causantes eran nuestros propios congéneres. Los vampiros más relevantes o ancianos estaban implicados. Por primera vez no era culpa de Lestat. Él ni siquiera estaba presente, pero sí sus innumerables copias baratas que se paseaban por las tumultuosas calles de Nueva Orleans. Decenas de jóvenes se vestían con ropas baratas, aunque similares a las narradas en sus escritos, con el cabello alborotado y una sonrisa estúpida en los labios. Demasiados para mi gusto. Lo idolatraban y yo simplemente lo veía como el posible héroe que sofocaría las llamas de un incendio que estaba destruyendo decenas de vidas. Y no eran vidas comunes. ¡Eran vidas llenas de siglos y por lo tanto conocimiento!

A mi radio llegaban audios, vídeos, fotografías y llamadas exigiendo poder conversar sobre el horror vivido. Algunos sobrevivían y otros sabían que estaban a punto de ser destruidos, pues en la ciudad donde se hallaban ya habían destrozado a más de una centena en una sola noche. A cada hora que pasaba se abrían nuevos focos. En pocos meses habíamos pasado de ser miles a tan sólo un puñado.

Intentaba no ser alarmista, pero finalmente sucumbí a la histeria. Hice comunicados terribles, envueltos en la desesperación y la rabia. Juro que lloré en más de una ocasión por pura frustración. Había jóvenes que huían de una ciudad a otra y eran perseguidos por criaturas tan quemadas como sus víctimas. Asimismo hablaron de una figura quemada, con túnica raída, que destrozaba a todo aquel que se aproximaba. Existían vampiros que despertaban y buscaban la sangre de sus congéneres. ¡Horrible!


Nadie puede imaginar el grado de estrés, preocupación y depresión en el que me hallaba. Pero finalmente la luz apareció a través del túnel. Decidimos que debíamos reunirnos para aunar fuerzas y que Lestat debía liderarnos. El problema era encontrarlo. Fue David, en su llamada a Jesse, quien hizo que este se percatara que algo no iba bien. Él los hacía juntos, pero no era así. No estaban juntos, sino separados. Maharet primero echó al viejo director de Talamasca, y luego fue a su propia descendiente. Algo ocurría en su hogar y ese algo era Amel. La fuente era su hermana y ella se negaba a entregarla. El resto... el resto ya lo conocen.  

lunes, 1 de mayo de 2017

Viejo guerrero

Gregory dando lecciones, señores.

Lestat de Lioncourt

Todos hemos cometido errores. Hay quienes esos errores los han hecho en soledad, o públicamente, y contra ellos mismos, pero hay otros que los han cometido contra decenas y a veces en plena oscuridad, en el silencio de la noche, cuando todo el mundo cree que está salvo en su cama. Nadie está a salvo de sentir las consecuencias de los errores de acciones que jamás han conocido ni conocerán. El mundo es tan global que el aleteo de una idea puede convertirse en un huracán, terremoto o maremoto al otro lado del mundo.

He vivido cientos de guerras, pero otras sólo las he visto por la televisión. He sido espectador, como muchos otros. Veía esas imágenes como quienes ven una serie de televisión o una película. Observaba las armas disparando a bocajarro a civiles y otros soldados que únicamente tomaban las suyas porque el patriotismo, el deseo de ayudar a su pueblo o simplemente un buen sueldo que les permita vivir, aunque más bien sobrevivir, se lo exigieron. Algunos incluso estaban obligados y había quienes no levantaban más de un palmo del suelo, pues eran niños soldados adiestrados para combatir hasta la muerte. Nos enseñan que el patriotismo es morir por tu pueblo, pero en realidad se muere por las decisiones políticas tomadas en un despacho y que sólo favorecerán a la élite. Las he visto demasiado cerca, he sentido las bombas cayendo cuando antes sólo era el sonido de espadas. Todo ha ido cambiando. Incluso ahora hay una guerra silenciosa que te mata mientras duermes, pues son gases tóxicos que te arrebatan todo.

La guerra es el mayor error. Los conflictos verbales o físicos son errores. La violencia no es solución aunque sea sólo para combatir otro tipo de violencia. Educamos mal, enseñamos valores indebidos y hacemos discursos que realmente no tienen sentido en un mundo donde todo parece fácil y al alcance de cualquiera. Obligamos a los jóvenes a leer libros que no entienden y terminan odiando la cultura, la lectura y por ende el pensamiento crítico. Decimos quienes deben adorar, la ropa que deben usar y cuánto dinero tienen que exigir en un empleo. Y digo que somos todos los culpables, pues tanto lo es quien lo hace que quien acepta las normas del juego.

Soy un viejo guerrero que ve más honor en aquellos hombres que luchaban con sus manos desnudas que con estos que aprietan botones y lanzan misiles, aunque tanto unos como otros están equivocados. Son errores garrafales que asolan el mundo y lo perjudican. Como he dicho antes, sólo ganan los más privilegiados que son los vendedores de armamentos, los políticos y las petroleras. Os venden terrorismo para generar miedo y caos, pero las peores fobias son las que más pasan por alto. La homofobia, la transfobia, la xenofobia, la misoginia o el miedo a quien reza distinto está generando más muertes y desprecio que un tiroteo.


Hemos acabado con una guerra abierta entre nuestra raza, los vampiros, y ha sido a base de conversaciones en plena madrugada. Me pregunto porqué es tan difícil para los humanos comprender que las diferencias se liman hablando y no con bombardeos, golpes o disparos. El día que entendamos que no existe un "nosotros" y un "ellos", sino que todos somos lo mismo y necesitamos cooperar tal vez sea demasiado tarde.  

viernes, 14 de abril de 2017

No abras - FINAL

Cuando llegó el viernes, justo el viernes santo, me senté en aquel sillón a solas. No había nadie más en la radio. Pedí que me dejaran a solas con el micrófono, aunque sentía a Amel algo inquieto. Íbamos a dar una pequeña lección a todos los oyentes, o al menos a quienes desearan quedarse a escuchar, para que la verdadera humildad se removiera en las conciencias que aún quedaran, por mínimas que fueran, deteniendo así el estallido de odio, violencia y rechazo. Teníamos que levantarnos.

Miré el micrófono y me coloqué los auriculares donde podría escuchar a la perfección a Daniel Molloy desde la cabina. Él sería el encargado de darme paso y de ofrecerme soporte técnico, pero en aquellos reducidos metros de aquella emisora, la cual se difundía por Internet casi al instante, sólo estaba mi alma mezclada con el ser que se hallaba en cada uno de nosotros, ese que nos hacía hermanos de Sangre y destino.

Tras un incómodo silencio, de apenas unos segundos, comencé a hablar. Tenía un tono de profunda consternación, pero a la vez poseía matices de esperanza. ¿Por qué iba a hacer aquello si carecía de ella? Tenía esperanza y mi esperanza era muy valiosa. Jamás me rendía y no podía permitir que el mundo entero se postrara ante ese sentimiento de indefensión y pérdida.

“Queridos hermanos y hermanas...

Me dirijo a vosotros sin importarme cuál sean vuestros orígenes, raza o lugar en esta vida. No me importa si sois huraños por naturaleza o porque así lo decidió alguien más. Os hablo de todo corazón e intentaré ser lo más conciso posible. Sé que son tiempos duros. Aún hoy nos estamos adaptando a la verdad que os he ofrecido en una de mis últimas aventuras, así como en las restantes que irán apareciendo con el paso de los años. Estoy aquí para todos vosotros, para cumplir mi misión en este mundo cada vez más perverso. Ya poco queda del jardín salvaje que una vez observé, aunque los fallos son los mismos pero multiplicados por millones.

Desconozco si todos habéis leído “Memnoch el Diablo”. No soy vuestro profesor de literatura para obligaros a ir a una biblioteca, librería o aplicación de móvil para descargar la dichosa obra o encargarla por Internet. Ahora todo es más fácil, ¿no es así? Podemos acceder a la información que está al alcance de nuestras manos. De hecho, y muy posiblemente, la mayoría está escuchándome desde una de esas aplicaciones para emisoras de radio.

Todo está al alcance de un pequeño click, movimiento de dedos sobre una minúscula pantalla o simplemente ante las emisoras nacionales o internacionales. Y ya no sólo de radio, también de televisión o prensa. En mi época la prensa tardaba semanas en hacerse eco de lo ocurrido en otros países. Por no decir meses o años. Las revistas científicas no existían y los periódicos no estaban al alcance de la mayoría. Por así decirlo, todos ansiábamos saber leer y escribir, pues sabíamos que era la puerta a otro mundo, pero carecíamos de oportunidades de ir a educarnos. Sin embargo, cuando tuve estos increíbles poderes pude apreciar un buen libro, deleitarme con una poesía y leer algunas obras de teatro que me parecieron sobrecogedoras tanto como en los escenarios. Lloré leyendo algunas obras que se consideraban prohibidas y me empapé de la supuesta historia que poseíamos los vampiros allí donde me movía. Amé la cultura, amé la educación privilegiada que estaba asumiendo.

Mi madre siempre intentó que me interesara por averiguar qué había más allá de mis narices, leyó para mí hermosos poemas y me indicó qué libros debía leer desde que comprendió que era capaz de leer, escribir y asumir nuevos idiomas con una velocidad de aprendizaje pasmosa. Desde entonces y hasta ahora la cultura ha cambiado mucho. Como he dicho podéis acceder rápidamente a cualquier aplicación y adquirir periódicos, canales de noticias, libros, obras de teatro y cine. ¡Oh! ¡El cine! Ha hecho grandes cosas y otras horribles, como destrozar películas, ¿no es así? Pero ha asumido el riesgo de hablar de guerras y violencia. Tal vez por eso nos hemos insensibilizado, ¿no?

La violencia es el pan de cada día en nuestra cultura. Ya no se ve como una tragedia, sino como un ritual habitual. La ambición de los más poderosos llevada a la pantalla es inferior a la real que vivimos a diario. Nos levantamos saturados de odio, ira, indignación y luego nos adormecen hablándonos de lo magníficos que son los grandes supermecados, que debemos ser consumistas para que las industrias funcionen y malgastemos nuestro tiempo de vida en objetos que no necesitamos. Os dicen que los móviles quedan obsoletos en menos de un año, os inculcan que la ropa debe ser barata porque las modas duran poco y no pensáis de dónde sale tanto desastre. El medio ambiente muere a pasos agigantados, las guerras por petróleo, ingrediente fundamental en esta sociedad más allá de alimentar los motores de los contaminantes vehículos que tanto amamos, se suceden y os dicen que es en nombre de un Dios y de la libertad misma. Mienten, mienten y mienten.

Habláis de terrorismo radical islámico, pero olvidáis las víctimas por atentados a manos de judíos o cristianos. Señaláis al “diferente” como culpable de hurtos sólo por tener un color distinto de piel, pero quizá ni siquiera ha sido él. Veis cargas policiales en manifestaciones y es tan “normal” que ni os eriza el vello de la nuca. Asumís que las muertes de niños, ancianos, mujeres y hombres jóvenes es normal en una guerra. Creéis que las guerras son de hace cinco o seis años, cuando estas se iniciaron justo en la Segunda Guerra Mundial. Porque sí, en algunos países esta jamás desapareció y prosiguió acallada para que los demás durmierais cómodos en vuestras camas, sintiéndoos seguros, y creyendo que habíais salvado el mundo.

Volviendo al libro que os mencioné... ¿Recordáis el Sheol? El lugar donde las almas purgaban sus penas y buscaban una “absolución” a sus malas conductas. Allí lloraban soldados de ambos bandos aferrados unos a los otros, asumiendo que habían hecho un mal innegable, sólo porque hacían lo que otros les dijeron que estaba bien. Esos sois vosotros. Sois solados de las multinacionales que os dicen qué pensar por medio de los gobiernos. No os movilizáis lo suficiente, pues es demasiado cómodo quejaros en redes sociales y echarles las culpas a otros.

Aún dividís. Dividís en géneros, promulgáis machismo encubierto en “feminismo radical”, hacéis propaganda racista al decir que “como son musulmanes...” y no sabéis siquiera diferenciar verdad de manipulación. Os alimentan con odio, rechazo, blasfemias y muchos lo solventáis cantando saetas a figuras que Dios mismo exige que no construyáis. El racismo está cada vez más en boga, aunque se camufla con la consigna de “nosotros primero”, ¿quiénes sois vosotros? Somos una mezcla. No hay un pueblo que sea cien por cien originario del lugar donde “nacen” sus ciudadanos. Las banderas, las fronteras y los muros son política. Política de ricos para dividir a los demás.

Detened esta locura. Salid a las calles y exigid responsabilidades por las armas vendidas a unos y otros para masacrarse. Esto no es el inicio de una Tercera Guerra Mundial, es la Segunda Guerra Mundial avivándose de nuevo. Dejad de denigrar a vuestras mujeres, pero también a vuestros hombres. Mostrad vuestros sentimientos más honorables sin tapujos, sobre todo a vosotros los “machos” que debéis asumir que sois más “fuertes” mostrando quienes sois que ocultando todo en un machismo desproporcionado. Sois iguales sin importar vuestro género, sexo o sexualidad. Dejad de insultar y vejar a transexuales, bisexuales, lesbianas, gays, intersexuales o pansexuales. Dejad eso. Unid vuestras manos sin importar el color de piel, el lugar de nacimiento, la cultura o el acceso a educación. Gritad sin importar el idioma que tengáis o que conozcáis. Gritad unión. Somos Tribu. No hay “nosotros y ellos”. Hay un simple nosotros. Nosotros tenemos que asumir la paz, el amor y la libertad por encima del odio, el miedo y la desesperanza.


No importa si me escuchan dos o tres personas, si sólo una es quien acepta este mensaje, pues al menos sé que he hecho lo correcto. Al menos he avivado la conciencia de alguien que hacía años que no la usaba.”

sábado, 8 de abril de 2017

No abras parte I y II

NO ABRAS 



PARTE I


Sentado frente al televisor comencé a ver la masacre que ocurría al otro lado del mundo. Observé como un gas silencioso se llevaba la vida de decenas de personas, donde casi una treintena eran niños, y entonces comprendí la furia intensa que había en Akasha. Ella, tan poderosa, frente a un pequeño televisor que escupía terribles masacres en otros puntos del mundo, diciéndole que todo aquello era lo que el ser humano actual creía correcto y que lastimosamente nadie detenía. Era lógico que se alzara para aplastarlos como si fueran insectos asquerosos que destruyen sus cosechas.

Amel gimió de dolor. Pude apreciar que todo aquello le horrorizaba. El mismo espíritu que una vez azotó a gran parte de los vampiros, la mayoría jóvenes, logrando que los más antiguos destruyeran vidas inocentes. Ese mismo. Gemía de dolor ante las imágenes que la televisión nos mostraba.

Me llevé las manos al rostro absolutamente horrorizado. Temblé de pies a cabeza y eché mi cuerpo hacia atrás. Estaba tan consternado que no sabía cómo aceptar todo lo que veía, pues era tan terrible que deseaba creer que era una película o un error. Pero no. El error era esa guerra, como tantas otras que azotan aún otros lugares escondidos en África, y Francia estaba participando en ella. No lo hacía porque hubiese sufrido el “terrorismo” de cuatro fanáticos, sino porque habían sido colonia después de la II Guerra Mundial y habían osado ser libres. Ahora requería de nuevo ese espacio para los hidrocarburos. Todo era el petróleo.

Giré mi rostro hacia un pequeño calendario que Rose había hecho con hermosas instantáneas de cuando era una niña, añadiendo algunas de Viktor, antiguas de Mojo y varias de Louis. Era un hermoso regalo demasiado práctico que no dudé en colgar en un lado de mi sala de descanso. Observé la fecha y suspiré. Ya era casi pascua. La Semana Santa comenzaba en unos días. Pronto miles de personas recordarían a su mártir y entonarían canciones, vítores y consignas por un hombre que fue injustamente condenado. Muchos de ellos odian ahora al diferente, tienen miedo al musulmán, y señalan Siria como un foco de terrorismo radical. La mayoría se ha olvidado de la guerra santa emprendida por los cristianos, de la expulsión de musulmanes y judíos de tierras españolas despojándolos de todo, de la humillación que se hizo con ellos al obligarlos a ver reducido su territorio en el conflicto de Israel y Palestina, y otras tantas cosas que no tienen disculpa.

Sentí que volvíamos a la época medieval, esa que ni yo mismo viví, donde se castigaba al musulmán e incluso a quien tenía rasgos árabes. Se decía que era un infiel, se le condenaba a ser expulsado como se expulsan a muchos indocumentados y se les humillaba o aniquilaba. Igual que en aquellas épocas se usaba el fuego ahora se usa un gas silencioso. Las guerras por fe pasaron a ser guerras por petróleo, pero se camuflan bien y la ciudadanía estúpida lo cree de ese modo.

Entonces unos golpes en la puerta. Unos que hicieron que me incorporara de inmediato. Nadie llamaba así y menos a esas horas. Louis tenía llave de ese pequeño apartamento en París. Era su propio refugio. Habíamos decidido trasladarnos algunas noches a la ciudad, pero él se había marchado porque quería revisar varias de sus empresas en persona.

Un olor vino a mis recuerdos y agitó aún más a Amel. Este no hablaba, sólo farfullaba palabras ininteligibles debido al dolor de las imágenes de guerra. Sin embargo, habló pronunciando un nombre que me heló la sangre: Memnoch.

—Memnoch. No abras. Es Memnoch. Aunque él puede entrar en tu morada sin que lo atiendas—dijo sorprendido y asustado.



PARTE II


Me sorprendió que Amel pudiese saber quién era. Había intentado por todos los medios que me proporcionara cierta información sobre lo ocurrido en aquellos días tan aciagos. No logré nada. Él decía que no podía confirmarme que fuese un espíritu tan fuerte, o incluso más, que él. Por mucho que busqué en viejos libros e informes de Talamasca no hallé nada. Sólo había una carpeta minúscula en uno de los archivos online de la Orden. Allí había algunas imágenes de la capilla donde decidí descansar, sendas indicaciones de lo ocurrido en días posteriores y reseñas al libro que también podía adquirirse de manera gratuita en diversos enlaces.

Ese monstruo surgido de mis pesadillas y cavilaciones juveniles ya no me impresiona o aterroriza. Únicamente me desconcierta. Aquella noche sentí que todo podía tener un final cierto y decidí encaminarme hasta la puerta.

Al girar el pomo y tirar de esta hacia mí encontré a un joven de aspecto similar al que una vez conocí. Sus cabellos eran más claros, su tez algo más rosada y parecía que tenía un rostro algo más viril. Había cambiado su imagen, pero la esencia la sentí idéntica. Tragué saliva mientras él me observaba en silencio. No sabía si era por decoro o porque todavía rumiaba su presentación a esas horas en mi vivienda.

—No lo dejes pasar. No lo invites. Aunque él lo hará de todas formas, pues ya lo conoces—susurró Amel.

—No, no lo conozco—dije en voz alta—. Sólo conozco lo que él ha querido venderme.

—¿Ahora soy un vendedor a domicilio?—preguntó socarrón sin perder detalle de mis facciones—. Eres más fuerte y eso resulta muy atractivo para mí—confesó estirando su brazo derecho hasta mi cuerpo, para alzar un poco su mano hasta mi rostro y palpar mi mejilla—. ¿Recuerdas mi discusión con Jesús?

—Con el supuesto Jesús—indiqué sin apartar sus dedos. Parecían reales, pero ya había estado con otros espíritus que parecían de carne y hueso. Pude ver en él cierta luz y poder que en aquellos días, en los cuales no me fijaba tan detalladamente en esas cosas, no vi.

—Vengo para conversar—dijo.

—La última vez dijiste eso y quisiste retenerme en tu supuesto Sheol—contesté dando un paso atrás.

—Hay más guerras, más hambre, más pobreza, más miseria, más dolor, más angustia y un nuevo líder. Un líder que podría solucionar todo con un golpe maestro sobre la mesa—indicó—. Vengo porque quiero que cambies a otros. La vida te ha cambiado sustancialmente. Ya no eres el mismo. Tienes nuevos poderes y mayor sabiduría. Has aumentado tu potencial y miles de vampiros en todo el mundo te adoran como si fueras un dios—susurró entrando en el apartamento y cerrando la puerta.

Tal como dijo Amel pasó sin que lo invitara. Miró los cuadros, admiró cada trazo y sonrió para sí. Después deslizó sus ojos por las distintas estanterías repletas de libros y se dio cuenta que era un apartamento pequeño, pero sencillo. Un lugar acogedor para pasar los días ensimismados o ensoñando en cada pequeño mundo que es uno de los cuidados ejemplares que Louis conservaba desde hacía años.


—Conversemos entonces—dije.  

sábado, 4 de marzo de 2017

Una noche más

—Te reitero que puedo conocer y comprender bien tus pensamientos y más íntimos deseos.

Su voz reverberó en mi cabeza como si alguien hubiese conectado un equipo de música en ella. Cerré automáticamente los ojos y eché hacia atrás la cabeza en el respaldo de mi butacón. El fuego crepitaba en la chimenea y fuera una horrible tormenta acariciaba los muros de mi castillo. No muy lejos de aquí se hallaba lo que fue el pueblo, el cual estaba siendo reconstruido por puro capricho mío. Hacía unas horas había paseado por sus calles y me detuve en la vieja taberna. Miré el letrero, justo como lo recordaba, y me eché a llorar.

Había vuelto por unos segundos a mi juventud. Era de nuevo un joven de veinte años aguardando su futuro. Pude sentir incluso el peso de mi capa y las botas que me hizo el padre de Nicolas. De inmediato recordé el aroma de aquel hombre joven, de aspecto menudo y ojos castaños. Quise escuchar la melodía del violín atravesando los muros, pero sólo hallé silencio.

—Lo sé—respondí pasados unos segundos.

—Aún piensas en él—me aseguró—. Es una de tus más terribles frustraciones y obsesiones.

Una obsesión que me llevó a aceptar las palabras de Memnoch para viajar al infierno, y posteriormente a los cielos, sólo para encontrarlo. No lo hallé. Ni siquiera sé donde estuve realmente.

—Es posible—susurré colocando mis manos sobre mi pecho. Sentía el corazón muy acelerado.

—Lestat, belleza, deberías enterrar de una vez ese pasado—dijo en confianza.

—Son recuerdos—le reproché.

No quería abandonar también en ellos a mi primer amor. Me negaba.

—Y frustraciones—indicó.

—Sólo quisiera toparme con su alma y pedir disculpas—aseguré.

¿Pero era cierto? ¿Sólo eso? ¿Me conformaría únicamente con eso? Él quería que me torturara la conciencia, que se taladrara mi alma, y que jamás pudiese vivir sin pensar en lo estúpido, egoísta y patético que fui. Merecía un castigo, ¿pero no era ese uno?

—No las aceptaría.

Amel tenía razón. Nicolas no aceptaría unas simples disculpas por sinceras que fuesen.

—¿Así lo crees?—pregunté.

—Sí—respondió de inmediato.


Aún así no dejé de pensar en él durante toda la noche. Esa maldita obsesión jamás se iría.  




Lestat de Lioncourt 

jueves, 2 de marzo de 2017

New York, New York

En alguna parte de Nueva York surgió una conversación. Una de esas que usualmente pasan desapercibidas para el resto de los mortales. O más bien, para la mayoría. Hay inmortales que estarían dispuestos a tener la suerte de escuchar tal diálogo por simple, extraño y rápido que fuese.

—¿Alguna vez piensas sobre las consecuencias de tus actos?—preguntó con las manos metidas en su gabán negro. Sus largos cabellos pelirrojos caían sobre sus hombros y su afilada mirada castaña se enterraba, como si fueran alfileres, en los ajenos. Estaba realmente molesto porque no medía sus palabras, sus actos, sus determinaciones...

—¿Deseas que sea sincero o que te mienta?—dijo tras una risa socarrona.

—Sinceridad, por favor—contestó.

—No—contestó aún jactándose de su valentía, o más bien de su temeridad.

—Lo sabía—murmuró apretando los dientes.

Ambos eran jóvenes y apuestos, pero uno llevaba una ropa demasiado formal para su edad. Uno era rubio, esbelto, con una boca carnosa y unos ojos con distintas tonalidades de azul y violeta. El otro era más bajito y menudo, además el gabán de paño no evitaba ver el Armani gris humo que llevaba bajo este. El desvergonzado rubio tenía el pelo aún más largo y rizado, el cual caía sobre una chaqueta de cuero llena de tachuelas. Uno usaba mocasines, el otro botas típicas de una estrella del rock. Era la guerra entre la ropa formal y la de un bala perdida.

—No del todo. Pienso en las virtudes de comprobar si estoy equivocado o no. deseo experimentar como hizo Frankestein con su monstruo, Jekyll consigo mismo...—argumentaba hasta que fue detenido por su propio reflejo en un escaparate. Se quedó allí callado observando como se reflejaba en el vidrio, pero también dejando que sus ojos se perdieran en los instrumentos que se exponían. Había un violín. Siempre que veía uno recordaba a Nicolas.

—Son casos literarios—respondió tras un largo suspiro.

Retrocedió unos pasos y tiró de su acompañante para que siguiese caminando a su altura. El otro muchacho estaba algo desorientado, pero sólo fueron segundos. Como supondréis uno era Armand le Russe y el otro Lestat de Lioncourt.

—Basados en grandes hombres de la ciencia que comprobaron sobre su propia persona, o todo lo que tenía a su alrededor, la certeza de sus palabras—dijo.

—Locura—masculló el pelirrojo.

—Ah, sí. ¡Y sienta bien!—alzó los brazos soltándose del fuerte agarre de su contrario, su adversario, su amigo y uno de los personajes principales en su vida. Armand siempre había estado ahí.

—Al parecer es en lo único que piensas. Piensas en tus locuras y en lo bien que quedan en tu hoja laboral—rechistó arrugando su nariz.

—¿Acaso tú no piensas en tus proyectos de alquimia? Sé que aún adquieres aparatos electrónicos para revisar su funcionamiento y realizar experimentos poco sensatos—respondió entre risotadas Lestat, como si fuese algo extremadamente divertido.


—¡Cállate!—gritó.

domingo, 22 de enero de 2017

Príncipe Lestat

Escrito desde mi cuerpo, pero no soy... adivinen.

Lestat de Lioncourt 

Después de décadas de silencio apareció como una estrella del rock convertido en Mesías. Mutó de ser el causante de cualquier gran desastre a ser la fuente de esperanza. Príncipe Lestat se ha convertido en un ejemplo de superación, ruptura de creencias, reformas profundas en el alma y necesitad absoluta de justicia y unión entre los nuestros. El amor yace en cada palabra y es muestra de ello en las distintas relaciones que se encuentran narradas. Es tiempo de encuentros, de sonrisas sinceras, de abrazos fugaces pero intensos, de declaraciones fuertes que te hagan temblar y de abandonar la guerra insensata por la comprensión más intrínseca. Esta es la penúltima aventura ha sido una revolución, aunque muchos no han querido verlo así y se han mantenido fríos al respecto.

Estamos tan acostumbrados a ver muerte, hambre y destrucción en cada cadena de televisión, odio en las calles, desprecio al diferente y a ser sordos ante las plegarias de otros que tal vez esta aventura ha quedado relegada a nada. Muchos tienen el corazón tan congelado como las calles de medio planeta en estos días de duro invierno. Un corazón que ha sido lacerado, humillado mil veces, expuesto a ojos viles y que ahora muestra latidos frívolos y apáticos. Sin embargo, aquí estamos para recordar que la unión hace la fuerza y esta sólo se puede hacer bajo la comprensión, respeto y amor.

Hace tan sólo unos días el mayor ejemplo de persona racista, machista y clasista ha asumido el cargo de mayor responsabilidad en Estados Unidos de América. Un ser que destila odio, venganza hacia los que no piensan como él, asco hacia otras culturas y misoginia. No obstante nos queda esta aventura que nos recuerda que existen milagros, que a los dictadores y tiranos, sean de donde y como sean, terminan aplastados y subyugados por los verdaderos líderes que son el pueblo.

Imaginad que habéis sido convertidos en paria. Igual que Lucifer cuando preguntó demasiado a Dios e intentó ser igual de libre, poderoso e inteligente. Dios, bajo su mandato soberbio, lo desterró y lo aisló. Lestat ha preguntado y experimentado demasiado. Debido a sus numerosos conflictos consigo mismo y el resto se vio solitario. Es un inconformista y un ser demasiado activo. Su mente siempre está filosofando y retándose una y otra vez. Decidió marcharse de Nueva Orleans y caminar por desiertos, junglas, selvas, montañas nevadas y grandes ciudades absolutamente entregadas al consumismo más pueril. Fue de un lugar a otro durante diez largos años. Se olvidó de todo y todos. Quería ser libre. Gabrielle tomó la misma decisión casi al año de vida entre los nuestros. Él siempre buscó el abrigo y consuelo de otros, pero tras las muertes y los desafíos de toda una vida provocó que quisiera tener su rato de pena y soledad. Reconstruyó los viejos dominios de los Lioncourt y se instaló en su castillo de vez en cuando. Entre tanto el fuego arrasaba Brasil, Calcuta y diversos puntos de Europa como Roma. El fuego consumía jóvenes vampiros y locales donde se reunían. Ya no eran tan numerosos como cuando Akasha sembró el terror, pero existían. Los lamentos se multiplicaban y desde la radio se escuchaba un clamor popular: ¡Dónde está Lestat! ¡Dónde están los milenarios! ¡Quién ayudará a los jóvenes! ¡Nos están matando!

Es difícil de asumir que al paria lo necesiten. Es terrible saber que quizá sólo él tiene la respuesta. Un paria que nunca ha sido escuchado, pero que ha sabido escuchar y ver más allá en cada alma. Es posible que por eso muchos desprecien el libro y hayan quedado descontentos. Querrían que el paria siguiera siendo paria y el mundo nunca le agradeciese años de esfuerzo. ¿No es un poco miserable eso? Además, se habla de adelantos científicos para colaborar con los vampiros. ¿Acaso la ciencia nunca ha estado vinculada con los vampiros? La ciencia y la tecnología es lo que siempre ha motivado a Armand. También a otros vampiros. Aunque algunos como Marius desprecia lo frívolo y extraño que puede ser estos adelantos, pese a que ha usado la televisión o la radio para animar las noches de Akasha cuando aún era los más parecido a una figura de mármol.


Bienvenidos todos a la penúltima aventura de Lestat...

miércoles, 3 de agosto de 2016

Atlantida

OOC:

Es cierto que todos nos hemos sorprendido con eso de la aventura acuática de Lestat con la "Atlántida" de por medio. Pero ya avisó Anne Rice que fue por un sueño, por algo que Lestat ya no puede controlar, donde cientos de almas clamaban un poco de paz debido al sufrimiento que vivían. Creo que darle una oportunidad a los espíritus, de indagar qué ocurrió en un lugar comprometido, podría ser interesante y divertido. 

Para lanzar una piedra a su favor, para animar a los Fans que se sienten molestos con esto, hemos decidido hacer un pequeño fic. 

Gracias por todo.

Lestat de Lioncourt, El Jardín Salvaje.


—¿Por qué deseas ir allí?—preguntó David tomando asiento en aquella gigantesca sala de Nueva York.

Todos estábamos de nuevo reunidos, aunque ahora no teníamos una preocupación tan terrible como la última vez. Solía reunirme en pequeños comités, enviar comunicados por carta, telegrama o correo electrónico. Sin embargo, verlos a todos me emocionó. Los había logrado tentar con una carta donde explicaba minuciosamente lo que yo pretendía hacer.

—He tenido un sueño—dije intentando explicarme.

—¿Un sueño? ¡Qué demonios! ¡Yo a veces sueño con monstruos y no voy a ir a mirar bajo las camas y dentro de los armarios de todas las casas de este mundo!—gritó Benji sorprendiéndome. Él amaba las aventuras, pero al parecer le parecía poco sensato todo aquello.

—Benjamín, calma—susurró Sybelle.

—¿Qué? ¡No puedo! Lo admiro demasiado para aceptar esta locura—explicó moviéndose en su asiento bastante inquieto.

—El joven tiene razón—habló al fin Marius—. Lestat, no es algo que debas hacer.

Marius había tomado asiento muy cerca de Armand y Daniel, como si ambos pudieran ser los leones de un Hércules embravecido. Aquellas dos hermosas bestias se rendían a sus pies deseando ser amados. Armand estaba a la derecha y Daniel a la izquierda, pero a la derecha de este se hallaba Pandora y Arjun que intentaba contener una risa nerviosa.

—Vuestra sensatez me agobia...—chisté.

—Hace tiempo leí un libro sobre ese lugar. Es un mito—comentó Avicus sentado a tres asiento a la derecha de Arjun, muy próximo a Flavius y Zenobia.

—Es posible que existiera igual que existió Pompeya—una tímida voz surgió entre todos los presentes. Me sorprendió que él fuese de los pocos que estaban de acuerdo que ese lugar tenía que estar perdido entre las aguas—. De hecho hay quien afirma que ambas ciudades desaparecieron con pocos siglos de diferencia. Eran ciudades de renombre. Durante siglos se olvidó Pompeya, como si jamás hubiese existido y sólo fuese un sueño borroso, pero ahí tenéis los restos. Además... ¿no había una pareja de vampiros milenarios que provenían de esa zona? Vivieron esa tragedia. Lestat conoció a uno de sus creados... ¿Por qué no los buscamos? Es posible que...—argumentó el antiguo esclavo de Pandora jugueteando con su mano derecha entre sus rizos.

—Yo creo que existió—murmuró David.

—¡David, no ayudas de ese modo!—gritó Louis completamente histérico. Sus ojos verdes reverberaban. Su preocupación la conocía bien. Temía que me pasara algo y no era por las consecuencias sobre todos nosotros. Él siempre temía que algo malo me ocurriera porque no sabía vivir sin mí, quisiera reconocerlo o no.

—Louis, por favor... ¡Puede ser una buena aventura!—David insistió.

—¡Véis! ¡Al final sólo David se apunta!—exclamé dando un golpe sobre la mesa.

—Hijo, ¿por qué te gusta hacer siempre el estúpido?—dijo mi madre situada a mi izquierda— ¡Y tú, no le animes!—gritó sermoneando a David que estaba junto a Servaine, la cual se sentaba a la izquierda de esta.

—Padre, ¿podemos ir Rose y yo? ¡Sería como una Luna de Miel!—mi hijo estaba allí emocionado, como cualquier joven vampiro, demostrando que mi sangre era más poderosa que la sensatez que le habían inducido Faared y Seth a lo largo de los años. Estaba frente a mí, con Rose colgada de su brazo derecho y su madre a su izquierda. Ella no había estado en la anterior reunión, pero en esta había decidido invitarla.

—¡Viktor, de eso nada!—gritó Faared sentado al lado de su mejor creación, Flannery Gilman, la mujer con la que tuve a mi hijo.

—¡Viktor!—exclamó de inmediato Seth mirando al muchacho con cierto disgusto. En esa expresión vi a su madre, Akasha, y eso me llenó de nostalgia.

—¡Seth! ¡Faared!—dijo Viktor bastante molesto porque estaban tomando su decisión como si fuese un niño.
—Seth, deja que mi hijo vaya donde quiera. ¡No te comportes como una madre amargada!—al decir aquello su madre se echó a reír, aunque no fue la única. David también se reía junto con Jesse Reeves.

—Yo digo que es mejor que le dejemos hacer el estúpido. Bueno, más bien los estúpidos. Amel está de acuerdo—intervino Landen acomodando los puños de encaje de su elegante camisa de chorreras. ¡Cuánta elegancia! De verdad Marius le había juzgado mal.

Landen no era el desgarbado que él había descrito ni mucho menos. No era feo y el caro perfume francés que usaba llegaba hasta mi nariz. Parecía un hombre de modales comedidos. Junto a él estaba el fantasma de mi creador, Magnus, siendo testigo de todo y como representante de Talamasca, la oculta tras los ancianos y sus misiones más misteriosas, aunque también se encontraba Tesjamen con esos cabellos blancos y esos ojos de mirada tan profunda.

—Gracias, Landen—dije aliviado.

—No es un piropo—me indicó—. Simplemente creo que es mejor que te demos permiso, que alguien te acompañe y vigile.

—Rhosh, ¿podemos ir?—decía Benedict emocionado.

—¡No!—chistó su rubio y amargado creador. Por un momento vi reflejado a Marius en él, el cual tenía la misma expresión entre preocupación y molestia.

—¡Yo sí voy!—dijo Daniel imitando mi anterior gesto, un golpe en la mesa.

—¡Daniel, por favor!—espetaron al unísono Marius y Armand.

—Iré, descubriré lo que hay allí y haré un libro. Puede que parezca una locura pero estoy conectado a los espíritus. Una oportunidad, por favor. Dejad de burlaros, de sentir miedo y de creer que nada se me ha perdido allí. ¿Acaso no pensáis dar un descanso eterno a todos los que allí estarán aún esperando un momento de tranquilidad? ¿Dónde está vuestra humanidad?—todos guardaron silencio hasta que Bianca sonrió y se levantó tomando la palabra.

—Yo te apoyo, vaya o no contigo. Creo que hay que darle paz a los muertos—expresó antes de sentarse junto a Alessandra que comenzó a aplaudirla. Ah, esas dos mujeres me enamoraban.

—Si necesitas ayuda cuenta conmigo y con tu madre—dijo Sevraine provocando que mi progenitora frunciese levemente el ceño.


—Está decidido. Iré.  

miércoles, 15 de junio de 2016

Quemas... el inicio.

Un poco más de lo que sucedió hace tiempo...

Lestat de Lioncourt


El vehículo se desplazaba a toda velocidad por las calles de Dubái. Hacía algunos días que estaba allí por negocios. Como todo inmortal solía tener algo más que bienes materiales que no producían valor alguno. Él tenía varios concesionarios, fábricas artesanales y diversos negocios centrados en la cultura. Khayman era un hombre honesto y calmado que solía perseguir sueños como cualquier otro. Iba y venía de una jungla llena de árboles a otra cargada de edificios siendo por siempre un guerrero que buscaba la paz, la libertad y encontrarse a sí mismo en cada espejo.

Al llegar a una transitada avenida decidió girar hacia una pequeña calle sin salida. Allí, cerca de uno de los muelles, se detuvo quedando dentro del coche escuchando por primera vez aquella voz que parecía surgir por encima de la radio de su vehículo. Hacía años que Akasha había caído, que el mal parecía haber sido extinguido sobre la faz de la tierra, y que él acudía al templo para yacer al lado de su compañera, amante y amiga Maharet. Pero algo le hizo sentir que no todo había acabado, que pronto habría una lluvia de fuego y horror, y empezó a llorar. Aquella voz le hablaba haciéndole sentir loco como los viejos vampiros que solían ser quemados antes de volverse en contra de todos y todo. ¿Acaso era lo mismo? ¿Estaba perdiendo el juicio ahora que parecía libre?

Salió del vehículo e intentó razonar consigo mismo. La voz insistía. Sólo eran susurros sobre la belleza, la humanidad destruida, los grandes placeres y el dolor. Sobre todo hablaba de dolor. Quería que bañara el mundo con sangre y fuego, que recorriera las calles completamente enloquecido con la furia de un dios, pero él se negaba. La voz replicaba y él se lamentaba. Cayó de rodillas como si rezara ante el Dios cristiano en mitad de una capilla, sintió una sed terrible y sus colmillos hirieron sus labios.

—¡Ya! ¡No puedo más!—gritó.

—Fuego, fuego... la solución a todo es el fuego—susurró riendo bajo como si bailoteara en cada una de sus neuronas.

—¡Cállate!—exigió.

Varios trabajadores de uno de los negocios próximos salieron a comprobar si todo estaba bien ahí fuera, escuchaban gritos de horror y a alguien llorando. Los lamentos del vampiro eran terribles, pero ni uno de ellos logró ver a tiempo su rostro ensangrentado. La luz tenue de la farola apenas incidía sobre la piel blanquecina, literalmente marmórea, del conocido tiempo atrás como “Benjamín del Diablo”. De improvisto ambos hombres estallaron en llamas igual que el almacén donde trabajaban. Khayman se incorporó limpiándose las lágrimas con la manga de su suéter gris y salió disparado en el jaguar con el que había llegado hasta allí.

Aquel incidente lo olvidó, el mundo jamás lo relacionó con las sucesivas quemas y todo quedó como un accidente laboral. Pero La Voz no se cansaría, no se daría por satisfecha, porque era un espíritu que clamaba venganza por el dolor y la soledad que arrastraba.


martes, 10 de mayo de 2016

"Matrimonio"

—¿Dónde has estado?—preguntó incorporándose del sofá.

Había decidido viajar con él a Brasil nuevamente. Quería conocer de primera mano lo que había sucedido en sus calles, pero también deseaba contemplar los frescos que había realizado Marius durante algunos años. Necesitaba contemplar el dolor y la reconstrucción gracias a la labor de los jóvenes que habían regresado al lugar que creían su hogar, aunque muchos de ellos eran extranjeros e incluso de culturas muy diferentes.

Durante varias horas me había mezclado con la cultura local en los mercados nocturnos donde se vendía de todo. Los barrios más lujosos tenían aún las tiendas abiertas cuando inicié mi recorrido, pero me interesaba las zonas más humildes donde muchos vampiros se refugiaban buscando a los criminales más buscados porque era fácil deshacerse de sus cuerpos. Nadie preguntaría por ellos, los buscaría o lloraría. También porque en esas zonas, algo alejadas de los grandes bullicios turísticos, había estado pintando Marius en las viviendas abandonadas por riesgo de derrumbe o porque eran fumaderos de crack para los drogadictos habituales.

Me marché sin decir nada. Louis creyó que tardaría como mucho un par de horas, pero había sido casi la noche completa. Conversé con varios muchachos de tan sólo unas décadas y me pidieron autógrafos como si fuese nuevamente una estrella del rock. Me reí al escuchar aventuras que ni yo mismo había vivido, pero que ellos creían que eran reales y que otros le habían dicho que yo había contado. Fue bastante agradable descubrir que alguna de las pinturas de Marius persistían y no habían sido mancilladas por la acción de otro artista.

—He visitado algunas zonas que habían sido destruidas por Khayman y sendas revueltas—respondí sacándome la guayabera que había comprado nada más llegar. Era de lino y bastante fresca. Un clima tropical como el brasileño siempre me fatigaba.

—¿Por qué no he ido contigo? No me has avisado—dijo clavando sus esmeraldas en mí con una rabia indescriptible.

—Porque nunca has deseado verme cazar y tú jamás me has esperado. Pensé que...—murmuré.

—¡Pero ahora es distinto! Ya no es igual...—se acercó a mí rodeándome el cuello dejando que sus brazos se apoyaran en mis trapecios—. Tengo miedo que algo malo ocurra.

—¿Qué puede pasar? Amel está de mi parte. Tanto él como yo hemos estado observando como se está reconstruyendo algunos grupos de vampiros. Hemos entregado una guía para no levantar sospechas creada por Gregory y Armand, así como un paquete de normas básicas elaborado por Marius—expliqué—. No hay nada malo.

Tenerlo de ese modo me preocupaba. Posiblemente había asumido ya sus pecados, sus mentiras y el profundo cambio en las relaciones que ahora teníamos. Ya no éramos considerados monstruos alejados de la sociedad, introducidos en un mundo de horrores indescriptibles sin vuelta atrás, y comprendíamos al fin que podíamos ser tan humanos como cualquier mortal. Sin embargo, él seguía siendo el más humano de todos en muchos aspectos y temblaba bajo el simple roce de mi cuerpo contra el suyo.

—Quiero casarme—dijo.

No esperaba esas palabras tan sinceras y directas. No había buscado una frase sutil que me hiciese pensar en el matrimonio o no había explicado brevemente su deseo. Simplemente lanzó el dardo dejándome sin saber qué responder.

—Deseo casarme—repitió de forma distinta por si no le había prestado atención.

—Louis, me enamoré de ti nada más verte. Supe que comprometía mi alma, mi tiempo, mi historia y todo lo que era y sería por la belleza que poseían, y que aún poseen, tus ojos verdes. Estos ojos que son terriblemente sinceros y dramáticos, los cuales expresan mil veces más que tus labios que a veces ocultan la verdad con una sutileza propia de un gato. Te has convertido en lo más importante en mi vida, en una piedra que siempre está en mi camino para que tropiece mil veces, y en lo único que pienso cuando siento que mi vida peligra. Temo morir sin volverte a ver. Siempre he temido no tenerte a mi lado o no poder ir a buscarte para que calmes mis demonios. Porque tú, rey de todos los demonios de este mundo, eres el único que logra alejar los infiernos de la soledad, el miedo y la desesperanza. No dependo de ti, como tú tampoco dependes de mí, pero no sabría imaginar un mundo en el que tú no estuvieras. Dices que si hubiese un Dios yo lo sería, del mismo modo que sería el único demonio al que rendirías culto. Pero, ¿no eres eso tú para mí? No puedes imaginarte cuánto te amo y te necesito, pero creo que una boda es innecesaria—respondí provocando una mezcla de sentimientos que terminaron siendo expresados con un llanto silencioso.

Hice que llorara de felicidad y tristeza. Él estaba seguro que aceptaría una boda. Pero, ¿para qué? Le brindaba mi compañía y asumí que eso era lo único importante. Un matrimonio es algo más que una firma en un papel y eso ya lo teníamos. Incluso discutíamos como tal sin necesidad de una ceremonia llena de esperpéntica simbología sobre el amor. El matrimonio no estaba hecho para mí ni para él.

—Eso es un no—dijo apartándose de mí de inmediato.

—Louis... —susurré—. ¿No somos un matrimonio? Piénsalo. Hicimos nuestros votos matrimoniales hace siglos—dije notando que se daba la vuelta para encaminarse a la puerta. No iba a permitir que se encerrada en el dormitorio de ese hotel. No iba a asumir mi derrota—. Detente—mascullé con cierta furia agarrándolo de los brazos por encima de los codos—. ¿Acaso no ves cuánto te amo?

—Sólo veo que no quieres hacer algo que me hace feliz.

—Louis, por el amor de Dios, he jurado ahora mismo estar a tu lado eternamente. ¿Qué más da unos malditos votos?—pregunté apretando suavemente sus brazos con mis dedos.

—No lo sé... —dijo rompiendo a llorar.

—¡Maldita sea! ¡No llores!—gruñí agitándolo suavemente—. ¡Quieres dejar de hacerlo!

—Siento que no soy tan importante porque le has jurado amor a tantos... ¿cuántos han sido en las últimas décadas?—preguntó dejándome mudo.

Era cierto que era renuente en mí decir “Te amo” con cierta facilidad, pero era porque el amor lo veía como algo importante en mi vida. Deseaba sentir el amor y el respeto de cientos, pero había distintos tipos de amor y el suyo era el único. Podía amar a muchos amigos humanos que desconocían quien era yo realmente, a compañeros inmortales, a creaciones que había realizado con suma pasión y necesidad, pero nadie podía comprarse con él. Louis era mi corazón. Mis latidos eran suyos.

—Quiero ser especial—susurró con la voz quebrada.

—Ya lo eres—respondí llevando mis manos a sus mejillas para limpiarlas.

—No me siento especial. Creo que un día te cansarás de discutir conmigo y huirás de mi lado—se aferró entonces a mis brazos desnudos buscando quizá refugio—. Temo que nos convirtamos en Marius y Pandora.

—¿Por qué crees eso? Louis, por favor...—susurré esperando una respuesta, pero él sólo se aferró a mí—Louis... dime...—dije abarcándolo con mis brazos mientras sentía sus lágrimas salpicar mi torso.

—Veo a Rose y Viktor tan cercanos, con ideas de formar algo más que un camino juntos, y siento una envidia asombrosa hacia ellos. Quisiera volver atrás en el tiempo y disfrutar de nuestros primeros años con todo lo que conocemos ahora. Podría asumir los riesgos de una forma menos caprichosa y dramática, aprendería más de ti y de tu fortaleza, no te juzgaría como lo hice y sobre todo, al menos eso creo, sería más feliz—suspiré escuchando esas palabras tan estúpidas pero a la vez importantes. Me estaba abriendo su corazón como no hacía en mucho tiempo, pero se equivocaba.

—Louis, ¿cuántas veces he ido a por ti? ¿Cuántas veces te he buscado y dado todos tus caprichos, cubierto tus necesidades y asumido el riesgo de tus celos?—mis manos acariciaban sus largos cabellos negros enredándose momentáneamente entre sus ondulas—. ¿Cuántas veces te he dicho te amo sin necesidad que tú lo dijeras primero? ¿Acaso no eres mi corazón?

—Pero te he hecho daño... te he juzgado... —dijo.

—Ah... ¿y yo no? Nadie es perfecto, Louis. Todos cometemos errores, pero los errores que hemos cometido juntos los desearía cometer mil veces porque eso nos ha fortalecido y ha hecho que comprendamos que no somos perfectos—tomé su rostro entre mis manos le miré a los ojos perdiéndome en ellos, ahogándome en esos prados tan salvajes y profundos, para luego sonreír como el idiota que soy—. Si quieres en un futuro podría planteármelo, pero ahora lo veo tan absurdo... Hay cosas más importantes que una boda que no necesitamos. El amor no se define por un papel, por un anillo... si quieres puedo comprarte un anillo de matrimonio y colocarlo en tu dedo, para que luego tú hagas lo mismo con uno similar. Puedo hacerlo. Necesitamos papel porque lo nuestro es un matrimonio desde que yo acepté que te amaba con toda mi alma.

—En el cajón primero de mi mesilla de noche hay dos anillos de boda...

—¡Louis!—dije entre carcajadas.


Desde aquel día llevo ese dichoso anillo de aspecto simple aunque en su interior tiene nuestras iniciales y el año en el cual lo transformé en lo que somos. Asumo que para para ambos ha sido un alivio. Él ha tenido algo similar a lo que quería y yo he dejado de escuchar sus quejas al respecto. De momento me he librado de algo tan tedioso como la palabra “matrimonio”.  


Lestat de Lioncourt 

jueves, 28 de abril de 2016

La Voz de la Tribu- Inicio de ciclo - Viktor

De nuevo regresamos con "La Radio de Benji" con su programa "La Voz de la Tribu". Como sabéis se transcribe gracias a Daniel Molloy. 

Lestat de Lioncourt 






Cada ciertos meses decidía hacer largos viajes por todo el mundo. Recorría las ciudades que más le interesaban o sitios donde jamás había estado. Quería conocer de primera mano algunas de las historias que le narraban sus oyentes. Durante algunas semanas pateó la India y aspiró el aire cargado de especias y flores de muchas de sus calles, barrios y plazas. Visitó algunos locales que aún estaban ennegrecidos y destruidos por la terrible actuación de Amel cuando tomó posesión, casi absoluta, del sosegado Arjun. También estuvo en Egipto tocando los muros de muchas de las pirámides, descifrando su verdad gracias a un joven vampiro que decidió hacer de guía y permitió que le contara lo que él había visto durante los siglos que tenía de vida. Sin embargo la radio debía volver a sonar con noticias frescas y hallazgos únicos.

La primera emisión de la noche sería impactante para muchos. Algunos aún no creían que fuese posible que existiera un vampiro idéntico a Lestat, con su misma genética y que pudiese llamar “Padre” a Lestat. Era un nuevo discípulo de Marius, pero también fue educado por el hindú Fareed y el Seth, hijo biológico y de La Sangre de Akasha, que habían obrado el milagro junto a una joven e intrépida científica que jamás se dio por vencida. Su nombre era Viktor y había aceptado llevar el apellido de su padre con cierto orgullo.

Ya había pisado la radio en otras ocasiones aunque la mayoría como espectador. Viktor quería formar parte de la élite nocturna, de los vampiros o Hijos de las Tinieblas, desde que comenzó a comprender que todo su mundo se basaba en ello. Había vivido de noche, prácticamente aislado en un búnker, gran parte de su vida.

Cuando observabas a Viktor veías a un joven formal de ojos rebeldes y tras saber su procedencia, su historia y genética, comprendías que iba a traer savia nueva a un árbol que parecía necesitar rejuvenecerse pese a todo. Tras una gran desgracia siempre venía una calma de un periodo floreciente. Rose, la hija adoptiva de Lestat, era su compañera y amante. El amor de ambos era el símbolo de poder salvar cualquier problema gracias a la fuerza de un amor inquebrantable.

Benjamín se encontraba sentado en una nueva mesa redonda, para nada la típica cuadrada de patas de hierro. Había adquirido mobiliario especial con sillas más cómodas, mejores micrófonos y una mesa especial que estaba llena de carpetas que pertenecían a Talamasca. Gremt iba a permitir cierta colaboración con la radio porque podía ser usada para comunicar a los diversos miembros, así como ejercer ciertas presiones o colaboraciones con otros seres. Estaba vestido de negro riguroso pues hasta su corbata de seda era negra. Frente a él tenía a Viktor vestido con una americana blanca y un jersey fino de cuello alto color marengo. Rose estaba fuera, posiblemente escuchando la radio desde su dispositivo, porque no quería que se sintiera coaccionado a callar ciertas respuestas. Sybelle se hallaba al piano junto a Antoine haciendo un dueto especial. Los dos músicos vestían ropas cómodas aunque elegantes. Ella vestía un traje primaveral blanco cargado de flores y él una simple camisa blanca de algodón y unos tejanos oscuros. Daniel se encontraba en la cabina accediendo a la página web para vigilar el chat en directo que iban a tener y David accedía a la sala para sentarse en la mesa.

Lestat no estaba en Nueva York. Su padre había decidido quedarse en París paseando por sus abarrotadas calles junto a Louis. Hacía algunos años que Francia estaba en guerra con varios países árabes y estaba empezando a sufrir las consecuencias. Él quería estar allí observando la fortaleza de los civiles y notando, con cierta amargura, las mentiras de los políticos.

—Bienvenidos una vez más a “La Voz de la Tribu”. Hoy, en tu radio de preferencia, tenemos a Viktor Lioncourt junto a nuestro colaborador habitual David Talbot que representa la unión especial entre Talamasca y el mundo de las Tinieblas—explicaba mientras se acomodaba su sombrero de ala ancha—. Hemos tomado unas merecidas vacaciones para investigar y poner en práctica ciertos cambios.

—Así es, hemos hecho cambios y nuevos proyectos se avecinan—confirmó David Talbot—. Talamasca ha aceptado la mano tendida y desde ahora estaremos colaborando con sus miembros.

—También hablaremos habitualmente con el equipo científico de Seth y los laboratorios farmacológicos de Gregory—indicó Benjamín.

—¡Y el chat en directo!—añadió Viktor—. Lo siento...

—Como dice nuestro invitado, Viktor de Lioncourt, estaremos constantemente conectados con vosotros a través de un chat. El moderador será Daniel Molloy, nuestro eterno periodista, que tomará nota de vuestras preguntas las cuales pasarán por un filtro y nos llegará a nosotros—explicó con una ligera sonrisa.

¿Cómo no iba a sentirse satisfecho? Había logrado que su radio alcanzara máximos históricos. La aplicación para móvil se había descargado miles de veces en numerosos teléfonos inteligentes. Cualquier ser perteneciente a la Tribu, que en realidad era más diversa de lo que se podía uno imaginar en un principio, estaba conectado esperando noticias que les renovara la fe.

—Comencemos con una noticia sobre Talamasca y empezaremos la conversación con Viktor—intervino David Talbot—. Se precisa que todos los miembros busquen en los archivos intervenciones de espíritus poderosos que hayan sido calificados de demonios. Queremos investigar si existe correlación. Desde hace varias semanas investigo estos sucesos junto a Daniel Molloy, el cual está siendo mi mano derecha en muchas ocasiones, y estoy encontrando ciertos patrones que se han repetido en numerosas partes del mundo y en diversas circunstancias.

—¿Qué temes?—preguntó Benjamín.

—Temo que el supuesto demonio que persiguió a Lestat sea un espíritu tan fuerte como Amel, pero que este desee algo más que poder sentir y experimentar la vida—explicó sin tapujos.

—Hay muchos fantasmas y espíritus—intervino Viktor sin ser invitado—. Yo mismo he visto varios bastante poderosos, pero no me han hecho nada. Sólo querían conversar.

—Sí, muchos sólo quieren conocer o comprender la información que posees y añadirla a la suya, pero hay quienes desean prosperar en este mundo y destruir por placer—informó David Talbot.

Daniel Molloy entonces pidió paso desde la cabina donde tenía un micrófono preparado. El antiguo periodista sacado de los suburbios de San Francisco hizo presente su voz. Era una voz profunda y seductora que cualquier otro hubiese comparado con la de grandes locutores de radio o glamurosas estrellas del cine.

—Hay un miembro de Talamasca que me ha enviado su acreditación vía Fax que quiere ponerse en contacto con David Talbot, pues posee un libro interesante que encontró hace sólo unos días y aún no han catalogado, archivado ni adjuntado. Se encuentra en dirección a Londres para encontrarse en la sede con el nuevo director—explicó mientras daba algunos datos extra—. Sólo ha querido decir que es mujer y que conoce personalmente a David.

—Sólo tres mujeres en Talamasca me conocen personalmente en esa sede de Londres, el resto por desgracia murió hace algunos años—comentó.

—Pues posiblemente sea una de tus viejas amigas poniéndose en contacto. He tomado su número de teléfono y podrás llamarla en cuanto acabe la entrevista—dijo mientras se escuchaban sus dedos moviéndose rápidos por el teclado del ordenador—. También hay una joven que pregunta si Viktor sigue con Rose o está soltero...

—Estoy casado—respondió de inmediato provocando que todos le miráramos.

Lestat no dejaba de coquetear con todo el mundo pero Viktor no. Sin duda alguna era la única diferencia de carácter que tenían ambos, porque eran alocados y entrometidos. La arrogancia era una señal inequívoca de ser un Lioncourt, así como una fuerza espiritual indecible en los momentos más críticos o un deseo insaciable de conocer.

—Viktor, ¿qué es lo que más te ha costado asumir?—preguntó Benjamín.

—¿Qué?—dijo de inmediato para luego guardar silencio. Sus rubias y finas cejas se arquearon y luego fruncieron. Durante varios segundos permaneció callado intentando encontrar las palabras adecuadas, después sonrió y se echó a reír para soltar su pequeño discurso—. Podría decir que arrebatar vidas humanas porque me daría un toque dulce y melodramático como ocurrió con Louis, pero la verdad es que me fascina destruir sueños de la gentuza con la que me topo. La oscuridad siempre me ha parecido seductora así que jamás me ha llamado la atención pasear por el parque a pleno sol, pues además la noche tiene un atractivo que provoca en mí una fascinación absoluta. Si hablamos del sabor metálico de la sangre os diré que he comido cosas peores en tugurios de mala muerte, con dietas de supervivencia al ser estudiante universitario y en viajes por la mitad del desierto. Mi madre no es que fuera una excelente cocinera, ¿sabéis?—se echó a reír para poco a poco mostrar algo de seriedad—. Quizá las reglas impuestas por Marius y mi padre. No comprendo como han aceptado ambos ponerlas. Uno nunca las ha seguido y el otro se ha mantenido siempre firme para quebrarlas una a una. Pero supongo que son necesarias. Tal vez, por encima de las reglas y todo lo que supone ser vampiro, me provocó cierto rechazo estar encerrado. Los búnker han sido mi hogar, lugares bajo tierra donde los científicos desarrollaban sus proyectos y vigilaban el proceso reconstructivo de los tejidos de los vampiros. Sin embargo, ahora tengo que poner especial cuidado con las cerraduras y todo lo que es el asalto de los humanos, y espíritus vengativos, para intentar acabar con nosotros.

—¿Por qué crees que hay humanos quieren destruirnos?—dijo David Talbot.

—Hasta ahora creían que los libros de mi padre, como del resto de vampiros, era literatura fantástica y de terror. No asumían que la historia fuese cierta—contestó—. Ahora están aterrados porque somos algo que no pueden controlar ni comprender.

—¿Te puedo preguntar algo?—intervino nuevamente Benjamín—. ¿Qué te atrajo de Rose? ¿Tal vez su humanidad? Era la primera humana que veías en años.

—He tenido contacto con los humanos porque iba a la universidad, pero la convivencia siempre ha sido limitada. Me sentía como un Tarzán rodeado de vampiros en vez de grandes simios. Ella era mi Jane, mi flor prohibida, mi hermosa compañera de viaje en una aventura sin límites y me enamoró su sensibilidad ante el dolor ajeno, su dulzura, la ingenuidad que la ha envuelto siempre y su historia. Amo su historia—dijo.

—Pero no es una historia del todo agradable—comentó David.

—No lo es. La mía quizás es demasiado fácil—contestó—. Lo he tenido todo salvo a mi padre y ahora lo tengo a él. Es mi amigo, mi hermano, mi compañero de noches eternas de conversación y me ha dado algunos consejos que quizá siga—se echó a reír a carcajadas y negó suavemente con la cabeza—. ¿No es una locura? Lestat dando consejos...

—Tengo otra pregunta—dijo Daniel Molloy—. Una humana pregunta si tu padre está preparado para crear a más vampiros. Ahora está el cupo limitado, ¿pero habrá más? ¿O se limitará?

—Se limitará. Amel sufre demasiado cuando hay muchos vampiros. Él está diluido en todos y cada uno de nosotros, necesita que estemos juntos y no seamos demasiados—aseguró—. No se puede ni debe dar la sangre a cualquiera.

—¿Has seguido tus estudios?—dijo David Talbot quitándose la chaqueta gris humo que llevaba en aquella ocasión.

—Sí, los he acabado en meses. Ahora he decidido aprender recorriendo el mundo como hizo mi padre. He visitado a mi abuela, he conocido a varias mujeres interesantes y fuertes, me he dejado llevar por los consejos de Pandora y he ido a visitar ciertas obras renacentistas de la mano de Marius. Estoy viajando a museos con vampiros que vivieron esos acontecimientos y aprendiendo incluso de la curiosidad de Armand por la tecnología. Todo es llamativo y fabuloso, aunque implica una responsabilidad terrible y una sed que a veces se vuelve insoportable—aseguró mientras se recostaba en la silla—. ¿Algo más? ¿Puedo decir algo?

—No, esas eran las preguntas—contestó Benjamín mirándolo a los ojos—. Pero puedes decir lo que quieras.

—Sé que Mael no está muerto y si está herido debería ponerse en contacto con Fareed. Nuestro equipo científico podría ayudarle a reconstruir la piel dañada y paliar el dolor que pueda sentir en sus extremidades—dijo antes de levantarse—. Voy con prisa y debo irme, pero quiero pedir en directo una copia de todo lo que toque Sybelle y Antoine. Estoy locamente enamorado de su música porque me ayuda a concentrarme y a sentirme en paz. Por favor.

—Lo tendrás—dijo Benjamín.

—Gracias—comentó saliendo de detrás de la mesa para bordearla e ir con el muchacho—. Eres adorable, adorable... como un hermano pequeño—dijo estrechándolo contra él—. Si necesitas algo, sea lo que sea, cuenta conmigo.

—¡Fabuloso!—gritó—. ¡Ahora os dejamos con los músicos en directo!


Nada más apagar los micrófonos David corrió hacia la cabina y tomó todos los datos de la mujer que había intervenido. Su rostro mostraba cierta preocupación. Pensó en una vieja amiga que posiblemente rondaba ya los ochenta años y que no estaba para tener grandes aventuras. Ella era una mujer adicta a la literatura y sólo se movía de la orden para hallar nuevos libros incunables, los cuales restauraba y estudiaba con cuidado. Estaba seguro que era ella.  

miércoles, 13 de abril de 2016

Nuevos tiempos

—¿En qué piensas?—pregunté apoyándome en el barandal de aquella azotea.

Pocas veces había visto Nueva York tan hermosa. Tal vez se debía que ahora podía ver mucho mejor. Era capaz de ver colores que antes pasaban desapercibidos y comprendí que era uno de los regalos que me había concedido Amel. Él tarareaba bajo una dulce melodía que me recordaba a mis desenfrenados meses mortales en París. Podía oler el polvo de las pelucas y el maquillaje en cada tarareo, pero regresaba rápidamente a la realidad dejándome fascinar por las parpadeantes luces eléctricas que apocaban el brillo de las eternas estrellas.

—Esto no ha acabado—murmuró serio con las manos metidas en su elegante pantalón oscuro. Llevaba un hermoso Armani que le sentaba como un guante. Cada vez que lo veía me asombraba. Había amoldado ese rostro a sus viejos rasgos, a sus guiños y su peculiar forma de comportarse. David tenía un nuevo cuerpo pero a la vez parecía ser tan viejo como él. Su alma era poderosa y había luchado encarecidamente por sentirse cómodo en su nueva guarida.

—Ah, eso lo sé—dije quitándole hierro al asunto.

—¿Y no te intranquiliza?—preguntó girando su rostro de hermosos rasgos hacia mí.

Quien lo mirara caería enamorado. Su piel ligeramente oscura, sus ojos profundos, su boca perfecta y ese mentón fuerte le hacían parecer un ser superior a cualquier otro.

—No, sería peor saber que quedan años de paz—respondí casi carcajeándome. Amel se rió guardando silencio para prestar atención a la conversación.

—Vienen nuevos tiempos—aseguró.

—Sí, se ha proyectado una sombra de duda sobre todos nosotros. Ahora sabemos que estábamos más ciegos, más sordos y más mudos que nunca—dije estirazando mi cuerpo hacia delante, encorvando ligeramente mi espalda y dejando mis brazos sobre la barandilla y dejando mi mentón sobre mis manos. Estaba ahí apoyado de una forma extraña fascinado por todo lo que veía. Todo el horizonte parecía un nuevo mundo y yo quería explorarlo como mi madre cuando corría por París dejando libre su alma.

—Vendrán nuevos conocimientos que destruirán todo lo que conocemos—comentó.

—Y es fascinante, ¿no lo crees?—dije incorporándome para sentarme de un brinco en la barandilla. Mis pies quedaron en el aire y moví mis piernas como un chiquillo aburrido. Mis manos estaban aferradas al grueso y frío hierro como si realmente hiciese falta. Yo podía arrojarme hacia el suelo y no morir, pues podría lanzarme a volar como Superman con sólo desearlo... ¡Y sin necesidad de capa o calzoncillos sobre unas estrechas mallas de héroe de cómic.

—Sí, pero esos cambios pueden ser desagradables—aseguró—. ¿Quién te dice que Amel no se vuelva de nuevo en nuestra contra?

—Confío en él—respondí.

—¿Cómo puedes hacerlo?—preguntó colocándose tras mi espalda para introducir sus brazos por el hueco entre mis costados y brazos. Sentí su torso pegado a mi espalda y su mentón apoyado sobre mi cabeza de dorados y revueltos rizos.

—No lo sé—admití—. Tal vez porque he llegado a comprender su dolor porque yo también me sentía solo. Él tiene mucho amor que dar, mucho conocimiento y desconocimiento. Él quiero aprender con nosotros y nosotros queremos aprender de él. Puede que lo que aprendamos no sea útil o puede que sea algo maravilloso. No se sabe. El futuro no está escrito y ahora podemos usar esa frase con mayor rotundidad que antes.

Jamás había sido tan sincero. Quizá volvía a confiar en lanzar todo lo que pensaba sin filtro alguno. Pero era algo que él podía haber visto estos años. Yo no era el ser eternamente jovial, sino un hombre pesimista porque deseaba cambiar el mundo. Los optimistas piensan que todo va bien, que todo es maravilloso, pero yo era pesimista porque jamás me conformaba con todo y siempre pensaba que era horrible lo que tenía. Por eso yo soñaba cosa que según dicen sólo hacen los optimistas. Yo soñaba con conseguir cosas. Tenía una dualidad mi alma escandalosa y eso me hacía sentirme frustrado. Podía maravillarme por cosas pequeñas, casi insignificantes, y sentirme apático ante grandes maravillas. Y desde aquellos días, y por supuesto aún hoy, he aumentado ese ir y venir entre el llanto y la alegría.

—¿Por qué nunca tienes miedo? ¿Qué clase de hombre eres?—preguntó confuso sin entenderme del todo.


—Sí tengo miedo, David—dije—. Tú no puedes notarlo pero por dentro tiemblo de miedo, pero también de ilusión. El miedo no puede ensombrecer esa luz llena de esperanza que hay en mí.

Lestat de Lioncourt  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt