Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 14 de abril de 2017

No abras - FINAL

Cuando llegó el viernes, justo el viernes santo, me senté en aquel sillón a solas. No había nadie más en la radio. Pedí que me dejaran a solas con el micrófono, aunque sentía a Amel algo inquieto. Íbamos a dar una pequeña lección a todos los oyentes, o al menos a quienes desearan quedarse a escuchar, para que la verdadera humildad se removiera en las conciencias que aún quedaran, por mínimas que fueran, deteniendo así el estallido de odio, violencia y rechazo. Teníamos que levantarnos.

Miré el micrófono y me coloqué los auriculares donde podría escuchar a la perfección a Daniel Molloy desde la cabina. Él sería el encargado de darme paso y de ofrecerme soporte técnico, pero en aquellos reducidos metros de aquella emisora, la cual se difundía por Internet casi al instante, sólo estaba mi alma mezclada con el ser que se hallaba en cada uno de nosotros, ese que nos hacía hermanos de Sangre y destino.

Tras un incómodo silencio, de apenas unos segundos, comencé a hablar. Tenía un tono de profunda consternación, pero a la vez poseía matices de esperanza. ¿Por qué iba a hacer aquello si carecía de ella? Tenía esperanza y mi esperanza era muy valiosa. Jamás me rendía y no podía permitir que el mundo entero se postrara ante ese sentimiento de indefensión y pérdida.

“Queridos hermanos y hermanas...

Me dirijo a vosotros sin importarme cuál sean vuestros orígenes, raza o lugar en esta vida. No me importa si sois huraños por naturaleza o porque así lo decidió alguien más. Os hablo de todo corazón e intentaré ser lo más conciso posible. Sé que son tiempos duros. Aún hoy nos estamos adaptando a la verdad que os he ofrecido en una de mis últimas aventuras, así como en las restantes que irán apareciendo con el paso de los años. Estoy aquí para todos vosotros, para cumplir mi misión en este mundo cada vez más perverso. Ya poco queda del jardín salvaje que una vez observé, aunque los fallos son los mismos pero multiplicados por millones.

Desconozco si todos habéis leído “Memnoch el Diablo”. No soy vuestro profesor de literatura para obligaros a ir a una biblioteca, librería o aplicación de móvil para descargar la dichosa obra o encargarla por Internet. Ahora todo es más fácil, ¿no es así? Podemos acceder a la información que está al alcance de nuestras manos. De hecho, y muy posiblemente, la mayoría está escuchándome desde una de esas aplicaciones para emisoras de radio.

Todo está al alcance de un pequeño click, movimiento de dedos sobre una minúscula pantalla o simplemente ante las emisoras nacionales o internacionales. Y ya no sólo de radio, también de televisión o prensa. En mi época la prensa tardaba semanas en hacerse eco de lo ocurrido en otros países. Por no decir meses o años. Las revistas científicas no existían y los periódicos no estaban al alcance de la mayoría. Por así decirlo, todos ansiábamos saber leer y escribir, pues sabíamos que era la puerta a otro mundo, pero carecíamos de oportunidades de ir a educarnos. Sin embargo, cuando tuve estos increíbles poderes pude apreciar un buen libro, deleitarme con una poesía y leer algunas obras de teatro que me parecieron sobrecogedoras tanto como en los escenarios. Lloré leyendo algunas obras que se consideraban prohibidas y me empapé de la supuesta historia que poseíamos los vampiros allí donde me movía. Amé la cultura, amé la educación privilegiada que estaba asumiendo.

Mi madre siempre intentó que me interesara por averiguar qué había más allá de mis narices, leyó para mí hermosos poemas y me indicó qué libros debía leer desde que comprendió que era capaz de leer, escribir y asumir nuevos idiomas con una velocidad de aprendizaje pasmosa. Desde entonces y hasta ahora la cultura ha cambiado mucho. Como he dicho podéis acceder rápidamente a cualquier aplicación y adquirir periódicos, canales de noticias, libros, obras de teatro y cine. ¡Oh! ¡El cine! Ha hecho grandes cosas y otras horribles, como destrozar películas, ¿no es así? Pero ha asumido el riesgo de hablar de guerras y violencia. Tal vez por eso nos hemos insensibilizado, ¿no?

La violencia es el pan de cada día en nuestra cultura. Ya no se ve como una tragedia, sino como un ritual habitual. La ambición de los más poderosos llevada a la pantalla es inferior a la real que vivimos a diario. Nos levantamos saturados de odio, ira, indignación y luego nos adormecen hablándonos de lo magníficos que son los grandes supermecados, que debemos ser consumistas para que las industrias funcionen y malgastemos nuestro tiempo de vida en objetos que no necesitamos. Os dicen que los móviles quedan obsoletos en menos de un año, os inculcan que la ropa debe ser barata porque las modas duran poco y no pensáis de dónde sale tanto desastre. El medio ambiente muere a pasos agigantados, las guerras por petróleo, ingrediente fundamental en esta sociedad más allá de alimentar los motores de los contaminantes vehículos que tanto amamos, se suceden y os dicen que es en nombre de un Dios y de la libertad misma. Mienten, mienten y mienten.

Habláis de terrorismo radical islámico, pero olvidáis las víctimas por atentados a manos de judíos o cristianos. Señaláis al “diferente” como culpable de hurtos sólo por tener un color distinto de piel, pero quizá ni siquiera ha sido él. Veis cargas policiales en manifestaciones y es tan “normal” que ni os eriza el vello de la nuca. Asumís que las muertes de niños, ancianos, mujeres y hombres jóvenes es normal en una guerra. Creéis que las guerras son de hace cinco o seis años, cuando estas se iniciaron justo en la Segunda Guerra Mundial. Porque sí, en algunos países esta jamás desapareció y prosiguió acallada para que los demás durmierais cómodos en vuestras camas, sintiéndoos seguros, y creyendo que habíais salvado el mundo.

Volviendo al libro que os mencioné... ¿Recordáis el Sheol? El lugar donde las almas purgaban sus penas y buscaban una “absolución” a sus malas conductas. Allí lloraban soldados de ambos bandos aferrados unos a los otros, asumiendo que habían hecho un mal innegable, sólo porque hacían lo que otros les dijeron que estaba bien. Esos sois vosotros. Sois solados de las multinacionales que os dicen qué pensar por medio de los gobiernos. No os movilizáis lo suficiente, pues es demasiado cómodo quejaros en redes sociales y echarles las culpas a otros.

Aún dividís. Dividís en géneros, promulgáis machismo encubierto en “feminismo radical”, hacéis propaganda racista al decir que “como son musulmanes...” y no sabéis siquiera diferenciar verdad de manipulación. Os alimentan con odio, rechazo, blasfemias y muchos lo solventáis cantando saetas a figuras que Dios mismo exige que no construyáis. El racismo está cada vez más en boga, aunque se camufla con la consigna de “nosotros primero”, ¿quiénes sois vosotros? Somos una mezcla. No hay un pueblo que sea cien por cien originario del lugar donde “nacen” sus ciudadanos. Las banderas, las fronteras y los muros son política. Política de ricos para dividir a los demás.

Detened esta locura. Salid a las calles y exigid responsabilidades por las armas vendidas a unos y otros para masacrarse. Esto no es el inicio de una Tercera Guerra Mundial, es la Segunda Guerra Mundial avivándose de nuevo. Dejad de denigrar a vuestras mujeres, pero también a vuestros hombres. Mostrad vuestros sentimientos más honorables sin tapujos, sobre todo a vosotros los “machos” que debéis asumir que sois más “fuertes” mostrando quienes sois que ocultando todo en un machismo desproporcionado. Sois iguales sin importar vuestro género, sexo o sexualidad. Dejad de insultar y vejar a transexuales, bisexuales, lesbianas, gays, intersexuales o pansexuales. Dejad eso. Unid vuestras manos sin importar el color de piel, el lugar de nacimiento, la cultura o el acceso a educación. Gritad sin importar el idioma que tengáis o que conozcáis. Gritad unión. Somos Tribu. No hay “nosotros y ellos”. Hay un simple nosotros. Nosotros tenemos que asumir la paz, el amor y la libertad por encima del odio, el miedo y la desesperanza.


No importa si me escuchan dos o tres personas, si sólo una es quien acepta este mensaje, pues al menos sé que he hecho lo correcto. Al menos he avivado la conciencia de alguien que hacía años que no la usaba.”

martes, 14 de marzo de 2017

Mentes perversas

Supongo que debemos dedicarle esto a Hazte Oír y a todos los que han muerto en un infierno social que te dice cómo ser, qué sentir, cómo verte en el espejo y que debes agachar la cabeza. Fuerza a todos los que siguen luchando.

Lestat de Lioncourt 



—¿Otra vez?—pregunté al ver sus prendas raídas.

Se había arrancado el vestido que yo mismo había adquirido en una pequeña, aunque prestigiosa, boutique de París. Había viajado hasta allí sólo para conseguirlo. Durante noches pude observar como se ilusionaba por las formas vaporosas de su falda de pliegues, así como por el satén que cubrían ligeramente el torso y ceñía con garbo la cintura. Era negro y resaltaría su piel de porcelana fina. Tenía la espalda descubierta y era muy años veinte. Sabía que lo amaría. Y lo amó, pero duró demasiado poco. Pronto fue destruido.

Su rostro estaba embarrado por las lágrimas, el lápiz de ojos manchaba sus mejillas y sus labios tenía una sonrisa parecida a la de un payaso. Como pudo, con su antebrazo, se había intentado quitar el colorete y el maquillaje tan perfecto que una vez había realzado su divino rostro.

—¿Cuándo sucederá el cambio?—dijo más para sí que para mí.

—La sociedad no está preparada para soportar la verdad—respondí acercándome hasta donde se encontraba. Coloqué mis manos sobre sus hombros y hundí mi rostro en el lado derecho de su cuello. Aspiré su aroma, un perfume caro que también había sido obsequio mío, y rogué porque ese simple gesto calmara su dolor. Fue en vano.

—Jamás lo ha estado, siempre ha tenido prejuicios y muchos de ellos provienen de su religión—contestó apretando los puños hasta dejar blancos sus nudillos.

—Moldean sus mentes, destruyen sus almas, construyen muros invisibles y se creen con la verdad. Si bien, tú eres una criatura perfecta. Te esculpieron para ser una figura adorada por aquellos que realmente encuentran más allá de tus formas, de tu ser, la verdad más pura y maravillosa—respondí.

Y era cierto. La religión era el mayor pecado que podía cometer el hombre. Era un atentado firme hacia su libertad, pero nadie lo veía. Todos seguían creyendo que Dios cumpliría su palabra y los bendeciría al ser iguales. Moldeaban sus mentes, hacían odiar al diferente cuando su mensaje era de amor, y eran esclavos de preceptos caducos y machistas. Todos ellos hablaban de respeto, ¿pero cuál respeto? Escupían a los que como Petronia habían nacido con una mala estrella, la cual les había fortalecido y a la vez puesto demasiadas vallas en el camino.

—Hablan de biología, cuando ni siquiera la biología se centra únicamente en dos sexos—reclamó impotente.

—Sosiega—dije colando mis manos por su cintura. Su cuerpo se hallaba desnudo frente al espejo contemplando sus pequeños pechos, pero a la vez sus dos genitales y sus escasas caderas. Era una especie de símbolo de un dios maldito. Aún así, para mí, era la mayor bendición que existía en mi vida—. Ellos nunca lo entenderán.

—Ni siquiera saben que su religión está basada en la mitología grecorromana—dijo con una risa amarga.

—Petronia...

—Arion, necesito que esta sociedad abra los ojos—parecía que exigía más que pedía en un ruego. Tal vez tras más de dos milenios estaba ya agotando sus fuerzas—. ¿Has visto los delitos de odio? ¿Has visto la muerte de esa pobre chica?—dijo con la voz quebrada—. Aún me duele el suicidio de tantos jóvenes. Y, sin embargo, me toman por alguien impasible y frío. Soy una quimera—rompió a llorar. Odio que rompa a llorar. Algo en mí se quiebra cuando lo hace.

—Eres un ángel—dije de inmediato.

—Soy un monstruo—replicó.


—Entonces eres el monstruo más hermoso que he visto jamás—susurré—. El ser por quien he cambiado y cambiaré todo. La única persona capaz de mantenerme en este mundo consciente—giré su cuerpo y me saqué la chaqueta para cubrir su desnudez. Tenía la piel helada y empezaba a tiritar. No me importaba el maquillaje mal colocado, el pelo revuelto o que el vestido estuviese destrozado. Yo sólo quería que me mirara como en ese momento. Que me mirara con amor y esperanza.  

martes, 22 de diciembre de 2015

Diario de una verdad

He logrado tomar unas páginas del diario de Louis, con su beneplácito, y os lo muestro. Realmente... tiene algo de razón.

Lestat de Lioncourt



18 de Septiembre de 2013

He escuchado su corazón ésta noche, como todas las demás, así como he podido aspirar su fragancia cerca del alfeizar de una de las ventanas del salón donde Sybelle suele tocar para mí, Armand y Benjamín. Ha venido de nuevo, quizás buscando un milagro. Me pregunto porqué no llama al timbre, o usa sus nudillos contra la puerta, porque no me importaría conversar de forma sosegada, intentando dejar atrás el dolor y ser conscientes de todo lo que nos une, sin embargo él parece que se contenta con observarme en silencio.

Tiene un corazón fuerte, con un latido único, que logra hacer temblar al mío. Admito que he suspirado con la idea de verlo frente a mí, abriendo sus brazos e invitándome a estar pegado a su pecho. Un milagro. Pero, no ocurrirá. Es demasiado terco y yo demasiado estúpido.

Ahora, en medio de la soledad cargada de silencio y recuerdos, me doy cuenta lo torpe que hemos sido. Deberíamos compartir nuestro tiempo de otro modo, más allá del rechazo y viejos miedos. Tendríamos que sentarnos, frente a frente, con el firme propósito de no discutir, de recordar lo bueno que hemos vivido y nos queda por vivir. Sin embargo, sufrimos. Sufrimos como siempre lo hemos hecho.

Tengo entre mis dedos uno de los tanto rosarios que me ha regalado. Es de cuentas de amatista negras, unido con eslabones finos de oro blanco y una cruz colocada sobre el centro de un diamante oscuro. Cuando me lo ofreció, guardado en un pequeño saco de gamuza verde botella, sentí un extraño escalofrío. Fue el día que nos separamos de nuevo. El último día que aguardamos juntos las últimas horas de la noche. Recuerdo esa noche entre silencios, dudas y miedos. Armand me esperaba aquí, donde viviría, y él se marcharía buscando el cobijo de sus propios pensamientos.

Creí que sólo sería unos días, quizás semanas o meses, pero ya son varios años. Más de una década nos separa y las visitas están aumentando, aunque no nos decimos nada. Él cree que no sé que ha venido, que ignoro todo lo que hace y deshace, pero es falso. Sufro cuando lo noto cerca y no me habla, busca o escucha. Ha pasado más de cien años, de heridas y trifulcas, y aún nos dejamos la piel del alma en cada mirada y palabra. Nos seguimos amando.


Soy consciente que jamás amaré a nadie más. Acepto que puedo querer, ofrecer consuelo y atentas palabras, pero mi corazón pertenece únicamente a Lestat.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

Revolución

Daniel Molloy habla aquí de los miedos y como evitan revoluciones. 

Lestat de Lioncourt 


Los miedos son un lastre que nos evita seguir hacia delante. Conozco bien la sensación de querer huir y esconderse en una trinchera, esperar que la guerra pase y rezar porque sea rápido. Intentas evadirte, evitar enfrentamientos y lágrimas. Aceptas las explosiones y metralla como algo más de la vida, pero a la vez curas tus heridas alejado de todos y sin queja alguna. Es aceptar unas cadenas que no te pertenecen y terminan hiriéndote en lo más profundo. El miedo es lo peor que puedes tener, pues coartan tu libertad y tu deseo de superarte. Los miedos son asesinos de la creatividad y las mentes brillantes, castigo injusto y peligrosos aliados.

Hay quines tienen miedo a decir lo que piensan porque temen ser castigados con la diabólica soledad. Ésta sociedad te juzga en pocos segundos y te clasifica. Evidentemente es un lugar competitivo y todos quieren ser líderes, aunque no posean cualidades. Nadie quiere ser un borrego más en la manada. Sin embargo, terminamos siéndolo al intentar agradar a otros. Somos animales sociales y buscamos el confort. Aunque hay quienes salen de ese círculo de confort, por mucho que desee ser amado, porque sus mentes son inquietas y aún más sus lenguas. Un claro ejemplo es Lestat.

¿Cuántas veces hemos visto a Lestat quedarse de brazos cruzados ante una posible disputa? Las discusiones son frecuentes, las guerras internas que posee su alma son insaciables y es un monstruo imposible de contener. Ha experimentado consigo mismo y los límites de la eternidad. Sus palabras han movido el corazón de miles, ha logrado inspirar a artistas y ha invocado a seres diferentes de ésta, tuya y nuestra, tribu.

La revolución son actos y palabras, ideas que surgen y germinan en corazones dispuestos a todo. El miedo puede que devore muchos sueños, pero hay soñadores que no permiten quedarse estancados. Siempre habrá alguien que hable mal a tus espaldas, personas sin valores que detesten que tú poseas cierto orgullo y gente sin honor que se dediquen a humillar a otras buscando la fama fácil. Hay quienes se han labrado un nombre en éste mundo gracias a guerras, mentiras y programas de televisión donde despiezan a otros como cadáveres. También tenemos el ejemplo perfecto en páginas de las diversas redes sociales. Actualmente los gobiernos están controlando más y más la información, evitando éstos casos pero también a las personas que intentan abrir una brecha. El problema no es la falta de legislación, sino la falta de educación. Muchos buscan guerras con otros en vez de abrir guerras consigo mismo.


La verdad prevalece, lo justo acaba convirtiéndose en algo esencial y lo demás, que son las mentiras y la falta de honor, acaba destrozando el alma de aquellos que inician miedos, sacuden los cimientos ajenos o provocan aversión. Hay que salvarnos de los miedos y de aquellos que los crean. Debemos olvidarnos de la opinión ajena, sacrificar consejos y arriesgarnos. Quien no arriesga no gana. No se puede vivir con supuestos y remordimientos de no haber vivido lo suficiente.  

domingo, 2 de agosto de 2015

Eros y Psique

Armand necesita amor. Yo lo comprendí hace relativamente poco. Si bien, Marius debería saberlo mejor que yo.

Lestat de Lioncourt

Ahora te veo con otra luz distinta. No eres el dios imponente que tanto admiraba. Te has convertido en un hombre de carne y hueso. Has bajado de los altares de mis sueños, ilusiones vanas y promesas rotas. Quebraste esas hermosas alas que tanto admirabas, me doblegaste y moldeaste con tus ideales, tus golpes y reproches. Me hiciste a imagen y semejanza como si fueses Dios. Me quitaste la sensación de soledad, pero sólo me rodeabas de invisibles barrotes. La protección que me ofrecías era falsa. Las caricias que me diste se convirtieron en un veneno poderoso.

Llevo años esperándote, maestro. Tantos siglos como vida. Mi vida entera ha sido para esperarte, pero me he cansado de ser tu Penélope. He decidido acabar con el telar, he caminado por las ruinas de mis aposentos y he visto la oscuridad ponzoñosa de mi corazón. Soy un ángel terrible que entra en las iglesias y permite que la luz incida sobre sus cabellos de fuego. Todos admiran mi tez clara, mis ojos cargados de un dolor irresistible y me codician como si fuese un hermoso regalo del cielo. Pero provengo de los infiernos. Vengo de los mismos infiernos que tú abriste para mí.

Debería dejar de amarte, pero no funcionan así los sentimientos. Simplemente he permitido que mi pecho se abra, mi corazón lata frente a ti y mi sonrisa se vuelva pérfida. Te amo de una forma retorcida. No soy un bendito. Me has convertido en un cobarde, como tú, y aún así no me compadezco porque sé que no merezco siquiera llorar por mi propio destino. Ya no sé lo que es el amor y desconozco si alguna vez lo supe. Sigo siendo un niño perdido, pero ésta vez no hay luz ni hermosos frescos de lozanos ángeles sonriendo a la Virgen María.

Ya no sé rezar. Ni siquiera sé si alguna vez recé como debía. Tampoco sé soñar, pues mis hermosos sueños se convierten en absurdas pesadillas donde me amas, susurras que me tendrás siempre presente y luchas contra mí como San Jorge contra el Dragón. Tú no eres Eros y yo no soy Psique, pues jamás tuve los hermoso senos que tanto codiciabas en las fulanas de Venecia. Sé que no pisaré tu palacio de mármol, no seré arropado por tus fuertes brazos y jamás me besarás con el amor que tanto decías tenerme.


Y pensar que todavía suspiro por ti, creo en ti y lloro por ti. Haces mi vida miserable, pues sólo un cobarde me negaría todo a sabiendas que sufro por él.  

martes, 7 de abril de 2015

Conóceme de verdad

Debería decirte la verdad, cara a cara, pero prefiero usar las letras porque en éste mundo sigo siendo un privilegiado. Escribirte éstas líneas no hará que el impacto sea menor, el dolor empequeñezca y la verdad no sea veneno. Lamento enormemente tus lágrimas, esa promesa rota y el silencio que te he ofrecido. También he callado para el mundo entero. Caminé por las ruinas del mundo, regresé a los momentos más terribles, palpé lo que fui y lo que soy, observé en mi corazón todas las frases que no dije y finalmente, como no, regresé al principio de todo. Soy la semilla de un árbol oscuro, de frutos amargos y adictivos como el café.

Me conociste con la fuerza de un dios, los ojos de un santo y la imagen de un arcángel. No era más que una criatura nueva, indómita y terrible. Mis colmillos no te asustaron, tampoco el aspecto antinatural de mi piel. Sólo me abrazaste, juraste que me querías y yo te rodeé con el mismo afecto. Te amé intensamente como se aman a las amapolas en medio de un prado. Las contemplas con su pasión, su belleza y su libertad al nacer donde quieren. Te contemplé como una fuerza natural más allá de la verdad, la mentira y los límites de la razón.

He vivido durante años escuchando canciones que me recuerdan a ti, al mundo, a lo que viví o quise vivir, a mí mismo y a los sentimientos más trágicos que he tenido. Lloré por mis muertos, incluso por aquellos que no logré enterrar, y recé a la nada por mi fe vacía, carente de sentido y tan sólida como la de otros. Empecé a creer de nuevo en mí cuando la acción me hizo ser trascendente.

Quizás no te importa nada. Nada en absoluto. Puede que ésta carta sólo altere tu vida. Las disculpas, como siempre, vienen a destiempo. La guerra interna que hemos vivido ha sido terrible. He visto a muchos arder hasta consumirse en cenizas. Temo por la vida de muchos que conocí, los cuales no dan respuesta alguna. No logro hallar a mi hermano y a su querida brujita. Sé que juré que los protegería con mi vida, pero mis promesas a veces se quedan en nada. Te juro que he llorado durante noches recordándote, admirando mi pasado y descubriendo que ya el mundo no es tan hermoso como creía. Algo sucedió. Tal vez fue fruto de una terrible depresión, pero como bien sabes hay que tocar fondo para seguir luchando, buscando la verdad y regresando con más fuerza.


Vuelvo a ser el vampiro que no conocías. Acepta éste ejemplar, léelo con cuidado y conóceme realmente.

Lestat de Lioncourt   

miércoles, 25 de marzo de 2015

Memnoch, ven a mí si quieres

Siempre jugué en la delgada línea del bien y del mal. Aposté a burlarme de la muerte. Fui un insensato durante tantos años que perdí el rumbo de mis pasos. Me adentré en el jardín salvaje con la conciencia tranquila. Sabía que nada ni nadie podría ser más magnífico y terrible que los colmillos de un igual, pero estaba equivocado. Aún a día de hoy siento que mi corazón se agita, mis pupilas se dilatan y mi rostro se vuelve un amasijo entre sorpresa y terror.

El demonio, en persona, me tendió la mano y me agarró con fuerza. Una mano firme, con uñas filosas y áspera piel. Podía oler el azufre rezumando de cada poro. Tuve miedo. Por primera vez en muchos años el pánico cayó sobre mí, y por primera vez creí que no tendría escapatoria.

Hoy desconozco que ocurrió. Sin embargo, ese misterio no pesa sobre mis hombros. El miedo se desvaneció. Permití que el demonio narrase su historia. Acepté sus lágrimas, consolé sus palabras llenas de dolor y huí cuando descubrí que en el infierno me espera cada error que cometí. No sé si he sido justo e injusto, pero soy un pecador confeso. Morir e ir al infierno no es tentador, aunque tampoco lo es ser un santo al servicio del egoísmo de los rezos y salmos de otros.

Me pregunto si el demonio aún me recuerda, más allá de aquel vampiro rebelde que huyó sin mirar atrás. Quizás sea un buen recuerdo que todavía saborea, pero desconozco la verdad sobre su mente. Sólo sé que mi alma quedó torturada y mi camino truncado durante algunos años. Sin embargo, estoy de una pieza y sigo correteando por este mundo, el mundo humano donde el límite del bien y del mal lo impongo yo con mis colmillos.


Si él desea presentarse ante mí una vez más, sea como sea, le estaré esperando más sabio, más fuerte y más desafiante.

Lestat de Lioncourt   

lunes, 9 de marzo de 2015

A Armand

He visto el dolor en sus ojos, sentido la ira de sus palabras y la frustración de su alma. Cuando nos conocimos creí ver un ángel descendiendo desde el altar. Sus ropas oscuras, raídas y polvorientas, contaban los pasos que había dado descalzo por París. Tenía la piel blanquecina como el mármol. Sus ojos poseían un candor distinto. Poseía unas mejillas carnosas, algo sonrojadas, que parecían seducir a cualquier hombre que posara sus ojos en aquella criatura. Pude haberlo llamado sirena y no me habría equivocado. Pero su alma, tan hundida en las tinieblas, no aceptaba la luz que yo irradiaba.

Pronto lo vería en otro momento. Un momento de tinieblas, terror y sacrificio. Las llamas se alzarían y convertirían a ese querubín, el ángel que vi en la iglesia, en un monstruo capaz de cualquier cosa. La magia de sus cabellos rojizos caían sobre la túnica, la cual parecía más oscura, y sus ojos parecían surgir de los infiernos. Pero sólo sería una máscara, otra más, que ocultaría su verdadero ser.

A solas, en una habitación que bien conocía, con el fuego tras nuestras espaldas, vi al ser que realmente era. Era un muchacho eterno, de casi quinientos años, con los labios carnosos y los ojos hundidos en el dolor. Una lluvia triste se deslizaría por su rostro, directo a sus labios, y se convertiría en un mártir a media luz. Deseé abrazarlo, besarlo y adorarlo. Sin embargo, algo en mí lo repudiaba. Ahora, siglos después, comprendo su dolor y el misterio de sus palabras. No puedo negar que siento cierta aprensión hacia él, pero también un amor innegable.


Ninguno de los dos está hecho para llevar la máscara de otros. Somos demasiado apasionados. Hemos tenido muchos encuentros. Hemos enterrado nuestras palabras más crueles el uno contra el otro. Sin embargo, los silencios ahora parecen ser cruciales y las palabras bendecidas. Te diría que te amo, pero tú ya sabes que lo hago.

Lestat de Lioncourt   

miércoles, 20 de agosto de 2014

La verdad

La verdad es un texto reflexivo de Molloy. Daniel a veces nos sorprende a todos. Creo que Armand el primero.

Lestat de Lioncourt 

El tiempo no siempre nos pone a cada uno en nuestro lugar correspondiente. A veces, te topas con sorpresas inesperadas y una serie de momentos que desearías descartar. No son la causa de tu elección, sino algo más. Te señalan a veces como su padre, su mentor, parte de tus costillas y a la vez no los conoces de nada. El tiempo a veces es un pequeño cabrón de bonito aspecto, cuidados modales y deseos de hundirte sólo por mera diversión. He visto el sufrimiento en sus ojos, pero también la codicia y el deseo más infame. Sé bien de lo que hablo. Yo esperaba tener una gran recompensa por haber sacado a la luz el misterio, pero sólo tuve una buena bofetada. No me merecía esto. No.

Mi único oficio no es el de construir casas. Las maquetas son una mera distracción. Es puro humo. Puro deseo de olvidar las palabras que resuenan con fuerza en mi cabeza. También soy un brutal asesino que se complace de elegir a sus presas metódicamente. Me maravilla ver el poder que poseo, sentir la liberación de éste, y a la vez me asusta tanto que termino regresando al loft para conservar un poco de mi humanidad.

Recuerdo que cuando era humano caminaba por las calles pensando que había seguridad. Podían atracarte, llenarte el cuerpo de plomo y morir desangrado. Incluso clavarte una navaja en el cuello sin más. Siempre existieron violadores, asesinos, carteristas y aprovechados. Sin embargo, se pensaba que con buena iluminación patrullas policiales y cámaras de seguridad mantenías a raya a cierto tipo de indeseables. No estábamos seguros. Nunca estuvimos seguros. Jamás lo estaremos. Ni siquiera los vampiros estamos a salvo. Cientos de miles han muerto a manos de Akasha, otro centenar a manos de una voz que repetía que debían morir los más jóvenes. ¿Saben qué es eso? Eso no es paz.


Puedo parecer loco, pero no lo estoy. Sé bien lo que necesito y deseo. En estos momentos sólo quiero el silencio perpetuo. Me gustaría que mi mente fuera una habitación en blanco, vacía por completo, donde se apareciera quizás su figura y me narrara lentamente la historia que hemos vivido. Quiero que él se persone frente a mí y me diga la verdad, pero no lo hará. Ninguno de nosotros sabe bien qué ha pasado y qué está a punto de ocurrir. Todo es válido. ¿Y el tiempo? El tiempo no nos pone en nuestro lugar, pues siempre estaremos en un punto exacto deleitándonos de las mieles rojizas de cualquier cuello.  

martes, 5 de agosto de 2014

Acéptame

Me ha enviado esto Memnoch, pero no creo nada. No hay verdad en sus palabras ¿o sí?

Lestat de Lioncourt 


Aún recuerdo como el coro se alzaba en presencia de Dios, los luminosos querubines acariciaban sus largos cabellos y apoyaban sus pequeñas manos sobre sus hombros. Aquellos ojos dominantes, tan intensos, se clavaron en mi pecho y se hundieron en las profundas tinieblas de fuego que era mi alma. Así comenzaba mi calvario. Tan simple como hacer las preguntas equivocadas en el momento más inoportuno.

—Si tanto los amas, ¿por qué no caminas entre ellos padeciendo su mismo calvario?—llegó a decir mientras acomodaba sus brazos en el trono—. Ve, busca la paz ayudándolos, pero no me exijas que yo haga algo por ellos. No son marionetas mías, ni debo interceder.

—¡Hay gente que muere!—grité desesperado—. ¡Gente que espera un milagro!

—Se su milagro—respondió sin alzar ni siquiera una de sus palabras.

—¡No puedo ser su esperanza!—exclamé alzando mis brazos desnudos, mostrando mis manos vacías y heridas—. ¡Con qué armas! ¡Si mis armas me las arrebatas y me envías a mis propios hermanos para que me detengan! No puedo hacer nada... ¡Nada!

—La mejor arma no tiene doble filo ni está hecha de pesados materiales. La mejor arma, sin duda alguna, está hecha con palabras. Tienes un don con ellas, ¿por qué no los conmueves y limpias su honor? No pienso mover un dedo por aquellos que despreciaron su única oportunidad—comentó inclinándose hacia delante mientras sus largos cabellos blanquecinos rozaban su poderoso torso. Nunca ha sido exactamente como lo han representado. Dios posee una magia superior a cualquier pintura y desborda cualquier imaginación, sobre todo la humana. Su belleza e inteligencia es infinita, pero también su orgullo. Jamás reconocería que se equivocaba—¿Has entendido?

—Palabras—murmuré apretando con fuerza mis puños—. Palabras...

—De amor ¿o de guerra?—pregunté bajando mis brazos—. Sólo veo guerra.

—Ve con ellos, aquí no tienes lugar. Hagamos ese trato. Encárgate en asustarlos y mostrarle el amor de Dios, encáuzalos y castígalos si es necesario—se recostó de nuevo en su trono y permitió que los querubines cantaran más alto.


Fui desterrado. Puedo regresar en cortas visitas, pero cae sobre mi el dolor y la soledad. Él lo cambió. Lestat fue parte de un plan, pero el plan acabó siendo terriblemente tentador. Si tan sólo viese mi soledad y mi amor, si comprendiese mis palabras y las creyese, yo no lo castigaría ni doblegaría. Él es mi única esperanza. Todos le escuchan y aclaman como a un héroe, mientras que yo soy el enemigo en tantas culturas y el monstruo en los sueños infantiles. Me cubrieron de dolor, miseria, fealdad y cánticos sobre la crueldad que no poseo. Acepto que mis caprichos y mis ilusiones me han condenado al Infierno, pero en el Infierno mismo he encontrado la luz en sus ojos. ¿Tanto pido? Ser escuchado, comprendido y aceptado.  

sábado, 24 de agosto de 2013

In the garden of gods I watched the footprints of yours. I cried:
"I need you, You can help me... I fight but the time is gone.
I'm a god man... I'm a soldier of gods... I have broken my spirit.
In the forest of gods you can help me because I'm a honest with you.
In the darkness I cried for years, you know my voice?
Into the tree you can see the truth, right?
Yesterday I believed in your religions, gods and the words of druids...
today I don't believe in my.

En el jardín de los dioses vi las huellas de los suyos. Grité:
"Te necesito, Tú me puedes ayudar ... Lucho, pero el tiempo se ha ido.
Soy un hombre de Dios ... Soy un soldado de los dioses ... He roto mi espíritu.
En el bosque de los dioses me puedes ayudar porque soy honesto contigo.
En la oscuridad lloré durante años, ¿conoces mi voz?
En el árbol se puede ver la verdad, ¿cierto?
Ayer creía en sus religiones, dioses y las palabras de los druidas ...
hoy no creo en mí.

Usuario de Avicus
Para Jardín Salvaje
Salvaguarda.

sábado, 31 de mayo de 2008

La maté



La maté

¿Cuántas veces tropezaré con la misma piedra? ¿Cuántas?

Eso es lo que repite mi cabeza, esa voz insana que me ata a lo que todos creen que es bueno. Miro a mí alrededor, estoy en una iglesia y ni sé cómo he llegado aquí. Mis ojos están llorando sangre. Se han roto mis lagrimales de tanto dolor. El nerviosismo es severo en mí, se nota en que todo mi cuerpo tiembla y que ante cualquier ruido reacciono como un animal asustadizo.

Frente a mí hay un crucifijo, en él está la imagen de Jesús. Sus labios están tornados en dolor, sus párpados bajados en señal de derrota y sus cabellos caen lánguidamente sobre su rostro. Las gotas de sangre recorren cada hueco de su frente, pecho, vientre, muñecas y tobillos. Está únicamente arropado por una sábana en sus partes. Sin duda está bien recreado, aunque yo nunca creí en él.

Me descubro susurrando partes de una plegaria, una inventada que no es obra de ningún loco creyente. Mis ojos están clavados en él, mis pupilas creen arder, y mi garganta se seca.

“Buen padre, si me escuchas en este inmenso vacío te habrán llegado rumores de que no creo en ti. Sé que todos en su última voluntad recurren a tu nombre, te aclaman y te suplican por sus pecados. Sin embargo mis pecados me han hecho mejor persona, he aprendido de las lecciones de la vida y si no hubiera sido por alguno de ellos no me tendrías frente a ti.

Quiero decirte que he deseado a la pareja de otros, que he copulado sin amor y por simple placer, que he adorado otros dioses como el dinero o el poder, he creído en fantasía implícita en los libros de piratería o caballería, he recorrido el mundo entero maldiciéndote y he vivido en el más puro abismo de fe. No creo en ti, y sin embargo estoy hablando contigo. Es algo extraño y difícil de entender, alguien me pidió que lo hiciera y ahora estoy arrodillado ante un cacho de madera que dice ser la imagen de tu hijo. Jamás nadie tuvo una fotografía de él, y sin embargo todos lo dibujan de este modo. No importa, realmente no importa hacia donde mire. Ya que dicen que estas en todas las cosas, me pregunto si también en mi ordenador donde alguna que otra vez he visto o leído relatos eróticos. He almacenado en él miles de tesoros y al final no me quedo con nada. Mis tesoros son mis textos, a veces en referencia a ti y maldiciéndote. No lo tomes como una ofensa, cuando nos enfadamos con nuestros padres siempre decimos cosas ofensivas y que no pensamos.

La cuestión es que no pienso, soy impulsivo y hago locuras. Las mayores han sido por amor, las nulas por odio o venganza. Suelo hacer lo que tú pedías, poner la otra mejilla o esperar que el tiempo lo ponga en su sitio. ¿Sabes? Creo en el Karma, es algo que viene de oriente y que se asentó en las costumbres de todo este mundo occidental. Yo, te pido tan sólo que seas consciente de porqué cometí hoy este acto, este asesinato. No podía más. La muerte me tentó y me hizo un precio justo. He matado, me he manchado las manos de sangre y no puedo decir que esté arrepentido. Tan sólo pido que seas justo. Si existe, lo serás, sino tan sólo sucederá lo que tenga que ocurrir.”

Horas atrás me volví loco. Me levanté como cada mañana, me tomé una ducha, un buen café cargado y un trozo de tarta de queso. Me peiné, lavé los dientes y al final me senté en el sofá con uno de mis tantos apuntes. Intento sacarme una carrera, ser hombre de provecho y sacar partido al dinero invertido en mi educación. Sentado allí empecé a escuchar la radio. En ella se daban noticias y se falseaban datos. Después a la hora de la comida hubo otro caos en mi mente, otra falsedad más y ya exploté en gritos. Lo que decían me afectaba. Fui a ver a mi pareja, me escuchó un rato y luego caí en la cuenta que donde estaba seguro era en sus brazos, pero no podía ser, no podía ser tan cobarde. Me enfrenté a ello y la muerte se apareció como pequeño demonio en mi hombro, entonces la maté. Le di tantas puñaladas que cayó en el suelo suplicante. Dejé de escuchar, las voces desaparecieron y todo quedó en silencio…todo, incluso el sonido de mi voz. Después desperté aquí, la había matado.

-Joven.-era un hombre de unos cuarenta años con una sotana, di por hecho que era el cura.

-¿Sí?-pregunté temblando.

-¿Has matado a alguien?-dijo algo asustado, aunque ese era su trabajo, escuchar a los pecadores y que los juzgara Dios.

-Sí, he matado a mi peor enemiga.-susurré alzándome de las baldosas.

-¿Y quién era esa mujer?-estaba preocupado, con los ojos llenos de temor.

-La mentira, ahora ya no tengo a nadie contra quien luchar.-


Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt