Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 4 de febrero de 2017

Determinación

Mi madre y Sevraine hacen buen equipo.

Lestat de Lioncourt 


—¿No crees que va siendo hora que Lestat aparezca de una buena vez?—preguntó sentada en aquella especie de trono de madera tallado con pan de oro ensalzando algunas figuras.

Parecía una elfa o una diosa venida de libros de Tolkien y otros autores de fantasía y épica medieval. Sus largos cabellos rubios contrastaban con la tez nívea que poseía. Su traje vaporoso realzaba sus curvas femeninas y también los rasgos dulces de su rostro. Tenía unos ojos fieros, pero sosegados. Era una mujer auténtica.

—Tal vez—susurré.

Me hallaba de pie al otro extremo de la mesa. No quería verla. Sabía que si me giraba para contemplarla caería en el influjo de su belleza y determinación. Quería que me movilizara para poner en peligro a lo único que amaba más que a mí misma: mi hijo.

—Eres la única que puede hacer que reaccione—contestó con tono comprensivo.

—Es fácil hacer que reaccione. Decidle que no puede, y lo hará—dije cerrando los ojos al mismo tiempo que cerraba los puños.

Seré sincera de una buena vez, la amaba y amo. Amo su forma de desenvolverse, la forma en la cual medita cada una de sus futuras acciones y la sabiduría que emerge de su alma. Me asfixia en su aroma femenino, en la forma maternal en la cual me envuelve con sus brazos, y la sensación pura que me ofrece cuando besa mis mejillas. Sin embargo, detesto que doblegue mi determinación con un par de mágicas palabras. Eso estaba logrando. Hablar con ella de estos asuntos traían estos problemas. Ella siempre vencía porque realmente tenía razón, pero yo quería esforzarme por pensar lo contrario. No era por llevar la contra porque sí, ni ir remando contra la corriente, sino porque quería encontrar por mí misma el camino adecuado.

Abrí los ojos y me giré apoyando mis manos sobre la lustrosa mesa de madera. Tenía unos dibujos hermosos, pero no tanto como la belleza que estaba al otro extremo esperando hacerme entender.

—Psicología inversa, sí—una mueca risueña cruzó sus labios y arrugó su nariz, para luego soltar una risa fresca y cantarina—. Con tu hijo todo funciona de ese modo, pues es tan testarudo como tú.

Estallé en carcajadas al escuchar sus últimas palabras. Sí, era tozuda como mula. Siempre lo fui. Mi padre decía que jamás encontraría a alguien que me soportase más de dos días seguidos, pero tras mi matrimonio algo en mí se quebró. Creo que dejé que pisotearan mi alma porque creía que era mi deber. No quería decepcionar a mi familia, mi apellido, mi linaje y finalmente me decepcioné a mí misma. Mi hijo fue quien me sacó del error y me dio la libertad perdida. Realmente él podía lograr cualquier cosa.

—¿Estás diciendo que soy una provocadora?—dije encarándola con una sonrisa.

—No, estoy diciendo que eres fuerte y firme—contestó levantándose para caminar lenta, aunque firme, hacia donde me encontraba. Una vez allí siguió hablando colocando sus manos en mi rostro, deslizando sus suaves dedos sobre mis mejillas y llegando a mi cuello. Su boca se colocó sobre la mía, ofreciéndome un tierno beso, para luego abrazarme rodeándome por encima de las caderas. Creí delirar como la vez primera, esa vez que la vi y creí que tenía la aparición de un ángel—. Consigues lo que te propones. Por favor...—suspiró.

—Sólo porque crees que es necesario—mis brazos temblaban cuando pronuncié esas palabras, e intentaban rodearla con aplomo.

—Haz que salve este mundo enfermo y asustado—susurró—. Necesitamos un líder fuerte que escuche a los demás y no se arrugue frente a los problemas.


—Iré a por él—dije aferrándome a ella. Iría. Lo haría.  

sábado, 13 de agosto de 2016

De tal palo tal astilla

No sabía yo que ellos, Louis y mi madre, se pelearon en Trinity Gate... ¡Pero ahora lo sabemos! 

Lestat de Lioncourt


—Otra vez codo con codo intentando salvar el mundo—dije mirando a todos en aquel lugar.

Trinity Gates se había convertido en unas pocas horas en el ombligo del mundo. Cientos de jóvenes deambulaban por las calles, igual que zombies, buscando este lugar y otros, los más fuertes o cercanos a Lestat, nos recluíamos tras sus muros esperando que él y el receptáculo donde se hallaba Amel apareciera. Benjamín daba la voz de alarma a la mayoría: Alejaos de aquí. Fuera de la ciudad. Alejaos a los campos. Ya os avisaremos.

—Si consideras mundo a Lestat, sí—respondió ella sin siquiera dudar un mísero segundo.

—Considero mundo también al resto—indiqué clavando mis ojos en ella. Estaba allí vistiendo unas ropas que podía considerar típicamente masculina, su pelo era salvaje y sus ojos grises parecían los de una fiera. Dudé por un instante que ella hubiese sido alguna vez madre, esposa y humana—. No sólo estoy aquí por él.

—Me alegro, Louis—dijo tras una breve risotada—. Me alegro porque poseas tan noble corazón, pero siendo justos creo que sólo estás siendo un cínico—confesó colocando su mano izquierda sobre mi hombro ejerciendo cierta presión con sus lagos dedos. Su hijo se parecía demasiado a ella y eso me torturaba.

—¿Qué?—murmuré sorprendido y algo ofendido.

—Sincérate, muchacho—susurró apartando la mano mientras dejaba ambos brazos relajados. No muy lejos podía observar a Sevraine silenciosa, fuerte y dominante con sus ojos de cielo clavados en la figura de Gabrielle—. Es bueno ser honesto con uno mismo de vez en cuando—dijo lanzándome un pequeño guiño demasiado burlón.

—¿Por qué cree que sólo lo hago si fuese Lestat?—pregunté escandalizado.

—Es obvio—respondió ipso facto—. Si fuese otro quien estuviese en peligro estarías mirándolo desde lejos, igual que haces con el fuego cuando lo provocas.

—Salvé a Rose—dije apretando los puños.

Me consternaba que ella pudiese decirme algo así. Se suponía que me conocía. Estaba asombrado de lo tristemente egoísta y dócil que podía parecer ante el resto si hablábamos de Lestat, de salvarlo de algún modo o amarlo incondicionalmente. Ella estaba ahondando en la herida como un gusano hurga en una manzana hasta pudrirla. Me sentía tan culpable de haberlo arrojado al pantano, mucho más de no quedarme a su lado después de todo lo ocurrido en París o de no haberlo buscado antes. ¡Y sobre todo culpable de irme dejándolo con un cuerpo débil y humano! Eso azotaba mi alma y por supuesto en esos momentos quería estar ahí, cada maldito segundo de mi existencia, aunque pudiese morir después de esa noche.

Rose, por otro lado, me parecía una niña todavía. Al contemplarla, allí bailando en los brazos de aquella replica casi perfecta de Lestat, sentía un amor similar al que una madre tiene hacia sus hijos, un orgullo idéntico al de un padre hacia su descendencia y una confianza ciega en que ella sería formidable, saliéndose con la suya, como cualquiera posee ante las argucias de Lestat.

—Sólo porque la consideras un pedazo de Lestat—apostilló.

—Está equivocada—dije arrugando la nariz.

—Yo nunca me equivoco—dijo apartándose de mí para ir hacia Sevraine.

—¿No es un poco egocéntrico pensar así?—lancé esa acusación provocando que se desternillara de la risa mientras se giraba suavemente hacia mí. No entendía adónde estaba el chiste.

—¿Y? Yo no tengo que dar explicación alguna a un Dios por serlo, ¿acaso tú sí?—contestó dejándome mudo.


Me di cuenta que Gabrielle era aún más insoportable que Lestat cuando se discutía con ella, pero también que tenía algo de razón y por eso me sentía tan molesto.  

miércoles, 3 de agosto de 2016

Atlantida

OOC:

Es cierto que todos nos hemos sorprendido con eso de la aventura acuática de Lestat con la "Atlántida" de por medio. Pero ya avisó Anne Rice que fue por un sueño, por algo que Lestat ya no puede controlar, donde cientos de almas clamaban un poco de paz debido al sufrimiento que vivían. Creo que darle una oportunidad a los espíritus, de indagar qué ocurrió en un lugar comprometido, podría ser interesante y divertido. 

Para lanzar una piedra a su favor, para animar a los Fans que se sienten molestos con esto, hemos decidido hacer un pequeño fic. 

Gracias por todo.

Lestat de Lioncourt, El Jardín Salvaje.


—¿Por qué deseas ir allí?—preguntó David tomando asiento en aquella gigantesca sala de Nueva York.

Todos estábamos de nuevo reunidos, aunque ahora no teníamos una preocupación tan terrible como la última vez. Solía reunirme en pequeños comités, enviar comunicados por carta, telegrama o correo electrónico. Sin embargo, verlos a todos me emocionó. Los había logrado tentar con una carta donde explicaba minuciosamente lo que yo pretendía hacer.

—He tenido un sueño—dije intentando explicarme.

—¿Un sueño? ¡Qué demonios! ¡Yo a veces sueño con monstruos y no voy a ir a mirar bajo las camas y dentro de los armarios de todas las casas de este mundo!—gritó Benji sorprendiéndome. Él amaba las aventuras, pero al parecer le parecía poco sensato todo aquello.

—Benjamín, calma—susurró Sybelle.

—¿Qué? ¡No puedo! Lo admiro demasiado para aceptar esta locura—explicó moviéndose en su asiento bastante inquieto.

—El joven tiene razón—habló al fin Marius—. Lestat, no es algo que debas hacer.

Marius había tomado asiento muy cerca de Armand y Daniel, como si ambos pudieran ser los leones de un Hércules embravecido. Aquellas dos hermosas bestias se rendían a sus pies deseando ser amados. Armand estaba a la derecha y Daniel a la izquierda, pero a la derecha de este se hallaba Pandora y Arjun que intentaba contener una risa nerviosa.

—Vuestra sensatez me agobia...—chisté.

—Hace tiempo leí un libro sobre ese lugar. Es un mito—comentó Avicus sentado a tres asiento a la derecha de Arjun, muy próximo a Flavius y Zenobia.

—Es posible que existiera igual que existió Pompeya—una tímida voz surgió entre todos los presentes. Me sorprendió que él fuese de los pocos que estaban de acuerdo que ese lugar tenía que estar perdido entre las aguas—. De hecho hay quien afirma que ambas ciudades desaparecieron con pocos siglos de diferencia. Eran ciudades de renombre. Durante siglos se olvidó Pompeya, como si jamás hubiese existido y sólo fuese un sueño borroso, pero ahí tenéis los restos. Además... ¿no había una pareja de vampiros milenarios que provenían de esa zona? Vivieron esa tragedia. Lestat conoció a uno de sus creados... ¿Por qué no los buscamos? Es posible que...—argumentó el antiguo esclavo de Pandora jugueteando con su mano derecha entre sus rizos.

—Yo creo que existió—murmuró David.

—¡David, no ayudas de ese modo!—gritó Louis completamente histérico. Sus ojos verdes reverberaban. Su preocupación la conocía bien. Temía que me pasara algo y no era por las consecuencias sobre todos nosotros. Él siempre temía que algo malo me ocurriera porque no sabía vivir sin mí, quisiera reconocerlo o no.

—Louis, por favor... ¡Puede ser una buena aventura!—David insistió.

—¡Véis! ¡Al final sólo David se apunta!—exclamé dando un golpe sobre la mesa.

—Hijo, ¿por qué te gusta hacer siempre el estúpido?—dijo mi madre situada a mi izquierda— ¡Y tú, no le animes!—gritó sermoneando a David que estaba junto a Servaine, la cual se sentaba a la izquierda de esta.

—Padre, ¿podemos ir Rose y yo? ¡Sería como una Luna de Miel!—mi hijo estaba allí emocionado, como cualquier joven vampiro, demostrando que mi sangre era más poderosa que la sensatez que le habían inducido Faared y Seth a lo largo de los años. Estaba frente a mí, con Rose colgada de su brazo derecho y su madre a su izquierda. Ella no había estado en la anterior reunión, pero en esta había decidido invitarla.

—¡Viktor, de eso nada!—gritó Faared sentado al lado de su mejor creación, Flannery Gilman, la mujer con la que tuve a mi hijo.

—¡Viktor!—exclamó de inmediato Seth mirando al muchacho con cierto disgusto. En esa expresión vi a su madre, Akasha, y eso me llenó de nostalgia.

—¡Seth! ¡Faared!—dijo Viktor bastante molesto porque estaban tomando su decisión como si fuese un niño.
—Seth, deja que mi hijo vaya donde quiera. ¡No te comportes como una madre amargada!—al decir aquello su madre se echó a reír, aunque no fue la única. David también se reía junto con Jesse Reeves.

—Yo digo que es mejor que le dejemos hacer el estúpido. Bueno, más bien los estúpidos. Amel está de acuerdo—intervino Landen acomodando los puños de encaje de su elegante camisa de chorreras. ¡Cuánta elegancia! De verdad Marius le había juzgado mal.

Landen no era el desgarbado que él había descrito ni mucho menos. No era feo y el caro perfume francés que usaba llegaba hasta mi nariz. Parecía un hombre de modales comedidos. Junto a él estaba el fantasma de mi creador, Magnus, siendo testigo de todo y como representante de Talamasca, la oculta tras los ancianos y sus misiones más misteriosas, aunque también se encontraba Tesjamen con esos cabellos blancos y esos ojos de mirada tan profunda.

—Gracias, Landen—dije aliviado.

—No es un piropo—me indicó—. Simplemente creo que es mejor que te demos permiso, que alguien te acompañe y vigile.

—Rhosh, ¿podemos ir?—decía Benedict emocionado.

—¡No!—chistó su rubio y amargado creador. Por un momento vi reflejado a Marius en él, el cual tenía la misma expresión entre preocupación y molestia.

—¡Yo sí voy!—dijo Daniel imitando mi anterior gesto, un golpe en la mesa.

—¡Daniel, por favor!—espetaron al unísono Marius y Armand.

—Iré, descubriré lo que hay allí y haré un libro. Puede que parezca una locura pero estoy conectado a los espíritus. Una oportunidad, por favor. Dejad de burlaros, de sentir miedo y de creer que nada se me ha perdido allí. ¿Acaso no pensáis dar un descanso eterno a todos los que allí estarán aún esperando un momento de tranquilidad? ¿Dónde está vuestra humanidad?—todos guardaron silencio hasta que Bianca sonrió y se levantó tomando la palabra.

—Yo te apoyo, vaya o no contigo. Creo que hay que darle paz a los muertos—expresó antes de sentarse junto a Alessandra que comenzó a aplaudirla. Ah, esas dos mujeres me enamoraban.

—Si necesitas ayuda cuenta conmigo y con tu madre—dijo Sevraine provocando que mi progenitora frunciese levemente el ceño.


—Está decidido. Iré.  

lunes, 4 de julio de 2016

Libertad

Bueno... si mi madre es feliz viajando junto a ella... ¿qué puedo decir yo?

Lestat de Lioncourt


Estaba allí de pie en mitad de la sala como si fuese una estatua en aquel mar de obras de arte, libros y dignos muebles restaurados para engalanar de forma exagerada el espacio. Observaba el cuadro con determinación mientras este le miraba con dignidad, soberbia y descaro. Era un lienzo que Marius había ofrecido a Lestat como regalo por haber conducido a la paz a todos los vampiros, humanos, fantasmas y espíritus. Era su hijo y ella lo admiraba como toda madre admira al fruto de sus entrañas. Comprendía que no pudiese dejar de contemplarlo con entrega absoluta.

—Al parecer tu hijo ha logrado cosas increíbles—susurré delatándome aunque sabía que ella ya me había olfateado. Era como un animal que podía recorrer a ciegas el bosque entero en busca de una presa. Nos conocíamos bien porque nos pertenecíamos.

—Más que todos nosotros juntos—respondió exultante de orgullo echándome un vistazo con el rostro ligeramente girado.

—No lo digo por eso—dije quedándome a su lado mientras ella se giraba por entero hacia mí.

—Explícate—dijo.

—Ha logrado que estés en silencio en una habitación sin moverte como un animal salvaje—comenté tomando su mano derecha entre las mías. El calor que desprendía era agradable. Se había alimentado bien y yo hacía semanas que no necesitaba una presa.

—¡Ah!—se sorprendió y luego se echó a reír carcajeándose por el comentario—. Es fácil... Pensaba en sus primeros pasos y en lo diferente que ha llegado a ser. Siempre creí que haría grandes proezas, ¿pero esto? ¿Quién iba a creer que sería un vampiro y menos así?

Tenía un brillo en los ojos que me recordaba a una muchacha enamorada. Ella estaba encantada con ese poder que tenía su hijo, aunque también tenía que estar preocupada. Aún así sabía que él, sólo él, era capaz de manejar ese entuerto.

—Es un rebelde—respondí.

—Un soñador—me corrigió rápidamente.

—Los rebeldes son soñadores—susurré inclinándome suavemente dejando mi rostro cerca del suyo.

—Sí, es cierto—dijo mirándome a los ojos. Tenía una mirada tan hermosa esa noche que deseé besarla, pero me contuve. Amo a Gabrielle porque tiene una fuerza indomable y lo demuestra con cada gesto—¿Qué haces aquí?—preguntó.

—Vine a buscar a mi compañera para llevarla a casa—dije soltando su mano para colocar las mías en sus cálidas mejillas.

—No lo llamaría hogar, ni tierra...—empezó a decir aunque la detuve.

—No te digo para volver a mi refugio.

—Entonces... ¿adónde?—la confusión reinó en su rostro y eso me enterneció. Por primera vez en mucho tiempo lograba sorprenderla.

—Recorramos mundo—dije provocando que ella sonriera como una niña ilusionada.


—De acuerdo Sevraine.

sábado, 23 de abril de 2016

Mensaje de una madre

Me he encontrado esta nota arrugada y para mi sorpresa es de mi madre. Creo que está equivocada sobre que no la necesito. Todos necesitamos a nuestras madres por adultos que seamos. 


Lestat de Lioncourt


Había permitido que se fuera con él. Acepté mi derrota. No podía retenerlo más entre mis brazos y bajo mis faldas. Todo pájaro debe salir del nido y aprender a volar una vez llegado el momento. Él siempre había mostrado un espíritu combativo y sabía que si permanecía en el pueblo acabaría destruyendo todo lo que era, del mismo modo que yo lo había hecho para asumir una vida vacía e indigna.

Su último beso fue terrible para mí. Como toda madre comencé a angustiarme por su felicidad y seguridad. De inmediato soborné a mis hijos mayores para que no salieran como perros de presa tras él. Un par de bolsas con algo de dinero para ambos y se olvidarían de Lestat en la taberna. Su padre sí alentó a sus vástagos a ir contra el más joven, pero él estaba en la ruina y no logró siquiera mover ni uno de los músculos de ambos.

Si escribo esto no es por nostalgia. Ni siquiera es porque crea que el mundo debe saberlo. Sólo escribo porque quiero liberar mi mente de ciertos recuerdos. Estoy frente al castillo que fue mi prisión y dentro está mi hijo sintiéndose demasiado halagado por ser el “Príncipe” de todos nosotros. En una de las torres, la que fue mi celda, puedo ver la silueta de mi nieto observándome desde hace más de media hora. He decidido tomar la libreta y escribir para desahogarme porque me aterra.

Tengo un nieto que es idéntico a su padre en muchos aspectos y no sólo en su físico. Veo en él su mismo espíritu pero con una inteligencia superior aportada por una educación esmerada. Desearía estrecharlo entre mis brazos y decirle que estoy orgullosa de él, pero sonaría tan falso como decirle que le amo. Es su parecido el que me hace quererlo vivo y al lado de su padre. Sé que Lestat lo necesita y que no será capaz de arrancarlo de su lado como yo lo hice con él.

Hace unas horas estaba en París merodeando las calles que me vieron surgir como una flor nueva, venosa y de agradable aroma. Cualquiera que me haya visto habrá creído que soy un hombre joven intentando encontrar un lugar donde entretenerse. He entrado en una de las librerías y he adquirido varios libros, después he comprado un nuevo sombrero en una de las tiendas del centro y me he sentado en un café durante más de una hora tras pedir unos cuantos café.


Durante esas horas he pensado en Sevraine y he deseado que estuviera a mi lado. En ese momento me he percatado porqué Lestat huyó de Auvernia. No sólo hizo porque tenía grandes sueños. Él se marchó porque tenía a alguien con quien compartir su vida y por ende su historia llena de futuras victorias y fracasos. He querido regresar de inmediato pero antes quería verlo a él, pero en vez de verlo para despedirme, cosa que no suelo hacer, me he quedado fuera en los jardines contemplando la monstruosa silueta de ese castillo y escuchando los fuertes corazones que se hallan encerrados en él. En ese lugar está Rose, la criatura que él logró rescatar, su hijo Viktor, Louis y Talbot que posiblemente está reunido con él para solventar ciertos asuntos que nos confieren a todos. Me he dado cuenta que no me necesita y que soy yo quien recurre a él para que no me olvide. El ave aprendió a volar y yo debo regresar a mi nido, junto a mi compañera y contarle todo lo que he sentido.  

miércoles, 6 de mayo de 2015

Senado vampírico

Marius es quien tiene el poder sobre las normas. He decidido darles a todos un trabajo. Unos serán quienes comuniquen, otros quienes colaboren con libros de normas para vivir y sobrevivir, habrá quienes tan sólo tengan que ayudar a mantener la paz... Marius es para mí un padre. Él debe crear las normas. 


Lestat de Lioncourt


Siempre he pensado que vivir bajo unas normas nos ofrecía ciertas ventajas. Cuando he tenido bajo mi techo a jóvenes pupilos, u otros compañeros más antiguos, he rogado que cumplieran las leyes con las cuales he regido mi vida. Es cierto, que he roto reglas. Sin embargo, lo hice por amor y necesidad. No me siento del todo orgulloso, pero acepto que fue la mejor decisión que he podido llegar a tomar. En estos momentos, tras la reunión de la corte, toda la tribu tiene las normas con las cuales he convivido durante milenios. Son parte de mi. Puedo decir que nuestro mundo posee un trozo de mi alma muy importante.

Sin embargo, me siento angustiado. Lestat parece haberse alzado como un gobernante justo y aplicado. Mis ojos se llenan de lágrimas cuando lo contemplo. Quizás es esa la sensación de los iluminados por un Dios benevolente. Tal vez. Jamás lo comprenderé, pues desconozco la veneración hacia ese tipo de pensamientos para nada prácticos. Pero, en el fondo, siento grandes temores. Dentro de él convive un ser que quiere aprender y comprender. Temo el día que no sea suficiente el cuerpo de mi viejo discípulo, el cual ha llegado a ser un coloso entre los nuestros.

Todos parecemos civilizados. Hemos perdonado a los asesinos de nuestra amada Maharet y su poderoso guardián Khayman. Nuestros ojos se han llenado de lágrimas recordando a Las Gemelas y al hombre que las custodió con cada partícula de su alma. Lestat pidió un minuto de silencio en nombre de los caídos en las Quemas. Amel se sentía terriblemente apesadumbrado, pues según Lestat él no quería causar tanto daño. Sin embargo, sentía dolor y un horror terrible.

Estar reunido junto a todos, compartiendo mis confidencias y sabias palabras, me ofrece una paz que jamás había experimentado. Por primera vez puedo decir que me siento un hijo digno de los Milenios, pues estos me han dado la capacidad de conocer a las hermosas criaturas que me rodean. Incluso Everard me ha tomado del hombro derecho, apretando ligeramente con sus largos y delgados dedos, mientras sonreía al escuchar las normas que escribí en su compañía. Ya no guardamos rencor. La hora de las hachas y el fuego ha terminado. Al menos eso quiero creer. Deseo pensar que la paz ahora gobierna junto a todos nosotros.


La música suena. Notker y los suyos hacen maravillas mientras todos bailamos. Armand parece más hermoso que nunca. Pandora disfruta conversando con Flavius y Arjun. Daniel baila desenfrenado junto a Davis y el texano de Killer. Sevraine, junto a las demás mujeres, conversan en un rincón mientras Louis discute en murmullos con Lestat sobre temas banales. Rose y Viktor están espléndidos. Me siento extasiado ante la belleza de ambos jóvenes. Benji intenta filmar todo para crear un vídeo escueto y propagarlo por todo Internet. Me siento vivo. Sin embargo, como he dicho, una ligera angustia atenaza mi corazón y tengo miedo. Tal vez siento que todo ésto puede desaparecer.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt