Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 26 de junio de 2014

Un amor de verdad

Hay un hombre que ama tanto a Rowan como yo y ese es Michael. Él le ha dejado este texto hoy. 

Lestat de Lioncourt 


En mi memoria está grabado el día que la vi tan débil y consumida, recostada en nuestra cama de matrimonio con aquel camisón rosa pálido y sus mejillas hundidas. Era un pequeño esqueleto de huesos, piel amoratada y cabellos sin brillo. Parecía un cadáver más que mi joven y enigmática esposa. Sus pequeños pechos se habían consumido aún más, su cintura era demasiado estrecha y sus manos, de neurocirujana, estaban llenas de cortes. El calvario que había pasado era peor que el de Jesús subiendo a cuestas la cruz.

—Rowan—solía llamarla por su nombre, acariciando sus mejillas con mis manos ásperas, mientras esperaba un milagro.

Estaba allí, pero no estaba. Era como ver una imagen opuesta a la que deseas contemplar. La última vez que la había visto huía. Nuestras últimas palabras fueron una discusión que aún no comprendía, ni quería comprender y que jamás lo haré a ciencia cierta.

Ahora, recostada en la cama, con el cabello perfumado y revuelto, sus labios surcados por una sonrisa y su piel nívea que envuelven sus carnes firmes, me provoca cierto sentimiento de paz y excitación. Al fin es ella, la mujer de la cual me enamoré, y hemos dejado poco a poco miedos, obsesiones y momentos en los cuales creí que mi matrimonio, como mi vida, llegaba a su fin.


Amar es complicado, pero es lo mejor que puede ocurrir. La vida en sí es amor. Aprendes desde pequeño, mucho antes de conocer los viejos preceptos de la Biblia, que el amor está en el mundo y que el odio no es más que la carencia de amor. Comprendes que el bien existe, que la bondad está alojada en los corazones, aunque algunos la hayan olvidado. Y ese amor, aunque crezcas en un hogar destrozado como era el mío, surge como las flores entre las losas del asfalto. El amor es imparable y te llena de una satisfacción única. Rondaba los cuarenta años cuando ella apareció y me hizo saber que el amor, ese tan puro y fresco, que había estado esperando estaba ahí, frente a mí, vestido de neurocirujana con ciertos aires masculinos, desafiantes y encantadores. Mi amor era ella, una de las brujas más fuertes de la familia.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt