Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 5 de julio de 2014

A solas con chuchú

En estas breves memorias se muestra a un Daniel aún más desconcertante y un Benji que sólo desea que Armand deje de culparse. 

Lestat de Lioncourt 


Se envolvía de silencio, como una de las únicas prendas que llegaba a tener. Sus ojos se hallaban fijos en un punto indeterminado. La débil montura de sus gafas estaba algo doblada, su fino jersey gris tenía dos leves salpicaduras de sangre y otras tantas de barro. La ciudad estaba casi desierta, salvo por la vida que podía escucharse e cada rincón de los diversos antros que allí recogían las almas más puras, y las retorcían, para enviarlas al infierno del pecado más salvaje y opulento. Tan sólo alguna limusina pasaba por las calles aledañas, así como algún taxi cargado de ocupantes y con la radio conectada. Él había estado hasta hacía unos minutos caminando por la Gran Avenida París, con los pies desnudos y un aspecto deplorable.

—Daniel, ¿qué ha ocurrido?—preguntó una voz familiar, aunque él no contestó—. Daniel, ¿qué sucede?—las frías y ligeramente tostadas manos de Armand no hicieron que reaccionarán.

—Déjalo, está loco—dijo una segunda voz, era la de Benji. Aquel dulce ladronzuelo estaba en la puerta, mirando hacia el interior de la sala, con una camiseta gigantesca que le valía prácticamente como camisón y unos pantalones cortos que a penas se veían por el borde de aquella prenda.

—No está loco—le reprochó.

—Tan loco como tú, ese es el problema. Sois tal para cual—sonrió de forma infantil y dio una vuelta entera antes de soltar una profunda carcajada. A Benji le hacía gracia el estado de Daniel, incluso le suscitaba cierta curiosidad. Amaba a Armand, lo adoraba hasta el extremo de hacer cualquier cosa por él, pero no iba a callarse su opinión en ese momento—. Básicamente no quieres ver que está loco—añadió arrugando su pequeña nariz, para luego clavar sus enormes ojos de aceituna negra en él—. Me gustaría escucharlo hablar más seguido y saber las historias que él narraba en los periódicos. Sí, sría divertido. Pero no lo hará.

—Oh, Benji...—murmuró preocupado mientras acariciaba el rostro de Daniel—. Ha salido sin nosotros. Diosa be dónde o con quién ha estado.

—Eso lo sabe él y posiblemente las oscuras aguas que rodean la isla—expresó—. La otra persona no acabó bailando en uno de tus locales, sino a varios metros de profundidad en el muelle.

—Tal vez sólo cazó un animal, no creo que tenga tanta capacidad para matar y desenvolverse solo—musitó abrazando a Daniel como si fuera un muñeco. El rostro del joven periodista, el cual había sido algo más que un mero participante de aquella gran historia que hizo saltar a la fama a Lestat, quedó pegado a la chaqueta de terciopelo azul de Armand.

—Quiero pintar mis casitas—dijo con voz ronca—. Largo.

—¿Ves? Todo bien, sigue igual de loco—comentó encogiéndose de hombros—. Ven, ven...—dijo con una pequeña risilla mientras se acercaba a su Dybbuk—. Iremos con Sybelle, ella tocará el piano y bailaremos. Sí, es mejor que te olvides de cómo se encuentra él. Está bien, sólo quiere pintar sus casitas y olvidarse de todo lo que hay a su alrededor. Yo creo que sólo le molestamos si nos quedamos. Además, estaremos a dos habitaciones de él, tienes cámaras vigilándolo y dos vampiros jóvenes custodiando su habitación. ¿Qué puede pasarle? Como mucho se pegará los dedos con pegamento instantáneo.

—Tienes razón...—musitó tras un largo suspiro—. Pero...

—Pero nada, Dybbuk... vamos...

segundos más tarde Daniel quedó solo, como deseaba. Sus ojos violetas recorrieron la habitación antes de tomar el tren, perfectamente decorado hasta el más mínimo detalle, y se echó a reír colocándolo en las vías para verlo recorrer cada trozo de la habitación donde había construido diversas ciudades del mundo.



No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt