Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 19 de julio de 2014

Bonjour mes amis

Hoy les traigo un recuerdo, algo dedicado a Claudia, por parte de Louis y mío. Es delas pocas ocasiones en las cuales coincidimos y dejamos que el dolor fluya. 

Lestat de Lioncourt 


Observaba aquella fotografía culpabilidad. Sus largos dedos blancos rozaban la silueta mientras sus ojos verdes se conmovían. Sintió como algo tiraba de su corazón, igual que cuando se captura un pez y lo sacan del agua luchando por su vida. Louis mostraba una frialdad cruel, una forma déspota y fría que regalaba como una sonrisa de ángel de la muerte. Se había convertido en una leyenda de hielo con actos de fuego y desesperación. No era más que un asesino tan vacío como otros, o eso podía llegar a pensar cualquiera.

Lestat estaba frente a él. Sabía que algo en Louis aún se conmovía como antes. El recuerdo de aquella niña era lo único que avivaba la llama de su corazón, del mismo modo que él se entregaba al llanto al pensar en sus rizos dorados, sus mejillas llenas y sus labios carnosos. Claudia los conmovía. No era el ser que habían visto en varias ocasiones, sino su niña. Siempre sería su niña.

—¿Por qué me haces esto?—dijo, con la voz temblorosa—. Te presentas aquí, en mi casa, para mostrarme ésta vieja fotografía que ella quiso tomarse. Eres tan cruel, pero tan cruel—una lágrima brotó como si fuese la chispa de la vida de un manantial, rodó por su mejilla izquierda y cayó desde el mentón a la imagen—. Te detesto.

—Ocasionalmente, no siempre, deseo recordar al hombre que fuiste—murmuró aproximándose a él con la elegancia habitual. Sus pasos resonaron en el suelo de mármol, quedando a pocos centímetros de los zapatos impecables de Louis. Lestat se inclinó y finalmente quedó de rodillas mirándolo a los ojos—. Detesto lo que eres ahora. No queda amor en ti. Ya no queda nada en ti. No hay nada bueno. La única llama que veo brillar en tus ojos, esa llama de dolor y bondad, es con su recuerdo. Lo que hay allí fuera, lejos de estas paredes, no es Claudia y lo sabes. Nunca regresará y lo que está rondando éste mundo es sólo un receptáculo de odio y sufrimiento. Louis, por favor, sólo te pido que seas humano unos segundos y recuerdes el vampiro que...

—¡Déjame!—gritó empujándolo, mientras se guardaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta la fotografía, y de inmediato se puso de pie señalándolo con el dedo índice de su diestra—. No es el vampiro que yo era, sino el padre que siempre he sido. Maldito embustero... ¡Canalla!—su tono de voz se elevaba y quebraba, las lágrimas eran cada vez más abundantes y Louis terminó chillando mientras se lamentaba.

—¡Yo también sufro!—dijo incorporándose para tomarlo de los brazos—. Louis, Louis... Yo también sufro—lo miró con aquellos impactantes ojos y subió sus manos hacia su rostro, manchando sus perfectas manos con aquellas lágrimas y dejando que el calor tibio de Louis lo transportara a esa noche—. Lloré como un condenado a muerte cuando tuve su vestido...

—Vete de mi casa, busca a tu bruja y no vuelvas—susurró más calmado—. No sé porque te preocupas de mi sufrimiento.

—Porque sigue siendo el mismo y yo soy quien mejor te entiende—expresó—. Rowan no tiene nada que ver en ésto. Además, ella también perdió mucho en ésta vida.

—Te he dicho que te vayas—tenía los ojos cerrados y una pose digna, pero por dentro se retorcía de dolor.

—Sí, me iré porque mi lugar está junto a ella. Sin embargo, tuve la esperanza de poder hablar contigo sobre...

—¿Sobre Claudia? ¿Por qué?—dijo abriendo los ojos sintiendo una furia que lo consumía.

—Tal día como hoy moría a manos de Armand...

Louis lo había olvidado, pero Lestat no. Ambos guardaron silencio y se miraron a los ojos. Lestat pudo ver por segundos al vampiro que tan bien conocía, su mártir, y Louis pudo ver al fin al padre abnegado, aunque mentiroso a veces, de Lestat.

—Ya lo has visto, ahora vete—murmuró.

—Ofrece mis saludos a David—susurró con una leve sonrisa amarga.

—¿Has encontrado la felicidad con ella?—preguntó tomando asiento de nuevo en su sillón de orejas, para descansar así su cuerpo que aún permanecía en tensión.

—Cada segundo a su lado es un regalo—respondió rápidamente—. ¿Cómo no hallar la felicidad?

Su aspecto era el de un príncipe. Aquellas ropas modernas no le desmerecían. Su rostro era el de un joven de piel algo bronceada, pero con la textura del mármol. Sus ojos eran azules profundos, con una tonalidad gris y violeta que centelleaba con el juego de luces de la habitación, enmarcados en unas cejas doradas y perfectas que avivaban su rostro. Tenía una expresión tranquila, aunque en ciertos momentos se podía apreciar el sufrimiento que éste tenía. Se llevó una mano a sus rizados cabellos y se giró meditando mientras caminaba hacia la salida.


—Espero que no destroces lo que posees... —musitó Louis hundiéndose en el sillón, con los brazos rodeando su cuerpo y la congoja aún agitando su corazón.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt