Un saludo, Lestat de Lioncourt
ADVERTENCIA
Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.
~La eternidad~ Según Lestat
lunes, 8 de mayo de 2017
Misiva
domingo, 12 de febrero de 2017
En la lluvia
viernes, 17 de junio de 2016
Grumpy
jueves, 20 de noviembre de 2014
El amor de un padre
domingo, 21 de septiembre de 2014
Seducción mortal
sábado, 19 de julio de 2014
Tú
domingo, 27 de abril de 2014
Yo soy fuego
Lestat de Lioncourt
sábado, 15 de febrero de 2014
San Valentín
martes, 4 de junio de 2013
Verde
viernes, 10 de octubre de 2008
Halloween
la canción que canta Lestat en esta obra...espero que os guste
Imaginen una fiesta de disfraces, un momento agradable. Había pedido, más bien suplicado, a Mojo que se comportara como todo un caballero. Él asintió, no sé si para que dejara de hacer el ridículo o porque realmente lo aceptó. Busqué por el muelle un local abandonado, lo restauré durante un par de semanas y coloqué un decorado algo espectral. Muebles clásicos que pude encontrar en anticuarios, candelabros, cortinas de seda bordadas en hilos de plata y oro. Pero lo más majestuoso fue la mesa de los comensales, en el fondo del local bajo un pequeño escenario improvisado. Coloqué una escalera de caracol que llegara desde el techo al suelo del escenario, me demoró varios días conseguirlo y era parte del decorado de mi teatro. Varios ataúdes fueron dispersados por el suelo y los rincones del lugar, junto a velas, arañas de juguete y murciélagos. Un piano, bastante bien afinado, sobre la escena y luces parecidas a las usadas en mis producciones teatrales. Las invitaciones las elegí un día cualquiera, Mojo gruñía ante los horrorosos esperpentos que me trajeron como muestra. Pero al fin encontré una en papel antiguo, que se escribiría a mano y que se podía lacrar con mi sello.
-Llámame loco, llámame infeliz…llámame maravilloso portento porque hoy los pienso reunir.-tarareaba bailando un vals en medio de aquel lugar. La noche anterior había mandado los trajes junto a las invitaciones, invitaciones a todos aquellos que tenía cierto apego. Nada de príncipes, reyes o princesas…no de los reales, todos serían sacados de los cuentos más ufanos, vulgares o más tremendistas.
Cuando fue llegando la hora de la reunión llegaron los chef dejando en cada plato el nombre del invitado, junto a algunos canapés y yo desaparecí para tomar posesión de mis prendas. Estaba algo nervioso subido en el tejado, ocultándome de todos y Mojo sentado sobre mi silla observando las copas de vino aún vacías.
-Ni se te ocurra.-musité y él se irguió mostrando su lustroso porte canino.-Eso es, pórtate bien.-me acomodé los cabellos y cuando los invitados llegaban no encontraban la luz. Muchos podían sentirse, verse o tocarse, pero nadie sabía porqué los había reunido con aquellos disfraces.
Una musiquilla comenzó a retumbar, había contratado una orquesta. Mi voz surgió de las sombras. El coro me seguía en voz bajo, mientras las luces se iba iluminando los asientos y el decorado.
Niños, niñas y los demás, si.-susurré con un halo de misterio.-venís os voy a enseñar algo.-el primer pie en los escalones con los efectos especiales pertinentes.-extraño que hay aquí, la ciudad de Halloween, esto es Halloween, esto es Halloween.-treinta de octubre, como no. Los espectros debían de brindar y brincar conmigo.-Gritos en la oscuridad. Esto es Halloween! La función ya va a empezar,-aún sólo se vislumbraban mis botas.-somos traviesos y a todos vamos a asustar.-imágenes de hologramas comenzaron a surgir de la nada, fantasmas y mundos que únicamente existían en los cuentos.-Mi ciudad ¡Vamos a gritar! En la ciudad de Halloween.-mi persona apareció en la escalera y brinqué por ella hasta llegar al final.- Yo soy el monstruo que se esconde en todas partes dientes afilados, ojos muy brillantes,-aquel muñecajo apareció como de la nada, era un actor y era genial.- yo siempre me escondo detrás de la escalera, siempre tengo arañas en mi cabellera.-reí a carcajadas y mi disfraz era bastante conocido, el Rey del laberinto.-Esto es Halloween, esto es Halloween, Halloween, Halloweenn... En la ciudad, que es mi hogar, el día de difuntos voy a celebrar, mi ciudad, os encantará, todo el mundo sabe que algo va a pasar.-miles de monstruitos aparecieron de las puertas ocultas, ataúdes y del propio techo.-Mira dónde vas, muy bien escondido hay algo que te asustará y te hará gritar! ¡Gritar! Esto es Halloween. ¡Míralo! ¡Qué asco da! ¿Te asusté? ¡Pues ay que bien! Si queréis apostar, tira el dado y a jugar brilla la luna en la oscuridad.-un gran foco se apareció en el fondo de la pared iluminando un castillo abandonado, una maqueta que usé entre la pintura de un paisaje macabro.-¡Vamos a gritar! ¡Vamos a gritar! En la ciudad de Halloween yo soy el payaso que te hace llorar, de pronto aparece y desaparecerá. Yo soy aquel al que nunca veis, yo soy el viento estremecedor, sueño enemigo del astro rey lleno tus sueños de terror. Esto es Halloween, esto es Halloween. Escuchadme con atención sin terror no hay emoción junto a ti yo soy feliz trabajando en Halloween.-abrí la capa e hice aparecer, con un pequeño truco de magia, la bola de cristal.- Mi ciudad, os encantará, todo el mundo sabe que algo va a pasar.-acariciaba aquella cosa y se veían brumas.- Si Lestat de Lioncourt te atrapa un susto de muerte de dará y verás...-había cambiado la letra, como gran ser egocéntrico que soy. Pero por un día me lo podrán permitir ¿verdad?-Esto es Halloween ¡Vamos a gritar! Vamos a acabar con un tipo especial, nuestro Lestat es Rey de la Oscuridad, todos aplauden al Rey del Mal.-hice una reverencia y fueron desaparecieron lentamente en las sombras.- Esto es Halloween... En la ciudad, que es mi hogar, el día de difuntos voy a celebrar...-el coro también se dispersó entre las cortinas y demás decorado.- LA, LA, LA LA, LA, LA, LA, LA...-canturreaba aproximándome a mis queridos y amados amigos.
Louis estaba exquisito, sin duda sabía porqué me atrapó la primera vez. Vestido con viejas ropas, unas no muy distintas a como lo encontré y bufaba ante mi estupidez. Aunque, no pudo contener una sonrisa cuando hice una reverencia como si fuera un gran rey. Ambos lo éramos, yo el rey de las bromas pesadas y mentiras…él del humanismo exacerbado y de las negaciones continuas. Claudia, ya como una joven adorable, de María Antonieta pero con la cabeza en su sitio claro. Su busto, su mirada, su sonrisa macabra…era seductora, aunque peligrosa como una cobra.
Pero, sin duda, el más hermoso de todos era mi nieto. Llevé una mano a su mentón y comencé a bailar, el siguió mis pasos con carcajadas que se difundían entre el silencio.
-Griffith, que hermoso te ves como viejo caballero andante.-besé su frente y observé con que gracia llevaba la armadura, una muy parecida a la que yo llevé en su día.-¿Y este joven?-dije refiriéndome al hombre que vestía como un rajá.
-Mi pareja.-susurró en mi oído algo nervioso.-Y quien le acompaña también es mi amante.-era un joven robusto, de aspecto rudo y a la vez aniñado. Vestía como un hechicero o quizás como un enigmático guerrero.-No va disfrazado, abuelo.-murmuró besando mi rostro de mármol y se apoyó en el pecho del árabe.
-¡Vaya!-reí a carcajadas y al fondo noté la presencia de Armand. Venía engalanado como un ángel, con unas alas perfectas que yo mismo diseñé recordando los viejos dibujos de Marius. Mi maestro estaba a su lado, acariciando sus cabellos, mientras llevaba prendas de un romano. Como no, no podía haberle elegido otra vestimenta.
-¿Qué demonios has hecho?-la profunda voz de Marius me heló las venas, ya iba a reprenderme por mi alocado encuentro.
-Seguro que se fumó una calabaza.-Shirogane, aquel angel de aspecto melancólico que bufaba por coexistir con Armand en el mismo epicentro de la fiesta. Claudia, no obstante, estaba igual de resentida. Vestía como le pedí, ropas como para la ópera pero llena de telarañas y rasguños, junto con una máscara.
-No, intento despejaros de la muerte roja.-recordé aquel cuento de Poe, como no. El genial Edgar, el hombre del terror y del ocultismo.
-Lestat! Hay gente muriendo ahí fuera y nos llamas para una fiesta! Es intolerable.-como no, él siempre regañándome. Louis tenía que decirlo, tenía que hacerlo, tenía que romper el encanto.
-Déjalo, este es el Lestat que una vez fue. Patéticamente deseoso de llamar la atención de todos, como un bebé. ¿Harás el sentido inverso a tu nieto? Dime, mi querido Lestat.-en las sombras, aún en las sombras, estaba aquel maldito Nicolas. No sé porqué lo invité, quizás por un fugaz desliz de mi delirio. Y como no, vestido mafioso con un pequeño maletín donde debería ir un violín, aunque en estas fechas no sé si era así.
-No fastidiemos la fiesta, ¡debemos de hacer lo que dice!-gritó Quinn vestido de príncipe azul, con su lobo con un atuendo parecido.
-Papá, te quedó todo bastante extraño. Pero me alegro de haber venido.-era la voz de Louis, de mi hijo Louis. Vestía de rojo y blanco, con una cesta y los cabellos recogidos en una coleta, ocultos bajo una capucha roja. Sería el caperucito de su lobo y este venía de lo que era, aunque no trasformado por supuesto.
-Dio, encantador tu disfraz.-gruñó, notó mi ironía y que escogí lo que era, no me gustaba aquel tipejo. Pero a decir verdad era atractivo, atrayente de una forma imponente y que me hacía recorrer cada facción. Me recordaba extrañamente a David, le echaba en falta en la reunión, pero no sabía de él desde hacía demasiado tiempo.
-Lestat.-aquella voz me encogió el corazón.-Abu.-había dicho bien mi nombre y sólo era una niña. Estaba en brazos de Adrian vestido como si fuera un Apolo, ella iba de princesa con un traje rosa que yo elegí con el amor de un abuelo y mi otro hijo se veía elegante como un Drácula de cine en blanco y negro.
-Mi pequeña princesa, mi rompecorazones.-susurré caminando hacia ella, besando su frente y ella rió acariciando mi rostro.
-Espero que no te importe que asista.-era Nerissa convertida en cenicienta del brazo de Mike, el cual aún no tenía el gusto de conocer.
-No, no me importa. ¿De qué va vestido tu acompañante?-el hombre sonrió y di o un pequeño giro.
-De la bestia.-ahora entendí su melena crispada y sus rasgos parecidos a un león.
-¡Magnífico!-aplaudí ante su gran caracterización.
-Pasad.-indiqué los asientos y entonces en la oscuridad noté algo.
-No me han invitado, no os conozco.-murmuró algo nervioso.-Entré buscando a mi hermano.-era un ser poco convencional y noté que no era un disfraz. Era Zakeriel, como no.
-Zakeriel sí te invité, ¿no llegó la tarjeta?-pregunté algo confuso.
-¿Por eso me empujó mi pareja hasta aquí?-junto a él había un joven lobo vestido de zombie y un muchachito con una sábana sobre él. Noté que era un ángel de alas negras bastante poderoso.
-Yo traer a Zak, Zak enfadado.-se arrojó a mis brazos y rió.
-Vaya, no sabía nada de tu hermano.-lo bajé algo asombrado, no esperaba que Zak asistiera aunque mandé la invitación con la ilusión de que lo hiciera.
-¡Esperen!-gritó Yoko vestida de hada tirando de un muchacho.-Este es Law.-vestía de elfo y estaba algo ruborizado por todo aquello.
-¡Te esperaba!-sonreí mirando en un rincón a Rev
-Cariño ¿no te gusta la fiesta?-llevaba la ropa de ricitos de oro, sonreí ante su ropa y me tomó de la mano. Yo únicamente la llevé a sentarme sobre mis rodillas en la silla del anfitrión.
El resto de la noche ya lo saben
Comimos
Bebimos
Discutimos
Nos maldecimos
Y nos divertimos
FIN
*Nota: frase de shirogane XD de la propia user
Me adelanto un poco al día de los muertos...lo lamento...tenía que hacerlo, porque me he divertido bastante hoy creando esto.
jueves, 9 de octubre de 2008
Un poco de Humor
Abro los ojos en medio de la oscuridad de mi ataúd, palpo el sobrio recubrimiento de color rojo y voy abriéndolo lentamente. Ya llegó la noche, llegó la hora de la cacería más despiadada y cruel. Me presento frente al espejo como un príncipe de cuentos de hadas, arqueo las cejas alzándolas y sonrío enamorándome de mi reflejo como Adonis. Mis cabellos dorados se esparcen sobre mis hombros, en un movimiento rápido los recojo en una coleta, y abotono mejor mi camisa de puro algodón blanco. Mis pantalones vaqueros están algo caídos, ahora es así la moda y debo aparentar ser un maniquí, no una antigualla.
Permitan que me presente. Me llamo Lestat de Lioncourt y esta noche antes de mi cena les leeré una obra de teatro. Imaginen el reparto, olviden los convencionalismos y sonrían. He elaborado una arriesgada trama tomando como referencia Alicia en el País de las Maravillas, una pesadilla tétrica para cualquier chiquillo y que habría que estar enajenado para leer eso a un hijo.
-¡Oye! Yo se la leí al mío.-mi hijo, un hijo real mío. Un chiquillo que tiene mi herencia genética, mi sangre. Es parte de un antiguo legado que dejé en Auvergne, que encontré en este nuevo siglo.
-Gracias, acabas de arruinar mi voz en off.-respondo a mirando a Louis, sí se llama como mi eterno amante. Y digo eterno amante porque realmente no acabamos con nuestra relación, la dejamos congelada únicamente.
-¡Jo! Papá encima que yo dije de hacer el video.-¿cómo demonios puede ser tan condenadamente gay? Es increíble.
-Vale, no dije nada. Ahora añade las imágenes que grabamos ayer.-dije alzando mis cejas con una sonrisa de triunfador de la noche de los Oscar.
-Esto…-agachó la cabeza y comenzó a golpear sus dedos índices entre sí, una imagen típica de un anime o una serie cómica.
-¿Qué?-pregunté abriendo los brazos en un aspaviento.
-Grabé encima.-murmuró entre dientes.
-¡Qué diablos te pasa! ¡Me costó mucho ponerle esa diadema de conejito a Louis!-grité rabioso, la cólera era incontenible.
-¡No lo sé! ¡Me puse cachondo y puse el video para gravarme con Dio!-me respondió igual de alterado, realmente sí tenía parecido a los genes de los Lioncourt.
-Ni yo ni la audiencia precisábamos de tantos detalles, gracias. Ahora sí que no cenaré esta noche.-me avergoncé un poco que todo aquello se emitiera en la única radio de Damned Souls.
-¡Oye! ¿Qué tiene de malo Dio?-preguntó como si fuera un adolescente, aunque…¡qué diablos! Únicamente tiene veintidós años mortales.
-Nada, únicamente que sale contigo y tiene pulgas.-respondí con una sonrisa burlona.
-¡Mi lobo no tiene pulgas!-me gritó en el oído y casi me rompe los tímpanos.
-¡Yo no tengo pulgas!-la puerta de la habitación se abrió con Dio echando el humo del tabaco por la nariz como si fuera un búfalo.
-¡El que faltaba!-dije volviendo a alzar los brazos.
-¡Te he dicho que no fumes, que vas a dañar a mi bebé!-gritó lloriqueando.
-¡Un bebé que no debió de engendrarse! ¡Maldición!-comencé a darme golpes con la pared. Se habían embarazado usando magia la vez anterior, tenía ya un nieto y otro en camino, eso me hacía sentirme viejo.
-Papá, ¿cuándo vas a poner la película dónde soy la estrella?-Claudia, recientemente resucitada por mí, apareció de la nada quedándose frente a todos esperando que se emitiera al aire, tanto en televisión como en sonido por radio, la pequeña película casera que grabamos.
-Nunca, tu hermano borró la película.-murmuré señalando a Louis, el cual mostraba un estado de gestación de casi ocho meses.
-¡Eso es falso!-rechistó corriendo hacia su lobo.
-¡Louis William!-taconeó maldiciéndolo, conocía cada rasgo y cambio de su expresión.
-¡Sólo gravé encima!-empezó a llorar y Dio lo abrazó posesivamente mirándonos a ambos como si nos asesinara.-¡Deberíais darme mimos que estoy sensible!-
-¡No le gritéis!-su lobo no me daba miedo, pero tenía razón así que no dije nada más.
-Yo quería verte vestido de sombrerero loco, a Louis de conejo con el gran reloj y yo como Alicia.-hizo un pequeño puchero, sin embargo se calmó.
-El mejor papel fue el de Nerissa, como la malvada reina.-hizo Louis un gesto de monstruo de cine mudo y rió.
-No, el mejor fue del rey que era Mike.-saltó Claudia sobre el parquet dejando en grácil movimiento sus tirabuzones.
-No, la carta que debía ser asesinado…Quinn.-Dio estaba integrándose en la conversación aquella apuesta sobre el mejor actor.
-¡Que va! ¡La mejor carta era el loco de Niki que acusó a Quinn de pintar las rosas!-Y ahí estaba el maldito violinista apoyado en el marco de la puerta, sonriendo y burlándose mentalmente de mí aunque a mí no llegaba nada.
-¡Queréis dejar de recordarme esa película! ¡Me avergonzáis! ¡Me convertisteis en conejito!-tras él apareció Louis de Pointe du Lac, algo enojado y con los ojos llameantes.
-¡No! ¡Te convertí en conejito Play Boy! ¡Mon Dieu! Cada vez que lo recuerdo me desangro.-casi me ahogué en mis babas imaginándomelo desnudo con aquella diadema con orejas de conejo blanco y el gran reloj ocultando sus partes nobles.
-¡Lestat!-gritó tirándose a mi cuello, intentando ahogarme…aunque ya casi lo estaba en mis fantasías.
-¡Basta! ¡Son las cuatro de la mañana y quiero dormir de una puñetera vez! ¡Mi nieta se ha dormido! ¡Nuestra nieta Lestat!-ese era Armand. Su hijo y un chico que adopté hacía décadas, habían tenido una hija. He de decir que sale al encanto de los Lioncourt y que espero que no salga como Armand en sus aspectos más oscuros.
-¡Tú! ¡Cabrón!-Claudia estuvo a punto horas atrás de matarle a golpes, pero esta vez no pude retenerla y se me escapó para pegarle en la espinilla.
-Señores oyentes les pido disculpas, mi familia es extraña y estúpida.-era la voz de Griffith le habían hecho crecer hasta un muchacho de unos dieciocho años, cosa que era inadmisible para mí.-Corto la comunicación, creo que a nadie le interesa…
-¿Quieres una piruleta?-Quinn apareció entrando por la ventana con el “pulgoso” como así llamaban muchos a su pareja. También tenía un lobo por amante, como mi hijo pequeño.
-¿De cereza? Vale…-
Fin
martes, 3 de junio de 2008
Felicidades Hij@
este video no lo hice yo, pero me encanta. Felicidades Raku!
Este es para mi otro Louis, (mi hijo/a a quien aprecio y es una excelente amiga)
Entré en la sala y dejé la tarta helada en el frigorífico. Estaba creada con sangre y condimentos especiales. Sonreí malévolamente mientras me relamía preguntándome si le gustaría el sabor de aquel dulce. Me senté en el sofá, con las luces apagadas y los globos junto a las pancartas escondidas. Sonó las llaves y me froté las manos. Entró como siempre, sin pararse en mi presencia y alicaído. Al encender la luz todo apareció de golpe y yo frente a él.
-Feliz cumpleaños Louis, Feliz cumpleaños mi niñato…feliz cumpleaños a ti.-dije tirando de sus mejillas y luego besé su frente llevándolo hasta la mesa.
-Lestat, lo de niñato sobraba.-murmuró moviendo inquieto los dedos sobre la mesa.-Yo te dije que no quería ningún regalo, ni uno, pero insistes. ¿Qué puedo hacer contigo?-frunció el ceño y puso sus brazos sobre el mantel. Sus labios estaban en una mueca de ligera molestia y sus ojos eran como los de un niño, realmente sí quería un premio a mis bromas pesadas y a mis insultos continuos, aunque tan cariñosos como el primer día.
-Nada, sólo quejarte y patalear. Pero yo hago lo que quiero, soy Lestat y no tengo reglas.-dije caminando a prisa hasta la cocina. Saqué el pastel y coloqué la vela.
En un abrir y cerrar de ojos la luz se hizo más tenue, y aquel adorno de cumpleaños parecía brillar con mayor intensidad.
-¿Tengo que soplar? ¿Pedir un deseo?-estaba emocionado, en realidad se hacía el duro pero era un blando.
-Soplar.-así hizo y tras esto tomó con un dedo un poco de aquel pastel.
-¿Qué tal?-pregunté intentando averiguar si le agradaba.
-Tiene un sabor familiar, pero no sé a qué.-entrecerró los ojos y me miró.-¡Ratas! ¡Maldito enajenado mental! ¡Me lo tienes que recordar siempre! ¡Odio tus reproches! ¡Te odio!-empezó a tirarme de la ropa y zarandearme, agarrándome fuerte de la garganta y yo me reía.
Casi me mata, pero me libré por la llegada de los demás. Entraron uno a uno dejando sus regalos en preciosos envoltorios de brillantes colores, el mío fue la fiesta y un poema. Él parecía satisfecho, aunque de vez en cuando me miraba con odio gritándome mentalmente “Maldito cabrón, ya te pillaré a solas”
Querido Louis
el video es montaje mío, lo hice para mi otro "Louis" (mi hij@ Louis) pero va con este texto creado por el cumpleaños, el día siete, de mi amigo Cristian.
Querido Louis:
Hoy tras la perdida de mi conciencia, mi gran enajenación mental y deseos de tortura, he observado un viejo dibujo de nuestra hija. No vengo a insultarte, a alarmarte o a hacer burla de tus súplicas. No. Ya sabes que yo no fui, no vengo a meter el dedo en la yaga y maldecir. Me siento terriblemente desconsolado, sí, como tú bien dices. Yo a ella siempre la consentí en su cumpleaños, siempre una muñeca de frágil porcelana idéntica a ella. Tú le regalabas cosas más útiles, como libros de poemas mil veces leídos o diarios para que ella escribiera lo que quisiera. Pero, los tuyos jamás los celebré.
Celebrar tu nacida era celebrar tu odio hacia mí. Cada año era más fuerte, y eso me atraía como moscas a la miel. Lo hacía porque era un reto, el reto de que un vampiro humanizado se apiadara de un monstruo. Sin embargo, hoy es la fecha. ¿La recuerdas? Aunque creo que no, ibas tan borracho que ni te mantenías en pie. De aquí para allá con esa zorra, esa que quería quitarte la vida con su chulo. Oh, Louis, Louis…mi filósofo, mi mártir, mi encantador idiota.
Me pregunto si aún me odias. No lo sé, nunca me atreví a preguntarte. Pero supongo que siempre te quedaba es dolor, esas ansias de agarrarme del cuello y hacerme explotar en mil pedazos. Sin embargo, olvídalo soy más fuerte que tú y con ganas de vida. Lo que quiero decir, es que no sé si tirarás la carta antes de leerla o si simplemente me enviarás un cortés gracias. Siempre tan discreto, adulador, encantador de serpientes y buscador de lo correcto. ¿Es correcto Louis? Te traje a un mundo que te envolví con un lazo, no leíste la letra pequeña “cuidado, este mundo es tan doloroso como las espinas de una rosa” si bien yo de eso no tengo culpa. Dime, ¿seguimos siendo cómplices de recuerdos? ¿Amigos? ¿Camaradas? ¡Al menos di que serías mi pareja jugando a las cartas! Aunque, déjalo…no sabes mentir ¿o sí? Ves la vida como tú crees, tan suicida y oscura que me da miedo.
Mi hermoso tercer hijo, felicidades pues hoy te creé. Sabes la razón. Estaba solo, necesitaba a alguien a mi lado, que me escuchara y tú tenías esas dotes. Si bien te dañé y te causé el peor de los males. Perdóname, escucha estas palabras memorizándolas con la entonación de mi voz…porque jamás volveré a decirlo. Por última y magnífica vez: Perdóname. Discúlpame por todo y por nada. No sé cuantas cosas habré hecho, cuantos desaires, pero por todos perdóname.
Me encantaría abrazarte, decírtelo cara a cara y quedar en paz. Hoy doy por hecho que en este cumpleaños de ese santo sacrilegio, hoy y no otro día, quedamos en común acuerdo de no odiarnos y no maldecirnos más.
Eres un gran amigo, por ello jamás podré deshacerme de ti en mis maravillosos recuerdos.
Joyeux anniversaire, mon amie
Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt
