Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 7 de octubre de 2017

Fuego

Poema de Louis... ¡En serio tenía que hablar de fuego! Aunque me lo dedica... 

Fuego, combustión en mi alma
más allá de las apariencias
que muestran una eterna calma.
Es fuego, llamara destructora
que arrasa con cada evidencia
de felicidad abrumadora.

Es fuego, sólo fuego.
Un fuego que consume todo.
Es fuego, sólo fuego.
El fuego que ambos somos.

Fuego, es pasión encendida
más allá de las caricias
que otros ven prohibidas.
Es fuego, llamarada seductora,
chispa en tu mirada temeraria
que para muchos es auxiliadora.

Es fuego, sólo fuego.
Fuego que consume todo.
Es fuego, sólo fuego.

El fuego que hay en nosotros.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Dolor, dolor...

Esto lo encontró Jesse hace unas noches y me lo envió por Fax. Creo que es de las últimas noches de Khayman. Lo comparto con ustedes.

Lestat de Lioncourt


Busco el remedio para éste dolor. Intento encontrar en sus palabras la verdad que creía olvidada, desterrada de mi camino y enterrada en la cuneta de una vieja carretera. Eché cal a mis heridas, dejé que apareciera el hueso y acepté el dolor como único camino. El amor vino precedido de una muerte, igual que la paz. La locura no me deja pensar. Escucho una voz. La voz me habla con ímpetu, me seduce, hace que crea que todo está bien y lo que yo deseo sólo es hipocresía barata. Quiero llorar. Te juro que quiero llorar. Ahora mismo estoy llorando. Redacto ésta carta y estoy llorando. La vista se emborrona, las letras se pierden y el hilo de mis pensamientos parece confuso.

Ya no sé el motivo por el cual redacto ésto en una vieja libreta. La he tomado de la repisa, me he sentado en la mesa y he empezado a escribir. Ni siquiera sé cuál es el idioma en el que me expreso. No es mi idioma natal, es uno extranjero, pero desconozco su nombre. No sé quién soy ahora mismo, sólo sé que tengo sed y quiero matarlos a todos. Ellos causan mi dolor. ¿Cuál dolor? Sólo siento un terrible dolor de cabeza. Un terrible dolor. Alguien agujerea mi alma, mi pecho... ¿o es mi cerebro?

Sangre. Tengo sed. Quiero sangre. La sangre se acabó. Pero noto su delicioso sabor en mi lengua, entre mis dientes y rezumando de mi camiseta. Huele a humo. También huele a humo. Me pierdo. Debo leer las líneas anteriores para entender lo que quería contar. Tengo miedo. Estoy perdiendo el juicio y ya no sé si lo merezco. Noto el cansancio en mi cuerpo, pero no quiero dormir. Si duermo al despertar estaré frente a una pira funeraria de miles de vampiros. Ellos chillan, me culpan de su muerte, pero no entiendo porqué lo hacen.

Que alguien me ayude. Que alguien ayude al mundo.


Creo que soy Khayman. ¡Sí! ¡Así me puso mi madre!  

sábado, 22 de agosto de 2015

Ensemble pour l'éternité

Louis me ha regalado esto por mi cumpleaños, ¿qué debo hacer? ¿Besarlo o pelearme?

Lestat de Lioncourt 

Estamos destinados a desafiarnos. Nos miramos en plena oscuridad con rabia y pasión. Todo lo que me gusta de ti es lo que más odio. Detesto que me conozcas tan bien. Podrías escribir un libro sobre mi piel, tatuándose con el drama de tus besos fieros y el rasguño de tus poderosas uñas. He visto como sonríes a cualquiera de la misma forma perversa que lo haces conmigo, por eso no soporto que lo hagas y a la vez lo espero, con una necesidad más fuerte cada vez. Tu sangre es el veneno que me mantiene vivo. Nuestro romance no es más que un despiadado juego de poker en el que siempre pierdo e intento recuperar lo perdido.

Cuando hablamos de odio y desesperación, también hablamos de amor. Eres un sibarita y posees unos gustos delicados a la hora de torturarme. Te encanta hablarme al oído, provocando que algo en mí estalle, para luego enfurecerme con una odiosa carcajada mientras me atas a ti. Somos la pasión hecha carne y huesos, el fuego vivo de un infierno que jamás se apaga.

Desearía estrecharte con fuerza entre mis brazos, despejar tu frente y mirarte a los ojos. Quiero atrapar tu rostro entre mis manos, acariciar tus atractivas facciones, colocar mis labios sobre los tuyos y jurar que ésta vez no nos mataremos mutuamente con palabras más afiladas que cualquier puñal.

Estamos malditos, Príncipe, porque la Bella Durmiente despertó, pero terminaste enamorándote del filósofo eterno que niega con cinismo que te ama, pero muere por ti. Muero porque me digas que me amas y que soy tu corazón, pues, pese a todo, tú eres el mío. Tus sucios y ruines juegos nos unieron, pero el amor nos ató por siempre.


Jamás podré librarme de ti, del mismo modo que tú no te podrás librar de mí. Si no me crees tenemos toda la eternidad para lanzarnos acusaciones, acariciarnos bajo las sábanas de seda de tu habitación y sentir los vivos celos que siempre surgen como una chispa en mitad de un polvorín.  

viernes, 5 de junio de 2015

Skeleton...

Benedict vio un esqueleto quemando todo, con una túnica similar a la de Santino, y al parecer sí era él.

Lestat de Lioncourt


Solía escuchar que el tiempo cura las heridas, las cuales terminamos lamiéndonos cada cicatriz en la oscuridad. No todo va bien. Nunca marchará como deseamos. El mundo no te regalará nada. Nuestro llanto, dolor y amargura puede ser eterna si nuestro camino es retorcido. Lo fácil jamás será gratificante, pues en cada golpe de fusta hay un rayo de esperanza para el descanso de nuestra alma. Nos empeñamos en seguir viejos sueños, aunque ya estén desgastados, porque si nos rendimos perdemos parte de nosotros en el camino. Somos incapaces de renunciar.

Las heridas de mi cuerpo son infinitamente menores a las que siente mi alma. Siempre juzgué a otros creyendo que era lo correcto, mi deber y la misión que me había sido encargada por el mismísimo Dios a través de las fuerzas oscuras que dominan el Infierno. Sin embargo, acabé saboreando el dolor, la penuria, la rabia, la impotencia y la ira. Di con mis huesos a las celdas de la oscuridad. Me sentí condenado. Sólo un ángel y una mujer con aspecto de virgen María, o Santa salida de los frescos de una iglesia, salvaron parte de mis años más terribles. Él hizo que el mundo se quebrara y ella terminó destrozando los escasos muros que se sostenían en pie. El vacío fue terrible y me precipité al abismo, allí donde las almas penan y los sueños parecen convertirse en cenizas.

Busqué mis viejas aspiraciones, la bondad perdida y no hallé nada más que viejos recuerdos. Enterré mis lágrimas junto a viejas reliquias y caminé por la tierra con una vida impía. Me alejé de Dios, el Demonio y cualquier versículo que pudiese recordarme lo estúpido que llegué a ser. Caminé sin rumbo durante mucho tiempo, pero finalmente encontré el hogar en los brazos de la muerte de cada una de mis víctimas.


Era un vampiro antiguo, poderoso y solitario. Muchos no llorarían mi pérdida. En sí, jamás pensé que alguien pudiese sentir lástima por mi destino. Cuando estallé en llamas y fui dado por muerto pensé que jamás debería reaparecer. Me enterré en la tierra fresca y fértil, busqué cuidar mis heridas y aceptar el maleficio de mis viejos actos. Sin embargo, acabé despertando con ideas terribles y destructivas. Hice arder a jóvenes y antiguos. Me convertí en un esqueleto que danzaba cortejado por las llamas del Infierno.  

martes, 31 de marzo de 2015

El bien y el mal

La oscuridad nos rodeaba, como si quisiera estrangularnos, mientras las estrellas palpitaban en el firmamento. Lejos, aunque no demasiado, sólo se veían un par de luces de parte de la taberna. Allí muchos estaban bebiendo hasta perder la conciencia, para ahogar así sus penas, y olvidar, aunque fuese unos instantes, que eran tan mediocres como los campos que labraban.

—Mi madre pronto morirá y caerá en un vacío terrible—murmuré mirando a la nada. Las lágrimas aún salían sin remedio. La tristeza atrapaba entre sus dedos mi corazón.

Aún la música del violín, tan excitante como magnífica, seguía danzando en mis oídos. Nicolas ya había parado. Decidió sentarse a mi lado rodeándome, pegando mi cabeza a su pecho. Pude notar su ondas castañas sobre mi frente. Había soltado su cabello, permitiendo que el aire le peinase desastradamente, dándole una imagen enigmática y salvaje. Sus ojos castaños me miraban con desasosiego. Mi confesión de hacía algunos minutos temblaba en su garganta y golpeaba su corazón. Sabía que él sufría conmigo, pues me amaba y su amor provocaba que percibiera mi desgracia de forma distinta a la de cualquier otro.

—Yo sigo creyendo en Dios—susurró—. Pues creo en el mal y el mal tiene su opuesto que...

—El bien y el mal sólo son palabras, creencias, y no seres—dije tomándolo de una de sus manos, pues con la otra sujetaba el violín.

No muy lejos, a pocos metros, los árboles retorcidos y negros yacían sobre un terreno destrozado. Allí solían quemar a las brujas. Las gentes del pueblo señalaba a pobres infelices, las llevaban a juicio y disfrutaban prendiéndoles fuego. Un fuego que consumía sus largos camisones, sus piernas largas y carnosas, sus cabellos sueltos al viento y sus rostro, feos o hermosos, mientras gritaban que eran inocentes. Los restos se consumían hasta no quedar casi nada, después los echaban en una fosa y se olvidaban del excitante sacrificio a sus mentiras y miedos.

Nosotros éramos los monstruos. No creía en nada más. Dios y el Diablo no tenían poder sobre mí, mi camino y mis sentidos. Había aprendido que todo lo que éramos se concedía por las experiencias y sentimientos. Éramos libres. Debíamos decidir. Mi madre moriría y la oscuridad la absorbería, salvo por los recuerdos que taladrarían por siempre mi corazón. Eso me enloquecía. Quería morir en ese mismo instante. La angustia se clavaba en mi garganta.


—Yo estaré aquí, a tu lado, y mi violín tocará siempre para ti—dijo como un ángel bondadoso. Besó mis labios y se posicionó para tocar el violín. Lo hizo frente a mí permitiendo que lo contemplara bailando, retorciéndose como los árboles, mientras emitía esas notas tan apreciadas por mi alma.

Lestat de Lioncourt   

viernes, 13 de marzo de 2015

Rojo pasión

Marius y su tontería. Si lo quieres... ¡Tómalo!

Lestat de Lioncourt

Rojo como la sangre, el fuego y los amaneceres que hace tiempo perdí de vista. Rojo como la vida misma derramada en el cuello de mis víctimas. Ese rojo que es pasión desenfrenada. Un rojo que parecía llama ardiente sobre la nívea piel de leche. Quería beber su alma entregada, los miedos de sus ojos castaños y la cereza madura de sus labios de seda. Durante meses viví la pasión más pueril y pura. Una mezcla de sensaciones que me llevaron a la locura y la desesperación. Tenían razón cuando decían que él sería la perdición de vida, el sentido máximo de mi creatividad y por siempre, pese a todo, algo que no podría entender.

Tenía miedo de él. De la bestia que creé por miedo a perder. La muerte le rondaba, susurraba en sus oídos, la fiebre le hacía delirar y sus labios parecía decir adiós. Tenía miedo y el miedo se quedó instalado en mi alma, sin dejar que el hombre sabio surgiera una vez llegado el momento de la paz. Cuando yació muerto entre mis brazos, con su sangre cálida en mis venas, quise morir de pena. Sin embargo, yo sabía que lograría que se convierta de nuevo en el joven soñador y peligroso, en el pecado, en la pintura que cobraba vida y en el seductor muchachito que guiaba mis manos bajo las sábanas de seda.

Su amor me dio vértigo. Saber lo dependiente que éramos el uno del otro, como si fuésemos uno, me provocó un pavor terrible. No era capaz de aceptar el hecho que estaba vinculado a él más allá de la sangre, el tiempo y el alma. Cuando desapareció de mi vida, mientras yo temía por la mía, pensé que sería lo mejor para ambos. Creí fervientemente que lograría ser feliz. Y me equivoqué, como muchas veces lo he hecho. Erré por completo. No buscarlo fue una traición, pero eso hizo que él sea el ser que hoy contemplo.

Frente a mí, con ese rostro impávido lleno de inocencia en sus mejillas sonrosadas, parece un ángel. La maldad yace en lo profundo. Hay oscuridad en sus ojos brillantes, una oscuridad perversa. Sé que guarda la curiosidad de un niño, la juventud de un adolescente y el ímpetu de un hombre joven. Pero es un monstruo mucho peor que yo. Ha matado a miles como él. No hay cargo de conciencia en su mente, cree que hizo lo correcto y lo suficiente para sobrevivir. A veces parece distraído, pendiente de un nuevo milagro, pero sus energías se agotan y suspira esperando que yo diga algo. ¿Y qué puedo decir? ¿Lo siento? Es demasiado tarde para pedir disculpas. Ya no es el momento siquiera para discutir el uno con el otro. Ni siquiera hay que discutir algo más que las lágrimas que hemos vertido los dos. Han muerto cientos en los últimos meses, pero él parece tranquilo. Para él todo está bien mientras que aquellos que ama están en pie, luchando con uñas y dientes, esperando un nuevo anochecer.

—Amadeo...—murmuré hace un rato. Él me miró severo, pero endulzó el gesto con una ligera sonrisa.

—Llámame Armand—repuso—. Ya te dije que ese es ahora mi nombre. ¿Te acostumbrarás a ver frente a frente la consecuencia de tus decisiones?


No dije nada. Tan sólo guardé la rabia, acumulándola en algún rincón, y suspiré. Dejé que mi alma se compadeciera de mí mismo y del orgullo que poco a poco parece querer matar al amor. Pero el amor que siento por él, ese amor intenso, sigue ahí. Es un amor que jamás podré olvidar.  

jueves, 25 de septiembre de 2014

Tus sueños

Hay amores imposibles, sueños poco prácticos y frases que nunca debieron ser dichas. El mundo entero puede comenzar a temblar y derrumbarse. La verdad puede ser un arma de doble filo. Hay que tener cuidado con lo que se desea, igual que con aquello que creemos necesitar. Aprendí tarde estas lecciones, pero aún creo recordar su voz taladrando mi alma y arrojando demonios al fuego. Tanta belleza y poder desaprovechado debido a una cólera mortal llena de estigmas. La diosa cayó de su pedestal, rompiéndose en mil pedazos, y el culto a la sangre se desbordó del mismo modo que el río Nilo.

En mi memoria están sus ojos vacíos y su boca abierta, pero también la firmeza de sus brazos al rodearme. Es como si pudiese verla aún. Cierro los ojos y escucho el estruendo del público, los cánticos alzándose, mi bota golpeando las tablas del escenario, la canción surgiendo como una plegaria y ella llegando como la diosa que era. Todos quedaron atónitos, comenzaron a correr, pero muchos acabaron muertos o heridos. Entre el público había caras nuevas y miles de desconocidas. El mundo parecía tronar en un alarido terrible. El fuego alcanzaba a todos. Louis temblaba entre bambalinas y por primera vez temí por él, por mi madre, por aquellos que amaba y por mí. Temí por todos. Aquello era una trampa. Pereceríamos por mi inconsciencia. El mundo sabría que Lestat existía, pero también que fue el causante de un exterminio.

Aquello fue terrible. Pero aún peor fue conocer su verdad.

Siempre imaginé que ella me hablaría. Deseaba conocer sus secretos. La verdad que ella había atesorado en su corazón no era tan pura, ni luminosa y tampoco esclarecía nada. Creía que el dolor de éste mundo debía ser erradicado con castigos terribles. Hablaba de faltas religiones, guerras hechas por petróleo, niños muriendo de hambre y enfermedades terribles. Me contó su idea. Quería que todos le rindieran culto y se convirtiera así en la imagen visible de una diosa. Un culto ya perdido, con motivos válidos, que no tenía lugar en el mundo. La violencia no ofrece la paz. Ella misma lo sabía, pero no quiso aceptar su error. Nunca deseó aceptar que estaba confundida. Tantos milenios en silencio, ocupando un trono, la habían hecho de piedra aunque guardaba sentimientos. Sé que lo hacía porque ella deseaba alcanzar sus sueños, sin embargo los sueños que implican a otros, a los cuales les privarás de soñar, no son admisibles.


¿Y el amor? La amé. La amé tanto como la temí. Temía su ira, su odio irracional, sus deseos de venganza hacia un mundo que desconocía y su irresponsable deseo de dominar a todos. Sin embargo, amaba su dolor, la verdad de otros tiempos y sus fríos besos cargados de amor. Ella me amó. Sé que no sólo fui un juguete con el cual terminó cansándose de jugar. Me convertí en la imagen de un ángel, un seductor ángel, que la cautivó. Yo fui quien la despertó. Fue mi voz la que hizo que ella se alzara. Me estuvo esperando. Sin embargo, su ira mató todo. Ella murió porque no quiso escucharme, o tal vez, porque no supe pronunciar las palabras correctas. Sobre mi conciencia cae como una losa sus últimos momentos... Pobre Akasha, pobre reina... 


Lestat de Lioncourt   

domingo, 31 de agosto de 2014

Mi odio es todo tuyo

Otra carta de Louis... que casual... de odio. Y yo que lo agradezco. Mejor que me odies a que me ignores, así puedo seguir molestándote hasta hacerte estallar. 

Lestat de Lioncourt 


Odiarte no es suficiente.

El odio no nace de la nada. Detesto odiarte porque sé que la llama de éste sentimiento surge de mi pasión, recuerdos y desesperación. Te adueñaste de mí. Me atrapaste como se atrapa a una polilla que camina hacia la luz. Me hiciste creer que todo era posible, que el dolor desaparecería y que la muerte no sería una salida digna. Tú, codicioso y vengativo, me arrancaste de mi destino en éste mundo. Hiciste que el tiempo se detuviera, que los colores estallaran con una fuerza insoportable y la noche estalló cargada de estrellas.

Me convertiste en un miserable.

Creaste a un monstruo lleno de dolor, para luego susurrarle que su tragedia sólo había comenzado. Debía vivir con la pena colgando en mi pecho, condenado a soportarte y aceptar que nunca podría morir. La sed laceraba mi garganta, se adueñaba de mi alma y me empujaba a cometer el peor de los crímenes. Yo no pude quitarme la vida, pero debía quitársela a otros. Decías que mi piedad era insufrible, pero te regodeabas cuando lloraba y sentías placer ante mi angustia. Eras un monstruo, siempre lo fuiste y lo serás. Un cobarde que jamás quiso decirme la verdad, y que cuando la supe sólo pudo escudarse en sentimientos que no tienes.

Todo por amor. ¡Qué bonito suena! Y que lamentable es saber que es tan falso como tus sonrisas.

¿Realmente me amabas? ¿Querías protegerme? ¿De quién? ¿De ti, de mí o de todo lo que somos? Aún no lo sé, pues no sé cuales son tus juegos a pesar de los siglos. Siempre sabes como saldrán los dados, tienes las cartas marcadas y la suerte besa tus mejillas mientras acaricia tus cabellos dorados. He visto en tus ojos la verdad desbordarse, las lágrimas sanguinolentas más cálidas que he conocido y aún así no te creo.

Quise ver el sol, pues el pasado que vivimos era demasiado amargo.

Ella era todo para mí. Prácticamente la vi morir. Pude palpar el aire cubierto de sus llantos y lamentos. Sentí como la arrancaban de mis brazos y hundían cada recuerdo en brea caliente. Tuve que vivir preso del dolor. Ya no sólo era un asesino, lo que fui incluso antes que tú me impulsaras a ello, sino un padre con los brazos vacíos y viejas cuentos infantiles amontonados en la memoria. Pero tuviste que aparecer tú. No me dejaste hacer lo que quería. Siempre haces lo que tú quieres, pero no permites que otros hagamos lo que necesitamos. Que me salvaras no significa que yo quisiera ser salvado.


Eres despreciable. Ni siquiera me dejaste morir. ¿Y debo estar agradecido? Púdrete en el infierno y no regreses. No quiero saber nada de ti, pues si acabas frente a mí posiblemente conocerás lo cálidas que son las llamas de una antorcha.  

martes, 15 de julio de 2014

Archivo Talamasca

Éste archivo ha sido donado por David Talbot, estaba en su poder y nos lo ha cedido. Así que espero que les agrade y lo vean interesante.

Lestat de Lioncourt 


El teatro se ha alzado en París, ni más ni menos, y la Orden me ha rogado que me desplace hacia el país y visite la ciudad que está tomando forma en medio de la tragedia. Muchos duques, marqueses y diversos miembros de la familia real han caído ejecutados frente al pueblo, el cual ambicionaba venganza de sangre mientras los burgueses, completamente orondos y felices, aplaudían como locos. Un espectáculo terrible, pero que sin duda se ve representado aún de forma más abominable, si hay posibilidad alguna de ello, en los juegos de un teatro macabro.

Muchos dicen que allí se presenta el Diablo para congraciarse con los actores, pues se ven magníficos y jóvenes. Todos tienen el mismo aspecto. El cabello es negro, de corte simétrico, enfundados en túnicas del mismo color que el cabello y de una palidez propia de una muñeca de porcelana fina. En ocasiones llevan los labios pintados, pero otras veces sólo salen como ese extraño maquillaje. Sin embargo, Talamasca ha tomado conciencia que no es maquillaje. Allí, lo que hay, no es Lucifer sentado en una silla de oro sino un vampiro y su corte.

He acudido para investigar, como se me ha pedido, pero me siento completamente angustiado. Sé que no es posible que ellos me ataquen, pues nunca ocurrió con un miembro de la orden pues podemos vigilar sus movimientos y leer su mente, aunque más que leerla comunicarnos con ella.

Si les soy sincero las obras son sobrecogedoras. Hay una obra dedicada a La Muerte. Una obra encantadora, pero terrible. La muerte camina por el mundo y va sesgando la vida de una pareja joven, un niño, un clérigo y un niño que dormía plácidamente en la una. La Danza Macabra era muy popular en la época medieval, pero creí que se había erradicado. Sin embargo, ellos lo representan día tras día, noche tras noche, con sus diversas obras. Sin duda, como en toda obra, hay un fragmento de una de las representaciones que me ha fascinado.

Es el siguiente pedazo, el cual reproduzco con todo lujo de detalles:

—Por favor, os ruego—dijo una bailarina. Tenía un hermoso vestido rosa, con una falda vaporosa, y el cabello caía en dos trenzas a sus lados. Poseía una delicadeza terrible. Anteriormente había salido de una caja de música, bailado frente al público y sonreído como una niña inocente—. Por favor.

—¿Por qué debería tener piedad cuando conmigo no se ha tenido?—pregunta un joven con un hermoso violín, completamente vestido de negro y con unas manos hermosas. Jamás he visto unas manos tan blancas y hermosas. Tenía unas uñas filosas que centelleaban. También he de confesar que su belleza era mágica, sobre todo cuando movía las manos con elegancia. Se giraba en el escenario retorciéndose y entonando una canción algo siniestra—. Estoy libre del bien y del mal. Me burlo de Dios y del Diablo. Danzo por la tierra sin cadenas y me ofrezco a mí mismo como representante de la crueldad. Tengo mil nombres, pero muchos me llaman “La muerte inesperada”. Permíteme mujer, quiero beber de ti la felicidad que posees y luego deshacerme de tu cuerpo.

Tal vez, deba seguir investigando. Sin embargo, he descubierto que ese joven es un vampiro recién nacido, atormentado, y dirigido por uno de los vampiros más antiguos de los cuales se tiene consta. Se llama Nicolas de Lenfent y en más de una ocasión ha mentido sobe el teatro, es decir, intenta que nadie se marche creyendo fielmente en el folclore. Pero, este hombre sufre y padece tormentos. Pronto se delatará y delatará a todos. Necesito más datos. Quizás pronto ocurra una tragedia, por ello pido permiso para seguir indagando en los turbios asuntos de éste pequeño teatro parisino.



Olivier Smith.  

lunes, 9 de junio de 2014

Beautiful monster

Una noche de sed junto a Louis, eso es Bautiful monster... 


Lestat de Lioncourt 

La noche había caído con toda su intensidad y las diversas luces, las cuales salpicaban el perfil de la ciudad, ya brillaban con mayor fuerza que las propias estrellas. Sus ojos recorrían con cautela la silueta de cada mueble, posándose por unos instantes en la lámpara de queroseno que se encontraba encendida. El suelo estaba descuidado, las cortinas algo raídas y las paredes negras. El fuego había consumido parcialmente aquel hogar. Era una de las pequeñas viviendas que Lestat había adquirido y abandonado, pues él la había destrozado. Louis se había hecho con ella, para guardar sus numerosos libros y olvidarse allí, como si pudiera hacerlo, de todos los recuerdos que le perseguían como si fueran terribles fantasmas.

Se incorporó del sillón dejando el libro, que sostenía desde hacía rato entre sus manos, en una mesa pequeña y retorcida. Sus mocasines hicieron crujir las tablas de madera del suelo, como si fuera un viejo ataúd, y entonces decidió salir. Caminó hacia la puerta, giró el pomo y salió a la noche. El aroma del pantano cercano le provocó cierta nostalgia, pero sobre todo el dondiego que crecía a un costado de la propiedad.

Salió al jardín, acarició con la punta de sus dedos las hojas de las rosas, observó el camino empedrado de losas heterogéneas y se acercó a la valla. El hierro chirrió, igual que un trueno, provocando que sonriera. Sabía que buscaría una nueva víctima, la sed provocaba cierto ardor en su garganta y sus ojos verdes brillaban como los de un animal salvaje.

Louis ya no era el mismo. No era el filósofo y mártir. Hacía más de una década que no lloraba, no se lamentaba, no era nada más que colmillos y rabia. Se abrazó a sí mismo, sintiendo la fina tela de su camisa blanca, y echó a caminar por las calles aledañas a la propiedad. Los vehículos pasaban a su lado, los jóvenes se tropezaban con él sin siquiera prestarle atención, las farolas iluminaban levemente su piel algo tostada y su mirada se volvía más terrible. Finalmente, halló lo que buscaba.

Era una mujer delgada, de aspecto algo enfermizo, con el cabello rubio encrespado y los labios pintados con un tono rojo muy llamativo. Vestía con una falda corta, de tela jean, y una blusa anudada en sus pechos, que era del mismo tono que sus labios. Una puta cualquiera. De esas fulanas que te venden incluso su alma por una dosis de droga. Él sonrió, como cualquier pervertido sin escrúpulos, y la tomó del brazo llevándola a un callejón cercano.

Ella lo miró, como quien mira a un demonio, e intentó hacer su trabajo. Sin embargo, no era placer sexual lo que buscaba Louis. Él clavó sin piedad sus colmillos, traspasó la piel y la carne, para beber sin escrúpulos de ella. Lentamente dejó de tener fuerzas, cayó a sus pies como el envoltorio de un chicle y salió fuera. Con cuidado acomodó sus largos cabellos ondulados, sonrió y se lamió los labios pues aún sentía el calor delicioso de la sangre brotando entre sus dientes.

—Oh nuit, oh laisses encore à la terre. Le calme enchantement de ton mystère. L’ombre qui t’escorte est si douce—tarareó metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones—. Estúpida...—murmuró con una sonrisa cruel.



sábado, 31 de mayo de 2014

Palabras frente al fuego

Bonjour

Mael y Marius nunca se han llevado bien, por eso Avicus lo ha intentado... pero se ve que no se puede.

Lestat de Lioncourt 


Palabras frente al fuego

Sentado, en completo silencio, puedo observar sus facciones duras y afables. Sus ojos son dos granos de café, tan intensos como oscuros, que observan intensamente las ascuas de la hoguera. Jamás he pensado detenidamente si el tiempo nos ha hecho más sabios, fuertes y tercos; sin embargo, cuando lo escucho con su tono suave, pausado y masculino, sobre la vida que ha llevado y los mundos que ha visto he supuesto, que al menos, él si es más sabio y fuerte. El terco, como siempre, soy yo.

—Deberías hablar con él—ha dicho de nuevo mientras tomaba asiento a su lado, en el otro extremo del tronco—. Te aprecia.

—Me desprecia—le corregí.

—Mael...

—Avicus, he hecho demasiado por ese cretino—comenté mirando las llamas mientras él se giraba hacia mí, deteniendo su mirada en mi rostro serio y mi ceño fruncido—. Es un terco.

—Tú también—soltó una risotada que cortó el aire y tuve que mirarlo. Tan vivo, tan real, tan cerca y yo aún soñando con su regreso. Habíamos estado divididos mucho tiempo y, ahora, nos rompíamos de nuevo sólo porque Marius y yo no podíamos convivir.

—Yo no le he llamado feo, viejo y estúpido.

—Ignorante sí—replicó con una media sonrisa.

Desconoce por completo lo seductor que puede ser ver a un hombre como él, con un pasado tan oscuro y un futuro tan desconcertante. Puedo ver su gigantesco cuerpo inclinado hacia delante, sus músculos marcados en sus fuertes brazos, y su cabello moviéndose suavemente por la brisa. Quisiera hacerme hueco en su pecho, llamarlo nuevamente maestro y perderme en su aroma; pero no puedo hacer nada, tan sólo quedarme ahí como haría cualquiera. Si él supiera que es mi debilidad, que he extrañado su conversación, estaría perdido.

El amor es algo más que palabras románticas, pues a veces es silencio y también gestos. He caminado a solas y en estos momentos la senda se ha vuelto intensa, más interesante y agradable. Él está ahí, a mi lado, esperando que tome su mano y acepte sus desafíos.

—Lo es—murmuré justo antes de notar su mano derecha, tan gigantesca y áspera, colocando un mechón de mi cabello—. Avicus, no.

—¿Qué?—dijo con una sonrisa franca.

—Intentas convencerme—respondí frunciendo aún más el ceño mientras cruzaba mis brazos.

—¿Es tan obvio?—preguntó con otra risotada.

—Sí.


Han pasado muchos años desde que estuvimos juntos, pero cuando regresó era como si jamás hubiésemos estado separados. Quizás el amor es eso, más que algo físico. Amar es comprender y yo comprendo a Avicus. Tal vez, sólo tal vez, por eso le amo y perdono sus vanos deseos de unión entre Marius y yo.  

domingo, 27 de abril de 2014

Yo soy fuego

Comenzamos con un poema de Louis dedicado al fuego, bueno dedicado a mí para quemarme vivo con él. Muy amable, vamos. Considerando que es su único regalo en años...

Lestat de Lioncourt 


Terror, locura y fuego.
La libertad está al otro lado.
Hoy nos encontraremos de nuevo.
Las llamas ya se están alzando.

Mírame, soy como un animal salvaje...
y mis ojos te persiguen en la noche.
No vas a poder escapar de éste viaje
a los infiernos de mi torturada alma.

El fuego purificará nuestro pasado
y plantará cenizas en el presente.
Hoy nos tomaremos de la mano
regresando al momento más doloroso.

Te torturaré siempre con mi presencia,
podrás escuchar mi voz en sueños.
Y de tu libertad pronto seré dueño
convirtiéndome en testigo de tu demencia.

Terror, locura y fuego.
La libertad está al otro lado.
Hoy nos encontraremos de nuevo.

Las llamas ya se están alzando.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt