Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 1 de octubre de 2016

Vive el momento

Tentar a la muerte puede ser extremadamente divertido en un primer momento, pero luego te das cuenta que has cometido una locura que podría tener peligrosas consecuencias. Creo que a veces no mido siquiera la repercusión que acabará teniendo todo lo que hago o digo. Sólo pienso en vivir el momento, disfrutar de cada segundo, y después vienen las lágrimas. Supongo que debería cambiar, pero sé que es imposible enseñarle trucos nuevos a un perro viejo.

Fue increíblemente sencillo convencer a un puñado de chicos para formar parte de su subcultura, grupo y alianza. Una alianza amistosa donde todos desempeñábamos una labor. Supongo que yo era el endiabladamente optimista y loco, pues me creía un vampiro. Para ellos los vampiros eran un mito, una leyenda urbana, algo que había visto mil veces en cine y televisión. Por supuesto, claro está, también era obras literarias que leían desesperadamente en busca de inspiración. Yo sólo era un chico rico, atractivo, con un sueño similar al suyo que era triunfar y un tanto loco. Nada más.

Creo que si al final desperté ansioso fue por el rock. Llevaba meses escuchando ese sonido estridente, absolutamente salvaje, a pocos metros del lugar donde había decidido enterrarme. Cuando un vampiro hace algo así debe saber que se quedará sin energía, que surgir de la tierra le costará semanas o meses, y que deberá alimentarse de animales pequeños, como roedores, en su ascensión a la superficie.

Cuando me liberé de ese encierro, al cual había accedido libremente, recorrí el cementerio cercano alimentándome de los pequeños animales y de los borrachos, así como algún que otro imbécil, que merodeaba el lugar. Al salir a la ciudad, con aquellos pestilentes harapos, me di cuenta que todo era mucho más diferente de lo que podía siquiera averiguar a través de otros.

Me deslumbraba el neón y me di cuenta que era difícil ver las estrellas. El cielo nocturno se había quedado sin una de sus hermosas luces debido a la contaminación lumínica. El ruido cada vez era más ensordecedor, así que tampoco se podía descansar. Los humanos recorrían el mundo a oscuras, cada vez más, y se divertían en pubs hasta el amanecer. Si bien, no supe de los tugurios para vampiros hasta meses después. Así de desconectado estaba.

Supongo que lo mejor de todo fue hacer los videoclips, las cartas de los fans, el sentir los focos en el escenario y ver a Louis. Sobre todo ver a Louis. Jamás pensé que podía verse tan hermoso con unos pantalones simples y una camisa cualquiera. Amaba contemplar sus ojos esmeraldas con esa chispa que había olvidado. En mis sueños lo había idealizado, pero faltaba esa llama que siempre posee. Tiene una pasión similar a la desesperación y dolor que carga. Es terriblemente hermoso.


Bueno, recordar los viejos tiempos es increíble. Sobre todo porque en mis recuerdos el concierto fue fabuloso, incluso teniendo un final tan poco predecible. Uno imagina que te ovacionarán y arrojarán ropa interior, pero no que Akasha, la fuente de todo nuestro poder, interrumpirá para destruirnos a casi todos. Hace más de veinte años de esto. ¿Por qué lo rememoro? Porque supongo que esta fue el mayor desastre que he provocado, ya que los demás han tenido menores consecuencias en otros. ¡Ja! ¡Hasta hace unos años! Pero... ¿por qué no lo rememoráis conmigo? Últimamente estoy recordando... por ahora, ¿qué tal mi actuación? Yo digo que era digna de Bon Jovi en sus mejores tiempos, pero con una voz similar a la de Morrison. ¡Y no estoy exagerando!  

sábado, 24 de octubre de 2015

Madre y Padre

Marius ha hecho acopio de todas sus fuerzas para recordar algunos sentimientos que creía olvidados. Ahora, tras lo ocurrido con Amel, parecen haber surgido como un terrible grito en mitad del silencio. 

Lestat de Lioncourt 


Podía contemplarla durante horas y no perder la concentración. Admiraba aquella figura erguida, como una diosa, en aquel trono hecho a medida para su delicado cuerpo. Sus turgentes senos, sus labios carnosos, sus ojos fríos y profundos, aguardaban ser besados y acariciados. Parecía de mármol, pero no era más que una criatura que no deseaba despertar de un sueño al que se había entregado muchos años antes de conocernos.

Sus largos cabellos negros caían sobre sus hombros, los mismos que yo cepillaba cada anochecer. Lavaba su cuerpo con agua perfumada, vestía su desnudez con cuidado y engalanaba su figura con joyas muy valiosas. Tenía la piel bronceada por el sol del desierto, al cual fue expuesta, y le ofrecía un color ligeramente natural. Maquillaba sus ojos, embellecía sus pómulos con un poco de rubor y colocaba apliques en su cabello para mantenerlo despejado de su rostro.

La amaba. Simplemente la amaba. Era un sentimiento incondicional que me ardía en el pecho. La sangre golpeaba fuertemente en mis venas, recorriendo cada parte de mi ser, para estallar en mis sienes. Llegaba inclusive a dolerme el cuerpo cuando la contemplaba con tanta concentración, olvidándome incluso de saciar mi sed, pues ella era hermosa sin lugar a dudas.

También estaba él. Al lado de Madre estaba Padre. Él lucía ropas más simples a la hora de vestir, pero igualmente dedicaba algunas horas al cuidado de sus cabellos, limpieza y joyas. Los brazaletes que cubrían sus muñecas, así como brazos, eran hermosos y poseían los símbolos del Antiguo Imperio de Egipto.

Me arrodillaba frente a ellos y oraba por mí, por los demás vampiros de éste aciago mundo y porque ellos me escucharan para que tomaran conciencia. Los necesitábamos. Creía que si ellos se alzaban, los vampiros de la Secta de la Serpiente cambiarían de parecer y no tendría que seguir levantando mi espada en contra de mis iguales. No era un hombre de lucha, sino un literato y un amante de la historia. Deseaba dejar de luchar en vano con aquellos que creían tener el poder en las sombras, pero sólo eran niños creyendo fábulas de dioses falsos y mezquinos.

Viajé a cientos de lugares y en todos ellos, donde me instalaba, buscaba un lugar seguro para mis amados Padres. En ocasiones no podía trasladarlos, por lo tanto tenía que estar viajando para rendir culto y dedicación. Sin duda alguna la época moderna fue la más cómoda para ellos y para mí. Pude llevarlos a un lugar seguro, donde nadie nos molestaría, y de una forma cómoda e inocua para los tres. Allí, bajo aquel palacio helado, los mantuve conectados al mundo exterior.

Fui un ingenuo. Un tonto. Reconozco que fui demasiado estúpido para no darme cuenta. Madre no era como yo imaginaba. Ella era una mujer ambiciosa, la cual poseía unas ideas descabelladas y absurdas. Era terrible y temible. Padre sólo era un objeto decorativo que decidió eliminar, convirtiéndolo en un envase delicado que se rompía con sólo mirarlo. No tuve tiempo para llorar mi ingenuidad, mi corazón roto y mi torpeza. La música de Lestat se alzaba por todo el recinto proclamando la verdad, dilapidando el secretismo y el silencio que yo le había impuesto, provocando que ella se alzara contra mí llamándome estúpido, hiriéndome y logrando que todo lo que había hecho, absolutamente todo, se convirtiera en escombros bajo las congeladas aguas.

“La Bella Durmiente debe alzarse y caminar sobre pétalos de sangre.
Quiero que venga junto a mí, me sonría perversa y susurre otra vez su nombre.
¡Ella me dijo que se llamaba Akasha! ¡Me pidió que la recordara!
Yo abrí mis brazos hacia el techo pintados con lirios y acepté que me amara.
He venido aquí, junto a vosotros, para pedir que abra sus ojos.
He venido aquí, para explicaros, que no hay verdad más pura que su poder.
¡MADRE LEVÁNTATE! ¡PADRE ACOMPÁÑALA!

¡GUARDIÁN, NO LA APARTES DE MÍ! ¡DÉJANOS CONTEMPLARLA!”  

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cuidado

Khayman me demostró muchas cosas, sobre todo la verdad que él todavía contenía.

Lestat de Lioncourt


He recorrido el mundo. No hay rincón que desconozca. Comprendo cada piedra que se ha alzado a lo largo de los siglos. He visto guerras alimentar a las aves de rapiña, y aves de rapiña en los círculos más importantes de los gobiernos. He comprendido el infierno de los hombres, observado sus almas condenarse con cada mentira que creían con devota fe, sentido las lágrimas de los niños abandonados a su suerte, acariciado el dolor de las madres que perdían todo lo que amaban en mitad de una guerra. La desesperación, el hambre, la crueldad y la victoria amarga de los pueblos. También conozco el progreso, las grandes carreteras asfaltadas, el ruido insistente de cientos de vehículos de conductores que no duermen, la verdad oculta en cada abrazo clandestino, la solidaridad de una sociedad llena de heridas y me he cruzado con gatos negros, más negros que la noche, que no me han causado mal alguno.

La vida transcurre cada día. Millones mueren y otros nacen, provocando que el mundo vuelva a regenerarse. Pero, ¿qué hay? Más guerras, más miseria y lágrimas. Sólo una pequeña parte de las ciudades poseen opulentos que dedican sus vidas a soñar, pero el resto tan sólo piensan en la comida que no tienen y las deudas que acumulan. Así es el mundo. Éstas son sus raíces. Pero aún así son pequeñas hormigas que construyen grandes momentos.

Amo a los hombres. Siempre he amado a los hombres. Soy un monstruo que camina entre ellos, con un aspecto extraño, y que sonríe cuando contempla a los más pobres compartiendo lo que no tienen. Comprendo la ira y el odio, pero no la comparto. Tienen un futuro en sus manos. Un futuro que ésta noche cambiará si Lestat sube a ese escenario...


Cuidado, Lestat. La Bella Durmiente ha despertado. El mundo está despertando de su largo sueño de paz. La guerra viene. El mundo estará en ruinas de nuevo. La verdad será demasiado fuerte y agotadora. Lestat, tú tendrás que ser fuerte. Me pongo a disposición del honor, de la verdad y la paz. La lucha es necesaria. El sueño de paz ha acabado.  

martes, 1 de septiembre de 2015

Horror

Este es otro punto de vista de lo ocurrido aquel día. De verdad, me alegro que ocurriera pese a las muertes. Hemos aprendido mucho de ese día.

Lestat de Lioncourt


La música sonaba reverberando entre el millar de ánimas que rugían llenos de una lujuria salvaje, proporcional al espectáculo que se ofrecía en el interior del estadio, en las calles cercanas muchos jóvenes entonaban las mismas canciones que, mediante varios televisores y radios, se ofrecía. Era espectacular. Todos se arremolinaban sintiéndose parte de un momento histórico. Muchos vampiros habían acudidos camuflados como cualquier otro muchacho ídolo de una supuesta figura cargada de seducción, misterio y horror. Aquel travieso vampiro, el cual había logrado sobrevivir a diversas aventuras, se había encargado de cumplir su promesa con unas dudosas medidas de seguridad. Se había empeñado en lograrlo y nadie podía negar su capricho; ni siquiera pudo negárselo su propia madre o su eterno compañero, el cual se hallaba entre bambalinas, que, sin duda alguna, era culpable de aquel desenlace.

Me había desplazado hasta el lugar fascinado por las canciones que él transmitía. No deseaba decirle a mis compañeros cuánto deseaba verlo en persona. Reservaba mis anhelos en el interior de mi corazón, tan oscuro como mi alma y mi propio tono de piel. Deambulaba por las aceras junto a Killer, mi creador, que no paraba de parlotear sobre el increíble momento que estábamos viviendo. Él sabía que ésto sería una brecha en nuestro mundo y, por supuesto, creía que íbamos a ganar bastante con lo que sucedería.

Entonces, de la nada, todo empezó a ir mal. Cientos de jóvenes, tan jóvenes como yo, empezaron a arder frente a nosotros. Se convirtieron en bolas de fuego que gritaban despavoridos frente a los ojos de los ingenuos mortales. Dentro también se escucharon gritos de horror, palabras de desesperación, suspiros finales y lágrimas de pánico. Las puertas de salida, así como las de acceso, se llenaron de jóvenes de todas las especies, mortales e inmortales, intentando salir de aquel matadero. En el cielo, como si fuese un ángel de la muerte, apareció una hermosa figura. Por las descripciones del libro, y de las canciones, supe que era la Reina Akasha, aquel ser inmóvil que parecía una hermosa escultura.

Killer desapareció de mi lado, una tormenta de despavoridos jóvenes lo arrollaron mientras yo me agachaba, sollozando y rogando mi salvación. Pero alguien, un hombre bien vestido, tiró de mí. Al estar junto a él noté que su cuerpo era tan duro como el cemento, al contemplar sus ojos profundos vi un alma vieja. Era uno de esos milenarios. Decían que no existían vampiros tan viejos, tan sólo un puñado, pero uno de ellos me había retenido como si fuese un Mesías salvando a una de sus ovejas descarriadas.

—No temas—dijo cuando comprendió que aún estaba en estado de pánico.

A mi lado cayó un muchacho, no tendría más de cien años en La Sangre, envuelto en llamas que pronto se convirtió en una mancha oleosa, oscura y pegajosa. Sus ropas quedaron pegadas a la mancha, como si la absorbiera. No muy lejos explotaba el cráneo de otro chico y, a unos metros, dos muchachas morían aferradas una a la otra. Ella sobrevolaba la noche de Lestat, la noche del rock vampírico, convirtiéndola en un infierno terrenal. Pero aquel vampiro me tranquilizó. Convirtió el pánico en un remanso de paz, los gritos se alejaron y sólo escuché su suave, aunque varonil, voz que me compadecía mientras nos alzábamos por los cielos.

—Yo te cuidaré, Davis—había leído mi nombre mientras me aferraba a su cara americana—. Ella no podrá alcanzarte. No creo que sea capaz de dañarme—sonrió y yo me desplomé en sus fuertes brazos, tan fuertes como los milenios que había logrado dejar atrás.


Él era Gregory. Desde entonces camino a su lado. No pienso irme de su casa, ni olvidar lo que ha hecho por mí. Sin embargo, ahora puedo compartir mi tiempo con Killer, que logré hallar vivo décadas después, y con otros inmortales. Pero, sin duda alguna, a quien admiro y respeto es a éste milenario que fue uno de los guerreros más destacados de la guardia real de la Reina, su antiguo amante y posible padre de su único hijo varón, Seth.  

sábado, 13 de junio de 2015

Maldito seas Louis... Maldito sea yo.

—No deberías hacer esa imprudencia—dijo desde la puerta de la sala. Me miraba con sus ojos verdes implorando que parase. Sin embargo, no podía detenerme. Estaba cansado de mantenerme al margen. Quería hacerlo. Estaba decidido a ir al concierto y explicarles a todos lo que yo sabía. Nadie más diría que guardaba un secreto que podía salvarnos, liberarnos o masacrarnos. Jamás sabe uno qué ocurrirá cuando una verdad es liberada y yo tenía en mis manos la caja de Pandora.

—¿Por qué no?—pregunté con una sonrisa maliciosa— ¿Acaso te importa lo que a mí me suceda?

—Lestat, hace cinco minutos que nos hemos reconciliado y ya estás discutiendo conmigo—susurró frunciendo el ceño, para luego negar ligeramente con la cabeza y aventurarse a entrar a la habitación donde me encontraba.

—Yo no estoy discutiendo. Eres tú quien discute un tema que ya ha sido zanjado. He tomado mi decisión, Louis. Deberías estar feliz, ¿no es así? ¿Por qué no lo estás? Voy a decirles a todos lo que sé, lo que tú tanto pedías, y ahora temes que suceda algún imprevisto—dije aproximándome a él.

Estábamos frente a frente. Mis ojos se deslizaban por aquella elegante figura pese a las ropas que llevaba ahora. Él era elegante, majestuoso, incluso con aquella simple camisa de algodón y esos pantalones vaqueros algo descuidados. Se veía atractivo, aunque me extrañaba que se hubiese cortado el pelo. Prefería que lo dejase largo. La próxima noche impediría que lo hiciese, como así hice, porque amaba ver la vieja imagen de mi amado Louis. Un ser de otro tiempo. Un ser enmarcado en una época que era mucho más difícil, aunque soñadora, que la que vivíamos. Teníamos menos medios para sobrevivir, menos fascinación hacia lo oculto, pero nos rodeaba la belleza del desconocimiento, lo salvaje y la pasión desmedida de nuestra época.

—Louis...—susurré tomándolo de los brazos. Apreté mis dedos contra su camisa, sintiendo así cada músculo de sus brazos, mientras me dejaba guiar por esos ojos llenos de rabia y amor. ¡Cuánta melancolía! ¡Cuánto temor! Y a la vez, como no, veía la misma fascinación con la cual yo le miraba—. No pasará nada.

—Siento el peligro—balbuceó a punto de llorar. Parecía conmovido por estar a mi lado, y a la vez francamente arrepentido de sus estúpidas palabras llenas de rencor. Había mentido, él lo sabía, pero era una licencia poética que tuvo que usar como truco para atraerme hacia él.

—Y yo siento un amor por ti que jamás creí poder confesar...—acto seguido lo besé.


Sí, lo besé. Hice que se callara con un magnífico beso. ¿Acaso no podía hacerlo? Después le pedí que se fuese a descansar y yo hice lo mismo. La noche siguiente sería mía. Sería mi noche. Sería la noche del vampiro Lestat.

Lestat de Lioncourt  

jueves, 25 de septiembre de 2014

Tus sueños

Hay amores imposibles, sueños poco prácticos y frases que nunca debieron ser dichas. El mundo entero puede comenzar a temblar y derrumbarse. La verdad puede ser un arma de doble filo. Hay que tener cuidado con lo que se desea, igual que con aquello que creemos necesitar. Aprendí tarde estas lecciones, pero aún creo recordar su voz taladrando mi alma y arrojando demonios al fuego. Tanta belleza y poder desaprovechado debido a una cólera mortal llena de estigmas. La diosa cayó de su pedestal, rompiéndose en mil pedazos, y el culto a la sangre se desbordó del mismo modo que el río Nilo.

En mi memoria están sus ojos vacíos y su boca abierta, pero también la firmeza de sus brazos al rodearme. Es como si pudiese verla aún. Cierro los ojos y escucho el estruendo del público, los cánticos alzándose, mi bota golpeando las tablas del escenario, la canción surgiendo como una plegaria y ella llegando como la diosa que era. Todos quedaron atónitos, comenzaron a correr, pero muchos acabaron muertos o heridos. Entre el público había caras nuevas y miles de desconocidas. El mundo parecía tronar en un alarido terrible. El fuego alcanzaba a todos. Louis temblaba entre bambalinas y por primera vez temí por él, por mi madre, por aquellos que amaba y por mí. Temí por todos. Aquello era una trampa. Pereceríamos por mi inconsciencia. El mundo sabría que Lestat existía, pero también que fue el causante de un exterminio.

Aquello fue terrible. Pero aún peor fue conocer su verdad.

Siempre imaginé que ella me hablaría. Deseaba conocer sus secretos. La verdad que ella había atesorado en su corazón no era tan pura, ni luminosa y tampoco esclarecía nada. Creía que el dolor de éste mundo debía ser erradicado con castigos terribles. Hablaba de faltas religiones, guerras hechas por petróleo, niños muriendo de hambre y enfermedades terribles. Me contó su idea. Quería que todos le rindieran culto y se convirtiera así en la imagen visible de una diosa. Un culto ya perdido, con motivos válidos, que no tenía lugar en el mundo. La violencia no ofrece la paz. Ella misma lo sabía, pero no quiso aceptar su error. Nunca deseó aceptar que estaba confundida. Tantos milenios en silencio, ocupando un trono, la habían hecho de piedra aunque guardaba sentimientos. Sé que lo hacía porque ella deseaba alcanzar sus sueños, sin embargo los sueños que implican a otros, a los cuales les privarás de soñar, no son admisibles.


¿Y el amor? La amé. La amé tanto como la temí. Temía su ira, su odio irracional, sus deseos de venganza hacia un mundo que desconocía y su irresponsable deseo de dominar a todos. Sin embargo, amaba su dolor, la verdad de otros tiempos y sus fríos besos cargados de amor. Ella me amó. Sé que no sólo fui un juguete con el cual terminó cansándose de jugar. Me convertí en la imagen de un ángel, un seductor ángel, que la cautivó. Yo fui quien la despertó. Fue mi voz la que hizo que ella se alzara. Me estuvo esperando. Sin embargo, su ira mató todo. Ella murió porque no quiso escucharme, o tal vez, porque no supe pronunciar las palabras correctas. Sobre mi conciencia cae como una losa sus últimos momentos... Pobre Akasha, pobre reina... 


Lestat de Lioncourt   

domingo, 14 de septiembre de 2014

El regreso del Príncipe

Ya estoy aquí, ya regresé. Amen a este príncipe travieso. ¡Traigo la mejor opción para su aburrimiento!

Lestat de Lioncourt



La música del local sonaba a todo volumen y hacía vibrar las escasas, y sucias, ventanas que poseía. La barra estaba atestada de jóvenes que iniciaban la noche con un poco de alcohol, un cigarrillo y miles de sueños rotos por ahogar con whisky, cerveza y ron barato. Las chicas se paseaban como gacelas frente a cientos de leones hambrientos, aunque más bien eran leonas siguiendo su instinto y sus marcados deseos de desinhibirse hasta perder la conciencia de su vida responsable. La magia del sábado noche les confundía, les inducía en un salvajismo demencial, y la música contribuía a darles la oportunidad de contagiarse unos a otros.

El bajo demostraba su gran habilidad marcando el ritmo junto al batería, ambos melenudos y cargados de sudor, mientras que el guitarra y vocalista intentaba seducir con más encanto que talento. El único que parecía más entusiasmado con pasarlo bien era el chico nuevo de la banda, con una guitarra eléctrica vieja que le había cedido su padre. Aquel pequeño grupo de cuatro jóvenes, aún con barrillos en la cara, intentaban plantar una semilla de esperanza y rock en sus desastrosas vidas. Frente a ellos todo una manada salvaje de entusiasmados y desastrosos clientes de uno de los tugurios de la ciudad.

Entre ellos. Sentado a un lado con un vaso de whisky con hielo, el cual ya estaba derritiéndose, se hallaba un habitual. Su sonrisa se ensanchaba mientras sus ojos se clavaban en todos y cada uno. Leía sus mentes y se divertía con sus sucios secretos, con sus insignificantes misterios, con chistes y chismes. Su aspecto era de lo más común entre todos ellos. El pelo largo y revuelto, de un color rubio muy llamativo, su camiseta de un grupo rock de la prodigiosa década de los 80's y unos jeans desgastados. Tenía una de esas botas con espuelas, que acababan en punta, y que le daba un toque de cowboy urbano cuyo único complemento tenía que dejar en la acera, su harley. Las gafas de sol que llevaba, colocadas en la punta de la nariz, eran de aviador y parecía una estrella de esa música estridente que se daba en el escenario. Allí, situado en la marabunta, era uno más. Sin embargo, sólo era un cazador buscando una nueva víctima.

—Sabía que te encontraría aquí—dijo alguien a sus espaldas.

—¿Quieres que te firme un autógrafo?—preguntó jugueteando con el borde del vaso.

—¿Por qué no me das mejor una explicación razonable de porqué lo estás haciendo de nuevo? Creí que habías olvidado tus viejas manías—a su lado tomó asiento un joven distinto, de piel algo tostada y ojos ligeramente rasgados. Tenía una expresión afable, pero tranquila. Su presencia era distinta. Aquel traje de ejecutivo, perfectamente confeccionado, le daba un aire de agente de bolsa perdido en un mal barrio a altas horas de la noche.

—David, ¿qué te hizo creer eso?—dijo girándose hacia su derecha para verlo bien, con esos ojos casi violetas—. ¿Es que has rezado por mí?

—Sabes que sigo sin poder creer del todo en Dios...

—Pero bien que maldices y suspiras su nombre—alzó la copa e hizo como si bebiera—. ¡Salud! ¡Por mi buen amigo David! ¡El santo!—se había puesto de pie y algunas mujeres habían reparado al fin en ambos.

—¡Lestat!—exclamó tirando de él para que se sentara.

—David, el libro saldrá a la venta. Yo volveré a ser popular, aún más que antes, y tú, amigo mío, tendrás tu momento de gloria. Todos tendremos nuestra gloria. Brillaremos como el sudor de esos jóvenes, casi adolescentes, y nos divertiremos... Además, ¿crees que alguien va a tomarse la molestia de investigar si existen los vampiros? Ya no hay chalados que crean en nosotros.

—Estás loco—murmuró, para luego suspirar cansado. No había nada que se pudiese hacer.

—¿Escuchas eso? ¡Es un clásico de AC/DC!—exclamó.

Salió directo hacia el escenario y se subió junto al joven comenzando a cantar. Al principio los músicos se asustaron, pero finalmente terminaron cantando a coro. El local entero vibraba. David observaba todo recostado en la silla, aunque pronto dejó de estar solo. Algunas mujeres lo rodeaban pensando que era la oportunidad que habían estado buscando. “You shook me all night long” reventaba los tímpanos de todos los presentes quedándose encerrado en el recuerdo de esa noche.


David no podía hacer nada. Ya nadie podía detener a Lestat. La suerte estaba echada. El mundo conocería la verdad, la mágica verdad, y nadie creería nada. Literatura para amantes del misterio, los colmillos y la locura enfervorecida hacia la fantasía más febril.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt