Éste archivo ha sido donado por David Talbot, estaba en su poder y nos lo ha cedido. Así que espero que les agrade y lo vean interesante.
Lestat de Lioncourt
El teatro se ha alzado en París, ni
más ni menos, y la Orden me ha rogado que me desplace hacia el país
y visite la ciudad que está tomando forma en medio de la tragedia.
Muchos duques, marqueses y diversos miembros de la familia real han
caído ejecutados frente al pueblo, el cual ambicionaba venganza de
sangre mientras los burgueses, completamente orondos y felices,
aplaudían como locos. Un espectáculo terrible, pero que sin duda se
ve representado aún de forma más abominable, si hay posibilidad
alguna de ello, en los juegos de un teatro macabro.
Muchos dicen que allí se presenta el
Diablo para congraciarse con los actores, pues se ven magníficos y
jóvenes. Todos tienen el mismo aspecto. El cabello es negro, de
corte simétrico, enfundados en túnicas del mismo color que el
cabello y de una palidez propia de una muñeca de porcelana fina. En
ocasiones llevan los labios pintados, pero otras veces sólo salen
como ese extraño maquillaje. Sin embargo, Talamasca ha tomado
conciencia que no es maquillaje. Allí, lo que hay, no es Lucifer
sentado en una silla de oro sino un vampiro y su corte.
He acudido para investigar, como se me
ha pedido, pero me siento completamente angustiado. Sé que no es
posible que ellos me ataquen, pues nunca ocurrió con un miembro de
la orden pues podemos vigilar sus movimientos y leer su mente, aunque
más que leerla comunicarnos con ella.
Si les soy sincero las obras son
sobrecogedoras. Hay una obra dedicada a La Muerte. Una obra
encantadora, pero terrible. La muerte camina por el mundo y va
sesgando la vida de una pareja joven, un niño, un clérigo y un niño
que dormía plácidamente en la una. La Danza Macabra era muy popular
en la época medieval, pero creí que se había erradicado. Sin
embargo, ellos lo representan día tras día, noche tras noche, con
sus diversas obras. Sin duda, como en toda obra, hay un fragmento de
una de las representaciones que me ha fascinado.
Es el siguiente pedazo, el cual
reproduzco con todo lujo de detalles:
—Por favor, os ruego—dijo una
bailarina. Tenía un hermoso vestido rosa, con una falda vaporosa, y
el cabello caía en dos trenzas a sus lados. Poseía una delicadeza
terrible. Anteriormente había salido de una caja de música, bailado
frente al público y sonreído como una niña inocente—. Por favor.
—¿Por qué debería tener piedad
cuando conmigo no se ha tenido?—pregunta un joven con un hermoso
violín, completamente vestido de negro y con unas manos hermosas.
Jamás he visto unas manos tan blancas y hermosas. Tenía unas uñas
filosas que centelleaban. También he de confesar que su belleza era
mágica, sobre todo cuando movía las manos con elegancia. Se giraba
en el escenario retorciéndose y entonando una canción algo
siniestra—. Estoy libre del bien y del mal. Me burlo de Dios y del
Diablo. Danzo por la tierra sin cadenas y me ofrezco a mí mismo como
representante de la crueldad. Tengo mil nombres, pero muchos me
llaman “La muerte inesperada”. Permíteme mujer, quiero beber de
ti la felicidad que posees y luego deshacerme de tu cuerpo.
Tal vez, deba seguir investigando. Sin
embargo, he descubierto que ese joven es un vampiro recién nacido,
atormentado, y dirigido por uno de los vampiros más antiguos de los
cuales se tiene consta. Se llama Nicolas de Lenfent y en más de una
ocasión ha mentido sobe el teatro, es decir, intenta que nadie se
marche creyendo fielmente en el folclore. Pero, este hombre sufre y
padece tormentos. Pronto se delatará y delatará a todos. Necesito
más datos. Quizás pronto ocurra una tragedia, por ello pido permiso
para seguir indagando en los turbios asuntos de éste pequeño teatro
parisino.
Olivier Smith.
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