Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 23 de septiembre de 2014

Riders on the storn

¡Milagro! ¡Khayman, el hombre de los abrazos peligrosos, ha regresado para narrarnos algo! Bueno, tengamos en cuenta que tuvo un pasado difícil, pero siempre fue realmente leal a su corazón y a lo correcto. Khayman, el hombre que quiso que Akasha entrara en razón y que por supuesto ama a Maharet y todo lo que simboliza las Gemelas Pelirrojas. 

Lestat de Lioncourt 

¿Puede el amor superar cualquier obstáculo? ¿Y el dolor? ¿Puede superarse el dolor? ¿El dolor es una maldición? Quizás cada célula de nuestro cuerpo tiene una maldición propia, de un tiempo ilimitado, y provoca que el dolor se concentre en los recuerdos que esta posee. Los recuerdos, dulces o amargos, pueden convertirse en fuente de terribles desgracias. La mayor desgracia que he vivido fue sin duda hace muchos miles de años, tantos millones de años como granos de arena puede acumularse en las dunas del desierto.

Suelo salir a últimas horas de la noche. Los atardeceres son encantadores en algunas zonas del mundo donde me he refugiado. Un monstruo como yo, el cual ya ni siquiera precisa tomar sangre con frecuencia, se siente humano cuando viste con trajes elegantes y enfunda sus guantes de conducir. El murmullo de los motores de mis deportivos es como el ronroneo de un gato, el cual activa emociones que creo poder controlar. El mundo entero se desliza bajo los neumáticos y se guían por las señales luminosas de los semáforos. Me concentro en cada calle, en los diversos edificios y la vida que contiene. Las lejanas luces de la ciudad se convierten en luciérnagas cuanto más alejado estoy. En mi retrovisor puedo observar el mundo de forma distinta. Mis ojos castaños, casi oscuros, se concentran en cada recorrido intentando olvidar. Pero para un ser como yo, tan viejo, es imposible concentrarse en algo más que las palabras que no fueron dichas, caricias prohibidas y momentos que fueron su condena.

Aún recuerdo el calor del sol sobre mi piel, tostándola, mientras la sangre salpicaba mi torso desnudo y mi brazo derecho alzaba mi espada para enterrarla en el enemigo. Los clanes caníbales, aquellos que cazaban a otros como ellos, caían derramando su sangre en las orillas del río Nilo. Los dioses estaban de nuestra parte, o eso pensábamos, pero pronto me percataría que era sin duda una ilusión. ¿Existen los dioses? En aquella vida parecían tan reales como el último aliento de mi oponente.

En mis manos tenía poder, era el guerrero más diestro del reino y había jurado lealtad absoluta a mi rey. Viajábamos por todo el valle del Nilo buscando la paz realizando actos terribles. Sin embargo, era por el bien de nuestro pueblo y su prosperidad. El amor era algo lejano, aunque tenía sentimientos encontrados hacia mi amigo, el cual era como mi hermano y mi soberano. Pero, entonces apareció ella.

Juro que jamás he visto una mujer con tanto coraje y sabiduría. La belleza de Maharet iba más allá de su físico, su cabello anaranjado era puro fuego sobre leche recién ordeñada y sus labios, rosas pálidos, eran delicados. Hablaba con firmeza mientras observaba con sus ojos verdes, como las hermosas esmeraldas que a veces decoraban las salas más lujosas del palacio y el cuello de la reina, a los espíritus que bailaban junto a ellas bajo la lluvia y a través de los rayos del sol. Su hermana era más callada, casi tímida, porque parecía que sólo quería comunicarse con su igual. El silencio místico de los gemelos, las miradas y los gestos, eran hechos en nuestra presencia. Akasha se equivocó. Ellas no precisaban de vista y lengua para entenderse.

Juré lealtad y ese fue mi mayor pecado. Tuve que violar a ambas mujeres, a pesar de mi firme creencia en sus poderes y sabiduría, frente a tantos que me turbó. Miriam nació fruto de esa terrible unión. Una niña que sólo vi en una ocasión y que me robó por siempre el corazón. Amo a mi familia. Nos hemos convertido en el germen de la Gran Familia Humana. La familia que tiene cientos de razas, dialectos, creencias y lugares donde dejan que sus raíces se echen con la pasión del calor del desierto que aún recorre su sangre.

Cada célula de mi duro cuerpo ha cambiado. Estoy maldito. Jamás podré morir. Tendré que aceptar la muerte de mis descendientes mientras el sol se pone y la luna se alza. La noche, con todas sus estrellas, es la maldición más hermosa que jamás he conocido. La otra, el amor que siento por Maharet y mi absoluta lealtad, es fruto de una maldición más allá de células o sangre... está en mi alma.

«The world on you depends. Our life will never end. Gotta love your man, yeah! Wow! Riders on the storm... »

El mundo siempre estará a sus pies y yo arrodillado frente a ella, pues por siempre estaré en deuda. Las maldiciones se rompen, pero algunas están hechas para durar eternamente. Nosotros jamás moriremos.

«Into this house we’re born. Into this world we’re thrown.»


Seremos estrellas que jamás perderán su brillo en una noche eterna. En éste mundo nacimos y en éste mundo permaneceremos.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt