¡Milagro! ¡Khayman, el hombre de los abrazos peligrosos, ha regresado para narrarnos algo! Bueno, tengamos en cuenta que tuvo un pasado difícil, pero siempre fue realmente leal a su corazón y a lo correcto. Khayman, el hombre que quiso que Akasha entrara en razón y que por supuesto ama a Maharet y todo lo que simboliza las Gemelas Pelirrojas.
Lestat de Lioncourt
¿Puede el amor superar cualquier
obstáculo? ¿Y el dolor? ¿Puede superarse el dolor? ¿El dolor es
una maldición? Quizás cada célula de nuestro cuerpo tiene una
maldición propia, de un tiempo ilimitado, y provoca que el dolor se
concentre en los recuerdos que esta posee. Los recuerdos, dulces o
amargos, pueden convertirse en fuente de terribles desgracias. La
mayor desgracia que he vivido fue sin duda hace muchos miles de años,
tantos millones de años como granos de arena puede acumularse en las
dunas del desierto.
Suelo salir a últimas horas de la
noche. Los atardeceres son encantadores en algunas zonas del mundo
donde me he refugiado. Un monstruo como yo, el cual ya ni siquiera
precisa tomar sangre con frecuencia, se siente humano cuando viste
con trajes elegantes y enfunda sus guantes de conducir. El murmullo
de los motores de mis deportivos es como el ronroneo de un gato, el
cual activa emociones que creo poder controlar. El mundo entero se
desliza bajo los neumáticos y se guían por las señales luminosas
de los semáforos. Me concentro en cada calle, en los diversos
edificios y la vida que contiene. Las lejanas luces de la ciudad se
convierten en luciérnagas cuanto más alejado estoy. En mi
retrovisor puedo observar el mundo de forma distinta. Mis ojos
castaños, casi oscuros, se concentran en cada recorrido intentando
olvidar. Pero para un ser como yo, tan viejo, es imposible
concentrarse en algo más que las palabras que no fueron dichas,
caricias prohibidas y momentos que fueron su condena.
Aún recuerdo el calor del sol sobre mi
piel, tostándola, mientras la sangre salpicaba mi torso desnudo y mi
brazo derecho alzaba mi espada para enterrarla en el enemigo. Los
clanes caníbales, aquellos que cazaban a otros como ellos, caían
derramando su sangre en las orillas del río Nilo. Los dioses estaban
de nuestra parte, o eso pensábamos, pero pronto me percataría que
era sin duda una ilusión. ¿Existen los dioses? En aquella vida
parecían tan reales como el último aliento de mi oponente.
En mis manos tenía poder, era el
guerrero más diestro del reino y había jurado lealtad absoluta a mi
rey. Viajábamos por todo el valle del Nilo buscando la paz
realizando actos terribles. Sin embargo, era por el bien de nuestro
pueblo y su prosperidad. El amor era algo lejano, aunque tenía
sentimientos encontrados hacia mi amigo, el cual era como mi hermano
y mi soberano. Pero, entonces apareció ella.
Juro que jamás he visto una mujer con
tanto coraje y sabiduría. La belleza de Maharet iba más allá de su
físico, su cabello anaranjado era puro fuego sobre leche recién
ordeñada y sus labios, rosas pálidos, eran delicados. Hablaba con
firmeza mientras observaba con sus ojos verdes, como las hermosas
esmeraldas que a veces decoraban las salas más lujosas del palacio y
el cuello de la reina, a los espíritus que bailaban junto a ellas
bajo la lluvia y a través de los rayos del sol. Su hermana era más
callada, casi tímida, porque parecía que sólo quería comunicarse
con su igual. El silencio místico de los gemelos, las miradas y los
gestos, eran hechos en nuestra presencia. Akasha se equivocó. Ellas
no precisaban de vista y lengua para entenderse.
Juré lealtad y ese fue mi mayor
pecado. Tuve que violar a ambas mujeres, a pesar de mi firme creencia
en sus poderes y sabiduría, frente a tantos que me turbó. Miriam
nació fruto de esa terrible unión. Una niña que sólo vi en una
ocasión y que me robó por siempre el corazón. Amo a mi familia.
Nos hemos convertido en el germen de la Gran Familia Humana. La
familia que tiene cientos de razas, dialectos, creencias y lugares
donde dejan que sus raíces se echen con la pasión del calor del
desierto que aún recorre su sangre.
Cada célula de mi duro cuerpo ha
cambiado. Estoy maldito. Jamás podré morir. Tendré que aceptar la
muerte de mis descendientes mientras el sol se pone y la luna se
alza. La noche, con todas sus estrellas, es la maldición más
hermosa que jamás he conocido. La otra, el amor que siento por
Maharet y mi absoluta lealtad, es fruto de una maldición más allá
de células o sangre... está en mi alma.
«The world on you depends. Our life
will never end. Gotta love your man, yeah! Wow! Riders on the
storm... »
El mundo siempre estará a sus pies y
yo arrodillado frente a ella, pues por siempre estaré en deuda. Las
maldiciones se rompen, pero algunas están hechas para durar
eternamente. Nosotros jamás moriremos.
«Into this house we’re born. Into
this world we’re thrown.»
Seremos estrellas que jamás perderán
su brillo en una noche eterna. En éste mundo nacimos y en éste
mundo permaneceremos.
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