Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 11 de octubre de 2014

El espectro de mi vida - ARCHIVO TALAMASCA

"El espectro de mi vida" es un texto de terror de nuestro compañero David. Es su infancia. No es sólo un texto más. También es un enigma. 

Lestat de Lioncourt 


Tan sólo tenía diez años. El cuerpo era menudo, algo pequeño para su edad, y sus enormes ojos tenían una vida especial. Siempre estaba enfermo. Había visto muchas cosas, escuchado cientos de palabras susurradas cerca de sus pequeñas orejas y sentido como el vello se erizaba. Era un niño especial. La mansión donde vivía, la cual pertenecía a su familia desde su construcción, era formidable. Sin embargo, sabía bien que era un lugar donde muchos aparecían de la nada, le llamaban y esperaban que pudieran calmar sus miedos.

Él no sabía lo que era tener miedo. Vivía todo como un juego. Pequeñas visiones de otros mundos, unos más hermosos que otros, en los cuales se inmiscuía con total naturalidad. Sonreía a los ancianos, jugaba con los niños y tranquilizaba a las mujeres más afligidas. Nunca había ocultado sus conversaciones, ni sus visiones. Su padre temía que la muerte rondara al pequeño, pues David parecía vivir entre la vida y la muerte.

Aquel día de otoño, próximo al día de los Santos Difuntos, se despertó debido al golpeteo insistente de las ramas torcidas del roble del jardín contra su ventana. Las sombras que generaba no le eran preocupantes. Nada le preocupaba. Sin embargo, escuchó murmullos. La habitación estaba fría, la humedad había desaparecido y sentía como algo estaba sentado junto a él. El peso de aquel volumen de energía hundía ligeramente el colchón y provocaba que él mirara insistentemente hacia la nada, hacia el vacío que dejaba, pues deseaba darle forma.

—¿Qué deseas?—preguntó incorporándose—. No son horas.

No hubo respuesta.

—Necesito dormir—explicó.

El pequeño se recostó de nuevo, quedando tumbado boca arriba. Sus mejillas se enfriaban, igual que la punta de sus dedos, mientras aquel ser permanecía a su lado custodiándolo. Albergaba la esperanza que le hablara. Pero él estaba realmente agotado. Se sentía con sus defensas bajas, casi al límite, y con las energías al límite de la extenuación. Sus pequeños párpados se bajaban, su respiración se apaciguaba y volvía mínima. Pronto quedó dormido. Parecía un ángel con el pelo revuelto.

La noche continuó como si nada. Fuera la lluvia apareció con una terrible tormenta. La casa crujía. Las viejas construcciones siempre tienen ruidos, pues parecen tener vida propia, y las ramas seguían golpeando fuertemente la ventana. Tan fuerte golpeó la rama que terminó rompiéndose uno de los cristales. Aquello provocó que volviera a despertarse.

La presencia persistía. El frío era aún más intenso. Casi congelaba sus pequeños pulmones. Sentía como le vigilaban en plena noche, igual que una pantera esperando saltar sobre ti en plena jungla. Esta vez no tenía energía para incorporarse. Tan sólo buscó el bulto en su cama y clavó sus ojos en el vacío.

—¿Qué deseas?—preguntó agotado y tembloroso por el frío.

Percibió entonces como le tocaban el pelo, acariciaban sus mejillas y tomaban sus manos. Él simplemente esperaba ver el rostro de aquel espíritu. Quería ayudar. Su único deseo era que parara. No tenía miedo, pero estaba sintiéndose fatigado.

—Te amo—escuchó la voz de una mujer—. Volveré a por ti.

No comprendió ese mensaje hasta años más tarde. Ya era un anciano, con sus terribles achaques. Había vivido por y para los espíritus, casos sin resolver y seres extraños. Estaba tirado en el suelo, con un cuerpo que no era el suyo, y aquella presencia regresó. Ésta vez tenía cuerpo y un rostro aniñado. Se aproximó a él, se arrodilló y besó sus labios.

David jamás comprendió realmente el mensaje, y aún desea averiguar porque tanto misterio. A veces, cree que es el propio destino encarnado en un espectro. Si bien, eso no tiene sentido. Aunque sí una vieja historia de la mansión Talbot. Una mujer que vivió allí mucho antes, que era bruja, y terminó ahorcada y quemada. Era una doncella humilde, trabajaba lavando y remendando prendas. Fue asesinada porque decían que había matado a su hijo. Poco después supo que era parte del legado de la familia, que por ello se compraron los terrenos y se hizo la mansión. Es la única explicación que él puede llegar a aceptar.


La mansión siempre ha estado allí. La recuperó como gran parte de su patrimonio. Las viejas habitaciones acumulaban soledad. La mayor parte del tiempo se encontraba en otros lugares, sumergido en nuevas y desafiantes historias. Talamasca había quedado atrás. Aquellos sabios que desearon tenerlo junto a él, y adorarlo cual Dios, debido a su poder, habían desaparecido de su vida. Podía ir y venir de un lado a otro sin dar explicaciones. Sus padres habían muerto. Muchos de sus familiares ya eran polvo en los cementerios. Los viejos guardeses habían sido cambiado por otros. El mundo seguía. Pero la mansión se mantenía inalterable, con sus ruidos y siniestras sombras. Aún se escuchan pasos, frases incompletas y proféticas palabras. Si bien, no hay rastro de ella. Nada de esa mujer. Es absurdo que realmente se crea la segunda teoría, pero es la más sensata.  

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt