Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 2 de junio de 2014

Sentimientos

Sentimientos son unas memorias de Arion y Petronia, con la colaboración de Manfred, que prosigue nuestros recuerdos, momentos vividos desde hace una semanas, y la traición de Quinn para sus padres inmortales. Esperamos que comprendan el dolor de una madre.


Lestat de Lioncourt

SENTIMIENTOS


Observaba la joya con determinación. Había creado una colección específica sobre reptiles. La serpiente de oro blanco y rubíes estaba sobre la mesa, con sus hermosas escamas de nácar llamando la atención de cualquier rayo de luz. No deseaba fallos en el cierre o algún problema en la estructura. Arion se había enamorado de aquella pulsera, igual que se había enamorado de los anfibios de broche que había realizado semanas atrás.

—¿Qué haces?—preguntó Manfred acercándose a la mesa tras dar varios giros en el aire—. ¿Qué?—susurró en su oído, mientras colocaba sus arrugadas manos sobre los anchos hombros de su creador y amigo.

—Verifico la joya—murmuró.

—¿Es para Petronia?—dijo apartando sus manos mientras buscaba asiento.

—Es colección... aunque...

—¿Aunque?—interrogó sentándose en uno de los elegantes sillones.

Aquel taller tenía también función de despacho. Pocos eran los colaboradores, compradores y vendedores de materias primas que habían llegado a contemplar las numerosas vitrinas de joyas acabadas y las piezas de otras, muy diversas, que eran sólo un proyecto malogrado o a punto de comenzar.

Arion conservaba dibujos muy antiguos, aunque eran piezas que les dio fama y por ello estaban enmarcados. La belleza de las joyas residía en sus manos, la paciencia que ofrecía a Petronia a veces era ínfima en comparación con aquella que utilizaba al crear hilos perfectos de oro.

—Está basada en ella—respondió con cierto orgullo—. ¿Ha regresado? Aún no la he sentido en Nápoles desde hace más de dos días.

—Volverá en un par de noches como mucho.

—Extraño su fuerza proporcionándome escalofríos mientras me contempla en silencio, esperando que diga algo a mi favor y pueda al fin conversar con ella sin una discusión absurda—sus ojos oscuros se posaron en el cuerpo menudo, encorvado y de rostro acartonado, de Manfred. Él comprendía el amor que sentía, pues aún amaba a su hermosa Virginia.

—Ha sido un duro golpe lo que ha ocurrido—murmuró—. Me entran ganas de llorar cuando pienso en ello. ¿Por qué él? ¿Por qué? No parecía mal chico...

—Nos ha traicionado—la voz de Arion sonaba a punto de quebrarse por rabia, ira, dolor y tristeza.

Una lágrima surcó la mejilla oscura del milenario vampiro, pero quien realmente lloraba era su compañero. El Loco se encogía de hombros, con su labio inferior tembloroso, mientras sus manos arrugadas buscaban, sin lograrlo, un pañuelo en sus bolsillos.

Tarquin había dado la espalda a Petronia y ella se encontraba terriblemente afectada. Para todos era una mujer fuerte, desafiante, dura como el mármol que sin importarle nada ni nadie pasaba sus noches tallando hermosos relieves en conchas, nácar o cualquier metal precioso. Pero no, no era así. Petronia tenía un corazón delicado, inseguro y lleno de recuerdos dolorosos que intentaba olvidar continuamente. Arion la había rescatado, tomado entre sus brazos y dado la oportunidad de ser alguien. Ella había tomado la decisión de hacer algo bueno por ese muchacho, pero él, dentro de su nulo juicio, decidió rechazarla y olvidar su honor.

Arion rápidamente giró su rostro hacia la ventana. El balcón estaba abierto, Nápoles caía a los pies de aquellas hermosas vistas y el Vesubio se veía a lo lejos. Todo comenzó con la erupción del volcán, todo. Las estrellas parecían deslucidas por culpa de las luces nocturnas, esas que daban confort al hombre moderno y les alejaba de una soledad justa por sus malas acciones. Las calles parecían desiertas ya que era una hora en la cual casi todos dormían. Pronto, como de la nada, apareció su figura de aspecto masculino y con el rostro compungido.

Petronia corrió hacia él, atravesando la estancia sin reparar en su primera creación. Se echó a los brazos de su maestro y sollozó durante largo raro. Manfred se escabulló como pudo, intentando no dejar restos de su presencia para no molestar.

—Era mi hijo... era mi hijo... yo lo amaba... era mi hijo...

—Sigue siéndolo y algún día verá cuánto daño te ha hecho su irresponsable actitud—susurró tomando la joya para colocarla en su delgada muñeca—. Comprenderá el valor de cada gesto y verá el amor que le profesas.


Ella lo miró en silencio y después deslizó sus ojos hasta aquella hermosa serpiente. No dudó en sonreír ante la belleza de la joya, tomando asiento sobre las rodillas de su maestro y amante, mientras acariciaba lentamente cada escama. Ella, la amante del arte y la orfebrería, estaba triste pero veía en Arion tanto amor que le reconfortaba de algún modo. Quizás amar es eso, tener paciencia para ver la sonrisa que ilumina nuestras noches y olvidar el dolor, ese que nos han causado otros, gracias al bálsamo de caricias que nos ofrecen.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt