Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 26 de julio de 2016

Mi ángel

Creo que he descubierto por qué Marius odiaba a Santino. Con permiso..

Lestat de Lioncourt 



Sentado meditabundo, esperando quizá el golpe de gracia, me incorporé escuchando los viejos fantasmas que recorrían los pasillos de mi mente. Allí estaban con nombre y rostro dictándome sus desgracias, las mías propias, debido a mi fanatismo. Había caído en la estúpida creencia que podría librarme de mis pecados, pero estos se habían convertido en una segunda piel, como un tatuaje invisible, que me asfixiaba. Mis ojos estaban hundido en las tragedias que bien conocía como si fueran una epopeya griega bien argumentada. Mis manos temblaban. Los viejos rezos ya no me servían, las profecías eran polvo y los textos sagrados se habían reducido a humo y cenizas.

—¿Le ocurre algo?—preguntó un joven.

Me quedé observándolo unos instantes antes de responder. Era delgado, tenía la cadera ligeramente acentuada, sus labios poseían una belleza idílica y sus ojos castaños me recordaron tanto unos que yo adoraba que sentí remordimientos, deseos de llorar y la necesidad de suplicar perdón a un extraño. Era castaño cobrizo y tenía su pelo alborotado, como el de tantos jóvenes, entre sus manos se encontraban diversas libretas de dibujo. Su piel lechosa, salpicada por una constelación de pecas, me enloquecía. Parecía nieve recién caída a los pies de la Piazza San Prieto. Destacaba entre la multitud por esa alma tan pura envuelta en una sotana con un almidonado alzacuellos.

—¿Se encuentra bien? ¿Se siente acalorado?—dejó sus desorganizadas libretas en el suelo para luego colocarlas sobre mis hombros. Sentí que ardía. Aquello era la visión de un ángel, de un ángel tan parecido al que yo había torturado que me hacía sentir culpable de toda la maldad derramada sobre este mundo.

—Sólo deseo que me perdone—dijo.

—Dios siempre perdona—respondió con una cálida sonrisa.

—Dios no, mi ángel—murmuré—. Un ángel al cual en vez de rezar lo condené al infierno, lo torturé arrancándole las alas para depositar oscuros pensamientos sobre sus heridas, un muchacho que fue mío y señalé como indigno.

Mis palabras pudieron provocar furia, rechazo o asco en un hombre como él, con una fe tan poco dada a este tipo de revelaciones, pero sólo sonrió estrechándome, besándome las mejillas y dándome un ligero golpecito en la espalda.

—Dígaselo. Dígale que lo ama. Calmará su alma y alegrará su corazón—susurró en mi oído antes de apartarse. Sus ojos brillaban aguados debido a las lágrimas que deseaba derramar. Quizá no era el único que había recordado un viejo amor. Pero creo que fue más bien mi sinceridad lo que hizo que él vibrara frente a mí como una hoja.


Tomó sus libretas, se despidió de mí con un gesto gentil y se marchó a toda prisa. Pude llamarlo ángel a ese joven sacerdote, pero sólo existe uno para mí y es Armand. Él siempre será mi ángel.  

miércoles, 22 de abril de 2015

La oscuridad del diablo

Sea como sea no me libro de él. A veces pensaba que Amel era él, pero luego me di cuenta que eran seres distintos. ¿Qué vi? No lo sé. Sólo conozco su tortura y verdad.

Lestat de Lioncourt


No existe el cielo y el infierno. No hay tres mundos divididos, sino una brecha que se abre y cierra. En la oscuridad existen millones de espíritus y almas que anhelan un poco de luz. La luz es símbolo de la bondad, pero en realidad es sólo esperanza. Muchos creen que caminar hacia ella les ofrecerá cierta paz; sin embargo, Dios no acepta a todos en su reino y puede obligarte a retroceder, perderte o simplemente diseminar tu cuerpo inmaterial en pequeñas partículas de polvo.

Millones de religiones a lo largo de los tiempos han decidido darle un símbolo, una verdad, un porqué y un como. Sin embargo, no han alcanzado nada. No han tocado siquiera con la punta de los dedos la verdad profunda y siniestra. Quizás la oscuridad es el origen, la luz es el principio de un deseo.

Os recuerdo que cuando yaces en el líquido amniótico, rodeado de la calidez de tu madre, estás en plena oscuridad. Creces escuchando las ondas de los diversos sonidos, reconociendo palabras, sintiendo la belleza de los latidos de tu madre, la música y el alimento. Puedes ir aprendiendo a sonreír y a llorar. Los sentimientos están implícitos en tu alma. Un alma que puede llevar siglos esperando su oportunidad. La oscuridad te rodea. Envuelve con calidez tu piel, besa tu frente despejada y toca con cuidado tus párpados. Puedes abrir y cerrar tus diminutos dedos, los cuales se han ido formando con paciencia, un vacío confortable. Allí, donde nada malo puede ocurrir, creces como el germen de una flor. Vas tomando forma, como los conceptos que irás reconociendo y aprendiendo hasta convertirlos en propios, y en algún momento, cuya exactitud difiere en los diversos casos, quieres conquistar la luz. Deseas abrirte paso entre las piernas de tu madre, sentir el cegador foco de un paritorio y ser tomado como un pequeño monstruo empapado en sangre, fluidos y esperanza.

La oscuridad es el inicio, pero no el principio. Por eso todos buscan la luz. Todo ser vivo intenta encontrar la luz en plenas tinieblas.

Soy el susurro que ha estado ahí. Recorro cada una de tus neuronas y provoco ciertos placeres que no sabes explicar. Temes volverte loco. Sientes que alguien te acompaña y guía tus pasos. Soy el juez, no quien decide. Tú tomas el camino, te guías por tus necesidades, y yo observo tomando nota de todo lo que haces. El bien y el mal están en ti. La oscuridad y la luz son parte de tus células. Quizás temes más a la noche, pero creciste a ciegas en un mundo de tinieblas. Tal vez lo has olvidado, aunque hoy, tal vez, lo tengas presente una vez más durante unas horas.

Me llaman diablo, me tachan de injusto y cruel, pero sólo ejerzo el papel de villano. Sin miedo no hay actos nobles, sin castigos no hay aprendizaje, y eso lo llevas asimilado en tu genética. Eres parte de una tribu de hombres y monstruos. Te has convertido en un ser más. Sigues a la manada aunque creas que destacas, caminas al contrario de todos y te creas con la verdad de tus actos. Pero todo está programado en aquello que has aprendido, por uno u otro motivo, y en la semilla que te inculcaron. Nada es fruto del azar. Ni siquiera es fruto del azar tu ADN.

Tal vez el demonio no se guarece en el infierno, sino en tu conciencia.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (XV)


-Debemos irnos, tenemos que ir a terapia.-comentó tomándolo de la mano, apretándola levemente.

-¿Tienes algún problema?-mi tono de voz parecía plasmar mi desconcierto, no entendía aquello de terapia.

-Es por mi disforia de género, nada más.-respondió con tranquilidad.

-Entiendo, espero que todo os vaya bien.-dije estirando mi mano para que la apretara, él la aceptó y ella también cuando se la dirigí.

-Adiós.-dijo acariciando el rostro del pequeño y mi hijo sonrió balbuceando.

Los acompañé hasta la puerta de entrada y se marcharon en su automóvil. Como habían llegado se marcharon, alborotando a la perra y haciéndome sentir extraño.

Alimenté a Jun nuevamente, desde que se fue Phoenix tuve que darle papilla de frutas y varios biberones. Era un niño con apetito, pero no podíamos pasarnos en su alimentación. Así que hice un zumo de naranja y mientras se lo daba recordé de nuevo a mi madre.

Vino a mi memoria el día que decidió salir del hospital de Tokyo. Acababan de florecer los cerezos y ella deseaba pasear por los parques como si nada ocurriera. Mi padre estaba lejos, por trabajo, y mi hermano en el colegio. Ella paseaba conmigo del brazo, el médico dijo que era importante darle apoyo y ánimos. Vio necesario ese paseo, como también que ella se sintiera atractiva. Recuerdo que se maquilló como hacía años, cuando mi padre estaba algunas semanas fuera y podía disfrutar de los encantos de ser mujer. Sus pestañas estaban bien rizadas, sus ojos parecían brillar con una luz intensa al igual que el intenso carmín rojo de sus labios.

Cerré los ojos y sonreí recordando la conversación, las miradas cómplices y sus comentarios a cerca de mis cabellos. Aún los tenía largos, pronto no sería así y ella me decía que era una lástima que hiciera tal crimen. Mi madre siempre se sentía orgullosa de mí, incluso cuando fui un completo idiota metido en peleas de bandas. Las mujeres me observaban, también algunos hombres. Mi madre era atractiva, parecía más joven de lo que era realmente y el cáncer no era visible aún.

“Atsushi quiero bailar, quiero bailar todo el día. Deseo volver a nacer como las flores, resucitar de mis cenizas, y poder disfrutar de todo como si fuera una alocada jovencita. No, no me mires así. No estoy loca, aún no perdí la cabeza y tampoco la memoria. Prométeme que no malgastarás tu vida, que la disfrutarás.”

Al volver a recordar esas palabras pude rememorar el tono cálido de su voz, la belleza que imprimía en cada palabra con dulzura y fuerza. En ese momento asentí sin más, no di significado alguno más allá de esperanza en su curación. Pero en esos momentos me di cuenta de lo que quería decirme, quería darme alas y que no las cortara.

El balbuceo frenético de Jun me sacó de mis recuerdos, de esas malditas fotografías en movimiento, y lo miré fijamente a los ojos. Él sonreía moviendo sus manos y hablándome en aquel lenguaje indescifrable.

Aún tenía en mi mente la imagen de mi madre con aquel vestido blanco reluciente, sus cabellos negros largos hasta la cintura y su sonrisa impecable. Fue de las pocas veces que pudo lucirse como se merecía, fue de las pocas veces que pude disfrutar de ella antes de que muriera. Perdió sus cabellos, su piel se volvió algo seca y más pálida que lo acostumbrado. Pero esos recuerdos siempre intentaba evitarlo, prefería verla sonreír caminando a mi lado.

martes, 8 de diciembre de 2009

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (X)


Salí del cuanto de baño, aún empapado y descalzo, dejando mis huellas sobre el parquet hasta la habitación. Hurgué por el armario para encontrar una camiseta de mangas cortas negra bastante amplia, un jersey negro grueso y aún más amplio que la camiseta, junto a unos jeans amplios de una tela bien gruesa. Me quedé vestido de ese modo, como un espantapájaros, y me reí al verme al espejo. Hacía como quince años, o más, que no usaba aquel jersey, al igual que aquella camiseta.

-Sin duda la moda de los ochenta era horrible.-comenté mirándome al espejo.-Pero es lo más abrigado que conozco.-un frío extraño se había instalado en mis huesos, el frío del invierno había venido azotando de forma clara a pesar que parecía no querer entrar en la ciudad. Me senté en la cama y mi gato se subió a mi lado restregándose en mi espalda.-Cheshire ¿te gusta el horrible jersey?-pregunté girándome para tomarlo entre mis brazos.-Este horrible jersey lo tejió mi madre.-susurré con melancolía.-Daría parte de mi fortuna porque tú pudieras entenderme, aunque creo que lo haces, pero no puedes responderme en un lenguaje que yo sea capaz de comprender.-lo alcé frente a mí y él maulló para después lamer una de sus patas.-¿Eso es un sí?-dije mirándolo con una sonrisa.-Arigato Cheshire.-susurré antes de besar su húmeda nariz de color oscura. Se había oscurecido con el tiempo, al principio era rosa con pequeñas manchas negras que fueron creciendo.

-¿Le das gracias al gato y a mi no?-preguntó Phoenix desde el marco de la puerta, no había escuchado sus pasos por el pasillo. Noté entonces a Jun aferrado a su cuerpo como un pequeño koala.

-A ti también.-respondí con una sutil sonrisa dejando al gato a un lado.

-Hoy tuve un mensaje en mi blog, de alguien que conoces bien.-comentó.-Bueno, bien, digamos que es un joven muy parecido a ti y que puedes palpar su oscura presencia desde el otro lado de la pantalla.

-¿Ángel?-interrogué recordando que era el único que podía ser descrito de esa forma.

-Sí, Ángel.-respondió sentándose sobre mis piernas.-Un joven bastante extraño, pues entrar en su blog es entrar en un mundo parecido al tuyo.-rió bajo y me miró a los ojos.-Al menos es la sensación que tuve.

-¿Y qué pretendía? ¿Qué deseaba? ¿Qué dijo?-aquellas preguntas eran parte de mi curiosidad, pero creo que cualquiera hubiera tenido esa misma reacción.

-Simplemente me dio ánimos por mi enfermedad, dijo que se alegraba de mi recuperación y que esperaba que no fuera demasiado lenta.-acarició los cabellos de Jun y besó su frente cuando balbuceó algo imposible de entender, esperando que él le comprendiera.-Sí amor, volveremos a ir a jugar.-susurró con un tono tan maternal que parecía imposible que hubiera surgido de un hombre.

-¿Y buceaste entonces por sus archivos?-pregunté con mayor curiosidad.

-Sí, miré todo y supe que hay cosas que ambos habéis pasado y que él esta a punto de pasar.-me miró tan fijamente que por unos instantes dejé de pensar en nada, tan sólo en esa mirada apacible y llena de inconfundible amor.

-¿Qué?-dije acariciando su rostro.

-Su madre está enferma.-aquello me hizo recordar al momento en el cual me dijeron que ella lo estaba.-Aún no hicieron pruebas, pero los médicos opinan que puede ser una tumoración.

-¿Qué?-ya no era una pregunta, simplemente era asombro. El chico tenía que pasar por eso, por las dudas y los miedos que yo mismo había pasado. Era un camino amargo, creo que el peor camino que tiene que recorrer un hombre con alguien amado. Cuando uno sabe que los momentos que vive pueden ser los últimos con esa persona se vuelven dolorosos a la par que intensos.

-Sí, tiene que estar aterrado.-noté entonces como acariciaba mi mentón.-Deberías ir y conversar con él, tal vez invitarlo a tu casa o que él te invite a la suya.-sonrió de forma tranquilizadora.

-Le enviaré un comentario pidiéndole su email y su número telefónico, quiero hablar con él de todas formas.-respondí aún asombrado y aterrado, porque no decirlo.

Phoenix se levantó de mis piernas y se encaminó a la puerta de la habitación con el bebé en sus brazos. Jun jugueteaba con sus colgantes y cabellos. Su silueta era ya demasiado familiar, podía dibujarlo con los ojos cerrados. Él ya era mi mundo, era la persona que me calmaba en los malos momentos. Su sonrisa y sus caricias me habían hecho estremecer, sentirme reconfortado.

Me levanté para ir hacia el portátil, me introduje en la web de Ángel y tecleé un mensaje rápido. Mi nick no era el habitual, ni siquiera estaba en mi cuenta. Pero él sabría perfectamente quien era con tan sólo leer Cheshire. Ese gato de Alicia, su personalidad, ya eran parte de mi juego habitual. Fue un mensaje breve que tuvo respuesta tras veinte minutos. Pronto tuve su correo electrónico y su teléfono móvil.

La verdad es que en un primer momento pensé en mandar un email, no me parecía correcto llamar sin más, sin embargo pensé que era menos cercano unas letras y más reconfortante la voz de alguien que había pasado por lo mismo. Así que simplemente llamé. Tardó en contestar y cuando aceptó la llamada escuchaba una canción de Bowie retumbar. Sin duda era Diamond dogs.

-¿Sí?-respondió.-Si es un vendedor no quiero nada y si es el del alquiler, lo siento mañana mismo pago lo que le debo. Verá es que llevo un mes sin trabajo y tan sólo podemos ir tirando con el dinero ahorrado. De verdad que lo siento, pero mañana mismo tiene los doscientos euros que no le pagamos. Ya el mes próximo es diferente porque he encontrado trabajo de contable.-todo aquello lo dijo con una rapidez pasmosa.

-Espera, soy Atsushi.-respondí.

-Joder pensé que era el casero, lleva días llamándome con números distintos y no sabía si aceptar la llamada o no.-de fondo seguía sonando aquella canción que tan buenos recuerdos me traía.

-Diamond dogs... una gran canción ¿es un live no es así?-cuestioné para romper el hielo.

-¡Ángel quita a Bowie ahora me toca a mí!-gritó una voz femenina con un acento sutilmente distinto, sin duda mexicano. Tras ese grito los Sex pistols comenzaron a sonar con fuerza, con una contundencia absoluta.

-Era un live.-respondió.-Un segundo.-murmuró.-¡Miho estoy hablando por móvil!

-¡Lo siento!-tras ese lo siento la música bajó el volumen, pero siguió sonando.

-¿Estás ahí?-pregunté desconcertado.

-Sí, estoy aquí.-murmuró tras un suspiro alto.-Creí que no me llamaría hoy, estábamos intentando concentrarnos en un pequeño escrito.

-Quiero hablar contigo, te invito a un café en casa y podrías traer a tu pareja.-comenté intentando pensar que había sonado mi voz amable, pero no preocupado. No era mi hijo, tampoco un familiar, ni un amigo... pero sin embargo me preocupaba. Tal vez lo veía tan semejante a mí, tanto, que era como verme reflejado en un espejo como en el video de thursday child, del genio que tanto admirábamos.

-Será un honor ir.-fue una respuesta afirmativa.-¿A qué hora?-interrogó mientras escuchaba de fondo a la joven cantar, no tenía mala voz sino todo lo contrario.

-¿Cinco y media o seis?-me eché hacia atrás en la silla.

-¡Sole aparta!-gritó sin más.

-¡No le digas eso! ¡No seas mal padre!-esa fue la respuesta de su pareja. Sin embargo, yo no sabía que tenía hijos.

-¿Tienes una hija? Pensé que no tenías hijos.-seguramente le parecí un entrometido pero la curiosidad me pudo.

-No, es mi gata.-dijo entre risas.-Es que no para de triarse sobre mi ropa y la llena de pelos.-me recordó a mi gato.-Sobre la hora perfecto.

Terminamos de acordar la hora, la dirección de mi casa y nada más colgar me sentí extraño. Ese chico parecía estar bien a pesar de todo lo que se le avecinaba, tal vez era un pequeño teatro ante el mundo. Yo hacía lo mismo. Cuando mi madre enfermó mentía a todos con mi sonrisa, decía que estaba bien, aunque supongo que mi mirada no dejaba de estar llena de melancolía y miedos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Dark City - Sindrome de Peter Pan - Capítulo 8 (parte XII)


Los chicos se habían apartado y todos los fans de la literatura, y por supuesto de Wilde, estaban siendo atendidos uno por uno. Se dejaba tomar fotos, firmaba los libros y también los posters que a veces se regalaba en las ediciones de lujo. Era la portada de la saga en cuestión, dibujos muy elaborados que según él los realizaba un joven desconocido para el público. Y realmente era desconocido, únicamente aparecía su rúbrica en una esquina y tan sólo era un apodo.

Durante horas le acompañé sin inmutarme. Ellas y ellos me observaban de forma rápida, mis manos finas jugueteaba con una estilográfica que tenía de repuesto. Mis uñas negras y mi aspecto era totalmente distinto a lo que acostumbraban. Hacía mucho que no fumaba, pero prendí un cigarrillo. Los nervios de la boda me carcomían por dentro, también despedirme de Uta y de su sueño de una vida juntos. Mientras, calaba el cigarrillo y me hundía en mis pensamientos, tomé uno de los folios blancos y empecé a garabatear algunas líneas.

“En medio de la playa
Con los pies desnudos y el sol muriendo
En medio de la divisoria raya
Donde está la realidad y la fantasía
Me encuentro de brazos cruzados debatiendo
Con la nostalgia y mis lágrimas frías

Secuestrado en el dolor que atenazante
El dolor que domina mi corazón
Tú mi bello ser, mi amante
No sé como decirte adiós
Y el sentido de esta vacía sinrazón
Que fue elección propia o impulsada por algún dios

Susurra sueños a las estrellas
Susurra fantasías a la almohada
Deja que el pasado deje sus huellas
Y que se las lleve un día de marejada

En medio de la playa
Con los brazos en alto clamando paz
En medio de la arena
Abrazándome y rogando poseer fuerzas una vez más
Nunca deseé que llegara el momento
En que mi redención llegara
Pero estoy mirando este firmamento
Y noto como se van abriendo nuestras yagas

Adiós, con los ojos vendados, te digo firmemente
Dejo que el aire trasporte mis palabras
Pues no consigo mantenerme fríamente
Porque tú eres mi debilidad, como bien sabrás
Esta es la carta de un maldito ególatra
Que jamás te quiso dejar escapar

Susurra sueños a las estrellas
Susurra fantasías a la almohada
Deja que el pasado deje sus huellas
Y que se las lleve un día de marejada

Oh… vuela libre…
Corté los hilos rojos de nuestro destino…
Oh… vuela libre…
Hice que crecieran tus alas hoy mismo…
Oh… vuela libre…
Ese es el deseo que una vez escribí en una servilleta de papel…
Oh… lejos de mí…”



Para nada me di cuenta del barullo que se estaba formando en mi mesa. Todas me observaban fijamente, cada trazo y mi expresión de concentración. Deseaba dar lo mejor de mí en ese tema, aunque jamás lo tocáramos realmente. Si bien, eran mis sentimientos y cuando alcé el rostro vi como muchas se sonrojaron.

-¿Podría firmarnos el cd de su banda?-interrogó una de ellas.-Vine a por la firma de Wilde y la suya.-era rubia, rizos bien elaborados pero se notaban que era de peluquería.

-Por supuesto.-dije en un tono suave mientras meditaba interiormente sobre la letra que había compuesto.

Una por una fui dejando mi rúbrica con unas palabras de afecto. Entre todo el pelotón femenino había un joven de cabellos largos y aspecto levemente andrógino. No era asiático, pero tenía los ojos levemente rasgados y su piel era clara como la de un vampiro. Sentí escalofríos. Esa expresión de soledad de sus ojos era parecida a la que yo tenía, la que yo poseía cuando era joven y cuando caía mi máscara de frialdad. Tomé su cd y noté que él no llevaba libro. Había acudido expresamente para que yo le firmara.

-Es un honor ver como alguien hace caso a sus sueños de juventud.-murmuró.-Ojala mi padre hubiera tenido la decencia de hacer algo bueno en su vida, seguir los suyos y dejar que yo cumpliera los míos.-sonreí ante aquello.

-Son difíciles los sueños, retomarlos quiero decir, pero no son imposibles. Es aún mayor reto llegar a pisar la luna, si bien el hombre lo ha hecho.-comenté estampando mi marca en una de las hojas del cuaderno de canciones.

-Me impresionaron, el rock es mi pasión y noté como cada uno mostraban ese ímpetu.-colocó una de sus manos en la mesa. Sus uñas también estaban pintadas como las mías, sus anillos eran parecidos a los míos.

-No dejes que tus sueños se olviden, lucha por ellos.-dije mientras firmaba.

-Me llamo Ángel.-comentó señalando el lugar de la dedicatoria.

-Un placer conocerlo Ángel.-tomó su cd y sonrió levemente.

Ya no quedaba nadie en la sala, tan sólo Wilde y yo. Ese chico se alejó caminando de forma rápida dejando sonar un cascabel, llevaba una de esas cruces egipcias en un cordón negro y junto a él un collar parecido al de un gato. Sus cabellos estaban algo largos y cortados como los míos. Cuando llegó al final de la puerta de salida una chica se abalanzó sobre él, ambos se abrazaron y él acarició sus cabellos con cierta ternura. Era como verme, como ver un doble.

-¡Ahora vayamos a celebrar tu veintitrés cumpleaños!-gritó una chica con rizos que comenzó a brincar junto a otra muchacha.

-¡Sí feliz cumpleaños viejo pervertido!-añadió su chica subiéndose sobre él.

-¡No soy viejo!-respondió.

-¡Admites lo pervertido! ¡Hentai!-dijo una de ellas moviendo su cuerpo de forma algo curiosa.

-¡Eso es mi emblema! ¡Mi orgullo!-reí bajo al escuchar aquello y entonces sentí la mano de Wilde en mi hombro.

-Le invito a tomar algo, la rueda de prensa y autógrafos hizo eterna.-comentó con una sonrisa leve.

-Sí, claro.-tomé el papel y lo doblé dándome cuenta de una leve anotación.

“La libertad únicamente se consigue al desplegar las alas… si uno así lo desea” no era mi letra, bajo esta frase puede leer el nombre completo de aquel muchacho y sonreí. Jamás olvidaría ni su nombre ni sus apellidos, tampoco sus palabras.

Cuando miré de nuevo hacia la salida no había nadie, aquellos ruidosos jóvenes ya se habían esfumado. Sabía que no había sido una visión, ni una premonición y mucho menos un sueño extraño. Era real, tenía su nombre junto a su letra en mi folio.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Encantos Divinos



Imagen de un doll modelo de maquillaje. Personalmente estos rasgos mucho más maduros me agradan en estos "pequeños" humanos sin alma aparente.

Elixir - skizoo

Mis labios se fundieron con los suyos, fue algo que jamás olvidaré. Lo hice mío más de una vez en esa noche. Mis manos caminaban por su piel, se deslizaba por su pecho hasta el borde de su vientre para descender a los infiernos. Su boca me incitaba dejando escapar gemidos. Nunca creí que los ángeles tuvieran ese aspecto tan vulnerable. Le arranqué la ropa haciéndola jirones. Nuestras miradas se cruzaban llenas de lascivia.


Sí, fui yo quien cometí el pecado original

Yo quien arrancó a un ángel de los brazos de dios

Para hacer que brillara en su faz

Un resplandor convertido en un caliente ardor


Abrí sus piernas y hallé un confortable lugar para deleitarme. El sabor de su piel, de su sexo, era demasiado extasiante y me hizo caer en un pesado sueño del que no quería evadirme. Invadí su territorio, alcé mi bandera en aquella acogedora gruta y me moví mientras la cama gemía con nosotros de forma escandalosa. Los muelles parecían no soportar el peso, el colchón se hundía, el cabezal tiritaba tanto como él y yo me empapaba en sudor mientras con la mirada de un loco sucumbía a su arrebatador amor.


Sí, fui yo quien destrozó su alma

Quien robó sus esperanzas más preciadas

Yo quien le hizo perder la calma

Para dejar su piel por siempre marcada


Sus costillas se notaban en exceso por culpa de su intranquila respiración, parecía ahogarse. Suplicaba, imploraba y deseaba el pecado en sus entrañas. Mi sexo cada vez más hondo de él rompiendo las reglas del juego. Mis manos se aferraban a las ropas de la cama, me apoyaba en el colchón, sus piernas a ambos lados de mis costados, su trasero firme bien pegado a mi y su hombría exuberante me mostraba cuando se deleitaba con mi compañía.


Dejó de ser puro por seguirme en la noche

Le ataqué con galantería y un ego excesivo

Quería notar que era la opulencia y el derroche

Por ello dejo a Dios y siguió mi camino


Derramó su simiente sobre su ombligo que dirigió con sus manos que no dejaron de acariciarnos. La mía fue entre sus firmes nalgas tras un fuerte espasmo por toda mi columna vertebral. Sus labios estaban rojos por tantos besos, por tantos bocados y tantos jadeos. Mis manos se volvieron locas palpando su rostro mientras volvía a apoderarme de su boca. Su lengua, cálida y húmeda, se fundía con la mía en una lucha épica.


¿Cómo un ángel va en busca de un ser como yo?

¿Cómo puede amarme y no ser un castigo?

¿Cómo?

lunes, 6 de octubre de 2008


Dream_traveler... este chico no es únicamente modelo de estas imágenes en deviantart, lo he visto en el albúm de Lestat...sin duda una de las imágenes que más me gustan


A veces no puedes creer la suerte que tienes, otras la quieres cambiar para poder sobrevivir. En el mundo hay cosas que son como un espejo, tiene dos caras y a veces son como un prisma. Depende de cómo mires el mundo, con que lupa o color, tendrás un reflejo u otro. Puedes ver la botella medio llena o medio vacía…Lo que a ti te parece fascinante, para otros es horrible. Las tragedias pueden doler incluso a kilómetros del epicentro. Una lágrima puede formar un océano, ser un precioso momento o un amargo recuerdo. Hay un amplio abanico de posibilidades, una gama inmensa de dudas y un color único para el duelo. La cruz puede ser liviana cuando se lleva con honor. Los caminos no tienen una única salida, tiene varios senderos y recodos donde puedes perderte. Cuidado con tu mente, con tu orgullo y con tu prepotencia…puede jugarte malas tiradas de cartas. No hagas faroles, no te piedras, no huyas…no grites, no llores, no implores…si no es necesario. Tú eres la pieza que falta en el cubo de Rubic.





Lucha por tus sueños

Muere por tus ideales









Ángel de alas siniestras, ven a mí.

Nada en el rio caudal de esta selva…

Abrázame y dame alas como las tuyas



Yo quiero ser como tú



Amar la verdad y acariciarla

No dormir en colchones que no sean de nubes

Gritar libertad mientras me esposan

En el limbo de tus miradas

Locura de amor, es sólo eso…lo narrado





Amantes codiciosos

Muertos, sí muertos

Orgullosos por el

Ritual de caricias desenfrenadas



Porque la vida te da mil vueltas, giros y tumbos, que cuando te deja caer frente a la ruleta marca la suerte de tu espíritu. Da gracias por lo que tienes, ruega porque mañana siga y haz algo más que implorar. El amor germina, germina siempre si hay tierra fértil. La tierra más fértil es aquella a la que se va a tientas por el camino, sin importar nada, jugando a las cartas y tirando faroles…conquistando el cielo de color rojo…rojo como la sangre de las válvulas de tu corazón, el cual amo, el cual protejo, del cual soy un ángel custodio.



Te amo, eres mi tesoro.

sábado, 29 de marzo de 2008

Alma en pena


Dedicado a todo aquel que se sintió frustrado, que deseó cambiar el mundo y le rechazaron...pero que jamás se cansó de intentarlo.



Desde que nací fui condenado a un destino que mi padre marcó con su dedo, me dijo que tenía que hacer e hizo que no pensara. Soy una marioneta del supuesto bien de Dios y me siento ofuscado. Mi espada se ha blandido con demonios que tan sólo pedían libertad de pensamientos, sentimientos o un concilio con la verdad. Dios guarda todo celosamente en un pequeño cofre, lo llama el cofre de Pandora y ríe mientras ve las desgracias del mundo. Habla de que le dio a los humanos libertad y que por ello no puede ni debe intervenir, sin embargo se la niega al infierno. Los alaridos de dolor de Lucifer aún retumban en mi cabeza y yo estoy tan confuso como ese día. Mis ojos arden de tanto insomnio y fijar la vista en un mañana demasiado oscuro.

En las noches deambulo por la tierra, llevo ropa actual y los cabellos alborotados sobre mi rostro. Intento pasar desapercibido, oculto todo mi poder y me aferro a un cigarrillo. Mis ojos grises se clavan en la cenicienta ciudad, tal polvorienta y turbulenta que marea. Mi chupa de cuero negro, bastante larga cae hasta mis pies, se entalla a mi cuerpo y deja poco que ver de mi silueta. Mis pantalones son amplios, aunque a la vez algo ajustados, vaqueros y oscuros como el vacío que dejó mi corazón. Yo carezco de sentimientos, eso dice Dios, los verdaderos ángeles no tienen que desechar su vida en estos impulsos emotivos. Somos como máquinas, máquinas de guerra y exterminio. Mis labios gruesos, mi rostro frío y algo aniñado junto a un color pálido dan la imagen de un vampiro. Si supieran los escritores que todos somos criaturas de dios, que todos nos parecemos de cierto modo, no remarcarían tanto el aspecto de ciertas criaturas.

Usualmente me percato poco de lo que sucede a mí alrededor, me centro más bien en un suceso y lo sigo. He visto asesinatos, pero no he entrado en el fragor de la batalla, hasta que una noche tuve que socorrer a un muchacho. No pude soportarlo más, antes de que llegara el ángel de la muerte para otorgarle su condena le tomé en mis brazos. Abrí mis alas y corrí por los edificios para alzar el vuelo. Él se encontraba inconsciente, lo dejé en las escaleras de un hospital y durante días estuve visitándolo a la unidad de cuidados intensivos. Decía que era un amigo, me preocupaba por él como si fuera tal y al final cuando despertó había perdido la memoria. Dios en ese instante me había condenado, había borrado la historia de aquel humano por mi culpa. Desde entonces menos hago y más odio retengo.

El amor, la libertad, la furia, el sexo, el placer de un buen pitillo…todo lo ve mal. Es un viejo amargado y ha olvidado los dictámenes que dio a su hijo. Jesús está de nuestro lado, nos apoya, pero no puede hacer demasiado. En el cielo y en el infierno hay revueltas continuas, todas contra el llamado Padre de todo. No se puede llamar rey de la creación a alguien que no sabe imponer sus reglas, que no sabe controlar al rebaño y se pasa el día ajusticiando a niños a la hambruna.

Pero hoy ya fue suficiente, hoy corro por la arboleda verde de Galicia. He bajado a este trozo de paraíso tan sólo para correr por sus bosques. He desenvainado mi espada, porto orgulloso su brillo y grito cortando ramas. No iré contra Dios con ella, sino con mi lengua. Después de cortar leña me he sentado ante una pequeña fogata, he respirado el aire puro de aquel lugar y luego he apagado el fuego. Me he encaminado al cielo y me he presentado ante él, sin hacer reverencias.

“Eres peor que el peor de los hombres. Te escudas en falsas creencias, dejan que tus sacerdotes roben el cepillo de las iglesias y cada vez sea más orondos. Eres necio, das desprecio a lo que claman libertad, justicia y paz…luego te escudas en ello. Yo creo en la palabra que una vez diste, creo en ti, creo en el diálogo y odio la guerra junto a todo lo que acarrea. ¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no escuchas? El mundo es un desastre y no es culpa de tus criaturas, sino de quien las creó.”

Tras esto he sentido una paz enorme, mi cuerpo ha estallado y mi alma ha quedado disipada. Qué hermosa sensación…sobretodo la del vientre de una mujer, y la sabia de la vida que me otorga. Su condena es que nazca en la tierra y conviva con el hombre, que tenga sueños que no pueda conseguir y una libertad que realmente no existe. Pero es mucho mejor que ser un ángel y no poder interponerse ante sus designios.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt