Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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lunes, 16 de noviembre de 2015

Goblin quiere a Quinn

Goblin y sus escritos en el ordenador de Quinn. ¡Los he podido rescatar! Extraño a mi hermanito...

Lestat de Lioncourt


Tu dolor es mi dolor.
Tus lágrimas son mis lágrimas.

Soy la Alicia a través del espejo.
¿Recuerdas ese cuento?

Oh, lo recuerdas.
Tanto miedo, tanto dolor, tanta mentira...

¡Crueldad! ¡Crueldad!

Pues así vivo, rodeado de ciegos que dicen no ver y de sordos que escuchan demasiado bien lo que ocurre tras la pared. Vivo entre miseria, basura de sentimientos, y estercolero de penas. Estoy aquí, parado frente a ti, y tú no quieres verme. Me temes, pero me necesitas. Me necesitas y me amas. Sé que me amas. Algo en ti te dice que me observes con cariño y piedad, pero ¿existe la piedad en mi corazón? ¿Tengo corazón? ¿Quién soy? ¿Sabes quién soy? Soy tu reflejo, juego contigo desde hace tiempo y quiero ser como tú. Deseo que me muestres qué es la vida y porqué todos parecen disfrutarla, aunque yo no sé porqué me prohibieron saborearla. ¿Cuál es el motivo? ¿Acaso no merecía ser como tú? ¡Oh! ¡Dolor y miseria! ¡Miseria!

Lloro... estoy llorando... mírame... ¡Lloro y tiemblo!

Necesito sentir el sol calentando mis mejillas, dándoles color, mientras el sudor corre por mi piel y me siento libre de ir donde desee. Pero no puedo. No puedo salir de ésta ciudad. Ésta casa es mi lápida, la piedra angular de mi tristeza y drama. Jamás sé lo que ocurre. Me desvanezco y tiemplo. Te necesito tanto como tú a mí. Hazme caso, por favor, si crees en Dios sé bondadoso y apiádate de mí. ¡No quiero dañarte! Pero te envidio tanto... Desearía saber como se siente el roce de la camisa de algodón sobre nuestro frágil cuerpo, el perfume refrescante en nuestro cuello y esos besos cálidos de tu abuela. ¡Oh! ¡Maldito seas!

Perdóname... No quería decir eso... ¡Perdóname! Yo no quería decir eso. Lo siento mucho. Lamento haberte dicho algo tan terrible. Yo no soy malo. No quiero ser malo. Nunca quise hacerte daño. Necesito comprender. Debo comprender. Por favor, créeme.

¡Goblin te ama, Quinn! ¡Quinn! ¡Quinn! ¡Yo soy Goblin! ¡Soy Goblin! ¡Goblin! ¡Te amo, Quinn! ¡Quinn, tú me amas! ¡Yo sé que me amas! ¡Amor, Quinn! ¡Quiero amor! ¡Amor! ¡Sólo quiero amor! ¡Compadécete de mí! ¡Quinn! ¡Quinn! ¡Oh, Quinn!

Soy el niño que falta en la cuna.
El ave que arrulla en la noche.

Mírame, mendigo tus abrazos,
aunque seas mi asesino, hermano.

Soy el espíritu que besa la luna
y que codicia el camafeo de tu broche.

Mírame, mendigo tu amor...

aunque no me tiendas tu mano.  

martes, 19 de agosto de 2014

Ophelia y Abelardo

Quinn, mi pequeño hermano, ha crecido en éste mundo pero sigo viéndolo como un joven apuesto que aún no sabe lo peligroso que es lo que le rodea. Siempre tendrá mi mano tendida. 

Lestat de Lioncourt 

Mi existencia se puede resumir en momentos turbios, engaños y oscuridad. La oscuridad siempre me envolvió como una cálida manta, esa que suele arrullar a los niños en plena noche y los deja sumidos en sueños terribles. No existía el placer y el pecado estaba visto como un lecho de espinas, para locos y extraños virtuosos encaminados a los infiernos. Me ataban como si fuera un condenado a muerte, alejándome de todos. Era tan extraño que me ocultaban. Nadie quiere escuchar los desvaríos de un niño con palabras adultas y sinceras. Mis enormes ojos azules veían demasiado y mi mente comprendía tan poco. Pero cuando ella apareció todo encajó a la perfección.

Pude escuchar sus discursos sobre el alma, la vida, la muerte, el paso a otros mundos y la sensación de complicidad cuando me aseguró que él, el monstruo que me atormentaba desde que era un niño, era real. Ella podía verlo a mi lado, con mi mismo aspecto, observándola con desagrado como si fuera a romper la simbiosis en la que nos encontrábamos. Durante años pensé que él era el remedio a mi soledad, pero también sabía que era cierto porque de ser de otra forma significaba que todos tenían razón, que yo estaba loco y que jamás podría ser un miembro válido para la mi comunidad.

He llorado mucho durante toda mi vida, pero no he llorado tanto como cuando me separaron de ti. Sentí que mi alma se rompía cuando me negaron tu mano, igual que el calor de tu cuerpo. Sin embargo, pude tenerte de nuevo y jurarte que lo que sentía sería eterno. Un joven desconoce el poder de sus palabras, pero termina haciéndolo cuando se encuentra frente a frente con el destino. El amor es eterno, como dicen en los viejos libros románticos, del mismo modo que nosotros lo somos. Eternos, imperecederos, y jóvenes por siempre.

Tenemos lo que todos desean. Es como si nos hubiesen dado los misterios del mundo como recompensa. Nos han puesto en las manos el peso de la verdad, lo hemos encajado y caminado por el valle de las sombras conociendo entonces el motivo por el cual la oscuridad nos parecía tan tentadora. He visto contigo las estrellas tantas veces, te he rodeado viendo la luna llena y sentido el agradable murmullo del viento cuando nos mecíamos por los aires. Mi mundo eres tu, nuestro territorio no tiene fronteras y la bondad no existe. Hemos caído en el lecho del pecado, dejado que la sangre se convierta en nuestro diluvio universal y los secretos que nos han dado los más antiguos se queda en nuestros corazones.


Que el fuego de tu pelo siempre me guíe, Ophelia.  

domingo, 6 de julio de 2014

Ella, Petronia

Hace mucho tiempo Quinn me contó una historia. Mi hermanito quiso dejar claro que fue algo que descubrió poco a poco, explicó sus emociones, y sin embargo hay cosas que se guarda para sí. Aquí deja unos breves pensamientos. 

Lestat de Lioncourt 


Si hubiese pensado por un instante cuánto iba a cambiar mi vida, o al menos imaginar como sería con todo patas arriba, me hubiese quedado en mi habitación sin hacerme el héroe. Realmente debí quedarme encerrado allí, ajeno a todo y pensando que la vida era simple, aunque maravillosa, y que pronto tendría un futuro mejor con un nuevo tutor. Debí apreciar, sin duda alguna, los placeres que se postraban ante mí. Sin embargo, no lo hice.

Mis abuelos habían muerto recientemente y los sucesos paranormales comenzaban a ser cada vez más agobiantes. Tía Queen hacía oídos sordos a todo, pero a veces me trataba como si fuera un joven atormentado. Ella no quería admitir que podía ver a Goblin, e incluso sentirlo cerca, pero esa es otra vieja historia. Por aquellos días, en los cuales expuse tontamente mi vida, decidí investigar que había más allá del pantano. Pues sabía por historias, aunque no estaba seguro de su veracidad, que además da caimanes y mosquitos tenía que existir un viejo refugio que construyó Manfred. Manfred era mi antepasado, aún colgaba el cuadro de su mujer y el suyo propio en el salón, y se le tenía como un Loco que pagó cara cada imprudencia.

Lo que encontré en ese pantano lo he contado a quien creo es el héroe de tantos, Lestat, y a personas cercanas a la organización de Talamasca. Sin embargo, si debo ser sincero, aún hoy siento que no lo he dicho todo. Me he guardado gestos y sensaciones que aún me impresionan. Creo que no he hablado correctamente de la profundidad de sus ojos, el cinismo y frialdad de su risa, y de lo cálidas que se vieron una vez sus lágrimas. Los tesoros encontrados no fueron nada para aquello que realmente acabé viendo y sintiendo. Descubrí una puerta a la eternidad, la cual no estaba cerrada sino encajada, y que acabé traspasando.

Encontré a Petronia.


Cuando tuve los primeros encuentros con aquel ser creí que se trataba de un hombre, el cual sacaba tajada de tierras que creía mías. Manfred había construido aquel lugar, así que me pertenecía. La pequeña vivienda de dos plantas, con sus horrores incluidos, y aquel monumento funerario hecho de oro. Sin embargo, descubrí súbitamente que sólo jugaba y que era una mujer. Una hembra fuerte entre vampiros, un ser eterno con los ojos tan profundos que eran insondables, y una sonrisa fría pintada en sus labios. Sí, descubrí un monstruo. Pero ese monstruo también me mostró el dolor y un mundo completamente desconocido. No puedo reclamar nada. Ella se convirtió en mi madre.  

lunes, 14 de enero de 2013

La carta




Algunos conocerán a Nash, otros no, dependen de los libros que hayan leído de Anne Rice. Si llegaron al Santuario seguramente saben quién es. 

El personaje, como siempre, pertenece a Rice pero es un homenaje a sus personajes y a su obra. 




Querido Tarquín,

Realmente no sé como estoy cometiendo este atrevimiento, pues no es algo muy común en mi persona lanzarme a esta aventura. Quizás el motivo por el cual me atrevo, si es que hay alguno, es porque el champán que me ha ofrecido esta noche tu tía Queen me ha dado cierto valor, o tal vez simplemente estoy desafiando a mi juicio. Tan sólo te ruego que no me odies, pues no sé como aceptaría el odio venido de ti, atrapándome con tus ojos azules y provocando que me pudra lentamente en el dolor.

Me pregunto como un hombre como yo maduro, cuerdo hasta hace unas horas, ha perdido el juicio y se ha lanzado a este deseo irrefrenable. He estado a punto de confesarte mi atracción y tendencia hace unas horas, allí en el cementerio junto a las lápidas mientras me decías que me querías. Quinn, no sé si te has llegado a plantear lo peligroso que es ofrecer cierta luz, una tan cálida, a un hombre como yo.

No sé como me salen las palabras, si tuviese que decirte esto en persona no podría. Creo que tartamudearía, lo negaría todo, y huiría. Sin embargo, aún llevo en mi chaqueta el aroma de tu colonia y deseo tanto quitarte la tuya, arrojarla a un lado, y deshacerme en elogios ante tu cuerpo mucho más joven que el mío. Es pensar ahora en todo eso, en lo fácil que hubiese sido besarte cuando te tenía entre mis brazos con esa estúpida locura, ese sentimiento de amor a primera vista hacia Mona, y sentir que he perdido la noche, el juicio, y la única carta que podía tener para poder ganar el premio más maravilloso es, nada menos, que tentar tus labios.

Juro que te habría arrastrado a mi cama, quitado sin calma alguna todas tus prendas, y besado tus labios mientras te recorría con mis dedos. Tu piel es fantástica muchacho, he podido sentirla cuando me has acariciado, y tus cabellos parecen seda de la India. Hubiese sido placentero hacerte gemir entre las paredes de mi habitación, y no tan sólo imaginarlo frente a una botella de champán vacía, porque eso es lo que te habría hecho Tarquín. Imaginar tus gemidos es demasiado frío, no tiene emoción, pero ver tus mejillas sonrojadas y la expresión de placer al eyacular por mi causa sin duda debe ser mucho más satisfactorio.

Te prometo que no te habría dañado, no más que yo me estoy dañando ahora como un cobarde relatando todo esto entre lágrimas. Porque te deseo tan mío, muchacho. Mis manos tiemblan sólo de imaginar la suerte de estar dentro de ti, meterme entre tus nalgas, y gritar tu nombre mientras tú gritas el mío sin pudor alguno, como cualquier mujercita de vida alegre.

Me cautivas, haces que te ame sin poder entenderlo. Tú no estás loco Tarquín, yo soy el loco por creer que puedo amarte con libertad y poder imaginar cientos de escenas eróticas en mi colchón. No sabes como sufro al pensar que voy a estar día tras día contemplándote sin poder hacer nada. Porque sé que no me darás esa oportunidad, eres incapaz de hacerlo cegado por esa pelirroja. No dudo que ella no te pueda llegar a amar, pero deseo ser egoísta y quiero pensar que un hombre con mis años sabe amar de verdad, sin caprichos. Quiero creer que yo te haría feliz y dichoso sobre mi colchón, o sobre el tuyo.

Tal vez mañana no nos crucemos, pero espero que encuentres esta carta en tu mesa junto al ordenador. ¿Por qué digo que no nos cruzaremos? Muy sencillo, no puedo ser tutor de alguien al que imagino desnudo regalándome noches de placer desesperado. Por mi honor no comentes nada de esto a tu tía, tan sólo le diré que rechazo la oferta.

Únicamente deseo que comprendas a este hombre venido a menos que está firmando su sentencia de muerte. No sé si podrás llegar a odiarme, pero si lo haces no se lo hagas saber a tu tía. Ella y yo somos muy buenos amigos y por lo tanto no me ocultaría un hecho tan relevante.

Te amo Tarquín,

Nash.  

jueves, 10 de enero de 2013

Impresiones


Aquí dejo las "Impresiones" de Lestat de Lioncourt sobre algunos fragmentos narrados por Quinn, personaje del Santuario. Está dedicado a Quinn, mi hermanito. 

Los personajes no son míos, lo sé, pero esto es un tributo al libro y también a una persona. No es algo con lo que yo gane algo, más bien invierto mi tiempo en hacer para que otros disfruten. 



IMPRESIONES



Su obsesión le había hecho jurar y perjurar en más de una ocasión que era su único amor. Loco por ella, por su rostro de niña, sus ojos de mirada intensa perdidos en miles de historias que ella únicamente conocía, esas cintas en sus cabellos que le daban aquel toque infantil pero perverso, y como olvidar sus manos que apoyaban su mentón. Sí, obsesión. Pura obsesión.

Amarla se había vuelto en una obsesión, una dulce y agradable tortura, que le hacía sentirse valiente y al fin ocultar tantas noches donde deseaba poner fin a su vida. Un muchacho de dieciocho años enamorado puede cometer locuras, pensar locuras, y realmente disfrutarlas más que cualquier adulto. Sin embargo, había algo de encantador en todo ello. Es como si lo hubiesen sacado de un libro romántico y lo colocaran a mi disposición para examinarlo. Louis hubiese disfrutado con aquello, sin duda. Pura tragedia griega de un amor imposible pero a la vez tan vivo. Aún así, ese muchacho cautivaba con su mirada azul intensa y sus cabellos azabaches.

¡Cielos! Por momentos quise estrecharlo como hubiese hecho un padre con su hijo. Quería reconfortarlo por la tragedia que había vivido, esos años tan oscuros donde él veía luz. Era como sus fantasmas, oculto en la oscuridad sin ver salida viable. ¡Oh! ¡Quinn que encantador era! Y sin embargo, hice algo que ni siquiera con otros logré hacer. Guardé silencio hasta el final del acto.

Eran tan sólo unos niños jugando en un jardín salvaje. El jardín que él mismo había dispuesto. Una tarde de verano cerca del cementerio, allá donde todo podía ser posible, y donde los fantasmas moraban con sus propias reglas impuestas a los vivos. Eso y nada más eran. Muchachos con unas cualidades inusuales. Ni siquiera sabían el verdadero peligro, inocentes hasta la médula.

Él se consideraba un chico atractivo, aún así se sentía cautivado por los halagos que ella le profesaba. En medio de aquel mundo intoxicado con estúpidos comentarios de entes que se resistían a ir a la luz, vigilados por su hermano gemelo que no llegó a vivir demasiado, y con aquella perturbada llamada Rebeca, como la Rebeca del pozo que colgaba en los camafeos de su tía Queen.

¿Qué podía pensar de su historia? Me encontraba ante un muchacho que desnudaba su vida ante mi completamente fascinado por quien era yo. Podía sentir como su mundo se desmoronaba y se alzaba, como si fueran fichas de dominó o simples naipes. Uno amontona las fichas, las hace caer, y vuelve a montarlas. Eso era su vida, fichas que iban encajando y de golpe caían.

Por unas horas nada tenía sentido ¿quién era Goblin? ¿Un espíritu puro? ¿Un fantasma? No importaba. Me hechizó la historia de su pasión por Mona, pensé que una mujer que podía volver así de loco a un hombre debía ser extremadamente hermosa. Podía acceder a su mente pero no lo hice, preferí saborear su imagen en mi cabeza e imaginarla como si estuviese sentada a su lado.

Me dieron ganas de gritar que estaba loco, sí. Estaba loco por esa chica, loco por los misterios que rodeaban su mundo, y aún así tenía el coraje de buscarme, cosa que le hacía estar más loco aún. Pude matarlo pero no quise, un intruso en mi vivienda que pude matar, pero preferí averiguar todo lo que él podía ofrecerme. ¡Era una nueva aventura! ¡Algo nuevo e intenso! Mi hermanito se había cruzado en mi camino para que narráramos una nueva aventura.

Después cuando conocí a Mona lo comprendí, cualquier hombre habría caído envenenado en su belleza. Pero el más desquiciado de los hombres, el más honesto, era Quinn. El muchacho al final tuvo a su Ophelia Inmortal, y yo una nueva criatura.


Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt