Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 3 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino XLVIII

Jamás pensé tener que repetirlo una vez más... ESTA NOVELA ES MÍA, ESTÁ BAJO PROPIEDAD INTELECTUAL... joder ya con las preguntas molestas.

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Me enfoqué en mi proyecto, más que en mi familia y los problemas con el hermano de mi pareja. En realidad, no era sólo mi proyecto sino el de todos pero me lo tomaba de forma personal. Quería mejorar por encima de todos, ya que era hora de demostrar que realmente estaba en plenas facultades.

Imai aparecía todos los días con ojeras, siempre buscando una esquina para tocar la guitarra en silencio. Así permanecía hasta comenzar la grabación y los ensayos. Hide salía a fumar cada hora, un cigarrillo y un refresco, para luego regresar sentándose al lado de nuestro amigo. Los hermanos sin embargo siempre estaban conversando, escribiendo anotaciones o simplemente contando varias anécdotas de las cuales casi ni recordaba. Yo simplemente ensayaba, ensayaba y cuando tenía un rato libre seguía los ensayos.

Hizaki venía a vernos para ver cómo nos marchaba todo. Él también se estaba esforzando por dar lo mejor, pero él deseaba hacerlo simplemente para destacar frente a Olivier y a mi ex.

Paulo apareció un día antes del ensayo en el Teatro, ese ensayo sería sólo a tres días de la función. Había estado en Londres regresando con la mujer que amaba y la cual se dedicaría a recrear las escenas. Kamijo iba de un lado a otro acompañado de un joven que iba anotando todo lo que decía, inclusive frente a nosotros. Era un muchacho algo escuálido, andrógino y con una capacidad increíble para soportar el ritmo que mi buen amigo le hacía seguir. Tanto Paulo como Kamijo estaban concentrados en dar lo mejor de sí mismos, como todos, y yo tenía fe que iba a ser todo un éxito.

El día del estreno lo pasé al borde de un ataque de histeria. Phoenix parecía completamente relajado, como si nada pudiera salir mal. Hero se dedicó a jugar tras la tramoya con uno de los actores más jóvenes, jugaban a las cartas y a las damas, mientras su compañero no dejaba de ensayar sus frases más reseñables.

Cuando se alzó el telón y la obra comenzó pude ver entre los palcos destinados a las personalidades más destacadas de la ciudad, junto a él estaba su rubia acompañante con una sonrisa de satisfacción increíble. La sala del teatro estaba repleta. Clarissa se encontraba en otro de los palcos junto a su joven amante, pareja o como deseara llamarse a la relación que ambos tenían. Hero estaba junto a ellos sin hacer demasiado caso a todo lo que le rodeaba, más bien concentrado en su bloc esbozando bocetos. Olivier estaba en un palco contiguo, parecía nervioso pero eso no restaba ni un ápice a su elegancia. Mi hijo había conseguido una pareja que me recordaba a su madre, pero con un toque distinto. Junto a él estaba Max mirando hacia el escenario, parecía buscarme con la mirada para clavar sus ojos como si fueran dos dagas.

El resto de congregados eran personas dedicadas al arte, las letras, personalidades políticas y empresarios. Los estrenos estaban para ser un evento más allá de una cita más, sino una cita bien remarcada en el calendario.

Kamijo estaba a mis espaldas suspirando pesado, creo que se relajaba al ver que todo marchaba como él deseaba. Su acompañante aquellos días sonreía satisfecho tarareando bajo la melodía de la escena. Mi amigo me tomó del hombro y sonrió.

-He sido poco considerado.-susurró.-No os presenté adecuadamente.-dijo con una sonrisa.-Todo ha sido demasiado precipitado, demasiado caos, como para recordar mis modales. Él es Teru, un viejo y gran amigo, el cual se ocupará de parte de mi trabajo.

-Es un placer, un placer conocerlo.-dijo tomando mi mano, la estrechó agitándola de forma nerviosa con una sonrisa aniñada.-Kamijo y yo somos como hermanos prácticamente.

-Él es Atsushi, como bien sabrás.-comentó antes de dirigir su mirada al escenario.-Atsushi deberías ir con tu grupo, ya casi os toca.-murmuró con un tono serio, denotaba preocupación porque todo saliera mal o tuviera algún fallo.

-Relaja, relaja. Ya sabes que dice siempre Yoshiki, no te tomes las cosas tan a pecho. No es bueno que termines desquiciado por el trabajo.-le golpeó leve la espalda y rió.-¿Verdad Atsushi que debería estar calmado? Yo confío en su profesionalidad y no le conozco.

-Gracias.-respondí.-¿Teru?

-Sí, así es.-dijo ampliando su sonrisa.-Suena como Perú, el país, ¿a que sí?

Kamijo rió bajo instintivamente sin quitar ojo de la escena, aplaudiendo leve al ver como Hizaki hacía su aparición en el sonido del gran salón. El escenario parecía cálido con aquella canción, era demasiado bueno ese tema y se notaba que había madurado tanto vocalmente como su estilo.

-Atsushi es la hora.-dijo Imai tirando de mí y yo simplemente le seguí.-Es la hora de demostrar que estamos aquí, que podemos conseguirlo sin mirar atrás.

jueves, 24 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XLV


-Es un placer conocerlo después que me hablaran brevemente de usted, espero que pase una buena velada en un día tan importante como lo es para mi hijo.-noté como se tensaba intentando controlar la situación, los celos le podían y se notaba que me detestaba sin tan siquiera conocerme.

-Lo es también para mí.-dijo en un tono de voz sosegado, como si estuviera completamente relajado pero su mirada no lo era.

-¿Has hablado con el tutor de Hero?-interrogó mi ex con una sonrisa de satisfacción y orgullo.

-Sí, Hizaki hizo bien en traer a Hero a la academia como regalo de cumpleaños anticipado.-dije notando como él se escabullía para mirar las demás obras.-Verlo a él es como ver a mi madre, aunque también tiene mucho de ti se nota tu carácter en cada pincelada y eso es bueno.-sonreí cuando dije aquello.-Espero que disfrutes de la fiesta y si me lo permites, te sienta muy bien ese vestido.

Ella sólo sonrió por el halago, también por el orgullo de tener un hijo con tanto talento. Fui hacia donde estaba Phoenix y besé su mejilla observando las obras de Seth. Quedaba pulirse bastante, pero se notaba que era extraordinario. Su obra se basó en iconos del rock, en la música y sobretodo en la filosofía de vida que era todo aquello.

-Me gusta.-dije observando uno de los cuadros.-Podrías ponerlo en tu habitación después que termine la exposición.

-Sí, a mí también me gustó mucho ese.-dijo Hero que había regresado a mi lado.

-Es muy bueno.-comentó Phoenix estrujando a su hermano.

-Gracias.-susurró algo sonrojado puesto que todo el mundo nos miraba.

-Atsushi.-murmuró Phoenix al percatarse de la presencia de Clarissa.-No me encuentro bien ¿por qué no dejamos que los chicos disfruten de su fiesta y regresen a casa en taxi?-se aferró a mi brazo girándose hacia una pintura como si la observara.-Atsushi no me siento bien.

-De acuerdo.-sabía que era por ella, porque ya se habían enfrentado en el pasado y nuevamente tenían que verse las caras. No quería un enfrentamiento y mucho menos que terminaran todos observándolos esperando uno.

Nos despedimos de Hero y Seth para marcharnos hacia la salida. Él estaba tenso y preocupado, sin embargo yo sabía que Clarissa ya era feliz lejos de mí y no vertería resentimiento sobre él. Sin embargo, no deseaba que los nervios le jugaran una mala pasada. Él había perdido su empleo por culpa de ella y ella perdió su matrimonio por culpa mía, pero el blanco de su ira fue siempre él.

Al regresar a casa Kamijo dormía en el sofá con Jun descansando. Phoenix se marchó a la habitación, estaba como en otro mundo y tal vez se reprochaba muchas cosas de las cuales no tenía culpa. Yo desperté a Kamijo tomando al pequeño entre mis brazos.

-¿Ya regresasteis?-preguntó somnoliento.

-Ha sido rápido.-comenté mientras él miraba el reloj.-No descansas ¿cierto?

-El proyecto, Emma, Jasmine y mis asuntos.-murmuró levantándose del sofá.-Nos vemos mañana.-susurró antes de marcharse hacia la puerta.

-Descansa de una buena vez, lo necesitas.-él rió al escuchar mis palabras, bien sabía que tenía razón.

Llevé a Jun a su cuna dejándolo recostado junto a su conejo, después me fui a buscar a Phoenix. Estaba en la ducha intentando relajarse. Yo me saqué la ropa y me metí junto a él.

Estreché su cuerpo besando su mejilla. El silencio era roto por el tintineo del agua contra el plato de ducha, contra nuestro cuerpo y contra los azulejos, pero nosotros no decíamos nada. Ambos queríamos despejarnos e intentar olvidar la tensión de minutos atrás.

-Creí que podría.-murmuró cuando salimos de la ducha mientras secaba su cuerpo.-Pero fue verla y sentir que todo era culpa mía.

-Es el destino y también mi elección, no es culpa tuya.-susurré antes de besar su frente para marcharme hasta el dormitorio.

miércoles, 23 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XLIV


Dejé el coche no muy lejos y lo hice en silencio. Phoenix se aferró a mi brazo y yo simplemente dejé la invitación del evento al portero. Al entrar vi a los orgullosos padres de otros alumnos y a estos mostrando sus obras. Sin embargo, había una enorme expectación en uno de los salones. Allí estaban los dibujos de mi hijo, colgaban de la pared expuestos ante todos. Los bocetos ya eran demasiado reales, los lienzos casi se podían tocar. Eran todos eróticos y desnudos sin piedad alguna, cicatrices de todo tipo se relejaban en uno de los modelos.

-La espalda de ese modelo es un amigo de Miho.-dijo Hero quedándose a mi lado.-Lo pinté antes que entraras al hospital. Un día me llevó Miho al local donde tocan, Hizaki también iba, y el chico se quitó la camiseta y ahí estaban las marcas.

-Amaury.-susurré quedándome sin aliento, mi hijo pequeño se estaba relacionando como si nada con ese psicópata. Sin embargo, no parecía ser demasiado peligroso si no le importunabas.

-Sí, ese mismo. Tiene una voz profunda y muy buena para el metal como para el rock, es bueno.-luego señaló el busto de una mujer, tan sólo la silueta.-Es mamá.

-Lo sé.-susurré colocando mis manos sobre sus hombros.

-Hice algunas siluetas de personas de distintas edades y luego las siluetas de cama, sexo sin compromiso de lo más pasional.-dijo antes de salir corriendo hacia un joven escuálido al que trajo hasta nosotros.-Él es mi profesor.

-Un placer conocerle, a su esposo ya lo conocía cuando trajo a ambos a clase.-lo decía por Seth que parecía tensarse aún más ese momento.

-Desearía conversar con usted a solas sobre mi hijo.-dije antes de tomar una de las copas de champagne que ofrecía un camarero al pasar junto a nosotros.-¿Podría ser?

-Sí, podemos hablar ahora o a lo largo de la noche. Además la madre de Hero me pidió lo mismo, estuvimos hablando hace unos minutos.-comentó alargando su sonrisa dando un leve vistazo a mi cuñado y yo simplemente afilé mi mirada.

-Ahora por favor.-respondí siendo poco flexible en mi tono de voz, era un mandato más que una petición.

-De acuerdo.-hizo un leve gesto para que lo acompañara hacia un amplio pasillo que daba a los despachos.

-Espérame aquí Phoenix.-dije a mi pareja antes de besar su frente.-No bebas demasiado.-sabía lo mal que le sentaba sólo un trago, no quería verlo alcoholizado por culpa de un par de copas de champagne.

Caminé tras Aniss observándole bien. Era un hombre esbelto, su cabello era largo y lacio que caía próximo a su cintura. Sus ojos eran almendrados y profundos, tenía una mirada increíble. Su aspecto era ambiguo, pero no su forma de andar desafiante y firme. Se notaba que era alguien con autoridad, aunque no autoritario. Tenía encanto, simplemente era eso.

Cuando abrió la puerta de su despacho se sentó y me indicó que tomara asiento en una de las sillas. Aún podía percibir el suave perfume de Clarissa en la estancia, era algo que no se olvidaba y que siempre me traía recuerdos contradictorios. Tomé asiento mientras él sacaba una carpeta con bocetos y los dejó frente a mí.

-Son bocetos que califico, no son trabajos para exponer.-dijo con una leve sonrisa.-Son magníficos, su trazo es limpio y no duda en absoluto al dibujar cualquier cosa. Sin embargo, está demasiado adelantado a los demás y termina aburriéndose. A veces alborota en clases, pero es normal, es inquieto y a veces demasiado observador.

-Yo sabía que tenía don para el arte, pero siempre pensé que era mejor que lo hiciera después de elegir su futuro. Sin embargo, él lo eligió desde niño porque quería ser caricaturista y bueno mi hijo mayor fue quien lo apuntó hace un año a esta academia.-lo decía mientras miraba aquellos bocetos, eran bailarinas e incluso seres extraños en un lugar aparentemente normal como una clase vacía.

-Tiene mucha imaginación.-murmuró cuando notó que me fijaba en los detalles de uno de los dibujos.

-Sale a su abuela.-respondí alzando la vista y clavé mis ojos en él.-¿Y Seth?

-Seth progresa a pasos de gigante, Hero suele ayudarle con algunos trazos y yo suelo animarlo a que termine arriesgándose. Ama realmente el dibujo, se siente cómodo y eso es lo importante.-le brilló leve la mirada y yo simplemente alcé una ceja.

-Su madre también dibujaba, como la mía, y creo que le comprendo en parte. Cuando dibujo siento que me comunico con ella, con parte de todo lo que logró enseñarme.-susurré clavando mis ojos en él.-¿Algo más reseñable que se haya olvidado?

-No, tan sólo tengo cosas buenas por decir de ambos.-respondió.-En serio, son buenos y llegaran lejos.

-Arigato.-dije estirando mi mano antes de tomar mi copa.-Ha sido un placer conocerlo.-Él apretó mi mano y yo me marché dando un sorbo a mi copa.

Por el pasillo tuve que detenerme ante un enorme mural. El mural lo había pintado la clase de Hero, cada uno había contribuido tal vez a realizar una porción de la obra. Noté en seguida cuales eran las partes de Seth y de Hero, de ambos, destacaban ante el resto. Ese fue el día en el cual me sentí más que orgulloso de Hero, más incluso que el día de su nacimiento.

Mientras iba hacia la sala lo vi. Vi al hombre que rondaba a mi mujer. Era un joven de unos treinta años, aspecto de lord inglés pero con un toque de moderno insufrible. Me reí al pensar que estaba celoso, pues no lo estaba, pero me parecía insufrible ese tipo de hombre. Él a mi lado me aburriría con sus comentarios de soy tan superior que apesto. Suponía que ese era uno de los puntos que Hizaki detestaba.

-¡Papá ven!-Hero dijo aquello aferrado a Clarissa, pero no la miré ni a ella ni a él sino al joven que les acompañaba.

Nuestras miradas se cruzaron y yo simplemente sonreí apartándola para no darle la más mínima importancia. Me aproximé a ellos mientras Phoenix estaba en el otro rincón de la sala conversando con su hermano.

-Atsushi Sakurai.-extendí mi mano con firmeza hacia él y noté su apretón algo enérgico.

-Pierre Bianchi.-respondió.

-Es un placer conocerlo después que me hablaran brevemente de usted, espero que pase una buena velada en un día tan importante como lo es para mi hijo.-noté como se tensaba intentando controlar la situación, los celos le podían y se notaba que me detestaba sin tan siquiera conocerme.

-Lo es también para mí.-dijo en un tono de voz sosegado, como si estuviera completamente relajado pero su mirada no lo era.

-¿Has hablado con el tutor de Hero?-interrogó mi ex con una sonrisa de satisfacción y orgullo.

-Sí, Hizaki hizo bien en traer a Hero a la academia como regalo de cumpleaños anticipado.-dije notando como él se escabullía para mirar las demás obras.-Verlo a él es como ver a mi madre, aunque también tiene mucho de ti se nota tu carácter en cada pincelada y eso es bueno.-sonreí cuando dije aquello.-Espero que disfrutes de la fiesta y si me lo permites, te sienta muy bien ese vestido.

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Y van 1000

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XVII





Disfruten de este tema



Me desplomé y al despertar un médico terminaba de reanimarme. Hizaki estaba llorando aferrado a una de mis manos. El joven estaba de pie a un lado en la sala, parecía querer cerciorarse que todo estaba correcto. Jamás vi llorar así a Hizaki. Jamás lo vi tan hundido. Mientras estaban todos allí llegó Seth junto a Hero. Ambos se quedaron paralizados observando la escena.

-¡Papá!-escuché romper a llorar a mi hijo pequeño y como un médico lo interceptaba. Hizaki lo agarró después mientras pataleaba y lloraba, parecía querer ir hacia la camilla donde me llevaban hasta la salida.-¡No! ¡Quiero ir con papá! ¡Quiero ir con papá!

No recuerdo nada más. Creo que volví a perder el conocimiento. Pero mi cerebro seguía funcionando. Un sueño extraño me hizo internarme en un mundo imposible. Creo que aquello tenía que ser el cielo, porque fui realmente feliz.

Regresaba a mi juventud. Volvía al momento en el cual tenía que robar y pelear para sobrevivir. Mi padre no pasaba dinero para que yo estudiara, para que me alimentara y vistiera, porque según él no valía para nada. Mi madre se llevaba los golpes. Pero aún así, en ese sueño fui feliz.

Mi madre me abrazaba y felicitaba. No tenía demasiado sentido pero había un bebé en la habitación. Mi hermano miraba fijamente la cuna y después a nosotros. Escuché carcajadas por los pasillos y temblé, era mi padre y decía estar orgulloso de mí. Estaba junto al padre de Megumi y apalabraban mi boda. Era un acuerdo absurdo ya que yo no amaba a Megumi, a pesar de quererla como la quería.

Yutaka sonreía también, estaba allí sentado cerca de la entrada al jardín. Vestía sus jeans rotos y deslavados, su camiseta favorita con el nombre de los Sex Pistols y sus cabellos alborotados. Él también era feliz.

Me adentraba en el sueño y escuchaba las explicaciones e indicaciones de Megumi. Nuestro matrimonio sería una falsa, Yutaka podría quedarse conmigo y yo ser padre de su hija. Ella me amaba, pero se conformaba con que todos tuviéramos una porción de felicidad. Ella tendría un buen padre para su hija y seguiría teniendo un estatus alto, Yutaka al hombre que amaba a su lado, yo sería un buen padre y haría feliz a mi familia.

Todo se solucionaba, todo en un pacto con la bendición de mi madre. Mi propia madre aceptaba ese secreto. Mi padre no lo sabía, parecía encantado con la idea e incluso dejó de increpar a mi madre por mis correrías. El único en desacuerdo era mi hermano, él quería seguir siendo el niño de la casa.

Quería creer que todo era real, que fue un mal sueño todos aquellos años perdidos. Pero algo dentro de mí deseaba conocer a Clarissa, tener hijos con ella, estar con Phoenix en aquel Hotel de lujo y sostener en brazo a mi sobrino pequeño para luego sostener a mi primer nieto. Eso me hizo abrir los ojos, desear huir de ese mundo irreal.

Cuando desperté me encontré solo en la habitación. Miré al techo y noté que estaba en el hospital. Sobre mí estaban los tubos fluorescentes típicos que allí había. A un lado y a otro estaban las cortinas echadas y yo estaba lleno de aparatos. Había también un ramo de rosas blancas. Un ramo bien adornado y con un gusto impecable, de inmediato pensé en Clarissa aunque era imposible que fuera de ella.

-Papá.-era la voz de Hero y noté que él entraba entre aquellas cortinas. Su voz estaba ronca, se notaba que no había descansado nada y sus cabellos estaban completamente revueltos.-Papi.-susurró abrazándose a mí comenzando a llorar.

Quise hablar, pero en ese momento me di cuenta que tenía un tubo en la boca. Sentía los labios resecos y los ojos me ardían. Además la presión de Hero sobre mi pecho me molestaba. Tenía demasiados cables y parecía tirar leve de ellos. Tenía inclusive los brazos atados, por si despertaba y comenzaba a tirar de todos aquellos chismes. Hizaki entró donde estaba y salió corriendo llamando a una enfermera.

Un grupo de enfermera empezaron a quitarme cables y hacerme reconocimientos. Hubiera sido muy excitante si todas fueran jovencitas como en las películas porno, pero eran maduras poco deseables y bastante bruscas en el trato. Una de ellas retiró a Hero que pataleaba forcejeando porque quería estar conmigo. Hizaki entró y lo arrastró como si fuera un saco de patatas, lo cargó al hombro y se lo llevó.

Creo que me habían cortado el sedante porque noté como me extraían el tubo, y eso no era para nada agradable. Tosí y gruñí mientras ellas se dedicaban a darse datos entre ellas. Me percaté entonces que una de esas mujeres era la doctora que en ese momento me atendía.

-Lleva prácticamente un mes aquí señor Sakurai.-dijo antes de anotar los últimos datos de los aparatos.-No intente hablar, sentirá la garganta como si estuviera tragando metales. Además, no hace falta que se esfuerce demasiado.-decía aquello sin mirarme a los ojos, cuando lo hizo me miró severamente.-El facultativo que lo atendió le dio instrucciones claras, pero usted se las saltó.

-Miho.-mascullé y ella alzó una ceja.

-¿Miho? ¿Qué es eso?-preguntó mientras Hero entraba quedando tras ella. Al escuchar aquello creo que lo relacionó y salió corriendo. Fuera escuché como mi hijo mayor armaba barullo intentando alcanzarlo.-Sea lo que sea, tiene unos hijos demasiado alborotadores.-suspiró.-Seamos sinceros no me cae bien, no me cae bien los pacientes que me muestran que les importa una mierda su salud y que tengo que tratar como a un Dios por ser quién es.-fruncí el ceño y tragué saliva sintiendo horrible la garganta.

-Púdrase.-mascullé y ella simplemente me sonrió.

-No me cae bien, pero no me voy a pudrir. Espero que se recupere y esta vez sí siga nuestras instrucciones. Créame voy a ser su peor pesadilla.

Cerró la carpeta y su séquito de enfermeras se fueron con ella dejando las cortinas abiertas. Noté entonces que estaba en la unidad de cuidados intensivos. No fue lo único que noté, también que aún seguía pareciendo prácticamente un androide. Phoenix entró en la habitación. Su sola presencia me calmó, calmó las ganas terribles de llorar.

-Cariño.-susurró.-Mi amor.-dijo acariciando mi frente apartando mis cabellos.-Todo saldrá bien, todo tiene que salir bien.-murmuró acariciando mi mejilla.-Hizaki me ha contado parte de la historia.-susurró inclinándose para besar mi frente.-Te amo.

-Y yo.-mi voz parecía de otro mundo, ya que era tan débil que era casi inaudible.

-No hables hasta que estés con las fuerzas recuperadas, sobretodo no te exaltes.-dijo acomodando las sábanas que cubrían mi cuerpo.-¿Tienes frío? El aire está demasiado alto y prácticamente estás desnudo.-negué con la cabeza y él sonrió con cierta amargura, pero se le notaba feliz que había salido de nuevo a flote.

domingo, 23 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XIV


-Error Mario, no lo detesta.-le corrigió.-Simplemente aún no se siente cómoda con Atsushi, no...-se quedó unos segundos en silencio intentando averiguar como expresar lo que deseaba decir.-No se siente cómoda y debes entenderla. Y sé que esto lastima, a mí me lastima que todo esto esté pasando pero tranquilo. Quédate tranquilo porque ella vendrá a ti, tú no tienes porqué buscarla aunque se que te gustaría eso. No debes hacer lo que haces siempre, simplemente deja que venga.-me tomó del rostro y secó mis lágrimas.-Deja que Miho sea quien ceda, deja que sea ella quién te busque.-sonrió leve y yo me serené.-¿De acuerdo?

No dije nada. Tan sólo dejé que se marcharan sin dirigirnos ni una sola palabra más. Cerré la cancela y me fui hacia el patio trasero. Allí dejé a Jun sentado en un pequeño parque que teníamos para él. Estaba vallado para que la perra no entrara en contacto con la tierra donde él jugaba. Yo me senté en el tatami de la terraza. Me sentía estúpido.

Creo que todo padre, todo hombre, que conoce realmente la existencia de parte suya dentro de una mujer se siente orgulloso. Todo buen hombre. Porque hay hombres que no merecen ser tachados de hombres, sino de gallinas o estúpidos ambiciosos que no tienen ni dos dedos de frente. Yo supe tarde de Miho. Supe tarde su existencia. No pude hacer nada y para colmo en esos momentos mucho menos podía hacer. Era adulta, no una niña que podía obligar a que me viera al menos un par de horas al día.

-Dicen que el cariño no se compra ni se vende, se da.-murmuré observando el gran árbol de cerezo que había acabado de florecer días atrás.-Mamá ¿cómo puedo hacer entender a Miho que no soy el hombre que cree? ¿Cómo puedo hacerle entender que la quiero? ¿Cómo puedo hacer que venga a mí? Lo he intentado todo mamá.-susurré observando las flores moverse levemente en el viento, era como si el alma de mi madre rondara cerca del cerezo y muy próxima a mí.

Siempre tuve esa sensación y desde que Miho estaba en mi vida se hacía más intensa. Deseaba las fotos de Hidehiko, pero no podía dejar la casa sola y que Phoenix viniera encontrándose que me había marchado. Jun a lo lejos jugaba construir montones de arena, reía y parecía feliz. Él era feliz, pero yo no. Quería tener a mi hija, quería tener recuerdos de ella como los que iba teniendo con Jun, quería esos recuerdos al menos.

No sé cuanto tiempo estuve allí sentando divagando. Preguntándome qué recuerdos podía haber en esa cinta de video, en la caja de Hide o cuándo podría ver a mis nietos de mano de mi hija. Simplemente sé que Phoenix llegó y se sentó a mi lado abrazándome. La perra comenzó a hacer alboroto por todo el jardín y nuestro hijo reía. Yo seguía metido en mis asuntos, en mis preocupaciones más allá de mis empresas y los líos políticos.

-¿Qué sucede?-preguntó antes de tomar el sobre que había entre mis manos para curiosear.-¡Qué lindos!-exclamó.-¡La niña es preciosa! El niño parece más pequeño ¿no? Nació más pequeño y sigue siendo una ricura.-comentaba con los ojos brillantes lleno de emoción.-Están preciosos ¿cuándo te los trae? Yo quiero sostener a la niña, está toda preciosa con este pijama de gato.

-Nunca, tal vez.-dije desanimado.

-¿Por qué dices eso?-susurró devolviéndome el sobre.

-Miho no se siente cómoda conmigo y dudo que se sienta bien alguna vez. Así que dudo mucho que pueda ver a mis nietos y sé que si los veo sin que ella lo acepte tendría problemas.-murmuré antes de verlo a los ojos.

-Tan cabezona y estúpida como su padre.-suspiró.-Seguro que se arregla todo, voy a llevar al baño a Jun y a hacerle la merienda.-se giró hacia mí y sonrió.-Anda ve al salón, te llevaré algo de comer.-me besó en la mejilla para irse hacia donde estaba el pequeño y llevárselo en brazos hacia dentro.

Mi gato apareció sentándose a mi lado, ronroneando y buscando caricias. Yo simplemente empecé a dejar caricias sobre su pelaje. Lo tomé en brazos y lo pegué a mí siguiendo con todos esos pensamientos. Pero tenía que tener esperanzas, creer en las palabras de Phoenix de que todo se solucionaría al final. Sin embargo yo presentía que no iba a tener un buen desenlace.

El día fue calmado. Estuve descansando todo el domingo. Estuve hablando con Phoenix durante la noche sobre la cinta, él conseguiría que la cambiaran de formato e incluso mejoraran la imagen. Necesitaba ver el contenido de ese video y poder ver a mi hija cuando era una adolescente.

Seth vino tarde. Parecía estar en otro mundo. Últimamente salía mucho y llegaba prácticamente en las nubes. Sabía que no era cosa de drogas, sino de algo mucho peor. Un adolescente enamorado podía ser peor que un drogadicto, porque los adolescentes enamorados no piensan y no saben reaccionar ante los problemas que una pareja ocasiona. Solamente rogaba que la persona con la que salía tuviera cabeza o dos dedos de frente. Él también me preocupaba, mucho más que su hermano o que mis hijos.

sábado, 22 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XIII


-Más te vale que la cuides Mario, más te vale que cuides el niño que trae, o te juro como me llamo Atsushi Sakurai que te arranco el corazón y te lo muestro antes de acabar contigo.-después lo aparté acomodando bien su corbata.-Felicidades.-dije con una sonrisa como si nada.

Megumi se reía a carcajadas. Creo que recordó aquellos años, los buenos tiempos, donde apartaba a todo idiota que se acercaba a ella. Quería protegerla. Ella me inspiraba la misma necesidad que Yutaka y por ende actuaba prácticamente igual que con él.

-Y te quejabas de la reacción de Miho.-murmuró intentando calmar su risa.-Eso era lo que tenía que decirte, lo que tengo que darte uno me lo ha dado Josep y esto otro lo encontré hoy precisamente.-sacó de su bolso un video de VHS y junto a él un sobre fotográfico. Parecía que hoy era el día de traerme recuerdos a la mente.-Espero que te guste. La cinta es de cuando estaba en secundaria.

-Ya no tengo aparato VHS... pero creo que podrán pasármelo a DVD ¿deseas que te lo pase en el nuevo formato?-pregunté notando como Jun empezaba a intentar mirar el sobre.-¿Queréis pasar a tomar té?

-¿Estás cansada Megumi? ¿O quieres que nos marchemos a casa?-dijo Mario algo preocupado mientras la tomaba por la cintura, antes de besar su frente. Parecía que realmente iba a tomar responsabilidad con el niño, más le valía o lo destrozaba.

-Espera, quiero ver la reacción que tiene Cheshire al ver lo del sobre.-respondió estirando sus brazos hacia el pequeño.-Dame a Jun y abre el sobre.-sonrió dulce mientras tenía a mi hijo en sus brazos y este sólo se quedó observándola.-Abre el sobre, lo ves y nos marchamos. No recordaba que tenía cita con el médico y quiero descansar. -mi hijo no paraba de clavar sus ojos en ella, creo que por extraño que pareciese pocas veces lo tomaba en brazos una mujer. No sabía, ni sé, si los niños sienten que otros están desarrollándose en el vientre de las mujeres, pero sé que Jun no paraba de mirarla confuso y perdido en sus pensamientos infantiles.-Apenas se nota el embarazo ¿verdad? Pero es porque es niño, los niños dicen que tienden a no notarse tanto.

-Clarissa estaba enorme con Hizaki como con Hero.-comenté lidiando con el maldito sobre, estaba bien cerrado. Sonreí por inercia al ver la primera fotografía, sobretodo porque ahí vi a mis nietos. Hizaki tenía fotos en su móvil, pero no era lo mismo.-¿Te ha dicho cuándo puedo ir a verlos?-pregunté mirando una a una cada fotografía. Quería ver a mis nietos, tenerlos en brazos y sentir que el destino al final me recompensaba con algo como aquello.

-Suena duro lo que voy a decir.-miré a Mario cuando interrumpió.-Pero te detesta, detesta a todo el mundo inclusive a mí que yo no le he hecho nada. Creo que se confunde mucho en llevar su ira a otros que no tienen culpa.

Tenía seguro que era rechazo, odio, pero no me gustaba oírlo. Rompí en lágrimas por impotencia. Cualquier cosa que hacía para acercarme a ella no servía de nada.

-Es mejor que os vayáis.-dije de inmediato. No quería llorar frente a ellos. Tomé al pequeño de brazos de Megumi y él puso sus pequeñas manos sobre mis mejillas, parecía querer secarlas. Su rostro se volvió angustioso, sabía como se ponía cuando nos veía llorar.

-Error Mario, no lo detesta.-le corrigió.-Simplemente aún no se siente cómoda con Atsushi, no...-se quedó unos segundos en silencio intentando averiguar como expresar lo que deseaba decir.-No se siente cómoda y debes entenderla. Y sé que esto lastima, a mí me lastima que todo esto esté pasando pero tranquilo. Quédate tranquilo porque ella vendrá a ti, tú no tienes porqué buscarla aunque se que te gustaría eso. No debes hacer lo que haces siempre, simplemente deja que venga.-me tomó del rostro y secó mis lágrimas.-Deja que Miho sea quien ceda, deja que sea ella quién te busque.-sonrió leve y yo me serené.-¿De acuerdo?

domingo, 14 de febrero de 2010

Dark City - capitulo 14 - La vida ya no es igual


Capítulo 14:

La vida ya no es igual.

El año se acababa con preocupaciones de todo tipo; pensaba que se iniciaría más relajado tras la descarga de varias tormentas, pero no fue así. Sentí como el peso de mis actos cada vez me hundían más. El karma no olvida ni perdona, se vuelve en tu contra y te arrastra hasta el fondo del mar. Me sentía un naufrago en unas aguas oscuras como la propia noche, un naufrago sin posibilidades y buscando a la vez un milagro.

La revista publicó el reportaje y aunque fue comedido en el número siguiente ahondaron en la vida de Miho. Por error di su nombre de pila, aunque esperaban que no pudieran encontrar nada de ella. Sacaron toda su vida, milagros y decepciones, en el papel cuché. Decidí que si todo el mundo sabía que era mi hija ya era hora de hacer que la conocieran por algo más que unas fotografías, por algo más que lo que decía una víbora sin vida. Me propuse contactar con su antigua banda y entregarles dinero para un proyecto nuevo, claro que esto fue a sus espaldas. Ellos aceptaron decírselo nada más nacieran mis nietos. Miho estaba en Londres, porque deseaba que sus hijos nacieran en la ciudad que la vio crecer, y el estudio de grabación no quedaba lejos. Haría de mi hija una estrella, haría de ella lo que siempre deseó.

La Navidad se acercó de improvisto y me vi despilfarrando más que nunca. Compré regalos para todos, inclusive los que a penas habían venido a mi vida. Me sentía con ganas de festejar de que estaba vivo. La casa que habíamos comprado para Josep y Miho se terminó de decorar días antes de la noche del veinticinco, la llenamos de cosas que deseábamos ofrecerle. Sus amigos de la ciudad se comportaron como adultos en vez de adolescentes. Amaury parecía haber dejado la violencia para ser simplemente rebelde con causas pendientes.

Maria y Clara se sentían en deuda conmigo. María por los regalos que hice a su pequeño, a ella y también a su madre. Deseaba que fuera especial para ella y el pequeño, así que simplemente investigué un poco sus necesidades y las cubrí. Aunque María no estaba de acuerdo con todo lo aceptó, porque sabía que yo no aceptaba un no como respuesta. Clara estaba orgullosa de mí por como había ayudado a su amiga, el chico estaba mejorando en el lugar donde acordé con Clarissa. El joven estaba encaminando su vida y olvidando las drogas.

Clarissa tuvo de mi parte un pequeño obsequio, un perfume bastante exclusivo junto a unas rosas. Clara me ayudó a entregárselo, pues lo dejó en el árbol navideño que tantas veces yo había colocado en el salón. No me dijo nada al respecto, tampoco lo regresó, así que su silencio lo tomé como un gracias.

Kamijo y Jasmine pasaron la navidad fuera de la ciudad, pero tuvimos varias cenas conjuntas pasado el fin de año. Ellos volvieron para la noche de máscaras de año nuevo. Una fiesta intensa e interesante. Un nuevo local destinado al ocio nocturno más exclusivo daba una fiesta y casi todos mis conocidos acudieron. Estuve más tiempo con Kamijo que con Phoenix, ya que él y Jasmine se dedicaron a criticar a toda estúpida que los saludaba. Me tropecé con algunos amigos de mi hija que parecían serlo también de Hizaki, él se veía como una sonrisa triunfante junto a Olivier. Olivier había vuelto para pasar las fiestas con él, había vuelto reforzado y feliz. Fue una noche mágica, una noche que me hizo olvidar todas las preocupaciones.

El año empezó con buen pie, a pesar de hacerlo lejos de Seth, al menos la opinión pública nos había dado un respiro. Pero como he confesado, el hermano de mi pareja no podía estar con nosotros. Phoenix odiaba a los médicos, pues no le dejarían salir hasta un par de meses después. Pensaban que era mal momento dejarlo salir en fechas donde se bebía en exceso, para evitar recaídas. Yo lo vi estúpido, el chico se merecía pasar las fechas con su hermano. Sin embargo, me las apañé para que saliera justo para la fecha del cumpleaños de Phoenix.

Jamás suelo celebrar cumpleaños, ni míos ni ajenos, pienso que aunque suelen ser fiestas agradables luego te hace recordar que vas lentamente hacia la tumba. Si bien, sabía que mi pareja amaba ese tipo de eventos sociales a pequeña escala. Así que me las ingenié para que los preparativos se dieran bajo secreto de sumario, por así decirlo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Dark City - Capitulo 12+1 - Dolor, sólo dolor (VII)


Estuvimos esperándola diez minutos más de la hora acordada. María ya se había marchado y estábamos a solas con el niño. Finalmente tocaron al timbre y escuché a lo lejos como la perra ladraba dejándose los pulmones, él se levantó y abrió la puerta para hacerles pasar; yo estaba con Jun en el sofá jugando con uno de sus sonajeros. Tomé al pequeño en brazos y me levanté mostrando una de mis mejores sonrisas.

-Señorita Blue.-dije estirando mi mano para estrechar la suya.-Espero que les haya sido fácil encontrar la vivienda.

-Lo fue, aunque había cierto atasco en una de las vías principales de la ciudad.-comentó enmarcando una sonrisa falsa, porque esa mujer era fría como el hielo y no era afable.

Se personaron frente a nosotros un iluminador, un fotógrafo y un joven aprendiz. Todos eran muchachos jóvenes y parecían nerviosos por la oportunidad que se presentaba. Ella sin embargo tenía unos cincuenta años, aunque aparentaba algunos menos, y su aspecto era frío. Clarissa era mucho más elegante, menos fría y estirada. Jamás había estado por lo tanto ante una persona que me helara tanto la sangre.

-Chicos acondicionar esto para las fotografías mientras comienzo con la entrevista.-dijo dejando la grabadora sobre la mesa.

-Quiero que sepa que si esta entrevista se ve manipulada tomaré acciones legales que me parezcan oportunas, también que tengo cámaras de seguridad instaladas en toda la casa y pueden usarse como prueba.

Ella se quedó estática observándome sin saber qué decir o qué hacer. Conocía bien sus tácticas y contraatacaba antes que ella empezara.

-Está bien, pero me ofende al ser tan reticente.-comentó sentándose en una de los sillones.

-Amo la privacidad.-respondí.

-Es algo obsesivo en ese aspecto.-dijo Phoenix.-Porque tenemos razones para ello.

-Está bien, es un hombre precavido.-murmuró sacando una libreta y un bolígrafo.-Antes de empezar deseo agradecerle que haya confiado en la revista y que brinde un poco de su privacidad a nuestros lectores.

-Yo sólo espero que sean profesionales.-dije mirándola fijamente sin perder detalles.

-Bien, empecemos.-cruzó sus piernas y me sonrió, yo simplemente respondí la sonrisa de la misma forma. Jun balbuceaba estirando sus brazos hacia los cables de las cámaras. Phoenix finalmente lo recostó en su parque de juegos, porque sabía que no dejaría tranquilo a los chicos y acabaría pataleando.-Es un hombre que ha dado un cambio radical a su vida, ha trazado rumbos muy distintos a los que tenía marcado hace tan sólo un par de años y su popularidad se ha incrementado. Usted es objeto de la prensa cada semana prácticamente ¿cómo vive usted este acoso señor Sakurai?

-No lo vio.-respondí rápidamente.-Siempre he sido el blanco de los fotógrafos, micrófonos, cámaras y demás compañeros de su profesión. Algunos son grandes profesionales, me parecen críticos con ellos y con el mundo. Es algo que admiro en las personas, la autocrítica, y no suele darse, al igual que la humildad y el amor al trabajo. Así que suelo ver, leer y escuchar lo justo sobre mí en los medios.-sonreí notando que mi pareja se sentaba a mi lado, de inmediato le tomé de la mano y la mantuve entre las mías.-Cuando salgo a pasear lo hago en zonas donde no esté rodeado de prensa, porque cualquier gesto mío es filmado y comentado. Siempre intento estar fuera de vuestro alcance.

-Comprendo, es algo que de puede molestar horriblemente sobretodo cuando camina junto a su pareja o sus hijos.-comentó con una sonrisa aún más falsa que la anterior.-No hemos podido saber sus declaraciones sobre el porque este cambio de sexualidad, mentalidad y política. Ahora que estamos frente a frente deseo hacerle la siguiente pregunta.-sabía de qué iba y tenía la respuesta preparada.-¿Cómo es que decidió dejar a su esposa para contraer matrimonio con mi joven compañero de profesión.

-Primeramente deseo decirle que uno no cambia su sexualidad, desde joven fui bisexual y tuve que ocultarlo por presión social y familiar.-la miré fijamente a los ojos.-No puede hacerse a la idea la presión que puede tener una persona, los motivos que le hacen tomar decisiones, y finalmente encerrarse en una cápsula de falsedad para sobrevivir.-jugueteaba con los dedos de Phoenix porque eso me tranquilizaba, mientras notaba como su cabeza estaba apoyada en mi hombro.-Los años que viví junto a Clarissa de la Rosa fueron algunos de mis mejores años, me dio dos hijos y me hizo crecer como persona. Sin embargo, cambié mucho por estar con ella, por ser el marido que todos deseaban a su lado y abandonar mis sueños.-hice un inciso.-Y si estoy casado ahora con Phoenix es porque dejé de amar lentamente a mi mujer, mis responsabilidades enfriaron la pasión y quedó únicamente el cariño. A día de hoy tengo buena relación con ella, ya que siempre será alguien importante en mi vida, y le deseo lo mejor de esta vida.-sonreí de forma franca, cosa que esa mujerzuela no había aprendido en sus años de profesional competente.-Me casé con Phoenix porque me enamoré y uno no elije de quien se enamora. Retomé mi antigua ideología, retomé algunos de mis sueños y mi proyecto familiar cambió.-dejé un beso sobre los cabellos de mi pareja y sonreí.-¿Usted jamás ha estado enamorada? Todos cuando estamos enamorados hacemos cualquier locura, la mayor de todas ellas, y terminamos rindiéndonos a la pasión.

-Interesante.-intervino al fin mientras el chico que ayudaba con la iluminación reía tras ella.-En esta nueva aventura decidió adoptar a su pequeño hijo ¿fue decisión de ambos?

-Usted se distingue como una profesional ¿cierto?-interrogué alzando una ceja.

-Sí, así es.-respondió enérgica con una sonrisa en los labios.

-Si usted fuera una profesional hubiera investigado un poco, ya que hace algún tiempo su propia revista sacó que había adoptado a mi sobrino por la muerte de sus padres. Jun es parte de mi familia desde su nacimiento, no fue algo premeditado y a Phoenix le tomó por sorpresa.

-Así es.-dijo mi pareja con un tono dulce que demostraba felicidad.-Jun se ha convertido en mi luz, en mi guía los días que trabajo en casa y también un fuerte apoyo en seguir luchando con mi enfermedad. A pesar de ser un niño obra milagros en mí y en todos. Pero él no viene de una adopción corriente, sé que la genética de los Sakurai está en él y creo que por ello es tan especial. Tanto Atsushi como todos sus hijos me han mostrado lo ingeniosos, atentos, dulces, cercanos y talentosos que pueden ser.

-Vaya, no sabía que todo eso podía hacer un niño que a penas sabe balbucear.-aquello me molestó.

-Hay niños que poseen más humanidad que muchos adultos de sonrisa frívola.-el fotógrafo y el iluminador se carcajearon sin remedio por mi intervención.-Quiero que sepa que no voy a permitir que insulte a mi hijo pequeño, como tampoco al resto.

-¿Ni a su reciente hija? Pues ha llegado a nuestros oídos que tiene una hija de casi veinticinco años.-comentó con una sonrisa autosuficiente.

-Sí, así es. Ella es fruto de una relación anterior a Clarissa y de la cual no tenía noticia de su nacimiento hasta hace aproximadamente un año.-lo hice con el orgullo de un padre.-Nada más saber que ella existía la tomé como hija y he de decir que me siento orgulloso de mis genes. Es una chica con talento para la música y con una carrera finalizada.-reí bajo y besé la mano de Phoenix.-Aunque tiene mi mal humor cuando tocan lo que es suyo, sobretodo cuando molestan a parte de la familia.

lunes, 25 de enero de 2010

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (XXLVII)


No estoy en mis mejores días. Llevo una semana mal como he dicho. Mucho es que publico...

Espero que os guste la edición y os dejo un video que me gusta... y me relaja.





Hero me hizo sentir muy orgulloso de él, mucho más de lo que ya estaba. Me parecía un niño fuerte a pesar de sus magulladuras. Algunos eran fuerte de cuerpo, él era fuerte de espíritu. Aunque le había prometido no meterme en sus problemas lo vigilaría y nada más pensar que todo ese caos iba a más Clarissa lo sabría. Él sabía defenderse por sus clases de defensa, pero supongo que no quería ejercer violencia.

Estuvimos todo el día en el museo y caminando luego por la ciudad. Deambulábamos de un lado a otro sin rumbo fijo mientras otros nos observaban, ya que seguíamos teniendo ese estatus y esa fama. Éramos personajes públicos y rodeados de escándalos. Mi hijo lo tomaba de forma natural, pero sabía que deseaba ser desconocido y poder corretear por la ciudad como un extraño más.

Hicimos unos cuantos descansos para comprar comida para llevar, tan sólo unos refrescos y unos perritos calientes. Reíamos a carcajadas cuando nos mirábamos en el reflejo de los cristales de las tiendas, teníamos manchas de ketchup y el cabello revuelto. Sin duda, fue el mejor día que tuve con él en mucho tiempo.

-Me gustaría que al morir mi alma se reencarnara en aire.-dijo con una sonrisa.-Porque el aire puede entrar en cualquier rendija, aprender de todo el mundo y salir libre cuando golpea las ramas de un árbol. El aire siempre está inquieto y puede viajar sin tener que coger un avión.-sonrió antes de dar un sorbo a su lata de refresco.

-Faltan muchos años para eso Hero, no quiero que pienses en que puedes morir.-mi tono de voz fue serio, aunque no lo regañaba porque lo que había dicho me pareció poético y para nada triste.

-Todos morimos, debemos aceptar esa realidad.-después de aquella frase corrió hacia una tienda de juguetes quedándose pegado frente a un peluche de un gato negro.-¿Soy demasiado mayor para que me gusten estas cosas?-interrogó sin apartar la vista de aquella mascota de juguete.

-Nunca somos demasiado mayores.-susurré acariciando sus cabellos para recogerlos hacia atrás.-¿Quieres el peluche?-pregunté.-¿Quieres que papá te haga un regalo por mostrarme tus cuadros?

-Sí quiero pero...-susurró con dudas en su voz.-Pero no sé si soy ya un adulto para desear un peluche.

-Sigues siendo mi pequeño, lo serás aunque pronto tengas la edad de Hizaki.-dije apartando sus suaves y finas manos del cristal.-Vamos dentro, te compraré ese peluche y compraré algo para Phoenix.-sabía que él también amaba los peluches como mi hijo.-¿Sabías que tiene una pequeña colección?

-¿Sí?-interrogó y sonrió casi de inmediato.-¿Y todos se los compraste tú?

-No todos, a veces compra para él.-respondí dirigiéndome a la estantería para coger su gato negro y otro blanco.-¿Crees que le gustará este?

-Creo que sí, pero yo le compraría también ese otro.-dijo señalando uno de mayor tamaño en forma de oso.

-¿Le compro los dos?-interrogué.-Aunque me gustaría comprarle algo también a tu madre, pero no aquí.

-¿A mamá?-se quedó extrañado por lo que dije.

-Claro, pronto será su cumpleaños y no he comprado nada aún.-no sabía si se solía regalar a las antiguas parejas regalos caros o tan sólo una tarjeta, pero aún así yo quería hacerlo.

-Su cumpleaños no es pronto, faltan cuatro meses.

-Pero antes están las fiestas navideñas.-sonreí cuando dije aquello y él se abrazó a mí.

-¿Pasarás con nosotros las fiestas? ¿Sí?-acaricié su cabeza y negué. No podía hacerlo, aunque lo deseara con fuerzas.

-No, pero puedes pasar unos días tú conmigo.

Su rostro se volvió serio, demasiado serio. Tomé los peluches y los llevé a la caja pagando todo. Nuestros pasos por la acera se volvieron silenciosos, como nuestros labios, al igual que nuestros movimientos. Caminamos unos minutos más hacia el lugar donde tenía aparcado el vehículo, ya que estábamos de vuelta de nuestro paseo. Él apretaba con rabia el peluche mientras de sus cascos sonaba aquella música que parecía calarle hondo, bien hondo.

Sabía que aunque madurara seguía siendo un niño, un niño que quería ver a sus padres juntos. A pesar de aceptar mi nueva vida, mi nuevo hogar, no podía aceptar ciertas fechas sin su familia reunida. No me entendería hasta que descubriera que no importaba estar todos juntos para celebrar ciertas cosas, sino tener sentimientos mutuos de respeto y amor.

Subimos en el vehículo y noté como empezaba a llorar. No pude refrenarme y le abracé como cuando era un bebé. Solía ir corriendo por toda la casa y siempre terminaba tropezando. Tenía dos años y era ágil para su edad. Mi pequeño Hero siempre tuvo una sonrisa en sus labios a pesar de ser retraído, pero era fácil verle llorar cuando se tropezaba. Creo que únicamente lloraba cuando caía, porque siempre fue un niño feliz. En esos días no lo era, y no sólo por los golpes que otros le propinaban.

-Llévame a casa.-susurró cuando se sintió más calmado.

Como pidió lo llevé a casa y se bajó sin despedirse. Solía no despedirse, sobretodo de mí. Creo que simplemente le dolía decir adiós y más cuando sabía que podía ser durante semanas. Para mí también era duro no estar con él, pero nada podía hacer. Me parecía cruel sacarlo del que fue mi hogar, aunque fuera tan sólo unos días al mes. Sabía que Clarissa necesitaba a Hero, como también él la necesitaba.

domingo, 24 de enero de 2010

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (XXLVI)


Seguimos hablando sobre la chica durante al menos una hora. Nos dio tiempo a tomar otro cacao y hacerle sentir mejor. Parecía el niño feliz de siempre, pero noté que la nuez hizo acto de presencia y su tono de voz a veces era algo más áspero. Eran los cambios habituales en un adolescente. Había un par de chicas al principio de la cafetería y noté como se quedó unos instantes en otro mundo, las observaba intentando no parecer descarado. Estaba relajado, más tranquilo que minutos atrás.

-¿Hero quieres ir al parque de atracciones?-pregunté.

-No, quiero ir al museo de arte.-dijo con una sonrisa.-Quiero ir al parque, siempre me gustará, pero en el museo hay una exposición que no me dio tiempo a ver ayer por completo. Fui con la escuela, pero se pasaron por alto muchos cuadros y yo quería verlos.

-De acuerdo.-nunca podía negar cualquier cosa que me pedía, siempre procuraba consentirlo.

Nos levantamos para pagar las consumiciones y marcharnos hacia el museo. Quise tomarle de la mano como cuando era más pequeño, pero noté que eso le incomodaría y decidí dejar mi mano sobre su hombro. Decidimos no tomar el coche, no estábamos lejos del museo y sería una perdida de tiempo. Él se colocó los auriculares mientras caminaba y le saqué uno para saber qué demonios le animaba tanto. No reconocí esa música entre sus favoritas, parecía rock aunque no estaba completamente seguro que estilo seguía.

-Son the sixty-nine eyes.-comentó al ver que le miraba extrañado.-Es un grupo que mezcla el ritmo metal y rock en estilos más glam, clásicos y góticos. La canción que suena es Wrap your troubles in dreams del mismo cd homónimo.-la canción hablaba sobre una vida que no desaparecía, que el pasado ahí seguía y no teníamos que vivirlos como una pesadilla.

-Interesante.-fue lo único que dije.

-Son Finlandeses.-murmuró antes de quitarme el auricular para colocárselo y quedar absorto de todo lo que le rodeaba.

Cruzamos un par de semáforos y llegamos ante el gran museo de arte. Tenía exposiciones contemporáneas y de artistas locales, pero también poseía valiosas joyas de alto nivel histórico. Había dejado varios cuadros en el museo, me ahorraba así su cuidado y también la póliza de seguro. Mi hijo lo sabía, pero supongo que no eran esos cuadros los que deseaba ver.

Pagamos la pequeña cuota que costaba entrar en el recinto y entramos dejando las salas más típicas en el camino, para adentrarnos en la gran sala central donde los artistas locales dejaban sus obras. Sonrió al ver un cuadro de un cuervo negro sobrevolando un cielo de tormenta y varias láminas sobre el Caos cosmopolita.

-¿Esto es lo que deseabas ver?-pregunté quitándole los cascos.

-Amaury está colgado en este museo mira.-dijo señalando el cuadro del cuervo y un par de láminas de vampiros.-Pero no es eso lo que quería ver.-se encaminó con paso firme hacia el fondo de la sala.-Deseaba contemplar estos retratos a carboncillo, la técnica está muy depurada y pienso que están muy bien logrados para ser un artista novel.

-Son mendigos, prostitutas y gente corriente.-susurré al observar con detalle las láminas.

-¿A que son buenos?-preguntó girándose con una sonrisa.-Son míos.

-¿Tuyos?-me quedé paralizado sin saber que decir.

-Ni tú ni mamá lo sabéis.-rió al señalar el nombre que había puesto para no ser descubierto.

-The Black Cat.-susurré.-¿Te lo admiten?

-Claro.-dijo con firmeza.-Es mi nombre artístico y como firmo.-Pero no sólo tengo carboncillo, también acuarelas pero no me siento tan satisfecho de ellas.-señaló la pared que estaba frente a nosotros.-Es lo que se ve desde el despacho de mamá.

-Espera.-no salía de mi asombro, Hero tenía una vida secreta y parecía ser genético.

-¿Qué?-interrogó.-¿Soy bueno?

-¿Desde cuando?-pregunté tomándolo de los brazos para que me mirara a los ojos. Él sólo sonrió satisfecho tirando de mí para que me inclinara, deseaba un abrazo que le concedí.

-Desde este verano, según mi profesor de artes es innato.-susurró en mi oído y luego rió de forma inocente.

No supe que decir al respecto. Me había perdido cosas importantes, había descuidado a mi hijo y él me estaba mostrando quien había logrado ser sin mi ayuda. Me tomó de la mano y tiró leve de mí.

-¿Dónde vamos?-pregunté aún con la cabeza enterrada en mis pensamientos.

-Al otro lado de la sala, hay un collage fotográfico que hice de distintos lugares de la ciudad. Después pinté sobre las fotografías dándole toques distintos a los que tenían, ya que las realicé en blanco y negro. El collage se llama Vida en la Oscuridad, hace referencia a la oscura neblina que tiene la ciudad y su vida agitada.-me puso frente al enorme cuadro y simplemente quedé sin palabras.-¿Te gusta?

-Hero esto lo debe saber tu madre.-dije colocando mis manos sobre sus hombros.

-No, porque me ayudaría con la galería y no quiero.-comentó bastante serio.

-Ya, te quieres ganar las cosas por ti mismo y no por tu nombre.-respondí aún observando esas fotografías tan bien tomadas.

-Exacto.

jueves, 21 de enero de 2010

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (XLV)



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Me encuentro con estres, por eso entro poco al blog y los comentarios no los devuelvo... tengo muchos pendientes... lo sé. Lo siento.

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Nos sentamos al fondo del local y rápidamente vino una camarera para que hiciéramos el pedido. Tan sólo pedí dos cacaos caliente, de momento. Él estaba en silencio con aquel libro entre sus manos. Me di cuenta que tenía las mismas manos que mi mujer, finas y de dedos largos. Estaba, como he dicho muchas veces, ante la mejor obra que habíamos creado. Hizaki era más hijo mío que suyo, Hero era de los dos.

-En el instituto no tengo amigos.-rompió el silencio de una vez.-Antes tenía un par de amigos, pero ahora todos piensan que soy como vosotros. Que terminaré deseando que se acueste conmigo alguno de ellos. La cosa no es así.-no sabía que decir a lo que me confesaba, pero sentí rabia y una ira inmensa.-Las chicas creen que estoy interesado en ellas para ocultar mi homosexualidad. Creen que me he dejado el pelo porque quiero parecerme a Olivier, pero no es así.-miró hacia la ventana y sonrió de forma amarga.-Vi fotos tuyas de cuando eras joven, mamá aún las guarda en su ordenador y me gustó como quedaba. Pensé que yo podría verme bien con el pelo largo y conseguir una chica como mamá.-giró su rostro hacia mí.-Pero sé que las mujeres como mi madre son únicas y seguro que no terminan con pintores con disposición al fracaso.

-Hero no es así.-dije mirándole serio.-No debes hacer caso a lo que digan cuatro gilipollas, porque si te dejas llevar por lo que ellos piensan entonces sí serás un fracasado.-me miró fijamente y tragó saliva, sabía que intentaba no llorar más porque odiaba el sonido de su llanto.-Y sobre las chicas date tiempo, eres aún pequeño para atarte a una chica.

-Yo no quiero atarme a una chica, pero al menos salir con una y poder saber que se siente al ser idolatrado por unas horas.-cuando dijo aquello frunciendo el ceño, tan confiado en que algo así le daría la felicidad eterna prácticamente, me solté a reír a carcajadas.

-El maldito egocentrismo y orgullo de nuestro linaje.-comenté.-Estoy pensando en patentarlo.

-No sé que hacer.-dijo recostándose en la mesa.-Quiero ser como Hizaki y no lo soy.

-No puedes ser como Hizaki, ni como yo y tampoco como nadie. Hero eres único, todos somos únicos e intentar ser como otros es una estupidez.-suspiré cuando vi a la camarera llegar con el servicio y dejó los cacaos frente a nosotros.-Francamente te creía más maduro, al menos más que el cabeza de chorlito de tu hermano.-él rió cuando escuchó aquello y le dio un trago a su vaso.

-¡Quema!-dijo tomando la servilleta e intentando secarse sin éxito.-Mierda, eso quemaba.

-No digas insultos, controla tu vocabulario.-comenté mirándole fijamente a los ojos.

-Papá quiero ingresar a la galería de arte de mamá.-murmuró.-Pero aún soy un novato, además mi madre no me dará trato de referencia y pensará que es mejor que estudie. Ya con un artista sin estudios lidia, aunque sé que aún le dice que se dedique a empresariales.

-Hizaki estudiará empresariales cuando termine arte dramático, lo sé. Es un Sakurai y le brillan los ojos cuando ve algo referente a la economía. A pesar de que diga lo contrario, le gusta ver la bolsa como si fuera unas Vegas.-decía aquello con firmeza, conocía a Hizaki y sabía que estaba dotado para llevar mis empresas.

-Pero yo quiero estudiar historia del arte, quiero comprender el arte y plasmar el mío. Papá, quiero ser pintor.-frunció el ceño y me mostró el Hero más maduro que jamás había visto. Tenía ante mí ya a un hombre, no a un niño.-Aún queda que termine bachillerato, eso es si sobrevivo.

-¿Si sobrevives?-pregunté tomándolo del mentón para que me mirara.-¿Qué sucede?

-Me pegan, papá me han dado palizas.-la misma historia de siempre, a mis hijos y a mí nos perseguían ese tipo de encuentros. Yo los buscaba, ellos no. Parecía que mi Karma de gallito de corral repercutía en él.

-¿Quién?-dije en un tono lleno de rabia.

-Algunos chicos de clase, no les devuelvo los golpes porque sé que yo iré al director y terminaran llamando a mamá.-tomó aire y lo dejó ir.-Eso es lo que pasa, en general. No me va bien con las personas.

-Quiero sus nombres, los quiero Hero.-aún estaba más molesto porque no me había dicho quienes se atrevían a ponerle un dedo sobre él.

-Todos los chicos de mi aula, sobretodo desde que Hizaki ya no está en el instituto para defenderme y que supieron de mis clases de arte.-inmediatamente saqué el móvil marcando a Clarissa. No contestaba y di por hecho que estaría ocupada, así que simplemente dejé la llamada pendiente.

-Esto tengo que hablarlo con tu madre y ambos con el director.-dije molesto.-Nadie te va a golpear de nuevo.

-No lo entiendes, si haces eso me van a golpear más.

-Sí lo entiendo.-dije observándolo fijamente, esas ropas y esa forma de hablar me hacían recordar momentos demasiado crueles.

-Papá soy diferente de Hizaki y también lo soy de Miho.-tomó un trago del cacao y me miró con los ojos a punto de estallar en llanto.

-Todos somos distintos y a la vez hay algo que nos une, somos una familia aunque sea algo extraña. No es sólo un apellido, un apellido no da lo que somos. Créeme, los genes de los Sakurai son demasiado fuertes para dejarse aplastar por cuatro mocosos.-lo tomé del rostro y acaricié sus mejillas.-Deja que yo haga algo.

-No.-replicó.-Ten tacto, mamá no lo sabe.-se echó hacia atrás.-No soy vuestro niño ya, quiero enfrentarme a esto. Papá quiero ser pintor, quiero ser el mejor fotógrafo, y no lograré mis metas si tú lo haces fácil.-frunció el ceño y arrugó la nariz.-Papá, esta guerra la libro yo. Quiero demostrarle que son unos idiotas, pero no lo voy a lograr yendo al director.

-Hero.-no sabía que decirle, estaba completamente empeñado en seguir como estaba.

-Si un artista no sufre no puede purificar su alma mediante su alma.-dijo con una sonrisa.-Sólo intenta que mamá no sepa esto.

-Lo tiene que saber.-repliqué.

-Lo negaré.-respondió con una sonrisa infantil.-Soy feliz ¿lo ves?

-No eres feliz.-era cabezota con ese tema.

-Papá pinto cada vez mejor, tengo las mejores notas de mi curso, estoy aprendiendo a bailar como Hizaki e intentando aprender a tocar la batería.-me miró frunciendo el ceño.-Pero eso último lo voy a dejar, me gusta más la guitarra y el amigo de Miho es mi profesor.

-¿El amigo de Miho?-alcé una ceja imaginándome al melenudo de Amaury sobre él, en sí parte de la ropa que vestía me recordaba a él.

-Sí, es también amigo de Eduart.-comentó antes de dar otro trago a su bebida, la mía se estaba quedando helada.

-¿Amaury?-pregunté dudoso y rezando que no fuera esa mala compañía.

-No, Amaury me cae bien pero no es el tipo de persona que me gusta.-dijo rascándose la mejilla.-Se llama Eric, pero todos le dicen Cat o Kitty.-sonrió por primera vez como si realmente fuera feliz.-Me regaló la ropa, me la confecciona y dice que soy su mejor maniquí.

-¿Cat?-interrogué.-¿Bajito y muy delgado?-él asintió a mis preguntas.-Creo haberme chocado con él en un par de ocasiones.-realmente lo recordaba del hospital, aquel niño parecía realmente un gato zalamero aferrándose a Miho e intentando tranquilizarla.

-¿No te gusta como me veo? A mi me gusta, me da igual lo que piense el resto.-sonrió de lado cuando dijo eso.-Aunque me peguen, y cuanto más lo hagan más libre me sentiré.

-¿Quién te ha metido esa mierda en la cabeza?-no entendía el porqué de esa actitud.

-Es admitir que tendré que ser golpeado y tomármelo con filosofía, o saltar desde un quinto piso haciendo el ángel.-respondió con un sarcasmo que me impactó.-A ver papá, yo quiero ser el de siempre pero si sigo siendo un lelo me van a dejar la cara como los cuadros de Picasso.-suspiró y se echó de nuevo hacia atrás después de inclinarse para su diatriba.-Y prefiero ser yo, replica exacta a ti y a mamá.

-Hero.-tomé una de sus manos y sonrió.

-¿O piensas que simplemente soy parecido a ti?-aquel tono de voz casi exacto a Clarissa me dejó helado. Sabía que en sus ratos de ocio se dedicaba a imitarnos y a burlarse descaradamente de nuestros defectos, era su forma de salir de su burbuja de niño bueno.

-No vuelvas hacer eso.-dije mirándolo fijamente mientras lo señalaba con mi dedo índice.

-¿Prefieres que sea más coqueto?-interrogó pestañeando con la voz casi idéntica de Phoenix.-Bueno, ya paro.

-Muy gracioso.-mascullé.

-Papá cuando tenga dieciocho años quiero ir a París, Venecia, Londres y otros países. Deseo estar un año viajando para tomar experiencias y referencias artísticas.-aquello me pareció precipitado que lo dijera con cuatro años de anticipo.

-¿Por qué lo dices ahora?-pregunté en un tono extraño, pero me había tomado por sorpresa.

-Mamá y tú sois personas con iniciativa, metas y con coraje suficiente para afrontar lo que deseáis. Yo quiero conseguir mi meta y me propongo pequeños proyectos.-parecía tan seguro cuando hablaba que ahí me di cuenta que mi pequeño Hero ya era un hombre, que había crecido demasiado rápido y yo no había podido disfrutar de su corta infancia.-Esto que te digo es mi gran proyecto, quiero ir a todos los buenos museos y ver en vivo lo de mis libros.

-¿Lo de tus libros?-dije tras un sorbo de cacao.

-Renoir, Picazzo, Botticelli, Manet, Pissarro, Murrillo, Rafael, Rivera, Fida, Rubens, Rossetti, Fra Angelico y tantos otros.-quería ver museos, obras que él aspiraba a superar.

-Está bien, cuando tengas la edad todo se hablará.-eso hizo que esbozara una sonrisa de satisfacción, yo le respondí del mismo modo.

-Papá ¿puedo preguntarte algo?-susurró después de unos segundos en silencio.

-Por supuesto.-respondí terminando el cacao que había en mi vaso.

-¿Cómo es que dejaste de amar a mamá?-aquello ni yo mismo lo sabía, no podía explicárselo y me quedé callado.-No es que odie a Phoenix, ya acepto que lo que tuvimos antes es imposible de que regrese.

-No sé como sucedió.-nuestros ojos se quedaron clavados unos con los otros.-Simplemente sucedió y me di cuenta hasta que Phoenix comenzó a llenar el hueco que tenía.-tomé aire sin bajar la mirada, la aguantaba como podía.-Fui yo quien deseó estar con él, yo quien lo perseguí, yo quien le rogaba que se quedara a mi lado a pesar de estar casado y yo quien mentía a tu madre. No quería dañarla, tampoco a ti. Hizaki ya era un adulto, podía entenderlo, pero tú eras aún muy pequeño y a ella le debo toda una vida.

-La dañaste.-murmuró ensombreciendo su rostro.-También a mí y a Hizaki.

-Lo sé, siempre termina uno dañando lo que más quiere proteger.-me sentía un maldito imbécil por dejarme llevar tantos años, por olvidarme que lo más importante eran ellos y por terminar de matar lo poco que sentía ya por la que fue mi mujer. Pero reconozco que no me arrepiento y no me arrepentí ese día por todo lo que había logrado.

-Así que no sabes el porqué.-dijo mirando el vaso vacío que tenía ante él.-No importa, poco a poco mamá terminará por ser la misma.

-Sí, tu madre es fuerte y por eso me enamoré de ella.-fue eso y sus ojos, su mirada cambiaba cuando me observaba a mí. Me sentía especial cuando me miraba y no podía mantener el cruce con la mía.

-A mí también me gustan las chicas con genio.-se sonrojó y se puso algo nervioso.-¿Papá cómo puedo enamorar a una chica así?

-¿Quieres una réplica de tu madre?-me carcajeé e intenté volver a mi actitud seria, pero imaginé a mi hijo con una pequeña réplica de su madre al lado asesinándolo con la mirada.

-¡No te rías! ¡Eres peor que Hizaki!-dijo molesto.

-Espera, no te enfurezcas ya.-dije agarrándolo de los brazos.-¿Hay una chica que yo no conozca y que haya robado tu corazón adolescente?

-Hay varias chicas que me han gustado.-comenzó a decir intentando apartar su mirada de la mía, esquivándome.-La chica tiene dos años más que yo, es inteligente y muy atractiva. Va a clases de arte plástico y es la alumna femenina más adelantada de la academia.-su voz se había hecho un murmullo y su sonrojo aumentó.-Es rubia, piel clara, ojos glaciales, muy reservada y tranquila. Amo cuando se hace un moño con uno de sus pinceles limpios... deja a la vista el cuello perfecto que tiene.-temblequeó y se llevó las manos a la cara.-¡Ya! No quiero decir más.

-Hizaki empezó con este problema de hormonas un año antes que tú, recuerdo que correteaba tras cada falda que veía.-recobré la compostura y sonreí observándolo.-Yo pensaba que tú te tomarías la pubertad con más calma.-revolví sus cabellos y el gruñó intentando apartar mis manos de su cabeza.

-¡Papá!-dijo agarrando una de mis manos.-¡Ya!

-Ya paro.-me crucé de brazos frente a él y sonreí.-¿Y cómo se llama la chica?

-Aura.-sonrió como un idiota enamorado.-Así firma siempre, es su nombre artístico, aunque el real es Aurora.

-¿Española?-pregunté alzando una de mis cejas.

-No y sí.-dijo intentando explicarse.-Su madre es mexicana y su padre es español.

martes, 19 de enero de 2010

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (XLIV)


En los periódicos hicieron una leve referencia al accidente por ebriedad de Brandon, el hijo del embajador en París, y gran mecenas de arte. Casi nulas eran las referencias a mi hijo, prácticamente inexistentes. Pero, apuntaban que una de las cusas era una tremenda borrachera tras una pelea con mi hijo por el corazón de Olivier; y eso sólo le hacían eco las revistas de sociedad y corazón, el opio de la sociedad consumista y chismoso donde vivíamos.

Mi hijo afortunadamente estaba bien, pero sabía que algo así no quedaría tranquilo. Esas aguas que parecían calmadas se alborotarían. En casa intentaban despreocuparme. Phoenix conversaba conmigo sobre el futuro de Jun, también sobre los grandes avances en el control de su carácter. Pero yo sólo pensaba en Hizaki.

Al regresar Kamijo pensé que él lo haría, que mi hijo vendría, pero no. Hizaki había vuelto con Olivier y estaba intentando retrasar su vuelta al país. Decía que se sentía como en casa, que no le importaba estar lejos de las calles que le vieron nacer y crecer, ya que Olivier era su hogar. Mi amigo estaba convencido que mi hijo había madurado más de lo que yo creía, de lo que ambos habíamos madurado durante años, y que lo demostraba en cada una de sus acciones. Pocos días después regresó, pero sin su amado diseñador, y lo único que tuve como respuesta es que él tenía que acabar trabajos que aún tenía en París.

Yo no dejaba de preocuparme. Pero ya no fue por Hizaki, sino por Hero. Hero había desatado el carácter de los Sakurai, hasta ese entonces era una réplica algo rebelde de mi antigua mujer. Si bien, se había pegado en una fiesta de disfraces porque un niño le había molestado. Se estaba volviendo salvaje, como yo en sus años. Su aspecto cada vez se distanciaba más del de Clarissa y se acercaba al mío, al de joven rebelde y encerrado en si mismo. Sus cabellos crecían y no permitía que se lo cortaran, sus ropas cada vez eran más oscuras y sus estudios no empeoraban por ese cambio. A penas hablaba en casa, se centró en la pintura y ahí se liberaba. Creo que Hero fue dándose cuenta de lo que implicaba dejar de ser un niño y que eso le hacía sentirse olvidado.

A pesar de los cambios de Hero él seguía siendo el mismo, amando las mismas cosas, pero su carácter y su apariencia provocaban rechazo en las personas que hasta ese momento lo adoraban. Ya no era un niño inocente. Poco a poco se había vuelto en un adulto al ver el mundo que le rodeaba. La certeza de que nada sería igual y para siempre, los cuentos de hadas que hasta hacía poco le parecían reales, se desmontaba como una mentira tras otra.

Decidí quedar con él para pasar un día padre e hijo. Dejé a Phoenix un sábado a solas con el pequeño y con Jasmine. Ambos hablaban de la fecha de la boda, ya que Kamijo había dispuesto que tenía que ser el día de los enamorados para que fuera perfecto. Creo más bien que fue previsor, porque ambos éramos fatales para las fechas. Por ello, cuando me marché de casa, los dejé a ambos con café y pastas mirando revistas de moda y de decoración.

Mi hijo me esperaba en la biblioteca, ya que se había pasado la noche estudiando en ella. Era ambicioso, deseaba destacar en lo bueno y en lo malo. Cuando llegué lo vi en las escaleras con un libro entre sus manos y la mochila colgada a sus espaldas. Parecía abstraido entre las páginas de aquel tomo pequeño y bastante desgastado. Aparqué el coche y caminé hacia él observándolo. Viéndolo con aquellos cabellos más allá de los hombros y la ropa oscura me hizo ver a mi yo adolescente; sin embargo los rasgos de Clarissa eran evidentes y su nariz al igual que sus pómulos eran de mi ex.

-Hero.-susurré quedando junto a él, sentado en aquellos fríos escalones e intentando ojear lo que leía.

-Hola papá.-dijo apartando sus ojos de las letras para sonreír como siempre hacía, pero su mirada era distinta.-¿Este día padre e hijo que te has inventado es por mis cambios?-preguntó levantándose para echar a caminar.-Si es así pierdes el tiempo.

-Hero ¿qué sucede?-pregunté levantándome para ir tras él y tomarlo de la muñeca.

-Que he intentado ser un niño, he intentado ser feliz, he deseado creerme que todo podía ser posible y cada vez que pasa un día más veo que mi realidad es distinta.-me miró a los ojos y tembló.-Papá sigo siendo el mismo, sólo que la actitud ante el mundo es distinta. Estoy harto de ser el niño, porque ya no me pasan cosas de niño sino de adulto. Y créeme ser un adulto es una mierda.-me abrazó y comenzó a llorar.

-¿Es una chica?-pregunté acariciando sus cabellos.-¿Te han abandonado tus amigos? ¿O ha pasado algo más?-como todo padre quería saber que le pasaba a mi hijo, porque mis hijos eran mi mayor preocupación.

-Todo.-murmuró con la voz quebradiza.

-Pues ese todo me lo puedes contar frente a una taza de cacao.-comenté secando las lágrimas que bañaban su rostro.-Vamos a la cafetería y te invito a un buen chocolate.-asintió a mis palabras y me acompañó con la cabeza baja.

Al entrar en la cafetería me di cuenta que a penas había personas de mi edad, eran todos estudiantes en su mayoría y parecían intercambiarse apuntes o comentarios. Era un lugar cercano a la biblioteca y era normal ese ambiente estudiantil, aunque mucho más relajado que en las salas de estudios. Sin duda alguna era el lugar adecuado para reponer fuerzas, entrar en calor y distraer la mente unos minutos antes de continuar.

Nos sentamos al fondo del local y rápidamente vino una camarera para que hiciéramos el pedido. Tan sólo pedí dos cacaos caliente, de momento. Él estaba en silencio con aquel libro entre sus manos. Me di cuenta que tenía las mismas manos que mi mujer, finas y de dedos largos. Estaba, como he dicho muchas veces, ante la mejor obra que habíamos creado. Hizaki era más hijo mío que suyo, Hero era de los dos.

-En el instituto no tengo amigos.-rompió el silencio de una vez.-Antes tenía un par de amigos, pero ahora todos piensan que soy como vosotros. Que terminaré deseando que se acueste conmigo alguno de ellos. La cosa no es así.-no sabía que decir a lo que me confesaba, pero sentí rabia y una ira inmensa.-Las chicas creen que estoy interesado en ellas para ocultar mi homosexualidad. Creen que me he dejado el pelo porque quiero parecerme a Olivier, pero no es así.-miró hacia la ventana y sonrió de forma amarga.-Vi fotos tuyas de cuando eras joven, mamá aún las guarda en su ordenador y me gustó como quedaba. Pensé que yo podría verme bien con el pelo largo y conseguir una chica como mamá.-giró su rostro hacia mí.-Pero sé que las mujeres como mi madre son únicas y seguro que no terminan con pintores con disposición al fracaso.

-Hero no es así.-dije mirándole serio.-No debes hacer caso a lo que digan cuatro gilipollas, porque si te dejas llevar por lo que ellos piensan entonces sí serás un fracasado.-me miró fijamente y tragó saliva, sabía que intentaba no llorar más porque odiaba el sonido de su llanto.-Y sobre las chicas date tiempo, eres aún pequeño para atarte a una chica.

-Yo no quiero atarme a una chica, pero al menos salir con una y poder saber que se siente al ser idolatrado por unas horas.-cuando dijo aquello frunciendo el ceño, tan confiado en que algo así le daría la felicidad eterna prácticamente, me solté a reír a carcajadas.

-El maldito egocentrismo y orgullo de nuestro linaje.-comenté.-Estoy pensando en patentarlo.

-No sé que hacer.-dijo recostándose en la mesa.-Quiero ser como Hizaki y no lo soy.

-No puedes ser como Hizaki, ni como yo y tampoco como nadie. Hero eres único, todos somos únicos e intentar ser como otros es una estupidez.-suspiré cuando vi a la camarera llegar con el servicio y dejó los cacaos frente a nosotros.-Francamente te creía más maduro, al menos más que el cabeza de chorlito de tu hermano.-él rió cuando escuchó aquello y le dio un trago a su vaso.

-¡Quema!-dijo tomando la servilleta e intentando secarse sin éxito.-Mierda, eso quemaba.

-No digas insultos, controla tu vocabulario.-comenté mirándole fijamente a los ojos.

-Papá quiero ingresar a la galería de arte de mamá.-murmuró.-Pero aún soy un novato, además mi madre no me dará trato de referencia y pensará que es mejor que estudie. Ya con un artista sin estudios lidia, aunque sé que aún le dice que se dedique a empresariales.

-Hizaki estudiará empresariales cuando termine arte dramático, lo sé. Es un Sakurai y le brillan los ojos cuando ve algo referente a la economía. A pesar de que diga lo contrario, le gusta ver la bolsa como si fuera unas Vegas.-decía aquello con firmeza, conocía a Hizaki y sabía que estaba dotado para llevar mis empresas.

-Pero yo quiero estudiar historia del arte, quiero comprender el arte y plasmar el mío. Papá, quiero ser pintor.-frunció el ceño y me mostró el Hero más maduro que jamás había visto. Tenía ante mí ya a un hombre, no a un niño.-Aún queda que termine bachillerato, eso es si sobrevivo.

-¿Si sobrevives?-pregunté tomándolo del mentón para que me mirara.-¿Qué sucede?

-Me pegan, papá me han dado palizas.-la misma historia de siempre, a mis hijos y a mí nos perseguían ese tipo de encuentros. Yo los buscaba, ellos no. Parecía que mi Karma de gallito de corral repercutía en él.

-¿Quién?-dije en un tono lleno de rabia.

-Algunos chicos de clase, no les devuelvo los golpes porque sé que yo iré al director y terminaran llamando a mamá.-tomó aire y lo dejó ir.-Eso es lo que pasa, en general. No me va bien con las personas.

-Quiero sus nombres, los quiero Hero.-aún estaba más molesto porque no me había dicho quienes se atrevían a ponerle un dedo sobre él.

-Todos los chicos de mi aula, sobretodo desde que Hizaki ya no está en el instituto para defenderme y que supieron de mis clases de arte.-inmediatamente saqué el móvil marcando a Clarissa. No contestaba y di por hecho que estaría ocupada, así que simplemente dejé la llamada pendiente.

-Esto tengo que hablarlo con tu madre y ambos con el director.-dije molesto.-Nadie te va a golpear de nuevo.

-No lo entiendes, si haces eso me van a golpear más.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (V)


-Yue le hizo creer que eran actuales, teniendo en cuenta que la fecha que aparecía era cuando Olivier y yo ya estábamos saliendo. Claro que ese maldito hijo de puta lo puso todo a su favor y ya sabes como son los franceses.-al decir aquello reí bajo, aunque no debí hacerlo.

-Temperamentales, muy temperamentales.-respondí apoyándome de espaldas a la barra.

-Pues sí, bastante.-mecía suave al pequeño mientras me miraba fijamente a los ojos.-Me dejó y por el camino tuve arañazos por bofetadas, además de empujones e insultos en todos los idiomas posibles. Hero estuvo prácticamente de mensajero para que entrara en razón, fue ese día que decidí quedar con él para comprarle algunos materiales.

-Sí, recuerdo que me llamó emocionado cuando lo hiciste.-seguía observándole sin perder ni un detalle.

-Fue horrible, pensé que todo se iba al demonio y al final conseguí que me creyera. Ahora es distinto, no ha mentido nadie y he sido cruel con mis palabras.-el niño se movió inquieto en sus brazos y él sonrió leve.-Me doy cuenta que mi hijo es lo que tengo, lo que voy a tener siempre, y pase lo que pase voy a estar a su lado.

-Hizaki debes buscarlo y pedir disculpas por todo lo que hayas dicho.-respondí de forma coherente.-No sé que puede pasarle a él por la cabeza, tampoco quiero darle toda la razón, pero hay momentos en la vida que los miedos nos engullen y hace que nos comportemos de forma extraña. Tienes que madurar Hizaki, debes madurar en ese sentido.-comenté y él sonrió de lado.

-¿Crees que no lo sé?-interrogó.-Tiene miedo, aunque lo niegue.

-¿A qué?-pregunté confuso.

-Brandon, su ex, le golpeaba por cualquier cosa y hacía que se sintiera humillado. Él lo amaba tanto que se lo permitía todo, hasta que mamá se puso por medio junto a su amigo Trevor.-frunció el ceño y se mordió el labio inferior.-Te juro que si pudiera mataba a ese tipejo, no dejaría nada de él.

-Comprendo como debes sentirte, he visto la misma furia en los ojos de Kamijo y también en los míos. Es doloroso saber que alguien que amamos lo ha pasado mal y tiene en su piel la marca del dolor.-mi madre había padecido tanto que aún al recordar los golpes de mi padre me tensaba, sin olvidar la antigua pareja de Megumi.

-Papá te juro que lo mataré, si algún día llego a tenerlo frente a mí lo mataré.-era una sentencia de muerte que parecía el eco de mi voz.

-No, no te manches las manos por alguien que no merece la pena.-sus ojos no mermaban en furia.-Lo digo por ese tal Brandon, no por Olivier.

-Es quien causa todos sus miedos, quien le da tantas preocupaciones.-suspiré al escuchar aquello.-Papá, en serio, lo único que quiero es vengarme de ese inútil.

-Tú no tienes que vengarte de nadie ¿me oyes? No cometas los mismos errores que yo he cometido, no lo hagas, te prohibo que caigas en el juego de un miserable.-mi hijo quedó entre asustado y abrumado.

-¿A quién has matado?-preguntó.-Si es al hermano de Taylor Swan es normal, fue en defensa propia.

-No, no sólo a él.-quería sincerarme con mi hijo, luego que él hiciera lo que quisiera.-Maté al hombre con el cual se casó Megumi, gracias a Kamijo.

-¿Kamijo?-para él, como para todos, Kamijo era un hombre dulce y sensible.

-Kamijo mató con sus discípulos, por así decirlo, al antiguo esposo de Megumi y también lo ha hecho con el de Jasmine. No sólo con ellos, supongo que es a lo que se dedica. No es alguien limpio y puro, pero sí sabe de honor y lealtad.-puse mis manos sobre sus hombros.-Kamijo no sólo te busca a la persona a la que deseas golpear, él le pone una bala en la sien.

-Algo así imaginaba.-respondió intentando ordenar sus ideas.-Sabía que esa imagen tan sofisticada ocultaba algo más, no podía ser un muñeco perfecto y menos viviendo en esta ciudad.

-Así es.-no me atrevía a mirarlo a los ojos.-No debes decirle que lo sabes, no debes.

-Ya lo sé, pero tú también deberías de morderle la lengua respecto a tus crímenes.-comentó.-Los acepto, acepto el porqué lo hiciste, sin embargo no dejan de ser personas.

-Tú hablabas de matar a un tal Brandon.-repliqué.

-A golpes, una pelea de iguales, y quedar con la satisfacción de haber acribillado a patadas a un desgraciado. Así tendría la muerte que se merece, no que ese maldito morirá de viejo en su cama con sábanas de firma parisina.-le odiaba, no se daba cuenta que el odio lo iba a consumir.

-Él no tuvo la culpa de vuestra discusión.-comenté.-Tú mismo lo dijiste.

-Sí, así es.-aceptó que no debía tenerle ojeriza a Brandon por su última discusión.-Pero él ha sido el causante del dolor de Olivier.

Entendía sus razones, su dolor, su rabia y también que deseara verlo en un hermoso ataúd negro camino a su nicho en el cementerio. Sin embargo, también sabía que la venganza no traía nada bueno. No quería que tuviera un pasado oscuro como yo, él no. Me procuraría que él saliera distinto, que no fuera un maldito imbécil como todos los de nuestra saga familiar.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XL)


-Buenos días Hero.-dijo Phoenix entrando en escena de la mejor forma posible, apacible y frágil. Jamás lo había visto tan radiante, ni el día de nuestra boda. Creo que Jun no era el único que necesitaba el contacto con Hero.

-Hero.-dije ayudándolo a levantarse.-Él es Phoenix.

-Sé quien es.-respondió de inmediato.-Un placer.

Se quedó observando fijamente a mi pareja, al igual que al pequeño que movía sus brazos esperando que yo lo tomara entre los míos.

-Ven con papá.-susurré antes de pegarlo a mi pecho protegiéndolo y sosteniéndolo con mis brazos.

-¡Mio!-gritó a pleno pulmón observando a Hero. Había fruncido el ceño y lo miraba como si fuera un temible adversario. Sus pequeñas manitas habían agarrado mi camisa y yo sonreí con cierta dulzura. No era común en mí esa expresión, tal vez quería tranquilizar a Hero y también a Jun.

-Hero él es tu hermano Jun.-susurré antes de dejarlo frente a él.

-Ahora yo soy el mayor.-respondió mirándome fijamente a los ojos, intentaba escrutar mi alma como lo hacía su madre.

-Así es ¿quieres cargarlo?.-interrogué esperanzado de que aceptara tomarlo.

-Temo hacerle caer.-murmuró con semblante serio.

-No lo caerás, Jun se agarra con fuerza siempre.-intervino Phoenix para aliviar de tensión el ambiente.

Al fin tomó al pequeño y este lo escrutó con sus enormes ojos, aunque no dejó de estar con el ceño fruncido mientras Hero reflejaba un sosiego especial. Me fijé en las manos del que hasta entonces era mi hijo pequeño, sus manos delgadas y perfectas sosteniendo aquel bebé que a partir de ese instante quedaría vinculado a él por completo. Ya no era un mero formalismo en un papel, sino algo más cálido y demostrable.

-Hero, me llamo Hero.-dijo mientras Jun jugueteaba con sus cabellos que caían sobre sus hombros, ya que había comenzado a dejárselo con un corte más largo y diferente. El pequeño suavizó el rostro y rió.

-Pasa dentro, hay galletas recién hechas.-comentó con una sonrisa dulce mi pareja.

Él lo observó fijamente y después asintió. Iba cargado con su pequeño hermano y yo caminaba detrás orgulloso de mis hijos menores.

Dentro había preparado un suculento desayuno. No comenté con Phoenix que lo traería a desayunar, tampoco que fuera a quedarse un rato junto a nosotros, pero él había sido previsor. Entonces ese aroma dulce a jazmines me hizo girarme hacia la escalera.

Lentamente desde los primeros peldaños bajaba Jasmine. Su presencia se hacía notar allá donde iba. Era elegante a pesar de comportarse como un adolescente, aunque teniendo en cuenta su edad se podía entender perfectamente. Vestía un hermoso pantalón de cuero que se pegaba a sus piernas como si fuera una segunda piel, llevaba una cadena como cinturón y en la parte superior una blusa blanca holgada y abierta que dejaba ver la camiseta purpura que se ajustaba bien a su cintura. Sus cabellos estaban sueltos y caían por sus hombros y espalda, era la viva imagen de la androginia más perversa. Estaba algo maquillado, pero no en exceso. Contrarrestaba con los jeans anchos de Phoenix y su camiseta blanca con la silueta de Tokio impresa en la parte delantera.

-Querido.-murmuró.-No sabía que de algo tan cascarrabia podría nacer la belleza diminuta que hoy nos acompaña.

-Yo también me alegro de verte Jasmine.-respondí y él rió bajo descendiendo con lentitud.

-Recuerda no te arrugues ni agites, te saldrán canas y arrugas.-comentó mirándose las uñas largas y bien pintadas, cada una de un estilo distinto pero en puro contraste de negro, blanco y púrpura.

-¿Quién es?-interrogó Hero observándolo.

-Yo soy Jasmine dios de la moda de esta ciudad.-dijo alzando uno de sus brazos para darse importancia con un pequeño aspaviento. Hizo una pose muy femenina de diva de películas en blanco y negro, poses que sacaba con naturalidad y sin sobrecargar su personaje.

-Antiguo acosador de tu hermano.-chistó bajo Phoenix cerca de Hero y este rió bajo.

-Así que acosabas a Hizaki.-dijo en voz alta mientras él se aproximaba hacia nosotros para tomarlo del rostro.

-Sí, pero he decidido esperar a que crezcas para acosarte a ti.-respondió con un guiño justo antes de dejar un leve beso en su frente.-Encanto desprendes un aura muy dulce.-murmuró antes de tomar al pequeño en sus brazos.-Ven con el tito Jasmine.

-¿No es raro que te llames Jasmine siendo un chico? Es decir, por muy andrógino que seas es extraño ese nombre.-frunció el ceño y luego sonrió.-¿Es un apodo?

-Sí, así es.-respondió sin importar que había sido algo descortés.

-Hero esas cosas no se preguntan.-le reproché antes de ir hacia la mesa donde se encontraba la cafetera desprendiendo un dulce aroma a café recién hecho.

-¿Y quedarme toda la vida con la duda? ¿A caso crees que mi curiosidad se nutre de aire?-había cruzado sus brazos mientras aquellos dos le acariciaban el cabello.

-Tienes un bonito pelo.-dijo Phoenix.-Te ves más grande que en las fotos que suele mirar tu padre, a veces me las muestra y me cuenta tus pequeñas travesuras. Aunque el más inquieto fue siempre Hizaki.

Hero lo escuchaba atentamente, ya que era un chico metido en su mundo que únicamente contemplaba al resto. Su pasatiempo favorito era observar a las personas que caminaban por la calle e inventarse sus vidas, sus miedos, sus triunfos y fracasos. Después hacía pequeños bocetos de viñetas y me las mostraba totalmente orgulloso de ellas. No sé que podía estar carburando su mente cuando miraba a los hombres que estaban a su alrededor. Eran dos perfectos ejemplos de “lo que es no es”. Parecían frágiles, pero sabía que guardaban almas fuertes con cierto aroma de perversión.

-Me gustan tus manos.-murmuró mi hijo tras unos minutos en silencio. Jasmine seguía inspeccionándolo, pero Phoenix se había dispuesto a servir los café y terminar de preparar la mesa.-Me gustan tus ojos.-él rió bajo abrazándolo.

-A mi me gusta tu galantería, eso es lo único bueno que puedes sacar del viejo ogro de tu padre.-comentó de forma burlona, pero era cierto. Mis dotes de galán era lo único bueno que podía sacar de mí, el resto era carácter agrio y casi demoníaco cuando las cosas no iban bien.-Ten cuidado donde bajas tú la bragueta.-añadió.

-¡Jasmine!-le reprochó Phoenix bastante molesto.

-¿Qué? Espero que sea un Casanova, pero sin fallos.-volvió a besar una de las mejillas de Hero.

-¿Conoces a Olivier?-interrogó.

-Sí, lo conocí personalmente en la boda.-respondió tomándolo de la mano para que lo acompañara a la mesa.-Pero lo conozco más por sus proyectos y por lo que cuenta Hizaki de él.

-¿También te agota hablándote de él? A veces pienso que únicamente piensa en Olivier. Aunque prefiero que sea así a que esté su cráneo hueco y lleno de aire.

Hubo unos pequeños momentos de silencio, pero acabamos carcajeándonos sin poder remediarlo. Inclusive el bebé parecía unirse a nosotros, él aún permanecía aferrado al cuello de Jasmine y a su colgante. Conocía la joyería de donde había salido, de donde había sido adquirido con tan buen ojo clínico. Kamijo conocía bien los gustos de Jasmine, sus caros gustos, y me pidió consejo para encontrar una joyería que vendieran piedras de joyería atractivas sin caer en lo vulgar o en la petulancia.

-Tengo hambre.-comentó Hero sentándose en la mesa mientras nosotros nos acomodábamos en nuestros respectivos asientos.

-No he hecho demasiadas galletas, porque tampoco sabía si vendríais. Pero como vino Jasmine me animé a usar la pasta que había elaborado la noche pasada, aún estaba en la nevera tras reposar y bueno el horno hizo su cometido a tiempo.-aún parecían quemar, estaban realmente recién hechas.

Todos desayunábamos a pesar de ser algo tarde, si bien no nos importaba en absoluto. Tampoco importaba el enfrentamiento con las báscula pasadas unas horas o que nos saciaríamos demasiado para almorzar.

-¿Qué haces aquí Jasmine? Últimamente siempre revoloteas por aquí, espero que todo esté bien. Además tenía entendido que os íbais de viaje.-comenté sin más, estaba preocupado por él y por su pareja.

-Sí, de hecho estaré en unas horas en París, con Kamijo. El problema de Hizaki de la otra noche lo retrasó, tuvo que quedarse esperando que alguien se hiciera cargo.-dijo algo nervioso.-Sé que me guarda una sorpresa, así que me ha enviado para acá con uno de sus escoltas.-se mordisqueó el labio inferior.-Dice que si estoy junto a él acabaré averiguándolo y destrozando lo que ha preparado.-luego me miró directamente a los ojos.-¿Qué consejo le has dado?-preguntó de forma directa y paralizante.

-¿Yo? No recuerdo que le haya dado algún consejo.-obviamente mentía, pero mis mentiras siempre parecían ser ciertas.

-No te creo, pero no puedo hacer que digas algo que no quieres.-suspiró.-Quiero saber que me ha comprado Kamijo o qué ha organizado.

-Seguro que te quiere pedir matrimonio.-murmuró mi hijo como si nada.

-No.-dijo dejando su taza en la mesa.-No es eso, porque yo ya he pasado por un matrimonio arruinado y él sufrió demasiado con la muerte de su esposa. No creo que me pida casarnos, hemos sido desgraciados al contraer matrimonio y siempre pienso que el destino lo tiene todo previsto.-murmuró.

Pero no era del todo cierto. Sabía que Kamijo quería pedirle matrimonio. Tal vez retrasó todo porque no estaba todo a punto en París como él había previsto. Era un quisquilloso y a veces tan maniático que podía llegar a ser molesto. Quería que todo fuera perfecto. Era de suponer, no quería que le rechazaran.

Hero se quedó como ausente al escuchar aquello. Creo que la vida que había imaginado de Jasmine, tal vez algo frívola, se había empañado un tanto. Por supuesto, él sabía bien del dolor de un matrimonio roto, a ser sólo un niño. Él vivió mi divorcio con su madre y sabía que algunas imágenes aún eran bastante nítidas.

Phoenix únicamente tomó la mano de Jasmine aquella que tenía libre sobre la mesa, la otra aún sostenía el cuerpo frágil del pequeño Jun.

Yo simplemente tomé aire intentando olvidar la historia que existía tras el nombre Jasmine, todo lo que envolvía exquisitamente su historia de terror. Todos teníamos un pasado oculto, siempre lo he dicho y lo reitero, y algunos tienen momentos demasiado escabrosos que no deben ser recordados. ¿Para qué avivar todo? ¿Para qué un dolor innecesario? ¿Para qué?

-Debo irme.-dijo Jasmine levantándose de la mesa tras mirar su móvil.-En una hora embarcamos, yo pasé a despedirme de Phoenix.-comentó girándose para besar la mejilla de Hero.-Cuídate mucho pequeño y vosotros también.-dejó a Jun dormido en los brazos de Phoenix y caminó hacia la puerta.

-Espera, te acompaño.-dije intentando ser caballeroso, a pesar de que aún no terminaba de perdonarme.

-No, yo puedo ir solo.-respondió girándose con una sonrisa que a veces parecía ser perenne en su rostro.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt