Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 15 de noviembre de 2015

Haz bondad

Daniel Molloy me ha dado éste texto para subirlo a la web. Me ha pedido que lo hiciera urgentemente en éste día. Como periodista quizás sabe más que todos nosotros lo que es informar, transmitir y hablar a otros. Incluso yo me siento a veces saturado y no sé como explicar lo que siento, pero él sabe poner cada coma en su lugar.

Lestat de Lioncourt


Convirtieron el caos en religión y la religión fue absorbida de nuevo por sus inicios. La nebulosa rojiza que penetró, como pequeñas agujas, en el cuerpo de Akasha dio paso a una diosa peligrosa sedienta de sangre y poder. La misma diosa que cubierta de pecado, ambición y equívocos pensamientos creó numerosos guerreros para que extendieran su reino a lo largo de los senderos de arena, el refrescante Nilo y los diversos mares y océanos. Se convirtió en un monumento a la verdad absoluta, el poder y la belleza eterna. Venerada, amada y temida se encumbró como la única luz en la oscuridad.

Durante cientos de años fue tomada como emblema de una estirpe de condenados. Se ocultaba del sol para evitar la muerte, como si fuese una gigantesca plaga, de sus primeros soldados y descendientes. Los guerreros de la Reina Akasha se guarecían en gigantescos árboles, venerados como dioses de distintas tribus, impartiendo justicia entre los pecadores. Otros, como no, seguían caminando por el mundo, completamente sedientos y descontrolados, buscando un refugio para alzar su voz y ser temidos. Algunos iniciaron religiones sangrientas llenas de sacrificios humanos, como Azim, otros decidieron ser bondadosos y complacientes como Avicus. Cyril, por ejemplo, decidió rondar el mundo en busca de un destino, de algo que entretuviese su mente intranquila y su alma torturada, usando largos periodos de descanso bajo las ciudades que visitaba.

La primera Quema mató a muchos jóvenes, provocando que sólo los más antiguos sobrevivieran convertidos en huesos oscuros o piel terriblemente quemada. Ella fue expuesta al sol, mostrada como si fuese un objeto maldito que debe ser destruido, junto a su consorte, Enkil, durante todo un día. A lo largo y ancho del mundo cientos de hombres y mujeres, seres de la oscuridad, sintieron el sol como si estuviese bajo sus cabezas. Muchos gritaron en mitad de la noche, otros golpearon con rabia y dolor los gruesos troncos de los árboles, hay quienes intentaron calmar aquel drama hundiéndose en el mar... ¡La Sangre ardía! ¡Ellos ardían!

La segunda Quema fue cuando ella despertó. Un joven vampiro decidió mostrarle al mundo entero la verdad, un secreto que se había ocultado por supervivencia y miedo, a todos los demás que jamás habían escuchado tales testimonios. Se convirtió en un héroe, pero también en un proscrito. Muchos deseaban eliminarlo, pero la mayoría fueron sentenciados a muerte. La Reina Akasha, La Madre, lo protegía y se alzó como una fiera, igual que una leona protege a su cría, contra todo aquel que deseaba matar a su nuevo consorte, pues Enkil había perecido en sus brazos.

La vieja guerra volvió, la fe convertida en venganza surgió con fuerza y agitó los cimientos de ésta era tecnológica y ligeramente artificial. Los focos del escenario temblaron, estallaron y se convirtieron en el símbolo del desastre. Muchos jóvenes estallaban en llamas, otros corrían sintiéndose pequeñas hormigas que eran señaladas con una gigantesca lupa y miles, en todo el mundo, lloraban heridas, morían sin poder siquiera salir de su ataúd o despertarse de su largo y próspero sueño. El regreso de La Reina nos narró una historia de venganzas palaciegas, mentiras y corrupción así como un pequeño gesto de amor, bondad y respeto que se convirtió en el inicio, en el Germen, tras un ataque de una neblina rojiza llamada Amel.

Aquel espíritu vengativo estaba uniéndonos a todos, poseía vida dentro de ella aunque muy débil. Él comenzó a cobrar conciencia cuando ella despertó, pero eso no lo sabíamos. Y, cuando él tuvo fuerzas suficiente, más allá de balbucear algunas simples palabras, la siguiente Quema se inició. La Tercera Quema arrasó la noche durante semanas, iniciando focos en Brasil, India y diversos lugares de Europa. Los jóvenes ardían de nuevo. Muchos antiguos eran usados como viejos soldados que entraban en guerra mientras una voz, suave y testaruda, pedía que murieran en su nombre, por su dolor y poder.

Los seres humanos también están matando ahora. Matan en nombre de un Dios que dice hablarles, pero sólo es su ambición, estupidez y peligrosos deseos políticos que se envuelven en religión. Las verdaderas religiones fueron creadas para mostrarle al hombre la piedad, bondad, respeto, superioridad y comprensión. El hombre no era perfecto, por eso creó a Dios. Deseaba que alguien superior le mostrase el camino a seguir y, de ese modo, mejorar su vida, así como la de los suyos, pero la sed belicosa de los distintos pueblos, el deseo insaciable de llevar la razón, los convirtió en monstruos. Mataron en nombre del Dios cristiano en las viejas guerras, del mismo modo que mataron a su profeta los judíos creando esa religión cristiana, y así matan ahora, indiscriminadamente, en nombre del Dios musulmán. Mentira. Todo es mentira. Son actos crueles de personas manipuladas por el poder político y económico, pues las guerras generan dinero y éste es necesario en una sociedad capitalista. El soporte económico de éstos malditos grupos de asesinos, torturadores y tercos está en Estados Unidos. La represión, el odio, la violencia, las bombas cayendo sobre territorio musulmán generó el odio y las armas provienen de intereses armamentísticos de ese país, cuna de las libertades y las balas fáciles, así como de Europa. Nos venden miedo y compramos protección, regalamos odio y el mundo yace en ruinas, sangre y dolor.

Nosotros los vampiros nos hemos unido, sin importar nuestros orígenes, ¿por qué no lo hacen ustedes? Unan sus manos sin importar sus religiones, recen con fe aunque no sea a un Dios, y respondan con palabras sabias a las mentiras, odio y venganza que están plantando en sus corazones. Y, por favor, no olviden las víctimas de todas las guerras. A veces siento que sólo hiere cuando son atacados países occidentales, como si los orientales no sufrieran. Todos sufren.

Quien guarda rencor, responde con odio, muestra rabia e indignación en vez de palabras justas, bondad y lazos de hermandad. Quien rechaza y sólo ve sus miserias, aquellos que no son capaces de pensar que también son víctimas los musulmanes, pues atacan usando su cultura y su fe, está ciego y equivocado. Ustedes son parte de La Tribu, La Familia Humana de Maharet y Khayman, y deben aprender a convivir, respetarse y no atacar desde la venganza. Y ésto, compañeros mortales, se aplica a todos sus actos. Quien posee odio en sus corazones, quien sabe que actúa mal, se pudre y se convierte en desperdicio. Haz el amor, posee integridad y sigue tu honor. Sé un ejemplo de buena voluntad y no de estupidez, mediocridad y odio.


domingo, 8 de noviembre de 2015

Revolución

Daniel Molloy habla aquí de los miedos y como evitan revoluciones. 

Lestat de Lioncourt 


Los miedos son un lastre que nos evita seguir hacia delante. Conozco bien la sensación de querer huir y esconderse en una trinchera, esperar que la guerra pase y rezar porque sea rápido. Intentas evadirte, evitar enfrentamientos y lágrimas. Aceptas las explosiones y metralla como algo más de la vida, pero a la vez curas tus heridas alejado de todos y sin queja alguna. Es aceptar unas cadenas que no te pertenecen y terminan hiriéndote en lo más profundo. El miedo es lo peor que puedes tener, pues coartan tu libertad y tu deseo de superarte. Los miedos son asesinos de la creatividad y las mentes brillantes, castigo injusto y peligrosos aliados.

Hay quines tienen miedo a decir lo que piensan porque temen ser castigados con la diabólica soledad. Ésta sociedad te juzga en pocos segundos y te clasifica. Evidentemente es un lugar competitivo y todos quieren ser líderes, aunque no posean cualidades. Nadie quiere ser un borrego más en la manada. Sin embargo, terminamos siéndolo al intentar agradar a otros. Somos animales sociales y buscamos el confort. Aunque hay quienes salen de ese círculo de confort, por mucho que desee ser amado, porque sus mentes son inquietas y aún más sus lenguas. Un claro ejemplo es Lestat.

¿Cuántas veces hemos visto a Lestat quedarse de brazos cruzados ante una posible disputa? Las discusiones son frecuentes, las guerras internas que posee su alma son insaciables y es un monstruo imposible de contener. Ha experimentado consigo mismo y los límites de la eternidad. Sus palabras han movido el corazón de miles, ha logrado inspirar a artistas y ha invocado a seres diferentes de ésta, tuya y nuestra, tribu.

La revolución son actos y palabras, ideas que surgen y germinan en corazones dispuestos a todo. El miedo puede que devore muchos sueños, pero hay soñadores que no permiten quedarse estancados. Siempre habrá alguien que hable mal a tus espaldas, personas sin valores que detesten que tú poseas cierto orgullo y gente sin honor que se dediquen a humillar a otras buscando la fama fácil. Hay quienes se han labrado un nombre en éste mundo gracias a guerras, mentiras y programas de televisión donde despiezan a otros como cadáveres. También tenemos el ejemplo perfecto en páginas de las diversas redes sociales. Actualmente los gobiernos están controlando más y más la información, evitando éstos casos pero también a las personas que intentan abrir una brecha. El problema no es la falta de legislación, sino la falta de educación. Muchos buscan guerras con otros en vez de abrir guerras consigo mismo.


La verdad prevalece, lo justo acaba convirtiéndose en algo esencial y lo demás, que son las mentiras y la falta de honor, acaba destrozando el alma de aquellos que inician miedos, sacuden los cimientos ajenos o provocan aversión. Hay que salvarnos de los miedos y de aquellos que los crean. Debemos olvidarnos de la opinión ajena, sacrificar consejos y arriesgarnos. Quien no arriesga no gana. No se puede vivir con supuestos y remordimientos de no haber vivido lo suficiente.  

lunes, 29 de junio de 2015

La voz de la tribu - Emisión 3

Tercera emisión de "La Voz de la Tribu". Ésta vez el invitado es Armand. La transcripción de lo ocurrido como siempre es gracias a Daniel Molloy.

Lestat de Lioncourt


La noche había comenzado. La entrevista se llevaría a cabo con cierta tensión en el ambiente. En la planta inferior se hallaba Marius. Había decidido asistir debido a la curiosidad que suscitaba para él, como para otros, la presencia de Armand en la sala de emisión. Allí se mascaría la tragedia. El viejo líder de la Secta Parisina, el mismo que encumbró el Teatro de los Vampiros hacia lo grotesco gracias a las obras de Nicolas, y el mismo que decidió inmolarse al sol como muestra de su fe, por frágil y dolorosa que fuese para él, estaba dispuesto a dejar nuevamente su alma a la vista.

David Talbot se encontraba sentado ya en su lugar habitual, Benjamín observaba los documentos que éste le había ofrecido. Había noticias sobre la reconstrucción y mejora de la zona donde habían vivido Khayman y las Gemelas. También deseaba abrir cierto debate, el cual quizás podría dejarse aplazado, y eso le emocionaba. Tenía material por si la entrevista quedaba escasa debido a la negativa de Armand de hablar de ciertos temas. Siempre había sido esquivo para narrar sus sentimientos. Podía parecer que destrozaba su frágil pose de niño atormentado y mostraba al monstruo, pero tras el monstruo había algo más. Él sabía parte de sus revelaciones, aunque desconocía que era lo que realmente podía sentir aquel ser que tanto amaba. Pues, pese a sus discusiones, sentía un amor inconmensurable por quien fue el querubín de su Amo.

Daniel Molloy se hallaba en la cabina. Frente a él estaba el trabajo habitual, esperándole en silencio, mientras reflexionaba sobre todo lo que había vivido a lo largo de las escasas décadas que tenía de vida. Ver la figura de Armand entre aquellos dos inmortales, David y Benjamín, le provocaba ciertos sentimientos que se encontraban unos contra otros como si fueran lobos hambrientos. Su ropa era informal, como siempre, pero el resto estaba vestido de gala. Armand llevaba una chaqueta celeste y una camisa blanca con un pañuelo a juego. Benjamín y David llevaban ambos trajes negros, sin corbata y con camisas grises. El más joven de todos, Benjamín, llevaba además su habitual sombrero.

Sybelle y Antoine estaban vestidos ambos de blanco, sentados ante el impresionante piano de color negro. El violín del músico se hallaba entre sus brazos, tomándolo con cariño, esperando que ella comenzara a tocar casi al unísono que la emisión comenzaba. Parecían tranquilos, pero el resto no lo estaba. Las preguntas podían ser dolorosas.

La emisión comenzó con una música tranquila, deliciosa al oído, mientras Armand cerraba los ojos dejándose llevar por las notas. La paz de su rostro era muy distinta a la de su alma, aunque comenzaba a dejar que su nerviosismo se evaporara.

—Buenas noches a todos los mortales e inmortales que nos sintonizan—dijo Benjamín dando paso al inicio del programa—. Bienvenidos hijos de la noche, hermanos y hermanas, compañeros de una tribu que va más allá de la Sangre y el misterio que aún nos protege—añadió mientras se acomodaba en su sillón ejecutivo—. Hoy contamos con un viejo compañero, un inmortal que todos conocen de algún modo, y que despierta odio y amor a partes iguales—susurró mirando de reojo a Armand, el cual abrió sus enormes ojos castaños y tomó conciencia que la entrevista era inevitable—. Bienvenido, siéntete como en tu casa.

—Es mi edificio, Benji—respondió—. Por ende es mi casa.

—No empiecen a discutir—intervino David con un tono sosegado y amable—. Es para mí un placer entrevistarte de nuevo y poder hablar contigo. No tomes esto como una entrevista, por favor. Tómalo como una charla—expresó estirando su mano derecha hacia la zurda del querubín de Marius.

—Me gustaría preguntarte por muchas cosas—dijo Benjamín colocándose mejor el sombrero—. Sobre todo por tu acercamiento hacia la religión en los últimos años.

—Siempre he sido próximo a la religión—afirmó de inmediato—. No tengo reparos en afirmar que creo en Dios, en nuestro Señor Jesús y en los milagros que ha ejercido para la humanidad. Sin embargo, sé que la labor de la religión se ha visto empañada, vilipendiada y hundida por los malos actos, viles e innecesarios, de los sacerdotes y monjes durante siglos—expresó con calma mientras intentaba exponer sus sentimientos, muy enfrentados, ante aquello que estaba a punto de decir—. No sé si Lestat vio a Jesús, tampoco sé si habló con el Diablo. A día de hoy no sé si existen manifestaciones claras de todo lo que mi buen amigo Lestat, enemigo en otros tiempos, dijo que vio y oyó—se echó hacia delante y habló con contundencia—. Creo y no necesito que otros crean por mí, cambien sus pensamientos ésta noche o se sientan intimidados porque tengo fe.

—La fe es importante—la voz de David volvió a hacerse presente—. ¿Tienes fe en el futuro que tenemos frente a nosotros?—preguntó soltando su mano, permitiendo que Armand volviese a estar solo aunque se sentía acompañado, calmado y satisfecho. La música era cada vez más rápida y precisa, provocando que él la siguiera con una sonrisa llena de amor. El viejo director de la Talamasca recordaba el cuadro donde él estaba representado con aquellas terribles alas negras. Al recordarlo se emocionó, pero intentó que no se apreciara.

—A veces quiero creer que no todo es blanco o negro, sino que existen matices—aquellas palabras hicieron que Benjamín se riera ligeramente, cosa que provocó que Armand le mirara con cierta molestia—. Pero me cuesta. Del mismo modo que le costaría a cualquiera que hubiese sido adoctrinado desde niño en la fe, en el miedo y la oscuridad. Durante mi época con Marius tuve fe, pero no era una fe religiosa. Sé que ahora puedo tener esa fe hacia Amel, pero sé que no todo es color de rosa. En el mundo siempre habrá problemas y tendremos que luchar contra éstos—indicó.

Sus largos cabellos cobrizos, con reflejos tan rojos como el fuego, le ofrecían un aspecto delicado y delicioso. Realmente era atractivo. Sus mejillas llenas, sus labios carnosos, ese mentón suave y la piel de porcelana con las mejillas sonrosadas, pues tenía un aspecto muy humano desde su exposición al sol, le hacían ser atractivo e irresistible. Daniel lo observaba con cariño, respeto y miedo. Todavía recordaba las disputas que habían acrecentado la brecha entre ellos, tan profunda como terrible, hasta que los convirtió en dos continentes distintos. Ahora, con el paso de los años, intentaban limar asperezas y acercarse uno a la postura del otro.

—Armand, ¿qué sientes por Lestat?—preguntó David.

—Lo mismo que sientes tú por él. Siento un amor profundo, pero no ciego. Sé cuando comete errores y cuando se está equivocando inevitablemente. Aunque acepto que muchos de esos errores terminaron siendo aciertos, fue mejor que él se equivocara y todos comprendiéramos los límites de nuestra existencia—expresó con cariño, pues sus labios estaban curvados en una dulce sonrisa—. Le quiero y deseo pensar que él también me quiere.

—¿Qué sientes hacia las afirmaciones de Rhosh hacia ti? Te odia—indicó Benjamín—. ¿Comprendes el motivo de su odio?

—Desconozco todos los motivos, pero quizás es porque muchos de sus creados terminaron bajo mis órdenes. Comprendo que debió ser terrible para ellos, pero ellos decidieron escucharme. Yo soy una víctima, al igual que ellos—contestó recordando las palabras de odio, las miradas de asco y el sentimiento, ese que desbordaba la sala, cuando ambos se cruzaban—. ¿Él me odia? Bien por él. Espero que ese odio le ofrezca mejores resultados que el odio que otros tuvieron hacia mí, odio que se ha ido disipando dejando tan sólo amor. Además, no se puede odiar algo que no se ha amado. Él no me odia, él me guarda rencor por un hecho que aún no llega a comprender. Necesito conversar con él, que comprenda mis sentimientos y yo comprender los suyos—el joven vampiro asentía ante su compañero.

—¿Qué sientes hacia Daniel Molloy?—aquella pregunta que lanzó David Talbot fue terrible para él. Una brecha se abrió en su corazón y logró que bajase la mirada. Por unos momentos deseó huir—. Si lo deseas no contestes.

—Admito que te mentí—dijo—. Me daba miedo aceptar que le quería y le había hecho tanto daño. Sin embargo, no sé si ese amor trasciende a un amor romántico o de otro tipo. Sólo sé que no le haría daño jamás y que fue terrible para mí ver como enloquecía—apretó sus manos sobre el borde de la mesa y alzó la vista hacia donde se hallaba el joven, el periodista, el muchacho que tanto amó y que persiguió por medio mundo.

Daniel lo miraba sin rastro de odio. Tan sólo quería aceptar esas palabras como una compensación por su anterior discurso en sus memorias. Deseaba escuchar estas y no que no le interesaba, que fue un error y que deseaba pasar página.

—¿Y sobre Marius? ¿También has mentido?—preguntó Benjamín.

—Nunca. Sigo queriéndole y esperando que venga a por mí, ¿no es iluso? Es terrible sentir que no le importas lo suficiente—susurró.

Marius de improvisto abrió la puerta del estudio, se personó allí frente a todos y le miró con cierta cólera. No estaba molesto consigo mismo por haberse alejado de Armand, sino con Armand por decir que no parecía mostrar interés sobre él. Daniel de inmediato lo tomó del brazo jalándolo hacia el interior de la cabina donde lograba hacer llegar la emisión a Internet, pero también transcribía rápidamente cada hecho reseñable.

—Imbécil—masculló.

—No, Marius. Acepta que has dejado a tu creación muchos años desamparado...—aquellas palabras causaron cierto efecto en Marius. El imponente inmortal apretó los puños y suspiró molesto—. Bufar como un gato no te servirá de nada—indicó—. Deberías hablar en privado con tu querubín—rió bajo y le miró directamente a los ojos—. Te amo y él también. Te amamos todos, pero acepta que cometes errores y debes aprender de ellos. Sin embargo, no puedo evitar amarte y estar agradecido—dijo tomándolo del brazo derecho, tirando suave de él, para que se sentara a su lado.

—Como decía—dijo Armand tras un profundo silencio al igual que el resto, salvo por los músicos,—le amo. Amo sus virtudes y defectos. He aprendido a convivir con mis sueños e ideales depositados en él, así como con la realidad maravillosa de su arte, sus conversaciones y convicciones. No soy lo que él esperaba. No soy su mejor compañero. No soy lo que él necesita. Pero a la vez soy lo que él estaba buscando. Soy la pieza que encaja en su alma y él lo sabe. Con eso tengo bastante. No me importa no vivir con él. Tampoco me hace daño saber que no soy fundamental en su vida. Ya he aprendido—el pelirrojo miraba al milenario romano que negaba tajante cada palabra. Daniel tenía razón: ellos debían hablar.

—¿Habéis hablado Louis y tú de la confesión sobre la muerte de Claudia?—la voz de David hizo que Armand dejase de mirar a Marius y se centrase en su joven amigo.

—Es un tema peliagudo y doloroso para Louis. Por supuesto que no—dijo.

—¿Y con Lestat?—insistió en el tema Benjamín.

—No—respondió tajante.

—¿Qué suele hacer para relajarte? Antes hacías experimentos con las nuevas tecnologías, ¿sigues haciéndolo?—preguntó David mientras se relajaba en su asiento.

—Sí, pero también mantengo mis numerosos negocios y escribo, junto a Gregory, una guía para pasar desapercibidos ante los mortales—aquello le hacía ilusión. Era una forma de colaborar con un ser excepcional que le había despertado cierta admiración.

—Mi última pregunta, Armand—comentó David—. ¿Por qué discutes tanto con Benjamín?—el joven lo miró deshubicado. Esa pregunta no estaba programada.

—Porque no comprende del todo lo que yo he vivido. Entiendo que mi época sea distinta a la suya—explicó—. No me duele discutir mientras él siga comprendiendo que le amo. No he dejado de amarle ni un sólo minuto. Siempre he velado por su bien.

—Nunca lo olvidaré—susurró visiblemente emocionado—. Creo que la entrevista podemos darla por finalizada, ¿no creéis?—dijo.

—Sí, por mí sí—murmuró Armand inclinándose hacia Benjamín para depositar un tierno beso en su mejilla—. Me encanta esa pose de hombre intelectual que posees, pues me demuestras que he logrado que seas un joven con unos conocimientos que van más allá de lo habitual—le quitó el sombrero y acarició sus espesos, y ondulados, mechones negros. Él joven no dijo nada y se dedicó a aceptar esas caricias con cierto agrado.

—Ahora las noticias—dijo David—. Tienen disponibles en la web la transcripción de las anteriores emisiones, así como el último texto que ha subido Daniel. Habla precisamente del amor. Como sabrán en todo el mundo se está celebrando la visibilidad del amor sin límites, barreras y estigmas. Por eso mismo él decidió reflexionar sobre un tema tan importante para nosotros, como para vosotros—expresó—. Hay una noticia importante que pronto desvelaremos, en próximas emisiones, pero de momento debo decirles que se ha concluido las obras de la vivienda de Khayman y las Gemelas, así como se destinará una misa pequeña por su muerte, por los casi dos años de su pérdida, en la pequeña capilla del castillo de Lestat. Están todos invitados hasta completar el aforo.

—Así es—intervino Benjamín que aún era acariciado y mimado por quien fue su Dybbuk, un ángel oscuro al que rezaba para que lo salvara de la miseria y el dolor—. También adelantamos que Cyril estará con nosotros en breve, así como Avicus. Si bien no hay fecha todavía en la agenda del programa, aunque sí para Louis. La semana próxima lo tendremos con nosotros. ¡No se lo pierdan!—dijo antes de permitir que la música ascendiera y se convirtiera en una revolución.

La entrevista había acabado y ya sólo quedaba mantenerse a la espera para conversar con aquellos que habían estado atentos a la emisión, a los cuales dejaba habitualmente entrar en directo. El resto se marchó de la sala, incluyendo a Marius, dejando a Benjamín al mando de todo junto a los dos músicos inmortales.



lunes, 25 de mayo de 2015

Amistad

—¿Alguna vez serás responsable de tus actos?—preguntó mirándome con cierto desafío en sus ojos.

—Quizás—dije tras una honda carcajada. No podía evitarlo. Me divertía.

Era divertido ver esa expresión de furia contenida. Me agradaba su nuevo rostro, pero en sus ojos podía ver al hombre sereno de mirada cansada y cabellos canosos. Sabio entre los sabios. Siempre fue un oponente digno de cualquiera. Salvo yo. Yo no podía ser su oponente. No sabía enfrentarme a él y tampoco quería hacerlo. Era imposible. Formábamos una dualidad perfecta y una amalgama de sensaciones se mezclaban cuando recordaba nuestro pasado.

—¡Lestat!—exclamó—. Intento ser razonable.

—Pero ser razonable no es divertido mon ami—susurré meneando suavemente la cabeza hacia ambos lados—. ¿O te lo parece a ti?

—En la vida no todo es diversión—reclamó.

—Oh... pero ¿qué sería de la vida sin ella? Nada. Sería como éste Jardín Salvaje sin nuestras hermosas rosas de sangre—murmuré—. ¿Qué sería de la oscuridad sin los peligros que entraña? Es seductor ese peligro, al igual que lo es un demonio provocador que te lanza miradas aduladoras y te dice que te pondrá a tus pies mil imperios—sonreí sentándome en uno de mis maravillosos divanes. Amaba esos divanes. Siempre he adorado mi refinado gusto al elegir los muebles más ornamentados de mi época. Los anticuarios saben como adularme con joyas como esas cuando los visito. Me conocen bien.

—No te desvíes del tema—dijo señalándome con su dedo acusador, como si fuese Dios y yo un cordero fuera de su rebaño.

—Te comportas como si fueses mi padre—respondí exasperado.

—Porque tú eres peor que un niño—suspiró derrotado tomando asiento a mi lado.

De inmediato me incorporé abrazándolo. Me deshice de su corbata rápidamente, desabroché algunos botones de su camisa de seda blanca y colé mi mano derecha por el hueco de ésta. Mis dedos acariciaron su acaramelada piel y mis labios besaron su cuello, cerca del lóbulo de su oreja, mientras su zurda me acariciaba parcialmente el rostro.

—Amo como late tu corazón, pues latirá eternamente y sé que pase lo que pase, suceda lo que suceda, éste corazón latirá a mi lado defendiéndome. Tú eres un buen amigo—susurré en su oído, para luego ofrecerle un beso breve en la mejilla—. Te quiero David. Eres perfecto y maravilloso. No sabría que hacer sin tu buen juicio.

—Posiblemente volverías a pedir que te llevasen al infierno, para luchar contra ese ente que se hace llamar Memnoch—respondió cansado.

—Es posible... O pedir un nuevo cambio de cuerpo.


Él se echó a reír cambiando su expresión por completo. Se giró hacia mí y me miró a los ojos perdiéndose en ellos por un instante. Discutir en unos momentos como aquellos no era bueno. Dividirnos no era lo oportuno. Teníamos que unirnos. Debíamos ser una tribu.


Lestat de Lioncourt  

domingo, 26 de abril de 2015

It's my life

—Me gustas porque siempre has quebrado todas las reglas. Ahora puedo comprenderte mejor. Somos uno. Estamos unidos—decía mientras miraba por el retrovisor de mi Lamborghini.

—¿Quieres callarte? Tu parloteo a veces es insufrible—mascullé apretando los dientes.

Tenía varias llamadas perdidas, un par de mensajes de mi hijo y una cita importante. Debía acudir a una reunión. Si alguna vez me sentí realmente maldito, cosa que habitualmente decía emitiendo una potente carcajada burlándome de todo y todos, era en ese momento. Comenzaba a comprender lo pesada que podría ser una inexistente corona. Mis cabellos alborotándose gracias al viento húmedo y cálido de Nueva Orleans.

Había regresado allí. Ni siquiera sabía bien porqué. Estaba bien en mi castillo, ¿no era así? Además, el arquitecto solía precisar mi ayuda para la remodelar las nuevas salas que había pedido imperiosamente que hiciese con rapidez. Sin embargo, había viajado por los aries, acariciando las nubes y contemplando las estrellas, sin importarme nada. Sólo viajé. Informé a mis abogados del viaje una vez en la ciudad que fue mi renacimiento, mi cementerio y mi hogar durante algunas décadas. Exigí que me tuviesen un deportivo preparado y una habitación de hotel. Nada más. Tenía que reunirme con todos. Deseaba volver a ver a los viejos amigos.

—¿Otra vez hablando con él?—preguntó abrochándose el cinturón—. Lestat...

—Louis, por favor, ni preguntes—chisté arrancando el deportivo.

Él había decidido venir a vivir conmigo. Ni siquiera sabía porque era mi sombra. Quizás porque yo le preocupaba. Pero a mí me preocupaba más el destino de todos nosotros que mi propia vida. Siempre la había expuesto. Disfrutaba enormemente viviendo al límite. Él lo sabía. Tenía que saberlo. Era una estupidez pensar que iba a cambiar y centrarme. Con ese idiota hablándome cada cinco segundos, haciéndose notar, era imposible que hiciese algo racional de vez en cuando. Ahora no soy el mismo. Siempre termino cambiando. Me muevo por instinto y, en ésta época, me he convertido en un animal salvaje que busca disfrutar de un nuevo comienzo.

—Conduce entonces—dijo mirando hacia el frente.

Me quedé observándolo unos segundos. Apreciaba su aspecto tan humano. Pese a su piel pálida y sus ojos verdes, tan iridiscentes, tenía una magia que lo envolvía con una desazón tentadora. Poseía una pose humana, un envoltorio perfecto, pese a que ya era un ser tan poderoso como vampiros más antiguos. Sus manos estaban ligeramente colocadas sobre sus muslos. Llevaba un traje oscuro, una camisa blanca desabotonada y un chaleco verde botella que apenas se apreciaba al tener la chaqueta cerrada. Eterno y elegante filósofo. Eso era Louis. Un ser eterno que siempre vestiría impecable en cualquier circunstancia.

Por mi parte, como no, había decidido usar mi chaqueta roja y una camisa blanca. Llevaba mis lentes rosáceos en la cabeza, como si fueran mi apreciada corona invisible, y unos jeans desgastados con unas botas algo sucias. No era la mejor imagen, pero ¿importaba? Creo que no le importaba a nadie ya como vistiera. Podía ser el líder de todos, el Príncipe de los Vampiros, pero no tenía porque ser un aburrido estirado o vestir como un hombre de negocios. Me gustaba la comodidad. Era un ser de acción. Los trajes formales sólo le quedan bien a James Bond.

La reunión sería en una de mis viejas propiedades. Volvería a ver a seres como Gremt, ese espíritu que decidió ser parte de éste mundo de una forma muy distinta a Amel, y a viejos amigos, así como nuevos conocidos. Estaba dispuesto a poner en orden algunos temas y aclarar ciertas circunstancias que se iban prologando con el tiempo. Mientras conducía Bon Jovi sonaba en el reproductor. Louis sólo se movía intranquilo. En uno de los semáforos me tomó del rostro y me besó. Fue un beso breve, pero parecía pedirme calma. Era como una pequeña promesa que se hacía a sí mismo. Promesa que podría ser soportarme, por supuesto, y no terminar provocando un incendio dentro del vehículo.

Me aparté de él, aceleré el vehículo y permití que el aire cálido arrastrara nuestros cabellos hacia atrás. Mi castillo empezaba a ser un lugar de recreo para vampiros, cuando en realidad era mi guarida y un refugio para curar las cicatrices que me ofreció la vida, mortal e inmortal, pero en esos momentos todos guardaban pequeños tesoros entre lo que que fue tan sólo viejas ruinas. Por eso había apartado la atención de él. Yo nunca quise ser el líder de ninguna tribu, pero ya lo era. Era parte de ese juego y Louis sabía mi inconformidad. Pero quien mejor lo conocía era Amel, pese a que estaba encantado con formar parte de mí y de la historia de nuestro pueblo.

—Lestat, la mansión estaba en la calle anterior a éste cruce—dijo percatándose que estaba huyendo de mi responsabilidad—Les...

—Ya lo sé—respondí—. Hoy los esquivaremos. Iremos donde queramos. No tenemos porque reunirnos en éste preciso instante. Puede postergarse una noche. Sólo unas horas, Louis. Nadie saldrá herido—le guiñé y él se remolinó en el asiento, frunciendo el ceño y torciendo el gesto.

—Irresponsable.


—¡Siempre!—grité pulsando el reproductor para aumentar el volumen de mi estruendosa música rock.  

viernes, 17 de abril de 2015

Proyectos, ideales y honor

Benji sin duda es uno de los más inteligentes de nuestra "tribu". Una tribu en la cual no estamos solos los vampiros. Es un intelectual y un hombre de principios. No importa su aspecto. Tampoco que fuese creado cuando era un niño. Lo importante es que él ha logrado iniciar una rebelión y una información cercana sobre los hechos que hemos vivido. 

Lestat de Lioncourt


Siempre me pareció interesante el fenómeno de las ondas de radio. Despertaban en mí cierta curiosidad que ni de lejos era una etapa. Cuando era niño suponían algo más importante que la prensa escrita y, todavía, eran fundamentales en la vida cotidiana. Poco a poco se ha ido relegando a un plano más que secundario. Las sombras engulleron a la radio y la hicieron desaparecer, salvo en los largos trayectos de coche y en nostálgicos que conectaban, a través de todo el mundo, vía Internet.

Conozco a quienes jamás pensaron que nos pudiésemos conectar de ese modo. La música prácticamente era creada para agasajar a la afortunada corte, momentos de guerra o obra del diablo. La lluvia era la única melodía que ellos podían escuchar de forma cotidiana, así como las aves o el viento colándose entre las ramas. La invención de la radio supuso un cambio brusco en sus pensamientos, así como en las comunicaciones. Radio, televisión, teléfono y periódicos son inventos que nos unen a pesar de la distancia. Y, hoy en día, Internet es fundamental porque alberga a los anteriores en el culmen perfecto de tecnología al servicio de la comunicación.

Decidí que, además de mis múltiples negocios en hostelería y tiendas de ropa masculina, debía invertir en algo que nos hiciese felices y próximos. Estábamos diseminados. Como dice ocasionalmente mi compañero Armand: como niños perdidos.

Creé la primera radio para vampiros que emitía en unas frecuencias que ningún mortal podría captar, pero algunos inmortales eran incapaces de acceder. Los más jóvenes, y menos poderosos, se veían sordos ante las noticias, música y debates que proponía. Por eso, gracias enorme desarrollo de Internet, creé una plataforma vía web y desde Nueva York emito a diario.

Muchos creen que sólo es un juego. Los mortales me han escuchado y creen que yo mismo imito las voces, invento las noticias y recreo un mundo imaginario fabuloso, rico en detalles y muy creativo. Mentira. La triste situación actual de los vampiros, y las terroríficas Quemas, son actos reales. Tal vez mi dulce apariencia les hace pensar algo radicalmente distinto, pero ¿no les parece extraño que no envejezca como debiera? No llego al metro sesenta. Tengo la piel de un niño y los rasgos de un adolescente. Sin embargo, con la pose adecuada y las mentiras justas puedo ser el hombre que desean como comensal, el amigo ingenioso para trasnochar y un amante indiscreto que, habitualmente, se marcha mucho antes de saber qué ocurrió realmente entre los dos.

Aún vivimos en el escepticismo y la ingenuidad. Muchos adoran al dinero sin saber que no tiene valor alguno. Para mí carece de interés. Sólo son recortes de papel que puedo usar para doblegar a los más borregos. Compran y venden sus almas. Los vampiros, sin embargo, vivimos en otro mundo donde el deseo va más allá de un fajo de billetes.


Sea como sea... seguiré con la tribu. Nadie me arrancará mis ideales, mi forma de amar y actuar, tampoco logrará convencerme que todo lo que hemos hecho está mal. Hemos sobrevivido, pero ésto sólo era una prueba.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt