Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 14 de abril de 2017

No abras - FINAL

Cuando llegó el viernes, justo el viernes santo, me senté en aquel sillón a solas. No había nadie más en la radio. Pedí que me dejaran a solas con el micrófono, aunque sentía a Amel algo inquieto. Íbamos a dar una pequeña lección a todos los oyentes, o al menos a quienes desearan quedarse a escuchar, para que la verdadera humildad se removiera en las conciencias que aún quedaran, por mínimas que fueran, deteniendo así el estallido de odio, violencia y rechazo. Teníamos que levantarnos.

Miré el micrófono y me coloqué los auriculares donde podría escuchar a la perfección a Daniel Molloy desde la cabina. Él sería el encargado de darme paso y de ofrecerme soporte técnico, pero en aquellos reducidos metros de aquella emisora, la cual se difundía por Internet casi al instante, sólo estaba mi alma mezclada con el ser que se hallaba en cada uno de nosotros, ese que nos hacía hermanos de Sangre y destino.

Tras un incómodo silencio, de apenas unos segundos, comencé a hablar. Tenía un tono de profunda consternación, pero a la vez poseía matices de esperanza. ¿Por qué iba a hacer aquello si carecía de ella? Tenía esperanza y mi esperanza era muy valiosa. Jamás me rendía y no podía permitir que el mundo entero se postrara ante ese sentimiento de indefensión y pérdida.

“Queridos hermanos y hermanas...

Me dirijo a vosotros sin importarme cuál sean vuestros orígenes, raza o lugar en esta vida. No me importa si sois huraños por naturaleza o porque así lo decidió alguien más. Os hablo de todo corazón e intentaré ser lo más conciso posible. Sé que son tiempos duros. Aún hoy nos estamos adaptando a la verdad que os he ofrecido en una de mis últimas aventuras, así como en las restantes que irán apareciendo con el paso de los años. Estoy aquí para todos vosotros, para cumplir mi misión en este mundo cada vez más perverso. Ya poco queda del jardín salvaje que una vez observé, aunque los fallos son los mismos pero multiplicados por millones.

Desconozco si todos habéis leído “Memnoch el Diablo”. No soy vuestro profesor de literatura para obligaros a ir a una biblioteca, librería o aplicación de móvil para descargar la dichosa obra o encargarla por Internet. Ahora todo es más fácil, ¿no es así? Podemos acceder a la información que está al alcance de nuestras manos. De hecho, y muy posiblemente, la mayoría está escuchándome desde una de esas aplicaciones para emisoras de radio.

Todo está al alcance de un pequeño click, movimiento de dedos sobre una minúscula pantalla o simplemente ante las emisoras nacionales o internacionales. Y ya no sólo de radio, también de televisión o prensa. En mi época la prensa tardaba semanas en hacerse eco de lo ocurrido en otros países. Por no decir meses o años. Las revistas científicas no existían y los periódicos no estaban al alcance de la mayoría. Por así decirlo, todos ansiábamos saber leer y escribir, pues sabíamos que era la puerta a otro mundo, pero carecíamos de oportunidades de ir a educarnos. Sin embargo, cuando tuve estos increíbles poderes pude apreciar un buen libro, deleitarme con una poesía y leer algunas obras de teatro que me parecieron sobrecogedoras tanto como en los escenarios. Lloré leyendo algunas obras que se consideraban prohibidas y me empapé de la supuesta historia que poseíamos los vampiros allí donde me movía. Amé la cultura, amé la educación privilegiada que estaba asumiendo.

Mi madre siempre intentó que me interesara por averiguar qué había más allá de mis narices, leyó para mí hermosos poemas y me indicó qué libros debía leer desde que comprendió que era capaz de leer, escribir y asumir nuevos idiomas con una velocidad de aprendizaje pasmosa. Desde entonces y hasta ahora la cultura ha cambiado mucho. Como he dicho podéis acceder rápidamente a cualquier aplicación y adquirir periódicos, canales de noticias, libros, obras de teatro y cine. ¡Oh! ¡El cine! Ha hecho grandes cosas y otras horribles, como destrozar películas, ¿no es así? Pero ha asumido el riesgo de hablar de guerras y violencia. Tal vez por eso nos hemos insensibilizado, ¿no?

La violencia es el pan de cada día en nuestra cultura. Ya no se ve como una tragedia, sino como un ritual habitual. La ambición de los más poderosos llevada a la pantalla es inferior a la real que vivimos a diario. Nos levantamos saturados de odio, ira, indignación y luego nos adormecen hablándonos de lo magníficos que son los grandes supermecados, que debemos ser consumistas para que las industrias funcionen y malgastemos nuestro tiempo de vida en objetos que no necesitamos. Os dicen que los móviles quedan obsoletos en menos de un año, os inculcan que la ropa debe ser barata porque las modas duran poco y no pensáis de dónde sale tanto desastre. El medio ambiente muere a pasos agigantados, las guerras por petróleo, ingrediente fundamental en esta sociedad más allá de alimentar los motores de los contaminantes vehículos que tanto amamos, se suceden y os dicen que es en nombre de un Dios y de la libertad misma. Mienten, mienten y mienten.

Habláis de terrorismo radical islámico, pero olvidáis las víctimas por atentados a manos de judíos o cristianos. Señaláis al “diferente” como culpable de hurtos sólo por tener un color distinto de piel, pero quizá ni siquiera ha sido él. Veis cargas policiales en manifestaciones y es tan “normal” que ni os eriza el vello de la nuca. Asumís que las muertes de niños, ancianos, mujeres y hombres jóvenes es normal en una guerra. Creéis que las guerras son de hace cinco o seis años, cuando estas se iniciaron justo en la Segunda Guerra Mundial. Porque sí, en algunos países esta jamás desapareció y prosiguió acallada para que los demás durmierais cómodos en vuestras camas, sintiéndoos seguros, y creyendo que habíais salvado el mundo.

Volviendo al libro que os mencioné... ¿Recordáis el Sheol? El lugar donde las almas purgaban sus penas y buscaban una “absolución” a sus malas conductas. Allí lloraban soldados de ambos bandos aferrados unos a los otros, asumiendo que habían hecho un mal innegable, sólo porque hacían lo que otros les dijeron que estaba bien. Esos sois vosotros. Sois solados de las multinacionales que os dicen qué pensar por medio de los gobiernos. No os movilizáis lo suficiente, pues es demasiado cómodo quejaros en redes sociales y echarles las culpas a otros.

Aún dividís. Dividís en géneros, promulgáis machismo encubierto en “feminismo radical”, hacéis propaganda racista al decir que “como son musulmanes...” y no sabéis siquiera diferenciar verdad de manipulación. Os alimentan con odio, rechazo, blasfemias y muchos lo solventáis cantando saetas a figuras que Dios mismo exige que no construyáis. El racismo está cada vez más en boga, aunque se camufla con la consigna de “nosotros primero”, ¿quiénes sois vosotros? Somos una mezcla. No hay un pueblo que sea cien por cien originario del lugar donde “nacen” sus ciudadanos. Las banderas, las fronteras y los muros son política. Política de ricos para dividir a los demás.

Detened esta locura. Salid a las calles y exigid responsabilidades por las armas vendidas a unos y otros para masacrarse. Esto no es el inicio de una Tercera Guerra Mundial, es la Segunda Guerra Mundial avivándose de nuevo. Dejad de denigrar a vuestras mujeres, pero también a vuestros hombres. Mostrad vuestros sentimientos más honorables sin tapujos, sobre todo a vosotros los “machos” que debéis asumir que sois más “fuertes” mostrando quienes sois que ocultando todo en un machismo desproporcionado. Sois iguales sin importar vuestro género, sexo o sexualidad. Dejad de insultar y vejar a transexuales, bisexuales, lesbianas, gays, intersexuales o pansexuales. Dejad eso. Unid vuestras manos sin importar el color de piel, el lugar de nacimiento, la cultura o el acceso a educación. Gritad sin importar el idioma que tengáis o que conozcáis. Gritad unión. Somos Tribu. No hay “nosotros y ellos”. Hay un simple nosotros. Nosotros tenemos que asumir la paz, el amor y la libertad por encima del odio, el miedo y la desesperanza.


No importa si me escuchan dos o tres personas, si sólo una es quien acepta este mensaje, pues al menos sé que he hecho lo correcto. Al menos he avivado la conciencia de alguien que hacía años que no la usaba.”

martes, 24 de enero de 2017

La voz de la Tribu

Benji tuvo una idea demasiado loca, pero perfecta.

Lestat de Lioncourt 




Desde que era un niño perdido en mitad de la ciudad, aquejado de grandes preguntas y sintiendo la presión de un monstruo vigilando mis pasos, he amado la radio. Por la noche era lo único que tenía para informarme de lo ocurrido en las grandes ciudades, tan urbanitas y tan insolidarias, cuando me recostaba junto a la llorosa Sybelle. Ella era lo único bueno que había en mi vida, en mi historia, y sabía que si un día faltaba, como si yo pudiese ser un gran guardián o un héroe, ella terminaría por marchitarse.

Aquel ángel caminaba por el infierno más terrible cada noche. Podía ver en sus ojos el dolor y la tragedia. Sus largos y finos dedos, de perfecta escultura de iglesia, tocaban con mimo el piano. Ni siquiera necesitaba partituras porque conocía perfectamente cada melodía. Su hermano la interrumpía. Él era nuestro ogro, el hombre que me arrancó por unas monedas del lado de mi madre, y la golpeaba justo después de exigirme el tributo. Me tenía explotado en las calles como pequeño ladronzuelo que en ocasiones conseguía su asquerosa droga.

Por eso no dudé ni un momento en encerrarme en aquella pequeña habitación, con ese ordenador minúsculo, cuando Armand me aseguró que podría tener mi radio. Hacía años que conocía al vampiro y que yo mismo lo era. Tenía la determinación de canalizar las historias que nadie contaba, esas que iban más allá de las peleas de pandilleros y las diversas representaciones teatrales, actos culturales o problemas políticos. Deseaba conocer otras historias, más o menos trágicas, que lograran hacer pensar a los demás que no estábamos solos, que nos encontrábamos conectados y que no debíamos estar desunidos. Todos éramos parte de una misma historia que se enlazaba con un hilo indestructible.

Tal vez por eso no me sobresalté demasiado cuando las llamaradas alcanzaron el techo de una de las más famosas discotecas de Brasil. Decían siempre que iban allí a buscar alguna víctima, a disfrutar del momento como si no hubiese más días en la eternidad. Había leído ya otra vez sobre ello. Un vampiro fuerte y lleno de rabia expuso a Padre y Madre, Enkil y Akasha, al sol provocando que la mayoría de vampiros ardieran. Después, tras miles de años, ocurrió algo parecido cuando ella recobró el ímpetu y despertó de su largo sueño. Cientos de vampiros ardieron en mitad del concierto de Lestat. Por eso, cuando empezaron esas quemas supe que había sido uno de los nuestros. Con voz afectada, pero seguro de mí mismo, hablé a todos. Pedí respeto por las víctimas y exigí que alguien me diese datos fiables. Ahora todos llevan cámaras en sus manos, pues los teléfonos móviles incorporan unas bastante buenas, lo cual logró un aluvión de imágenes. Sin embargo, no fue sólo Brasil sino cientos de países en todo el mundo se veían afectados. No importaba el continente. Ahí empecé a asustarme. No era un vampiro descontrolado, sino muchos. Era imposible que hubiese dos quemas la misma noche, casi a la misma hora, en dos puntos distintos del mundo.


La radio, que siempre fue para mí un medio para alejarme del dolor se convirtió, por arte de magia en un abrir y cerrar de ojos, en un canal de noticias miserables, en exigencias hacia los enloquecidos y llamadas desesperadas rogando que Lestat, así como otros formidables vampiros, nos diesen una solución a los más jóvenes. Estaban destruyendo la población más débil, mi población.  

sábado, 2 de abril de 2016

La voz de la Tribu

Benji explicando su radio y la función que llegó a cometer... ¡Por eso es mi ministro de comunicaciones!

Lestat de Lioncourt 




Mi voz se transmitía primero en una pequeña emisora que sólo cubría el radio de Nueva York. Muchos empezaron a escucharme porque pensaban que era una gran performance a lo Orson Welles, pues la verdad es difícil de aceptar o asimilar para la población. Los seres humanos creen que son la especie dominante y que no existe nada más impresionante que sus grandes avances científicos, culturales o gubernamentales. Sin embargo hay distintas especies correteando por las calles abarrotadas de sus queridas metrópolis, pues nos aglutinamos sobre todo donde la caza es más fácil y podemos recurrir a distintas argucias para deshacernos de las pruebas que nos impliquen. Sin embargo la emisora era algo pequeña, ineficiente para poder expandir mis tentáculos y mis inquietudes avanzaban más rápido que mis posibilidades.

Usualmente paso más de tres horas encerrado en diferentes bibliotecas. Armand compró numerosos libros sobre tecnología, inventos modernos y diversas revistas científicas que me han ayudado a experimentar con la programación de mi ordenador. Él no sólo los compra para mí, pues parece muy interesado en todos los avances humanos, y no humanos, que se ponen a su alcance. Si bien parece más reticente a poner todo en práctica, pero sin su apoyo no habría logrado lo que hoy tengo.

Mi radio dejó de ser una pequeña y ruidosa emisión llena de interferencias para convertirse en una nítida grabación que se podía escuchar al instante en cualquier lugar del mundo. No importaba si llegabas tarde para escuchar todo el programa pues tenía preparado diverso material, como numerosos podcast sobre lo ocurrido. Me convertí en una esperanza para muchos, en la unión permanente entre la cordura y la soledad más extrema. Empezaron a llamar vampiros de todo el mundo interesados en noticias diversas, en historias que ellos habían escuchado vagamente y algunos hablaban sobre sí mismos intentando encontrar a su “creador” o viejos compañeros. Incluso había vampiros que habían creado a un grupo considerable de compañeros y ahora estaban solos, perdidos y heridos desde los ataques que sufrió el vampirismo en los 80's, justo cuando la violenta reina Akasha decidió despertar para asombro de todos.

Comencé a ser famoso. No sólo emitía los programas de radio sino que también distribuía fotografías de los distintos colaboradores, cartas del público, viejas imágenes e incluso pequeñas introducciones históricas ofrecidas por mi amo, el milenario Marius Romanus, para que todos pudieran disfrutar de la intrahistoria que se había generado entorno a nuestra gran comunidad. Realmente era una oportunidad mágica para unir a todos los vampiros y empezar una larga tregua donde la paz fuese lo único importante.

Pero no todo sale como uno quiere, ¿verdad? Poco a poco la historia de mi radio se salpicó de sangre, se llenó de humo y fue imposible detener el desastre que acabó con numerosas voces. Cientos de vampiros hacían su última llamada de socorro en locales donde entraban vampiros antiguos para perpetrar horribles crímenes contra los jóvenes. Seres abominables que en ocasiones aparecían convertidos en una cárcel de piel y huesos, vampiros tan antiguos que habían dormido durante siglos bajo tierra, y que ahora caminaban enfurecido arrasando con todo. También, para nuestra desgracia, se supo que otros amados por la comunidad, incluso venerados por sus grandes acciones décadas atrás, se habían convertido en asesinos que destruían países a su paso. Era como ver el Día del Juicio Final repetirse continuamente en diferentes partes del mundo, pero sobre todo en pequeñas agrupaciones en Brasil y la zona sur de América.

¿Qué sucede en las películas cuando una catástrofe así ocurre? Fácil. Llaman al héroe de turno. En muchas películas americanas son los superhéroes los que entran en acción. Superhéroes como Superman, Batman, Iron Man o el Capitán América. Nosotros contábamos con un héroe un tanto extraño y desacertado, alguien que siempre estaba ahí en mitad del desastre y salía ileso, con el que muchos nos sentíamos identificados sólo por su ansiedad de conocimiento y su vertiginosa vida en los primeros y fundamentales años. Él es Lestat.


Los humanos siempre han creído que Lestat es un personaje de ficción, igual que los héroes de comic, pero no es así. Y aunque lo fuese, ¿no se convierte uno en ese personaje cuando lo lee? ¿No somos todos un poco Lestat por todo lo que hemos aprendido de él? Pues yo aprendí a ser directo e irreverente y no tardé en llamarlo a escena una y otra vez. Cada día lo hacía de una forma distinta hasta que al fin descolgara el teléfono y dijera qué demonios quería. Al final aceptó la propuesta pero fue porque otro vampiro, su gran aliado y uno de sus mejores soportes a la hora de caer en desgracia, consiguió contactar con Lestat por pura casualidad.  

domingo, 29 de noviembre de 2015

La voz de la tribu: Emisión 10

Hoy tenemos a Petronia en La voz de la Tribu.

Lestat de Lioncourt


Benjamín había reunido a muchos vampiros entorno a su pequeña mesa de radio en Internet, la cual había crecido hasta ser una emisora muy solicitada y premiada por los oyentes. Todavía había humanos que creían que era sólo un programa de teatro, donde se interpretaban a los distintos vampiros y seres nocturnos. Más bien, eran mayoría. Sin embargo, Benjamín confiaba plenamente en hacer llegar sus mensajes a todos los tipos de criaturas que deambulaban entre el entramado de asfalto, hormigón y plástico de las habituales ciudades del mundo. Durante semanas intentó contactar con uno de esos vampiros, uno de los seres más huidizos de los que había logrado escuchar hablar.

El empeño del joven vampiro había sido tal, así como su necesidad, que rogó a David Talbot que le ayudara a encontrarlo. El vampiro en concreto era una hembra, aunque muchos lo consideraban un hombre, llamado Petronia. Ella era un ser de rasgos duros, pero su corazón no lo era si lograbas arrancarle la coraza. Había nacido poco después que Pompeya fuese sepultada por el volcán, pues ella había habitado sus calles y era uno de los mejores artesanos de sus barrios más comerciales.

Daniel Molloy estaba ansioso. Él conocía bien a vampiros muy antiguos, como Marius, e incluso había convivido con ellos. Conocer a uno más, poder tener la posibilidad de escuchar su historia, le provocaba cierto nerviosismo que se aplacaba con el paso de las horas al confirmarse su asistencia. La ansiedad se debía a la posibilidad de no poder conocerla, pero al saber que todo ocurriría como deseaban los nervios se fueron olvidando.

Por parte de Sybelle y Antoine, los dos jóvenes músicos, se hallaban concentrados en las distintas partituras que habían logrado componer para aquel momento. Por otro lado, Lestat, se hallaba pegado a la radio en el otro extremo del mundo. El Príncipe de los Vampiros había hecho llegar a Benjamín una pregunta para aquella mujer milenaria, una sola. Era una pregunta cargada de esperanza y era sobre Tarquin, el vampiro que creó hacía algunas décadas aquella enigmática criatura.

Cuando llegó, sola y con un traje oscuro muy sobrio, provocó que todos guardaran silencio. Bajo el sombrero de ala ancha se ocultaba un rostro ligeramente alargado, de barbilla estrecha y labios carnosos. Parecía una estatua perfecta, cincelada con cuidado y cariño, con un tono de piel blanquecino propio de una criatura tan antigua. Caminó con elegancia haciendo sonar sus pesadas botas, aunque bonitas y limpias, hasta el asiento que la aguardaba.

—Hoy, en la Voz de la Tribu, tenemos el honor de conversar con Petronia. Petronia es uno de esos vampiros milenarios que todos queremos conocer, pero que también es temida por su supuesto mal carácter—esas palabras de Benjamín provocaron que ella lo mirara. Esos ojos oscuros, ligeramente frívolos, se clavaron en los del muchacho provocando que se encogiera sobre sí mismo echándose hacia atrás en la silla.

—¿Qué has dicho?—dijo girándose por completo hacia él.

—No lo culpes, Petronia—intervino David—. Tarquin Blackwood habló maravillas sobre su arte, pero también logró despertar en nosotros temor. Suele ser muy violenta según el joven—indicó intentando ser diplomático—. Aunque un carácter fuerte no significa violencia, pero es algo que quedó escrito en...

—Lo sé—contestó—. No tienes que ser tan zalamero para que te responda, ¿entiendes? Prefiero que el mequetrefe éste sea directo a que tú, señor elegancia, me dores la píldora de ese modo—se acomodó la chaqueta y cruzó los brazos, para luego echarse hacia atrás en la silla.

Llevaba el pelo recogido en una trenza gruesa, la cual caía por su espalda rozando la punta su cintura. Era hermosa. Sin duda, Arion había elegido una criatura de rasgos atractivos y misteriosos, así como un ser de carácter.

Sybelle y Antoine empezaron a tocar. Ambos vestían de blanco y lo hacían al piano, un dueto muy elegante y sencillo. Era música suave para alivianar el tenso ambiente. Los dos se asemejaban a ángeles y ella los observaba de soslayo. Parecía encantada con aquella música, pero no lo diría. No era una mujer de halagos fáciles.

—Está bien, está bien—contestó Talbot con una ligera sonrisa—. Me agradan las mujeres con carácter.

—A mí no me agradas tú, por favor, siguiente pregunta—respondió con fiereza.

—El Príncipe de los Vampiros nos hizo llegar una pregunta, la cual espero que respondas—la voz de Benjamín volvió a ser la habitual, quizás porque había comprendido que no tenía nada en su contra y ella, sin más, era así—. ¿Está vivo Tarquin Blackwood? ¿Podrías darnos su paradero?

—Ah...—su mirada cambió. Sus ojos se llenaron de preocupación y una melancolía que no se podía fingir. Ella quería a ese idiota, su idiota, porque le había tomado un cariño imposible. No lo hubiese creado de no haberlo amado, de no haber visto en él algo especial. Su labio inferior tembló, pero su rostro volvió a endurecerse—. No sé nada de ese cretino. Si supiera dónde está, después de tantos años sin siquiera una llamada, iría y le patearía el trasero hasta hacerlo llorar.

—¿Escuchaste a Amel?—preguntó David.

—Sí, pero no le hice caso. Tengo cosas más importantes que hacer que quemar a otros, ¿comprendes? Decidí obviarlo concentrándome en mi trabajo. Arion también lo escuchó, estuvo algunos días discutiendo con él, igual que yo, pero nos dejó en paz. Aún así pedimos a Manfred que abandonara nuestra casa durante esos meses, ahora vuelve a vivir bajo nuestro mismo techo—explicó sin rodeos—. Me decía que me necesitaba y yo le dije que había otros, mucho más interesados en pelear, que yo. Aunque no lo parezca me gusta mi vida tranquila, leer en las noches y hacer mis diseños basados en historias, leyendas y la vida misma. Mis camafeos son algo más que joyas, es arte. Yo no podía dejar de hacer lirios en camafeos, no sabía porqué, pero ahora lo sé. Él me influía, aunque no logró que corriera por las calles quemando a jóvenes—bajó los brazos y los dejó sobre los apoyabrazos de la silla. Sus manos eran delgadas, sus uñas largas y puntiagudas como las de cualquier otro vampiro, y tenía algunos anillos de camafeo muy hermosos. La corbata negra era similar a la que llevaba David.

A decir verdad, tanto David, Benjamín como ella, Petronia, vestían de forma similar. Eran trajes sobrios, hechos a medida, de color oscuro y las camisas eran lo único que se diferenciaban. Petronia había elegido una camisa negra, Benjamín una lavanda y David optó por la clásica camisa blanca de algodón. Los tres parecían formar parte de una sociedad selecta, pero en realidad sólo eran tres extraños que estaban intentando ser conciliadores y ofrecer información sobre lo ocurrido. Eran testimonios.

—¿Por qué creaste a Manfred?—intervino Benjamín—. Sabemos que tenías un pacto con él, pero pudiste no cumplirlo.

—Soy una mujer de palabra y ese imbécil, aunque es un imbécil de primera categoría, me cae bien. Hay algo en él que me agrada y no preguntes qué es. Llevo décadas intentando saber porqué me cae bien. Supongo que es porque es un sentimental, y yo también lo soy a mi modo, y tiene un carácter fuerte aunque termine lloriqueando—explicó con una ligera sonrisa—. ¿No me vas a preguntar porqué Arion no me acompaña hoy?

—Tu amado maestro—indicó David Talbot.

—¿Te estás burlando de mí?—increpó Petronia girándose hacia él. Parecía amenazadora y, por supuesto, provocó que el viejo hombre de Talamasca tragara saliva y se pusiera nervioso.

—No, pero así lo llamabas o llamas...—susurró.

—Sí, pero tú no lo llames así. Tú no tienes derecho a llamar así a mi Arion. Tú no—aclaró señalándolo con el dedo índice de su mano derecha—. ¡No!—dijo tocando el torso de David, para luego acomodarse de nuevo en la silla y cruzar las piernas. Unas piernas largas, enfundadas en un pantalón elegante y tan sobrio como su chaleco y su chaqueta—. No ha venido porque no es su turno, además no siempre vamos los dos juntos. Si siempre estuviéramos juntos, ¿crees que podríamos contarnos lo que hemos hecho? No sería divertido, ¿no crees? Sería muy aburrido—sonrió cómplice, como si recordara algo agradable—. Es un imbécil, pero le admiro.

Las últimas palabras de Petronia hicieron reír a Daniel Molloy en la cabina, y Petronia rápidamente lo escrutó. Él no mostró miedo alguno, pues le guiñó y siguió redactando lo que estaba observando.

—¿Tienes alguna tienda de camafeos? ¿Dónde los vendes? Si es que los vendes...—preguntó David Talbot llamando de nuevo su atención, provocando que ella lo mirara con cierto orgullo.

—Por supuesto que los vendo. Son exclusivos y muchos coleccionistas, hombres y mujeres, se sienten tentados con mis hermosas criaturas. Son mis pequeños—levantó sus manos y las mostró—. Hago anillos, broches, pendientes e incluso otros objetos como el mango de algún bastón recubierto de camafeos. Son arte puro y para nada baratos, pero sigo vendiendo incluso en éstos años de crisis—explicó con bastante orgullo—. ¿No crees que son hermosos? Dígale a su amiguito, ese Príncipe de los Idiotas... Disculpa... Príncipe de los Vampiros, el mocoso ese que llora tanto en sus libros, que puede comprarme los que quiera. Sé que le gusta éste tipo de arte.

David se echó a reír. Aquella mujer era incorregible. Sin duda, sabía vender su trabajo y mostrarse firme. Sin embargo, se iban acercando peligrosamente a una pregunta que podía ser incómoda. Benjamín terminó por hacerla intentando tener tacto.

—¿Cómo te consideras? Te hemos visto vestir como un hombre, actuar como tal, pero también hemos leído sobre tu belleza a la hora de vestir como una mujer. Vistes como una mujer para Arion, fuiste una esclava que tuvo una vida horrible como gladiadora y luego prostituyendo tu cuerpo, pero ¿eres una mujer o eres un hombre?—aquello provocó que ella guardara silencio durante varios minutos—. Petronia...

—Cállate, mocoso—dijo apoyándose en la mesa, dejando que el micrófono no estuviese muy lejos de sus labios. Entonces, en tono confidente, habló—. Tuve una vida horrible, todos me consideraban un monstruo y mi fuerte carácter surgió después que Arion apareciera. Me convertí en su compañera mucho antes que él me convirtiera. Quería que viese a una mujer hermosa ante él, pero no me importaba vestir como un muchacho vulgar a la hora de trabajar—sonrió amargamente y se echó atrás en la silla—. Soy una mujer, me siento mujer, soy mujer... pero en el mundo de los negocios hasta hace poco no ha sido de las mujeres. Si bien, ¿por qué tengo que ser una mujer débil? ¿Por qué las mujeres tienen que ser débiles, llevar faldas y reír como estúpidas? ¿Eso quién coño se lo inventó?—preguntó echándose a reír—. Nada más tenéis que ver lo fuertes que son las madres, ¿ellas son débiles? No. Las mujeres somos fuertes, luchadoras, grandes y sabemos qué queremos. Olviden esas estampas de mujeres manirrotas. Yo no lo seré jamás. Si no encajo en el concepto de femenino pues lo siento mucho, pero yo soy una mujer—se giró hacia Benjamín y sonrió—. No te lo he dicho, pero me agrada tu estilo. Bonito sombrero, ¿en tu tienda tienes alguno así? Me interesa.

—Sí, son a medida.

Benjamín poseía una tienda de sombreros, estaba en el centro de Nueva York. Era un lugar donde solían ir estrellas del celuloide y cualquier neoyorquino. Él siempre decía que lograba encandilarlos con sus sombreros y, por supuesto, él solía llevar varios modelos distintos a lo largo del mes.

—¿Alguna pregunta más?—dijo algo impaciente—. He dejado a esos dos idiotas solos.

—Sólo si quiere decir algo—comentó David Talbot.

—Si alguien sabe algo de Tarquin, ese maldito caballerito, díganselo a estos dos inútiles para que yo pueda ir a patearlo—provocó que ambos se quedaran impactados, aunque después se echaran a reír, sin embargo ella ni los miró y continuó con su discurso—. Tarquin Blackwood... deja de llorar por los rincones, aparece y permite que tus lágrimas limpien mi suelo de mármol. ¡Maldito idiota, estoy preocupada por ti!


Cuando acabó se levantó, cruzó la habitación y dio un portazo. Realmente estaba furiosa porque él no se había puesto en contacto.    

sábado, 3 de octubre de 2015

Príncipe de los idiotas

Me merezco su rencor, pero ella se merecía ser feliz. Yo no sabría como hacer que lo fuese.

Lestat de Lioncourt


Era incomprensible. Durante algunos meses había estado escuchando rumores sobre un programa de radio que causaba sensación entre los más jóvenes, pero también entre adultos de toda índole. Había escépticos que disfrutaban de las historias de un diverso grupo de vampiros que transmitían normas, vivencias y música a través de un portal online de radio. Era un programa que poseía incluso una aplicación para móviles de última generación y otros dispositivos. Se podía acceder con total normalidad a la web desde cualquier punto del mundo, se escuchaba en varios idiomas y se podía entender sus voces, de forma nítida, como si cuchichearan en nuestro oído. También estaban los típicos creyentes que adoraban a éstas criaturas, soñaban con ser uno de ellos y rogaban por tener la suerte de toparse con uno de éstos inmortales.

Tardé varios meses en armarme de valor. Fue difícil para mí. Era duro admitir que había conocido a varios de éstas criaturas e incluso, tenía que aceptar, que Mona, esa chica desafiante a la par de inquieta, se había transformado en lo que siempre creí que era la muerte en vida. Los vampiros existían y yo lo sabía. Temía encender la radio y escucharlo a él. Ahora lo llamaban Príncipe de los Vamprios. Yo había conseguido todos sus libros y leído su historia. Hace años no lo conocía, no lo comprendía y aún así lo amaba. En esos momentos sentía que ya no era un amor platónico, tentador y ligeramente peligroso, sino algo más importante.

Escuché durante horas a un adolescente de unos doce o trece años, su voz era dulce aunque se notaba ciertos cambios que quizás la sangre, así como la vida en las sombras, le había proporcionado. Hablaba de las tragedias que habían acontecido a espaldas del mundo. Leía e-mails y cartas de los fans del programa, pero sobre todo aceptaba llamadas e información del mundo de las tinieblas. Los vampiros estaban ahí. Se podía apreciar que no era un mero truco.

Entonces, como si el destino hubiese jugado nuevamente conmigo, lo escuché a él. Era un comunicado enviado en audio. Hablaba de su hijo, del cual desconocía por completo su existencia, como su sucesor en muchos aspectos. Se vanagloriaba de la última reunión junto a sus amados compañeros. De entre esos compañeros citó a Louis. Los celos se apoderaron de mí y busqué un cigarrillo en mi bolso.

Había estado sin fumar por más de dos meses, pero ahí estaba buscando el último que había dejado en mi pitillera. Era como el recuerdo de no fumar. Estúpida de mí. Llené mis pulmones de humo y recosté mi espalda en el sillón giratorio de mi despacho. El café humeante no me calmaba, sino que me incitaba a chillar. No lo hice. Igual que no estampé la taza contra el suelo, algo que habría hecho liberar cierta tensión que sentía como una culebra corriendo por mis venas.

En ese momento Michael entró en mi despacho. La puerta estaba abierta y él decidió entrar sin llamar. No esperaba importunarme ni encontrarme en ese estado. Me miró con sus enormes, hermosos y amables ojos azules y se sentó en una de las sillas que había frente a mi escritorio. No dijo nada.

Me quité los auriculares y apagué el cigarrillo hundiéndolo en la taza de café. Después me acomodé el cabello, pues empecé a llevarlo largo poco después de sentirme abandonada por Lestat, y le miré intentando parecer serena. Él lo supo. No tuve nada que decir.

Allí sentado, con la calma y la paciencia que te dan los años, pude observar que tenía aún más canas en sus patillas. Su barba estaba salpicada por algunos pelillos blancos. Sus ojos azules eran muy llamativos. Tenía la piel algo más oscura debido a todo un verano trabajando en diversas obras, codo con codo con sus empleados, mientras que yo asistía a diversas reuniones de neurociencia en varios Estados del país. Era un hombre atractivo, al cual amaba, y aún así sentía celos por un dichoso vampiro que no tuvo la educación de decirme adiós sin rodeos, de forma directa y atenta.


Me sentí estúpida. Tenía todo. Poseía éxito, poderes, una hija nacida en un vientre de alquiler y un hombre maravilloso que deseaba estrecharme entre sus fuertes brazos, sin importarle nada, y no era capaz de calmar mis celos. Rompí a llorar y él se levantó, me abrazó y besó en el cuello rodeándome allí mismo, sentada en mi sillón ejecutivo, mientras dejaba que la ira se fuera con cada lágrima.  

lunes, 29 de junio de 2015

La voz de la tribu - Emisión 3

Tercera emisión de "La Voz de la Tribu". Ésta vez el invitado es Armand. La transcripción de lo ocurrido como siempre es gracias a Daniel Molloy.

Lestat de Lioncourt


La noche había comenzado. La entrevista se llevaría a cabo con cierta tensión en el ambiente. En la planta inferior se hallaba Marius. Había decidido asistir debido a la curiosidad que suscitaba para él, como para otros, la presencia de Armand en la sala de emisión. Allí se mascaría la tragedia. El viejo líder de la Secta Parisina, el mismo que encumbró el Teatro de los Vampiros hacia lo grotesco gracias a las obras de Nicolas, y el mismo que decidió inmolarse al sol como muestra de su fe, por frágil y dolorosa que fuese para él, estaba dispuesto a dejar nuevamente su alma a la vista.

David Talbot se encontraba sentado ya en su lugar habitual, Benjamín observaba los documentos que éste le había ofrecido. Había noticias sobre la reconstrucción y mejora de la zona donde habían vivido Khayman y las Gemelas. También deseaba abrir cierto debate, el cual quizás podría dejarse aplazado, y eso le emocionaba. Tenía material por si la entrevista quedaba escasa debido a la negativa de Armand de hablar de ciertos temas. Siempre había sido esquivo para narrar sus sentimientos. Podía parecer que destrozaba su frágil pose de niño atormentado y mostraba al monstruo, pero tras el monstruo había algo más. Él sabía parte de sus revelaciones, aunque desconocía que era lo que realmente podía sentir aquel ser que tanto amaba. Pues, pese a sus discusiones, sentía un amor inconmensurable por quien fue el querubín de su Amo.

Daniel Molloy se hallaba en la cabina. Frente a él estaba el trabajo habitual, esperándole en silencio, mientras reflexionaba sobre todo lo que había vivido a lo largo de las escasas décadas que tenía de vida. Ver la figura de Armand entre aquellos dos inmortales, David y Benjamín, le provocaba ciertos sentimientos que se encontraban unos contra otros como si fueran lobos hambrientos. Su ropa era informal, como siempre, pero el resto estaba vestido de gala. Armand llevaba una chaqueta celeste y una camisa blanca con un pañuelo a juego. Benjamín y David llevaban ambos trajes negros, sin corbata y con camisas grises. El más joven de todos, Benjamín, llevaba además su habitual sombrero.

Sybelle y Antoine estaban vestidos ambos de blanco, sentados ante el impresionante piano de color negro. El violín del músico se hallaba entre sus brazos, tomándolo con cariño, esperando que ella comenzara a tocar casi al unísono que la emisión comenzaba. Parecían tranquilos, pero el resto no lo estaba. Las preguntas podían ser dolorosas.

La emisión comenzó con una música tranquila, deliciosa al oído, mientras Armand cerraba los ojos dejándose llevar por las notas. La paz de su rostro era muy distinta a la de su alma, aunque comenzaba a dejar que su nerviosismo se evaporara.

—Buenas noches a todos los mortales e inmortales que nos sintonizan—dijo Benjamín dando paso al inicio del programa—. Bienvenidos hijos de la noche, hermanos y hermanas, compañeros de una tribu que va más allá de la Sangre y el misterio que aún nos protege—añadió mientras se acomodaba en su sillón ejecutivo—. Hoy contamos con un viejo compañero, un inmortal que todos conocen de algún modo, y que despierta odio y amor a partes iguales—susurró mirando de reojo a Armand, el cual abrió sus enormes ojos castaños y tomó conciencia que la entrevista era inevitable—. Bienvenido, siéntete como en tu casa.

—Es mi edificio, Benji—respondió—. Por ende es mi casa.

—No empiecen a discutir—intervino David con un tono sosegado y amable—. Es para mí un placer entrevistarte de nuevo y poder hablar contigo. No tomes esto como una entrevista, por favor. Tómalo como una charla—expresó estirando su mano derecha hacia la zurda del querubín de Marius.

—Me gustaría preguntarte por muchas cosas—dijo Benjamín colocándose mejor el sombrero—. Sobre todo por tu acercamiento hacia la religión en los últimos años.

—Siempre he sido próximo a la religión—afirmó de inmediato—. No tengo reparos en afirmar que creo en Dios, en nuestro Señor Jesús y en los milagros que ha ejercido para la humanidad. Sin embargo, sé que la labor de la religión se ha visto empañada, vilipendiada y hundida por los malos actos, viles e innecesarios, de los sacerdotes y monjes durante siglos—expresó con calma mientras intentaba exponer sus sentimientos, muy enfrentados, ante aquello que estaba a punto de decir—. No sé si Lestat vio a Jesús, tampoco sé si habló con el Diablo. A día de hoy no sé si existen manifestaciones claras de todo lo que mi buen amigo Lestat, enemigo en otros tiempos, dijo que vio y oyó—se echó hacia delante y habló con contundencia—. Creo y no necesito que otros crean por mí, cambien sus pensamientos ésta noche o se sientan intimidados porque tengo fe.

—La fe es importante—la voz de David volvió a hacerse presente—. ¿Tienes fe en el futuro que tenemos frente a nosotros?—preguntó soltando su mano, permitiendo que Armand volviese a estar solo aunque se sentía acompañado, calmado y satisfecho. La música era cada vez más rápida y precisa, provocando que él la siguiera con una sonrisa llena de amor. El viejo director de la Talamasca recordaba el cuadro donde él estaba representado con aquellas terribles alas negras. Al recordarlo se emocionó, pero intentó que no se apreciara.

—A veces quiero creer que no todo es blanco o negro, sino que existen matices—aquellas palabras hicieron que Benjamín se riera ligeramente, cosa que provocó que Armand le mirara con cierta molestia—. Pero me cuesta. Del mismo modo que le costaría a cualquiera que hubiese sido adoctrinado desde niño en la fe, en el miedo y la oscuridad. Durante mi época con Marius tuve fe, pero no era una fe religiosa. Sé que ahora puedo tener esa fe hacia Amel, pero sé que no todo es color de rosa. En el mundo siempre habrá problemas y tendremos que luchar contra éstos—indicó.

Sus largos cabellos cobrizos, con reflejos tan rojos como el fuego, le ofrecían un aspecto delicado y delicioso. Realmente era atractivo. Sus mejillas llenas, sus labios carnosos, ese mentón suave y la piel de porcelana con las mejillas sonrosadas, pues tenía un aspecto muy humano desde su exposición al sol, le hacían ser atractivo e irresistible. Daniel lo observaba con cariño, respeto y miedo. Todavía recordaba las disputas que habían acrecentado la brecha entre ellos, tan profunda como terrible, hasta que los convirtió en dos continentes distintos. Ahora, con el paso de los años, intentaban limar asperezas y acercarse uno a la postura del otro.

—Armand, ¿qué sientes por Lestat?—preguntó David.

—Lo mismo que sientes tú por él. Siento un amor profundo, pero no ciego. Sé cuando comete errores y cuando se está equivocando inevitablemente. Aunque acepto que muchos de esos errores terminaron siendo aciertos, fue mejor que él se equivocara y todos comprendiéramos los límites de nuestra existencia—expresó con cariño, pues sus labios estaban curvados en una dulce sonrisa—. Le quiero y deseo pensar que él también me quiere.

—¿Qué sientes hacia las afirmaciones de Rhosh hacia ti? Te odia—indicó Benjamín—. ¿Comprendes el motivo de su odio?

—Desconozco todos los motivos, pero quizás es porque muchos de sus creados terminaron bajo mis órdenes. Comprendo que debió ser terrible para ellos, pero ellos decidieron escucharme. Yo soy una víctima, al igual que ellos—contestó recordando las palabras de odio, las miradas de asco y el sentimiento, ese que desbordaba la sala, cuando ambos se cruzaban—. ¿Él me odia? Bien por él. Espero que ese odio le ofrezca mejores resultados que el odio que otros tuvieron hacia mí, odio que se ha ido disipando dejando tan sólo amor. Además, no se puede odiar algo que no se ha amado. Él no me odia, él me guarda rencor por un hecho que aún no llega a comprender. Necesito conversar con él, que comprenda mis sentimientos y yo comprender los suyos—el joven vampiro asentía ante su compañero.

—¿Qué sientes hacia Daniel Molloy?—aquella pregunta que lanzó David Talbot fue terrible para él. Una brecha se abrió en su corazón y logró que bajase la mirada. Por unos momentos deseó huir—. Si lo deseas no contestes.

—Admito que te mentí—dijo—. Me daba miedo aceptar que le quería y le había hecho tanto daño. Sin embargo, no sé si ese amor trasciende a un amor romántico o de otro tipo. Sólo sé que no le haría daño jamás y que fue terrible para mí ver como enloquecía—apretó sus manos sobre el borde de la mesa y alzó la vista hacia donde se hallaba el joven, el periodista, el muchacho que tanto amó y que persiguió por medio mundo.

Daniel lo miraba sin rastro de odio. Tan sólo quería aceptar esas palabras como una compensación por su anterior discurso en sus memorias. Deseaba escuchar estas y no que no le interesaba, que fue un error y que deseaba pasar página.

—¿Y sobre Marius? ¿También has mentido?—preguntó Benjamín.

—Nunca. Sigo queriéndole y esperando que venga a por mí, ¿no es iluso? Es terrible sentir que no le importas lo suficiente—susurró.

Marius de improvisto abrió la puerta del estudio, se personó allí frente a todos y le miró con cierta cólera. No estaba molesto consigo mismo por haberse alejado de Armand, sino con Armand por decir que no parecía mostrar interés sobre él. Daniel de inmediato lo tomó del brazo jalándolo hacia el interior de la cabina donde lograba hacer llegar la emisión a Internet, pero también transcribía rápidamente cada hecho reseñable.

—Imbécil—masculló.

—No, Marius. Acepta que has dejado a tu creación muchos años desamparado...—aquellas palabras causaron cierto efecto en Marius. El imponente inmortal apretó los puños y suspiró molesto—. Bufar como un gato no te servirá de nada—indicó—. Deberías hablar en privado con tu querubín—rió bajo y le miró directamente a los ojos—. Te amo y él también. Te amamos todos, pero acepta que cometes errores y debes aprender de ellos. Sin embargo, no puedo evitar amarte y estar agradecido—dijo tomándolo del brazo derecho, tirando suave de él, para que se sentara a su lado.

—Como decía—dijo Armand tras un profundo silencio al igual que el resto, salvo por los músicos,—le amo. Amo sus virtudes y defectos. He aprendido a convivir con mis sueños e ideales depositados en él, así como con la realidad maravillosa de su arte, sus conversaciones y convicciones. No soy lo que él esperaba. No soy su mejor compañero. No soy lo que él necesita. Pero a la vez soy lo que él estaba buscando. Soy la pieza que encaja en su alma y él lo sabe. Con eso tengo bastante. No me importa no vivir con él. Tampoco me hace daño saber que no soy fundamental en su vida. Ya he aprendido—el pelirrojo miraba al milenario romano que negaba tajante cada palabra. Daniel tenía razón: ellos debían hablar.

—¿Habéis hablado Louis y tú de la confesión sobre la muerte de Claudia?—la voz de David hizo que Armand dejase de mirar a Marius y se centrase en su joven amigo.

—Es un tema peliagudo y doloroso para Louis. Por supuesto que no—dijo.

—¿Y con Lestat?—insistió en el tema Benjamín.

—No—respondió tajante.

—¿Qué suele hacer para relajarte? Antes hacías experimentos con las nuevas tecnologías, ¿sigues haciéndolo?—preguntó David mientras se relajaba en su asiento.

—Sí, pero también mantengo mis numerosos negocios y escribo, junto a Gregory, una guía para pasar desapercibidos ante los mortales—aquello le hacía ilusión. Era una forma de colaborar con un ser excepcional que le había despertado cierta admiración.

—Mi última pregunta, Armand—comentó David—. ¿Por qué discutes tanto con Benjamín?—el joven lo miró deshubicado. Esa pregunta no estaba programada.

—Porque no comprende del todo lo que yo he vivido. Entiendo que mi época sea distinta a la suya—explicó—. No me duele discutir mientras él siga comprendiendo que le amo. No he dejado de amarle ni un sólo minuto. Siempre he velado por su bien.

—Nunca lo olvidaré—susurró visiblemente emocionado—. Creo que la entrevista podemos darla por finalizada, ¿no creéis?—dijo.

—Sí, por mí sí—murmuró Armand inclinándose hacia Benjamín para depositar un tierno beso en su mejilla—. Me encanta esa pose de hombre intelectual que posees, pues me demuestras que he logrado que seas un joven con unos conocimientos que van más allá de lo habitual—le quitó el sombrero y acarició sus espesos, y ondulados, mechones negros. Él joven no dijo nada y se dedicó a aceptar esas caricias con cierto agrado.

—Ahora las noticias—dijo David—. Tienen disponibles en la web la transcripción de las anteriores emisiones, así como el último texto que ha subido Daniel. Habla precisamente del amor. Como sabrán en todo el mundo se está celebrando la visibilidad del amor sin límites, barreras y estigmas. Por eso mismo él decidió reflexionar sobre un tema tan importante para nosotros, como para vosotros—expresó—. Hay una noticia importante que pronto desvelaremos, en próximas emisiones, pero de momento debo decirles que se ha concluido las obras de la vivienda de Khayman y las Gemelas, así como se destinará una misa pequeña por su muerte, por los casi dos años de su pérdida, en la pequeña capilla del castillo de Lestat. Están todos invitados hasta completar el aforo.

—Así es—intervino Benjamín que aún era acariciado y mimado por quien fue su Dybbuk, un ángel oscuro al que rezaba para que lo salvara de la miseria y el dolor—. También adelantamos que Cyril estará con nosotros en breve, así como Avicus. Si bien no hay fecha todavía en la agenda del programa, aunque sí para Louis. La semana próxima lo tendremos con nosotros. ¡No se lo pierdan!—dijo antes de permitir que la música ascendiera y se convirtiera en una revolución.

La entrevista había acabado y ya sólo quedaba mantenerse a la espera para conversar con aquellos que habían estado atentos a la emisión, a los cuales dejaba habitualmente entrar en directo. El resto se marchó de la sala, incluyendo a Marius, dejando a Benjamín al mando de todo junto a los dos músicos inmortales.



lunes, 8 de junio de 2015

Archivo Talamasca

Hoy la emisión en la radio será de Los Archivos Talamasca, en vez de las entrevistas de La Voz de la Tribu. La entrevista a Viktor se hará la próxima semana.

Lestat de Lioncourt


Sucedió hace algunos años. Fue algo que nadie desea recordar, salvo los estudiosos vinculados a cada uno de los hechos que acontecieron entre aquellos frágiles muros. La vida no volvió a ser igual, el té ya no tenía el mismo sabor y las noches se convirtieron en horas intranquilas.

El comienzo de la historia la podemos situar en un barrio tranquilo, de personas de clase media y ajardinado para que los más jóvenes, tanto niños como muchachos, disfrutaran de su tiempo de ocio. Es el típico barrio agradable al que todos desean mudarse para pasar sus días rodeados de una comunidad de vecinos agradables. El barrio en concreto está en Gran Bretaña, en las afueras de Londres, donde el césped crece con fuerza y diversos colegios parecen tener fama por sus estrictas normas.

Hacía más de quince años que la vivienda se encontraba a la venta. Algunos vecinos habían logrado trasladarse a otras zonas de la ciudad, unas aún más tranquilas porque sus hijos habían crecidos y ellos deseaban viviendas más pequeñas. Sin embargo, aquella casa estaba situada en el corazón del vecindario y estaba comenzando a ser un punto negro para la oficina de venta de viviendas. La inmobiliaria era incapaz de vender aquella hermosa casa de ladrillos vistos, amplio jardín, garaje con buen acceso a la carretera y elegante mobiliario. No era la zona, sino la historia.

La vivienda había sido adquirida al principio de la década de los ochenta, cuando el barrio comenzó a tener vida. Era una familia joven que se había trasladado desde las afueras. Deseaban tener mayor acceso a las escuelas y también, por supuesto, a las oficinas que se encontraban muy cercanas al centro de la ciudad. Tenían un bebé de tan sólo unos meses y esperaban llegar a ser una familia numerosa, como siempre habían soñado. Aquel barrio les daba todas las facilidades que habían soñado alguna vez.

George y Louise eran personas creyentes y decidieron comprar aquella casa, y no otras algo más alejadas, porque la iglesia estaba tan sólo a cinco minutos andando. Para ellos tener la iglesia, el colegio y varios parques agradables cerca de su vivienda era algo importante. Al igual del sosiego de vivir cerca de vecinos de apariencia tranquila y bondadosa. Fueron recibidos con cordialidad y se adaptaron al barrio con asombrosa facilidad. Sus respectivos trabajos estaban a menos de treinta minutos en coche. Ambos trabajaban para la misma empresa y tenían horarios similares. El pequeño solía quedarse con la asistenta, la cual contrataron con la esperanza que fuese de ayuda también para mantener el hogar aseado y habitable.

El pequeño, Lionel, era tranquilo y no solía escucharse su llanto. Solía estar en su cuna apaciguado jugando con algún peluche de trapo, así como jugando con su pelota en el pequeño recinto de juegos. El pequeño tan sólo tenía diez meses. La cuidadora solía dormir mientras el niño jugaba, sin prestar atención a sus necesidades.

Una tarde, cuando ambos padres llegaron del trabajo, se encontraron que el bebé se había caído de la cuna. Ella había dejado mal colocada la barandilla y se había precipitado al suelo. El pequeño estaba frío, su pequeña frente se encontraba abierta y sus pequeñas manos se hallaban cerca de sus rizos dorados. Había estado llorando hasta que terminó muerto. La cuidadora se hallaba en una de las habitaciones dormida, recostada en la cama de invitados, y ni siquiera había escuchado a los padres llegar.

La rabia, la impotencia y el dolor provocaron que aquel hombre bondadoso, de sonrisa tranquila, y comprensivo se convirtiera en un demonio. Su hijo, su primogénito, en el cual había puesto tantos maravillosos planes había muerto por la ineptitud de aquella mujer. De inmediato arrancó el teléfono y con el cable la asfixió. La asistenta no pudo siquiera gritar. Tan sólo intentó resistirse arañando las ropas del joven padre. Ella terminó muerta sobre la cama, mientras Louise, la madre, lloraba aferrada al cuerpo del pequeño.

Rápidamente intentaron ocultar el cuerpo, pero el llanto desgarrador de la madre había provocado que una vecina llamara a la policía. El padre terminó en la cárcel y la madre en una institución mental, pues no logró reponerse del acto cruel de su esposo y de la muerte del pequeño.

Los siguientes compradores adquirieron la casa gracias a una cuantiosa rebaja, pero al saber la historia sintieron cierto rechazo por la vivienda. Sin embargo, decidieron seguir viviendo. Sin embargo, una noche huyeron de la casa. Dentro de ella ocurrían fenómenos extraños, se escuchaba el llanto desgarrador de un bebé y había objetos que se arrojaban a la pared. La casa, por supuesto, pronto encontró comprador y terminó en manos de una pareja joven. Eran tan jóvenes como los primeros compradores.

Una mañana, tras varias noches en vela por los extraños sonidos que lograban destrozar su descanso, Peter, el esposo, despertó sobresaltado al encontrar a su mujer muerta en la cama. Había muerto a golpes. Llamó a la policía y descubrieron que había sido él, pero él no lo recordaba. No sólo perdió a su mujer, sino a su futuro hijo y la libertad.

Después de aquello estuvo cerrada por casi quince años. Pero finalmente fue adquirida por un matrimonio con tres hijos, uno de ellos a punto de irse a la universidad. Nadie en el barrio era capaz de explicarle los extraños y terribles hechos que habían sucedido. Sin embargo, una mañana todos se habían marchado y en la habitación, donde murió el bebé, rezaba en letras de sangre “Bienvenidos al infierno”.

Dos destacados miembros de la actual orden de la Talamasca decidieron investigar cada uno de los sucesos. Estuvieron al corriente de cada hecho que sucedía. Pero jamás lograron dar con la familia. Ésta desapareció. Quizás viajaron fuera del país, o tal vez otro hecho aún más terrible les persiguió aquella noche. Es algo que no se ha podido esclarecer.

Estos dos miembros, cuyos nombres no se ofrecen por seguridad de ambos, decidieron vivir allí durante algunos días. Captaron violetas sacudidas en las puertas, objetos que volaban por las habitaciones hasta encontrar una pared, muebles que se movían y espectros. Había fantasmas. Lograron vincularlos a los asesinatos a excepción de uno. Era un niño. Un pequeño de escasa estatura de ojos verdes y cabellos negros, muy rizados, con la piel blanca. Él no hablaba, no lloraba y tampoco actuaba. Sin embargo, los demás espíritus tenían miedo de él y el bebé lloraba arrastrándose por el piso.

Ellos habían estudiado la vivienda incluso mucho antes de su construcción. Allí no había muerto nadie. Era un campo. Nunca hubo hechos terribles antes del primer asesinato y el homicidio negligente. Sintieron un terrible dolor de cabeza, algo que comentó Peter Smith que pudo declarar sobre el asesinato de su esposa, y ambos comprendieron que era aquel niño el inicio de todo. Podría decirse que era el culpable de la muerte del pequeño Lionel y su cuidadora, ya que pensamientos extraños empezaron a discurrir por la mente de ambos. Finalmente se marcharon.


La casa sigue vacía esperando comprador y lo vecinos intentan no transitar por la acera. Todos sienten pánico. Los ruidos permanecen en la vivienda haya o no personas viviendo allí. Inclusive hay luz en la habitación que fue del pequeño, aunque no hay electricidad en la vivienda.  

viernes, 17 de abril de 2015

Proyectos, ideales y honor

Benji sin duda es uno de los más inteligentes de nuestra "tribu". Una tribu en la cual no estamos solos los vampiros. Es un intelectual y un hombre de principios. No importa su aspecto. Tampoco que fuese creado cuando era un niño. Lo importante es que él ha logrado iniciar una rebelión y una información cercana sobre los hechos que hemos vivido. 

Lestat de Lioncourt


Siempre me pareció interesante el fenómeno de las ondas de radio. Despertaban en mí cierta curiosidad que ni de lejos era una etapa. Cuando era niño suponían algo más importante que la prensa escrita y, todavía, eran fundamentales en la vida cotidiana. Poco a poco se ha ido relegando a un plano más que secundario. Las sombras engulleron a la radio y la hicieron desaparecer, salvo en los largos trayectos de coche y en nostálgicos que conectaban, a través de todo el mundo, vía Internet.

Conozco a quienes jamás pensaron que nos pudiésemos conectar de ese modo. La música prácticamente era creada para agasajar a la afortunada corte, momentos de guerra o obra del diablo. La lluvia era la única melodía que ellos podían escuchar de forma cotidiana, así como las aves o el viento colándose entre las ramas. La invención de la radio supuso un cambio brusco en sus pensamientos, así como en las comunicaciones. Radio, televisión, teléfono y periódicos son inventos que nos unen a pesar de la distancia. Y, hoy en día, Internet es fundamental porque alberga a los anteriores en el culmen perfecto de tecnología al servicio de la comunicación.

Decidí que, además de mis múltiples negocios en hostelería y tiendas de ropa masculina, debía invertir en algo que nos hiciese felices y próximos. Estábamos diseminados. Como dice ocasionalmente mi compañero Armand: como niños perdidos.

Creé la primera radio para vampiros que emitía en unas frecuencias que ningún mortal podría captar, pero algunos inmortales eran incapaces de acceder. Los más jóvenes, y menos poderosos, se veían sordos ante las noticias, música y debates que proponía. Por eso, gracias enorme desarrollo de Internet, creé una plataforma vía web y desde Nueva York emito a diario.

Muchos creen que sólo es un juego. Los mortales me han escuchado y creen que yo mismo imito las voces, invento las noticias y recreo un mundo imaginario fabuloso, rico en detalles y muy creativo. Mentira. La triste situación actual de los vampiros, y las terroríficas Quemas, son actos reales. Tal vez mi dulce apariencia les hace pensar algo radicalmente distinto, pero ¿no les parece extraño que no envejezca como debiera? No llego al metro sesenta. Tengo la piel de un niño y los rasgos de un adolescente. Sin embargo, con la pose adecuada y las mentiras justas puedo ser el hombre que desean como comensal, el amigo ingenioso para trasnochar y un amante indiscreto que, habitualmente, se marcha mucho antes de saber qué ocurrió realmente entre los dos.

Aún vivimos en el escepticismo y la ingenuidad. Muchos adoran al dinero sin saber que no tiene valor alguno. Para mí carece de interés. Sólo son recortes de papel que puedo usar para doblegar a los más borregos. Compran y venden sus almas. Los vampiros, sin embargo, vivimos en otro mundo donde el deseo va más allá de un fajo de billetes.


Sea como sea... seguiré con la tribu. Nadie me arrancará mis ideales, mi forma de amar y actuar, tampoco logrará convencerme que todo lo que hemos hecho está mal. Hemos sobrevivido, pero ésto sólo era una prueba.  

jueves, 8 de enero de 2015

Orgullo

Hacer sentir orgullos a quienes amamos es algo que todos deseamos. Benji desea que se sienta orgulloso Armand y lo comprendo.

Lestat de Lioncourt


Todos a mi alrededor parecían tener algo especial, menos yo. Me encontraba perdido en un mar de libros y en una angustia constante por conocer lo que podía hallar a mi alrededor. Quería encontrar un lugar al cual pertenecer, mucho más allá de unos brazos amorosos y unos besos llenos de cariño. Había logrado tener lo que popularmente se llama hogar, una familia peculiar y miles de noches a mi disposición para sentirme acogido en su seno. Sin embargo, todo lo que creía se volvió turbio y mi inteligencia pedía algo más que la responsabilidad de portarme decentemente.

Conocía en secreto los sueños de Armand. Él deseaba verme como un universitario de éxito. Veía en mi a un hombre que no llegaría ya a conquistar el mundo, pero deseaba demostrarle que la sangre no me cambió. Nada cambió en mí. Hizo que mi agudeza aumentara y aún podía ser ese hombre que él había soñado. Un hombre que no dañaría su corazón, que acariciaría su juvenil rostro y besaría sus labios con cuidado.

Muchos le temen, otros le odian y miles dicen amarle. Sin embargo, todos decepcionan su corazón. He visto en sus ojos miles de lágrimas que no ha derramado. Es alguien muy complejo. No es un ser común. La vida le ha dado duras lecciones y las ha tomado con odio. Sé que tiene grandes recelos, guarda en sí secretos terribles que no ha confesado y reza porque nadie los encuentre jamás en el baúl del olvido.

Cuando me siento a su lado observo sus manos, tan pequeñas y finas como las mías. Tiene una pose desenfadada frente al televisor mientras emiten sus películas favoritas. Muchas veces ha dicho que ama la tecnología porque le hace comprender al hombre moderno. Por eso mismo yo hice mi radio. Quería que él me escuchara a través de Internet.

—Benji—me llamó apartando su vista del canal de noticias—. He estado escuchando tu programa—esbozó una sonrisa dulce que pocas veces he visto. Era una sonrisa de orgullo. Sybelle tocaba en el piano una melodía muy animada, distinta a la que solía hacer. Ambos parecían celebrar mi logro—. Amor mío, cariño, tienes un talento innato para narrar tus sentimientos. Eso es lo que me hizo amarte. Esa fuerza—dijo abriendo sus brazos que enseguida acepté. Un abrazo firme y fuerte. Una merecida recompensa.


Besó mis mejillas, mis labios y mis manos de un modo cuidadoso. Después me arropó con la manta que cubría sus piernas y me susurró al oído palabras llenas de amor. Sabía que para siempre sería parte de su corazón, un corazón maltrecho pero que aún bombeaba buenos sentimientos. Armand sólo era un incomprendido y yo deseaba comprenderlo. Siempre lo he deseado. Y a veces, sólo a veces, creo que le comprendo del todo.  

lunes, 1 de diciembre de 2014

Héroes

Benji siempre me sorprende en muchos sentidos, pero no soy el único que queda impactado con este joven vampiro. 

Lestat de Lioncourt 


Dicen que la música calma a las fieras, pero a mí siempre me ha incitado a bailar como si estuviera en mitad de una tribu. Reconozco que me he convertido en el guía perfecto para las solitarias noches de cientos de jóvenes y ancianos. Soy caprichoso cuando tengo que elegir la temática de un programa, quisquilloso con las entrevistas y precavido cuando doy una noticia. En el pequeño cubículo donde nadie puede hacerme daño, sólo mis elucubraciones, sonrío ante el micrófono antes de dar paso a las llamadas o hacer entrar al vampiro de turno que hablará a través de las ondas, mis ondas, de radio.

Siempre quise expresarme, dando a conocer mis más profundos pensamientos y dejar un poco de mí en alguien. Era muy joven cuando tuve que abandonar mi tierra, el hogar que siempre había conocido, por un par de monedas. Me sentí como Jesús frente a Judas, aunque a él lo vendieron con mejor precio. Si bien, no me importa actualmente nada de lo ocurrido. Doy gracias y me siento fuerte. No tengo religión, patria o marca alguna que me ancle a un lugar; pero, estoy con ellos noche tras noche. He cumplido mi sueño y ellos me han ayudado. Como agradecimiento, y por amor, he decidido quedarme en esta gran ciudad rodeado de quien ha sido algo más que mi maestro, amigo y gran amor. Armand, junto a mi hermosa y dulce Sybelle y a un melancólico cínico de ojos verdes llamado Louis, me ha ofrecido la oportunidad que nunca habría logrado tener: una radio.

Ahora mismo está sonando «Heroes» del incombustible David Bowie. Me siento un superviviente, no un héroe. Sin embargo, quizás es el himno más apropiado para hacerlo sonar tras semanas de silencio. Miles de jóvenes esperaban mi regreso tras la calma. He tardado en abrir la emisora, colocarme tras la mesa y encender el micrófono. Un par de chicos de mi peculiar equipo han desaparecido envueltos en fuego y dolor. En estos momentos la vivienda donde comparto vida, tragedias y sueños, se ha llenado de vampiros. Allí David, Lestat y un pianista llamado Antoine han hecho acto de presencia. No es un hostal, pero tampoco se quedarán muchos meses con nosotros. Sé que Louis desaparecerá del brazo de Lestat, David huirá a cualquier parte del mundo buscando noticias de todos los que una vez estuvo en su vida y Antoine es posible que vuelva al tugurio de Chicago donde suele actuar. Quedaremos de nuevo a solas Sybelle, Armand y yo. A solas con los recuerdos de una gran tragedia.

He salvado vidas, pero no tantas como las que he arrancado. Además, las vidas que he salvado son las de otros como yo. No he librado al mundo de ningún mal, pero el mundo ya era así antes que yo abriera los ojos en mitad de una terrible sed. Mis comunicados hoy no serán de precaución, sino los habituales comentarios llenos de humor, pasión por la música e información sobre reuniones clandestinas de vampiros de todas las edades y lugares.

Al fin encenderé el micrófono. Hablaré para todos. Seré de nuevo la esperanza tras un pequeño aparato, Internet o la radio del salpicadero de un coche. He vuelto, igual que ese dichoso rubio engreído, para conquistarlos a todos.

—¡Buenas noches amigos de las ondas! Os habla Benjamín. Hemos vuelto una noche más, como si nada hubiese pasado. Todos nosotros somos un poco héroes y villanos. La lucha acabó hace unas semanas, el miedo nos ha mantenido atados a un desafío casi imposible de superar, y ahora, tras el pánico, hemos llegado a la calma final. Si me están escuchando sabrán que son afortunados. Muy afortunados. Se abren las líneas. Todo aquel que quiera comunicarse conmigo tendrá la oportunidad perfecta. ¡Esta noche los vampiros volvemos a estar en boca de la inmortalidad!



viernes, 2 de mayo de 2014

La radio - ARCHIVO TALAMASCA

David Talbot nos presenta uno de los archivos sin resolver. 

Lestat de Lioncourt 


Justin Mirror era un hombre de raza negra, de casi cuarenta años, y que hasta el momento jamás había llamado la atención a sus vecinos. Sin duda era una sombra, pues debido a su habitual empleo a penas pisaba su vivienda por muchas horas. Él era el típico que iba a casa para cenar y dormir. A penas encendía la radio, televisión o el ordenador de sobremesa, algo anticuado, que tenía en la sala de estar. Se había divorciado recientemente porque su esposa se cansó de vivir con un fracasado, pues así veía ella a un coleccionista de objetos antiguos que vivía por su trabajo.

Durante varios años se había pasado la vida recogiendo enseres de viejas casas que era reformadas, muchas de ellas vendían algunos muebles y objetos interesantes. También visitaba viejos puestos de antigüedades y casas de empeño. Aquella calurosa tarde de primavera, cuando las flores aún estaban empezando a abrirse y el jazmín bañaba las calles con un aroma inconfundible, decidió pasear perdido en sus pensamientos. Hacía días que había perdido su trabajo y estaba desanimado, algunos de los artículos que había adquirido y restaurado estaban en venta cada día en su porche. Lo que fue por mera diversión ahora era, sin duda alguna, parte de su sustento.

Al pasar por una vieja caserona, la cual estaba abandonada desde hacía una década, se percató que la puerta estaba abierta. Pensó que podría hallar a nuevos inquilinos y comprarle algún objeto, restaurarlo y venderlo ganando algunos billetes.

Justin entró en la vivienda preguntando si había alguien, pero le respondió el eco de su voz. Sobre la mesa encontró una vieja máquina de escribir que le llamó poderosamente la atención y una radio. Pensó que si no había nadie, ni nadie lo veía, podía llevarse esos objetos sin pagar un dólar por ellos. Además, se veía que la casa seguía abandonada y que nadie había siquiera pensado en adquirirla.

Con algo de vergüenza, pues se sentía mal por estar llevándose aquello sin permiso, tomó la máquina de escribir y la radio. Era una radio muy bonita que en otra época había sido la delicia de alguien. Él tuvo una parecida cuando era niño, pero la perdió en una mudanza y jamás encontró otra igual. La máquina de escribir le recordaba a las robustas máquinas de los viejos negocios, donde las cartas y facturas se hacían a máquina y no con los modernos ordenadores.

Al llegar a casa limpió ambos objetos, los observó durante más de una hora y compró su funcionamiento. La radio no funcionaba en absoluto, pero la máquina escribía muy bien. Tenía todas las teclas, estaba bien engrasada y el tiempo no había destrozado su mecanismo interno. Decidió que intentaría arreglar la radio, pues podía encontrar por Internet alguna información, pero eso sería al día siguiente.

Esa noche soñó con la radio, cosa que le pareció curiosa, pero al despertar la escuchó sonando como si estuviera arreglada. Pensó que seguía soñando, sonrió y se echó a reír, pero cuando escuchó el siguiente mensaje sintió un escalofrío que le heló la sangre.

“Vas a morir. Vas a morir. Yo sé que vas a morir. Vendremos a por ti.”

La música que sonaba era de los años ochenta, las cuñas publicitarias eran de esa época y sintió un escalofrío terrible. Se incorporó de la cama y fue a mirar la radio, que se hallaba en la habitación contraria. Tembloroso, con la frente empapada en sudor frío, tomó la radio entre sus manos y compró que realmente funcionaba pero que el botón de apagado seguía pulsado.

Intentó hablar con su ex-pareja durante varios días, pues estaba asustado, pero ella no quiso escuchar. Sus viejos compañeros de trabajo pensaron que se había vuelto loco después de ser despedido. No tenía amigos lejos de la cadena de producción donde trabajaba, se sentía perdido, sus familiares más cercanos habían muerto hacía años. Se encontraba solo y angustiado. Así que se sentó frente a la máquina de escribir y comenzó a redactar la siguiente carta.


“Me llamo Justin Mirror, tengo treinta y siete años, vivo en New Orleans y creo que tengo un objeto maldito. Reconozco que la curiosidad, la necesidad y cierta codicia me han metido en éste lío. Hace algunos meses me quedé sin empleo y decidí vender las antigüedades que he adquirido estos años, las mismas que he arreglado.

Cerca de mi vivienda existe una caserona, la cual tiene aspecto de haber sido abandonada hace décadas. Nunca he visto a nadie viviendo en ella. El césped está descuidado, aunque yo no llamaría a esos hierbajos césped. Los árboles están tronchados porque las ramas pesan demasiado, hay enjambres de abejas y cucarachas muertas por todas partes. La puerta siempre ha estado trancada, pero un día la descubrí abierta.

Pensé que podía echar una ojeada, pues quería comprar nuevos objetos a bajo costo y venderlos después de arreglarlos. Decidí que podía hacer de mi pequeño pasatiempo mi sustento mientras no encontraba nuevo trabajo. Dentro no había nadie, pero sí dos objetos que me parecieron curiosos. Uno es la máquina con la cual estoy redactando ésto, ya que pensé hacerlo por ordenador pero no tengo impresora, y otra es la radio.

La radio no funcionaba y decidí investigar en otro momento como arreglarla, pero al día siguiente al despertar escuché música. Pensé que era un sueño, sin embargo escuché una cuña publicitaria donde me decían que me iban a matar. He escuchado esa cuña cada hora.

Por supuesto he intentado hablar con conocidos, pero todos creen que me volví loco. La que fue mi mujer durante diez años cree que es un intento para que regrese con ella, pues si tengo miedo y problemas podría regresar para ayudarme. Pero no es así. No estoy loco y no es mentira. Realmente escucho esa radio.

La música es de los ochenta, son programas que yo escuchaba de adolescente y juro que cada hora queda en sonido blanco y se escucha esa voz tétrica con un pequeño jingle muy contagioso. No podría definir bien la melodía, pero es un piano algo siniestro.

He escuchado de ustedes y desearía que vinieran a mi casa. Por favor, su organización es lo único que tengo. Estoy desesperado. Envíen rápidamente a un detective de lo paranormal. Necesito que alguien me ayude.

Justin”


La carta llegó a Orden hace varias décadas, pero al remitirnos a la dirección no pudimos hacer nada por él. La radio no se encontraba en la vivienda, pero sí la máquina de escribir y él muerto en la cama. Muchos dijeron que había sido un infarto provocado debido a un gran susto o quizás un gran esfuerzo, pero nadie estaba de acuerdo con ello. No hemos podido encontrar el objeto. De esto hace veinte años el mes próximo.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt