Me hallaba enfundado en mis mejores
galas con un traje blanco espectacular, chaleco con bordados dorados
y una hermosa corbata roja con un broche a juego con los dibujos del
chaleco, zapatos italianos muy cómodos y blancos, tan blancos como
el resto de mi vestimenta. Llevaba también un pañuelo rojo en el
ojal y una hermosa gerbera adornando y dando de nuevo el toque
amarillo y blanco. Mis cabellos estaban perfectamente peinados hacia
atrás con un poco de gomina y una coleta. Algo rojo, porque
simbolizaba la pasión y felicidad, blanco, por la pureza, y
amarillo, porque el amarillo siempre se trataba de la amistad al
menos en las rosas amarillas, para mi look de año nuevo. Rowan
vestía un hermoso traje algo escotado, aunque simple en apariencia,
con algunos adornos bordados en el lateral izquierdo y la espalda
descubierta. Creo que quedé impactado cuando la contemplé con sus
hermosos labios pintados de un rojo pasional aunque sin excederse,
siempre comedida y fresca en su maquillaje, con el cabello recogido y
mostrando una belleza extraordinaria.
-Te ves magnífica-susurré
aproximándome a ella para colocar alrededor de su cuello un collar
de perlas blancas-Te ves hermosa, maravillosa y francamente jamás
pensé tener la fortuna de ver una sirena con piernas tan largas-ella
sonrió acariciando mi rostro con su mano derecha para luego palpar
el collar con delicadeza.
-Gracias por el obsequio, cariño-dijo
depositando un suave beso en mis labios- Y por tus palabras.
No dudé en tomarla de cintura para
besarla por completo. Besé su cuello, sus lóbulos, sus mejillas y
su frente. La besaba por completo porque era hermosa como una virgen,
un ángel o simplemente un milagro. Ella era mi milagro. Me había
hecho sentir el amor más puro que jamás había tenido en mi pecho y
realzó mis virtudes lejos de hundirme como si fuera un villano. Tan
hermosa, seductora e inteligente como firme y algo masculina debido a
una fuerza que sólo había visto en mi madre. Una mujer única e
irrepetible. Ella era mi Rowan, la flor que ahuyentaba a las brujas y
que en realidad era una de ellas. Mi bruja.
-Lestat-escuché su voz infantil
abriendo la puerta sin siquiera llamar- Tengo la cámara.
-¡Benji!-grité apartándome de Rowan,
pues la había tomado por la cintura y mis manos viajaban hasta sus
pechos-Que sorpresa...
-Armand dice que tus manos son como
culebras y que debió de cortártelas a ti ¿por qué dice
eso?-preguntó con la cámara enfocándome mientras yo me acercaba a
él inclinándome.
-Porque le gusta desmembrar-añadí
tomándole de la mano-Rowan iremos a tomar un pequeño vídeo de
todos los presentes.
-Ve amor-susurró aproximándose a su
tocador para perfumarse.
Yo no hubiese puesto ni una gota de
perfume en su piel. Ella tenía un aroma propio como si fuera una
flor. Poseía un rico aroma fresco que me entusiasmaba y terminaba
hundiéndome en un mar de pensamientos.
Marché con Benji, hasta el salón,
donde Sybelle tocaba mi piano algunas melodías muy festivas y
actuales. Había dado algunas canciones de rock para que las adaptara
al piano. Los mortales viajaban de un lado a otro algo ebrios. Noche
Vieja había quedado atrás y esta era la celebración de Año Nuevo.
Nosotros no teníamos un fastuoso concierto de Año Nuevo, pero sí
teníamos una opípara cena con grandes litros de alcohol para
regarlo. En el fondo se hallaba Mael enfundado en una levita verde,
con unos pantalones algo sucios de barro y unas botas que parecían
haber encontrado en la basura.
Me aproximé a él mientras sentía
cerca a Avicus, el cual estaba rodeado de mujeres conversando sobre
literatura aunque era lo único que le interesaba. No muy lejos vi a
Marius estrujado por Khayman, el cual había regalado besos y abrazos
a todos los presentes. El aroma a dátiles que siempre arrastraba,
pues su acompañante era un fanático de esa fruta así como de
manzanas y especias como el sésamo, me guiaba a través de su
recorrido.
-Mael esa no es ropa de gala-dije
mientras Benji filmaba.
-¿Y? Vine a tu estúpida fiesta para
vigilar a ese estúpido. ¡Avicus deja de coquetear con cuanta zorra
se te acerca!-se movió agarrando al grandullón del brazo para que
le siguiera hasta el jardín.
-¡Adiós chicas! ¡Un placer!-sonreía
agitando su mano con los ojos llenos de bondad, una bondad simple y
pura. Realmente era un hombre amable que se desvivía por la
literatura, así que cualquiera que le hiciera conversación sobre
ello lo agradecía con un gesto amable.
Marius se aproximó a mí colocando sus
manos sobre mis hombros, mirándome sosegado para luego suspirar
pesadamente. En un gesto cómplice me estrechó, tal vez sintiendo
que debía hacer las paces en un nuevo año como inicio de
renovación. Sin embargo, opino que lo hacía sólo para ser un
ejemplo correcto para Benji, el cual seguía filmando a todos los
presentes y a nosotros con gran interés.
-Feliz año nuevo-dijo apartándose
para contemplarme-Sin duda has dejado tu pose de chico rebelde por
algo más aseado y acorde a tu figura.
-¿La ropa rock? Nada de eso.
Simplemente quería vestir algo distinto-comenté acomodando mi
corbata roja-¿Has visto ya a Pandora? Ha venido para la fiesta.
Pandora era una mujer muy hermosa, con
un carácter muy fuerte y unas ideas muy firmes. Cabe destacar que
las mujeres de las cuales solía rodearme, o tenía la suerte de
conocer, eran realmente intrépidas cuando creían haber hallado la
verdad. No se dejaban dominar y tenían la mirada fija en su meta.
Pandora además era una de las mujeres más hermosas que había
tenido el placer de conocer. Tenía una figura envidiable, una edad
apropiada para haber sido convertida y llevaba siempre a su lado a
Arjun. Él vestía de forma simple y cómoda, pero elegante, sin
destacar demasiado permitiendo que Pandora y su elegante vestido en
forma de toga, color blanco, con ciertos complementos dorados
sobresaliera. Tenía su cabello trenzado y echado hacia el lado
izquierdo, poseía unas argollas no muy grandes pero doradas y en sus
muñecas había ciertas pulseras que sonaban alegremente cuando
caminaba. Él también vestía de blanco, pero un traje chaqueta
simple con una faja negra.
-Sí, pero no he querido detenerme más
de cinco minutos-su tono de voz era confidente, muy suave y quedo,
intentando por todos los medios que su voz se opacara con la
celebración.
-Seguro que es para que no acabe
insultándolo, humillándolo al ver que no lleva razón y hacerle
llorar frente a sus fanáticas-la sinceridad y pureza de los niños...
simplemente increíble, sobre todo en una pieza de pequeño tamaño
con unos rasgos árabes tan encantadores.
-Benji la sinceridad a veces
duele-susurré guiñándole un ojo y él se echó a reír.
-¡Púdrete! ¡No debí venir!-dijo
agitando sus brazos dejándose llevar por la ira.
Marius era así. Él no podía soportar
que otros tuviésemos razón. Creo que por eso mismo chocaba tanto
con Pandora. Ambos deseaban tener la razón y jamás reflexionaban.
Empezaban a discutir casi por cualquier cosa. Se querían y
apreciaban, pero no había una comunicación fluida. Se veían
abocados a un conflicto eterno. Si bien, se necesitaban y siempre
terminaban contemplándose e intentando comprenderse sin lograrlo.
-¡Allí está David!-gritó Benji
antes de tomarme de la mano para que fuera hacia él.
David era mi mejor amigo mortal y lo
transformé después de un cambio repentino de cuerpos. Fue una
aventura increíble. Si no la conocen deberían leerla porque sin
duda les dejará fascinados. Aquellos rasgos tan masculinos, serenos
y simplemente encantadores me cautivaban. Tenía los rojos algo
rasgados, la piel suavemente tostada y una sonrisa agradable para
cualquier comentario. Sin duda un hombre increíble, aunque a veces
se alejaba de mí temiendo que lo metiera en algún lío.
-David-dije abriendo mis brazos y él
abrió los suyos.
Vestía un elegante traje negro con
pajarita. Muchas mujeres lo observaban con deseo, pero él
simplemente no tenía ojos para contemplarlas como las gemas
preciosas que podían ser para el corazón de un hombre soltero. No,
él sólo contemplaba el gentío como un murmullo que no cesaba
jamás, igual que el de una fuente, y se dejaba llevar por la música
disfrutando del ambiente como si fuera James Bond.
-Oye ¿estás bien?-pregunté golpeando
suavemente su pecho-Te veo extraño.
-No importa lo que ocurra ¿me has
perdonado? En parte es culpa mía que Julien esté vivo de
nuevo-susurró permitiendo que Benji filmara eso y lo hizo con una
gentil sonrisa.
-Sí, sí...-dije asintiendo aunque por
dentro me molestaba, porque tenía que soportar a ese imbécil.
David se separó de mí permitiendo que
algunas chicas le tomaran fotografías y le aproximaran libros de
misterio, como regalo, pero él se alejó pues sabía que Mona estaba
allí y no había ido con él, como le hubiese gustado. David se
había enamorado de una Mayfair hacía mucho tiempo. Una Mayfair
negra de ojos verdes y la historia se repetía pero con una
pelirroja. Un hombre como él, un estudioso, siempre se enamoraría
de seres magníficos y fuertes que nunca podría controlar. Mona era
salvaje, lista y sobre todo seductora.
Benji la enfocó, me percaté cuando se
giró, y la vi deslumbrante pero con un escaso vestido mientras
bailaba con Quinn, el cual estaba tan ensimismado que ni siquiera
notaba la perversa mirada de los presentes. Tuve que darme un golpe
con la mano y restregarla por mi cara recordando que me dije a mí
mismo que no discutiría en un día como aquel. No muy lejos se
hallaba Arion aguantando algunos golpes de Petronia, la cual había
decidido mostrar su parte más femenina, mientras Manfred correteaba
tras las faldas de las jovencitas.
-Hay quienes no cambian jamás-mascullé
girando mi rostro para verla. Una mujer increíble y peligrosa,
Maharet, la cual estaba allí con Jesse pero no con su hermana.
Mekare siempre estaba oculta- Enfoca allí-susurré al pequeño
mientras veía como las dos pelirrojas se mantenían alejadas de
todos.
Ellas conversaban y sonreían, sobre
todo cuando Thorne apareció guiado por Khayman hasta ellas. Los
cuatro formaban un grupo interesante, sobre todo porque no se dejaban
ver demasiado. Sin embargo, por delante de ellos cruzó alguien que
me hizo guardar silencio.
Nicolas, mi Nicolas, el violinista del
diablo se apareció frente a todos. Hacía unos meses había
recuperado su antigua figura y vida. El mismísimo diablo le había
regresado a lo que era, o más bien el envase que una vez fue con
todo el veneno que nunca perdió. Nicolas apareció como fantasma
poco antes de Carnaval, lo cual me perturbó bastante, y en Halloween
recobró su bello rostro que seguía arrugando cuando escuchaba mi
nombre. No lo había invitado, pero allí estaba. Ya no era un
vampiro, sino un demonio inferior a Memnoch al cual adoraba,
respetaba y por el que luchaba conmigo a muerte en una guerra secreta
que esperaba que nunca se conociera. Sus ojos café taladraron mi
corazón y Benji me apuntó con la cámara enfocando en mi rostro, o
eso pensé.
-Benji eso no-susurré tomándolo en
brazos para poder caminar de ese modo con él.
Pasamos junto a Nash, el cual ahora era
uno de los nuestros casi desde Marzo, y Tommy, quien era un recién
nacido que aún se dejaba entusiasmar por sus nuevos poderes. Dos
hijos de Petronia y Arion, pues ambos habían bebido la milenaria
sangre que estos poseían. Nash tenía una belleza extraña y siempre
me pareció un caballero, pero vestido de smokin con aquel muchacho a
su lado, el cual vestía sencillo pero elegante, me hizo recordar las
viejas cenas de etiqueta de ciertos palacios fastuosos que sólo
podían conocerse por medio de la literatura.
-Buenas noches Nash-dije pasando por su
lado.
-Buenas noches Lestat-respondió
inclinando suavemente su cabeza.
-¿Estamos buscando a Armand?-preguntó
jugueteando con la cámara.
-Sí, eso busco.
Armand, Santino y las ratas no habían
dado señales de vida. Tampoco se había aparecido Stella buscando a
su padre y abuelo, el tío Julien, que ahora tenía un cuerpo con el
aspecto de un hombre maduro y enérgico. Y por supuesto daba gracias
que Memnoch no me sonreía desde alguna esquina, pero eso cambió
cuando al ir hacia el jardín lo vi tomando una copa de champán,
alzándola y llevándosela a los labios. No supe si era sólo mi
obstinación a pensar que había venido, aunque no lo viera, o si fue
real.
Sin embargo, mientras me hallaba
pensando si era así o no encontré a Armand. Tenía un hermoso traje
chaqueta azul manchado de sangre, casi bañado en ella, y caminaba
por el jardín entonando una canción agradable. Había matado de
nuevo y esta vez de forma enloquecida. Armand no sólo bebía sangre
y mataba de ese modo, sino que también lo hacía como un hombre
común y corriente. Podía considerarse que era un ángel de la
muerte. Observé sus ropas mientras él se apoyaba en el balcón
suspirando y secándose el rostro con un pañuelo aún pulcro, aunque
terminó manchado, hasta que noté como Louis tomaba lugar a su lado
con una leve sonrisa cínica y fría.
Louis, el Louis que yo había hecho
vampiro, ya no existía. Desde hacía más de veinte años ese hombre
era sólo el envoltorio de un ser que yo amé. El simbólico
filósofo, el mártir, ese que no quería arrebatar vidas humanas y a
lo cual se acostumbró, porque eran ellos o él, perdió su humanidad
por completo y se transformó en un ser radicalmente distinto. Se
enamoró de Merrick por u encantamiento, se dejó guiar por un
fantasma cruel que era nuestra pequeña damita y finalmente se
intentó quitar la vida. ¿Qué podía hacer? Devolverle la vida. Yo
lo traje de entre los muertos por dos veces. Quise abrazarlo, sentir
su aroma de nuevo y pedirle disculpas por las últimas discusiones.
Sin embargo, ya no era el mismo. Aquel hombre que se hubiese
escandalizado por el aspecto de Armand contemplaba a éste como si
nada.
No muy lejos se hallaba Daniel
ensimismado en hacer pequeñas casitas con las galletas que
encontraba. También intentaba, a su vez, realizar un castillo de
naipes con pan tostado en finas láminas. Todo un caso ese hombre. La
poderosa sangre de Armand le había dejado bastante tocado. Estaba
seguro que realizaba aquellos juegos para alejar su mente de los
murmullos que todo vampiro podía captar y del dolor de la soledad.
-Padre-sentí frío cuando escuché
escuché aquello-Padre-repitió provocando que me girara para
buscarla y apareció.
Sus cabellos rizados cayendo en
hermosos bucles dorados, su vestido amarillo y sus zapatos de charol.
Hermosa sin duda alguna. Ella era hermosa. Pero cuando me aproximé a
ella con los ojos llenos de lágrimas desapareció. Benji me miraba
preocupado como si estuviese viendo a un loco.
-Lo siento, creí ver algo-musité.
Un griterío enorme salió de la cocina
y después pude observar como una bandada de ratas corría, y casi
volaba, por entre la mesas con algo de comida en la boca. Santino
huía también de los cazos, sartenes y cacerolas que estaban
arrojando contra él. Él había recuperado su cuerpo, del mismo modo
que había sucedido con Nicolas, pero de él se conservaban sus
restos, aunque no muchos. Él era un vampiro, otra vez, y parecía
creer que la cocina y las ratas podían llevarse.
-¡No es una película de dibujos
animados! ¡Si te vemos con las ratas en la cocina vas a ser recibido
con sartenes!-proclamó el cocinero jefe mientras se acomodaba su
gorro- ¡Lo juro!
-¡Mis ratas también merecen conocer
la buena comida!-gritó enérgico antes de comprobar que sí, que le
tiraría sartenes. Una voló directo a su cabeza, pero se agachó y
terminó destrozando la fuente de hielo que había encargado. Era una
fuente esculpida, muy hermosa, pero que quedó destruida en segundos.
-¡Genial!-grité molesto-¿Qué más?
-Bonosir mon fils-dijo una voz que bien
conocía, al girarme lo vi.
Vestía con un traje gris, corbata
negra y camisa blanca. Tenía una sonrisa envidiable y sus manos
estaban algo arrugadas, pero colocadas sobre mis hombros. No lo había
notado porque estaba preocupado por mi fuente e invitados. Sus ojos
claros me torturaban.
-¿Qué quieres?-pregunté furioso
alejándome de él.
-Visitar a un viejo amigo-respondió
pasando su mano derecha por sus cabellos.
-Yo no soy tu amigo-dije rabioso porque
sabía que vendría a molestarme y sobre todo a intentar que Rowan le
hiciese caso. No quería que destrozara mi momento especial.
-Oh, claro que lo eres-susurró antes
de girarse, al igual que yo, hasta la escalera de la cual bajaba mi
hermosa mujer.
Julien Mayfair, antepasado de mi
esposa, era sin duda irritante aunque a veces le extrañaba. Era una
relación de amor y odio, quizás de venganza y deseo de comprensión.
Él quería una cosa y yo otra, sólo eso. Si no tuviéramos
intereses tan opuestos nos llevaríamos bien.
-Ya grabé todo-murmuró Benji-Y se
acaba de quedar sin batería.
-No importa-dije bajándolo para que se
quedara a mi lado todavía- Ve y busca a Armand y dile que ponga el
vídeo en cuanto pueda.
Después de aquello me aproximé a
Rowan tomándola de la cintura, besándola sin importarme nada de lo
que pudiese pasar y permitiendo que Julien se acercara, aunque a una
distancia aceptable. Entonces minutos después, mientras aún
permanecía cerca de la mujer de mi vida, escuché risas. Al parecer
Benji había puesto el vídeo pero su estatura había provocado que
sólo se vieran a los invitados de ombligo hacia abajo, salvo los
últimos que sólo se veía parte de mi melena rubia.
Aquel día deseé, pese a todo, que se
repitiera la felicidad que sentía y que el futuro nos deparara algo
mucho mejor que todo lo que habíamos tenido hasta ahora.
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