Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 2 de enero de 2014

Feliz año nuevo

Me hallaba enfundado en mis mejores galas con un traje blanco espectacular, chaleco con bordados dorados y una hermosa corbata roja con un broche a juego con los dibujos del chaleco, zapatos italianos muy cómodos y blancos, tan blancos como el resto de mi vestimenta. Llevaba también un pañuelo rojo en el ojal y una hermosa gerbera adornando y dando de nuevo el toque amarillo y blanco. Mis cabellos estaban perfectamente peinados hacia atrás con un poco de gomina y una coleta. Algo rojo, porque simbolizaba la pasión y felicidad, blanco, por la pureza, y amarillo, porque el amarillo siempre se trataba de la amistad al menos en las rosas amarillas, para mi look de año nuevo. Rowan vestía un hermoso traje algo escotado, aunque simple en apariencia, con algunos adornos bordados en el lateral izquierdo y la espalda descubierta. Creo que quedé impactado cuando la contemplé con sus hermosos labios pintados de un rojo pasional aunque sin excederse, siempre comedida y fresca en su maquillaje, con el cabello recogido y mostrando una belleza extraordinaria.

-Te ves magnífica-susurré aproximándome a ella para colocar alrededor de su cuello un collar de perlas blancas-Te ves hermosa, maravillosa y francamente jamás pensé tener la fortuna de ver una sirena con piernas tan largas-ella sonrió acariciando mi rostro con su mano derecha para luego palpar el collar con delicadeza.

-Gracias por el obsequio, cariño-dijo depositando un suave beso en mis labios- Y por tus palabras.

No dudé en tomarla de cintura para besarla por completo. Besé su cuello, sus lóbulos, sus mejillas y su frente. La besaba por completo porque era hermosa como una virgen, un ángel o simplemente un milagro. Ella era mi milagro. Me había hecho sentir el amor más puro que jamás había tenido en mi pecho y realzó mis virtudes lejos de hundirme como si fuera un villano. Tan hermosa, seductora e inteligente como firme y algo masculina debido a una fuerza que sólo había visto en mi madre. Una mujer única e irrepetible. Ella era mi Rowan, la flor que ahuyentaba a las brujas y que en realidad era una de ellas. Mi bruja.

-Lestat-escuché su voz infantil abriendo la puerta sin siquiera llamar- Tengo la cámara.

-¡Benji!-grité apartándome de Rowan, pues la había tomado por la cintura y mis manos viajaban hasta sus pechos-Que sorpresa...

-Armand dice que tus manos son como culebras y que debió de cortártelas a ti ¿por qué dice eso?-preguntó con la cámara enfocándome mientras yo me acercaba a él inclinándome.

-Porque le gusta desmembrar-añadí tomándole de la mano-Rowan iremos a tomar un pequeño vídeo de todos los presentes.

-Ve amor-susurró aproximándose a su tocador para perfumarse.

Yo no hubiese puesto ni una gota de perfume en su piel. Ella tenía un aroma propio como si fuera una flor. Poseía un rico aroma fresco que me entusiasmaba y terminaba hundiéndome en un mar de pensamientos.

Marché con Benji, hasta el salón, donde Sybelle tocaba mi piano algunas melodías muy festivas y actuales. Había dado algunas canciones de rock para que las adaptara al piano. Los mortales viajaban de un lado a otro algo ebrios. Noche Vieja había quedado atrás y esta era la celebración de Año Nuevo. Nosotros no teníamos un fastuoso concierto de Año Nuevo, pero sí teníamos una opípara cena con grandes litros de alcohol para regarlo. En el fondo se hallaba Mael enfundado en una levita verde, con unos pantalones algo sucios de barro y unas botas que parecían haber encontrado en la basura.

Me aproximé a él mientras sentía cerca a Avicus, el cual estaba rodeado de mujeres conversando sobre literatura aunque era lo único que le interesaba. No muy lejos vi a Marius estrujado por Khayman, el cual había regalado besos y abrazos a todos los presentes. El aroma a dátiles que siempre arrastraba, pues su acompañante era un fanático de esa fruta así como de manzanas y especias como el sésamo, me guiaba a través de su recorrido.

-Mael esa no es ropa de gala-dije mientras Benji filmaba.

-¿Y? Vine a tu estúpida fiesta para vigilar a ese estúpido. ¡Avicus deja de coquetear con cuanta zorra se te acerca!-se movió agarrando al grandullón del brazo para que le siguiera hasta el jardín.

-¡Adiós chicas! ¡Un placer!-sonreía agitando su mano con los ojos llenos de bondad, una bondad simple y pura. Realmente era un hombre amable que se desvivía por la literatura, así que cualquiera que le hiciera conversación sobre ello lo agradecía con un gesto amable.

Marius se aproximó a mí colocando sus manos sobre mis hombros, mirándome sosegado para luego suspirar pesadamente. En un gesto cómplice me estrechó, tal vez sintiendo que debía hacer las paces en un nuevo año como inicio de renovación. Sin embargo, opino que lo hacía sólo para ser un ejemplo correcto para Benji, el cual seguía filmando a todos los presentes y a nosotros con gran interés.

-Feliz año nuevo-dijo apartándose para contemplarme-Sin duda has dejado tu pose de chico rebelde por algo más aseado y acorde a tu figura.

-¿La ropa rock? Nada de eso. Simplemente quería vestir algo distinto-comenté acomodando mi corbata roja-¿Has visto ya a Pandora? Ha venido para la fiesta.

Pandora era una mujer muy hermosa, con un carácter muy fuerte y unas ideas muy firmes. Cabe destacar que las mujeres de las cuales solía rodearme, o tenía la suerte de conocer, eran realmente intrépidas cuando creían haber hallado la verdad. No se dejaban dominar y tenían la mirada fija en su meta. Pandora además era una de las mujeres más hermosas que había tenido el placer de conocer. Tenía una figura envidiable, una edad apropiada para haber sido convertida y llevaba siempre a su lado a Arjun. Él vestía de forma simple y cómoda, pero elegante, sin destacar demasiado permitiendo que Pandora y su elegante vestido en forma de toga, color blanco, con ciertos complementos dorados sobresaliera. Tenía su cabello trenzado y echado hacia el lado izquierdo, poseía unas argollas no muy grandes pero doradas y en sus muñecas había ciertas pulseras que sonaban alegremente cuando caminaba. Él también vestía de blanco, pero un traje chaqueta simple con una faja negra.

-Sí, pero no he querido detenerme más de cinco minutos-su tono de voz era confidente, muy suave y quedo, intentando por todos los medios que su voz se opacara con la celebración.

-Seguro que es para que no acabe insultándolo, humillándolo al ver que no lleva razón y hacerle llorar frente a sus fanáticas-la sinceridad y pureza de los niños... simplemente increíble, sobre todo en una pieza de pequeño tamaño con unos rasgos árabes tan encantadores.

-Benji la sinceridad a veces duele-susurré guiñándole un ojo y él se echó a reír.

-¡Púdrete! ¡No debí venir!-dijo agitando sus brazos dejándose llevar por la ira.

Marius era así. Él no podía soportar que otros tuviésemos razón. Creo que por eso mismo chocaba tanto con Pandora. Ambos deseaban tener la razón y jamás reflexionaban. Empezaban a discutir casi por cualquier cosa. Se querían y apreciaban, pero no había una comunicación fluida. Se veían abocados a un conflicto eterno. Si bien, se necesitaban y siempre terminaban contemplándose e intentando comprenderse sin lograrlo.

-¡Allí está David!-gritó Benji antes de tomarme de la mano para que fuera hacia él.

David era mi mejor amigo mortal y lo transformé después de un cambio repentino de cuerpos. Fue una aventura increíble. Si no la conocen deberían leerla porque sin duda les dejará fascinados. Aquellos rasgos tan masculinos, serenos y simplemente encantadores me cautivaban. Tenía los rojos algo rasgados, la piel suavemente tostada y una sonrisa agradable para cualquier comentario. Sin duda un hombre increíble, aunque a veces se alejaba de mí temiendo que lo metiera en algún lío.

-David-dije abriendo mis brazos y él abrió los suyos.

Vestía un elegante traje negro con pajarita. Muchas mujeres lo observaban con deseo, pero él simplemente no tenía ojos para contemplarlas como las gemas preciosas que podían ser para el corazón de un hombre soltero. No, él sólo contemplaba el gentío como un murmullo que no cesaba jamás, igual que el de una fuente, y se dejaba llevar por la música disfrutando del ambiente como si fuera James Bond.

-Oye ¿estás bien?-pregunté golpeando suavemente su pecho-Te veo extraño.

-No importa lo que ocurra ¿me has perdonado? En parte es culpa mía que Julien esté vivo de nuevo-susurró permitiendo que Benji filmara eso y lo hizo con una gentil sonrisa.

-Sí, sí...-dije asintiendo aunque por dentro me molestaba, porque tenía que soportar a ese imbécil.

David se separó de mí permitiendo que algunas chicas le tomaran fotografías y le aproximaran libros de misterio, como regalo, pero él se alejó pues sabía que Mona estaba allí y no había ido con él, como le hubiese gustado. David se había enamorado de una Mayfair hacía mucho tiempo. Una Mayfair negra de ojos verdes y la historia se repetía pero con una pelirroja. Un hombre como él, un estudioso, siempre se enamoraría de seres magníficos y fuertes que nunca podría controlar. Mona era salvaje, lista y sobre todo seductora.

Benji la enfocó, me percaté cuando se giró, y la vi deslumbrante pero con un escaso vestido mientras bailaba con Quinn, el cual estaba tan ensimismado que ni siquiera notaba la perversa mirada de los presentes. Tuve que darme un golpe con la mano y restregarla por mi cara recordando que me dije a mí mismo que no discutiría en un día como aquel. No muy lejos se hallaba Arion aguantando algunos golpes de Petronia, la cual había decidido mostrar su parte más femenina, mientras Manfred correteaba tras las faldas de las jovencitas.

-Hay quienes no cambian jamás-mascullé girando mi rostro para verla. Una mujer increíble y peligrosa, Maharet, la cual estaba allí con Jesse pero no con su hermana. Mekare siempre estaba oculta- Enfoca allí-susurré al pequeño mientras veía como las dos pelirrojas se mantenían alejadas de todos.

Ellas conversaban y sonreían, sobre todo cuando Thorne apareció guiado por Khayman hasta ellas. Los cuatro formaban un grupo interesante, sobre todo porque no se dejaban ver demasiado. Sin embargo, por delante de ellos cruzó alguien que me hizo guardar silencio.

Nicolas, mi Nicolas, el violinista del diablo se apareció frente a todos. Hacía unos meses había recuperado su antigua figura y vida. El mismísimo diablo le había regresado a lo que era, o más bien el envase que una vez fue con todo el veneno que nunca perdió. Nicolas apareció como fantasma poco antes de Carnaval, lo cual me perturbó bastante, y en Halloween recobró su bello rostro que seguía arrugando cuando escuchaba mi nombre. No lo había invitado, pero allí estaba. Ya no era un vampiro, sino un demonio inferior a Memnoch al cual adoraba, respetaba y por el que luchaba conmigo a muerte en una guerra secreta que esperaba que nunca se conociera. Sus ojos café taladraron mi corazón y Benji me apuntó con la cámara enfocando en mi rostro, o eso pensé.

-Benji eso no-susurré tomándolo en brazos para poder caminar de ese modo con él.

Pasamos junto a Nash, el cual ahora era uno de los nuestros casi desde Marzo, y Tommy, quien era un recién nacido que aún se dejaba entusiasmar por sus nuevos poderes. Dos hijos de Petronia y Arion, pues ambos habían bebido la milenaria sangre que estos poseían. Nash tenía una belleza extraña y siempre me pareció un caballero, pero vestido de smokin con aquel muchacho a su lado, el cual vestía sencillo pero elegante, me hizo recordar las viejas cenas de etiqueta de ciertos palacios fastuosos que sólo podían conocerse por medio de la literatura.

-Buenas noches Nash-dije pasando por su lado.

-Buenas noches Lestat-respondió inclinando suavemente su cabeza.

-¿Estamos buscando a Armand?-preguntó jugueteando con la cámara.

-Sí, eso busco.

Armand, Santino y las ratas no habían dado señales de vida. Tampoco se había aparecido Stella buscando a su padre y abuelo, el tío Julien, que ahora tenía un cuerpo con el aspecto de un hombre maduro y enérgico. Y por supuesto daba gracias que Memnoch no me sonreía desde alguna esquina, pero eso cambió cuando al ir hacia el jardín lo vi tomando una copa de champán, alzándola y llevándosela a los labios. No supe si era sólo mi obstinación a pensar que había venido, aunque no lo viera, o si fue real.

Sin embargo, mientras me hallaba pensando si era así o no encontré a Armand. Tenía un hermoso traje chaqueta azul manchado de sangre, casi bañado en ella, y caminaba por el jardín entonando una canción agradable. Había matado de nuevo y esta vez de forma enloquecida. Armand no sólo bebía sangre y mataba de ese modo, sino que también lo hacía como un hombre común y corriente. Podía considerarse que era un ángel de la muerte. Observé sus ropas mientras él se apoyaba en el balcón suspirando y secándose el rostro con un pañuelo aún pulcro, aunque terminó manchado, hasta que noté como Louis tomaba lugar a su lado con una leve sonrisa cínica y fría.

Louis, el Louis que yo había hecho vampiro, ya no existía. Desde hacía más de veinte años ese hombre era sólo el envoltorio de un ser que yo amé. El simbólico filósofo, el mártir, ese que no quería arrebatar vidas humanas y a lo cual se acostumbró, porque eran ellos o él, perdió su humanidad por completo y se transformó en un ser radicalmente distinto. Se enamoró de Merrick por u encantamiento, se dejó guiar por un fantasma cruel que era nuestra pequeña damita y finalmente se intentó quitar la vida. ¿Qué podía hacer? Devolverle la vida. Yo lo traje de entre los muertos por dos veces. Quise abrazarlo, sentir su aroma de nuevo y pedirle disculpas por las últimas discusiones. Sin embargo, ya no era el mismo. Aquel hombre que se hubiese escandalizado por el aspecto de Armand contemplaba a éste como si nada.

No muy lejos se hallaba Daniel ensimismado en hacer pequeñas casitas con las galletas que encontraba. También intentaba, a su vez, realizar un castillo de naipes con pan tostado en finas láminas. Todo un caso ese hombre. La poderosa sangre de Armand le había dejado bastante tocado. Estaba seguro que realizaba aquellos juegos para alejar su mente de los murmullos que todo vampiro podía captar y del dolor de la soledad.

-Padre-sentí frío cuando escuché escuché aquello-Padre-repitió provocando que me girara para buscarla y apareció.

Sus cabellos rizados cayendo en hermosos bucles dorados, su vestido amarillo y sus zapatos de charol. Hermosa sin duda alguna. Ella era hermosa. Pero cuando me aproximé a ella con los ojos llenos de lágrimas desapareció. Benji me miraba preocupado como si estuviese viendo a un loco.

-Lo siento, creí ver algo-musité.

Un griterío enorme salió de la cocina y después pude observar como una bandada de ratas corría, y casi volaba, por entre la mesas con algo de comida en la boca. Santino huía también de los cazos, sartenes y cacerolas que estaban arrojando contra él. Él había recuperado su cuerpo, del mismo modo que había sucedido con Nicolas, pero de él se conservaban sus restos, aunque no muchos. Él era un vampiro, otra vez, y parecía creer que la cocina y las ratas podían llevarse.

-¡No es una película de dibujos animados! ¡Si te vemos con las ratas en la cocina vas a ser recibido con sartenes!-proclamó el cocinero jefe mientras se acomodaba su gorro- ¡Lo juro!

-¡Mis ratas también merecen conocer la buena comida!-gritó enérgico antes de comprobar que sí, que le tiraría sartenes. Una voló directo a su cabeza, pero se agachó y terminó destrozando la fuente de hielo que había encargado. Era una fuente esculpida, muy hermosa, pero que quedó destruida en segundos.

-¡Genial!-grité molesto-¿Qué más?

-Bonosir mon fils-dijo una voz que bien conocía, al girarme lo vi.

Vestía con un traje gris, corbata negra y camisa blanca. Tenía una sonrisa envidiable y sus manos estaban algo arrugadas, pero colocadas sobre mis hombros. No lo había notado porque estaba preocupado por mi fuente e invitados. Sus ojos claros me torturaban.

-¿Qué quieres?-pregunté furioso alejándome de él.

-Visitar a un viejo amigo-respondió pasando su mano derecha por sus cabellos.

-Yo no soy tu amigo-dije rabioso porque sabía que vendría a molestarme y sobre todo a intentar que Rowan le hiciese caso. No quería que destrozara mi momento especial.

-Oh, claro que lo eres-susurró antes de girarse, al igual que yo, hasta la escalera de la cual bajaba mi hermosa mujer.

Julien Mayfair, antepasado de mi esposa, era sin duda irritante aunque a veces le extrañaba. Era una relación de amor y odio, quizás de venganza y deseo de comprensión. Él quería una cosa y yo otra, sólo eso. Si no tuviéramos intereses tan opuestos nos llevaríamos bien.

-Ya grabé todo-murmuró Benji-Y se acaba de quedar sin batería.

-No importa-dije bajándolo para que se quedara a mi lado todavía- Ve y busca a Armand y dile que ponga el vídeo en cuanto pueda.

Después de aquello me aproximé a Rowan tomándola de la cintura, besándola sin importarme nada de lo que pudiese pasar y permitiendo que Julien se acercara, aunque a una distancia aceptable. Entonces minutos después, mientras aún permanecía cerca de la mujer de mi vida, escuché risas. Al parecer Benji había puesto el vídeo pero su estatura había provocado que sólo se vieran a los invitados de ombligo hacia abajo, salvo los últimos que sólo se veía parte de mi melena rubia.


Aquel día deseé, pese a todo, que se repitiera la felicidad que sentía y que el futuro nos deparara algo mucho mejor que todo lo que habíamos tenido hasta ahora.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt