Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 21 de junio de 2014

Lamento de San Ashlar

El siguiente texto es una reflexión dolorosa de Ashlar, el Taltos que fue rey y santo. 

Lestat de Lioncourt 

EL LAMENTO DE SAN ASHLAR 

Puedo cerrar los ojos y pedir un deseo, tan desesperado como único. Sólo quiero que vuelvan a amar como ayer, por aquella gente gigantesca tan igual a mí. ¡Necesito el calor de otra piel para soportar la mía en éste frío amanecer! La nieve lo cubre todo y mis brazos caen a ambos lados, como si fueran trozos de las velas de un barco hundido. Por favor, búscame y ámame. Necesito que me ames ésta noche como tantas otras. ¡Por qué! ¿Qué pecado cometí? ¿Algún día me lo perdonarás?

Cabello rojo como el fuego, labios condenados llenos de maldiciones para mí, ellos eran espejos rotos en el suelo y el agua brotando del manantial brotando, como brotaban las amapolas de sangre en sus pechos desnudos. Tú me miraste furiosa, clamaste mi nombre y las llamas consumieron tu hermosa piel. Morías y yo no pude hacer nada, sólo calzarme el apodo de santo y llorar amargamente tu recuerdo.

Fuimos tantas veces felices en aquel círculo de piedras, danzamos al compás de tu voz y tus manos tocaron las estrellas. ¿Por qué fui tan estúpido? ¿Por qué permití que murieras aquel día? El olor a carne quemada aún me persigue, las cenizas alzándose en la madrugada y las ruinas de mi ayer pisoteadas por una fe extranjera. ¡Ah! ¡Mi hermosa diosa de gran estatura! Criatura talla con el cincel de mil colores, vestida como princesa y atada como si fueras una miserable. De tus pechos bebí la leche más cálida y nuestros hijos crecieron fuertes para morir a mi lado, bajo mis pies, sin siquiera poder comprender qué ocurría.

Todo fue culpa mía. Me merezco el veneno que rozó mis labios y la soledad a la cual fui arrojado. ¡Pude amar de nuevo! Y era tan parecida a ti. ¿Regresaste en otro cuerpo? ¡Dímelo! Te recuerdo tan hermosa, tan viva como las llamas que te consumieron, y tan desafiante. Aquellos ojos tan verdes, conteniendo el frescor de la brizna nueva que una vez sembramos, me perseguirán por siempre.

En ésta tumba de hielo, junto a mi nueva reina, medito con mi alma atormentada. Lloro por todo lo ocurrido. ¿Alguna vez tu alma llegó a encontrar la paz? ¿Eras tú ilusión o realidad? ¿Alguna vez estuve vivo? ¿Pude amar tanto y convertir todo ese amor en odio, ceguera y celos? ¡Ah! ¡Mi pobre Janet! ¡Mi desafortunada niña Morrigan! Os fallé como fallé al creer que Dios nos amaría, el Dios de los humanos, pues él nos odiaba del mismo modo que nos despreciaba su gente.



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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt