Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 9 de julio de 2014

Todo por ella

Durante años la quietud parecía haberse apoderado de New Orelans, pero en cuestión de meses había sido arrasada por situaciones trágicas y especiales. David Talbot, amigo mío, seguía ofreciéndose como parapsicólogo experto, pero aún así aquello que nos perseguía jamás fue parte de éste mundo. Memnoch había secuestrado la calma y arrojado parte de su territorio sobre las calles de la ciudad. Por supuesto, ésta revolución tenía un coste en todos y cada uno, pero había beneficiados. La familia Mayfair volvía a destacar como hacía décadas que no brillaba. Desde Stella no se había escuchado con tanta fuerza el apellido por las calles más lujosas. First Street era un hervidero de curiosos deseando de ir a las fastuosas cenas que se realizaba en los locales de la familia, donde amigos y personas de interés se codeaban con nuevos miembros que hacía mucho estaban enterrados. Los humanos, a veces tan simples, creían que el nuevo Julien Mayfair sólo era un descendiente que había estado oculto públicamente y que en estos momentos, debido a la coyuntura creada porque Mona no daba hijos, había tomado los negocios para dejar una nueva heredera. El hospital se llenaba cada noche, los pacientes habían escuchado de milagros dentro de los muros de aquel lugar, y Rowan se sentía agotada, frustrada y encadenada a un proyecto que antes era su tabla de salvación. Por mi parte, me sentía aturdido y temeroso.

Había decidido acudir a una llamada de teléfono realizada por Michael Curry. David me había advertido que ocurriría. Hacía tan sólo dos noches que él y David habían tenido una conversación algo acalorada, pero no entró en demasiados detalles. Me confesó que tan sólo tendría que ser fuerte y prestar mi disponibilidad a Rowan, e incluso a Michael, si hacía falta. Aquello me dejó con ciertas dudas, pero conociendo el designio que estaban llevando los cauces de la vida, social y económica de los Mayfair, supuse que tendría que ver con Lasher, Morrigan, Ashlar y con todos los Taltos en sí. Si había algo que le causara pánico a Rowan era Lasher, o más bien su recuerdo. También sabía, y muy bien, que Lasher era una marioneta perfecta cuando Julien tenía dominio sobre sus instintos.

Recordé que amar era sacrificar tu felicidad, así como tu propia libertad, cuando la persona amada caía frente a ti en medio de un terrible dolor. Pues, no se puede ser feliz ni libre viendo algo así. Yo sacrificaría la paz de mi vida, esa que me permitía narrar mis aventuras como un anciano, rememorando los buenos momentos, en el confortable hogar que tenía en French Quarter o en las afueras, muy cerca de Blackwood Manor.

Como he dicho acudí a First Street. Dejé atrás mi traje más formal y decidí vestir como cualquier muchacho. Llevaba una camiseta de un grupo de rock, en concreto de los Rolling Stones, sin mangas y unos pantalones tejanos con algunos rotos, los cuales encajaban bien con las botas militares que había decidido calzar. No era un atuendo para un vampiro, pero ¿cuál es el atuendo idóneo? ¿Capa y sombrero de copa como solía hacerse en la época de la elegancia, el glamour y decoro? Necesitaba ropa cómoda si tenía que moverme por lugares turbios, aunque esperaba no hacerlo esa misma noche.

La candela estaba abierta, el pequeño camino de piedra hasta la vivienda me dio la bienvenida como si fuera uno más, y observé la fachada como si jamás la hubiese contemplado. Habían pasado tantas cosas terribles allí, tanto dentro como en el Jardín, que sentía que esa casa tenía vida propia y su alma era torturada continuamente por su horrible memoria.

Me llevé las manos a los bolsillos y eché a caminar sin mirar atrás, llamé al timbre y en cuestión de segundos estaba abierta la puerta por Dolly Jean Mayfair. Esa mujer era pura dinamita, estaba algo loca y siempre bebía whisky, vodka, cerveza o cualquier licor que la mantuviera viva. Creo que el alcohol era su único combustible y en cuanto no lo tuviera moriría.

—Hola seductor—me dijo con una sonrisa fascinante. Era una anciana muy coqueta, tenía pintado los labios y el pelo bien arreglado. Juraba que se había adecentado para darme la bienvenida. Desde hacía algún tiempo había ocupado la casa mientras se arreglaba la vieja mansión de Fontrevault, proyecto que se estaba llevando con éxito por parte de Julien—. ¿Has venido a cortejarme? ¿O tengo que ponerme celosa? Piénsalo, celosa soy terrible.

—Hola Dolly—respondí tomándola del rostro con mis manos frías. No había bebido aún, pero no lo necesitaba—. Sigues con tanta fuerza a pesar de los años.

—Yo voy a enterrar a toda esta familia, mis genes son mucho más fuertes y lo estoy demostrando. Pero ya me llegará la hora, me echarán de menos y se lamentarán de no escuchar mis viejos chistes—me guiñó un ojo y se echó a reír antes de abrazarme.

—Eres un encanto—dije acariciando sus cabellos canos, dejando que la punta de mis dedos se perdieran en su nuca—. He venido a ver a...

—¿Morrigan? Si es a la hija de Mona se la llevaron—aquello me heló. Ella se apartó y me miró a los ojos—. No lo sabías, ¿verdad cielo? Mona aún no lo sabe. Michael quiere mantenerla oculta aún algún tiempo, sobre todo ahora que ha sabido que su macho está vivo.

—Ashlar...—balbuceé sorprendido, aunque no debería estarlo pues ya imaginaba que algo así debía ser.

—Sí, ha puesto negocios de todo tipo—comentó cerrando la puerta mientras me empujaba hacia el interior—. Pasa, Michael quería hablar contigo de eso.

—Sí...—susurré sintiendo la casa en calma, como si todas las presencias que solían revolotear entre los muros de la vivienda se hubiesen consumido como una colilla, para no dejar siquiera el aroma o el recuerdo de su estancia entre los nuestros.

—Está arriba—dijo señalando con el dedo—. Donde el viejo despacho de Oncle Julien—comentó—. Está muy perturbado, así que ten cuidado. No digo que te pueda golpear o hacer daño, pero sí herirte con sus palabras. Michael puede ser muy dulce, pero también es torpe cuando se expresa.

—Sobre todo si tiene entre sus manos esa bomba de relojería.

Me aparté de la dulce anciana y eché a correr escaleras arriba. Por primera vez las tablas no crujían, la casa era otra porque los cuadros no te devolvían la mirada y no había tanta humedad en el ambiente. Sí, algo había pasado.

Al llegar al despacho lo vi con claridad, pues la puerta estaba abierta y él se movía frenético por la habitación. Michael meditaba en calzoncillos, con tan sólo una bata que le cubría un poco el cuerpo, mientras se frotaba la barba y fruncía el ceño.

—Ella está en el hospital, allí puede defenderse de él si aparece. Está Oberon, y Oberon es leal a Rowan casi desde que la conoció—explicó sin siquiera mirarme, pero finalmente se detuvo y se giró hacia mí—. Lestat, no puedo decírselo a ella. No puedo.

—Lasher ha vuelto—dije sintiendo como el miedo comenzaba a subirse por mis pies, se aferraba a mis piernas y me agarraba con fuerza—. Era eso.

—He tenido aquí a Morrigan unos días desde que Julien la hizo regresar, en el cuerpo de otra niña Mayfair ofreciéndole su alma y el demonio modificó sus rasgos. Es idéntica a Mona, idéntica a ella cuando era mi niña a pesar de todo, y no quiero que le hagan daño. Ella es algo salvaje, pero es mi hija. Quiero protegerla. ¿Y si Julien le hace daño por oponerme a Lasher? ¿Por qué lo ha traído de regreso? ¡Él me dijo que lo matara! Es un peligro para la familia.

—Pero beneficioso para los negocios y ahora él puede controlarlo, sabes bien que representa Julien para Lasher—comenté cerrando la puerta para sentarme en una de las sillas frente a la mesa del despacho.

Era un sitio agradable y elegante. Estaba lleno de referencias al trabajo de Michael, había planos enrollados en las esquinas y algunas replicas en pequeñas maquetas de viviendas que estaba reconstruyendo. Sin embargo, también vi cierto libro que ya conocía bien. Era el libro de los Taltos. Allí, frente a nosotros, se hallaba el libro de los Taltos que había escrito Lasher. También había numerosas muñecas de porcelana, todas con un parecido terrible a Morrigan, pero con distintos cabellos y vestidos.

—Las compró ella—respondió—. Tiene varias tiendas, una online y varias físicas en todo el país. Ha vuelto con sus malditas muñecas, sus empresas de construcción y sus proyectos cargados de ambición, fuerza y poder—dijo acercándose al minibar para sacar una lata de cerveza, que no dudó en abrirla rápidamente y darle un largo trago.

—A Rowan no le gustará saber que tienes cerveza aquí arriba—comenté.

—Tú haces cosas más terribles y no se molesta, pero conmigo es distinto—reí cuando dijo eso, no pude evitarlo—. Eres alocado, entrometido, testarudo y evidentemente no estás cuerdo.

—¿Y quién lo está? Dime. ¿Quién demonios lo está?—pregunté encogiéndome de hombros mientras me recargaba en la silla—. Rowan no sabe que Lasher está vivo, pero creo que tú tampoco lo sabías. Si lo hubieses sabido no estarías tan nervioso, preocupado y molesto. Te noto muy molesto.

—¡Claro que lo estoy!—gritó—. Maldita sea, yo lo maté para que no volviera—se quejó amargamente tomando asiento frente a mí.

Silencio. De nuevo el silencio. Sus ojos azules, tan penetrantes como atractivos, me mostraban una fuerza terrible. Tenía apretado el mentón y sostenía cerca de su boca la lata. Estaba inclinado hacia delante, con el papeleo por todas partes y aquellas replicas de hermosas jovencitas. En el tiempo que habían estado separados, aproximadamente una semana, había sucedido grandes cambios.

—¿Y Hazel?—pregunté.

—En su cuna—respondió—. Tengo varios aparatos para escuchar si le sucede algo, también hay una niñera con ella todo el día y parte de la noche.

Ambos entonces nos miramos alarmados. Algo en nosotros nos decía que no iba bien, que algo se había roto y destrozado para siempre. Dolly empezó a gritar en el salón y ambos salimos disparados hacia la planta inferior. Primero salí yo, usando mi velocidad de vampiro, y después salió Michael bajando todo lo rápido que podía. Allí, frente a Dolly, estaba Rowan temblorosa y llorosa. Parecía un espectro y tenía la ropa rasgada, la bata llena de sangre y los ojos abiertos como si estuviese poseída.

—Rowan...—balbuceé—. Rowan, cariño—dije con mayor firmeza en la voz—. ¿Qué ocurre?

—Él vino—dijo temblorosa—. Él... vino... —murmuró cayendo en redondo frente a nosotros.

Con cuidado Michael la levantó del suelo, pues yo no me atrevía. Pensó que era él quien debía hacerlo. Con dulzura, cosa atípica en un hombre rudo y hecho a sí mismo como él, besó su frente y echó a caminar hacia la habitación que ambos compartían. Miré a Dolly, aún espantada por como la había visto entrar, y caminé hacia ella para estrecharla entre mis brazos. La pobre estaba muy conmocionada, pero rápidamente me apartó y me señaló la habitación de la pequeña.

—Si la atacó a él, atacará a la niña. Ve por la niña—comentó apartándose de mí, para darme un leve empujón hacia la escalera—. Tómala y llévala al cuarto, junto con su madre, porque es de lo poco que la calma y la hace regresar a la normalidad.

—¿Ha sucedido antes algo así?—pregunté.

—Sí, con el olor de Ashlar en las muñecas. Por unos instantes recordó a Lasher y se hizo daño así misma. Eso pasó hace tres días, estuvimos a punto de llamarte pero Michael decidió que él se haría cargo, que sólo te llamaría si era necesario—tomó aire juntando sus manos y comenzó a rezar—. Ay San Judas, San Judas... San Miguel Arcángel... cuídanos, por favor.

No pude controlarme y besé la sien derecha de Dolly Jean, después subí apresurado por la escalera para entrar en la habitación. Allí una mujer, de ojos cafés y largo cabello negro, mecía suavemente la cuna para tranquilizar a la pequeña. Era una enfermera del hospital, la cual había pertenecido al área de maternidad. Nos conocíamos de vista, pero jamás supo que era yo realmente.

—No puede estar aquí, el padre no lo permite—comentó—. Y la doctora Rowan no le ha dado permiso, ¿cierto?

—Es curioso—susurré provocando que me mirara confusa—, muy curioso—añadí con una sonrisa algo burlona—, que diga que el padre no permite verla.

—¿Por qué?—preguntó visiblemente alterada al notar que me acercaba, aunque lo hacía lentamente y con cierta gracia. Ella se derretía por mí, lo sabía. En más de una ocasión había leído su mente y visto sus feroces fantasías, cosa que nunca tendría la satisfacción de hacer conmigo—Dígamelo.

—Porque yo soy el padre de la niña—mis palabras tuvieron efecto en ella. Abrió los ojos como platos, la boca se torció en una mueca de sorpresa y llevó su mano derecha a los labios—. No se sorprenda tanto. Además, Michael hace bien sus funciones como padre. Se puede decir que es afortunada al tener dos padres.

—Pero, es usted muy joven para...—se sentía ofendida. De la sorpresa pasó a la molestia. Era mucho más joven que Rowan, y según ella más bonita, y por lo tanto merecía ser amada por mí más que la doctora—. ¿Cómo pudo? Es terrible.

—No haga que le cuente el cuento de las abejas y las flores, pues creo que ya tiene una edad que debería saber como funciona la reproducción humana—comenté acercándome a la cuna. En realidad, habíamos podido gracias a proyectos genéticos en el Centro Médico Mayfair, el mismo lugar donde estaba ocurriendo la resurrección de los Taltos. Sin embargo, esa estúpida criatura no lo sabía—. Hola amor, ¿me has extrañado?

La niña estaba despierta con aquellos enormes ojos azules, con cierto tono grisáceo. Tenía las mejillas llenas y rosadas, que realzaba su piel lechosa de terciopelo. Sus rizos cada vez eran más largos, caían sobre la almohada y rozaban el cuello de su pequeño y fresco pijama. Poseía una sonrisa preciosa, aunque todo padre puede decir eso de su hija.

Alcé a la pequeña de la cuna y caminé hacia la puerta sin impedimento alguno, después crucé el pasillo y entré en la habitación de Michael y Rowan. En la cama estaba ella, ya limpia aunque aún no le había puesto su camisón rosado, y él desabrochaba su chaleco para poder liberarla de aquellas prendas que olían a Lasher. Quería quitar su aroma de inmediato.

—Cada vez se parece más a ti—comentó cuando se giró y nos vio—. Sin duda es tu hija.

—Sí, es una niña fuerte y guapa—contesté—. Pero yo digo que se parece a su madre.

—Mamá—dijo señalándola—. Mamá.

Ya tenía casi un año y medio, sabía algunas palabras y comenzaba a intentar dar sus pequeños pasos. Era tan hermosa que podía jurar que jamás había visto una niña con tanta vida, fuerza y pasión concentrada en unos pequeños bracitos que me rodeaban el cuello. No podía dejar de pensar en Claudia y el amor que llegué a sentir por ella, un amor que quedaba en nada comparado con mi amor por Hazel.

Rowan despertó aturdida justo cuando la niña repetía de nuevo su nombre. Abrió sus ojos y estiró sus brazos hacia mí, en señal que quería cargarla. Cuando la tuvo en sus brazos se echó a llorar. Besaba el rostro de la pequeña con cuidado y mimo. Michael y yo tomamos asiento en la cama, él en el lado derecho y yo en el izquierdo.

—Te queríamos avisar. Hemos sabido de Lasher hace dos días, pero no hemos podido confirmarlo antes. Ésta noche, cuando a penas eran las ocho de la tarde y tú aún dormías, llamé a Lestat para que viniera. Queríamos hablar contigo de todo éste asunto, pero él ha dado contigo antes que nadie—ella no dijo nada cuando Michael habló, es más ni lo miró. Estaba perdida en los ojos claros de la niña—. Morrigan ya está en un lugar seguro, custodiada por Miravelle y Lorkyn—expresó—. Ella ya no corre peligro, pero tú sí.

—Hay que buscar a Ashlar—dijo con firmeza—. Él podrá luchar contra Lasher. Él y Oberon, que me ha salvado la vida—comentó con la voz muy ronca y quebrada—. Llama al hospital, se hirió la mano en la pelea. Quiero saber si el corte fue limpio o no, también si puede venir a casa.

—Será que venga mañana o más tarde, ahora debes descansar—comentó Michael.

—¿Qué sucederá si viene por el día mientras descanso?—sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Qué sucederá si se lleva a la niña?

—No se la llevará, pues reforzaremos la seguridad—le aseguró.

—Yo puedo traer por mi parte algunos guardias—expliqué—. Tengo personal que cuida mis fincas y bienes, siempre consigo nuevas personas para que custodien aquello que amo y aprecio.

Ella se recostó bien en la cama y no dijo nada más. Nosotros decidimos mantenernos en silencio. Cuando llegó el amanecer decidí marcharme dejando un beso en su mejilla. Rowan se iba a sumir de nuevo en un estado desastroso. Tenía que ayudarla. Debía buscar al demonio, quizás, y aceptar un trato mejor que el ofrecido a Julien. Arriesgaría mi seguridad, libertad y felicidad por ella, la pequeña e incluso por Michael y Dolly Jean. Lo daría todo por aquellos que me apreciaban y que formaban parte de mi corazón. No, no permitiría que el dolor llegara de nuevo invadiéndolo todo. Michael y yo lo haríamos todo por ella.  

Lestat de Lioncourt 


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Agradezco profundamente a Dolly Jean por sus consejos. Así como espero que Ashlar y yo podamos hablar pronto... muy pronto. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt