Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 8 de julio de 2014

Una gran consternación

Debido a los últimos acontecimientos, los cuales pueden conocer leyendo las entradas anteriores, les ponemos en contacto de nuevo con la historia, el legado del dolor y el terror. Michael nos lleva nuevamente a nuestra actual realidad.

Lestat de Lioncourt


La observaba en silencio. Meditaba sobre todo lo que había pasado en sus vidas. El colchón se hundía hacia su lado, arrugando la colcha que ella misma había elegido para la habitación, la luz diáfana de la lámpara de la mesilla le ofrecía un aura distinta a la habitación y ella parecía estar esperando ser despertada como cualquier princesa de cuento de hadas. Tenía sus finos brazos contra la enorme almohada, igual que sus rizos rubios que también rozaban sus pómulos, nariz y mentón. Él simplemente la observaba sin atreverse siquiera a decir algo.

Se inclinó hacia delante apoyando sus codos sobre los muslos, giró su rostro hacia la ventana y observó las estrellas. Habían vuelto a esa casa. Parecía una maldición que caía sobre ellos arrancándoles el aliento. Se preguntaba si debía explicarle la nueva situación, o sólo guardar silencio y dar respuesta a los problemas que fuesen sucediéndose. Simplemente tenía miedo. El miedo atenazaba su corazón.

Estiró el brazo hacia la mesilla, tomó el móvil y miró el listado de últimas llamadas. El último número era el de Lestat, esa misma noche y hacía tan sólo treinta minutos. No le había llamado ella, sino él. «Debemos ser fuertes.» le dijo, pero también le causó cierto impacto que pidiese sinceridad hacia Rowan con «Tiene que saberlo, pues si no lo sabe estará más indefensa que nunca. Ésta noche nos vemos.»

Dejó de nuevo el móvil en su lugar, frunció el ceño suavemente y se llevó las manos a la cara. Debía hacerlo. Debía decirle el peligro que corrían. Sin embargo, se giró y la vio dormir de nuevo en la quietud de la noche. Pronto se despertaría, pues aún no eran ni siquiera las once. Cuando lo hiciera vería en sus ojos el desconcierto y el dolor. No obstante, su mejor y mayor recuerdo era aquella tímida sonrisa, cargada de nerviosismo, que vio el día de su boda. Intentaba pensar en ella, en la iglesia, el coro y las ilusiones que habían guardado en el cajón de alguno de los muebles de la vivienda.

—El amor no es suficiente para proteger, pero más allá del Valle de las Sombras estará el Valle del Edén. Encontraremos la solución en cada verso no escrito, los poemas se alzarán como aves majestuosas en un sensual rito. El milagro de la vida es tan importante como el de la muerte, conoceremos ambos si hay suerte. Toma mi mano con fuerza, tómala. No te dejaré jamás—tarareó bajo mientras se incorporaba de la cama, dejando tan sólo la silueta de su presencia sobre ella, y se aproximó a la ventana—. Hay monstruos crueles allí, que matan con crueldad, pero con esa crueldad también se les puede matar.

Se percató entonces que ella había despertado y lo miraba en silencio. Se giró hacia ella y la miró con ese amor que jamás había muerto, sino que estaba ahí más intenso que nunca. Quiso llorar, pero se contuvo. Rowan era lo único bueno que le quedaba ya en la vida, salvo el ser que caminaba inquieto en su habitación y estaba a punto de echarse a gritar por quinta vez en una hora.

—¿Qué hora es?—preguntó. 

—Temprano—respondió acercándose a ella para dejar un beso en su frente.


Esperaría a Lestat, pues el vampiro podía manejar mejor la situación que él y que cualquiera. En esos momentos se sentía inútil e incapaz, pero Rowan tendría su apoyo y afecto para luchar. Un apoyo en forma de martillo y manos ásperas que no dudarían en actuar de nuevo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt