Armand dice que me regala este texto, pues son sus sentimientos. Tengo miedo... algo quiere hacerme.
Lestat de Lioncourt
Dicen que los amores reñidos son los
más queridos, aunque ni siquiera sé si lo nuestro puede
considerarse amor o simplemente una obsesión que nos desgarra por
dentro. He podido notar su desprecio en sus ojos, clavados en los
míos, sin permitir siquiera que pudiera decir algo a mi favor que él
quisiese escuchar. Han pasado muchos siglos desde que nos conocimos,
pero aún así las viejas rencillas siguen abiertas. Son como
profundas heridas que no se cierran. Momentos en los cuales perdimos
demasiado.
Recuerdo cada palabra que me ha
dedicado como un poema que se aprende sin esfuerzo. Me siento
estúpido al sentir celos y rencor cuando dirige su mirada lejos de
mí, como si me temiese y a la vez compadeciese mi vida. Nunca se ha
permitido el lujo de saber cuánto sentía por él, pues sin duda mi
forma de amar es intensa y perversa. Si bien, todo es distinto.
Poder confesar mis sentimientos es en
vano. Ya conoce bien cada debilidad que poseo, que él es uno de esos
amores turbios que no puedo apartar y que posiblemente mi dolor es el
suyo. Ambos nacimos para conocer la oscuridad, vencerla y finalmente
desearla hasta perder el conocimiento. Sin embargo, me encantaría
besar sus labios y susurrarle al oído que lo deseo. Mis manos han
soñado con tocarlo íntimamente, pasando mis dedos por sus cabellos
rizados hasta perderse por su nuca y cuello. He deseado miles de
abrazos, pero él jamás me ha estrechado con mimo y necesidad. Soy
un arquetipo de villano que deben tener todos los héroes, por eso
nuestro odio es tan perfecto como el amor que nos dedicamos. Sus
labios de santo, o mejor dicho de idiota descuidado, son idóneos
para esconder secretos y callar verdades.
Me gusta como me desnuda a veces, sin
necesidad siquiera de rozar sus dedos conmigo. Contempla mi alma, se
deja engullir y me habla con cierta cadencia. Puedo descubrir en él
aún cientos de pecados, aunque el mayor de todos es su presencia
frente a mí. Sólo una vez descubrió mi verdadero amor, se
sorprendió y prácticamente huyó de mi presencia. Tanto que nos
hemos hecho, pero tan pocas caricias y demasiados actos viles. No
obstante sigo soñando con sus brazos alrededor de mi cintura
estrecha, los míos sobre sus hombros y mis labios sobre sus
párpados. Quiero tenerlo, lo codicio, pero sé es un juego eterno al
gato y el ratón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario